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Biblioteca Histórica Municipal de Madrid

El fondo de teatro clásico español

Autógrafos de Calderón de la Barca

Primera página del manuscrito «La hidalguía del valle», de Pedro Calderón de la Barca.La joya bibliográfica por excelencia de esta institución la constituyen los originales de veintitrés autos sacramentales autógrafos de Pedro Calderón de la Barca. Y es que el Concejo de Madrid encargó al dramaturgo setenta autos para su representación en las fiestas del Corpus por las calles madrileñas. De ellos únicamente han llegado hasta nosotros un poco más que una veintena en una copia en limpio realizada por el propio Calderón entre 1665 y 1670, seguramente como material para una edición que todavía hoy no identifican los especialistas. Estos textos literarios permanecieron en el Archivo de Villa hasta la creación de la Biblioteca Municipal y en el acta del acuerdo de constitución de la misma se cita expresamente que deberán pasar a la Biblioteca.

Los 23 autos sacramentales están encuadernados en dos tomos. El primero contiene trece autos: El valle de la zarzuela; El viático cordero; La cura y la enfermedad; La devoción de la Misa; La hidalguía del valle; La inmunidad del sagrado; Triunfar muriendo; La vacante general; Las espigas de Ruth; Lo que va del hombre a Dios; Mística y Real Babilonia; Psiquis y Cupido y Tu prójimo como a ti.

En el segundo tomo, del que hasta 1992 se dudaba de su autenticidad, se albergan otros diez  autos sacramentales: A Dios por razón de estado; A María el corazón; El año santo de Roma (1.ª parte); El diablo mudo; El divino Orfeo; El laberinto del mundo; El lirio y el azucena; El pintor de su deshonra; El pintor de su deshonra y la probática piscina y El Sacro Parnaso.

Desde 1992 el Grupo de Investigación del Siglo de Oro de la Universidad de Navarra ha publicado en la editorial Reichenberger ediciones de dieciséis de estos autos utilizando como fuente textual los manuscritos autógrafos conservados en nuestra Biblioteca. Estas ediciones han sido preparadas por algunos de los mejores especialistas en el teatro del Siglo de Oro.

Colección Lope de Vega

En 1963 se incorporó la Colección Lope de Vega comprada al coleccionista catalán Ricard Viñas Geis. De gran valor bibliográfico, se compone de 325 obras en 421 volúmenes. Entre sus piezas significativas cabe destacar dos de la más tempranas obras impresas de Lope de Vega: la novela pastoril Arcadia (Madrid, Luis Sánchez, 1598) e Isidro, poema castellano, del mismo impresor y librero.

Como ejemplar único en España es necesario citar la primera edición del Arte nuevo de hacer comedias, pequeño tratado de once hojas incluido al final de las Rimas, publicado en Madrid por Alonso Martín en 1609. Lope de Vega diseña en esta obra una forma de hacer teatro basado en los gustos del público de los corrales madrileños para los que él mismo componía.

También de los centenares de comedias que llegó a escribir conserva la Biblioteca nutridas ediciones impresas en el siglo XVII, y alguna de ellas es edición princeps. Están presentes en esta colección numerosas ediciones de su obra poética y narrativa, así como obras dedicadas a Lope de Vega tras su muerte.

La colección posee además un gran valor artístico al estar encuadernados la mayor parte de los ejemplares que la conforman por uno de los mejores artífices de la encuadernación en España del pasado siglo, Emilio Brugalla Turmo.

Colección de Teatro y Música de escena

Cartel que anuncia la representación de una comedia en el Coliseo de la Cruz.Esta colección conservada hoy en la Biblioteca Histórica es una de las principales fuentes documentales para el estudio del Teatro y de la Música en España, en especial del siglo XVIII y primera mitad del XIX, pero además permite también el conocimiento e investigación de todo lo relativo a la puesta en escena. Sin duda esta colección constituye otro de los grandes tesoros patrimoniales conservados por el Ayuntamiento de Madrid.

Los primeros recintos estables para la representación dramática se construyeron en Madrid a finales del siglo XVI promovidos por las cofradías de la Sagrada Pasión y de Nuestra Señora de la Soledad. Estas hermandades tenían el monopolio de la actividad teatral y, con el beneficio obtenido, ayudaban a sostener el mantenimiento de los hospitales de la Villa. El corral de la Cruz y el del Príncipe, convertidos posteriormente en modernos coliseos y teatros, fueron el escenario de casi toda la producción comercial teatral en Madrid hasta mediados del siglo XIX.

