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Primeras palabras en la lengua de signos española (LSE). Estructura formal, semántica y contextual


Onésimo Juncos, Andrés Caamaño, M. José Justo, Elvira López, Rosa M. Rivas, M. Teresa López y Feliciano Sola.


Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación. Facultad de Psicología. Universidad de Santiago de Compostela. Federación de Asociaciones de Sordos del País Gallego.
Una versión anterior de este artículo fue presentada en el II Encuentro del Proyecto ALFA. Signum, Barcelona 26?27 septiembre 1996.



RESUMEN
Se estudió la adquisición de las primeras "palabras" en dos niños (uno sordo y el otro no) hijos de padres sordos usando el Lenguaje de Signos Español. Se realizaron grabaciones en vídeo de un incipiente lenguaje de signos en edades de 11 a 16 meses durante visitas mensuales a su domicilio. Las transcripciones de una hora de cada sesión mensual se realizaron mediante los sistemas CLAN y HamNoSys. El estudio se centró en los siguientes puntos: 1) estructura fonológica de los signos respecto a sus componentes de formación: forma de las manos, orientación de las manos, localización, movimiento y señales no manuales; 2) el contexto semántico de los signos; y 3) el contexto del uso de los signos. En la producción inicial de signos, la localización y los signos no manuales fueron los parámetros mejor creados por los niños; la forma de las manos y su orientación fueron los componentes menos precisos. El movimiento fue significativamente más preciso en los primeros signos (11 meses) que en signos posteriores que requerían movimientos más complejos. La precisión del movimiento fue significativamente menor que la precisión del resto de parámetros correspondientes a una mayor edad (16 meses). La mayoría de "palabras" fueron signos usados para nombrar objetos comunes, o para referirse a acciones, y estaban siempre estrechamente ligados al contexto.Palabras clave: Lenguaje de signos.
SUMMARY
The acquisition of the first "words" was studied in two young children (one was deaf and the other was hearing) of deaf parents using the Spanish Sign Language. Videotape records of early sign language were made from 11 to 16 months of age during monthly home visits. Transcriptions of one hour of each monthy sesion were made using the CLAN and the HamNoSys systems. The study focused 1) on the "phonological" structure of signs with respect to its formational components: handshape, hand orientation, location, movement and non?manual signals; 2) the semantic content of signs; and 3) the context of use of signs. In the initial sign productions the location and the non?manual signals were the parameters the most correctly produced by the children, the handshape and hand orientation were the less aceurately components. The movement was significantly more accurately in the earlier signs (11 months) than in the later signs that required more complex movements. The movement accuracy was significantly lower than accuracy of the other parameters with increasing age (16 months). The greatest amount of "words" were signs used for naming common objects, or for refering to actions and they were context bound productions.Key words: Sign language.


