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Editores y Editoriales Iberoamericanos (siglos XIX-XXI) - EDI-RED

La edición en España

Al iniciarse el siglo XIX, España comenzó un lento proceso de transformación del mundo editorial que pasaría del llamado «antiguo régimen tipográfico» a las formas modernas de la industria editorial. Por lo que respecta a la figura del editor, este proceso se manifestó en dos grandes aspectos: la metamorfosis de la figura del impresor-librero en la del editor y la evolución desde un modelo de empresa editorial individual y/o familiar hacia la constitución de sociedades anónimas. Todos estos cambios se vieron acompañados de importantes transformaciones técnicas en la fabricación del libro, que permitieron mayores tiradas, precios más baratos y, por lo tanto, un incremento de la oferta lectora, como la que se produce con fórmulas como la novela por entregas. El nuevo prototipo de editor, que va a persistir hasta bien entrado el siglo XX, se caracterizó por su capacidad para combinar la obtención de rendimientos económicos con el diseño de una estrategia intelectual que diera un sello particular a la empresa y que la diferenciara en un mercado crecientemente competitivo, que sólo en el último cuarto del siglo comienza a expandirse en el mercado hispanoamericano. La liberación del mercado tras la independencia de los territorios ultramarinos alentó la publicación de numerosas colecciones y títulos en castellano destinados a las nuevas naciones americanas en Francia, Bélgica, Holanda, Alemania o Estados Unidos, a menudo sin respetar las leyes de propiedad intelectual y los convenios entre países como los citados.

Se produce, además, un proceso de especialización que se observa en la creación de colecciones y la apuesta por determinados géneros, como el infantil y juvenil (Calleja), el ensayístico (Biblioteca Nueva) o el religioso (Subirana). Aparte de las empresas mencionadas, entre las editoriales más destacadas del nuevo siglo cabe citar a Renacimiento, Maucci, Calpe, Sopena o la SGEL. Los cambios que tuvieron lugar entre 1836 y 1936 también repercutieron en otros agentes del mundo del libro, como los escritores, los ilustradores, los libreros, etc. La tendencia hacia la concentración empresarial, claramente perceptible entre los años veinte y treinta, culminará en los años posteriores. A la vez, se consolidó la extensión de la lectura, proceso muy favorecido por las colecciones de narrativa breve, como El Cuento Semanal y La Novela de Hoy, entre otras.

Tras el paréntesis de la Guerra Civil, la posguerra fue una época dura para los editores pues, al margen de las restricciones políticas impuestas por la dictadura, la carencia de papel dificultó mucho la impresión de libros y periódicos. Durante el franquismo, los editores se movieron entre las constricciones de un Estado controlador e intervencionista y los requerimientos de una sociedad en proceso de modernización. En primer lugar, la censura se convirtió en un obstáculo de gran importancia para las empresas, pues demoraba el proceso de fabricación del libro, así como la importación y la exportación del mismo. En segundo lugar, el Instituto Nacional del Libro Español, que nació como un órgano de intermediación entre los empresarios y el Estado, en ocasiones ponía más trabas de las que resolvía. Por último, el propio Estado creó una empresa: Editora Nacional. Todo ello evidencia la importancia del libro como vehículo para la difusión de las ideas y, por tanto, su carácter potencialmente peligroso. En este contexto, no puede olvidarse la importancia de la edición en el exilio, con focos especialmente importantes como Argentina (Editorial Sudamericana) y México (Editorial Séneca). A lo largo de los años sesenta y setenta convivieron empresas volcadas a la edición comercial, como Planeta, con otras dedicadas a la edición intelectual, como Seix Barral o Anagrama.

Con la crisis de los años ochenta, el sector se transformó y emprendió un firme camino hacia la concentración empresarial con la creación de grandes grupos multinacionales que en la actualidad tratan de ocupar todos los espacios del mercado lector a través de distintos sellos. Sin embargo, aún persisten editores individuales que dan un valor intelectual a su trabajo y que mantienen vivo el viejo espíritu con el que comenzó la modernización de este oficio.

La edición en otras lenguas, aunque minoritaria, ha tenido su importancia en la historia de la edición en España. El proceso arranca en el siglo XIX con el rescate de las identidades lingüísticas y culturales de Galicia, Cataluña y el País Vasco. Sin embargo, y pese a interesantes proyectos como los de la Editorial Vasca, Icharopena, La Renaixença o L'Avenç, no fue hasta los años sesenta cuando despegó un sector cuyo objetivo prioritario era la búsqueda de lectores en un mercado en lento pero progresivo crecimiento. Destacan a este respecto las editoriales Galaxia, en Galicia; Edicions 62, en Cataluña; y Auñamendi, en el País Vasco.

Finalmente, es importante señalar que la edición electrónica ha significado para la industria editorial un desafío de las mismas magnitudes que la mecanización de la imprenta en el siglo XIX. Sus repercusiones en la aparición de un nuevo tipo de editor empiezan a manifestarse de forma clara en el panorama editorial.

Raquel Sánchez

(Universidad Complutense de Madrid)

Composición con varias imágenes sobre las distintas formas de la edición en el tiempo.

Bibliografía

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