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Antonio Martínez Sarrión

Semblanza crítica

Antonio Martínez Sarrión (Albacete, 1939) cursó el bachillerato en su ciudad natal, desde donde se trasladó a Murcia para estudiar Derecho. Licenciado en 1961, en 1963 estableció su residencia en Madrid, donde trabajó como funcionario público en varios puestos de la Administración. Por lo demás, su biografía exterior se ciñe a su condición de hombre de letras, que se dio a conocer como poeta para ir ampliando, años después, su ámbito de escritura a la crítica, el ensayo, la edición de textos y el memorialismo. Es en este último campo donde ha brillado más en su madurez, tanto en sus volúmenes diarísticos como en la trilogía en que recrea los años de su infancia (Infancia y corrupciones, 1993), de su formación universitaria (Una juventud, 1996) y de su asentamiento en la vida literaria (Jazz y días de lluvia, 2002). Es también un notable traductor (Baudelaire, Genet, Leiris, Musset, Hugo, Chamfort, Jaccottet, Rimbaud).

Su primer libro de poemas, Teatro de operaciones, es de 1967. En 1970, coincidiendo con su segundo libro -Pautas para conjurados-, apareció la antología de José María Castellet Nueve novísimos poetas españoles, que revolucionaría el panorama literario del momento, y entre cuyos autores figuraba él, dentro del subgrupo de los seniors. Entre 1974 y 1976 codirigió, con Jesús Munárriz y José Esteban, La Ilustración Poética Española e Iberoamericana, revista de poesía de la que aparecieron doce números. La primera reunión de su obra poética tuvo lugar en 1980, bajo el título de El centro inaccesible, con estudio introductorio de Jenaro Talens. Posteriormente no ha vuelto a editar poesías completas, aunque hay dos antologías que recogen buena parte de su obra hasta el momento de publicación de las mismas: Antología poética, edición de Juan Carlos Gea (1994), y Última fe (Antología poética 1965-1999), edición de Ángel L. Prieto de Paula (2003).

Aunque en su poética hay determinadas constantes temáticas y estilísticas, la evolución vivida a lo largo de tantos años de creación es muy evidente. Su primer libro presentaba una serie de estampas relativas a su educación sentimental, en torno a ciertas notas de época y con un lenguaje formado mediante pinceladas sueltas y sin apenas conectores gramaticales. Los libros estrictamente generacionales -Pautas para conjurados, Una tromba mortal para los balleneros- son un recuento de los temas, iconos y mitos sesentayochistas (cultura cinematográfica, drogas, música, irracionalismo surrealista...), y finalmente una constatación de la muerte de aquellos sueños y de la inexistencia de cualquier posible paraíso.

A partir de ese punto de inflexión, el poeta tiende hacia una mayor transparencia expresiva, que en Horizonte desde la rada y De acedía muestra las dos facetas anímicas, complacencia y acidez, que marcan este período biográfico. La síntesis entre cultura y vida alcanza su momento más feliz en Ejercicio sobre Rilke, en que un texto del poeta de Praga sirve de base a un repertorio de recuerdos, pensamientos y estampas de su vida. Cantil puede considerarse un paréntesis en la evolución poética del autor: a partir de un cuadro de Böcklin, La isla de los muertos, el autor construye un poema de gran densidad culturalista y un imponente sentido funeral, aunque el libro es también un ejercicio manierista donde relumbra la rica panoplia de recursos de un poeta en la cima de su madurez. Los últimos títulos, de un lenguaje más llano y sin apenas aderezos ornamentales, son un compendio de temas, actitudes morales y referentes literarios y artísticos aplicados a una reflexión sobre la vejez, bien en clave dominantemente estoica (Cordura), bien como homenaje a la tradición literaria occidental y oriental (Poeta en diwan).

Ángel L. Prieto de Paula