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José Matías Manzanilla

La personalidad del doctor José Matías Manzanilla que hoy tenemos el honor de presentar a nuestros lectores en esta «Galería de personajes ilustres peruanos amigos de España», es sin disputa uno de los más brillantes oradores parlamentarios contemporáneos, no solo del Perú sino de cualquier parte del mundo calificado en justicia como uno de los primeros oradores de la América, por la sublimidad de su talento, por la riqueza y variedad de sus ideas y por su tempestuosa elocuencia. Aquellos que como nosotros hemos tenido la dicha de ser amigo y haberlo tratado de cerca, sabemos cuánto vale este gran hombre y cuánto se aprende estando   -111-   a su lado. Toda su elocuencia, todo su caudal de conocimientos expone con suma sencillez y no hay que preguntarle como al poeta por qué canta; él mismo no lo sabe; sería lo mismo que preguntar al arroyo por qué murmura y al ruiseñor por qué en el callar de la noche interrumpe el silencio de la naturaleza con su dulce y hermoso canto. El doctor Manzanilla resplandece por su sencilla espontaneidad. En las ciencias se necesita de reflexión profunda, pero en la oratoria se necesita inspiración y por ello sus obras son creaciones de su espíritu. Es lo mismo que si le preguntamos a un poeta la causa que le mueve a cantar y al filósofo a producir bellas ideas, dirán que lo ignoran. Así es el espíritu de este orador profundo que imagina, y da forma sensible a sus grandes ideales.

Por eso los filósofos alemanes han pretendido siempre que la estética ha de unir sintéticamente todos los sistemas filosóficos.

La personalidad del doctor José Matías Manzanilla es múltiple, es abogado, catedrático, político, publicista, diplomático y orador parlamentario; tan eminente ciudadano es un gran amigo de España. Allá en época no lejana cuando visitó el viejo mundo le preguntaron los parlamentarios peruanos qué partes del mundo visitaría, a los que contestó: «Lo primero y principal será mi visita a España, la Madre Patria, la patria de mis mayores, la tierra de mis ensueños, esa tierra mil veces bendita porque ha producido el perfecto caballero noble y valeroso; y después de haber vivido en su regazo algún tiempo, después de haber gozado en el trato íntimo con esa raza de legendarios hispanos que es la nuestra... pasaré a visitar París. Conocido esto, me vuelvo al Perú, satisfecho va mi espíritu. Solo eso me llama ir al viejo mundo».

Bendito sea todo aquel que como el doctor Manzanilla se expresa de España en esta forma.

Este modo de pensar de este gran peruano, grande en todos conceptos ha comprometido la gratitud de todos los españoles que deben ver en él a un gran defensor de España, a un digno descendiente de nuestra querida patria.

Este ilustre varón nació en Ica, cerca de Lima. Recibido de abogado muy joven se consagró, a defender pleitos, formándose en poco tiempo una posición envidiable, siguiendo la dirección profesional de lo doctores Isaac y Lizardo Alzamora. Es reputado como uno de los primeros y goza de gran prestigio de toda la República; ha defendida causas valiosísimas y ruidosísimas, algunas de las cuales llamaron la atención de la prensa extranjera, por su intensidad o por la importancia de los intereses que representaban, o de las teorías jurídicas que en ella se sostuvieron. En la Universidad, es un catedrático que ha sabido conquistarse una sólida reputación desde el año de 1896 en que comenzó como profesor adjunto en la cátedra de Economía Política en la Facultad de Ciencias Políticas, siendo profesor principal del curso una eminencia universitaria el doctor Isaac Alzamora. Al año siguiente obtuvo por concurso el título de adjunto a esa importante cátedra y la de Legislación Económica del Perú. Desde entonces hasta la fecha ha dictado este curso durante 26 años seguidos. También ha dictado   -112-   en la Facultad de Ciencias Políticas, la cátedra de Ciencia de las Finanzas. Su cátedra de Economía Política goza de gran popularidad debiendo decir que obtuvo en concurso el título de catedrático principal de ella en el mismo año 1899 en la época el gobierno del gran estadista don Nicolás de Piérola.

En esa cátedra ha propagado la doctrina del intervencionismo económico y ha sido francamente adversario del individualismo, orientación que ha desarrollado después con especial acierto en los diez proyectos de leyes obreras cuya formación le encomendara en 1904 el gobierno de don Manuel Candamo. En 1905 presentó al gobierno estos trabajos que le mencionaron un voto de aplauso del poder ejecutivo; esta fue la única recompensa que recibió en pago de ese trascendental trabajo, que no estuvo sujeto a remuneración pecuniaria. El gobierno hizo suyos esos proyectos y los remitió a las cámaras. En el parlamento entre los debates más importantes en que ha intervenido, citaremos el de la Ley de reparación de los accidentes del trabajo en 1905 y 1908 y en esos debates pronunció discursos que han merecido elogios del doctor Alfredo Palacios el gran parlamentario y orador argentino, en su libro Por los trabajadores.

Tal fue la fama que adquirió el doctor Manzanilla que la Real Academia de Legislación y Jurisprudencia de Madrid lo nombró miembro de la misma, y el diploma se lo envió don Eduardo Dato, el gran político español presidente de esa academia y autor de la Ley de Accidentes del Trabajo, vigente en España.

La Legislación del Trabajo contiene la Ley n.º 1378 de enero de 1911 sobre responsabilidad de los empresarios por los accidentes del trabajo: la Ley 2290 modificando y ampliando la anterior, ley 2851 de 1918 sobre el trabajo de las mujeres y niños, la del descanso dominical, en las empresas periodísticas; ley prohibiendo el trabajo en los domingos; la de la obligación de las empresas, de tener habitaciones, escuelas y asistencia médica para los obreros, y muchos otros proyectos. Ha sido decano del Ilustre Colegio de Abogados de Lima y es Decano de la Facultad de Ciencias Políticas y Económicas.

En la política ha sido Ministro de Relaciones Exteriores. Diputado por la provincia de Ica y por la provincia de Lima; y Presidente de la Cámara de Diputados en algunas legislaturas.

Es un orador que jamás se desconcierta ante ninguna interrupción declarando por el contrario enfáticamente que los interruptores son colaboradores y que al interrumpirlo lo honran probándole que lo atienden. En su oratoria se distingue siempre por la más alta tolerancia con todos sus adversarios. Nada de esto obedece a cálculo, ni a sistema de táctica política sino que es natural y espontánea manifestación de su espíritu, compatible con aptitudes firmes y con rasgos de energía manifestados en la tribuna y en la acción, en épocas bien recordadas del Parlamento y de la política nacionales. Algunos de sus discursos parlamentarios han aparecido en cuatro volúmenes. Estos discursos no comprenden los de 1905 a 1909 sobre el proyecto de accidentes del trabajo.

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En la sesión de la Cámara de Diputados del 14 de noviembre de 1917 y en el debate habido sobre el dictamen de la Comisión electoral sobre la incorporación de los diputados por Lima el señor Alberto Ulloa gran periodista, elocuente y profundo orador parlamentario, y que por razones políticas estaba distanciado del doctor Manzanilla, decía lo siguiente:

El señor Alberto Ulloa... Y no soy yo señores diputados -cualesquiera que sea el honor que la Cámara quiera dispensar a mi palabra- el que ha sintetizado y caracterizado con sus verdaderos colores lo que significa para el Perú ese régimen de las calificaciones. Es el más autorizado vocero, si puede decirse, de este Parlamento, es la joya más valiosa de sus bancos de suyos prestigiosos; es la palabra o la pluma, vibrantes, siempre, e invariablemente elocuentes del ilustre diputado por Ica, doctor Manzanilla (Grandes aplausos)..., a quien en esta como en cualquiera otra ocasión acompañarán seguramente a despecho de sus actitudes políticas, de unos y otros tiempos, los aplausos de los que en toda nacionalidad saben medir el valor intrínseco de los hombres y apreciar lo que representan los espíritus cultos, en una sociedad como la nuestra tan necesitada del ideal y tan despojada de la justicia (grandes aplausos).



Estas son a grandes rasgos las líneas morales y sentimentales de este egregio peruano, digno descendiente de la patria española, que honra hoy las columnas de El Diario Español de Buenos Aires.

A continuación insertamos uno de los más hermosos discursos del doctor Manzanilla.

Discurso del doctor José Matías Manzanilla

Sesión de la Cámara de Diputados de 19 de octubre de 1917

El señor Manzanilla.- Señor Presidente: Los aplausos tributados en mañana de hoy a las elocuentes palabras del señor Ulloa; los fundamentos del dictamen suscrito el año 13 por la Comisión de Legislación del Trabajo; la subsistencia de idéntico criterio en la Comisión del mismo ramo de la presente Legislatura; el apoyo que ofrece mi ilustre compañero de mandato por Ica, señor Maúrtua, al presentar unas interesantes adiciones; y los requerimientos, perennes y unánimes, dentro y fuera del Parlamento, para que expidamos la ley que discutimos, después de haberla hecho esperar doce años su turno en nuestros debates, exoneran a la Cámara de la molestia de oír el desarrollo de los motivos jurídicos y económicos determinantes de la necesidad de protejer el trabajo industrial de la mujer y del niño.

En el estado actual de la Ciencia Jurídica y de la Ciencia Económica, de la Fisiología y de la Higiene, de la Legislación y de la Educación, nadie tiene la audacia, o el egoísmo, o la ignorancia, de negar la urgencia de la obra del Legislador para protejer a la mujer y al niño, apareciendo la falta de amparo legal al trabajo de la una y del otro, como algo contradictorio con todas las tendencias de la acción de la sociedad y de la acción de los Poderes Públicos,   -114-   en movimiento progresivamente acelerado para mejorar las condiciones higiénicas de la existencia humana e impedir el despoblamiento de la nación; para asistir a título obligatorio y no a mero título voluntario, a la infancia desvalida, a la maternidad desamparada y a las familias numerosas; para combatir el alcoholismo y la tuberculosis; para dotar al hombre con las aptitudes primarias susceptibles de proporcionarle bienestar y eficacia en el esfuerzo por el hecho de haberle dado en la niñez instrucción elemental, instrucción técnica e instrucción post-escolar; y para constituir todas las garantías conducentes a protejer a las mujeres y a los niños, sistema de protección vinculado en anteriores tiempos a conceptos de humanidad y de piedad y unido en los tiempos presentes a las concepciones concretas de la justicia, de la pública conveniencia, de la moral y del porvenir de la raza y del país. (Aplausos).

Esta es la cuestión, señores diputados; y el criterio para resolverla consiste en sacarla del campo del fenómeno exclusivamente individual y en integrarla dentro del sistema de ideas sobre la salud y sobre el progreso sociales, necesitamos de niños robustos y mujeres sanas, de modo que protejerlos es función imprescindible de los poderes públicos, propensos, sin embargo, en el Perú, a abdicar de estas excelsas funciones y a entregar al niño a la tutela única del padre, a la mujer al amparo, a veces despótico, del marido y al obrero a la fortuita benevolencia del empresario, olvidando que el padre, en medio de la miseria, puede tomar al hijo como una mercancía; que el marido, exigiendo obediencia, puede convertir a la mujer en un forzado del trabajo para aprovechar de sus salarios; y que la masa de los empresarios desconociendo sus conveniencias durables y futuras de tener obreros numerosos y fuertes, puede dar pábulo a su egoísmo, inaccesible a la necesidad de considerar cosa sagrada, lejos del comercio de los hombres, los brazos del niño infeliz y los de la mujer en los días posteriores y anteriores al alumbramiento.

No basta, entonces, señor Presidente, la simple espontaneidad social y es indiscutible la urgencia de que el Estado defina reglas jurídicas del trabajo infantil y femenino, evolucionando así en el oficio que tradicionalmente le corresponde de garantizar el derecho. Pues bien, el Estado garantiza el derecho al protejer a la mujer y al niño con normas legales para su actividad industrial. Esta función es clara, pero es distinta de la función cumplida en los Códigos Civiles cuando estatuyen sobre el poder paterno incólume e intangible, mientras no haya prueba del hecho del abuso; y cuando estatuyen sobre el poder marital, omnímodo mientras dura el matrimonio. Por consiguiente, las reglas del Derecho Civil, que son represivas y no son preventivas, porque exigen la prueba del incumplimiento de los deberes del padre o del marido para liberar a la mujer o al niño de la opresión paterna o del despotismo marital, resultan esas reglas de Derecho Civil ineficientes para amparar en la lucha por la existencia a la mujer y al niño; y resultan, además, arcaicas, en la hora que vivimos, de intensas intervenciones y no de abstenciones del Estado.

Si estuviéramos acordes en estas ideas generales, probablemente al debate quedaría circunscrito a las cuestiones de detalle y al criterio acerca de la conveniencia de reducir o de ampliar la ley dentro de la órbita de su adaptación a nuestro medio industrial y a nuestro medio social.

Desde este punto de vista el diputado que habla encarecía a sus estimados colegas que se dignaran colaborar en la ley, observándola y criticándola   -115-   para aclararla y mejorarla. Escapemos a poner en las iniciativas sobre el bien público y sobre las transformaciones de la vida jurídica el amor propio del autor y escaparnos, Señor Presidente, a la tendencia morbosa y perturbadora de sentir malestar ante las más suaves contradicciones, susceptibilidad incomprensible en un cuerpo deliberante, expuesto al marasmo y al suicidio, sea por el hábito de debates excesivos, sea por falta de gusto para sostener los debates indispensables.

Además, las leyes de carácter social para imponerse espiritualmente al criterio de los magistrados judiciales, imbuidos con frecuencia en los conceptos estáticos de la tradición jurídica y para imponerse a los gobiernos prontos a contemporizar con los intereses creados, antes de sentir el ardiente soplo de las ideas renovadoras de la justicia, han de ser claras en sus textos, luminosas en su intención, justificadas en sus fundamentos y analizadas, desde esta tribuna, en sus cláusulas, en sus palabras, en sus sílabas, si fuese posible. Sean, pues, bien venidas todas las observaciones. Las observaciones de los señores diputados han de contribuir a que el proyecto en debate, al convertirse en ley, resista el peligro de que el egoísmo e el ignorante digan con desdén: esto pertenece aun al limbo de las abstracciones, tiene sólo el reflejo de un voto platónico, es el concepto puro de la remota idealidad. (Aplausos). Que no se diga esto, señores. Y para que no pueda decirse, iniciemos el debate, determinando los ejes de la ley; y analicemos el radio de su aplicación, el mínimo de la edad, el máximo de las horas de labor, los límites provenientes de la naturaleza y de las circunstancias del trabajo, las sanciones por los hechos infractorios de la ley y las organizaciones para vigilar su ejecución.

La ley, señores diputados, comprende los servicios del Estado y todas las ocupaciones industriales por cuenta ajena, desde la industria manufacturera a las industrias extractivas, desde la industria comercial a la industria de transportes; y sólo deja fuera de su aplicación a la agricultura, cuando carece de máquinas y al trabajo familiar cuando está vigilado por los padres o tutores, siendo inoficioso desenvolver las razones para amparar el trabajo infantil y femenino en las fábricas, en las minas, en los almacenes y las oficinas de comercio, en las oficinas públicas y en los ferrocarriles y bastando enunciar que la medida excluyente de ciertas labores agrícolas y del trabajo familiar, es medida provisional, subordinada, ya para mantenerla, ya para derogarla, a las lecciones de la experiencia sobre los resultados de esta legislación en los campos donde vamos a ensayarla.

Al legislar sobre la materia en debate, el segundo núcleo de ideas está alrededor de la edad del niño; y según nuestro proyecto hay prohibición de trabajar antes de los catorce años; hay libertad completa desde los dieciocho años salvo algunas excepciones; y hay autorización también excepcional a los doce años, previo el hecho de comprobar la aptitud física y la aptitud intelectual, de donde aparece que es lícita la labor del niño de doce años sólo como un caso de excepción y que la edad de catorce años es la línea divisoria entre lo prohibido y lo permitido, entre el trabajo tolerado y el intolerable, entre el trabajo acorde con el interés de la sociedad y el trabajo antisocial, efecto de la miseria de los padres o del espíritu de expoliación de los empresarios.

El criterio para permitir el trabajo a los catorce años radica en el dato   -116-   fisiológico de aparecer entonces la pubertad; de cesar a los catorce años, según la ley peruana, la obligación escolar; de eximir de culpa el Código Penal del Perú a los menores de quince años a no ser la prueba de su discernimiento al practicar el delito; de constituir punto de referencia en el antiguo Reglamento sobre Localización de Servicios en las minas y en el Reglamento de Policía Minera, la edad de 14 años; de aproximarse a las edades previstas en el Reglamento de Explotaciones Agrícolas en la montaña, que hubo de prohibir el empleo de niños menores de doce años y de fijar en seis horas diarias el máximo de la labor de los menores de quince años; y de establecer, en fin, las legislaciones extranjeras el tipo de los catorce años, aunque haya discrepancia, sea aumentando la edad, sea disminuyéndola.

Mas si a los catorce años aparece la edad del trabajo lícito, quedan aun inaccesibles al niño algunas ocupaciones peligrosas, entre otras, la ocupación de conducir vehículos, tarea de extrema intensidad, que exige el potencial dinámico de un hombre adulto; que compromete los intereses públicos cuando falta al conductor energía y experiencia; y que pudiendo acarrear responsabilidades civiles y penales, ha de estar a cargo de personas con capacidad legal para soportarlas.

Después de la indicación sobre el mínimum de edad, fijémonos en que el tiempo de labor, cuyo máximum ha de ser de seis horas diarias, para los niños de catorce años y de 8 horas diarias para los menores entre catorce y dieciocho años y para las mujeres, tiene base experimental, pues ahí están los hechos para acreditar la ruina fisiológica de las mujeres y de los niños entregados a tareas que extenúan. Es un atentado contra la naturaleza imponer a la mujer y al menor de dieciocho años una jornada de trabajo que exceda de ocho horas, porque los fenómenos químicos, origen de la fatiga, intoxican el organismo y para eliminar estos venenos, el organismo demanda reposo, especialmente la estructura fisiológica delicada de la mujer y la estructura incompleta del niño, sin la virtud por su delicadeza o por su endeblez, del poder de auto-eliminación rápida de las materias tóxicas que queman y deterioran los tejidos.

Me abstengo de continuar en el orden de consideraciones que acabo de exponer para alejarme de la fascinación de usar de un lirismo envuelto en riesgos para quien careciendo de aptitudes intenta la sobriedad en la palabra, aunque la defensa de la mujer y del niño predispone a magníficas ornamentaciones retóricas, desgraciadamente bien lejos de mis hábitos de polémica y de mis métodos de expresión. (Grandes aplausos).

Así es, señor Presidente, que la mujer y el niño, dogmaticemos, esto es más fácil, dogmaticemos, la mujer y el adolescente menor de diez y ocho años, deben de trabajar el máximum de ocho horas diarias y el menor de catorce años, el máximo de seis horas diarias, sin que en conjunto excedan sus labores semanales de cuarenta y cinco horas en un caso y de treinta y tres horas en otro caso, a fin de otorgar a esta categoría de trabajadores el beneficio de la semana inglesa, para que aprovechen los niños y las mujeres, desde las dos de la tarde del sábado en preparar sus ropas del domingo, en hacer sus compras y en gozar de un descanso ininterrumpido hasta el lunes siguiente. Y al inclinarnos por la semana inglesa, nosotros, imbuidos en los principios de la civilización Occidental, estaremos distantes aun de las leyes japonesas que alguna vez nuestro excelente colega señor Pérez, invocaba en la Cámara al mostrar un librito de Kaito Kasiro, diciendo: ¡esta es la ley del Japón! Valga el recuerdo para referir que la ley japonesa   -117-   establece el descanso de cuarenta y dos horas continuas, desde el medio día del sábado hasta la mañana del lunes, a favor de las mujeres y de los niños, como podrían descansar en el Perú si uniéramos la semana inglesa con el reposo dominical.

En cuanto a la naturaleza de los trabajos, los niños menores de 10 y 8 años y las mujeres han de estar libres de las tareas nocturnas, subterráneas y peligrosas. Es claro que al legislar sobre los trabajos nocturnos, riesgosos y subterráneos, nuestras discrepancias serán sólo sobre detalles de apreciación, por ser de evidencia que el esfuerzo de noche, a igualdad de tiempo y de intensidad, acarrea desperdicio más considerable de energías fisiológicas que los esfuerzos diurnos; por haber la certidumbre de que las faenas peligrosas suponen capacidad y responsabilidad difíciles de encontrar en los niños; y por pertenecer a las verdades de buen sentido que las labores del subsuelo exigen el pleno vigor de las arterias y del músculo cardiaco, robustez que falta aun a los niños y que ya no tienen los viejos.

La taxativa para los trabajos subterráneos ha de ser específica y expresa, pero la caracterización y la enumeración de los trabajos peligrosos es inevitable entregarlas al resorte del Gobierno y desprenderlas del campo de las funciones del Legislador por estar en inminencia de movilidad el riesgo del trabajo. En efecto, el trabajo, peligroso de hoy, si acaso progresaren los aparatos, los órganos y los procedimientos de protección, dejaría de ser peligroso mañana, o, por lo menos, declinaría el peligro. El riesgo de las labores en un lugar, puede desaparecer o disminuir en otro lugar; consecuencia, para no incurrir en el vicio de exceso de legislación y para no realizar la obra infecunda de previsiones aleatorias, es útil dejar al Gobierno que determine la naturaleza y las condiciones del trabajo susceptible de recibir el calificativo de peligroso. El Gobierno habrá de estimar que hay peligro en el trabajo para poner máquinas en movimiento; en el trabajo para la reparación y construcción de altos edificios; en el trabajo de los acróbatas y gimnastas; y, en fin, en todas las formas de actividad donde el riesgo profesional del infortunio del obrero arroje un coeficiente superior al tipo medio de los peligros comprobados por las estadísticas de la industria.

