Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación. Facultad
de Psicología. Universidad de Santiago de Compostela. Federación
de Asociaciones de Sordos del País Gallego.
Una versión anterior de este artículo fue presentada en el II Encuentro
del Proyecto ALFA. Signum, Barcelona 26?27 septiembre 1996.
|
RESUMEN Se estudió la adquisición de las primeras "palabras" en dos niños (uno sordo y el otro no) hijos de padres sordos usando el Lenguaje de Signos Español. Se realizaron grabaciones en vídeo de un incipiente lenguaje de signos en edades de 11 a 16 meses durante visitas mensuales a su domicilio. Las transcripciones de una hora de cada sesión mensual se realizaron mediante los sistemas CLAN y HamNoSys. El estudio se centró en los siguientes puntos: 1) estructura fonológica de los signos respecto a sus componentes de formación: forma de las manos, orientación de las manos, localización, movimiento y señales no manuales; 2) el contexto semántico de los signos; y 3) el contexto del uso de los signos. En la producción inicial de signos, la localización y los signos no manuales fueron los parámetros mejor creados por los niños; la forma de las manos y su orientación fueron los componentes menos precisos. El movimiento fue significativamente más preciso en los primeros signos (11 meses) que en signos posteriores que requerían movimientos más complejos. La precisión del movimiento fue significativamente menor que la precisión del resto de parámetros correspondientes a una mayor edad (16 meses). La mayoría de "palabras" fueron signos usados para nombrar objetos comunes, o para referirse a acciones, y estaban siempre estrechamente ligados al contexto.Palabras clave: Lenguaje de signos. |
SUMMARY The acquisition of the first "words" was studied in two young children (one was deaf and the other was hearing) of deaf parents using the Spanish Sign Language. Videotape records of early sign language were made from 11 to 16 months of age during monthly home visits. Transcriptions of one hour of each monthy sesion were made using the CLAN and the HamNoSys systems. The study focused 1) on the "phonological" structure of signs with respect to its formational components: handshape, hand orientation, location, movement and non?manual signals; 2) the semantic content of signs; and 3) the context of use of signs. In the initial sign productions the location and the non?manual signals were the parameters the most correctly produced by the children, the handshape and hand orientation were the less aceurately components. The movement was significantly more accurately in the earlier signs (11 months) than in the later signs that required more complex movements. The movement accuracy was significantly lower than accuracy of the other parameters with increasing age (16 months). The greatest amount of "words" were signs used for naming common objects, or for refering to actions and they were context bound productions.Key words: Sign language. |
Introducción
En los años setenta se iniciaron algunos estudios sobre la adquisición
de las primeras palabras en las lenguas de signos, como los de Schlesinger y
Meadow (1972), Willians (1976), McIntire (1977) y Prinz y Prinz (1979). Pero
es en los años ochenta cuando empieza a aparecer la investigación
rigurosa
sobre este período inicial del desarrollo (Bonvillian, Orlansky, Novack
y Folven, 1983; Goldin?Meadow y Mylander, 1984; Holmes y Holmes, 1980; Orlansky
y Bonvillian, 1988; Petitto, 1988; Volterra y Caselli, 1985), aunque con relativa
poca frecuencia si se compara con el estudio de otros estadios más avanzados.
Los estudios más importantes han sido realizados por Folven y Bonvillian
(1991) y Bonvillian y Folven (1993) sobre un grupo de 22 niños aprendiendo
Lengua de Signos Americana. Concluyeron que los niños aprenden las primeras
palabras en lengua de signos de forma más precoz que los niños
que aprenden lengua oral, debido a que la motricidad viso?manual madura antes
en los niños que la motricidad oro?fonatoria (Bay, 1975; Curtiss,
198 1; Meier y Newport, 1990; Sperling, 1978); que las primeras palabras, al
igual que en lengua oral (Barret, 1991; Dromi, 1987) son de tipo expresivo,
no referencias,
usadas en contextos restrictivos,
como imitaciones o formando parte de rutinas; que hay grandes diferencias individuales
que se reducen a lo largo del segundo año de vida.
