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Editores y Editoriales Iberoamericanos (siglos XIX-XXI) - EDI-RED

Estados Unidos. La edición chicana y latina

Para los grupos de origen latinoamericano en los Estados Unidos, la década de 1970 representó, entre otras cosas, el primer gran esfuerzo concentrado por desarrollar editoriales propias y, de esa forma, canalizar una vibrante actividad literaria que floreció en paralelo con los movimientos sociales en pro de los derechos civiles. Aparecieron en ese decenio editoriales de gran impacto como Editorial Almadén, Ediciones Pocho Che y Quinto Sol Publications en California; Pajarito Publications en Nuevo México; Arte Público Press en Indiana (aunque se trasladó de inmediato a Texas); Trucha Publications y M&A Publications en Texas, y Bilingual Review Press en Nueva York (si bien desarrolló la mayor parte de su actividad en Arizona), por citar algunas de las más representativas o relevantes.

Sin embargo, la presencia de estos grupos de origen latinoamericano y de su literatura en el territorio actual de los Estados Unidos es mucho más antigua, como lo es también su historia editorial. De hecho, se puede afirmar que el primer texto literario estadounidense impreso en español es el largo poema Historia de la nueva México, del criollo novohispano Gaspar de Villagrá, obra que vio la luz en Alcalá de Henares en 1610. Durante todo el periodo colonial, en el que buena parte de los Estados Unidos pertenecieron a la Corona española, la circulación de libros y otros materiales impresos en esos territorios está más que documentada, si bien se trató de obras de importación, pues la imprenta no llegó a esas zonas hasta el siglo XIX. Una vez establecida, sin embargo, la edición local comenzó antes de la incorporación de esos territorios a la Unión Americana. El primer periódico en español que conocemos (El Misisipí) apareció en Louisiana en 1808 y, en la década de 1830, el sacerdote Antonio José Martínez publicó libros escolares y un periódico (El Crepúsculo de la Libertad) en Taos, Nuevo México. Numerosos diarios, semanarios y diversos materiales efímeros salieron asimismo de otras prensas del actual sudoeste estadounidense. Para muchos escritores de la época, además, las imprentas asociadas con periódicos proporcionaban prácticamente el único canal de difusión, pues no podemos hablar todavía de editoriales méxico-americanas o latinas propiamente dichas. Los nuevomexicanos Eusebio Chacón y Felipe Maximiliano Chacón, entre otros, siguieron esa ruta en el cambio del siglo XIX al XX, si bien hubo otros, como María Amparo Ruiz de Burton, que publicaron libros con editoriales anglo-americanas.

La llegada masiva de refugiados y exiliados mexicanos en las décadas de 1910 y 1920 (el llamado «México de afuera») supuso otro momento importante en la historia de la edición. Huyendo de la Revolución Mexicana, un buen número de periodistas y escritores se asentaron en Estados como Texas y California, en donde pronto fundaron sus periódicos, así como editoriales tan prolíficas como la Casa Editorial Lozano y la Librería de Quiroga (ambas en San Antonio, Texas). Entre los grupos de población más arraigados, también comenzaron a consolidarse otras editoriales de mayor o menor alcance. Entre las primeras, la Imprenta de la Revista Católica fue muy activa, primero en Las Vegas, Nuevo México, y luego en El Paso, Texas. Entre las más pequeñas, cabría mencionar la imprenta El Faro, de Trinidad (Colorado), que tuvo también librería y estaba bien conectada con las mencionadas Lozano y Quiroga.