Conjuntamente con el tiempo y con la naturaleza del trabajo, consideremos entre las circunstancias en que él ha de realizarse el estado del embarazo y el del aburrimiento. Es incontestable la necesidad social y el deber humano de impedir las labores femeninas en los días de la crisis suprema de la mujer y del niño. Si la mujer en cinta es una enferma, que la sociedad por su propio interés ha de cuidar, las meras abstracciones lógicas nos llevarían a liberarla del trabajo desde la hora inicial de la concepción, hasta la época del restablecimiento de sus órganos, cuarenta días después del parto. Pero, como la sociedad no vive de lógica sino de realidades y como la prohibición por todo el tiempo del embarazo equivaldría a declarar el trabajo inaccesible a la mujer, contentémonos con impedirlo en los días inmediatos anteriores y posteriores al alumbramiento, fundándonos antes que en los motivos individuales de conmiseración o de filantropía, en los grandes motivos colectivos de la salud, del progreso y del porvenir de la sociedad.

La protección a la madre es cuestión social, a consecuencia de llevar en sus senos el futuro del mundo. Abandonar a la madre, es el abandono del niño.   -118-   El trabajo que extenúa a la mujer en cinta, da el niño raquítico, niño que tiene al nacer peso inferior al del niño cuya madre pudo descansar en el período de la gestación y niño que tiene en su contra las probabilidades de vivir, según lo comprueba el número enorme de niños muertos en los primeros días de nacidos, al extremo de correr entonces el ser humano más riesgo de muerte que al llegar a los ochenta años de edad.

La desaparición alarmante de los seres humanos en los primeros momentos de la vida, reconoce entre sus causas sociales el abandono que la sociedad hace de la mujer que alumbra; y es a título de defensa colectiva, en contra de un mal social, que emergen la prohibición y las limitaciones al trabajo femenino.

¿Por qué el Estado va incurrir en la política contradictoria de favorecer la inmigración, de atribuir importancia nacional y económica al acrecentamiento del número de pobladores y de sanear los campos y las ciudades para acrecer la fuerza vegetativa de la raza, y no la de amparar las labores de la mujer en cinta ni ha de protejer al niño a quien la muerte acecha? Integra evidentemente el problema de la población el amparo al trabajo infantil y femenino; y así resulta que a las razones sentimentales y de orden moral para legislar a favor de la mujer y del niño, es incontrarrestable unir motivos, concretos de conveniencia pública. Mas sería para la mujer un presente griego liberarla del trabajo por razones de la maternidad y desconocerla su derecho a los salarios en la época del descenso. Son dos principios que se completan: el principio de suspender el trabajo de la mujer en los días inmediatamente anteriores y posteriores al alumbramiento y el principio de continuar con su salario. Si la Cámara vota la regla prohibitiva del trabajo, ha de votar, también, el derecho de una cuota aparte del salario, mientras subsista la imposibilidad legal de trabajar; y si la Cámara no está resuelta a exigir del empresario el pago de una cuota aparte de los salarios, debe abstenerse de privar a la mujer del trabajo, única expectativa de ganarlos y, con ellos, de vivir.

He aquí la dificultad de esta ley. Envuelve esta ley, como todas las leyes de trabajo, una carga para el Estado o para las empresas, o para unas y otro. Es así como las leyes sociales, por su influencia en la repartición de las riquezas y en las finanzas públicas, reflejan sobre el bienestar general; y es así como realizan la obra democrática de proteger a los débiles, entregándoles directa o indirectamente algo de las ganancias de las clases poderosas, (aplausos), advirtiendo, señores, que acerca del número de días de descanso y de la cuota, aparte del salario, necesitamos flexibilidad en nuestro criterio, a fin de intentar la armonía entre esos dos antagónicos intereses individuales, sin sacrificio del gran interés colectivo, consistente en impedir el trabajo de la mujer en cinta y de proporcionarla su pan y su abrigo en la época del reposo, gravámenes que han de soportar las empresas, mientras carezcamos de instituciones de seguros sobre la Maternidad o de Sociedades Mutuas para auxiliarla; y gravámenes a los cuales, por vía de artículos adicionales al actual proyecto, hemos de agregar el gasto de establecer salas-cunas para el depósito de los niños lactantes por el tiempo que sus madres trabajen, adición   -119-   ya contemplada por quien está usando de la palabra, cuando antes de pedirla departía con nuestro vicepresidente, señor Balta.

Admitamos, pues, señores diputados, lo inevitable de imponer gravámenes a los empresarios al crear derechos al trabajador; y admitamos también la necesidad de garantir el derecho con previsiones para precaver la malicia, pronta a ambular entre las empresas invitándolas a eludir su doble obligación: la del reposo y la del salario. El Legislador, ha de preveer la malicia y ha de dificultar a los empresarios que despidan a la mujer en cinta para sustraerse al pago del salario, imponiéndoles que lo abonen antes de despedirla y que abonen, además, las posibles indemnizaciones contractuales.

En el orden de la penalidad por infringir la ley, hay las multas, sin detenerme a sostener, o a modificar su escala, y su cuantía, objeto de interesante crítica por Alberto Ulloa Sotomayor, jurisconsulto y periodista de renombre, no obstante de estar aun en los albores de su vida profesional; y en el sistema de los órganos de vigilancia y de ejecución de la ley, hay el juez de primera instancia, el alcalde municipal, el subprefecto de la provincia, todos los ciudadanos provistos de la acción popular para velar por el trabajo de la mujer y del niño, las asociaciones protectoras de la infancia y de la maternidad, la inspección de Higiene Social, iniciativa feliz del eminente diputado señor Maúrtua, y, finalmente, en el futuro, para alcanzar la observación rigorosa de todas las leyes obreras, habrá la Inspección General del Trabajo, sobre la que espero, antes de presentar un proyecto a la Cámara, someterlo a los señores Barrós, Secada, Gamarra y Vinelli, miembros de la Comisión de estudio de las iniciativas sobre cuestiones sociales.

Y concluyo, Sr. Presidente, con la tarea de exponer los ejes de una ley, exenta, en su factura y en su intención, de dogmatismos, de espíritu abstracto, de exageraciones sistemáticas incomprensiones sobre la realidad social e industrial de nuestro país; de una ley que representa el minúsculo intervencionismo del Legislador, al compararla con diversas leyes extranjeras, al compararla con el estado actual de las teorías económicas y jurídicas, al compararla con los votos de las asambleas científicas; y de una ley, que siendo mínima no puede expresar el total pensamiento de quienes asistimos a la hora presente de intensas transformaciones en la concepción de la solidaridad y del derecho.

Quiera el Destino colocar el proyecto en debate en la gran avanzada del sistema de protección a la mujer y al niño. Quiera el Destino, Sr. Presidente, dar oportunidades al Parlamento del Perú para detener su visión en el régimen de la enseñanza popular; en la necesidad de difundir la enseñanza técnica entre los obreros adolescentes; en el deber del Estado para contribuir al refectorio, a los vestidos y a los libros escolares; en el anhelo democrático de la instrucción post-escolar; en la educación de los niños anormales; en el establecimiento de tribunales para niños delincuentes; en el derecho de los hijos del amor a ser reconocidos y legitimados; en el derecho de investigar la paternidad para imponer al padre desalmado deberes sacros, consecutivos a un hecho natural; (aplausos prolongados) en establecer el divorcio, imitando al Uruguay, donde la legislación   -120-   de la Roma Antigua, que consagraba el despotismo del hombre para el repudio de la mujer, transformose en la posibilidad de la mujer para repudiar al marido; en el otorgamiento de la emancipación femenina, en el orden civil y en orden político; y, en fin, en las múltiples formas sociales para asistir a los débiles y para atenuar sus miserias. (Aplausos).

La ley protectora del trabajo de la mujer y del niño, anuncia la existencia de un pueblo que progresa. La civilización es una capitalización, capitalización de dinero, de generosos sentimientos, de garantías jurídicas, de adelantos materiales y morales, pero suele arrastrar en sí la acumulación de egoísmos, de explicaciones, de infamias. Toca a los legisladores el rol de contribuir a la obra de capitalizar el bien y de facilitar que la civilización irradie su grandeza y su luz para desvanecer las miserias y las sombras que suelen disminuirla y opacarla.

(Grandes y estruendosos aplausos en los bancos de los diputados y en la barra).





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Celestino Manchego Muñoz

Nació en el distrito de Córdova, de la provincia de Castrovirreyna, el 6 de abril de 1887. Hijo del señor José Froilán Manchego y de la señora María Cruz Muñoz. Cursó la segunda enseñanza en los colegios nacionales de Ica y Ayacucho. Hizo sus estudios facultativos en las Universidades de Lima, Cuzco y Arequipa. Durante su vida de universitario se dedicó a la enseñanza, fue profesor en Lima en varios planteles de instrucción.

En el año de 1907 fue nombrado profesor del Colegio Nacional de Ciencias del Cuzco, cargo que regentó durante cinco años; como profesor en ese plantel, por su consagración a la enseñanza, se le otorgó el año 1909, un diploma de honor por todas las instituciones locales.   -122-   En 1910 fue elegido vicepresidente del Centro Universitario del Cuzco. En 1912 fue inspector de Instrucción de la Provincia de Castrovirreyna. En 1913 candidato a la diputación en propiedad por esta misma provincia. En esta campaña política puso en evidencia su espíritu batallador; sostuvo vigorosamente la lucha política contra el candidato oficial. Los actos de fuerza que se ejercitaron contra él, lejos de deprimir el entusiasmo, le sirvieron de vivo estímulo para mantener con mayor firmeza su credo político. Su candidatura provocó gran corriente de opinión y como recurso político se le tomó preso, sindicándolo como revolucionario. Después de permanecer en la cárcel de Castrovirreyna se le trasladó a Huancavelica, lugar del que fugó, haciéndose presente en la capital de la República con el fin de demandar la nulidad del proceso electoral. Informó en la Corte Suprema defendiendo sus elecciones. Su actitud fue enérgica para condenar los actos de fuerza que se pusieron en uso para impedir su triunfo. El fallo del Tribunal le fue adverso.

En el año 1913, a raíz de la deportación del señor don Augusto B. Leguía, fue reducido a prisión nuevamente y trasladado a la cárcel de Guadalupe, acusado como revolucionario por la Zona Militar de la Segunda Región.

Informó ante el Consejo de Oficiales Generales y debido a su defensa consiguió su libertad.

En 1914, fue designado delegado por el Concejo Provincial de Huancavelica ante la Junta Departamental. Instalada dicha Junta fue elegido Vicepresidente de ella. En este mismo año 1914, con ocasión de la revolución política del 4 de febrero, actuó al lado del primer Vicepresidente de la República, señor don Roberto Leguía. Fue en comisión política a los departamentos del sur de la República, en compañía del doctor don Juan de Dios Salazar y Oyarzábal. También en este mismo año (1914) se recibió de abogado en la Universidad de Arequipa, obteniendo la nota más alta. Presentó como tesis «La descentralización electoral», y sostuvo la conveniencia de mantener la intervención de la Corte Suprema en la revisión de los procesos electorales. En 1915 se presentó como candidato de oposición a la diputación suplente por Huancavelica, concurrió a la Corte Suprema a defender su elección y obtuvo fallo aprobatorio de su proceso.

En 1916 fue elegido Alcalde Municipal de Huancavelica y reelegido el año siguiente. Su actuación como alcalde fue activa, progresista y llena de iniciativas. Se distinguió por su protección a la clase obrera. En el elemento popular llegó a tener gran arraigo de simpatía. En 1917, fue candidato a la senaduría en propiedad por el Departamento de Huancavelica, en compañía del señor general don César Canevaro. Tuvo como contendor al señor don Amador del Solar, presidente del Senado, en aquel entonces, que buscaba su reelección, y al señor Federico Elguera. En esta campaña el Gobierno, empeñado en conseguir el triunfo de sus candidatos, puso en ejercicio todos los recursos que estaban a su alcance. La campaña fue activa, violenta y apasionada, desplegándose, por una y otra parte, energía, entusiasmo y   -123-   firmeza. Este proceso ha sido una de las campañas políticas que más ha agitado el ambiente del Departamento de Huancavelica y su recuerdo es siempre objeto de vivos comentarios. Se dedujo la nulidad de las elecciones. Informó Manchego Muñoz ante la Corte Suprema y consiguió la nulidad de las elecciones. En este mismo año (1917) se incorporó a la Cámara de Diputados, como suplente de la provincia de Huancavelica. Actuó en las filas de oposición. Intervino en los debates de la Ley Orgánica de Instrucción, en la acusación contra el gabinete Riva Agüero, por la tragedia de Palcaro. Interpeló al Ministro de Fomento sobre la ruta que debía seguir el ferrocarril de Huancayo a Ayacucho. Sostuvo la conveniencia: de que dicho ferrocarril pasase por la ruta de Huancavelica. En esta legislatura presentó el proyecto sobre el voto femenino, que sobre este asunto, es la primera iniciativa que se ha formulado ante el parlamento nacional. En el año de 1918 volvió a incorporarse como diputado suplente por Huancavelica. Actuó en el mismo grupo de la minoría. Impugnó la transacción del asunto de la «Brea y Pariñas». Tuvo intensa intervención en los debates de esa legislatura. En este mismo año (1918) se organizaron comités políticos para llevar a la Presidencia al señor don Augusto B. Leguía. Fue designado presidente del Comité leguiísta del Departamento de Huancavelica. Hizo gira por todas las provincias del Departamento y organizó los comités leguiístas provinciales. En ese mismo año fue designado jefe del partido constitucional en el departamento de Huancavelica.

En 1919 se presentó como candidato de oposición a la diputación en propiedad por la provincia de Castrovirreyna. El régimen imperante ofreció todo género de dificultades para impedir su triunfo. Obtuvo a pesar de esta circunstancia, éxito en su campaña electoral.

Pedida la nulidad de su elección, la Suprema designó el 5 de julio para la vista de la causa. En estas condiciones vino la revolución política del 4 de julio del 19, que derrocó al gobierno del señor Pardo. Con el nuevo régimen volvió a luchar, obteniendo nuevamente su elección como diputado nacional por la provincia de Castrovirreyna. Instaladas las Juntas Preparatorias, en el mes de setiembre, fue incorporado en la primera Junta, en razón de haber sido candidato unipersonal. Formó parte de la Comisión encargada de calificar las credenciales de los representantes.

En la Asamblea Nacional que dictó la Constitución del Estado de 1919, fue miembro de la Comisión de Plebiscito. En esta misma Asamblea presentó nuevamente el proyecto de ley sobre el sufragio femenino.

Instalado el Congreso ordinario de 1919, fue designado miembro de la Comisión Principal de Presupuesto, por varios años sucesivos.

En 1920, fue reelegido Alcalde Municipal de la provincia de Castrovirreyna y elegido para el año siguiente (1921). En este mismo año (1920) fue designado Presidente de la Comisión Auxiliar de Legislación, cargo que ha desempeñado hasta el año de 1922.

En 1922 fue elegido concejal por la capital de la República. Instalado   -124-   el Concejo fue designado Síndico de Rentas. Su actuación al frente de la Sindicatura se distingue por su actividad y acierto. Se esfuerza por dar nueva orientación a la Hacienda Municipal. El Concejo te ha tributado algunos votos de aplauso. Es miembro fundador de la Junta de Defensa del Niño, habiendo asistido como tal a la primera Conferencia que sobre tan delicado problema ha tenido lugar en el Perú.

En el mismo año (1922), la Sociedad Geográfica de Lima, institución de alto prestigio científico, lo incorpora a su seno, como socio activo. Es también miembro del Jurado de Maternidad que funciona en la Sociedad de Beneficencia Pública de Lima. Últimamente ha sido elegido segundo Vicepresidente de la Cámara de Diputados, por una inmensa mayoría de votos. Los elementos de los distintos círculos sociales y políticos, le ofrecieron con este motivo un banquete de simpatía, así como los estudiantes del departamento de Huancavelica.

Manchego Muñoz es político joven, apasionado y ardoroso pero firmemente leal a su bandera; tal vez es exagerado en la crítica y agresivo en la polémica; pero con todo, es un espíritu sano, un espíritu caballeresco, un patriota de sentimiento y de acción cívica; tiene apreciables dotes oratorias; voz aguda; mímica educada; potencialidad dialéctica en la argumentación; pero es demasiado fogoso en el debate contradictorio y tiene ese marcado espíritu de intransigencia política que distingue a los luchadores del credo radical; es evidentemente una de las figuras simpáticas del actual parlamento de la «Patria Nueva».

En los últimos debates, principalmente en la cuestión ferrocarrilera, hemos podido observar en Manchego Muñoz cierta evolución en su temperamento oratorio; lo hemos hallado más sereno, más respetuoso con el adversario; hidalgo con el contradictor.

Manchego Muñoz ha figurado como candidato al Ministerio de Guerra, a raíz del voto de extrañeza dado por el Senado al doctor Óscar C. Barrós, por la simple tramitación de un pedido, voto que si algo de extraño tiene, es para el propio Senado que no supo tener ese gesto cuando se hería de muerte el principio de la inmunidad parlamentaria; es decir su vida misma.

(De Parlamentarios del Perú Contemporáneo).



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Foción A. Mariátegui

La distinguida personalidad del señor Foción A. Mariátegui, que es presidente de la Cámara de Diputados, en el orden político, cada día va adquiriendo mayores relieves por el talento que ha demostrado en la Cámara a que pertenece. Hoy honramos las columnas de El Diario Español de Buenos Aires, presentando a tan distinguido peruano.

Nuestro biografiado que ha sido juzgado en Parlamentarios del Perú Contemporáneo, reproducimos con agrado lo que en tan importante obra está escrito. De familia ilustre por su intelectualidad y alcurnia, cuyos miembros han figurado en el parlamento, en las Cortes de Justicia, en los torneos del saber y en las luchas ardorosas de la política, alguno de cuyos miembros comandaron escuadras y   -126-   dieron vida a páginas enteras de los tiempos pretéritos de nuestro parlamento; nuestro biografiado es hijo del general don Foción Mariátegui, emparentado por lo tanto con la familia Swayne, siendo por esto natural su ardorosa vinculación leguiísta, aquí donde no hay partidos organizados, sino el caudillaje que arrastra a los sectores de la familia o de la amistad.

Mariátegui se incorporó al Congreso constituyente, realizada la evolución de la «Patria Nueva» por el éxito revolucionario del «4 de julio», habiendo sido elegido canónicamente diputado por Tahuamanu, provincia del nuevo departamento del Madre de Dios, y de hecho se improvisó leader de la mayoría gobiernista. Se dice y es lo cierto, que es muy difícil la improvisación de un leader, que necesita ser la encarnación viva de la tradición legislativa, de los casos reglamentarios, de los precedentes políticos; pues Mariátegui ha venido a ser la excepción que confirma la regla. Su intervención parlamentaria es atinada y discreta; no se enfrenta a la oleada adversa de la polémica; pero sí la desvía con inteligencia y espíritu conciliador; ha salvado al régimen de muchos conflictos, y el mayor elogio de su actuación parlamentaria, es que a pesar de ser convencido leguiísta, goza de marcadas simpatías personales en los círculos opositores de la «Patria Nueva».

Mariátegui no simpatizó jamás con la política extremista del premier Leguía y Martínez, por ser partidario de la concordia y de la armonía, y esta política moderna y sana de nuestro biografiado, se puede decir que ha alcanzado el más completo éxito con el apartamiento del expresado señor Leguía y Martínez de la jefatura del gabinete y de la cartera de Gobierno y Policía.

¡Qué educador tan severo y rígido es la historia!: todos los autócratas han caído así ruidosamente y han sido víctimas de los mismos actos de fuerza que ellos ejercitaron en las alturas del poder; lo que falta es, para que la historia se repita, que Leguía y Martínez sea deportado, dureza que no deseamos para ningún compatriota, para que así, lejos de la frontera de la patria, pueda saborear las angustias del ostracismo que sufren todavía muy distinguidos ciudadanos, del Ejército unos, del Parlamento otros, pero todos hijos predilectos de esta patria libre que nos legaron nuestros próceres. Mariátegui está, por decirlo así, en el principio de su vida parlamentaria y política.

Mariátegui es en su Cámara un esgrimista famoso de la ironía, se puede decir que este gesto de su espíritu, es su más decisiva arma; con ella desorienta al adversario, y aunque su falta de calor en el verbo, más efecto de su posición de miembro de la mayoría que de insuficiencia oratoria, no le permite vencerlo, en cambio lo desvía; y cuando la frase vibrante del contradictor oposicionista ha logrado la expectación y el recogimiento del auditorio, viene su palabra sutil y refinada a desbaratar el castillo levantado por la retórica del contradictor. Sin embargo, hay que convenir que su papel de leader lo ejercita más con habilidad y cultura, en los pasillos del Congreso, que en el calor del debate.



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Aníbal Maúrtua

Va llegando el fin de mi trabajo para formar el primer volumen de mi obra nacional titulado España en el Perú, en la que, aunque imperfectamente, he presentado en esta «Galería de honor» a un grupo selecto de distinguidos peruanos representativos del Perú en el poder, en la diplomacia, parlamento, magistratura, foro, y con el único fin de que sean conocidos y admirados por el elemento español de la Metrópoli argentina y aun de la misma España, reviviendo con esto el cariño que de antaño se tenían como hermanos todos los que somos de la misma Madre nuestra querida España.