Desde el punto de vista formal es difícil determinar cuándo una
emisión infantil en lengua de signos es una palabra, porque las palabras
en lengua de signos se producen en un continuo que va desde el gesto (corporal,
manual y facial) al signo (Kendom, 1988; McNeill, 1993), de tal manera que muchos
de los primeros signos infantiles tienen un gran parecido con movimientos, acciones
o gestos extralingüísticos (Petitto, 1989). La estructura de la
lengua de signos, realizada en la modalidad visuo?gestual fue analizada en las
investigaciones pioneras
de Stokoe (1960) en base a tres categorías básicas o parámetros
que funcionarían como los fonemas en las lenguas orales: configuración
de las manos, localización y movimiento. Sin embargo, la definición
de la estructura de los signos requiere otros parámetros que tienen carácter
distintivo. Así se
han establecido otros parámetros (Klima y Bellugi, 1979; Prillwitz
y cols. 1989) que se pueden resumir en seis parámetros básicos
(Rodríguez, 1992, p. 172): 1) configuración de la mano (queirema),
2) lugar de articulación (toponema), 3) movimiento de la mano (kinema),
4) dirección de la mano (kineprosema), 5) orientación de la palma
de la mano (queirotropema) y 6) componente no manual (prosoponema): expresión
corporal y facial.
Son escasos los estudios sobre la estructura formal de las primeras palabras
en lengua de signos. Boyes?Braem (1990) propuso
un modelo teórico evolutivo sobre el desarrollo de las configuraciones
manuales en la Lengua de Signos Americana (ASL) basado en el desarrollo
motor de las manos. Su modelo propone varios estadios en el desarrollo de
las configuraciones que siguen la evolución de las propiedades flexoras
y extensoras de los músculos de la mano. Según el autor, las primeras
palabras (primer estadio) se caracterizan por el predominio de las configuraciones
basadas en la flexión total de la mano (puño cerrado, configuraciones
A y S, según Stokoe); la extensión de toda la mano (mano abierta,
configuraciones 5 y C de Stokoe) y la flexión y extensión de los
dedos pulgar e índice (configuraciones L, bO y G de Stokoe). Las previsiones
de su modelo son contrastadas con un pequeño estudio empírico:
una hora de grabación de un sujeto (Pola) de 2,7 años. Recientemente
Ann (1996) ha hecho un estudio translingüístico (Lengua de Signos
Americana y Lengua de Signos de Taiwán) y ha establecido
una relación positiva entre la facilidad motriz
de las configuraciones (siguiendo la línea psicomotriz de Boyes?Braem)
y su frecuencia de uso. El modelo de Boyes?Braem también explicaría
en líneas generales los resultados del análisis de McIntire (1977)
sobre un niño sordo estudiado a los 13, 15, 18 y 21 meses.
Los estudios más importantes sobre el desarrollo fonológico de
la Lengua de Signos Americana han sido realizados por el equipo de John D. Bonvillian
(Bonvillian et al., 1985; Novack et al., 1988; Siedlecki y Bonvillian, 1993).
Siedlecki y Bonvillian (1993) han estudiado a nueve mitos
(ocho oyentes y uno sordo) entre los 6 y los 18 meses que han tenido como lengua
familiar la lengua de signos. Han usado el sistema
de transcripción de Stokoe, basado en los tres parámetros
de configuración, localización y movimiento. En sus resultados
encuentran que la localización es el parámetro que antes se adquiere,
siendo correcto casi siempre en la mayoría de los signos infantiles (83,5%),
y que el movimiento (61,40%) y la configuración (49,8%) eran menos correctos.