Introducción
En los años setenta se iniciaron algunos estudios sobre la adquisición de las primeras palabras en las lenguas de signos, como los de Schlesinger y Meadow (1972), Willians (1976), McIntire (1977) y Prinz y Prinz (1979). Pero es en los años ochenta cuando empieza a aparecer la investigación rigurosa sobre este período inicial del desarrollo (Bonvillian, Orlansky, Novack y Folven, 1983; Goldin?Meadow y Mylander, 1984; Holmes y Holmes, 1980; Orlansky y Bonvillian, 1988; Petitto, 1988; Volterra y Caselli, 1985), aunque con relativa poca frecuencia si se compara con el estudio de otros estadios más avanzados. Los estudios más importantes han sido realizados por Folven y Bonvillian (1991) y Bonvillian y Folven (1993) sobre un grupo de 22 niños aprendiendo Lengua de Signos Americana. Concluyeron que los niños aprenden las primeras palabras en lengua de signos de forma más precoz que los niños que aprenden lengua oral, debido a que la motricidad viso?manual madura antes en los niños que la motricidad oro?fonatoria (Bay, 1975; Curtiss, 198 1; Meier y Newport, 1990; Sperling, 1978); que las primeras palabras, al igual que en lengua oral (Barret, 1991; Dromi, 1987) son de tipo expresivo, no referencias, usadas en contextos restrictivos, como imitaciones o formando parte de rutinas; que hay grandes diferencias individuales que se reducen a lo largo del segundo año de vida.
Desde el punto de vista formal es difícil determinar cuándo una emisión infantil en lengua de signos es una palabra, porque las palabras en lengua de signos se producen en un continuo que va desde el gesto (corporal, manual y facial) al signo (Kendom, 1988; McNeill, 1993), de tal manera que muchos de los primeros signos infantiles tienen un gran parecido con movimientos, acciones o gestos extralingüísticos (Petitto, 1989). La estructura de la lengua de signos, realizada en la modalidad visuo?gestual fue analizada en las investigaciones pioneras de Stokoe (1960) en base a tres categorías básicas o parámetros que funcionarían como los fonemas en las lenguas orales: configuración de las manos, localización y movimiento. Sin embargo, la definición de la estructura de los signos requiere otros parámetros que tienen carácter distintivo. Así se han establecido otros parámetros (Klima y Bellugi, 1979; Prillwitz y cols. 1989) que se pueden resumir en seis parámetros básicos (Rodríguez, 1992, p. 172): 1) configuración de la mano (queirema), 2) lugar de articulación (toponema), 3) movimiento de la mano (kinema), 4) dirección de la mano (kineprosema), 5) orientación de la palma de la mano (queirotropema) y 6) componente no manual (prosoponema): expresión corporal y facial.
Son escasos los estudios sobre la estructura formal de las primeras palabras en lengua de signos. Boyes?Braem (1990) propuso un modelo teórico evolutivo sobre el desarrollo de las configuraciones manuales en la Lengua de Signos Americana (ASL) basado en el desarrollo motor de las manos. Su modelo propone varios estadios en el desarrollo de las configuraciones que siguen la evolución de las propiedades flexoras y extensoras de los músculos de la mano. Según el autor, las primeras palabras (primer estadio) se caracterizan por el predominio de las configuraciones basadas en la flexión total de la mano (puño cerrado, configuraciones A y S, según Stokoe); la extensión de toda la mano (mano abierta, configuraciones 5 y C de Stokoe) y la flexión y extensión de los dedos pulgar e índice (configuraciones L, bO y G de Stokoe). Las previsiones de su modelo son contrastadas con un pequeño estudio empírico: una hora de grabación de un sujeto (Pola) de 2,7 años. Recientemente Ann (1996) ha hecho un estudio translingüístico (Lengua de Signos Americana y Lengua de Signos de Taiwán) y ha establecido una relación positiva entre la facilidad motriz de las configuraciones (siguiendo la línea psicomotriz de Boyes?Braem) y su frecuencia de uso. El modelo de Boyes?Braem también explicaría en líneas generales los resultados del análisis de McIntire (1977) sobre un niño sordo estudiado a los 13, 15, 18 y 21 meses.
Los estudios más importantes sobre el desarrollo fonológico de la Lengua de Signos Americana han sido realizados por el equipo de John D. Bonvillian (Bonvillian et al., 1985; Novack et al., 1988; Siedlecki y Bonvillian, 1993). Siedlecki y Bonvillian (1993) han estudiado a nueve mitos (ocho oyentes y uno sordo) entre los 6 y los 18 meses que han tenido como lengua familiar la lengua de signos. Han usado el sistema de transcripción de Stokoe, basado en los tres parámetros de configuración, localización y movimiento. En sus resultados encuentran que la localización es el parámetro que antes se adquiere, siendo correcto casi siempre en la mayoría de los signos infantiles (83,5%), y que el movimiento (61,40%) y la configuración (49,8%) eran menos correctos. Explican sus resultados diciendo que la localización sólo requiere el desarrollo de la motricidad gruesa y memoria espacial que es relativamente precoz en los niños, mientras que el movimiento y la configuración exigen el desarrollo de la motricidad fina y memoria para las formas. Sin embargo estos estudios tienen serias limitaciones: a) no existe una transcripción detallada de los signos infantiles, sino una transcripción genérica basada en los tres parámetros de Stokoe; b) no existe un criterio estricto de puntuación en la corrección fonética, sólo se dice que se cuenta como correcto si hay una "gran aproximación a los fonemas adultos" (Siedlecki y Bonvillian, 1993: 37); c) no se especifica si los análisis se realizan en base a palabras (signos) o a producciones de esas palabras (ya que en estas edades las producciones de un mismo signo pueden variar); y d) tampoco existe un anexo para saber cuáles son los signos analizados. Es necesario un sistema de transcripción fonética lo más detallado posible para poder analizar la estructura formal de los signos, y unos criterios específicos de corrección. Sólo así podemos disponer de una base de datos de diferentes lenguas de signos para poder realizar el estudio fonológico de las mismas.
Algunos investigadores españoles están iniciando estudios muy interesantes sobre las primeras palabras en la Lengua de Signos Española y en la Lengua de Signos Catalana. Pilar Fernández Viader y sus colaboradores (Fernández Viader y cols. 1996) han realizado un estudio inicial sobre la adquisición en una niña sorda (a los 15, 20, 24 meses) y los de la estructura fonológica de las primeras palabras en Lengua de Signos Catalana utilizando el modelo teórico de estadios propuesto por Boyes?Braem. Marchesi y colaboradores (Marchesi y cols., 1995) han estudiado las primeras palabras de 10 niños sordos y dos oyentes desde el punto de vista funcional y simbólico. Juncos y colaboradores (Juncos y cols, 1996) han propuesto criterios para el estudio fonológico y funcional de las primeras palabras en Lengua de Signos Española.
En esta comunicación presentamos un estudio sobre las primeras palabras en Lengua de Signos Española en base a los datos obtenidos de dos niños, uno oyente y otro sordo desde los 12 a los 16 meses.