Este mi ideal patriótico, no es utópico, porque no en vano suceden los más graves y trascendentales hechos de la historia; no en vano España descubrió a América. Cuando sucede un hecho en esta clase, un hecho que es como un faro levantado por Dios en las riberas infinitas de los tiempos, cuyo curso no acaba nunca, ese hecho forzosamente ha   -128-   de trascender a muchos siglos, ha de influir en muchas generaciones, ha de vivir a perpetuidad, salvando esas grandes hileras de sepulcros donde yacen tantos pueblos enterrados, levantándose a la inmortalidad como si los bañara la luz de aquellas ideas eternas que Platón veía flotar en la mente de Dios...

Este mi ideal patriótico ha de predominar con el tiempo, y ni los españoles y americanos con sus errores lo podrán borrar nunca, y más bien se agruparán en torno de la madre patria para formar una gran confederación hispana que dirija con más acierto el derecho de la humanidad en la América española primero, y más tarde en todo el Universo.

Defensores de este derecho, son a mi juicio en primer término, el espíritu que se anida en todos los corazones peruanos, galardón que conservan de sus progenitores los hispanos del siglo XVI, y que en todo momento y en toda cuestión lo han demostrado hasta en sus más recónditas rencillas políticas.

Uno de estos defensores es el doctor Aníbal Maúrtua que hoy tenemos el honor de presentar en esta «Galería de honor» a los lectores de El Diario Español de Buenos Aires. Nuestro biografiado pertenece a la familia peruana Maúrtua que desciende de una antigua y noble familia vascuence. En América solo existe en el Perú; veamos al progenitor.

Al conde don Joseph de Maúrtua, Grande de España y Consejero de Carlos III, confiose a mediados del siglo XVIII, una alta comisión regia en los virreinatos de Méjico y del Perú, y aunque lo acompañaron varios parientes, bien pronto estos se extinguieron. El Conde de Maúrtua, en el ejercicio de su cargo pasó a Ica, donde casó y dejó como sucesor a don José María de Maúrtua, que se educó en España, regresando al Perú en el primer cuarto del siglo XIX. Aquel notabilísimo abogado figura en el expediente de beatificación del padre Rojas (Padre Guatemala) por sus avanzadísimos principios filosóficos. Dejó siete hijos todos abogados y poetas, uno de ellos el doctor don José de Dios de Maúrtua, padre del doctor Hermógenes Maúrtua, padre de nuestro biografiado el doctor Aníbal Maúrtua, quien nació en Huánuco el 29 de setiembre de 1874, cuando su padre ejercía el cargo de médico titular de aquel departamento. Hizo sus primeros estudios en el «Colegio Nacional de Minería» de su tierra natal y completó su educación preparatoria en el «Colegio Lima» bajo la dirección del reputado pedagogo doctor Pedro A. Labarthe. En la Universidad Mayor de San Marcos cursó letras, ciencias políticas y jurisprudencia desde 1895 a 1901, alcanzando siempre notas honrosas y la amistad de sus maestros. Dio examen para ejercer la profesión de abogado el 12 de enero de 1902 ante el Tribunal de Apelaciones de Lima, que por especial deferencia, le recibió el juramento de ley en el mismo momento de la prueba, cuando era reglamentario esperar la calificación en acuerdo posterior.

Es miembro activo del Colegio de Abogados, de la Sociedad Geográfica, de la Unión Nacionalista, de la Asociación Nacional Pro-Indígena   -129-   y de muchas otras asociaciones científicas y cívicas del Perú; miembro correspondiente de la Society of Internacional Law de Washington, de la American Academy Policial and Social Science de la Universidad de Philadelfia y de la Fundación Carnegie para la paz internacional; socio corresponsal de la Sociedad Geográfica de Río Janeiro; miembro honorario de la Sociedad Científica Argentina; socio honorario de la Sociedad Geográfica de México; socio activo y tesorero de la Sociedad Peruana de Derecho Internacional correspondiente de la Fundación Carnegie; oficial de instrucción pública de Francia; ex catedrático de Derecho Internacional Público y actual profesor de Finanzas en la Universidad de Lima.

A los 15 años de edad se inició en el periodismo fundando El Minero, periódico radical y pedagogo con verdadero espíritu nacionalista. Ha colaborado en todos los diarios y revistas de Lima y extranjero, haciendo siempre nuestro biografiado propaganda con tendencias panamericanistas, que en esa época era un atrevimiento propagar estas ideas (desde 1891).

Las obras y publicaciones del doctor Maúrtua han sido más estudiadas en el exterior que en el mismo Perú.

De su labor diplomática existe mucho inédito en los archivos de la Cancillería y solamente se conoció en 1910, durante las discusiones parlamentarias sobre el tratado de límites del 9 de setiembre de 1909, que el doctor Maúrtua había conseguido salvar todo el territorio que media entre los ríos Shambuyaou, Acre, Purús y el meridiano del Río Cujar. Se ignora también, que en más de una vez, logró el fracaso del A. B. C., cuya historia corre escrita en la conferencia que el 9 de julio de 1914 ofreció el doctor Aníbal Maúrtua, a beneficio de la «Sociedad Obrera de Solidaridad Latino-Americana».

En el Congreso Panamericano de Río Janeiro (1906) como en el Congreso Panamericano de Buenos Aires (1910) actuó como secretario de la delegación del Perú en cuyas actuaciones internacionales prestó servicios que se recomendaron remarcablemente por los jefes de aquellas misiones.

El doctor Maúrtua cuenta en su foja de servicios al país, el honor de haber sido el primer Secretario de Embajada en nuestro escalafón diplomático; porque, desde la Independencia hasta 1910, el Perú no había acreditado «Embajadas» ante ningún gobierno extranjero. En 1910, las circunstancias internacionales, que más tarde referirá la historia, obligaron a la Cancillería peruana a acreditar al señor Eugenio Larrabure y Unánue, primer vicepresidente de la República, como embajador extraordinario para concurrir al primer Centenario de la Independencia de la República Argentina. El doctor Aníbal Maúrtua, fue el primer secretario de aquella Embajada.

En 1911, el Gobierno del Perú, lo acreditó nuevamente como agente y abogado en el Tribunal Arbitral Peruano-Colombiano, que debió funcionar en Río de Janeiro bajo la presidencia del barón de Río Branco, renunciando al poco tiempo sus cargos diplomáticos y   -130-   regresando el doctor Maúrtua al país trayendo aquellas valiosísimas negociaciones que hasta hoy constituyen los problemas vitales del Perú, dedicándose al estudio de su profesión de abogado.

Al crearse la provincia de Pachitea en 1918, los ciudadanos de aquella progresista sección territorial, recordando que el doctor Maúrtua, desde 20 años pasados, había apoyado el respectivo proyecto, lo proclamaron candidato a la diputación, llegando a elegirlo por aclamación en mayo de 1919. Desde entonces la labor parlamentaria del doctor Maúrtua, ha sido intensa. Triunfó como político discreto, patriota y ultranacionalista desde el primer día que ingresó a la Cámara joven en 1919. Más tarde, en la asamblea nacional y en la Cámara de Diputados, el doctor Maúrtua no ha actuado como diputado novel, sino como un verdadero leader nacionalista, ajeno a consignas políticas y guiado solamente por los dictados de su patriotismo y vasta cultura jurídica.

Los sentimientos amistosos del doctor Maúrtua por la madre patria España, que pueden calificarse como veneración por la tierra de sus mayores, se han manifestado siempre en su propaganda periodística y en sus relaciones intelectuales. Por mucho tiempo, muy joven, fue asiduo corresponsal en Lima de los eminentes estadistas españoles Canalejas, Dato, Unamuno, Beltrán y Róspide, Labra, Fernández Prida, Márquez de Olivar y otros personajes que constituyen el exponente de la intelectualidad española.

En la asamblea nacional, como secretario de la Comisión Diplomática, en unión del infortunado doctor Valcárcel, presidente de dicha Comisión, «propuso que el 12 de octubre fuese declarado día de fiesta cívica en el Perú en celebración de la Fiesta de la Raza, lo que quedó consagrado por ley especial». Más tarde, en octubre de 1922, propuso en unión de otros diputados, que se erigiese una «estatua a la Reina Isabel de Castilla cuyos bajorrelieves ostentaran las efigies de los virreyes del Perú». Con motivo de la promulgación de esta ley, el Ministro de España en el Perú, expresó al diputado por Pachitea doctor Maúrtua en nota especial, su cordial congratulación.

Y para terminar, últimamente, al discutirse el presupuesto nacional en abril del año corriente, observando que el ministerio del ramo quedaba sin partida para acreditar una legación de primera clase ante el rey de España, el diputado por Pachitea, doctor Maúrtua propuso y obtuvo la consideración de una partida permanente con ese fin, y el de efectuar una propaganda intensa por el mayor acercamiento espiritual y económico entre el antiguo virreinato del Perú y la madre patria.

He aquí dibujados los sentimientos hispanófilos de este ilustre peruano que hoy presentamos a los lectores de este diario y que honra las columnas de El Diario Español de Buenos Aires.



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Gregorio Mercado

Continuando siempre la misión voluntaria que hace mucho tiempo nos impusimos por el acercamiento de España con estas repúblicas de origen hispano, presentando en esta «Galería de honor» a los personajes de mayor figuración social y política, para que sean conocidos por el pueblo español en la América y de la misma España; hoy tenemos el honor de presentar al egregio ciudadano doctor Gregorio Mercado, vocal interino de la Corte Suprema de Justicia en el Perú.

Nuestro biografiado el doctor Mercado nació en el pueblo de Combapata de la provincia de Canchis en el Departamento del Cuzco. Fueron sus padres el señor Gregorio Mercado que se distinguió en los claustros de la Universidad de Lima, donde hizo sus estudios, y la señora Micaela Rojas. Las nobles prendas de esta, depararon a sus restos, sepultura en la iglesia del referido pueblo, al pie de la virgen del Rosario, patrona del lugar.

Gregorio Mercado terminó sus estudios profesionales de jurisprudencia   -132-   en la Universidad Mayor de San Marcos, obteniendo las «contentas» de Bachiller en la Facultad de Letras y de licenciado en la de Jurisprudencia, recibiéndose de abogado el 3 de setiembre de 1885 ante la Corte Superior de Lima que lo aprobó por unanimidad, dedicándose a la defensa de pleitos. Como abogado dio pruebas de un talento excepcional y un gran conocimiento de las leyes escritas, recordándose una de las mejores defensas una causa procedente de Arequipa entre los comerciantes Gilardi y Capelletti, la que ganó por su notabilísimo informe jurídico ante la Corte Suprema en favor de su defendido Capelletti.

En diciembre de 1906 fue nombrado Juez del Crimen de Lima en donde ha dejado luminosa estela de honradez y probidad amparando la justicia en donde quiera que esta estaba.

Habiéndose convertido la Comisaría de Ate (Lima) en una inquisición a donde se enviaban a los detenidos con el fin de que confesaran su delincuencia, dominados por el dolor del martirio, el celoso, el íntegro Juez del Crimen, doctor Gregorio Mercado en mayo de 1915, procesó al Jefe de la Sección de Investigaciones de la Intendencia de Policía y a varios agentes secretos de la misma.

Quedó suprimido por algunos años aquel tenebroso paraje, pero revivió en 1918 en «La Pólvora». Sabedor de este nuevo crimen el celoso juez doctor Mercado por las revelaciones de un preso a quien tomaba su instructiva, en mayo del propio año, se constituyó en el Parque Central de «La Pólvora» a las 9 de la mañana para practicar «una vista de ojos». Encontró 26 detenidos, inspeccionó las huellas de maltratos que ostentaban muchos de ellos, así como el local, y estuvo actuando declaraciones hasta cerca de las 7 de la noche. Regresó a pie a su juzgado y a las 10 de esa misma noche expidió auto decretando la libertad de 24 de los secuestrados.

El Subprefecto de la Provincia, después de cumplir la orden, dirigió mi oficio al Juez Instructor reconociendo «que su criterio de Juez ceñido estrictamente a la Ley, no le permitía encontrar excusa al procedimiento». Terminadas las diligencias del caso enjuició al Intendente de Policía, a tres Comisarios, a un Comandante y a un Subteniente. De los doce considerandos del auto que dictó al respecto, el undécimo dice así: «Que por ser los casos de insuficiencia de la Ley poco frecuentes e incontables, como las arenas, los avances de la arbitrariedad, es principio inconcuso de Derecho Público, que los mandatos de aquella deben ser acatados, ora amparen al poderoso o al desvalido, al hombre de bien o al delincuente: consistiendo el gran amparo que acuerda al último, en la prohibición que establece de que se le prive por más de 24 horas de su libertad sin mandato de Juez competente. El martilleo repetido con que se consignan esta garantía, antemural contra seculares abusos, la Constitución del Estado, el Código Penal y la Ley de Habeas Corpus, y sus ampliatorias; patentiza que el legislador ha resuelto poner término definitivo, a la propensión tenebrosa que conduce, a muchas autoridades de policía a tornar en verdadera "Bastilla", cualquiera mansión, donde sea fácil aislar las quejas o los gritos de   -133-   las víctimas». Con el recto proceder del juez doctor Mercado «Ate» y «La Pólvora» dejaron de ser «Bastilla».

En abril de 1922 fue nombrado vocal titular de la Corte Superior de Justicia y en febrero de este año el Congreso de la Nación lo eligió vocal interino de la Corte Suprema de justicia.

He aquí diseñada a grandes rasgos la importante personalidad del doctor Gregorio Mercado distinguido iberoamericano, amoroso de sus progenitores los hispanos que con la espada y con la cruz ensancharon el mundo del Cristianismo, y que a tan excelsas cualidades reúne su gran talento, gran carácter y una probidad inmaculada que le ha hecho acreedor a la estimación general.



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Raúl O. Mata

Entre la pléyade de personajes ilustres peruanos que integran el poder judicial en el Perú, se destaca vigorosamente la personalidad del doctor Raúl O. Mata, por su probidad y conocimiento de las leyes.

La presencia del doctor Mata en la Corte Superior de la que es vocal muy ilustrado, es una prenda segura para todo litigante que a la par de sus compañeros de la Corte, administran sapiente y justiciera sanción. De ello lo atestiguan todos los que litigan ante ese Tribunal de Justicia, que es uno de los hermosos baluartes en que se conserva incólume la autonomía e independencia de que deben gozar los tribunales de justicia.

El doctor Raúl O. Mata que es oriundo del Departamento de Cajamarca, de esa hermosa población que se hizo notable en la historia de la Conquista por la muerte que allí recibió el Inca Atahualpa, y que marca el principio de la efectiva dominación española, es verdadero iberoamericano, que, une en amoroso lazo, su tierra nativa con la de aquellos esforzados españoles que en son de conquista entraron en la histórica ciudad de Cajamarca el 15 de noviembre del año 1532. La historia nos dice que estos eran solamente 170, los que sufriendo mucho frío al doblar aquella empinada sierra, llegaron al séptimo día a la vista de Cajamarca situada en un lindo valle ovalado, donde estaba el Inca con abrumador número de guerreros.

El triunfo de los españoles en toda la conquista de América, no hay duda que fue el premio que quiso dar Dios a España por aquella grandiosa epopeya de siete siglos, en que los españoles detuvieron a los árabes en Covadonga, a los Almoravides en Toledo, a los Almohades en las Navas; y a los Beni-merises en el Salado hasta llegar a Granada, para que desde lo alto de las Torres Bermejas se descubriera la cima de los Andes, e iluminando Dios a un hombre sublime como Colón y a una reina Católica, viera el primero desde la nave de su fe, los celajes del nuevo mundo con que soñaba su mente, viendo la luz incierta del mundo que descubrió.

La presentación que hoy hacemos del doctor Raúl O. Mata a los lectores de El Diario Español, es como homenaje a las bellas cualidades que adornan a tan distinguido peruano, verdadero iberoamericano, una de las personalidades representativas del Perú, en el Foro y en los Tribunales de Justicia.



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José Antonio Miró Quesada

Continuando con todo entusiasmo nuestra labor patriótica y desinteresada por el acercamiento espiritual de nuestra querida España con   -136-   estas repúblicas iberoamericanas, y para mí especialmente con el Perú; hoy tenemos el honor de presentar a los lectores de El Diario Español de Buenos Aires, a una de las personalidades más respetables y venerables, al talentoso periodista don José Antonio Miró Quesada a quien se le considera el patriarca del periodismo en el Perú.

En efecto, aunque nuestro biografiado nació en Panamá; el 19 de enero de 1845, su familia está radicada en el Perú desde el año de 1847, es decir a los dos años de vida se incorporó a la nacionalidad peruana y ha logrado que su gran talento y virtudes cívicas, cual los arquitectos de la Edad Media y en su época más reciente en la familia Bach en Alemania que el mundo presencie otra vez la sucesión de aquellas grandes dinastías de intelectuales que se trasmitían de padres a hijos la antorcha del Arte.

Este es un espectáculo digno de ser admirado por su belleza, ver perpetuarse este talento y virtudes cívicas, nada comunes, en individuos de un mismo apellido. Si nos remontamos hasta el progenitor, el fundador de la familia Miró Quesada; retrocedemos a mediados del siglo XVIII en el que llegó de la Península Ibérica el bizarro oficial del ejército español, don Francisco G. Miró casado con doña Ana Meyner, muriendo en la alta clase de general de brigada del ejército de Su Majestad Católica. Un nieto suyo llamado Tomás se casó en 1831 con la señora Josefa de Quesada, hija de don Miguel de Quesada, (español, andaluz) y doña Catalina Velarde panameña, hija de un general español.

Desde los días del progenitor hasta hoy, la luz encendida y guardada en el cerebro por todos estos hombres ilustres, ha pasado de mano en mano, siempre creciendo, siempre brillante. Los antepasados de la familia Miró Quesada la han conservado resplandeciente hasta los sucesores de nuestro biografiado, que han aumentado su brillantez, y hoy por hoy, forzoso es decirlo, estos han extendido sus beneficios y miles de personas están siguiendo sus huellas.

Empecemos por el mayor de los hijos, Antonio, que es abogado, político de alto vuelo, gran orador, y tal vez el periodista de talento más asombroso en la vida republicana del Perú. La pluma en las manos de este eminente periodista es arma de mejor temple que el acero de la espada, su talento, mejor capital que toda la riqueza material, y su inteligencia, un poder más dominante que toda fuerza; condiciones esenciales estas que abren el camino del poder y de la gloria.

El segundo de los hermanos Luis, es uno de los obreros del pensamiento, que más se han distinguido y se distinguen entre las figuras representativas del Perú. Es abogado, catedrático de Pedagogía en la Facultad de Letras donde hoy es subdecano y su representante en el Consejo de la Facultad, alto cuerpo que tiene a su cargo la dirección universitaria. Es periodista de ideas profundas y actualmente director de El Comercio por ausencia de su hermano el distinguido hombre público Antonio Miró Quesada.

El tercero de los hermanos es Aurelio, eminente hombre de ciencia, ingeniero de minas y profesor de la Escuela de Ingenieros. Ha sido ingeniero del Concejo Municipal, delegado del Perú en la convención   -137-   azucarera de Bruselas y miembro del Consejo Superior de Minería. En Búfalo, fue secretario de la Delegación peruana durante la exposición. Ha sido Cónsul General del Perú en Bruselas y concejal del Municipio de Lima.

El cuarto de los hermanos es Óscar que es ahogado, conferencista, periodista y notable escritor; es catedrático de Sociología en la Facultad de Filosofía y Letras y catedrático de Derecho Penal especial en la Facultad de Jurisprudencia.

El quinto y último hermano es Miguel que es colaborador artístico en El Comercio de que todos ellos son propietarios; y nuestro biografiado, el fundador.

Completan la familia Miró Quesada una niña, la inteligente Pepita, esposa hoy del distinguido peruano don Pedro García Irigoyen. La esposa y madre de esta pléyade de intelectuales es la distinguida matrona señora Matilde de la Guerra. Estos hijos ilustres sirven de pedestal de oro a la figura venerable e inmaculada de nuestro biografiado don José Antonio Miró Quesada.

Nuestro biografiado ha sido director de El Comercio hasta el año de 1905 en que se apartó definitivamente de la dirección del diario. Su obra periodística es muy notable y abarca un período de más de un tercio de siglo largo e interesante período de la vida del Perú.

Habiendo consagrado la mejor parte de su vida a El Comercio puede sentirse satisfecho de su obra, pues el decano de la prensa nacional ha respondido a sus esfuerzos convirtiéndose en periódico de gran prestigio y de mucha popularidad.

La importancia y prestigio de este diario la encontramos en las siguientes líneas traducidas de la obra en inglés, obra escrita por el ingeniero Enock, titulada Perú que dice: «En Lima se publican varios periódicos. El primero entre ellos es El Comercio fundado en 1893. Lo que es el Times para la Gran Bretaña así es El Comercio para el Perú. Este periódico ha sostenido siempre la causa de las libertades públicas, luchando por el progreso del país. Trabajó por la abolición de la esclavitud de los negros, consiguiéndose tan importante reforma social a fines de 1855. También sostuvo El Comercio los derechos de los indios y ha contribuido en grande escala a su mejoramiento. El espíritu de tolerancia y de buen juicio desplegado en sus columnas, le ha ganado la confianza del público, y es órgano del cual está justamente orgulloso el Perú».

En la obra Biógrafo americano de Ventura Seoane encontramos estos datos biográficos que reproducimos, sobre don José Antonio Miró Quesada.

No hay problema político, económico o correspondiente a otra faz de la vitalidad peruana, que durante su permanencia al frente del diario, como redactor, sobre todo después de muerto en 1898 el doctor Carranza, no haya planteado y dilucidado, con su estilo sencillo y clara exposición, incurriendo una que otra vez en error u apasionamiento o, porque no hay espíritu constantemente ecuánime e infalible, pero demostrando   -138-   siempre a más de versación enciclopédica, talento, buena fe y honradez de propósitos.