Explican sus resultados diciendo que la localización sólo requiere
el desarrollo de la motricidad
gruesa y memoria espacial que es relativamente precoz en los niños, mientras
que el movimiento y la configuración exigen el desarrollo de la motricidad
fina y memoria para las formas. Sin embargo estos estudios tienen serias limitaciones:
a) no existe una transcripción detallada de los signos infantiles, sino
una transcripción genérica
basada en los tres parámetros de Stokoe; b) no existe un criterio estricto
de puntuación en la corrección fonética, sólo se
dice que se cuenta como correcto si hay una "gran aproximación a
los fonemas adultos" (Siedlecki y Bonvillian, 1993: 37); c) no se especifica
si los análisis se realizan en base a palabras (signos) o a producciones
de esas palabras (ya que en estas edades las producciones de un mismo signo
pueden variar); y d) tampoco existe un anexo para saber cuáles son los
signos analizados. Es necesario un sistema de transcripción fonética
lo más detallado posible para poder analizar la estructura formal de
los signos, y unos criterios específicos de corrección. Sólo
así podemos disponer de una base de datos de diferentes lenguas de signos
para poder realizar el estudio fonológico de las mismas.
Algunos investigadores españoles están iniciando estudios muy
interesantes sobre las primeras palabras en la Lengua de Signos Española
y en la Lengua de Signos Catalana. Pilar Fernández Viader y sus colaboradores
(Fernández Viader y cols. 1996) han realizado un estudio inicial sobre
la adquisición en una niña sorda (a los 15, 20, 24 meses)
y los de la estructura fonológica de las primeras palabras en Lengua
de Signos Catalana utilizando el modelo teórico de estadios propuesto
por Boyes?Braem. Marchesi y colaboradores (Marchesi y cols., 1995) han estudiado
las primeras palabras de 10 niños sordos y dos oyentes desde el punto
de vista funcional y simbólico. Juncos y colaboradores (Juncos y cols,
1996) han propuesto criterios para el estudio fonológico y funcional
de las primeras palabras en Lengua de Signos Española.
En esta comunicación presentamos un estudio sobre las primeras palabras
en Lengua de Signos Española en base a los datos obtenidos de dos niños,
uno oyente y otro sordo desde los 12 a los 16 meses.
Métodos
El presente trabajo se basa en el estudio longitudinal de dos niños,
desde los 12 a los 16 meses. Uno, "Xacobe", es oyente, hijo de padres
sordos, con una hermana mayor oyente que aprende simultáneamente lengua
de signos española y lengua oral (castellano); otro, "Iván",
es sordo, hijo de padres sordos que aprende sólo lengua de signos española.
Los dos niños fueron grabados en vídeo una vez al mes a partir
de los 12 meses de edad, en situaciones de interacción natural con los
padres u otros miembros de la familia. Se hicieron transcripciones detalladas
de todas las expresiones de los niños y de los adultos, por dos investigadores,
uno oyente y otro sordo, conocedores de la lengua de signos. Las transcripciones
se han hecho simultáneamente en el sistema Childes y el sistema de transcripción
de Hamburgo, HamNoSys, versión 2.0 (Prillwitz y cols. 1989), éste
último permite la transcripción fonética y el análisis
de las expresiones en sus diferentes parámetros. Las expresiones de los
niños fueron
codificadas y clasificadas como gestos comunicativos o como signos (palabras
en lengua oral o palabras en lengua de signos) siguiendo los criterios que más
adelante se especificarán. Posteriormente, las transcripciones fueron
discutidas por tres investigadores y se determinó por acuerdo del 100%
su análisis siguiendo los criterios establecidos.
Criterios
Uno de los problemas más importantes viene determinado por la definición
de los criterios que permiten decidir cuándo una emisión en lengua
de signos ha de ser considerada una palabra. En un estudio reciente, Vihman
y Mccune (1994) han replanteado este debate con referencia a la lengua oral
(Bates y col., 1978; Bloom, 1991; Ingram 1988; Nelson, 1973) y han propuesto
diez criterios para identificar una expresión infantil como una palabra.
Estos criterios afectan al contexto y a la forma de las expresiones y permiten
calificar las emisiones infantiles en +palabra o ?palabra según la mayor
o menor variedad de contextos en que es usada y según la mayor o menor
identidad fonética con la palabra adulta correspondiente.