Métodos
El presente trabajo se basa en el estudio longitudinal de dos niños, desde los 12 a los 16 meses. Uno, "Xacobe", es oyente, hijo de padres sordos, con una hermana mayor oyente que aprende simultáneamente lengua de signos española y lengua oral (castellano); otro, "Iván", es sordo, hijo de padres sordos que aprende sólo lengua de signos española. Los dos niños fueron grabados en vídeo una vez al mes a partir de los 12 meses de edad, en situaciones de interacción natural con los padres u otros miembros de la familia. Se hicieron transcripciones detalladas de todas las expresiones de los niños y de los adultos, por dos investigadores, uno oyente y otro sordo, conocedores de la lengua de signos. Las transcripciones se han hecho simultáneamente en el sistema Childes y el sistema de transcripción de Hamburgo, HamNoSys, versión 2.0 (Prillwitz y cols. 1989), éste último permite la transcripción fonética y el análisis de las expresiones en sus diferentes parámetros. Las expresiones de los niños fueron codificadas y clasificadas como gestos comunicativos o como signos (palabras en lengua oral o palabras en lengua de signos) siguiendo los criterios que más adelante se especificarán. Posteriormente, las transcripciones fueron discutidas por tres investigadores y se determinó por acuerdo del 100% su análisis siguiendo los criterios establecidos.

Criterios
Uno de los problemas más importantes viene determinado por la definición de los criterios que permiten decidir cuándo una emisión en lengua de signos ha de ser considerada una palabra. En un estudio reciente, Vihman y Mccune (1994) han replanteado este debate con referencia a la lengua oral (Bates y col., 1978; Bloom, 1991; Ingram 1988; Nelson, 1973) y han propuesto diez criterios para identificar una expresión infantil como una palabra. Estos criterios afectan al contexto y a la forma de las expresiones y permiten calificar las emisiones infantiles en +palabra o ?palabra según la mayor o menor variedad de contextos en que es usada y según la mayor o menor identidad fonética con la palabra adulta correspondiente.
En un trabajo anterior (Juncos et al., 1996) se definieron unos criterios referidos a la forma y a la función de las expresiones. Hemos creído conveniente redefinir aquellos criterios introduciendo, además, una clasificación de tipo semántico en base a la categorización de Nelson (1973) (retomada por Benedict, 1979 y Dromi, 1987), de tal manera que se contemplan cinco tipos diferentes de palabras: nominales específicos, nominales generales, palabras?acción, modificadores y palabras personales?sociales.