He aquí diseñada a grandes rasgos la importante personalidad de don José Antonio Miró Quesada, digno descendiente de sus antepasados los hispanos que en el siglo XVI cuando cada nación en la Europa traía un tesoro común a la humanidad, en que Alemania dio una nueva religión, la religión de la conciencia libre; la Francia la nueva Filosofía, la filosofía del sentido común; la Italia el Arte de la humanidad, uniendo el cristianismo con las formas clásicas; Polonia los nuevos cielos que describe Copérnico; nuestra querida España, dio los grandes guerreros, los grandes navegantes y conquistadores de la historia, que dieron un nuevo Paraíso para la humanidad regenerada y completaban los hispanos la renovación de las ideas con la renovación de la naturaleza en el descubrimiento de la América.



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Antonio Miró Quesada

Continuando en nuestros propósitos a fuer de español, para conseguir el acercamiento espiritual de esta República con España, propósito que hemos concebido y llevado a debido efecto con abnegación y patriotismo y completamente ajeno a todo interés mezquino y material; hoy presentamos a los lectores de El Diario Español en esta «Galería de honor», a uno de los más preclaros ciudadanos del Perú, a una de las inteligencias más robustas, al señor doctor don Antonio Miró Quesada, que es abogado, político de alto vuelo, gran orador, y tal vez el periodista de talento más asombroso en la vida republicana del Perú. La pluma en las manos de este eminente periodista es arma de mejor temple que el acero de la espada, su talento, mejor capital que toda la riqueza material y su inteligencia, un poder más dominante que toda fuerza, condiciones esenciales estas, «que abren el camino del poder y de la gloria».

Los anales de la historia antes del descubrimiento de la imprenta, solo contienen batallas y conquistas; todos los hombres que caminaban y deslumbraban eran guerreros; la fuerza por todas partes   -140-   era dueña de la riqueza, señora del poder, y monopolizadora de la gloria y tan solo podían escalar las eminencias sociales, aquellos que habían nacido con aptitudes militares y puños de hierro. Pero, apareció la imprenta y con esta el periodismo, poniendo en manos de los hombres inteligentes, una escala para trepar a todas las alturas, y una arma para vencer todas las resistencias.

Como elemento democrático, el periodismo ofreció un gran palenque donde se pueden combatir y vencer todas las ideas, todos los principios y todas las ambiciones.

En estos tiempos de disgregación social y exagerado individualismo no cabe esperar que el mundo presencie otra vez la sucesión de aquellas grandes dinastías de intelectuales que se trasmitían de padres a hijos la antorcha del Arte como los arquitectos de la Edad Media, y en pocas más reciente la familia de Bach en Alemania, en el divino arte de la música. Este espectáculo digno de ser admirado por su belleza, ver perpetuarse el genio en una prolongada sucesión de individuos de una misma familia y apellido, la encontramos también en el Perú en la familia de los Miró Quesada. Desde el señor don José Antonio, padre de esta pléyade de intelectuales, y a quien lo podríamos llamar el patriarca del periodismo en el Perú hasta hoy, la luz encendida y guardada en su cerebro ha pasado siempre creciendo, siempre brillante, aumentando su brillantez, nuestro biografiado. Este distinguido peruano nació en el Callao (Perú) el año de 1875, hijo del notable periodista don José Antonio Miró Quesada, propietario de El Comercio y de la respetable matrona señora Matilde de la Guerra. En 1899 se recibió de abogado y se consagró desde muy joven al periodismo y fue redactor principal de El Comercio que es el diario más antiguo y de mayor influencia en el Perú. En 1900 se hizo cargo de la dirección de El Comercio y dirigió ese diario con notable acierto, especialmente en las cuestiones internacionales que supo tratar siempre en forma muy conveniente para los intereses del Perú. Es un gran periodista de estilo sobrio, claro y muy castizo. Ha sido catedrático adjunto de derecho internacional privado en la Facultad de Ciencias Políticas y Administrativas y es actualmente catedrático de Derecho Administrativo en la misma Facultad. En 1901 fue elegido diputado por la provincia del Callao. En 1907 fue reelegido para el mismo cargo. En 1913 fue elegido senador por el Callao. En 1905 y 1910 fue presidente de la Cámara de Diputados. En 1918 fue presidente de la Cámara de Senadores y en 1919 fue reelegido senador por el Callao, pero la revolución que estalló el 4 de julio de ese año, suprimió al Congreso y lo reemplazó con otro nuevo. El doctor Miró Quesada emprendió poco tiempo después viaje de salud y descanso a los Estados Unidos y a Europa radicándose en Francia, donde reside actualmente. En 1906 fue al Brasil en calidad de ministro plenipotenciario ante el congreso panamericano reunido en Río de Janeiro, desempeñando en ese congreso un importante papel.

Estas son a grandes rasgos las líneas morales y sentimentales   -141-   de este distinguido hombre de Estado que a tan excelsas cualidades reúne la de ser un verdadero amante de la madre patria que tanto él como todos los suyos se vanaglorian de llevar en sus venas la sangre noble y valerosa de aquellos que conquistaran un mundo y consiguieron con su inimitable valor, que el Sol jamás se ocultara en los dominios de España.




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Óscar Cebrián

Hoy presentamos a los lectores de El Diario Español de Buenos Aires al prestigioso peruano doctor Óscar Cebrián.

Nuestro biografiado el doctor Cebrián es un ciudadano íntegro, de ideales avanzados, de excelsas virtudes, de abnegado patriotismo y de vasta preparación para el foro que lo hicieron acreedor a ocupar una vocalía en la Corte Superior del distrito judicial de Lima, que actualmente desempeña, y no dudamos llegue pronto a ocupar un asiento en la Corte Suprema, pues la opinión lo señala para ese puesto tan importante.

Es de ideas democráticas, ya que la democracia es el origen de este pueblo libre peruano, pues esta democracia se refleja en la hermosura de esta Patria. Por eso no es extraño ver a todos los peruanos postrarse ante la idea de la igualdad como el marinero se arrodilla para loar a Dios, cuando se levanta centelleante el sol entre las espumosas hondas después de la tempestad. Es que en el mundo de la libertad, el hombre esculpe el derecho que Dios esculpe en su alma, el derecho natural coetáneo con el espíritu humano.

He aquí la personalidad del doctor Óscar Cebrián, verdadero iberoamericano que hoy honra las columnas El Diario Español de Buenos Aires.



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Luis Miró Quesada

Continuando siempre nuestra patriótica labor por el acercamiento espiritual de nuestra querida patria España, con estas Repúblicas iberoamericanas hasta conseguir algún día una gran federación hispana en que reunidas nuestras fuerzas y nuestras inteligencias, pudiéramos hacer brotar una nueva ciencia, una nueva literatura y la fuerza suficiente para defender nuestros intereses comunes, hoy tenemos el honor de presentar a los lectores de El Diario Español de Buenos Aires, una de las figuras representativas de más valer en la vida pública del Perú, al egregio ciudadano doctor Luis Miró Quesada.

En estos tiempos de exagerado individualismo, de movimientos y de ruido, los obreros del pensamiento, como lo es nuestro biografiado   -143-   su valor representativo y su talento son nulos ante la opinión, y, mientras dura el drama tienen que retirarse detrás de bastidores, dejando el escenario a los de las vueltas coloradas y a los hombres de sable.

Pero cuando el orden se restablece y se extingue el ruido de los sables y se da a estos su recompensa en grados u ovaciones; entonces el obrero del pensamiento, por medio del periodismo, y en la imprenta en ese gigante que habla todas las lenguas, que combate por todos los intereses; vuelve a dejar oír su voz imponente y majestuosa y continúa esa lucha emprendida por la imprenta, hace cuatro siglos en favor de la libertad y del progreso. Gracias a la imprenta, el pensamiento democrático ha tomado poderosa expansión, y la fuerza, único derecho de las sociedades antiguas, ha sucumbido ante la razón, que es el Evangelio de los pueblos modernos.

Nuestro biografiado el doctor Luis Miró Quesada, es uno de los obreros del pensamiento que más se han distinguido y se distinguen entre las figuras representativas del Perú. Este distinguido ciudadano recibió su instrucción elemental en Inglaterra; y después de hacer en Lima su instrucción secundaria, ingresó a la Universidad siendo, en ella notabilísimo alumno primero y eminente profesor después. En efecto, egresado de la Universidad en 1905, fue elegido catedrático de Pedagogía en la Facultad de Letras donde hoy es subdecano y su representante en el Concejo de la Facultad, alto cuerpo que tiene a su cargo la dirección Universitaria.

Dicta el curso de Pedagogía desde 1908; y ha publicado muchas de sus interesantes lecciones en forma de artículos en la Revista Universitaria. Hoy mismo tiene en preparación su obra completa sobre pedagogía. Su reputación de profesor, de hombre de ciencia y de hombre de estudio ha determinado insistentes requerimientos del ambiente público para que dicte alguna cátedra de Derecho Político o de Ciencia Económica, mas Miró Quesada ha persistido en la actitud de concretarse a su enseñanza de Pedagogía, sin interrumpir sus lecciones, salvo cuando fue al Primer Congreso Panamericano de Delegado del Perú y al Congreso de Educación de Búfalo.

El ejercicio de su cátedra no le ha impedido, sino precisamente le ha facilitado el gran éxito de sus labores de periodista en El Comercio, periódico del cual es uno de los propietarios y del que actualmente es director por la ausencia de su hermano el distinguido hombre público Antonio Miró Quesada del que nos ocupamos en esta «Galería de honor», el 9 de setiembre último, y de Óscar Miró Quesada del que también nos hemos ocupado en esta misma «Galería de honor» el 5 de julio último en la que consta que esta idea nos la sugirió el notabilísimo discurso hispanófilo que pronunciara este último en el banquete que se diera en el Casino Español el 17 de mayo pasado con esta capital en celebración del aniversario del natalicio de nuestro Augusto Monarca el Rey don Alfonso XIII.

Conjuntamente con las actividades de profesor y de periodista, nuestro biografiado ha sido diputado a Congreso desde 1907 a 1912, exhibiendo entonces sobresalientes aptitudes de orador y de estadista;   -144-   dedicando también su acción a la defensa de las libertades públicas y de las clases obreras. Es evidentemente Luis Miró Quesada un político de sentido democrático, pudiéndose decir que está en la izquierda del Partido Civil, histórico partido constituido en su derecha por elementos aristocráticos, reacios aun a comprender que si los partidos políticos renuncian a renovar sus métodos y sus anhelos, renuncian a la vida y a la razón de vivir.

Esa misma tendencia democrática llevó a Luis Miró Quesada a ejercer las funciones de Alcalde Municipal de Lima; a iniciar la obra de los refectorios escolares, a mejorar las condiciones de la Escuela Popular y a mejorar las condiciones del servicio municipal del agua. Pero Luis Miró Quesada puso mirada más alta y más fecunda aun: quiso sanear Lima contratando un empréstito. Todo estuvo listo para este fin, pero en la Cámara de Diputados, un grupo de diputados civilistas coligado con los diversos grupos anticivilistas, cerraron el paso a la bella iniciativa de Luis Miró Quesada. Entonces perdió Lima la oportunidad de tener buenos pavimentos, entonces espectó el país la coalición heteróclita de civilistas y anticivilistas en contra de Luis Miró Quesada, miembro eminente de ese partido; y entonces pudo verse que en medio de la descomposición de la mayoría civilista del Parlamento, flotaba la falta de instinto de un partido para conservar su cohesión única manera de conservar «el Poder para bien público».

He aquí diseñada a grandes rasgos la importante personalidad de este distinguido peruano verdadero hispanoamericano, pues desciende en línea recta de aquellos esforzados y valerosos conquistadores que llegaron a la América a mediados del siglo XVIII.

El fundador en la América de la familia Miró Quesada fue el señor Francisco G. Miró que vino al istmo de Panamá a mediados del siglo XVIII, como oficial del ejército español, el que fue casado con la señora Ana Meyner, y murió en Panamá en la clase de General de Brigada del Ejército del Rey. Un nieto suyo llamado Tomás, se casó en 1831 con la señora Josefa de Quesada hija de don Miguel de Quesada, también español natural de Granada en Andalucía, y de doña Catalina Velarde, panameña, hija de un general español. De este matrimonio nació don José Antonio Miró Quesada, padre de la pléyade de intelectuales y distinguidos peruanos: don Antonio, don Óscar y nuestro biografiado don Luis que con su talento, probidad y clara inteligencia han dado honra y gloria a esta patria, y a cualquiera nación del mundo que hubieran tenido la suerte de tenerlos en su seno.



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Óscar Miró Quesada

Siendo de gran trascendencia e importancia el acercamiento de España con estas repúblicas iberoamericanas, para conseguirlo es preciso, así como para que sea conocida, querida y respetada nuestra querida España, hay que presentarla ante estas repúblicas con dignidad, es justo también que en España sea conocida, la gran España que forman todos los descendientes de los españoles que habitamos por acá. Esta es la tarea que como español de pura cepa y corresponsal hoy, de ese importante diario español en Buenos Aires, me he impuesto, para que de aquí, sean conocidos los buenos españoles, y allá, sean a la vez también conocidos los buenos españoles peruanos.

Hoy empezamos por el señor doctor Óscar Miró Quesada, que ya en nuestra correspondencia anterior presentamos y mandamos íntegro   -146-   el discurso que improvisó cuando fue obligado a hablar con motivo del banquete que la diminuta colonia española dio acá, para festejar el onomástico de nuestro rey. Hoy hacemos de él, un ligero bosquejo de su importante personalidad considerada con justicia el primero entre los intelectuales jóvenes del Perú y no hay duda que a estos méritos, reconocidos por todos, tendrá en no lejana época gran repercusión en la dirección política y administrativa del país. Tiene grandes dotes para todo y lo que más importante para nosotros es el ascendrado amor que siente por España.

El doctor Miró Quesada nació en Lima (Perú), el 30 de julio de 1884. Terminó los estudios de instrucción media o lo que llamamos nosotros, el bachillerato, e ingresó en la Facultad de Medicina de San Fernando en Lima en el año 1904. Cursó el primer año de medicina y a la terminación de este cambio de orientación matriculándose en la Facultad de Letras y Jurisprudencia, siendo en la actualidad abogado, doctor en Leyes y en Filosofía y Letras.

En 1908, los alumnos de letras le nombraron su representante al primer congreso estudiantil internacional que se reunió ese año en Montevideo. De regreso a Lima, fundó el Centro Universitario, siendo su primer presidente. Por varios años fue profesor adjunto de sociología en la Facultad de Filosofía y Letras, desempeñando en dos oportunidades la cátedra. Es catedrático de Derecho Penal especial en la Facultad de Jurisprudencia. Es miembro corresponsal de la Real Academia de la Lengua Española y de la Real Academia de la Historia de Madrid. Es socio de la Sociedad Geográfica de Lima y presidente honorario de la Sociedad Hijos del Sol (institución obrera). Es copropietario y codirector de El Comercio de Lima, que es el decano de la prensa peruana. En 1921 fue condecorado con la placa de la Orden de Isabel la Católica.

Su obra mental es doble; científica y literaria, y solo la primera ha reunido en libros. En cuanto a la segunda o sea la literaria, esta ha aparecido publicada en artículos de El Comercio y ha consistido en conferencias y disertaciones públicas en teatros y sociedades obrera. Fue fundador de la extensión universitaria en el Perú.

Sus principales obras son: La salud y el cuerpo humano, premiada con medalla de oro; Las enfermedades inevitables; Elementos de geografía científica del Perú, premiada con medalla de oro; Problemas ético-sociólogos del Perú; El problema de los exámenes, La formación del profesorado secundario, El arte y la cultura general, Con motivo del tricentenario de Cervantes y Lecciones y conferencias de sociología.

Estas son a grandes rasgos las líneas morales y sentimentales de este distinguido intelectual peruano que da gloria y prez a la patria que lo vio nacer, y es a la vez el portavoz que canta con entusiasmo, las glorias inmarcesibles de nuestra querida España.

Con este artículo queda abierta la galería de intelectuales y de   -147-   personajes ilustres del Perú, amorosos hijos de España y que con tanto orgullo forman en la primera fila de la tercera España, de los hispanoamericanos.

Es un deber de todos los españoles, sin distinción de clases, procurar por todos los medios posibles el acercamiento moral, intelectual, comercial de España con esta República, y así, brotando de nuestros corazones un viva el Perú españoles, puedan ellos corresponder entusiasmados con otro de «Viva España peruanos».



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José Ernesto de Mora

Hoy damos término, con el presente artículo, a las biografías de peruanos ilustres amigos de España que forman la base del primer volumen de mi obra nacional España en el Perú, que ideara a principios del año pasado con motivo del discurso hispanófilo que pronunciara en el Casino Español nuestro querido amigo el inteligente y cultísimo escritor doctor Óscar Miró Quesada.

Por esa «Galería de honor» que he formado, han desfilado ilustres personalidades tanto peruanas como españolas haciendo de ellas un dibujo moral y material buscando en todos, los progenitores que formaron tan distinguida pléyade de intelectuales que han honrado las columnas de El Diario Español de Buenos Aires. Me han alentado en mi obra eminentes personalidades tanto peruanas como españolas dentro y fuera del Perú, entre las que puedo citar a la ejemplar y venerable figura del eminente peruano doctor Isaac Alzamora, a la   -149-   de su ilustre hermano el doctor Lizardo, Presidente de la Corte Suprema de Justicia, al gigante del parlamento peruano, el más famoso orador elocuente, el probo, el sincero, el leal amigo doctor José Matías Manzanilla, y otras más de esta talla que sería inacabable el mencionarlas. Fuera del Perú podría citar al marqués de Figueroa Presidente de la Unión Ibero-Americana en Madrid, y en Buenos Aires a una de las glorias españolas, a uno de los hombres más puros, a uno de los personajes más ilustres que han salido de España y han dado gloria y honra a su patria, nuestro nunca bien llorado amigo y compañero de redacción, el Director de El Diario Español de Buenos Aires don Justo López de Gomara que últimamente ha fallecido enlutando el periodismo español en la América.

Hoy completo mi obra presentando a los lectores de El Diario Español de Buenos Aires al perfecto caballero, al bizarro marino contralmirante de la Armada Peruana José Ernesto de Mora que nació en Lima el año de 1863. Muy joven era cuando estalló la guerra del Pacífico, y abandonando los estudios, se presentó voluntario, embarcándose como aspirante de marina a bordó del transporte «Talismán» y poco después pasó al transporte «Oroya», tomando parte en todos los principales hechos de armas en 1880, contra la escuadra chilena. En diciembre de ese mismo año fue con una brigada de marineros a montar los cañones «Vaurus» y «Dagler» en la «Batería del Pino» a la que perteneció hasta después de la batalla de Miraflores.

Ocupada la capital por el ejército chileno hizo la campaña del centro contra los mismos a las órdenes del general Cáceres y en 1884-1885, tomó parte en la guerra civil contra el gobierno del general Iglesias.

Como premio a su talento y a su heroicidad en la campaña nacional, el gobierno del general Cáceres lo envió a practicar y estudiar en la Escuadra Italiana. De regreso al Perú comandó dos veces el transporte «Chalaco» en 1895, y en 1902, y el crucero «Lima», en 1900. Siendo capitán del puerto de Mollendo, dio pruebas de un patriotismo poco común en estos días, pues allí fundó la Liga Naval, institución en la que trabajó tan eficazmente, que solo a él se debe el impulso que adquirió, pues el entonces comandante Mora, iba de persona en persona solicitando el óbolo para la Liga Naval, cantidad esta de treinta centavos mensuales que iba recogiendo de trabajador en trabajador, sirvió para acrecentar los fondos para la adquisición de los cruceros «Grau» y «Bolognesi». De esta labor patriótica practicada por nuestro biografiado todo el tiempo que estuvo en Mollendo, somos nosotros testigos presenciales y a la vez suscritor de su obra tanto en ese puerto como en Lima: la Liga Naval cesó en Mollendo cuando el comandante Mora fue trasladado a Lima.

En Lima fue uno de los fundadores de la Asociación Nacional en Pro de la Marina en la que imprimió los mismos rumbos que en Mollendo y al que también nosotros cooperamos, dando primero en Mollendo, un concierto: la entrada íntegra de lo que produjera el primer concierto de los entonces mis menores hijos Luis Esteban, Carmen e Isabel, fue para el Buque Escuela, y el primer concierto de mi   -150-   menor hija Angélica dado en el Municipal de Lima, el 30 de octubre de 1917, por intermedio de nuestro querido amigo el comandante Mora, su producto íntegro fue así mismo ofrecido a Pro-Marina, figurando en el libro de caja esta partida de la pequeña Angélica en favor de esa asociación. Es que el comandante Mora con su honorabilidad y patriotismo encontraba siempre quien lo imitara. Con unos cuantos personajes como el comandante Mora, se puede hacer patria.

En 1911 fue nombrado en comisión a Europa como Comandante del crucero «Comandante Aguirre» antes «Dupuy de Lome» y a su regreso al Perú fue nombrado vocal del Consejo de Oficiales Generales. Presidió por tres años consecutivos la Asociación Pro-Marina y durante ese tiempo trabajó con todo fervor y entusiasmo para que el programa cívico de la asociación, y de vivo recuerdo y esperanza con relación a nuestros territorios detentados por Chile viviera cada día con mayor vida en el corazón de todos los peruanos, y además se esforzó para que las erogaciones patrióticas aumentaran el fondo de la Marina, y defendió con energía la independencia de Pro-Marina.