En un trabajo anterior (Juncos et al., 1996) se definieron unos criterios referidos
a la forma y a la función de las expresiones. Hemos creído conveniente
redefinir aquellos criterios introduciendo, además, una clasificación
de tipo semántico en base a la categorización de Nelson (1973)
(retomada por Benedict, 1979 y Dromi, 1987), de tal manera que se
contemplan cinco tipos diferentes de palabras: nominales específicos,
nominales generales, palabras?acción, modificadores y palabras personales?sociales.
![]() |
| Figura 1. Cuadro con las diferentes categorías de la configuración de la mano. Contiene las configuraciones y su transcripción fonética según el sistema HamNoSys. |
![]() |
| Figura 2. Símbolos de los parámetros dirección de los nudillos (A) y dirección de la palma de la mano (B) según el HamNoSys (las flechas indican la dirección y dividen el espacio en cuatro cuadrantes. |
![]() |
| Figura 3. Transcripción (HamNoSys) y comparación de la palabra LUZ producida por Xacobe a los 12 meses (XAC) y el input (PADR). |
Categorización semántica
Para delimitar
el tipo de palabras con un criterio semántica hemos utilizado la categorización
propuesta por Nelson (1973). Las primeras palabras que producen los niños
en lengua de signos pertenecerán a los tipos siguientes: 1) nominales
específicos: palabras referidas a un ejemplar de una categoría;
2) nominales generales: palabras referidas a todos los miembros de una categoría;
3) palabras acción: palabras referidas a acciones realizadas por el niño
o que acompañan a éstas; 4) modificadores: palabras que se refieren
a propiedades o cualidades de las cosas o eventos; y 5) palabras personales?sociales:
expresiones de estados de ánimo y de relaciones sociales.
![]() |
Resultados
Presentamos aquí los resultados obtenidos en los dos niños entre
los 12 y los 16 meses. En la tabla 1 están contenidos todos los signos
producidos por Xacobe desde los 12 a los 16 meses. Se incluyen también
las frecuencias de aparición de estos signos en Xacobe y en los padres
o familiares (input). En la tabla II se recogen los signos producidos por Iván
en el mismo período.
![]() |
| En la lista aparecen signos especiales: a) signos acompañados de un deíctico, como p. ej, PADRINOPNT/TONTO en donde el signo TONTO se acompaña de un deíctico PADRINOPNT (señala al padrino); b) signos idiosincráticos, como p. ej. YY+TONTO (PADRINO) que el signo familiar para el nombre del padrino; y c) signos pantomímicos, como p. ej. CONEJO@mi, que es una palabra que representa los movimientos del conejo. |
![]() |
| Figura 4. Porcentaje de palabras clasificadas según criterio semántico. |
Hemos realizado una clasificación semántica de las palabras en nominales específicos, que corresponden a signos para nombrar a distintas personas del entorno familiar de los niños, nominales generales, palabras acción, modificadores, palabras social?familiar (como los saludos), y construcciones con deícticos, que son palabras que van acompañadas de un deíctico. Los resultados pueden verse gráficamente en la figura 4.
En cuanto al contexto los resultados se
sintetizan en la figura 5, en la que se aprecia que las producciones, en
su mayoría, tienen lugar en contextos limitados con una producción
espontanea como mínimo. Las producciones espontáneas aumentan
a los 16 meses aunque siempre dentro de contextos limitados.