Figura 1. Cuadro con las diferentes categorías de la configuración de la mano. Contiene las configuraciones y su transcripción fonética según el sistema HamNoSys.
Forma
Para que una expresión en lengua de signos española sea considerada una palabra tiene que tener una estructura estable y similar a la palabra correspondiente en el habla del adulto. La forma viene definida por los parámetros formativos quinésicos (Klima y Bellugi, 1978; Rodríguez, 1992; Stokoe, 1960; Volterra, 1987). La lengua de signos adulta se estructura en base a 6 parámetros (Rodríguez, 1992, p. 172): 1) configuración de la mano (queirema) 2) lugar de articulación (toponema); 3) movimiento de la mano (kinema), 4) dirección de la mano (kineprosema), definida por Prillwitz et al (1989) por la dirección de los nudillos; 5) orientación de la palma de la mano (queirotropema) y 6) componente no manual (prosoponema): expresión corporal y facial. Una expresión infantil será considerada +palabra o ?palabra según contenga o no los seis parámetros básicos que configuran el modelo estándar. Para llevar a cabo nuestros análisis observamos la estructura formal de los signos infantiles a partir de las transcripciones en HamNoSys, realizando posteriormente una comparación parámetro a parámetro con la producción adulta. El análisis independiente de cada parámetro conlleva la elaboración de criterios independientes en cada uno de ellos, teniendo como base común la puntuación que puede ser de 0, 1, ó 2 puntos para cada parámetro según el nivel de similitud con la palabra adulta correspondiente.
Al analizar la configuración de la mano o queirema establecimos como criterio fundamental la pertenencia a las cuatro configuraciones básicas definidas en HamNoSys: 1) fundamental la pertenencia a las cuatro configuraciones básicas definidas en HamNoSys: 1) [174] mano cerrada (puño), 2) mano con los dedos extendidos y separados (mano extendida), 3) mano con los dedos extendidos y juntos (mano estirada), y 4) dedo índice extendido. Hemos dejado a un lado las configuraciones que suponen la extensión de los dedos corazón y meñique por ser configuraciones más difíciles según criterios fisiológicos (Ann, 1996; Boyes Braem, 1990). Estas cuatro configuraciones básicas pueden dar lugar a otras configuraciones según la posición del pulgar y según los nudillos estén completamente extendidos o flexionados: en forma de ángulo, en forma redondeada o en forma de grapa. Tenemos así tres configuraciones de mano cerrada según la posición del pulgar y 12 configuraciones para las tres restantes en las que se combinan las posiciones del pulgar y la forma de los nudillos (extendidos, flexionados en forma de ángulo, flexionados en forma redondeada o en forma de grapa). En la figura 1 puede verse un cuadro de las configuraciones y su representación fonética según el sistema HamNoSys. Estas configuraciones coinciden básicamente con las definidas por Boyes Braem (1990) según los rasgos de +Cerrazón, +Total Extensión, +Parcial Extensión, +Oposición, +Contacto del pulgar con otros dedos, +Contacto del pulgar con los nudillos, y tienen la ventaja de constituir un sistema completo de descripción y transcripción fonética.
En primer lugar hemos analizado la configuración del puño en sus tres variantes, utilizando un criterio no excesivamente conservador: si la producción infantil no pertenece a ninguna de las variantes obtendrá cero puntos; si pertenece a alguna de ellas, aunque no sea la correcta obtendrá un punto; y si es la correcta obtendrá dos puntos. Las configuraciones de mano extendida, de mano estirada e índice extendido se dividen en cuatro grandes categorías dependiendo de la posición de los nudillos: a) extendidos, b) flexionados en forma de ángulo, c) flexionados en forma redondeada y d) flexionados en forma de grapa. Las cuatro se subdividen a su vez en tres subcategorías dependiendo de la posición del pulgar. Para estas configuraciones hemos utilizado el criterio siguiente: si la producción del niño pertenece a la misma categoría (a, b, c, d) que la del adulto (aunque la posición del pulgar sea incorrecta) obtendrá un punto; si además pertenece a la misma subcategoría (la posición del pulgar es correcta), obtendrá dos puntos; puntuará cero si la producción del niño pertenece a una categoría distinta de la del adulto.
Para el análisis de los parámetros dirección de la mano y orientación de la palma hemos utilizado los siguientes criterios: si la dirección de los nudillos y la orientación de la palma coinciden con las del signo adulto obtendrán dos puntos, si no son idénticas pero pertenecen al mismo cuadrante (tal como se indica en la figura 2), obtendrán un punto, y si pertenecen a distinto cuadrante se puntuarán con cero.
Figura 2. Símbolos de los parámetros dirección de los nudillos (A) y dirección de la palma de la mano (B) según el HamNoSys (las flechas indican la dirección y dividen el espacio en cuatro cuadrantes.