En 1923 fue ascendido a la alta clase de Contralmirante. El vecindario de Mollendo le envió una medalla de oro en homenaje a su civismo, medalla que, el doctor Santiago Figueredo, le entregara en sesión solemne. Está condecorado desde 1921 con la Cruz de Comendador de la Corona de Italia. Continúa en la actualidad como vocal titular del Concejo de Oficiales Generales.

Con este artículo termino el primer volumen de mi obra España en el Perú, trabajo este que reconozco imperfectísimo. Acaso algún día pueda decir que esta obra no es más que un prólogo de otra obra que pienso escribir sobre los fundamentos racionales históricos de la conquista y del coloniaje. Creo que en esta mi obra he alcanzado el fin que me propuse que no fue otro sino de avivar en el corazón de los peruanos la cantidad de sangre española que circula por sus venas, haciendo a la vez revivir en el corazón de los españoles el amor hacia esta hija predilecta de España que hoy forma la República del Perú.

Y para terminar, dirigiéndonos a los peruanos, repetimos nuevamente parafraseando al poeta:


no quiero más gloria ni más hazaña
que una sonrisa... para mi dulce España.





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Vicente Noriega del Águila

Así como la literatura griega, tan grande por los inmortales genios que la ornaron, vivió en el tiempo, como si Dios la hubiese revestido de la inmortalidad; de la misma manera la literatura que encierra la obra nacional España en el Perú, próxima a publicarse, que contiene el elemento representativo del Perú, perdurará eternamente por las figuras de primera clase que aparecen en la misma que dan brillo y gloria a esta patria peruana.

La obra España en el Perú, que es la segunda manifestación del escritor, está próxima a aparecer, y seguramente saldrá a la luz pública el 12 de octubre venidero como un homenaje mío hacia el Perú en el día clásico de la Raza.

Así como los artículos de fondo publicados en el periodismo que llenan al mundo del espíritu del porvenir y de las ideas del progreso en al conciencia humana; las noticias cablegráficas y radiotelegráficas, más rápidas que el huracán en sus alas el verbo de la civilización   -152-   y borran el espacio entre Europa y América, separadas por el océano, estas se abrazan, se unen y confunden como por milagro en un beso de amor; y el escritor que sabe que todas estas maravillas son el fruto de su talento, crece al par que crece la civilización. Nosotros que estamos profundamente convencidos de todo cuanto acabamos de exponer, y que sostenemos a todo trance nuestras ideas en pro del acercamiento espiritual de nuestra querida España con estas repúblicas y para mí especialmente con el Perú, seguiré sin vacilar, esta mi labor patriótica, hasta dar cima a esta importante obra, que indudablemente despertará con mayor alborozo el amor de estos iberoamericanos con la madre patria España.

Y lleno de entusiasmo hoy, presentamos en esta «Galería de honor» al doctor Vicente Noriega del Águila, que es abogado y político.

Nuestro biografiado, aunque joven, es una de las más notables personalidades del actual parlamento peruano, y será más tarde uno de los más prestigiosos y descollantes parlamentarios que últimamente han ingresado al Congreso, y tal vez sea el único, de esta época, de los discípulos del inmortal Manzanilla el gigante del parlamento, que alcance a colocarse a su nivel, si como hasta hoy, sigue sin doblegarse a la fuerza ni a las concupiscencias del poder, como su maestro.

Noriega del Águila, que es un orador nuevo, tiene belleza en el estilo y profundidad en el concepto. Cuando la mayoría parlamentaria se opuso a la votación nominal relacionada con el acatamiento a los fallos de los jueces, presentó una moción que apoyó con las siguientes palabras:

Yo creo que estaría mejor, para la apreciación que haga la opinión pública de la aptitud de los señores diputados, que la votación fuera nominal, porque de lo contrario, rehuyendo una votación nominal como acontece hoy, podría equivocadamente creer el país, que para vosotros mismos, vuestra propia actitud es motivo de cierto remordimiento o de cierta vergüenza.



He aquí la moción a que nos hemos referido y que honra a su autor el doctor Vicente Noriega del Águila:

Considerando. Que la Corte Suprema, mediante la nota enviada a la Cámara de Diputados, reclama del Parlamento medidas que amparen su dignidad de Poder Público y den eficacia a sus resoluciones. Que la Corte Suprema demanda del Parlamento lo que constitucional y legalmente le toca reclamar; y. Que siendo menester, como regla de elemental orden público, que los Poderes del Estado recíprocamente tiendan a defender sus fueros y enaltecer la majestad de sus funciones, propone la siguiente moción de orden del día:

La Cámara de Diputados, en vista de la nota enviada por la Corte Suprema, y conociendo las circunstancias que la han determinado, expresa su confianza en las resoluciones del Poder Judicial, y declara de necesidad fundamental el absoluto acatamiento a ellas, siendo obra anárquica el desobedecerlas, o el poner dificultades a su fiel ejecución Lima. 15 de diciembre de 1920.



Nuestro biografiado es diputado por Moyobamba, y su primera   -153-   intervención en la asamblea fue sobre las facultades de los Congresos Extraordinarios; la segunda sobre la reforma del Código de Procedimientos en materia criminal. En el Congreso de 1919, intervino sobre la ley que reglamenta las sociedades anónimas, pendientes desde 1907. En el Congreso de 1920, sostiene la ley del divorcio, y en la sesión del 7 de octubre de ese mismo año, fundamenta en un elocuente y magnífico discurso el proyecto del doctor José Matías Manzanilla sobre la creación de la Dirección del Trabajo, presentado por este ilustre tribuno, defensor de la clase obrera, al parlamento nacional en 1918.

Fue notable la intervención del doctor Noriega del Águila en la cuestión de los desafueros de los diputados por Yauyos, Pisco y Chancay, producida en la Legislatura de 1920.

He aquí a grandes rasgos la sobresaliente personalidad de este distinguido iberoamericano, que hoy tenemos el honor de presentarlo a los lectores de El Diario Español de Buenos Aires y que a la vez es un gran defensor de los derechos de nuestra querida España.



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Manuel Augusto Olaechea

Próximamente a recorrer la segunda manifestación del periodista, es decir, a condensar en un volumen todas las «Biografías de personajes ilustres peruanos y españoles distinguidos radicados en el Perú», volumen este, que encierra todo mi ideal de español acerca de la formación de una Confederación de España con todas las repúblicas de origen hispano: hoy tenemos el honor de presentar a los lectores de El Diario Español de Buenos Aires al distinguido peruano, doctor Manuel Augusto Olaechea.

Nuestro biografiado pertenece a la pléyade de intelectuales peruanos jóvenes que se destacan vigorosamente en todas las manifestaciones de la vida republicana del Perú. Es que el doctor Olaechea, heredó de su ilustre progenitor el doctor Manuel Pablo Olaechea el talento y virtudes cívicas que lo hicieron brillar como astro de primera magnitud en el foro, en donde se dio a conocer fácilmente como jurista y como tribuno y, sobre todo cuando en 1895, se incorporó al   -155-   parlamento como senador por Ica, célebre ciudad al sur de Lima, que ha sido y será la cuna de tantos y tan grandes abogados, como militares y oradores, en donde descolló en el campo legislativo, y en la arena candente de la política a la altura de los primeros parlamentarios del mundo.

El doctor Manuel Augusto Olaechea nació en Lima el año 1880, y fue hijo del recordado doctor Manuel Pablo Olaechea y de la respetable señora Clementina Olaechea. Hizo todos sus estudios tanto primarios como de media en el prestigioso plantel de educación que dirigen los padres jesuitas hasta el año de 1885, que ingresó en la Universidad de San Carlos, en las Facultades de Letras y Jurisprudencia hasta el año 1901, que se recibió de abogado. Inmediatamente se incorporó al reputado estudio de abogado de su progenitor el doctor Manuel Pablo Olaechea, en donde su preparación y talento, encontró un basto horizonte fecundado por la sabiduría jurídica y conocimiento de las leyes escritas, a tal extremo que, hoy, que nuestro biografiado se encuentra al frente de ese bufete de abogado, no solo ha conservado el preciado tesoro de talento y virtudes heredado de su ilustre progenitor, sino que él ha sabido aumentar y acrecentar tan preciados dones que por herencia y ejemplos recibiera.

Su enorme labor en la defensa de los derechos de la humanidad, no ha sido obstáculo para que también haya sido catedrático de la Universidad de la Historia del Derecho y Obligaciones y Contratos, hasta el año de 1921, en que renunció la cátedra para dedicarse de lleno a la ardua tarea de codificador. En efecto, es miembro de la comisión reformadora del Código Civil peruano que tiene más de 70 años de existencia, y basta el hecho de ser miembro de esta Comisión, para ver en el doctor Olaechea, capacidad forense excepcional, voluntad de trabajo y un espíritu abierto a contemplar los horizontes del derecho que se transforman y continúan transformando.

El doctor Olaechea que es fiscal suplente de la Corte Suprema de Justicia, es actualmente director de la Beneficencia Pública de Lima, alto puesto, honorífico por cierto, que solo lo han ocupado personajes de gran talento y altruismo como los Pérez Araníbar y otros que sería largo enumerar. A esta Sociedad de Beneficencia pertenece desde muy joven y hasta el año pasado fue primer vicedirector de la misma. También ha prestado importantes servicios en el ramo comunal como síndico de la Municipalidad durante la alcaldía de don David García Irigoyen.

He aquí las líneas morales y sentimentales de este distinguido peruano que siente por sus venas inflamarse la sangre noble y valerosa de sus progenitores los españoles, y a la vez es un gran defensor de los derechos de España, pues desciende de ilustres familias hispanas radicadas en el Perú en el hermoso valle de Ica.



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Pedro Máximo Oliveyra

Continuando con la misma desinteresada labor patriótica la misión que nosotros nos impusimos para presentar a los lectores de El Diario Español de Buenos Aires a los valores representativos de mayor relieve en la vida republicana del Perú con el objeto de conquistar voluntades y simpatías para nuestra querida España; hoy tenemos el honor de presentar en esta «Galería de honor» al doctor Pedro Máximo Oliveyra.

Nuestro biografiado el doctor Oliveyra, joven aun, mantiene y aumenta la fama adquirida en los claustros universitarios, centro de la formación de sus aptitudes múltiples, como profesor, jurisconsulto y diplomático. Egresado de la Universidad con gran reputación de hombre de talento y de espíritu estudioso, completó su instrucción con numerosos viajes a Europa y a la República; y así, con este bagaje teórico y práctico, dedicose a la defensa de pleitos y a la enseñanza en la Facultad de Jurisprudencia, donde es catedrático titular de Derecho Romano, uniendo a su título, alcanzado en concurso, lo que vale, «el veredicto favorable de sus discípulos», sin discrepancia, admiradores de su cultura jurídica, de su fuerte capacidad, de sus hábitos de trabajo y de su elocuencia.

Todo esto lo tiene acreditado en doce años de labor universitaria, primero en la forma de lecciones orales y después en folletos y libros. Así recuérdase su «magnífico estudio sobre el sistema económico de España en el Perú cuando el coloniaje» y algunas otras bellas monografías recopiladas en voluminosa obra que hizo editar en Bogotá cuando fue ministro plenipotenciario del Perú en Colombia.

En estas altas y difíciles funciones, excepcionalmente difíciles, por existir negociaciones de límites entre el Perú y Colombia, estuvo el doctor Oliveyra al nivel alto de su encargo y supo cumplirlo, no obstante, las dificultades de él.

Después quiso el gobierno retenerlo en el servicio diplomático, confiándole la plenipotencia en Bolivia, pero el doctor Oliveyra declinó este nuevo honor y hubo de referir la permanencia en Lima y su reincorporación en el cuerpo docente de la histórica y progresista Universidad de San Marcos. Ahí estuvo cuando fue designado miembro de la comisión reformadora del Código Civil, que tiene ya más de setenta años de existencia.

¡Cuántas ideas nuevas! ¡Cuántos y complejos fenómenos económicos, social y jurídico han conmovido el mundo en estos setenta y tantos años! Pues todo; ideas y hechos han de entrar en línea de cuenta al reformar el código civil. Por consecuencia, ser miembro de la comisión reformadora, supone capacidad excepcional, voluntad   -157-   de trabajo fuera de par y espíritu abierto a contemplar los horizontes del derecho que se ha transformado y continúa transformando.

Estos supuestos son realidades en el doctor Oliveyra, quien ha correspondido al altísimo honor de reformar el derecho civil de su país, dedicándose exclusivamente a la tarea de codificador y suspendiendo sus ocupaciones forenses y docentes, pues desde que codifica no defiende pleitos ni concurre a dictar su cátedra de Derecho Romano.

Las rentas legítimas de que se desprende, tiene compensación espiritual, en almas selectas cual es el alma de Pedro Máximo Oliveyra.

He aquí a grandes rasgos las líneas morales y sentimentales de este distinguido peruano noble defensor de los derechos de la madre patria España.



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José Luis de Orbegoso

Hoy tenemos el honor de presentar a los lectores de El Diario Español de Buenos Aires, a uno de los peruanos más distinguidos, don José Luis de Orbegoso. En Parlamentarios del Perú contemporáneo encontramos los siguientes datos:

José Luis de Orbegoso, hizo sus estudios en el colegio de los Jesuitas con éxito sobresaliente, y terminada su instrucción media se dedicó a la agricultura como poseedor de grandes haciendas en el valle de Chicama, hasta llegar a convertirse en una personalidad pletórica de dinero y de prestigio en su región. En 1919, ingresó al parlamento como diputado por Trujillo, y en 1911, en medio de esa gran convulsión   -159-   que socavó los cimientos de la vida institucional de la república, Orbegoso se improvisaba leader de la mayoría leguiísta del gobierno, conservando siempre sus vinculaciones personales con los bloquistas que no fueron interrumpidas en momento alguno, porque nuestro biografiado hacía siempre gala de gentileza en su trato, de cultura en el debate y de respeto a las opiniones del adversario, ocupando de preferencia, como tema de sus improvisaciones tribunicias, los problemas de carácter regional como los ferroviarios y otros vinculados al departamento de la Libertad.

Inaugurado el gobierno de Billinghurst, Orbegoso se vinculó estrecha y lealmente, a la política, del nuevo gobierno, formando parte de la primera comisión especial de reforma de la ley electoral que introdujo en hora feliz, la jurisdicción de la Corte Suprema en el estudio de los procesos electorales; reforma que por su bondad intrínsica, ha resistido a las oleadas políticas, conservándose hasta hoy, aunque en forma débil, en el decreto-ley, que en materia eleccionaria nos trajo la Patria Nueva.

Es timbre de honor para el patriota gobernante don Guillermo Billinghurst, haber laborado en los primeros meses de su administración; la reforma sana, democrática y liberal, de nuestra legislación electoral; recta conducta pública, que solo siguió, por una de esas rarezas de nuestro medio, el gobierno militar del general Benavides; pero que no han querido imitar los regímenes civiles de los señores Pardo y Leguía; este ha doblado ya la mitad de su etapa de gobierno y ni siquiera ha presentado al Congreso, un proyecto de ley sobre el tópico de que tratamos.

¿Y de qué manera procedió Billinghurst en la gestación de la ley electoral? Con el mayor tino y discreción; trabajó en la modificación, inicial de nuestro sistema de sufragio; sometió sus ideas al estudio de los más avesados políticos de entonces, como Malpartida, Sousa y Ulloa; convocó después a Palacio a las principales figuras de una y otra Cámara; discutió con ellas largamente sobre la Reforma; y después, llevado el proyecto a la Cámara de Diputados, ejercitó su influencia para que se nombrase una comisión especial que abriese dictamen en el particular, como efectivamente pasó, quedando esta compuesta del doctor don Antonio Flores, que la presidió, de nuestro biografiado José Luis de Orbegoso, de D. Samuel Sayán y Palacios, de D. Víctor Revilla y de don J. Arturo Carreño, quien según versiones de la prensa periódica de aquella época, redactó el dictamen aprobatorio de la reforma, pero introduciendo en ella sustanciales modificaciones como aquella que eliminó de la nueva ley la «Desincorporación parlamentaria por ejecutoria judicial». Orbegoso tomó parte brillante en la discusión de la reforma electoral, manifestándose orador fogoso, de frase elegante, de argumentación inflexible y rígida, y de vastos conocimientos sobre la Legislación Comparada, en materia electoral.

El presidente Billinghurst cometió el error lamentable de chocar con el Congreso que lo había proclamado presidente de la República, llevando las turbas asalariadas del montón a las puertas mismas de la Cámara de diputados para pretender intimidar a leaders de la oposición   -160-   como Rafael Grau. Orbegoso era gobiernista; pero antes que eso, representante digno, altivo que no transigía, sino se enardecía más bien, con los desmanes de la fuerza, y entonces se pone al lado de Grau y coopera eficazmente en su región, al derrocamiento de Billinghurst.

Inaugurado el gobierno del general Benavides, Orbegoso observó una conducta prescindente en las querellas domésticas entre leguiístas y Benavidistas; y entonces apresado, injustamente por cierto, por el gobierno provisorio, el político don Víctor Larco Herrera, Orbegoso que tiene con éste estrechos lazos de amistad y regionalismo, luchó resueltamente con las autoridades de aquella época hasta conseguir la libertad del señor Larco Herrera; pero no por eso se hizo adalid adverso del régimen, ni el general Benavides, militar pundonoroso y digno, cobró rencor alguno con nuestro biografiado a quien guardó siempre las más exquisitas deferencias. Durante el régimen pardista, Orbegoso estuvo dedicado a sus negocios particulares sin intervenir en la política, situación en la que se conserva todavía.

Pero nosotros preguntamos: ¿Por qué el señor Leguía no trata de ganar nuevamente la adhesión de hombres como Orbegoso para que colaboren en las altas funciones del gobierno? El número de hombres en el Perú, capacitados para la función pública es limitadísimo, y no es posible separar del gobierno a los elementos preparados, porque esto es colocar el país en la condición del enfermo aquel, de que nos habla el eximio literato González Prada que debiendo ser sometido a una seria intervención quirúrgica, se le pone en manos de un cirujano con cataratas que nublan su visión y con pulso de paralítico que le impide manejar diestramente el bisturí.

José Luis de Orbegoso, por su juventud, ilustración e inteligencia, tiene aun vastísimo horizonte para su porvenir político.



He aquí la personalidad de este noble descendiente de la madre patria, un verdadero iberoamericano.



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Felipe de Osma y Pardo

Hoy tenemos el honor de presentar a los lectores de El Diario Español de Buenos Aires, a uno de los iberoamericanos que más puro ha conservado su afecto y devoción hacia la madre patria, porque su estirpe radica en la Península Ibérica. Nuestro biografiado el doctor Felipe de Osma y Pardo, nació en Lima, el 26 de mayo de 1865. Hijo de don Mariano de Osma y de la respetable dama limeña doña Francisca Pardo y Lavalle.

Felipe de Osma es catedrático principal titular del curso de Procedimientos Civiles en la Facultad de Jurisprudencia y es representante en el Consejo de las Facultades, cuerpo directivo es el Consejo Universitario.

Últimamente el doctor Felipe de Osma afirmó en su Cátedra, en forma que tuvo gran notoriedad sus criterios sobre la misión de las Facultad de Jurisprudencia y es representante en el Consejo de las Facultades, cuerpo directivo de la Universidad de San Marcos en el orden de la enseñanza, pues en el orden administrativo el cuerpo directivo es el Consejo Universitario.

Últimamente el doctor Felipe de Osma afirmó en su Cátedra, en forma que tuvo gran notoriedad sus criterios sobre la misión de las Facultades de Derecho, tendiendo a contradecir las ideas expuestas en   -162-   la misma Universidad por el orador argentino Alfredo Palacios. El doctor Felipe de Osma es vocal de la Corte Suprema desde 1915; ha sido miembro de la Comisión que formuló el Código de Comercio en el año 1900; ha sido diputado por la provincia de Chota, en las legislaturas de 1895-1896 de donde salió a desempeñar la Agencia Fiscal de Lima. De ahí pasó en 1901 a ser ministro de Relaciones Exteriores, siendo presidente de la República don Eduardo de Romaña. En la época en que ejerció el ministerio de Relaciones Exteriores hubo de pasar una circular que tuvo gran resonancia sobre la cuestión Tacna y Arica. En seguida fue ministro del Perú en Bolivia y más tarde ministro del Perú en España, saliendo entre una y otras misiones, cumplida la misión extraordinaria de pedir al gobierno argentino que aceptara el cargo de árbitro en el pleito del Perú con Bolivia.

Después de ser vocal de la Corte Suprema fue nombrado en 1917 ministro plenipotenciario del Perú en Río Janeiro. Ha sido presidente del Club Nacional de Lima y es presidente del Instituto Histórico del Perú.

Es miembro honorario de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación; miembro honorario de la Real Sociedad Geográfica, etc. Ha sido presidente del Tribunal Mayor de Cuentas desde 1911 a 1915 que fue nombrado por el Congreso, vocal de la Corte Suprema de Justicia. Es miembro de la Beneficencia de Lima desde 1911.

He aquí las líneas morales de este distinguido peruano que hoy honra las columnas de El Diario Español de Buenos Aires.



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Pedro de Osma

La importante personalidad del doctor Pedro de Osma que hoy tenemos el honor de presentar a los lectores de El Diario Español de Buenos Aires se destaca vigorosamente en el campo de las finanzas, de la política y de la alta sociedad.

Nuestro biografiado el doctor Osma lo mismo que su distinguido hermano don Felipe del que nos hemos ocupado en esta misma «Galería de honor», desciende por línea paterna de don Gaspar Antonio de Osma, Oidor de Lima, casado con doña Josefa Ramírez de Arellano, hija de los Condes de Vista Florida; y por la línea materna del Oidor don Manuel Pardo casado con doña María Aliaga hija de los Marqueses de Zelada de la Fuente.