![]() |
| Figura 5. Porcentajes de palabras clasificadas según el contexto de producción en los dos niños. |
En el gráfico de la figura 6 pueden verse los niveles de corrección
en la producción de los diferentes parámetros constituyentes
de las primeras palabras en LSE de los dos sujetos. Se analizan el total de
producciones y se agrupan en tres períodos: a) 12 y 13 meses, en el que
se analiza un total de 39 producciones correspondientes a 13 palabras; b) 14?15
meses, en el que se analiza un total de 44 producciones correspondientes a 25
palabras; c) 16 meses, 54 producciones correspondientes a 15 palabras. En los
parámetros referidos a la estructura manual (configuración, dirección
de los nudillos, orientación de la palma) las producciones correctas
se sitúan siempre por debajo del 60%. Atención
especial merece el movimiento en el que a medida que aumenta el número
de palabras disminuye el porcentaje de producciones correctas. Hemos de tener
en cuenta que no todas las palabras incluyen el movimiento entre sus parámetros
formantes, si consideramos el movimiento no de forma genérica (para signar
hay que mover las manos desde la posición de reposo a la localización
correcta) sino de forma específica, movimiento de una posición
a otra, con direccionalidad, forma e intensidad. A medida que los signos implican
aspectos más complejos del movimiento su captación por el niño
se hace más difícil. En la localización se pasa de un grado
de corrección de menos de 60% a los 12 meses a un grado de corrección
cercano al 80% a los 16 meses. En la expresión facial se alcanza a los
16 meses alrededor de un 75% de corrección.
![]() |
| Figura 6. Corrección en los aspectos formales en la producción de las primeras palabras en LSE de los dos sujetos. |
Discusión
Como podemos comprobar la producción de Xacobe es mucho mayor que la
de Iván. Varios son los factores que pueden influir en las diferencias:
a) Xacobe es oyente y el input viso?espacial es acompañado muchas veces
por la lengua oral; b) en el oyente la atención sobre la actividad y
los contenidos lingüísticos pueden fortalecerse al contar con dos
modalidades perceptivas; c) diferencias en la forma en que los padres se comunican
y hablan a los dos niños; d) diferencias individuales. A lo largo de
nuestro proyecto y en trabajos posteriores intentaremos analizar estos factores.
La distribución semántica de las palabras se corresponde con la
señalada por Nelson en los niños oyentes. Predominan los nominales
generales sobre el resto de palabras. Los nominales específicos son más
abundantes que en los niños oyentes porque son signos especiales para
nombrar a distintas personas del entorno familiar.
Podemos considerar las palabras como el inicio de las palabras o protopalabras.
Se producen en contextos muy limitados y ligados a rutinas familiares de interacción.
Decimos palabras iniciales porque, aunque cumplen los criterios básicos
de forma, los criterios de intencionalidad y contexto sólo se cumplen
parcialmente, porque la mayoría de las mismas se producen en imitación
o espontáneamente y en contextos restringidos.
En la estructura formal de las primeras palabras los parámetros fundamentales
son el movimiento, la localización y la expresión facial. Mediante
la realización de una minuciosa
comparación entre la emisión adulta y la infantil, y siguiendo
los criterios definidos en la Sección de Métodos, hemos
deducido que, de los seis parámetros Normativos que componen
el signo, el movimiento es el que alcanza un índice de corrección
superior en las primeras producciones de nuestros niños en las edades
de 12?13 meses.
Como observamos en la figura 6, el movimiento va perdiendo corrección
a medida que los niños van alcanzando edades superiores. Este hecho demuestra
que a medida que los signos implican aspectos más complejos del movimiento
su captación por parte del niño va resultando más difícil.
Los movimientos de los signos emitidos por el adulto en los últimos meses
de nuestro estudio no poseen una forma recta, que es la que capta
el niño con mayor facilidad. Por ejemplo, el signo PRIMO se produce en
el habla adulta con un movimiento curvo del dedo índice de la mano derecha
sobre el índice de la izquierda, y el niño simplifica el movimiento
realizando solamente una repetición del contacto entre ambos dedos.
Estos resultados cuestionan los obtenidos por Siedlecki y Bonvillian (1993),
que afirman pocos cambios en la capacidad de captar y producir el movimiento
en los niños de estas edades, siendo necesaria una revisión y
matización
de los criterios seguidos por los autores.
Debemos entender como movimiento el cambio en la posición del brazo,
es decir, movimiento de una posición a otra con direccionalidad, forma
e intensidad. Este parámetro no es inmanente
al signo, ya que algunos signos carecen de él (v. gr. LUZ). En algunos
ejemplos (v. gr. LLOVER en Iván: movimiento recto de arriba hacia abajo),
el movimiento es el parámetro correcto más sobresaliente la producción
y permite calificar dicha producción como una palabra correcta.
