Saltar al contenido principal

Alfonso Canales

Semblanza crítica

Alfonso Canales Pérez (Málaga 1923-2010). Estudió el bachillerato con los jesuitas. Doctor en Derecho y Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de Granada, ejerció de fiscal y abogado además de profesor de Música en el Conservatorio de Málaga, y de profesor de Historia del Arte y de Literatura en el Seminario Diocesano. Fue fundador de revistas como Papel Azul (1951-1952), la colección de libros A quien conmigo va junto con José Antonio Muñoz Rojas y El Arroyo de los Ángeles con José Salas, además de participar en la redacción de la revista Caracola (1952-1973) dirigida por José Luis Estrada. Su prehistoria literaria se inicia con Cinco sonetos de color y uno de negro (1943) y Las musas en festín. Sonetos para pocos (1950), donde asoma ya una tradición barroca de tintes irónicos y el bagaje de los clásicos. Será con Sobre las horas (1950) y El candado (1956) cuando se consagra su voz poética dentro de una vertiente existencial que engarza con la poesía de la experiencia y el conceptismo estético que tiene como centro las preocupaciones sobre el paso del tiempo, Dios, la lucha contra el olvido y la memoria humana: motivos expresados con el ritmo cuidado y la belleza expresiva que le caracterizan. En Aminadab (1965), que le valió el Premio Nacional de Literatura de ese año, Canales reflexiona sobre la dualidad de la existencia, el Bien y el Mal, la vida y la muerte, y la indagación en la cara oculta del ser humano bajo la simbólica alusión al diablo, línea metafísica y elegíaca que domina también Port Royal (1968) o Réquiem andaluz (1972), elegía esta última a la muerte de la madre. La meditación sobre la belleza del instante presente y la cotidianidad inmediata que abre el camino hacia una comprensión de la vida más cercana aparecen en poemarios como el senequista Cuestiones naturales (1961), Cuenta y razón (1962) o Reales Sitios (1970), donde los espacios y momentos vividos definen el recorrido vivencial del propio poeta, vertiente existencial donde asoman preocupaciones religiosas que abarcarían libros claves de su trayectoria como Épica menor (1973), El año sabático (1976) o el panteísta El canto de la tierra (1977). Así llega hasta esos retazos de la experiencia que son El puerto (1979), Glosa (1982) y Ocasiones y réplicas (1986), siempre bajo el cedazo del culturalismo grecolatino y la más innovadora tradición moderna que conlleva una búsqueda de lo espiritual en lo mundanal, estableciendo también correlatos míticos y épicos. En sus últimos poemarios (Poemas de la teja, 1998; y Nuevos poemas de la teja, 2000) asoman la angustia existencial y el tema del dolor bajo el mito de Job, toda una reflexión amarga sobre la pérdida, la ruina y el devenir hacia la nada, pero siempre con el tono tranquilo y contemplativo que se hace entrañable al lector, para llegar con Breve llama (2000) al mismo símbolo de la existencia humana, recuerdo de aquel relámpago entre dos oscuridades aleixandrino.

Francisco Ruiz Soriano