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Arcipreste de Hita

Presentación

Juan Ruiz era arcipreste de Hita hacia 1330 y se había formado en el entorno de la escuela catedralicia de Toledo. Desempeñó cargos eclesiásticos por tierras castellanas y alcarreñas, y formó parte del séquito del arzobispo Gil de Albornoz, con quien mantuvo relaciones encontradas. A esa personalidad de clérigo secular y arcipreste, se le une tal vez una infancia y adolescencia un tanto novelesca, que quiere hacerle hijo del caballero palentino Arias González de Cisneros y de una cristiana cautiva, prisioneros del rey de Granada en Benzayde (Alcalá la Real).

La obra que le ha dado fama universal es el Libro de buen amor, uno de los textos poéticos más originales de toda la Edad Media. Sin que se la pueda encajar en ninguna de las series literarias conocidas, la obra viene a ser una síntesis de toda la literatura anterior, un compendio de temas y de géneros que venían inspirando a los poetas medievales. Es lo primero una narración autobiográfica protagonizada por un arcipreste, pertinaz amante, que defiende junto al buen amor el naturalismo amoroso, y que no cosecha sino fracasos en sus aventuras con diversas mujeres de distinta condición (de la panadera Cruz a las serranas, la mora o la monja doña Garoza), a pesar incluso de las intervenciones sagaces de la vieja Trotaconventos. En ese relato se integran largos episodios alegóricos, muy del gusto de época, como los debates con don Amor y con doña Venus, la batalla de Carnal y Cuaresma o el recibimiento triunfal de don Amor. Al mismo tiempo, se van insertando en su discurrir diverso número de digresiones didácticas, de fábulas de la tradición esópica y cuentos de fuentes legendarias varias, así como algunas composiciones líricas, religiosas y profanas, que alternan con la cuaderna vía en que está escrito mayoritariamente el libro.

El Arcipreste, que poseía una amplia formación latina, doctrinal, jurídica y musical, escribía ciertamente para un público culto, de clérigos y fieles. Pero no deja de dar cabida en su obra a la cultura popular, tanto en el tratamiento de temas como de algunas formas del discurso. Manifestación de esa cultura popular es la continua presencia de la fiesta, que ordena el tiempo y la vida de las gentes. Todas las que menciona son fiestas muy celebradas, carnavalescas, de alegría, de júbilo y alborozo, con gran presencia de la multitud, de festejos, músicas, bailes y comida, y a todas las preside la gran celebración de Carnaval, que el autor presenta en abierto combate con Cuaresma. Entre las formas expresivas, junto a la ambigüedad muy manejada en todo el libro, la parodia es el procedimiento que más eficazmente interpreta Juan Ruiz para dar cuenta de su visión del mundo jubilosa y mordaz, crítica y jovial al mismo tiempo.

En esta plataforma virtual se ofrece, en primer lugar, una introducción al autor y su obra, que puede servir de guía para quienes quieran adentrarse en tan rica y compleja personalidad. En otro apartado se hace relación de los manuscritos y ediciones del Libro de buen amor, y se presentan digitalizados los tres manuscritos principales y algunas ediciones (Ducamin, Cejador, Chiarini). Sigue luego una amplia bibliografía con los estudios monográficos y artículos más relevantes y actualizados, muchos de los cuales se ofrecen también digitalizados. Se completa el trabajo con una copiosa selección de imágenes ilustrativas y de enlaces complementarios.

Miguel Ángel Pérez Priego
UNED