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Biblioteca de Literatura Infantil y Juvenil

El sastrecillo valiente - videoteca Ficha de la obra

Hace mucho tiempo, vivía un sastre en un edificio, donde trabajaba cosiendo. Un día, en la calle, oyó a una mujer gritar que vendía mermelada fresca.

El sastrecillo, al oírla, se asomó a la ventana y la llamó, porque quería comprar mermelada.

La mujer le dijo:

-Ahora voy. 

Y subió las escaleras con la cesta, hasta llegar a la puerta de la casa del sastrecillo. La mermelada olía muy bien.

El sastrecillo dijo:

-Quiero tres cucharadas, nada más.

La mujer, sorprendida, porque quería comprar tan poca mermelada, le sirvió una, dos y tres cucharadas y, después, se marchó.

El sastrecillo preparó una hogaza de pan, cortó una gran rebanada y la untó con aquella mermelada, que olía tan bien. Pero, al poco, la rebanada de pan se llenó de moscas revoloteando.

-Fuera, decía. Pero las moscas continuaban allí.

Enfadado, pensó:

«Voy a coger un paño y a darles un golpe». Así lo hizo… y mató a siete.

-Maté a siete de un golpe, dijo sorprendido, estoy orgulloso de mi hazaña y tengo que ir a contárselo a todo el mundo.

Pero antes, se fue a una tienda de cinturones de cuero y allí hizo grabar en un cinturón una frase:  «Maté a siete de un golpe».

Cuando terminó, se puso el cinturón y se fue a recorrer el pueblo a contar la gran noticia.

Iba al bosque, pero antes, compró un pedazo de queso y lo guardó en su bolsillo, por si le entraba el hambre. Siguió caminando y, en un árbol, vio un pajarillo al que también guardó en el bolsillo, por si acaso. Al poco tiempo se encontró a un gigante grande y feo que le preguntó:

-¿Adónde vas?

-A ver mundo, ¿quieres acompañarme?

-¿Contigo? No me hagas reír. Tú no vales para nada.

-¿Qué yo no valgo para nada?, dijo el sastrecillo.

-¡Mira lo que pone en mi cinturón! ¡Lee bien!

El ogro se agachó y leyó con sorpresa aquella frase.

-No es posible, eres un hombre muy pequeño y no eres nada fuerte. No puedes haber matado a siete personas de un golpe. Me extraña.

Los dos continuaron hablando y al ogro se le ocurrió una prueba.

Cogió una piedra del suelo y la estrujó hasta que hizo caer varias gotas de agua.

-A ver si puedes  hacer lo mismo, le dijo el sastrecillo.

-¿Yo? ¡Verás!

Sacó de su bolsillo el queso y, al poco tiempo, cayeron varias gotas de agua.

Rabioso el ogro siguió pensando en otra prueba.

Le dijo: -Espérate. Cogió una piedra del suelo y la lanzó muy, muy lejos, hasta que cayó.

¿Eso?, dijo el sastrecillo. -He visto caer la piedra. Es muy fácil, ¡ahora verás!

Metió la mano en el otro bolsillo y lanzó al pajarito, que se perdió a lo lejos hasta que el gigante lo vio desaparecer.

-No puede ser, dijo el gigante.

-¿Ves aquel árbol? ¿Podrías ayudarme a cargarlo?

-De acuerdo, dijo el sastrecillo.

-Tú te encargarás del tronco y yo de la copa, que es mucho más grande.

-Vale, contestó el ogro. Y se echó al hombro el tronco del árbol y empezó a caminar.

El sastrecillo, detrás, sujetaba la rama mientras caminaba. Se sentó al poco tiempo en ella y se quedó profundamente dormido.

El ogro sudaba por el esfuerzo y, al poco tiempo, dijo:

-No puedo más, estoy muy cansado y necesito descansar.

El sastrecillo al oírlo se despertó y saltó rápidamente al suelo. Los dos continuaron su camino. El ogro vio algo que le dio una idea  y le dijo al sastrecillo: -¿Ves aquel cerezo que está a lo lejos? ¡Vamos!

Empujó el tronco del cerezo hasta que este se dobló, llegando casi al suelo. El sastrecillo cogió una rama y, en ese momento, el gigante soltó el árbol, de manera que el sastre voló por los aires hasta caer al suelo.

-¿Lo ves? Tú no eres nada fuerte, no eres capaz ni de sujetar una rama.

-¡Pues claro que podría! Lo que pasa es que me apetecía volar, dijo el sastrecillo.

-¡Qué rabia le dio al gigante!

Entonces, el sastrecillo dijo:

-¿Podrías tú saltar a la copa de este árbol?

-Claro que soy capaz.

El gigante echó a correr, pero tropezó con las raíces del árbol y cayó al suelo perdiendo el sentido.

Casualmente, el Rey y un grupo de personas paseaban por allí y le preguntaron al sastrecillo:

-¿Qué haces aquí?

-Nada. Simplemente estaba dando una lección a este ogro.

-¡Muchas gracias! Durante muchos años el ogro ha atormentado a nuestro reino, causando un montón de problemas a todo el pueblo ¡Te mereces un premio!

Y le dio una bolsa llena de monedas de oro.

El sastrecillo se quedó muy agradecido.

Días más tarde, todo el pueblo hablaba de aquella hazaña del Sastrecillo Valiente, que había dado una gran lección al ogro.

El sastrecillo se hizo famoso y fue feliz para siempre jamás.

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.