Hemos observado que en los signos que poseen movimiento producidos por nuestros
sujetos el predominante es el movimiento recto, tenga éste una dirección
de izquierda a derecha o viceversa, o de arriba a abajo o viceversa. También
hemos percibido en las producciones de nuestros sujetos una destreza
para captar la repetición del movimiento, aunque su forma sea dificultosa
(TONTO, CASA, TÍO, HERMANA...).
En los parámetros de la estructura manual (configuración de la
mano, dirección de la mano y orientación de la palma) el grado
de corrección se sitúa por debajo del 60%. La configuración
de la mano es un parámetro de difícil adquisición debido
a la destreza motriz incipiente que tiene el niño en estas edades.
El nivel de corrección se encuentra por debajo del 50%. Nuestros resultados
coinciden con los conseguidos por Siedlecki y Bonvillian en su estudio (48,8%).
La configuración del índice extendido es una de las más
reiteradas en el léxico adquirido por nuestros sujetos. El uso de esta
configuración provoca en nuestro sujeto oyente un caso de sobreextensión
de tres signos que tienen la misma configuración (TÍO, HERMANA
y PRIMO). El niño realiza una misma producción para los tres ejemplos
debido a la similitud que existe entre ellos. Los tres se articulan en el mismo
lugar (espacio neutro) y además son signos bimanuales en los que se produce
el contacto entre los índices de ambas manos. Los parámetros que
diferencian a estos signos son la dirección de la mano, la orientación
de la palma y en el signo PRIMO se produce un movimiento diferente (curvo) al
de los otros dos signos (recto). Observamos en estos ejemplos como Xacobe no
capta los parámetros diferenciales (orientación de la palma,
dirección de la mano y movimiento) sino los semejantes, si éstos
son fáciles de realizar (configuración y localización).
Los parámetros de la dirección de la mano y la orientación
de la palma han sido considerados por algunos autores como parámetros
menores e irrelevantes
en la delimitación del signo. En las producciones de nuestros sujetos
obtienen una puntuación que oscila entre el 40% y el 60% de corrección,
lo que indica una dificultad semejante a la de la configuración de la
mano. Este resultado es lógico y esperado, ya que la dirección
de la mano y la orientación de la palma son parámetros complementarios
de la configuración de la mano en cuanto a la estructura manual del signo.
Esta puntuación se mantiene a lo largo del período estudiado (12?16
meses).
La corrección de la orientación de la palma sufre un ligero ascenso
a medida que la edad avanza, mientras que la corrección de la dirección
de la mano desciende. Esta pequeña variación se debe a las características
de los ítemes léxicos analizados. El aspecto relevante de estos
parámetros es el mantenimiento en torno al 50% de corrección.
Otro parámetro que precisa un comentario especial es el lugar de articulación.
En el niño el espacio empleado para signar es periférico,
las producciones se realizan en lugares semejantes o cercanos a los registrados
en los adultos. Hay sólo un espacio destacable en el niño, la
boca.
Este parámetro se va afinando a medida que la edad avanza haciéndose
más sutil.
En los primeros meses del niño (12?13) la localización del signo
es aproximada a la producción del adulto, alcanzando cotas de corrección
entre el 50%?60%, mientras que a los 16 meses los niños alcanzan un grado
de corrección cercano al 80%.
Los signos que poseen como lugar de articulación la cabeza conllevan
un pequeño error en este parámetro. En ocasiones el sujeto no
signa en el lugar adecuado aunque sea cercano al correcto (TONTO+PADRINO, signo
que utiliza Xacobe para denominar a su padrino de
forma lúdica; en este signo la localización correcta es la
frente, pero Xacobe realiza el signo en la parte lateral de la cabeza que coincide
con la mano empleada). Hemos observado como los primeros signos de nuestros
sujetos se articulan en torno a tres lugares concretos: espacio neutro (parte
del cuerpo que va desde la cintura hasta el cuello, así como el espacio
anterior a éste) y la cabeza.