Por tanto, cuando se produce la explosión literaria y cultural de los años sesenta y setenta no estamos hablando, en realidad, de un proceso sin historia o de un fenómeno nuevo, de generación espontánea. Por el contrario, y aunque mucho de lo que hoy sabemos sobre el pasado literario hispanounidense no se conocía entonces, se trató más bien de una nueva (y novedosa) etapa en un proceso editorial dis/continuo. Ese proceso ha venido marcado por un número de factores que conviene mencionar, a fin de poner en perspectiva las peculiaridades del mundo de la edición chicana y latina en los Estados Unidos. En primer lugar, cabe destacar que se trata de literaturas plurilingües y que publicar en español o en inglés (o en un discurso que mezcle ambos) implica decisiones de alto calado en cuanto a perspectiva cultural, inversión financiera y mercado. En segundo lugar, hay que resaltar el papel de las publicaciones en formatos menos prestigiosos que el libro, aspecto de capital importancia en el caso de literaturas marginadas como lo han sido éstas. En muchas ocasiones, los formatos alternativos han permitido presentar una visión interna de estas culturas, menos condicionada por las expectativas del mercado editorial. Además, es necesario mantener una perspectiva transnacional, pues estas literaturas nunca han perdido las conexiones con los países de origen (personal o ancestral) de sus escritores y, en muchos casos, en esos países se publicaron obras que pertenecen de pleno derecho a la historia literaria chicana o latina. Por último, por ceñirnos sólo a los condicionamientos más relevantes, habría que distinguir entre la historia de la edición propiamente chicana o latina (es decir, la historia de las editoriales fundadas y regidas por miembros de esos grupos) y la publicación de obras de estas literaturas por parte de editoriales de otros ámbitos, sobre todo en el caso de las grandes compañías de Nueva York y el resto de la costa este norteamericana.

Con estos conceptos y contextos en mente, una historia de la edición chicana y latina en los Estados Unidos debería ocuparse, al menos, de los siguientes aspectos y momentos:

  1. La edición en la época colonial y el valor de estos textos para la historia editorial posterior. Por poner sólo un ejemplo, valga mencionar que el periódico de Colorado El Progreso publicó en 1898 (por entregas) el poema de Gaspar de Villagrá citado arriba.
  2. La edición en el siglo XIX, incluyendo el papel de imprentas y periódicos.
  3. El «México de afuera» y la edición en la primera mitad del siglo XX, con atención no sólo a las editoriales consagradas, sino también a los talleres de impresión, en donde se editó buena parte de la literatura de esta época.
  4. La diáspora caribeña y su presencia en el mundo editorial estadounidense.
  5. La historia editorial del exilio cubano-americano, destacando el papel de Ediciones Universal en Miami y las peculiaridades de este grupo latino.
  6. Las editoriales y la historia de la edición durante los años de luchas por los derechos civiles, momento en el que nacen editoriales como Arte Público Press y Bilingual Press que favorecen una visión interna y descentralizada de la latinidad. En este momento destaca también el impulso editorial del Movimiento Chicano y del grupo Nuyorican, que favorecen la fundación de numerosas revistas y editoriales.
  7. La edición en español por parte de editoriales no chicanas o latinas, con atención al primer gran momento en este ámbito a principios de los años setenta, así como al contexto actual, en el que tanto multinacionales como editoriales universitarias juegan un papel destacado.
  8. Las editoriales enfocadas en el público chicano/latino; es decir, aquellas como Calaca Press o Aztlan Libre Press que surgen, en gran medida, por oposición al tipo de literatura que favorecen las grandes multinacionales.
  9. La recuperación y edición de textos del pasado literario, en donde se incluyen varias líneas editoriales de éxito como Recovering the U. S. Hispanic Literary Heritage (Arte Público Press) y Pasó por aquí (University of New Mexico Press), entre otras.
  10. La edición de libros infantiles y juveniles, el sector que más crece en la actualidad y que viene marcado por cualidades específicas en cuanto a los formatos bilingües, presencia de ilustraciones y similares.
  11. La edición para sectores específicos del público (feminista, gay, etc.) por parte de editoriales como Kórima Press, entre otras.
  12. La edición en soportes electrónicos y no tradicionales (por ejemplo, editoriales cartoneras y hojas volantes).

Manuel M. Martín Rodríguez

(University of California, Merced)

Cubierta de «Almas rebeldes», de Julián S. González.

Cubierta de «The fifth horseman», de José Antonio Villarreal.

Bibliografía

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