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Cátedra Valle-Inclán

Introducción a la vida y obra de Valle-Inclán

Por Margarita Santos Zas
(Directora de la Cátedra Valle-Inclán de la USC)

El Círculo Muruáis

El retorno de Valle-Inclán a esta pequeña capital de provincia, en la que permanecería dos años, supone el reencuentro con una figura singular: el erudito pontevedrés Jesús Muruáis, catedrático de lenguas clásicas en Enseñanza Media y dueño de una magnífica biblioteca, en torno a la cual reunía una selecta tertulia. Esta cosmopolita biblioteca, de la que Valle-Inclán se nutrió esos años, ocupaba la primera planta de la popularmente conocida «Casa del Arco», y alternaba en sus anaqueles clásicos de la literatura gallega con las últimas novedades de la europea, además de revistas literarias y gráficas parisinas, a las que Muruáis estaba suscrito, que muy posiblemente familiarizaron a Valle con la iconografía Art Nouveau.

Su primer libro Femeninas (1895), acusa ese bagaje de lecturas que definen el decadentismo fin de siglo y responden al principio estético de l'art pour l'art. En las Seis historias amorosas, que componen el libro, se advierte un premeditado deseo de escandalizar; de ahí el cultivo intencionado de lo morboso: el incesto, la violación, el suicidio, el adulterio...; pero las más de las veces domina un toque más frívolo que dramático, con un esteticismo artificioso, que apunta ya en la dirección de las Sonatas.

1916: «La Lámpara Maravillosa. Ejercicios espirituales». Dedicatoria a Joaquín Argamasilla de la Cerda. Madrid, SGEL, Imp. Helénica, 1916. Opera Omnia, I (colofón: 8-02-1916), 264 págs. [Ilustración III, por Ángel Vivanco]La inquietud de Valle-Inclán no encuentra en Pontevedra los cauces adecuados. Don Ramón se adentra por territorios esotéricos y se intensifica su interés por las ciencias ocultas, una afición manifestada desde 1892, que por otra parte estaba muy extendida en los ambientes intelectuales finiseculares. Artículos y conferencias tempranos muestran esa atracción, incentivada por la posterior amistad con Rafael Urbano y Roso de Luna, que va a adquirir pleno sentido en La Lámpara Maravillosa (1916).

Pero Valle-Inclán, guiado por un deseo de nuevos horizontes, a mediados de abril de 1895 se marcha a Madrid, donde se instala definitivamente, salvo las interrupciones debidas a sus viajes tanto fuera como dentro de España y su retorno a Galicia en 1912, en donde permanece largas temporadas, que alterna con otras en la capital hasta 1925, en que con su familia retorna a Madrid.