En cuanto a la expresión facial hemos encontrado un alto nivel de similitud,
y por lo tanto de corrección, porque los pocos ítemes léxicos
de los adultos en los que este parámetro es determinante son captados
y producidos por los niños con bastante exactitud, siguiendo nuestros
criterios de corrección.
Desde el punto de vista metodológico el método de transcripción
de Hamburgo ha resultado útil en el estudio de las primeras palabras,
porque proporciona un sistema análisis de los diferentes parámetros
y de sus variaciones. Su implementación
en ordenador facilita el trabajo de transcripción y permite construir
una base de datos que recoja lo más fielmente posible la estructura formal
de las primeras expresiones. Es discutible su utilidad en etapas posteriores
del desarrollo debido a la complejidad de las expresiones. No obstante seguiremos
usándolo en trabajos posteriores para comprobar su eficacia.
Bibliografía
Ann, J. (1996). On the relation between case of articulation and frequency of
occurrence of handshapes in two sign languages. Lingua, 98: 19?41.
Barret, M. D. (1991). The multi?route model of early lexical development. Anales
de Psicología, 7(2): 123?136.
Bates, E., Benigni, L., Bretherton, I., Carnaioni, L., Volterra, V. (1979).
The Emergence of Symbols: Cognition and Comunication in Infancy. New York. Academic
Press.
Bay, E. (1975). Ontogeny of stable speech arcas in the human brain. En E. H.
Lenneberg y E. Lenneberg (Eds.), Foundations of Language Development. A Multidisciplinary
Approach (Vol. 2, pp. 21?29). New York: Academic Press.
Benedict, H. (1979). Early lexical development: comprehension and production.
Journal of Child Language, 6: 183?200.
Bloom, L. (1991). Language Development from Two to Three. New York: Cambrigde
University Press.
Bonvillian, J. D., Orlansky, M. D., Novak, L. L. (1983). Development milestones:
sign language acquisition and motor development. Child Developement, 54: 1435?1445.
Bonvillian, J. D., Folven, R. J. (1993). Sign language acquisition: developmental
aspects. En M. Marschark y M. D. Clark (Eds.), Psychological Perspectives on
Deafness (pp. 229?265). Hillsdale, N. J.: LEA.
Boyes Braem, P. (1990). Acquisition of the handshapes in American Sign Language:
A preliminary analysis. En V. Volterra y C. J. Erting (Eds). From Gesture to
Language in Hearing and Deaf Children (pp. 107?127). New York: Springer?Verlag.
Curtiss, S. (1981). Dissociation between language and cognition: Cases and implications.
Journal of Autism and Developmental Disorders, 11: 15?30.
Dromi, E. (1987). Early Lexical Development. Cambridge: Cambridge University
Press.
Fernández Viader, M.P., Segimón, J., Jarque, M. J. (1996). Procesos
de adquisición de la configuración de los primeros formantes de
la lengua de signos catalana (LSC). En Pérez?Pereira, M. (Ed.). Estudios
sobre la Adquisición del Castellano, Catalán, Eusquera
y Gallego (pp. 113?123). Santiago de Compostela: Servicio de Publicaciones de
la Universidad de Santiago de Compostela.
Folven, R. J., Bonvillian, J. D. (1991). The transition from non?referential
language in children acquiring American Sign Language. Developmental Pychology,
27: 806?816.
Goldin?Meadow, S., Mylander, C. (1984). Gestural communication in deaf children:
the effects and noneffects of parental input on early language development.
Monographs of the Society for Research in Child Development, 49: (3, Serial
No. 207).
Holmes, K. M., Holmes, D. W. (1980). Signed and spoken language development
in a hearing child of hearing parents. Sign Language Studies, 28: 239?254.
