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Ana Pelegrín

Apunte autobiográfico de Ana Pelegrín

Pretender que Ana Pelegrín pergeñe una biografía al uso es tarea difícil. Una mujer que fundamenta su trabajo en la emocionalidad no podía hacer otra cosa con su propia vida que contarla a partir de las emociones que rodearon cada etapa. Las frases siguientes extraídas de la entrevista enmarcan algunos momentos de su biografía.

Acabado el parvulario, mis padres se trasladan la provincia de Córdoba y allí hice los estudios primarios y la universidad.

A finales de los 50, vengo becada a España porque quería hacer una especialidad de teatro infantil; comprobé que no existía y entonces empecé Arte Dramático.

Vuelvo a Córdoba, una ciudad universitaria. Estoy casada con un músico electrónico (que actualmente da clase en La Sorbona). Nuestra casa estaba cerca de la Universidad y siempre estaba llena de arquitectos, músicos, gentes de teatro. Eran los 60 y Argentina era un país lleno de iniciativas. Acabo la carrera (Filología Hispánica) y como descubrí que era una mujer de teatro, levanto con un grupo de gente la escuela de teatro de la universidad, en la que yo impartía las clases de análisis de texto.

En el 64, el Consejo de Educación de Córdoba me propone que diseñe una enseñanza sobre educación artística y organicé un curso de formación para educadores, sobre teatro infantil.

Aquello duró hasta el día en que tuve que correr con mi hijo delante de la policía a caballo; decidí que no se podía vivir en un país así.

Antes había decidido venir a España, por un par de meses; se convirtieron en 30 años y durante 12, no volví a Argentina.

Me jubilé el año pasado, después de más de tres décadas dando clases en el INEF.

Ana asegura que su formación procede tanto de una educación reglada (es doctora en Filología) como de la no reglada que adquirió a fuerza de relacionarse con gente de ámbitos dispares. Posee una curiosidad inmensa y una fascinación por el conocimiento y la memoria.

«Entrevista a Ana Pelegrín», Cuadernos de pedagogía, n.º 358, junio de 2006.