El doctor Pedro de Osma nació en Lima en 1868, siendo sus padres el señor don Mariano de Osma y Ramírez de Arellano, senador de la República, y la señora Francisca Pardo y Lavalle. Estudió en la   -164-   Universidad Mayor de San Marcos de Lima, hasta recibir el grado de doctor en Jurisprudencia.

En esa época fue secretario de la Prefectura de Lima y secretario de la Municipalidad en la misma ciudad en 1890. Después en 1894 fue diputado a Congreso por la provincia de Cerro de Paseo, y en 1899 diputado a Congreso por Lima; fue presidente de la Cámara de Diputados en 1903; presidente de la Junta Directiva del Partido Demócrata en 1905, cuyo jefe fue el eminente hombre de estado Nicolás de Piérola; presidente de varias compañías mineras; presidente del Banco Internacional del Perú; presidente del Congreso Nacional de Minería que funcionó en Lima en 1918; presidente de la Conferencia del Niño peruano que funcionó en 1922, y, en fin, presidente en la actualidad del centro de la sociedad de Lima que se llama «Club Nacional». El doctor Pedro de Osma aunque por sus ocupaciones no ha ejercido la profesión de abogado, es espíritu cultísimo según lo ha revelado en sus inmensos campos de su actualidad política, financiera y social. Fue el doctor Pedro de Osma el fundador del diario La Prensa y tuvo la dirección y la propiedad de él en los difíciles momentos de su vida de iniciación entre los periódicos del Perú.

He aquí a grandes rasgos las relevantes líneas morales de este distinguido peruano, gran defensor de los derechos de la madre patria España a la que él se vanagloria en pertenecer, pues todavía existen en la nobleza madrileña los descendientes de los progenitores de nuestro biografiado el doctor don Pedro de Osma, que hoy honra las columnas de El Diario Español de Buenos Aires.



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Arturo Osores

La personalidad del doctor Arturo Osores que hoy presentamos a los lectores de El Diario Español de Buenos Aires, nació en Chota en 1870, hijo del doctor Miguel Filiberto Osores y de doña Emperatriz Cabrera. En Parlamentarios del Perú contemporáneo encontramos lo siguiente:

El doctor Arturo Osores nació en Chota (Cajamarca), cursando sus estudios de instrucción primaria y media en los colegios de esta ciudad incaica, para ingresar después a la Universidad Mayor de San Marcos, donde siguió las cátedras de las Facultades de Filosofía, Letras y Jurisprudencia, hasta optar el grado de doctor. Alumno todavía de los claustros de San Carlos, cuando espiraba el gobierno de don Nicolás de Piérola organizó con los estudiantes   -166-   universitarios, un club político para sostener la candidatura a la diputación por Lima, del prestigioso repúblico don Cesáreo Chacaltana, en lucha con la candidatura oficial de don Carlos de Piérola, que alcanzó la victoria en esa campaña política.

De simple bachiller en Letras y Derecho, regentó los cursos de Filosofía y Derecho usual en el colegio de Nuestra Señora de Guadalupe de esta capital, pasando después al Rectorado en el Colegio de San Ramón de Cajamarca; y de ahí, a la dirección del que fundara en esta capital el recordado pedagogo don Pedro Labarthe; ya graduado de doctor en Letras, es nombrado profesor de Sociología en esta sección universitaria, manifestando apreciables condiciones de inteligencia e ilustración en el interesante ramo de enseñanza que se le había encomendado.

En el parlamento, en ese vasto escenario de las grandes inteligencias y de los caracteres acerados, donde se destaca luminosa, atrayente, la personalidad política de nuestro biografiado. Su carrera parlamentaria ha sido larga y accidentada, como es la vida política en todas las democracias; se inició como diputado suplente por Chota, siendo propietario el talentoso magistrado don Felipe de Osma y Pardo, actual vocal de la Corte Suprema, durante el período electoral de 1895 a 1901.

Recientemente, Osores fue nombrado Plenipotenciario ante el gobierno italiano, cargo en el que le ha dado a conocer sus cualidades de diplomático, pues, aparte de la viva propaganda patriótica que ha desenvuelto en la tierra del Dante, sabemos que ha presentado al gobierno un importante y científico proyecto de Inmigración.



Estas son las líneas morales de este distinguido iberoamericano, gran defensor de la madre patria España.



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Fernando E. Palacios

Hoy honramos las columnas de El Diario Español de Buenos Aires, presentando a nuestros lectores a un distinguido iberoamericano, a un cumplido caballero, a un descendiente de la madre patria España, al ejemplar funcionario del Poder Judicial en el Perú, el doctor Fernando Palacios. Así como al poeta, al sacerdote del mundo, se le ha tenido siempre por sagrado en los pueblos primitivos, se le ha tenido como oráculo que interpretaba los secretos de la Naturaleza, los misterios del cielo; así en nuestros días la sociedad moderna, cifra todas sus congojas y todo su derecho en la austeridad del representante del ministerio público, en el fiscal del poder judicial que es el defensor de la Ley y del derecho humano. Y cuando este cargo está dignamente representado por el caballero y por el funcionario como sucede en el presente caso con el doctor Fernando Palacios, la vindicta pública queda satisfecha y descansa en la honorabilidad y rectitud   -168-   de este distinguido funcionario que es fiscal de la Corte Superior del Distrito Judicial de Lima.

Nuestro biografiado el doctor Fernando Palacios, aunque joven, su aspecto, es severo como la ley, es como la estatua que representa la Jurisprudencia; de aspecto tranquilo cual conviene a la justicia; de mirar escudriñador, como que ha de indagar hasta los más hondos secretos de la conciencia y los más profundos misterios de las pasiones, en su frente amplia y despejada, manifiesta la claridad de sus juicios, y cual la ley, tiene en una mano la espada con que defiende el derecho y en la otra la balanza en que pesa las acciones humanas. Su amor a la justicia, sus ideas y sus informes, harán del doctor Palacios un símbolo en el derecho de jurisprudencia peruana, magnífica epopeya, cuyos cánticos han sido los pensamientos de hombres ilustres que han dejado huellas inextinguibles en la conciencia de la humanidad, como Alfonso X, que representa el renacimiento del derecho en la Edad Media.

Fernando Palacios recibió el título de abogado de la República y de doctor en la Facultad de Jurisprudencia el año de 1901, iniciando su actividad profesional en el importante estudio de su padre el jurisconsulto doctor Fernando Palacios, decano que fue en el Colegio de Abogados de Lima.

El joven Palacios fue digno heredero del estudio y de la reputación paternos, al morir su progenitor. Ahí recibió la enseñanza de la práctica de defender pleitos; y a esta ocupación se dedicó durante quince años, hasta que en 1916 fue nombrado fiscal de la Corte Superior de Lima, cargo que hoy ejerce a satisfacción de todos. En esta Corte le tocó aplicar desde 1920 el Código de Procedimiento Penal, que crea el juicio oral, forma de procedimientos que exige la acusación verbal del Fiscal; y el doctor Fernando Palacios ha actuado siempre, cumpliendo su cometido, acusando con elocuencia y con grandeza del espíritu. El cargo de Fiscal de la Corte lo hace miembro nato de la Beneficencia de Lima, institución humanitaria que el doctor Palacios ilustra con sus opiniones en el seno de sus juntas generales y de la comisión jurídica a la cual pertenece.



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[Clemente Palma]

Dios que concede siempre grandes premios a todos los pueblos como le concedió a la Grecia de la libertad, la filosofía y el arte, a la Roma del derecho, la educación y por consecuencia el dominio moral del antiguo mundo; así le concedió al Perú la gracia de que brotara de su seno un retoño de la noble sangre española a quien podemos considerar   -170-   como el primer símbolo de la nacionalidad hispano-peruana, el príncipe de las letras peruanas Ricardo Palma, el ilustre tradicionalista que supo mantener vivas las grandezas, con su sapiente pluma, de la España colonial en el Perú. Hijo de tan ilustre padre, es el doctor Clemente Palma que hoy tenemos el honor de presentar a los lectores El Diario Español de Buenos Aires.

Nuestro biografiado nació en Lima el 3 de diciembre de 1872. Hizo sus primeros estudios en los Colegios de Guadalupe y de Labarthe. En 1892 comenzó su carrera literaria escribiendo en El Comercio artículos titulados «Excursión literaria», recopilados en un folleto que publicó después. En el año de 1902 fue a España como cónsul del Perú en Barcelona y allí permaneció 2 años hasta 1904, publicando en esa ciudad condal un tomo titulado «Cuentos malévolos», edición que se agotó y tuvo que hacer una segunda, en París, aumentada y corregida por él mismo. Cuando terminó su misión consular, volvió al Perú y trabajó al lado de su ilustre padre Ricardo Palma, en la Biblioteca Nacional. Fue director de la Revista Prisma a la que sucedió Variedades, haciéndose cargo de la dirección de la misma en la que desde 1908 hasta hoy publica unas crónicas muy leídas tituladas «De jueves a jueves», crónicas de forma muy culta y que envuelven siempre una crítica muy fina de los sucesos de actualidad.

Ha sido director de la Ilustración Peruana y es desde 1912 director y redactor de La Crónica, uno de los diarios de más prestigio y circulación en el Perú.

Como ya ha sido juzgado ampliamente el doctor Palma, vamos a reproducir lo que de él dice Parlamentarios del Perú contemporáneo de Benvenutto.

En el periodismo ha campeado con gran talento, firmeza de convicciones y moral profesional, pues nunca puso en subasta su pluma, ni para defender a los gobiernos a cuya gestación política contribuyera directa y principalmente. Más adelante dice: «Don Clemente Palma estaba separado por completo del leguiísmo, que no se había comportado bien con el ilustre restaurador de la Biblioteca Nacional don Ricardo Palma; pero con todo, el director de La Crónica, que fustigaba al segundo gobierno de don José Pardo que en verdad no seguía los impulsos de la opinión pública; don Clemente Palma, que había sido separado por el presidente Leguía, en su primer gobierno, de su puesto en la Biblioteca de esta capital abrazó, sin embargo, la causa revolucionaria del leguiísmo, que culminó el 4 de julio, y que evidentemente encarnaba la aspiración nacional; dando así, a sus contemporáneos una lección sugestiva de nobleza republicana, de austeridad democrática, de moral periodística.



Nuestro biografiado, que es hijo del ilustre autor de las Tradiciones, heredó de él, el genio filosófico y una imaginación sonriente, talento este que semeja a los ángeles que Dios envía a la tierra a sembrar flores en el camino de la vida. Heredó así mismo, el cariño y   -171-   lealtad a la madre patria, a nuestra querida España, la que me dio la primera luz de mi vida, y aunque ahora estoy lejos de su seno, me ha inspirado mis sentimientos patrióticos nuevamente, la lectura de la defensa de aquellos que como el doctor Palma la consideran la más grande, la más heroica entre todas las naciones. Te consideran tus defensores, entre los que contamos a nuestro biografiado, como la mártir de la historia, que por espacio de siete siglos diste tu sangre para salvar a la Europa de la barbarie y a la vez, cantan tus glorias, porque descubriste en el seno de los mares un nuevo mundo, tan hermoso, como tu rica e inagotable fantasía plantando en él, el árbol de la Cruz, con lo que se ensanchó el mundo del Cristianismo.

Estas son a grandes rasgos las líneas morales y sentimentales de este distinguido peruano, verdadero iberoamericano, que canta con entusiasmo las glorias inmarcesibles de nuestra querida España.



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Santiago D. Parodi

Persistiendo siempre en nuestros propósitos para conseguir la unión espiritual de nuestra patria, España, con todas las repúblicas iberoamericanas, hoy presentamos en esta galería de honor al distinguido médico y político peruano doctor Santiago D. Parodi.

Esta unión espiritual que hace tiempo perseguimos y que con tanto interés la deseamos por el amor que sentimos tanto a España nuestra patria, cuanto a esta mi segunda patria el Perú, abrigo de la fe de que algún día se realizará, ofreciendo el grandioso espectáculo de la confederación más grande y más hermosa que ha presenciado la tierra. Todos estos pueblos libres, lo mismo que la madre patria España   -173-   que tienen un mismo Dios, que hablan una misma lengua, que se han organizado todos estos iberoamericanos con una misma clase de gobierno, que recuerdan una misma cuna, que andan, aunque divididas sus fuerzas bajo un mismo ideal, un destino uniforme, acariciados por sonriente Naturaleza que pródiga les dispensa todos sus bienes y que largamente les ofrece frutos y flores; todos estos pueblos que habitan la más hermosa porción de la Tierra; todos deben reunirse con la madre patria España y así multiplicarán su vida formando una gran Confederación para hacer respetar los derechos comunes. Esta obra tiene en su pro, el espíritu del siglo.

Acariciando siempre este nuestro ideal, es que hemos formado esta galería de honor por la que han desfilado y desfilarán las figuras representativas de más valer en la vida republicana del Perú. Hoy nuestro biografiado es el doctor Santiago D. Parodi. Este distinguido peruano nació en Lima el 21 de julio de 1871. Hijo del doctor en jurisprudencia Santiago Florentino Parodi y de la virtuosa matrona Juana Talavera de Parodi, hizo sus estudios de instrucción media en el Colegio Americano dirigido por el reputado pedagogo doctor José Reaño en 1881, prestigioso instituto educacional que tuvo como profesores a maestros de la talla de los doctores José A. de Lavalle y Pardo, Gregorio Mercado, Manuel A. Velásquez y otros y del cual también han salido personalidades como el doctor Estanislao Pardo de Figueroa, presidente de la Academia Nacional de Medicina, doctor Eleazar Boloña, rector de la Universidad de Trujillo, doctor Lorenzo García, vocal de la Corte Superior de Lambayeque, señor Víctor E. Ayarza, Oficial Mayor del Senado de la República, Mario Cáceres, ejemplar magistrado y otros. En abril de 1886, próximo a cumplir los 15 años de edad nuestro biografiado, y, previo examen general de instrucción media, ingresó a la Facultad de Ciencias Naturales y en 1889 pasó a la de Medicina, recibiendo su título profesional el 21 de diciembre de 1895, siendo condiscípulo de años de estudios de los prestigiosos facultativos Esteban Campodónico, Ladislao Corrales Díaz Rómulo Eyzaguirre, Miguel F. Mascaró, Wenceslao F. Molina, Matías N. Ochoa (Urubamba), Benjamín Pacheco Vargas (Puno), Víctor V. Paredes (Callao), Matías E. Prieto (Piura) y José Carlos Vélez (Moquegua). A poco de recibirse de médico, el doctor Parodi, figuró con los doctores Ernesto L. Ráez y Matías E. Prieto en terna para la opción del premio Concha de Medicina. De junio de 1896 a igual mes de 1898, fue nombrado jefe de la Clínica médica de hombres del hospital «Dos de Mayo», siendo catedrático del curso el eminente profesor Leonardo Villar.

Estuvo de médico titular en Huánuco de enero a julio de 1897, y de noviembre de 1897 a marzo de 1898, siendo trasladado en junio de 1898 a Mollendo como médico titular de Islay, ciudad en la cual ejerció la profesión hasta junio de 1913, siendo allí uno de los fundadores del hospital del Carmen y médico del establecimiento durante once años consecutivos, habiendo en 1901, iniciado, como miembro   -174-   nato de la Beneficencia de Mollendo, la creación de renta propia para el sostenimiento de ese hospital, mediante la adjudicación de los derechos de faro cobrados en ese puerto.

En el desempeño de su misión sanitaria, combatió tenazmente las grandes epidemias de peste bubónica en Mollendo de julio a septiembre de 1903 y de febrero a abril de 1905 conjuntamente con los componentes facultativos Ramón E. Ribeyro, José M. Fernández, Miguel F. Maticorena, César Berninson, Aurelio de la Fuente, Luis S. Macedo y un talentoso farmacéutico, periodista y publicista que actuó como jefe del lazareto y por lo que el pueblo de Mollendo lo premió con una medalla de oro; el doctor Parodi, compiló más de 500 historias clínicas completas de personal observación sobre esa plaga, perdidas desgraciadamente en el gran incendio de Mollendo del 2 de abril de 1912.

En mayo de 1903, la provincia de Islay le eligió su diputado suplente conjuntamente con la elección presidencial del ilustre estadista Manuel Candamo.

En 1907, la provincia le amplió su mandato parlamentario designándole diputado propietario. En 1913 el pueblo de Islay le renovó sus poderes en forma tan evidente, que en ese año, iniciada la revisión de los procesos electorales por la Corte Suprema de Justicia, a mérito de la célebre ley entonces vigente, entre las 52 diputaciones elegidas solo 9 no fueron demandadas ni revisadas, siendo una de estas 9 la de Islay. En mayo de 1919, la provincia le reiteró su mandato por tercera vez, pero el movimiento político del 4 de julio de ese año paralizó la acción política del doctor Parodi.

Su entusiasta devoción por Islay, provincia en la que residió durante su juventud, hizo que lograra del parlamento en favor de ese pueblo la dación de una veintena de leyes, entre otras, aumento de las rentas del hospital, conclusión del mismo, obras públicas locales, etc., etc.

En 1908, colaboró modesta pero decididamente en la gran labor parlamentaria del ilustre hombre público, célebre orador parlamentario peruano José Matías Manzanilla, cuando el célebre debate sobre la ley Manzanilla de responsabilidad por accidentes del trabajo, uno de los proyectos de la magna obra sobre legislación obrera y asistencia social que el gran tribuno Manzanilla ha dejado planteado ante la historia del parlamento peruano contemporáneo.

Militó en las filas de la célebre minoría parlamentaria de 1910 a 1912, dirigida por los eminentes estadistas José Matías Manzanilla y Antonio Miró Quesada, distinguiéndose por su carácter moderado, pero leal y firme en sus convicciones.

Durante los seis años de su segundo mandato fue sucesivamente   -175-   reelecto secretario de su cámara, siendo presidente de ella, en 1913, el señor Ricardo Bentín, en 1914 el doctor David García Irigoyen, en 1915 el doctor Francisco Tudela, en 1916, el doctor José Matías Manzanilla y en 1917-1918, el señor Juan Pardo, hecho excepcional en el Congreso peruano, demostrativo de la gran confianza que sus colegas depositaron en su persona por su honradez política, su versación y lo útil que les era, no habiendo tenido jamás ni un solo adversario: su divisa era servir y atender a todos los compañeros amistosamente y sin distingo de color político.

Aunque por su abolengo paterno es de origen itálico, por el materno lo es de español y su amor, respeto y admiración por la madre patria España, no le aventaja en sinceridad y entusiasmo ningún hispanoamericano.

He aquí diseñada la importante personalidad del doctor Santiago D. Parodi, digno descendiente de la madre patria España, a la que venera como a su propia madre.



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Federico Panizo y Orbegoso

Todavía hay hombres que viven encariñados con la antigua sociedad cuya vida se deslizaba en un silencio sepulcral; estos lamentan las contradicciones y la lucha de los partidos políticos. El ruido que producen estas luchas ardientes de la tribuna, el ardor de la polémica, les asegura a estos que la sociedad peruana, es como nave que ha perdido en la tempestad el timón y las velas, y que va seguramente al abismo. Estos dicen, felices tiempos, aquellos tranquilos como la inocencia, en que el rey dominaba todas las voluntades y el gobierno era como un patriarca y la sociedad como un hogar.

Estos elogios tributados a la sociedad antigua parecen elogios tributados a la muerte: es feliz el que duerme en el sepulcro porque no siente, pero alabar ese silencio sepulcral, es alabar la muerte.

Es cierto que no se puede ir contra las leyes de la naturaleza y de la conciencia. En la naturaleza cada ser es un eslabón de una cadena o el término de una serie, como en el reino vegetal hay progresión desde el helecho hasta el cedro del Líbano y como en nuestra misma alma, existe el tosco sentimiento hasta la más sublime idea. Esto mismo sucede en la sociedad, que es una serie que nadie puede romper ni quebrantar.

El espíritu humano además de la naturaleza material, donde vive la vida del sentimiento, tiene otra naturaleza más alta, más grande, más sublime, donde vive la vida de la razón, la vida de la idea que se llama sociedad. Esta sociedad sostiene dos principios que penetran todo el derecho: el uno es lo justo, el otro es lo útil. El primero es fundamental y el segundo es accesorio y obra como modificador de las reglas del primero. De aquí nació la noción de justicia que es una noción puramente intelectual llevada al dominio de la acción y de la moral.

En esta forma, la sociedad se ha constituido en lugar de la parte lesionada nombrando tribunales que administran la pena, perdiendo con esto el carácter primitivo de indemnización para tomar el de castigo, pues es bien sabido que en las poblaciones bárbaras comenzó la justicia por la indemnización y los pueblos civilizados coronan la justicia, por la penalidad.

Representan esta justicia en el Perú el poder judicial y una de sus ramas es la Corte Superior de Justicia de Lima a la que pertenece nuestro biografiado el doctor Federico Panizo y Orbegoso.

Nuestro biografiado es vocal de la Corte Superior de Justicia de Lima y nació en esta ciudad en 1877. Por su ilustre estirpe pertenece a la antigua nobleza española pues es heredero del título de Conde de Fuente González. Sus progenitores fueron además de estos nobles el   -177-   general Luis J. de Orbegoso prócer de la Independencia y presidente del Perú en 1833. Sus padres fueron el señor Federico Panizo y la señora doña Manuela de Orbegoso.