En cuanto al parámetro localización, las producciones infantiles serán puntuadas con dos si existe una total coincidencia con la localización del signo adulto, si la localización se da en una parte del espacio o del cuerpo cercana, pero no exacta obtendrá un punto y si la localización es muy diferente obtendrá cero puntos. En el movimiento se analizan sus propiedades de intensidad, dirección, forma y repetición: si el movimiento del signo infantil tiene las mismas propiedades que el del adulto se puntuará con dos, si tiene alguna similitud en cuanto a dirección y forma obtendrá un punto y si no tiene ninguna similitud cero puntos. La expresión facial la analizamos en base a las partes más relevantes del rostro que intervienen en los distintos signos: cejas, ojos, carrillos y labios. De igual manera si la expresión facial del niño coincide con la del adulto obtendrá dos puntos; si tiene algún parecido un punto y si no se parece en nada o no existe cero puntos.
Algunos signos sufren un cambio en alguno de sus parámetros en el momento de la producción y presentan una estructura compleja. Por ejemplo, el mismo signo puede tener dos configuraciones distintas, o dos direcciones de la mano, o dos orientaciones de la palma. En estos casos por cada nuevo parámetro se darán las puntuaciones correspondientes. En resumen, desde un punto de vista cuantitativo una producción infantil que no experimente estos cambios será considerada una palabra hasta una puntuación máxima de 12 puntos (dos por parámetro, que puede ser el doble si existe cambio) y será considerada como no?palabra cuando tenga cero puntos. En la escala de 0 a 12 se sitúa el continuum de ?palabra y +palabra del que antes hemos hablado, y que permite analizar el desarrollo de los signos infantiles. En la figura 3 podemos ver un ejemplo de la comparación realizada entre una producción de Xacobe a la edad de 12 meses y una de su padrino para la palabra LUZ.
Figura 3. Transcripción (HamNoSys) y comparación de la palabra LUZ producida por Xacobe a los 12 meses (XAC) y el input (PADR).

Función
Los criterios se basan en el uso en contexto de las diferentes expresiones. Hemos utilizado como criterio de productividad la aparición de un ejemplo de la forma requerida, porque consideramos que aumentar el número de veces de aparición de una expresión podría ser un criterio demasiado conservador al tratarse de muestras pequeñas (Bloom, 1991). Una expresión será considera +palabra o ?palabra según cumpla o no los cuatro criterios siguientes:
1. La expresión tiene lugar en un contexto que sugiere que la expresión es una palabra con un significado determinado y no otro. Se produce al menos una vez y en imitación.
2. La expresión tiene lugar en un contexto determinado con un uso determinado. Se produce al menos una vez y no en imitación.
3. La expresión se produce en un contexto determinado con un uso determinado. Se produce espontáneamente más de una vez.
4. La expresión se produce en diferentes contextos y con usos diferentes.
La puntuación máxima y óptima de una expresión para ser considera palabra desde el punto de vista funcional es de cuatro puntos.