Desde los primeros años del siglo XVII fueron tutelados por el Ayuntamiento, que intervino primero como arrendatario de los corrales a los autores de comedias, y a mitad de la centuria siguiente, se convirtió en administrador directo de todos los aspectos relacionados con el teatro: arreglo de los edificios, contratación de las compañías, pago de sueldos a los actores, programación de espectáculos, etc. Desde ese momento se preocupó también de preservar el repertorio de los teatros. Esta es la razón por la que el núcleo del fondo corresponde a las producciones dramáticas desde mediados del siglo XVIII hasta 1859, fecha en que se derriba el teatro de la Cruz adonde habían ido a parar los originales manuscritos y partituras, cuando el teatro clásico ya no interesaba, conservándose a partir de entonces en el recién creado Archivo General de la Villa y trasladados en 1898 a la Biblioteca Municipal, gracias a la intervención del segundo director de la misma, Carlos Cambronero.

La colección contiene el repertorio utilizado para los montajes en los teatros de la Cruz, Príncipe y Caños del Peral -que por circunstancias especiales también se encontraban en el teatro de la Cruz en el momento del traslado de las piezas-. Está formada por casi 15.000 apuntes de teatro de todos los géneros dramáticos: comedias, dramas, autos sacramentales; con una abundante representación de los géneros breves: entremeses, sainetes, etc.; y 5.900 obras musicales: 312 óperas, casi un centenar de zarzuelas, más de 2.000 tonadillas, bailes, jácaras, música para sainetes, etcétera.

Los apuntes de teatro, que pueden ser manuscritos o ejemplares de una edición impresa,  son los cuadernos de dirección que contienen además del  texto dramático las acotaciones al margen con cambios de decorados, entrada de actores, supresión o añadido de versos, etc. Eran utilizados por los apuntadores, el tramoyista o el director de la compañía o autor. Conservan también muchos de ellos las censuras, civil y eclesiástica, necesarias para poder ser representada una obra y la autorización del corregidor de Madrid, quien era la máxima autoridad de la Junta de Teatros. Entre los manuscritos se encuentran autógrafos de nuestros grandes dramaturgos: Enríquez Gómez, Ramón de la Cruz, Bretón de los Herreros, Hartzenbusch…

Ya se ha señalado que la mayor parte de las obras dramáticas y musicales datan del siglo XVIII y primera mitad de la siguiente centuria. Sin embargo, el teatro clásico español está aquí representado en copias posteriores, puesto que hasta bien entrada la década de los sesenta del setecientos triunfaron entre el público de los corrales las reposiciones de autores barrocos. Calderón fue el dramaturgo más interpretado y el de mayor éxito. En la Biblioteca Histórica se conservan 156 títulos de obras calderonianas. También fueron muy exitosas, y por ello se conservan numerosos apuntes teatrales, las obras de Lope de Vega o las de Agustín Moreto. Hay que destacar la atribución reciente de un manuscrito autógrafo de Admirable mayor prodigio de la misas de San Vicente Ferrer de Antonio Enríquez Gómez.

Comedia «Como padre y como rey», año 1634.José de Cañizares y Antonio de Zamora escribieron comedias nuevas a imitación o inspiradas del Barroco en una corriente de teatro tradicional. Zamora fue autor de varias zarzuelas alegóricas conservadas en la Biblioteca Histórica como Viento es dicha de amor con música de José de Nebra. Proliferaron las refundiciones, continuaciones o arreglos de obras anteriores. Pero paulatinamente el público comenzó a demandar montajes donde la maquinaria y el decorado, el teatro, dieran mayor espectacularidad a la función.

También fueron muy populares entre el público las comedias de enredo, de figurón, de santos, heroicas, mitológicas y de magia. Otros autores dieciochescos presentes en nuestra colección son Gaspar Zavala y Zamora, Antonio Valladares y Sotomayor, Manuel Fermín Laviano, Fermín del Rey, José Concha, Manuel del Pozo, y el más prolífero y de mayor abundancia en nuestro fondo, que es Luciano Francisco Comella.

A finales del siglo XVIII se produce un tímido cambio reformista hacia la estética neoclásica que chocó con los dramaturgos  tradicionales. Pocos años después el público empezará a aceptar esta nueva forma de teatro. Tomás de Iriarte y Leandro Fernández de Moratín son los representantes por excelencia de la comedia neoclásica.

Paralelamente a estas dos corrientes teatrales se desarrolló un teatro costumbrista de gran popularidad, con los géneros  breves, que se incluían como elementos dinamizadores en los entreactos de las jornadas, o en el comienzo y final de la obra para dar mayor espectacularidad y diversión. No olvidemos que la gran mayoría del público asistente a los corrales lo hacía para pasar un buen rato. La expresión más genuina de estos géneros es el sainete que, de la mano de Ramón de la Cruz, adquirió características específicas y renovadoras; obtuvo tan extraordinario aplauso que algunos de los personajes descritos pronto se convirtieron en estereotipos de los tipos madrileños de la época. La Biblioteca Histórica Municipal atesora más de trescientos sainetes compuestos por de la Cruz, muchos de ellos en manuscrito autógrafo, rubricados, identificados y editados en un catálogo por Carlos Cambronero en 1900. De muchos de estos sainetes se conservan partituras para acompañamiento musical.