Ingresó a la Universidad Mayor de San Marcos de Lima en las Facultades de Filosofía, Letras, Ciencias Políticas y Administrativas y Jurisprudencia hasta 1901 que se recibió de abogado. En 1913 fue nombrado juez de primera instancia de Lima, en 1914 vocal interino de la Corte Superior y en 1916 vocal en propiedad de la misma Corte. En 1919 fue nombrado ministro de Justicia, culto e instrucción pública, cargo que desempeñó hasta el golpe de Estado del 4 de julio que derribó al gobierno de don José Pardo.

El doctor Panizo solo ha querido ser magistrado y solo magistrado. Su vocación por administrar justicia le ha valido el alto concepto que todos tienen formado de él, por su rectitud de conciencia y afabilidad con todos. Tanto él como sus demás compañeros de la Corte de Justicia dan honra y gloria a esta patria peruana.

He aquí las líneas morales y sentimentales de este distinguido iberoamericano verdadero descendiente de los hispanos que conquistaron un nuevo mundo, que fue un paraíso para la humanidad regenerada.



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Carlos Enrique Paz Soldán

El doctor Carlos Enrique Paz Soldán que hoy tenemos el honor de presentar a los lectores de El Diario Español de Buenos Aires, es uno de los jóvenes médicos peruanos que más se destacan por su saber y por su estudiosidad en la presente generación. Desde los claustros universitarios, el joven Paz Soldán empezó a conquistar triunfos y laureles y a méritos de esos triunfos le valieron que fuera elegido delegado al Congreso Estudiantil Americano de Buenos Aires y a la vez Presidente del Centro Universitario de Lima. Para graduarse de bachiller en Medicina, presentó un interesante trabajo sobre «La medicina militar y los problemas nacionales», trabajo que fue publicado en la Revista Universitaria. En el año de 1911 se recibió de médico, y ese mismo año, cuando los temores de un conflicto con el Ecuador obligaron al Perú a movilizar su ejército, ingresó al servicio sanitario militar y prestó servicios en la frontera. Desde esa época hasta 1917 figuró en el Cuerpo de Sanidad Militar del Ejército Nacional. Allí desempeñó varios puestos y publicó monografías interesantes. En noviembre de 1914 obtuvo el grado de doctor en la Facultad de Medicina. Presentó entonces una tesis sobre «La asistencia social en el Perú» que fue favorablemente acogida por la Facultad. En 1920 fue elegido presidente del Congreso Regional del Centro, reunido en Huancayo. En 1921 fue nombrado delegado al Congreso Sanitario de Montevideo. De esta ciudad se trasladó a Europa. En ese mismo año fue presidente del Comité Nacional del Perú del III Congreso Americano del Niño.   -179-   En 1922 fue elegido miembro del Comité Peruano del VI Congreso Médico Latino Americano.

En este mismo año fue delegado del Perú a los Congresos del Niño y de la Lepra habidos en Río de Janeiro con ocasión del Centenario.

Es catedrático de la Facultad de Medicina, y miembro titular de la Academia Nacional de Medicina de Lima. Miembro correspondiente de la Academia de Medicina de Caracas; y de las sociedades de Medicina de Montevideo y Eugénica de San Pablo (Brasil). Ha colaborado en los principales diarios y revistas científicas y literarias y es director de La Reforma Médica.

La bibliografía del doctor Carlos Enrique Paz Soldán es muy extensa e intensa y para citar todas sus obras, folletos y escritos, necesitaríamos de varias hojas, citaremos La Medicina Social: Lima. Las bases de la legislación sanitaria del Perú en 3 volúmenes, etc., etc., etc.

El doctor Carlos Enrique Paz Soldán es un verdadero iberoamericano defensor de las glorias de sus progenitores los españoles.



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Javier Prado y Ugarteche

Faltaría a un deber de amistad el no considerar en este libro España en el Perú y en esta «Galería de personajes ilustres peruanos amigos de España», colocando en esta «Galería de honor» a uno de los hombres en el Perú a quien he debido más atenciones y deferencias en esta vida, al que fue mi recordado y nunca bien llorado amigo, sabio maestro y rector ilustres que fue de esta Universidad Mayor de San Marcos doctor Javier Prado y Ugarteche.

Javier Prado que era un espíritu selecto estaba en toda la lozanía de su talento y tenía humedecido el pensamiento como flor en capullo, por el rocío de la naturaleza que pródiga lo favorecía; tenía pura su alma como el celaje del horizonte, que desde la niñez lo cobijaba. Vino a llorar por su patria, por la que él daba su vida, cuando casi todos los ojos estaban secos; vino a suspirar cuando la duda había abrasado todos estaban secos; vino a suspirar cuando la duda había abrasado todos estaban secos; vino a suspirar cuando la duda había abrasado todos estaban secos; vino a suspirar cuando la duda había abrasado todos los labios. Sus ideas y sus pensamientos se desprendían de su mente como flores que dejaba caer en el camino de la vida, y solo pensaban   -181-   en el ideal más puro para su patria, alejándose siempre del bullicio y de las revueltas. Era su espíritu como el ruiseñor, que, huyendo de la tempestad canta, desde lo alto de su nido, sobre los árboles desgajados por el rayo o tronchados por el huracán.

Javier Prado, fue un gran filósofo, fue un gran pensador que se adelantó demasiado a sus contemporáneos, y por eso no tuvo la suerte de ser escuchado ni comprendido en la vida material, porque el destino natural de todo novador, es ser, como fue Prado, más o menos mártir.

Confiado en su espíritu investigador y pensador, y, oyendo el canto interior que embelesa al feliz mortal, dotado de espíritu filosófico, antes de vaciarlo en la imperfecta nota que se llama palabra; cantaba su espíritu un mundo de ideas que brotaban de su alma, como estrella refulgente de primera magnitud y que hoy sirven de faro luminoso a las generaciones que nutrieron su pensamiento oyendo su sabia palabra, ya en la cátedra, ya en el parlamento.

Este gran hombre conocía el secreto del espíritu humano, y enseñaba a sus discípulos a convertir los ojos a su vida interior, descubriendo los misterios de la conciencia, fundando la verdad, no en la Naturaleza, sino en el inmediato conocimiento del espíritu humano. Toda la filosofía de Javier Prado, se cristaliza en Sócrates.

Muchas veces le oímos decir, que si el hombre estuviera pegado a la tierra como el árbol o como el pólipo, viviría vida tranquila y feliz en el seno de la madre naturaleza; si de la frente del hombre no brotara la idea, y el pensamiento que le alza del polvo y le da alas para volar más allá de los astros, sería solo hijo de la naturaleza y dentro de ella encontraría satisfechas sus aspiraciones. El hombre no es como el infusorio que vive contento de una trémula gota de agua pronto a evaporarse, ni como el insecto que vive feliz bajo la verde hoja como en un mundo infinito; ni es como el pajarillo que vive contento en su nido, ni como el pez en la corriente de los ríos y en las hondas de los mares; el hombre aun cuando se encuentre solo en la naturaleza, aunque mil flores embalsamen el ambiente que respira y las aves parleras le regalen los oídos con sus dulces cánticos, las auras le besen amorosamente y la vida toda le infunda su voluptuoso calor, el hombre imagina siempre en su mente otro mundo más hermoso, imagina el mundo de ideal que enseñaba Javier Prado. Javier Prado, tuvo la más alta manifestación del pensamiento religioso, la más alta manifestación del pensamiento moral, la más alta manifestación del pensamiento filosófico.

He aquí un pequeño recuerdo póstumo a mi amigo cariñoso, noble, leal y sincero.



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Augusto Pérez Araníbar

Ya en las postrimerías de nuestra obra España en el Perú, cuya obra verá la luz pública el 12 de octubre próximo como un homenaje nuestro a esta nuestra segunda patria, el Perú, en el Día de la Raza; no podemos prescindir de presentar en esta «Galería de honor» a los lectores de El Diario Español de Buenos Aires, a un peruano eminente como lo es el doctor Augusto Pérez Araníbar. Y no podemos prescindir de considerarlo entre los personajes ilustres peruanos amigos de España, porque la aureola de gloria y la corona que nuestro biografiado se ha tejido por sus múltiples iniciativas en favor de la infancia y de la ancianidad desvalida, están grabadas en la conciencia de todos los peruanos y extranjeros, y es tan grande, que ella sirve de modelo al monumento que la posteridad contemplará y que hoy está formado en todos los corazones que han sabido apreciar la inmensa labor del doctor Pérez Araníbar.

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Servirán de base para este monumento el «Orfelinato Pérez Araníbar» importante establecimiento que ocupa un área de 108000 metros cuadros, sobre un frente de siete cuadras sobre la avenida del Ejército y el mar que tendrá capacidad para todos los huérfanos que sostiene en Lima la Sociedad de Beneficencia y además de dos colonias escolares para 500 niños cada una, dos colonias de convalecencia y dos de vacaciones para ambos sexos, taller de escuela, etc., etc. El Asilo de mendigos que tiene capacidad para doscientos asilados de ambos sexos; el Hospital de niños; las Cámaras de lactancias o Cunas y otras muchas más iniciativas, entre ellas, una de preservación moral para las niñas desamparadas; servirán de pedestal, repetimos, al inmenso monumento en el que el director de la Beneficencia de Lima Augusto Pérez Araníbar ceñirá en sus sienes el laurel de la inmortalidad, y resplandecerá sobre su frente la llama del genio tan vívida y tan pura como el fuego, que derrama la vida en la Naturaleza. En este monumento se le debe representar llevando en la mano derecha una pluma por donde corre la savia de sus ideas tan altruistas y humanitarias y la mano izquierda, acariciando con paternal cariño, la desgracia remediada en parte con estos asilos de caridad que su numen altruista y moral, ideara con todo desprendimiento.

¿Cómo podríamos dejar de considerar a tan eminente peruano, si ya, al trazar en esta misma galería de personajes ilustres, el dibujo moral del actual Director de la Beneficencia doctor Manuel Augusto Olaechea, decíamos que este alto puesto solo lo han ocupado personas de gran talento y altruismo como los Pérez Araníbar y otros que sería largo enumerar? Pero, si por exceso de nuestro entusiasmo literario para juzgar a las personas, hubiésemos estimado en lo más mínimo la modestia de nuestro biografiado, con la publicación de este artículo, le pedimos mil perdones, y le repetimos que todos los personajes que integran nuestra obra, ninguno tuvo participación en la publicación de los mismos artículos, sino el mérito moral intrínseco de cada uno, mérito este reconocido por todos, y que honra a todos por igual.

A grandes rasgos hemos dibujado la distinguida personalidad del doctor Augusto Pérez Araníbar como director de la Beneficencia Pública de Lima.

Ahora nos vamos a ocupar de este caballero como médico.

Fue estudiante de Medicina en la época de la Guerra del Pacífico, lo cual le permitió dar grandes pruebas de abnegación patriótica y profesional en las ambulancias militares. La práctica adquirida en ellas hubo de aprovecharla para recibirse de doctor en la Facultad de Medicina, donde presentó una monografía sobre las heridas con armas de fuego. Este trabajo científico mereció el laurel de su inserción en Los Anales Universitarios. Desde 1885 hasta hoy 1923, el doctor Pérez Araníbar en Arequipa y en Lima se ha puesto a la cabeza del cuerpo médico por su saber médico, por su saber clínico y su ciencia teórica, aunque con sorpresa de todos, este gran clínico y este gran teórico de la Medicina, nunca ha sido catedrático del Instituto Universitario que cultiva esta ciencia. Pasa con Pérez Araníbar lo que pasa con la abogacía, con jurisconsultos de la talla de Jesús Melecio Ponce,   -184-   que nunca enseñaron en la Facultad de Jurisprudencia, y sin embargo el estudio de este abogado como el consultorio de Pérez Araníbar, son verdaderas cátedras de consultas en donde se oyen grandes lecciones, tanto forenses como médicas, con suma elocuencia y claridad.

La figura del doctor Pérez Araníbar, desgraciadamente para el país, tampoco se ha desenvuelto en la esfera política, aunque en varias oportunidades todas las corrientes de opinión de Arequipa convergían a él para hacerle Diputado a Congreso, no llegó a serlo: este es el hecho. ¿Por qué no lo fue? Es deplorable que no lo fuera.

Últimamente dio extraordinarias pruebas de su espíritu y de su carácter como director de la Beneficencia Pública de Lima, institución que presidió en los años de 1918 y 1919. Su labor tuvo una orientación, Actuar y actuar. Este dinamismo creó hospitales, consiguió el pago de todas las deudas cuantiosísimas que el Estado tenía a favor de esa Institución y hubo de desarrollar el sentido del altruismo de los hombres adinerados, pues el señor Víctor Larco Herrera, el señor Miguel Echenique, el señor Miculicich y, otros realizaron fuertes donativos para las obras de caridad que centraliza y dirige la Beneficencia de Lima. Además, como director, con sus memorias y discursos ha enriquecido la literatura nacional. En reconocimiento de sus servicios, la Beneficencia resolvió colocar su retrato en su salón de sesiones, honra, que antes que a él, solo se ha discernido al director señor Carassa.

Es una esperanza para el Perú la posibilidad de que el doctor Augusto Pérez Araníbar ocupe altas posiciones políticas.

Augusto Pérez Araníbar es de la generación de los David Matto, Manuel Antonio Muñiz y Leonidas Avendaño, inolvidables por su talento y sus méritos en el desarrollo de las Ciencias Médicas.



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Carlos Pérez Canepa

Escritor nacionalista e hispanófilo desde la edad de 15 años. Ha sido director de varios seminarios, entre ellos Lulú, para las damas y Sudamérica. Ha desempeñado con brillo el consulado del Perú en Cádiz, donde no dejó de hacer propaganda hispanoamérica. Por la realización de ella obtuvo del rey de España Alfonso XIII la encomienda de Isabel la Católica, y el ser distinguido por la Cruz Roja española que lo designó su miembro honorario. Fue sostenedor de El Perú periódico de vinculación entre el Perú y España.

Recientemente ha desempeñado también con lucidez el consulado general del Perú en Guatemala, donde continuó desarrollando la vinculación entre los pueblos de un mismo idioma.

Pertenece a la Academia Hispano-América de Madrid. A la Academia Sevillana de Buenas Letras, e Ibero Americana de Cádiz. Es autor de varios trabajos y libros, entre ellos uno muy interesante: Al margen del camino con prólogo del gran poeta Salvador Rueda, quien lo alentó en su carrera diplomática y literaria con frases que honran a la patria peruana.

Ha sido mantenedor de los juegos florales guatemaltecos y es miembro del Ateneo de Guatemala, de la Sociedad Geográfica de Lima y de las sociedades Tacna, Arica y Tarapaca.



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General don José R. Pizarro

Hoy, honramos las páginas de El Diario Español de Buenos Aires, presentando a nuestros lectores a una de las figuras más simpáticas del ejército peruano al general de brigada don José R. Pizarro, que siente correr por sus venas a torrentes la sangre noble y valerosa de sus antepasados los hispanos del siglo XVI, como que es nada menos, que descendiente en línea recta del conquistador don Pedro Pizarro que fue paje del conquistador del Perú y fundador de Lima. Nuestro biografiado heredó de sus nobles progenitores el temperamento ardiente y belicoso, abrazando con todo entusiasmo la noble carrera de las armas hasta llegar a la alta clase que hoy ostenta de general de brigada.

El general Pizarro empezó su carrera militar como subteniente profesor de infantería en la Escuela Militar de Chorrillos, siendo después uno de los oficiales fundadores del batallón cazadores del Cuzco, 5.º de línea, primer cuerpo que salió de la escuela de clases a formar parte del ejército y en el que ascendió a la clase de teniente,   -187-   grado que tenía el 5 de abril de 1879, cuando estalló la guerra del Pacífico. Concurrió a los combates de Pisagua el 2 de noviembre de 1879; a las batallas de San Francisco y Tarapacá el 19 y 27 del mismo mes y año; a los bombardeos de Arica por la escuadra chilena en 1880 y a la batalla de Tacna el 25 de mayo de este último año. En esta última y henchido de entusiasmo y valor se condujo con bizarría y ese arrojo lo condujo también a ser herido gravemente, y además, prisionero que fue conducido a Chile. No fue esta la primera vez que cayó herido, porque en la batalla de San Francisco y Tarapacá, que su valor rayó en heroísmo, también cayó herido. Es que en las venas de este bravo militar hierve la valerosa sangre de sus progenitores.

Permaneció prisionero en Chile hasta 1882 y a su regreso al Perú fue nombrado adjunto militar a la legación del Perú en Bolivia.

El 1884 fue ascendido a sargento mayor y nombrado ayudante del general Cáceres, presidente del Perú a quien disputaba el título el general Iglesias.

Asistió a los combates de Lima el 27 de agosto de 1884 y el 30 de noviembre y 1.º de diciembre de 1885. Ascendido a coronel, fue nombrado juez militar de Piura primero, y de Lima después.

La revolución del 29 de mayo de 1909, encabezada por don Isaías de Piérola, contra el presidente Leguía, encontró a nuestro biografiado en el cargo de subjefe del Estado Mayor General del Ejército en cuyo puesto contribuyó eficazmente a sofocar esta. Fue nombrado Comandante General de la Segunda División acantonada en el Departamento de Lambayeque, y en esta situación fue llamado por el presidente Leguía para desempeñar la cartera de Guerra y Marina. Después fue ascendido a la alta clase general de brigada que hoy tiene, pasando a formar parte del Consejo de Oficiales Generales.

Es autor de una interesante conferencia sobre la batalla de Miraflores, publicada en un folleto especial. Además ha colaborado en algunos diarios de la capital con artículos de índole militar bajo el seudónimo de «coronel P. P.».

El general Pizarro es el tipo del militar caballeresco, valeroso y austero cumplidor de sus deberes, así como leal a la causa a que se ha adherido, tiene una nota muy simpática en su foja de servicios, «no se ha alzado en armas contra ningún gobierno».

En la actualidad es senador por el departamento de Tacna su ciudad natal.

Esta es la distinguida personalidad del general don José R. Pizarro verdadero iberoamericano, uno de los más fervorosos defensores de la madre patria España a la que él venera con un entusiasmo poco común en estos lugares.



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Tomás M. Pizarro

Continuando nuestra labor de acercamiento espiritual de esta República con la madre patria, España, hoy presentamos al dignísimo y bizarro marino capitán de fragata don Tomás M. Pizarro.

Este patriota que es el tipo del marino caballeresco, valeroso y austero cumplidor de sus deberes, es la encarnación del marino hispano en cuya escuela supo beber la savia de la honradez del caballero y del marino legendario castellano.

El sentimiento nacional, el amor al santo hogar de la patria que lo vio nacer, donde se encarna y revela su fe y sus glorias, está retemplado   -189-   en la marina de la Madre Patria, cuna de tantos héroes que tienen inflamado el pecho con el fuego sagrado del patriotismo, y en esa gran escuela se nutrió su inspiración con abnegación sublime que seguramente lo conducirá algún día a la inmortalidad.

Este egregio ciudadano nació en la ciudad de Chachapoyas (departamento de Amazonas) el 31 de diciembre de 1884. Su vocación por la marina de guerra fue tal, que en 1900 ingresó a la Escuela Naval del Perú, saliendo de guardia marina en diciembre de 1903. En mérito a haber terminado tan brillantemente sus estudios, el gobierno del Perú lo envió con acuerdo del gobierno de Su Majestad Católica, a perfeccionar sus conocimientos y adquirir la práctica marinera y militar en los buques de la Real Escuadra Española, con la muy honrosa distinción de «por haber concluido satisfactoriamente sus estudios en la Escuela Naval del Perú». Llegado a la península ibérica, y previo examen, embarcó en la corbeta «Nautilus» (buque escuela), como guardia marina de segunda clase efectuando sus cruceros de instrucción por los mares de América, África y el Mediterráneo. Después de haber rendido examen, embarcó en el crucero acorazado «Cardenal Cisneros», pasando por naufragio de este buque, al acorazado «Carlos V» y después al acorazado «Pelayo» como guardia marina de primera clase. Vuelve a rendir exámenes en la fragata «Asturias» y pasa con la clase de alférez de fragata a la escuela de aplicación a bordo del «Lepanto», en el arsenal de Cartagena.

En 1906, cuando el matrimonio de Su Majestad el rey don Alfonso con la princesa Victoria Eugenia de Batenberg, desembarcó y fue a Madrid y tomó parte en el desfile militar de Carabanchel. Su correcta e inteligente actuación en la escuadra española le valieron ser condecorado con las cruces de segunda clase de la orden del Mérito Naval y con la medalla del Puente de Sampayo.

Terminados sus estudios de instrucción en la escuadra española, después de cuatro años de práctica, regresó al Perú, embarcando en el crucero «Lima» y formó parte de la comisión hidrográfica destinada a levantar los planos y cartas de las islas de Chincha. Con motivo de la movilización ordenada contra la República de Bolivia el año de 1909, se le nombra y desembarca como oficial de la artillería de desembarco de la escuadra. En el año de 1910 comanda en el Oriente peruano el aviso «Iquitos» de la flotilla fluvial y hace toda la campaña contra la República del Ecuador en el río Napo, y en el año de 1911, contra la República de Colombia en los ríos Putumayo y Caquetá. De regreso a la capital de la República, presta sus servicios en los cruceros «Coronel Bolognesi» y «Comandante Aguirre», como oficial de la artillería y detall respectivamente, saliendo para Francia a cargo del personal que debía tripular este último buque y como encargado de guardia-marinas. De vuelta a la patria pasó al Estado Mayor y después embarca como segundo comandante del crucero «Coronel Bolognesi» y trasportes   -190-   «Iquitos» y «Chalaco», realizando viajes a Inglaterra, costas de Chile, Patagonia, etc., hasta que se le nombra inspector general de artillería de la escuadra en el Estado Mayor General.