Categorización semántica
Para delimitar el tipo de palabras con un criterio semántica hemos utilizado la categorización propuesta por Nelson (1973). Las primeras palabras que producen los niños en lengua de signos pertenecerán a los tipos siguientes: 1) nominales específicos: palabras referidas a un ejemplar de una categoría; 2) nominales generales: palabras referidas a todos los miembros de una categoría; 3) palabras acción: palabras referidas a acciones realizadas por el niño o que acompañan a éstas; 4) modificadores: palabras que se refieren a propiedades o cualidades de las cosas o eventos; y 5) palabras personales?sociales: expresiones de estados de ánimo y de relaciones sociales.

Resultados
Presentamos aquí los resultados obtenidos en los dos niños entre los 12 y los 16 meses. En la tabla 1 están contenidos todos los signos producidos por Xacobe desde los 12 a los 16 meses. Se incluyen también las frecuencias de aparición de estos signos en Xacobe y en los padres o familiares (input). En la tabla II se recogen los signos producidos por Iván en el mismo período.

En la lista aparecen signos especiales: a) signos acompañados de un deíctico, como p. ej, PADRINOPNT/TONTO en donde el signo TONTO se acompaña de un deíctico PADRINOPNT (señala al padrino); b) signos idiosincráticos, como p. ej. YY+TONTO (PADRINO) que el signo familiar para el nombre del padrino; y c) signos pantomímicos, como p. ej. CONEJO@mi, que es una palabra que representa los movimientos del conejo.

Figura 4. Porcentaje de palabras clasificadas según criterio semántico.

Hemos realizado una clasificación semántica de las palabras en nominales específicos, que corresponden a signos para nombrar a distintas personas del entorno familiar de los niños, nominales generales, palabras acción, modificadores, palabras social?familiar (como los saludos), y construcciones con deícticos, que son palabras que van acompañadas de un deíctico. Los resultados pueden verse gráficamente en la figura 4.

En cuanto al contexto los resultados se sintetizan en la figura 5, en la que se aprecia que las producciones, en su mayoría, tienen lugar en contextos limitados con una producción espontanea como mínimo. Las producciones espontáneas aumentan a los 16 meses aunque siempre dentro de contextos limitados.

Figura 5. Porcentajes de palabras clasificadas según el contexto de producción en los dos niños.

En el gráfico de la figura 6 pueden verse los niveles de corrección en la producción de los diferentes parámetros constituyentes de las primeras palabras en LSE de los dos sujetos. Se analizan el total de producciones y se agrupan en tres períodos: a) 12 y 13 meses, en el que se analiza un total de 39 producciones correspondientes a 13 palabras; b) 14?15 meses, en el que se analiza un total de 44 producciones correspondientes a 25 palabras; c) 16 meses, 54 producciones correspondientes a 15 palabras. En los parámetros referidos a la estructura manual (configuración, dirección de los nudillos, orientación de la palma) las producciones correctas se sitúan siempre por debajo del 60%. Atención especial merece el movimiento en el que a medida que aumenta el número de palabras disminuye el porcentaje de producciones correctas. Hemos de tener en cuenta que no todas las palabras incluyen el movimiento entre sus parámetros formantes, si consideramos el movimiento no de forma genérica (para signar hay que mover las manos desde la posición de reposo a la localización correcta) sino de forma específica, movimiento de una posición a otra, con direccionalidad, forma e intensidad. A medida que los signos implican aspectos más complejos del movimiento su captación por el niño se hace más difícil. En la localización se pasa de un grado de corrección de menos de 60% a los 12 meses a un grado de corrección cercano al 80% a los 16 meses. En la expresión facial se alcanza a los 16 meses alrededor de un 75% de corrección.