Juncos, O., Rivas, R. M., López E., López, M. T., Caamaño,
A., Sola, F., Fernández, P., Justo, M. J., Reigosa, C. (1996). ¿Cuándo
una palabra es una palabra? Criterios de identificación en la adquisición
de la LSE (lengua de signos española). En Pérez?Pereira, M. (Ed.).
Estudios sobre la Adquisición del Castellano, Catalán,
Eusquera y Gallego (pp. 505?514). Santiago de Compostela: Servicio de Publicaciones
de la Universidad de Santiago de Compostela.
Ingram, D. (1989). First Language Acquisition: Method, Description and. Explanation.
Cambridge: Cambridge University Press.
Kendom, A. (1988). How gestures become like words. En F. Poyatos (Ed.), Cross?cultural
Perspectives in Nonverbal Communication (pp. 131?141). Toronto: Hogrefe.
Klima, E. Bellugi, U. (1979). The Signs of Language. Cambridge: Harvard University
Press.
Marchesi, A., Alonso, P., Paniagua, G. Valmaseda, M. (1995). Desarrollo del
Lenguaje y del Juego Simbólico en Niños Sordos Profundos. Madrid:
Ministerio de Educación y Ciencia.
McIntire, M. L. (1977). The acquisition of American Sign Language hand configurations.
Sign Language Studies, 16: 247?266.
McNeill, D. (1993). The circle from gesture to sign. En M. Marschark y M.D.
Clark (Eds.), Psychological Perspectives on Deafness (pp. 153?184). Hillsdale,
N.J.: LEA.
Meier, R. P. y Newport, E. L. (1990). Out of the hands of bases: on a possible
sign advantage in language acquisition. Language, 66, 1?23.
Nelson, K. (1973). Structure and strategy in learning to talk. Mongraphs of
the Society for Research in Child Development, 38: (1?2).
Orlansky, M. D., Bonvillian, J. D. (1988). Early sign language acquisition.
En M. D. Smith y J. L. Locke (Eds.). The Emergent Lexicon (pp. 263?292). San
Diego, CA: Academic Press.
Petitto, L. (1988). "Language" in the pre?linguistic child. En F.
S. Kessel (Ed.). The Development of Language and Language Researchers: Essays
in Honor of Roger Brown (pp. 187?221). Hillsdale, NJ: LEA.
Petitto, L. (1989). Knowledge of language in signed and spoken language acquisition.
En B. Woll (Ed.) Papers from the Seminar on Language Development and Sign Language
(pp. i?10). Bristol: University of Bristol. [181]
Prillwitz, S., Leven, R., Zienert, H., Hanke, Th., Henning, J. (1989). Hamburg
Notation System for Sign Languages. Hamburg: Signum Press.
Rodríguez, M. A. (1992). Lenguaje de Signos. Madrid: Confederación
Nacional de Sordos de España.
Schlesinger, H. D., Meadow, K. P. (1972). Sound and Sign: Childhood Deafness
and Mental Health. Berkeley, CA: University of California Press.
Siedlecki, Th., Bonvillian, J. D. (1993). Location, handshape and movement:
young children's acquisition of the formational aspects of American Sign Language.
Sign Language Studies, 78: 31?52.
Sperling, G. (1978). Future prospects in language and communication for the
congenitally deaf. En L.S. Liben (Ed.), Deaf Children: Developmental Perspectives
(pp. 102?114). New York: Academic Press.
Stokoe, W. C. Jt. (1960). Sign language structure: An outline of the visual
communication systems of the American deaf. Studies in Linguistics, Occasional
Papers, 8. Buffalo: University of Buffalo.
Volterra, V., Caselli, M.C.C. (1985). From gestures and vocalizations to signs
and words. W. Stokoe y V. Volterra (Eds.) SLR'83 Proceedings of the III International
Symposium on Sign Language Research (pp. 1?9). Silver Spring. MD: Linstok Press.
Wihman, M. M. McCune, L. (1994). When a word is a word? Journal of Child Language,
2 1, 517?542.
|
|
Página mantenida por el Taller Digital | Accesibilidad | Marco legal |
|
|