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Adolfo Sánchez Vázquez

Semblanza crítica

Filósofo y pensador, pero también poeta, Adolfo Sánchez Vázquez (Algeciras, 1915 - México 2011) es uno de los españoles «del éxodo y del llanto» que hubieron de hacer su obra fuera de España, de donde salieron tras la victoria de las tropas franquistas. Como para tantos otros desterrados españoles, México fue la acogedora patria de adopción, en la que desarrolló una fructífera tarea de investigación y de cátedra, que ha hecho de él uno de los pensadores marxistas más relevantes del siglo XX.

En los años anteriores a la Guerra Civil, Sánchez Vázquez cursó estudios de Filosofía y Letras en la Universidad Central de Madrid. Ingresó en FUE y en las Juventudes Socialistas Unificadas, y colaboró en la sección literaria de Mundo Obrero, además de dirigir periódicos de compromiso marxista como Ahora, órgano central de las JSU. Su orientación y su activismo ideológicos no le impidieron iniciar una andadura creativa, en la línea estética de otros autores de la Generación del 36 -entre las propuestas de las vanguardias y la toma de conciencia social favorecida por la situación española en los años treinta-, que estéticamente estuvo marcada por el magisterio de los poetas del 27, en los inicios, y más tarde por el de Antonio Machado y Unamuno. La influencia de estos últimos, y el propio devenir de los acontecimientos políticos en España, propiciaron una poesía rehumanizada que acentuaba el compromiso del poeta ante las circunstancias históricas del momento, en línea con el realismo socialista. A este respecto, la poesía de Adolfo Sánchez Vázquez es un ejemplo magnífico de las zozobras estéticas de ese tiempo dominado por la contienda fratricida. Amigo en su primera juventud de los poetas del 27 -entre ellos Emilio Prados o Rafael Alberti-, colaboró en la revista Octubre, y, junto a Enrique Rebolledo, fundó y dirigió la malagueña revista Sur (1935-1936). Su libro El pulso ardiendo recoge poemas de los años anteriores a la guerra civil. Su publicación estaba prevista para el verano de 1936 en las prensas de Manuel Altolaguirre, pero el inicio de la guerra impidió que viera la luz hasta 1942, cuando el autor estaba ya en el exilio mexicano.

En México emprendió una intensa labor cultural y docente. Reanudó los estudios en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, de la que posteriormente sería profesor hasta su jubilación, tras la que fue nombrado emérito. Participó además en la fundación y redacción de revistas del exilio como RomanceUltramar y Boletín de la Unión de Intelectuales en México. Sánchez Vázquez ha repensado críticamente el marxismo frente a su codificación dogmática. Su obra es dilatadísima en títulos, entre los que destacan Las ideas estéticas de Marx (1965), Filosofía de la praxis (1967), Ética (1969), Rousseau en México (1969), Estética y marxismo (1970), Ciencia y revolución (El marxismo de Althusser) (1978), Filosofía y economía en el joven Marx (1982), Ensayos sobre arte y marxismo (1984), Escritos de política y filosofía (1987), Filosofía y circunstancias (1990), Invitación a la Estética (1992), Cuestiones estéticas y artísticas contemporáneas (1996), Entre la realidad y la utopía (1999), De Marx al marxismo en América Latina (1999), El valor del socialismo (2000), A tiempo y destiempo (2003) y De la estética de la recepción a una estética de la participación (2005). Importante es también su labor memorialística, en libros como Del exilio en México (1991) o Recuerdos y reflexiones del exilio (1997). Su labor filosófica le ha hecho acreedor a numerosos galardones y reconocimientos, entre los cuales se cuentan el Premio Nacional de Ciencias y Artes (México) o la Gran Cruz de Alfonso X El Sabio (España), y más recientemente el Premio María Zambrano de la Junta de Andalucía. A ello hay que sumar numerosos doctorados honoris causa (Puebla, Nuevo León, UNAM, Micoacana, Guadalajara, Cádiz, Complutense de Madrid, Buenos Aires o La Habana).

En 2005 reunió su obra lírica, oscurecida tanto tiempo por su producción filosófica, en el volumen Poesía, que se divide en tres apartados correspondientes a otros tantos momentos de su trayectoria vital. El primero, «Poesía en vela», recoge sus composiciones iniciales, marcadas por el vanguardismo y el compromiso político. El segundo, «Poesía en guerra», es un compendio de la lírica de trincheras. Por fin, «Poesía en exilio», escrita en su destierro mexicano, presenta una conciencia crítica erigida contra la injusticia y la indiferencia humanas: al cabo, una manifestación moral de la memoria en lucha contra el olvido.

Francisco Ruiz Soriano