Figura 6. Corrección en los aspectos formales en la producción de las primeras palabras en LSE de los dos sujetos.

Discusión
Como podemos comprobar la producción de Xacobe es mucho mayor que la de Iván. Varios son los factores que pueden influir en las diferencias: a) Xacobe es oyente y el input viso?espacial es acompañado muchas veces por la lengua oral; b) en el oyente la atención sobre la actividad y los contenidos lingüísticos pueden fortalecerse al contar con dos modalidades perceptivas; c) diferencias en la forma en que los padres se comunican y hablan a los dos niños; d) diferencias individuales. A lo largo de nuestro proyecto y en trabajos posteriores intentaremos analizar estos factores.
La distribución semántica de las palabras se corresponde con la señalada por Nelson en los niños oyentes. Predominan los nominales generales sobre el resto de palabras. Los nominales específicos son más abundantes que en los niños oyentes porque son signos especiales para nombrar a distintas personas del entorno familiar.
Podemos considerar las palabras como el inicio de las palabras o protopalabras. Se producen en contextos muy limitados y ligados a rutinas familiares de interacción. Decimos palabras iniciales porque, aunque cumplen los criterios básicos de forma, los criterios de intencionalidad y contexto sólo se cumplen parcialmente, porque la mayoría de las mismas se producen en imitación o espontáneamente y en contextos restringidos.
En la estructura formal de las primeras palabras los parámetros fundamentales son el movimiento, la localización y la expresión facial. Mediante la realización de una minuciosa comparación entre la emisión adulta y la infantil, y siguiendo los criterios definidos en la Sección de Métodos, hemos deducido que, de los seis parámetros Normativos que componen el signo, el movimiento es el que alcanza un índice de corrección superior en las primeras producciones de nuestros niños en las edades de 12?13 meses.
Como observamos en la figura 6, el movimiento va perdiendo corrección a medida que los niños van alcanzando edades superiores. Este hecho demuestra que a medida que los signos implican aspectos más complejos del movimiento su captación por parte del niño va resultando más difícil. Los movimientos de los signos emitidos por el adulto en los últimos meses de nuestro estudio no poseen una forma recta, que es la que capta el niño con mayor facilidad. Por ejemplo, el signo PRIMO se produce en el habla adulta con un movimiento curvo del dedo índice de la mano derecha sobre el índice de la izquierda, y el niño simplifica el movimiento realizando solamente una repetición del contacto entre ambos dedos.
Estos resultados cuestionan los obtenidos por Siedlecki y Bonvillian (1993), que afirman pocos cambios en la capacidad de captar y producir el movimiento en los niños de estas edades, siendo necesaria una revisión y matización de los criterios seguidos por los autores.
Debemos entender como movimiento el cambio en la posición del brazo, es decir, movimiento de una posición a otra con direccionalidad, forma e intensidad. Este parámetro no es inmanente al signo, ya que algunos signos carecen de él (v. gr. LUZ). En algunos ejemplos (v. gr. LLOVER en Iván: movimiento recto de arriba hacia abajo), el movimiento es el parámetro correcto más sobresaliente la producción y permite calificar dicha producción como una palabra correcta.
Hemos observado que en los signos que poseen movimiento producidos por nuestros sujetos el predominante es el movimiento recto, tenga éste una dirección de izquierda a derecha o viceversa, o de arriba a abajo o viceversa. También hemos percibido en las producciones de nuestros sujetos una destreza para captar la repetición del movimiento, aunque su forma sea dificultosa (TONTO, CASA, TÍO, HERMANA...).
En los parámetros de la estructura manual (configuración de la mano, dirección de la mano y orientación de la palma) el grado de corrección se sitúa por debajo del 60%. La configuración de la mano es un parámetro de difícil adquisición debido a la destreza motriz incipiente que tiene el niño en estas edades. El nivel de corrección se encuentra por debajo del 50%. Nuestros resultados coinciden con los conseguidos por Siedlecki y Bonvillian en su estudio (48,8%).