En cuanto a la música escénica, puede decirse que el siglo XVIII es el período histórico en que con mayor propiedad puede hablarse de teatro musical español. Ya hemos ido viendo cómo comedias y sainetes podían estar adornados por acompañamiento y números musicales especialmente escritos para la ocasión por los músicos de las compañías. La música que siempre ha acompañado los festejos populares, religiosos o cortesanos va a ir adquiriendo mayor protagonismo en las representaciones teatrales desde los dramaturgos del Siglo de Oro, y va a posibilitar la configuración de los géneros líricos por excelencia como la zarzuela o la ópera, que utiliza la música como único lenguaje expresivo. No se conserva en la Biblioteca Histórica  ninguna obra musical original del siglo XVII, sin embargo sí existen partituras de autores del setecientos para reposiciones en los corrales de los autores barrocos. Hay obras musicales para montajes de Calderón, Vélez de Guevara, Tirso de Molina, Rojas Zorrilla, Pérez de Montalbán o Cañizares, escritas por los músicos de la época y adaptados a la moda imperante.

Otras colecciones teatrales

1. Fondo Mesonero Romanos

En el lote inicial de la Biblioteca Municipal, comprado como ya se ha citado a Ramón de Mesonero Romanos, había casi setecientas obras dramáticas, en especial comedias: sueltas, o desglosadas de partes de colecciones de varios autores o de un dramaturgo en particular. También figuraban algunos manuscritos de época o copiados por el mismo Mesonero Romanos.

Como muchos otros volúmenes de este lote fundacional proliferan obras de autores madrileños: Lope de Vega, Tirso de Molina, del que debemos destacar una obra rarísima en ejemplar mútilo Los cigarrales de Toledo, o Pedro Calderón de la Barca. De este último ingresó en nuestra institución la edición de los Autos sacramentales preparada por de Pando y Mier e impresa en Madrid en 1717.

Todo este conjunto de libros fue registrado en 1877 bajo el título: Catálogo de los libros de la Biblioteca Municipal a su instalación a 1.º de mayo de 1876 y constituye su primer catálogo.

El Ayuntamiento compró en 1941 a los herederos del estudioso y coleccionista de obras del Siglo de Oro  otro conjunto de comedias formado por 386 ediciones. Formaban parte también diecinueve manuscritos teatrales, alguno en copia original del siglo XVII como Travesuras son valor, de Agustín Moreto, o El vencedor de sí mismo, de Baltasar Funes y Villalpando, también en copia del mismo siglo. Hay que destacar veintidós impresos raros y  tres ediciones desconocidas de obras de Agustín Moreto, otras de Francisco de Leiva Ramírez de Arellano, Luis Vélez de Guevara o Cristóbal Monroy. Se trata, por tanto, de un fondo que reúne  una parte representativa de la historia del teatro español de los siglos XVII y XVIII.

Nos encontramos aquí con obras que gozan de gran interés por haber pertenecido, además, a la colección personal de Ramón de Mesonero Romanos y que él mismo atesoró en su propia casa hasta su muerte. Esta colección ingresó en la Biblioteca Histórica en 1998 tras una azarosa estancia en varias dependencias municipales. En 2009 la Biblioteca Histórica ha publicado el catálogo de este conjunto de obras en: Catálogo de Teatro de la Biblioteca Histórica de Madrid. Fondo Mesonero Romanos a cargo de dos expertos en teatro antiguo español: los profesores Ubaldo Cerezo de la Universidad de Alcalá y Rafael González Cañal de la Universidad de Castilla-La Mancha.

2. Donaciones de particulares

Primera página del impreso de la comedia «El Joseph de las Mugeres», de Pedro Calderón de la BarcaPor último, hay que referirse a otras donaciones que la institución municipal madrileña recibió entre finales del siglo XIX y principios de la centuria siguiente. Eugenio Hartzenbusch donó dieciocho volúmenes con doscientas veintinueve COMEDIAS ANTIGUAS, según reza el tejuelo en el lomo de cada uno de los tomos. Otros dos volúmenes, rotulados bajo OBRAS DRAMÁTICAS FIRMADAS, son ejemplares de obras de autores coetáneos con dedicatorias a su padre, Juan Eugenio Hartzenbusch: Manuel Bretón de los Herreros, Eduardo Asquerino, Luis de Olona, Carlos García Doncel y Luis Valladares y Garriga, etc. Un último tomo está dedicado exclusivamente a obras del autor madrileño del Siglo de Oro Juan Pérez de Montalbán.

En 1884 se recibió una donación de 674 obras dramáticas pertenecientes al actor Ramón de Guzmán que se incluyeron en la ordenación de las obras procedentes de los teatros de la Cruz y Príncipe.

Del siglo XX debemos destacar a José Santa María de Hita quien legó en 1908 a la Biblioteca una nutrida colección de 294 comedias, que fueron descritas en el Apéndice número 4 del Catálogo de la Biblioteca Municipal, publicado en 1916.