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Alan Deyermond

Presentación

La cita que encabeza la portada, por así decir, de esta Página de Autor consagrada al hispanista británico Alan Deyermond corresponde a una frase que él gustaba de citar con frecuencia y que, a su vez refleja perfectamente su actitud ante el trabajo y, en definitiva, ante la vida. Se trata de una máxima del poeta y traductor inglés A. E. Housman (1895-1936) que en su versión original reza accuracy is a duty and not a virtue. Aunque aducida a menudo por los historiadores, la sentencia se entiende mejor en su contexto original, el prólogo de Housman a su traducción del Astronomicon de Marco Manilio, publicada en cinco volúmenes (a uno por libro del original) entre 1903 y 1930. En el prefacio del quinto volumen (p. XXII) explicaba, refiriéndose a un previo traductor de la obra:

No me referí [entonces] a la precisión (accuracy) de Brechart, porque la precisión es un deber y no una virtud; pero si hubiese podido ver el vergonzoso descuido de Breiter y Van Wageningen, hubiese proclamado con énfasis, como hago ahora, que fue, desde luego, muy preciso.

La idea, compartida y practicada por Deyermond, es que el rigor no debería ser, en sí mismo, digno de alabanza, puesto que es exigible, por principio, a cualquiera que se consagra a una labor intelectual. Más, si cabe, en una tan propensa al impresionismo y la ocurrencia como los estudios de Humanidades. En la antología de trabajos de Alan Deyermond a la que estas líneas sirven, a su vez, de prefacio, el lector podrá apreciar hasta qué punto la máxima de Housman fue realmente un lema vital para uno de los más influyentes hispanistas británicos de nuestros tiempos. Lo que el lector ya no verá tan claramente en ellos, aunque sí podrá adivinarlo en el brillo de su mirada en alguna de las imágenes incluidas en la galería fotográfica, es su agudo ingenio, propio del más acendrado humor británico y que lograba convertir en algo ameno, sin perder nada de su accuracy, el tema aparentemente más árido. Pocas conferencias se saldaban con tal balance de sonrisas y aun de francas carcajadas como una de Alan Deyermond. Pocas, también, dejaban tal poso de conocimientos e ideas en el oyente.

Lo que ya resulta francamente difícil de advertir en los materiales incluidos en esta biblioteca virtual, es otra de las virtudes señeras de Alan, su generosidad, extensiva a todos los colegas, pero especialmente volcada en animar y ayudar a los más jóvenes. A los ilusionados nuevos medievalistas les brindaba, con afable sonrisa, sus conocimientos y sugerencias y, gracias a una envidiable memoria, ponía en relación a noveles y a veteranos en virtud de los temas de los que se ocupaban. Los más jóvenes de los jóvenes ya no tendrán la fortuna de contar con su colaboración o con su magisterio directo, pero a través de esta página de homenaje y memoria podrán seguir beneficiándose del rigor y de la profundidad de sus aportaciones.

Alberto Montaner Frutos