A sus indiscutibles méritos y gran confianza depositada en él, por el gobierno se le nombra comandante del crucero «Coronel Bolognesi» y toma parte como tal en los festejos del primer centenario del Perú (año de 1921). Con el mismo carácter de comandante es trasladado al crucero «Almirante Grau», donde actualmente presta sus servicios este distinguido jefe de la Marina de Guerra peruana. El gobierno del Perú lo ha condecorado con la medalla de segunda clase de la «Orden del Sol del Perú».

Estas son las líneas morales y sentimentales que más sobresalen en la personalidad del bizarro marino peruano capitán de fragata, don Tomás M. Pizarro, gran defensor de la madre patria, España, a la que él con mucho orgullo defiende, llamándola mi segunda patria, cantando siempre con entusiasmo, sus glorias inmarcesibles.



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Alberto Freundt Rosell

Hoy presentamos a los lectores de El Diario Español de Buenos Aires al doctor Alberto Freundt Rosell, que por la línea materna desciende del coronel de las Guardias Reales Española que en el siglo XVIII llegara al Perú en comisión del gobierno de Su Majestad Católica.

Nuestro biografiado es abogado desde el año de 1919, doctor en las Facultades de Jurisprudencia y de Ciencias Políticas y Económicas. En esta Facultad desempeña la cátedra de Derecho Consular y es notorio el hecho de sus tenaces esfuerzos por el aprovechamiento de sus alumnos.

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Va en la vía de constituir una gran clientela y puede vérsele entregado a defensas como las del Banco Italiano y las Empresas Eléctricas Asociadas de cuyos cuerpos jurídicos ha comenzado a ser miembro este joven y distinguido abogado.

Su título a estar en esta «Galería de honor», es su amor a España, primero por su estirpe, por la línea materna, cuyos progenitores fueron españoles; y segundo como lo reveló en diversos trabajos académicos, sobre las labores de la mujer y del niño, y sobre la condición jurídica de la mujer. Es secretario de la Junta de la Infancia; y en esas delicadas y honoríficas funciones, ha secundado con entusiasmo al Presidente de ella, doctor Pedro de Osma.



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Jesús Melecio Ponce

Persistiendo en nuestra labor para el acercamiento espiritual de esta República con la madre patria España, hasta conseguir algún día la formación de una gran confederación hispanoamericana, en que reunidas nuestras fuerzas y nuestras inteligencias puedan brotar una nueva ciencia, una nueva literatura; hoy presentamos en esta «Galería de honor» a los lectores de El Diario Español de Buenos Aires, al doctor Jesús Melecio Ponce, abogado de gran prestigio, fervoroso amante de la madre patria. Este distinguido peruano, nació en Lima el año de 1874 hijo del doctor Luis Ponce, juez de esta capital y de doña Juana de la Portilla. En 1905 se recibió de abogado y desde esa fecha se consagró con todo fervor y extraordinaria constancia al ejercicio de su profesión en la que ha obtenido ruidosos triunfos y ha hecho magníficas defensas.

Jesús Melecio Ponce, ocupa lugar de primera línea en el Foro Peruano después de veinte años de intensa y continua vida profesional, digna de servir de modelo a la juventud universitaria. Y sin embargo, el doctor Ponce no es profesor de la Universidad cuando   -194-   por su experiencia y por su ciencia, sería gran maestro de Derecho Civil, o de Derecho Comercial o de procedimientos, según podrían testificarlo sus colegas y sus clientes, pues el doctor Ponce no solo es perito en el arte de defender pleitos, sino lo es en las doctrinas jurídicas. Es verdad que al no ser profesor de la Universidad, se le ve en el mismo plano de grandes abogados peruanos que no quisieron llegar a ser catedráticos universitarios como Luciano Benjamín Cisneros, Francisco García Calderón, Emilio Forero, Mariano Nicolás Valcárcel, Manuel Pablo Olaechea y otros. En este campo estrictamente profesional se ha desenvuelto el doctor Ponce y ha llegado a ser en diversas ocasiones, miembro de la junta directiva del colegio de abogados y es el abogado que más ha contribuido a conseguir de los tribunales de justicia, fallos favorables a las víctimas de los accidentes del trabajo. En efecto, el doctor Ponce durante diez años con inquebrantable entusiasmo por la aplicación judicial de las leyes de responsabilidad de los empresarios por los accidentes del trabajo que ocurran a los obreros, y esta labor entusiasta, pertinaz y eficaz tiene el realce de haber sido «gratuita» y así ha podido contemplar un gran abogado, cuyo núcleo de clientela se encuentra en grandes casas de comercio y en sociedades anónimas; tener bastante independencia y bastante generosidad para amparar «gratuitamente» a quienes tienen que luchar con los capitalistas.

En sus defensas el doctor Ponce tiene además de sabios conocimientos y de probidad, el don de palabra. Es el tipo de orador por la fuerza de la argumentación; y tiene además el mérito de la concisión luminosa pues en breves palabras plantea, expone, demuestra y comprueba la justificación de la causa que defiende.

Esta clase de oratorias digna de recomendarse a los jóvenes, puede pues, decirse que el doctor Jesús Melecio Ponce es un maestro; y lo es al contemplar el ejemplo que ofrece de rehusar toda clase de funciones extrañas a la abogacía, y al confinarse en el ejercicio profesional, sin desdeñar, por eso los esparcimientos literarios con su colaboración en la prensa científica; debiendo recordarse que él fue en el Perú quien primero escribiera sobre el aplazamiento de las condenas en el juicio criminal sobre los «sursis», y el primero que también escribiera sobre la libertad provisional de los condenados, esto es, sobre los nuevos principios penales introducidos en Francia por el senador Berenguer.

He aquí diseñada a grandes rasgos las líneas morales y sentimentales de este distinguido peruano que da honra y gloria a su patria y por lo tanto a España, pues como todos saben, el Perú fue siempre la hija predilecta de la madre patria.



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Belisario A. Philipps

Prosiguiendo siempre con todo entusiasmo la presentación en esta «Galería de honor» de todos los peruanos ilustres amigos de España; hoy presentamos a los lectores de El Diario Español de Buenos Aires, a una de las personalidades más distinguidas por su talento, sabiduría y virtud, el canónigo monseñor doctor Belisario A. Philipps.

Entre los numerosos sacerdotes que por su sabiduría y virtud manteniendo los tradicionales resplandores de la iglesia peruana, ocupa destacado lugar, monseñor Philipps, alta dignidad del Cabildo Eclesiástico de Lima y Decano de la Facultad de Teología, cargo que por sucesivas reelecciones alcanzadas con el unánime voto de sus colegas, desempeña desde 1913.

El doctor Philipps, joven aun, revelose con poderosa mentalidad, y hoy en los 20 años de ejercicio sacerdotal, su mente ha adquirido nuevas fuerzas; su erudición en cuestiones teológicas y jurídicas es sorprendente;   -196-   su don de gentes le abre los espíritus y las voluntades; y su posición en la iglesia hace recordar el prestigio eclesiástico e intelectual de Roca y Yavar, de Huerta y Martínez; y le coloca al lado de los ilustrísimos obispos, monseñor García Irigoyen y monseñor Pedro A. Drinot y Piérola, figuras contemporáneas de la iglesia peruana. Realmente es necesario contemplar con complacencia la figura de monseñor Philipps, llamado en el presente y en el futuro a servir a la religión y a la ciencia, a la iglesia y al Estado, posición céntrica difícil de alcanzar y de mantener; y que monseñor Philipps alcanzó y mantiene por ser la suma síntesis del espíritu religioso y de la curiosidad científica, de las virtudes sacerdotales y del amor a la patria.

Esta aptitud intelectual y personal, débela efectivamente el doctor Philipps a su temperamento, pero las tendencias espontáneas de su siquis han entrado en acción por el medio propicio en que sellan desenvuelto en el Perú y fuera de él en el Perú, desde niño, llegado de la provincia de Huaraz, lugar de su nacimiento, descubriose en él la naturaleza privilegiada, que tenía para el estudio; y ahí en el Seminario que lleva el nombre de Santo Toribio Arzobispo de Lima obtuvo los premios de aprovechamiento y dio prueba de su aptitud ocasional para la vida del sacerdocio. Por eso fue profesor del Seminario de Santo Toribio cuando era un alumno de la Facultad de Teología; por eso obtuvo todos los premios en sus 6 años de estudios en esta Facultad; y por eso fue secretario de la Arquidiócesis de Lima en la época del arzobispado de monseñor García Naranjo desde 1907 a 1917. En estos diez años, fue el alto, leal, afectuoso y devoto colaborador de monseñor García Naranjo circunstancia que puso en evidencia sus excelentes dotes de buen gobierno y sencillez en su persona.

En esa época memorable él trajo al Seminario de Santo Toribio los misioneros españoles Hijos del Inmaculado Corazón de María, siendo el primer Rector el virtuoso R. P. doctor Tomás Sesé, que en el fotograbado lo señalamos con una X. Fruto del talento y virtudes de esos apóstoles de la fe y de la enseñanza, es esa pléyade de abnegados sacerdotes que se encuentran diseminados en la república y entre los que descuellan por su brillante actuación el doctor Fausto Linares. Dignidad de doctoral en el coro metropolitano y catedrático de Teología dogmática en la Facultad Mayor de San Marcos; Luis T. Márquez, vicario foráneo de Huancayo; Horacio González, canónigo y canciller del obispado de Ayacucho; Hernando Vega Centeno, rector del Seminario del Cuzco; Alberto Barrientos, rector del Seminario de Puno; Santiago Hermosa, canciller del obispado del Cuzco; Cesáreo Galindo, vicario foráneo de Azángaro; Alfonso Tello, párroco de Huánuco; Ángel Ruiz F. secretario de la Facultad de Teología en la Universidad Mayor de San Marcos y del Seminario de Santo Toribio; Carlos Manrique, ecónomo del mismo Seminario; Andrés Avelino Castillo, Notario de la curia eclesiástica, y Manuel del Carpio; todos ellos graduados en la Universidad de San Marcos y ninguno mayor de 35 años.

Hay muchos más, pero que no es posible incluirlos dentro del marco de esta pequeña biografía.

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La cultura de monseñor Philipps se acrecenta constantemente, y ha tenido entre sus más intensas fuentes, el tiempo que ha pasado viajando en Europa y en América.

Nuestro biografiado nació el 6 de agosto de 1879 y fue ordenado de sacerdote el 20 de diciembre de 1902. Es camarero secreto supernumerario de Su Santidad.

Decano y catedrático de la facultad de Teología; dignidad de Chantre del Coro metropolitano y miembro conspicuo de la Beneficencia Pública de Lima.

Monseñor Belisario Philipps es un prelado que honra a la iglesia del Perú. He aquí diseñada a grandes rasgos la importante personalidad de este distinguido iberoamericano que con su fe inquebrantable, sigue las huellas de aquellos apóstoles hispanos que llevaban desde la nave de su fe una cruz para la conquista de la América con la que ensancharon el mundo del cristianismo.



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[Misioneros españoles]


Los misioneros españoles hijos del Inmaculado Corazón de María en el Seminario de Santo Toribio.

 
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Hoy tenemos el honor de presentar a los lectores de El Diario Español de Buenos Aires, a cuatro de los sacerdotes formados por los misioneros españoles, y si no presento a más de ellos, es porque no he recibido las fotografías pedidas.


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Fausto Linares

El primero que ha alcanzado más alta dignidad en la Iglesia peruana, es el doctor Fausto Linares que es Canónigo Doctoral de la Basílica Metropolitana. Cursó la instrucción media en Arequipa, su ciudad natal en el Colegio Apostólico regentado por el reverendo padre Hipólito Duhamel y en el Seminario Conciliar de San Jerónimo de la misma ciudad. En el Seminario Central de Santo Toribio en Lima, hizo los estudios de Filosofía, Historia Sagrada y Teología y completó su educación sacerdotal en el Colegio Pontificio Pío Latino Americano. Optó   -200-   el grado de doctor en la Universidad Gregoriana en julio de 1916 y en agosto del mismo año recibió la orden del Presbiterado con dispensa de la edad canónica que le fue concedida por Su Santidad Benedicto XV de feliz memoria. En julio de 1918 se graduó de doctor en Sagrada Teología en la Universidad Mayor de San Marcos de Lima. Actualmente es catedrático de Teología Dogmática en dicha Universidad y de Historia Contemporánea en el Seminario de Santo Toribio de Lima.



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Luis Teófilo Marques

El segundo, doctor Luis Teófilo Marques, nació en Jauja en 1891. Hizo sus estudios en el Colegio de Jauja y los de Filosofía y Teología en 1908 hasta 1913 que se ordenó de sacerdote, optando los grados de bachiller y doctor en la Universidad de San Marcos de Lima. Fue secretario del señor obispo monseñor Drinot y párroco del Sagrario de Huánuco. Después fue nombrado vicario foráneo y párroco de Cerro de Pasco y en 1915 fue trasladado con igual cargo a Huancayo, en donde se encuentra actualmente. También ha ejercido el cargo de examinador prosinodal. Párroco consultor y miembro del Consejo de Administración de los bienes secos. En sus estudios sacerdotales mereció la Contenta de Bachiller.



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Ángel Ruiz F.

El tercero el doctor Ángel Ruiz F., nacido en Lima el 2 de agosto de 1895. Hizo sus estudios completos en el Seminario de Santo Toribio y recibió la orden del presbiterado el 19 de febrero de 1921. Optó los grados de bachiller y doctor en Teología en la Universidad Mayor de San Marcos, y actualmente es secretario del Seminario de Santo Toribio y de la Facultad de Teología en la Universidad Mayor de San Marcos.



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Carlos Manrique

El cuarto y último que presentamos es el presbítero Carlos Manrique nacido en Lima el 23 de junio de 1896, ordenándose de sacerdote el 19 de febrero de 1921; en la actualidad es ecónomo del Seminario de Santo Toribio.

Como quiera que estos señores presbíteros y los demás que menciono en la semblanza de monseñor Philipps han sido discípulos míos en el divino arte de la música, mi complacencia hubiera sido completa si a todos los hubiera podido presentar por igual, pero la falta de fotografías y datos perdidos no me lo han permitido.

Bien sabe el cielo que envidio la tranquilidad del alma de estos jóvenes sacerdotes y a la vez me alegro de que ninguno haya vacilado ni un momento en su vocación religiosa. En esa vida de heroicos sacrificios de constante abnegación en aras de la humanidad y de los hermanos en Cristo, podrán encontrar un bálsamo que apacigüe todas las pasiones de la juventud y que cicatrice todas las heridas del desengaño, porque es muy hermoso vivir en perpetua comunicación con el   -204-   cielo y sentir todos los días descender el espíritu de Dios a nuestras conciencias y mirar al mundo como una sombra que huye.

Todavía recuerdo en mi niñez, allá en Málaga, (España), aquellos días tranquilos en que, lleno el pecho de alegría y la mente de cariñosas ilusiones, subía con mi querido y recordado padre al santuario en que él se educara con los religiosos educacionistas, y después de orar, sentíamos más dulcemente correr la vida, aquella vida tan pura como el cielo diáfano y hermoso de Andalucía. Aun recuerdo que mi alma no estaba en mí y la veía cernirse sobre las flores como las mariposas, elevándose al cielo como las águilas.

Es que mi niñez, como la de casi todos los españoles, nuestra vida, en los primeros años ha sido puramente religiosa; adorábamos la religión en nuestro hogar y en nuestras fiestas y veíamos en las plazas de los pueblos de esa gente sencilla, pero pura, a los pobres jornaleros al volver de sus faenas, rezar a la puerta de la casa, como el navegante que, al descubrir desde lejos el Santuario de la Virgen, se arrodilla en su barco, seguro de que su manto habría sido en su ausencia el amparo de su mujer y de sus hijos. Creíamos también que el rumor de las hojas, de las olas, de las brisas, en fin de toda la Naturaleza, era una amorosa oración que todos los seres desde las aves hasta las estrellas, enviaban agradecidos al Creador.

¡¡Felices los que como vosotros, queridos discípulos, pueden vivir tranquilos y en perpetua comunicación con el cielo!!





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Ismael Portal

La personalidad del señor Ismael Portal, que hoy presentamos en esta «Galería de honor» a los lectores de El Diario Español, es digna de ser conocida y apreciada en su justo valor.

El señor Ismael Portal es uno de los escritores más fecundos, que más se esfuerzan por la cultura de su patria, y en estilo sencillo y ameno relata la vida, usos y costumbres de la colonia, que aun perduran en el ambiente nacional, a despecho del mestizaje, que esto explota como un motivo de especulación económica o política. El señor Portal es un verdadero descendiente de los españoles. Por sus venas circula la sangre noble y valerosa de aquellos titanes del siglo XVI, que con la espada y con la cruz ensancharon con sus conquistas el mundo del cristianismo; heredó de ellos la fe, pues es un verdadero creyente, y el valor, que lo puso a prueba en la batalla de Miraflores. Fue cabo 1.º en el batallón de la reserva, comandado por el coronel Ribeyro, del que pasó con el grado de subteniente, dado su comportamiento, al n.º 6   -206-   del coronel don Narolso de la Colina, batallón este que más se distinguió en esa sangrienta batalla.

El señor Portal sabe con esa honradez hispana, que la misión de un escritor es sumamente delicada, que sus deberes para con el público han de estudiarse con el más alto respeto, tanto a la sociedad como a la opinión; porque el que profana sus fueros, turba la paz de las ideas, de las conciencias y de las familias, trae sobre sí la maldición, el desprecio y la reprobación nacional.

Este distinguido peruano, que desde 1920 es director del diario católico La Tradición nació en Lima el 17 de febrero de 1863; es hijo del doctor don Juan Portal y Figueroa, senador en varias legislaturas, y de doña Carlota Espinosa y Monterrey, de distinguida ascendencia hispana. En 1886, comenzó su carrera administrativa, y en ella llegó en el ramo de hacienda, al alto puesto de vocal del Tribunal Mayor de Cuentas, que desempeñó durante diez años. Si, como funcionario público, mereció por su honorabilidad y competencia la honrosa distinción de que el congreso de 1918, por ley especial, le concediera goces de cesantía, jubilación y montepío, como periodista y publicista alcanzó muchos triunfos. Sus artículos de costumbres criollas y coloniales e historia, fueron muy solicitados por los diarios y semanarios de esta capital, y a menudo reproducidos en la prensa de provincias y del exterior.

Propuesto por un funcionario de la Corte Suprema de los Estados Unidos, en 1916, en vista de sus eruditos artículos sobre asuntos internacionales, fue elegido miembro de la Sociedad Americana de Derecho Internacional de Washington, con asiento en las conferencias anuales. Es autor de infinidad de obras; entre ellas citaremos: La fiesta española en el Perú, primer libro que se publicó en el país (1892) sobre las lidias de toros, (edición agotada). De Iquique a Puerto Caballas (1895) asuntos políticos, (agotada). Cuernos históricos (1897); esta obra tan original obtuvo el premio único en el concurso literario de ese año con motivo de las fiestas patrias de julio. Morir por la patria-José Olaya, premiado por la Municipalidad de Chorrillos con medalla de oro. Lima de ayer y hoy (1912) historia y costumbres del Perú (agotada). Bologensi y sus hijos (1917), interesante trabajo que dio a conocer al héroe de Arica en las diversas situaciones de su vida. La independencia del Perú (1917), fue premiada con medalla de oro. Lecturas históricas comentadas (1918). Cosas limeñas (1919); son 208 páginas del más legítimo sabor criollo colonial, ilustradas con acuarelas del célebre Pancho Fierro, mulato pintor nacional de costumbres populares de la época de la colonia, y Lima religioso, este libro que seguramente será el más importante de los que lleva publicados Portal, va a entrar en prensa. Ha colaborado en casi todos los diarios de Lima, especialmente en El Comercio y La Prensa; fundó en 1895. El Tiempo, y, también, fue uno de los fundadores del semanario Actualidades del que se conserva buen recuerdo. Es miembro del Instituto Histórico del Perú.

En asuntos taurinos, su pseudónimo «El duque de Veraguas» usado   -207-   desde 1890, cobró gran prestigio y se impuso a la afición, saliendo siempre victorioso en las polémicas que sostuvo en pro del espectáculo.

Portal ha escrito mucho sobre Lima, gran parte de ello con el pseudónimo de «El Centinela de la Ciudad» que inspiró vivo interés cuando apareció en las primeras producciones.

Su labor patriótica, perseverante y siempre altiva, en pro de la reincorporación de las provincias detentadas por Chile, le valió la siguiente apreciación del batallador periódico peruano establecido entonces en Tacna, La Voz del Sur, en su número del 31 de diciembre de 1907 y colocada al pie de su retrato: «Ismael Portal, bastante joven por sus años, es un viejo en su manera de ser y de escribir. Modesto, trabajador, estudioso y correcto en todo, su personalidad es de las más simpáticas entre la intelectualidad joven del Perú. Quizá el país no sabe todo lo que vale Portal, por su propia culpa, pues gusta más del trabajo que del aplauso».

Propagandista fervoroso, desde hace largos años, de la idea de erigir en esta capital un monumento al eminente marino francés, almirante Du Petit Thouars, de quien se guarda en el Perú, especialmente en Lima, la más santa memoria, el señor Portal acaba de merecer el nombramiento de Presidente de la comisión que deberá encargarse de dicha obra.

En 1920, hizo un viaje a los Estados Unidos, y llevó de la prensa de Lima un mensaje de saludo a la de aquel país, que tuvo un éxito notable, especialmente en Washington, Nueva Orleans, Baltimore y Nueva York.

Estas son las líneas morales y sentimentales de este egregio peruano, que con tanto entusiasmo ha defendido en todo momento las glorias de la madre patria España, a la que él siempre ha tenido filial devoción.



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