La configuración del índice extendido es una de las más reiteradas en el léxico adquirido por nuestros sujetos. El uso de esta configuración provoca en nuestro sujeto oyente un caso de sobreextensión de tres signos que tienen la misma configuración (TÍO, HERMANA y PRIMO). El niño realiza una misma producción para los tres ejemplos debido a la similitud que existe entre ellos. Los tres se articulan en el mismo lugar (espacio neutro) y además son signos bimanuales en los que se produce el contacto entre los índices de ambas manos. Los parámetros que diferencian a estos signos son la dirección de la mano, la orientación de la palma y en el signo PRIMO se produce un movimiento diferente (curvo) al de los otros dos signos (recto). Observamos en estos ejemplos como Xacobe no capta los parámetros diferenciales (orientación de la palma, dirección de la mano y movimiento) sino los semejantes, si éstos son fáciles de realizar (configuración y localización).
Los parámetros de la dirección de la mano y la orientación de la palma han sido considerados por algunos autores como parámetros menores e irrelevantes en la delimitación del signo. En las producciones de nuestros sujetos obtienen una puntuación que oscila entre el 40% y el 60% de corrección, lo que indica una dificultad semejante a la de la configuración de la mano. Este resultado es lógico y esperado, ya que la dirección de la mano y la orientación de la palma son parámetros complementarios de la configuración de la mano en cuanto a la estructura manual del signo. Esta puntuación se mantiene a lo largo del período estudiado (12?16 meses).
La corrección de la orientación de la palma sufre un ligero ascenso a medida que la edad avanza, mientras que la corrección de la dirección de la mano desciende. Esta pequeña variación se debe a las características de los ítemes léxicos analizados. El aspecto relevante de estos parámetros es el mantenimiento en torno al 50% de corrección.
Otro parámetro que precisa un comentario especial es el lugar de articulación. En el niño el espacio empleado para signar es periférico, las producciones se realizan en lugares semejantes o cercanos a los registrados en los adultos. Hay sólo un espacio destacable en el niño, la boca.
Este parámetro se va afinando a medida que la edad avanza haciéndose más sutil. En los primeros meses del niño (12?13) la localización del signo es aproximada a la producción del adulto, alcanzando cotas de corrección entre el 50%?60%, mientras que a los 16 meses los niños alcanzan un grado de corrección cercano al 80%.
Los signos que poseen como lugar de articulación la cabeza conllevan un pequeño error en este parámetro. En ocasiones el sujeto no signa en el lugar adecuado aunque sea cercano al correcto (TONTO+PADRINO, signo que utiliza Xacobe para denominar a su padrino de forma lúdica; en este signo la localización correcta es la frente, pero Xacobe realiza el signo en la parte lateral de la cabeza que coincide con la mano empleada). Hemos observado como los primeros signos de nuestros sujetos se articulan en torno a tres lugares concretos: espacio neutro (parte del cuerpo que va desde la cintura hasta el cuello, así como el espacio anterior a éste) y la cabeza.
En cuanto a la expresión facial hemos encontrado un alto nivel de similitud, y por lo tanto de corrección, porque los pocos ítemes léxicos de los adultos en los que este parámetro es determinante son captados y producidos por los niños con bastante exactitud, siguiendo nuestros criterios de corrección.
Desde el punto de vista metodológico el método de transcripción de Hamburgo ha resultado útil en el estudio de las primeras palabras, porque proporciona un sistema análisis de los diferentes parámetros y de sus variaciones. Su implementación en ordenador facilita el trabajo de transcripción y permite construir una base de datos que recoja lo más fielmente posible la estructura formal de las primeras expresiones. Es discutible su utilidad en etapas posteriores del desarrollo debido a la complejidad de las expresiones. No obstante seguiremos usándolo en trabajos posteriores para comprobar su eficacia.

Bibliografía
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