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Editores y Editoriales Iberoamericanos (siglos XIX-XXI) - EDI-RED

La edición en euskera

La pérdida de los derechos forales tras la Tercera Guerra Carlista (1876) provocó una reacción política y cultural sin precedentes en el País Vasco, y la fundación del «nacionalismo vasco oficial» impulsó el renacimiento cultural que logró dotar a finales del siglo XIX de una estabilidad notable a las imprentas-editoriales creadas algunas décadas atrás: Lamaignére (y viuda) en Baiona, Casa Baroja y Pío Zuazua en San Sebastián, Francisco de Lama (y viuda) y la saga de los Mendizábal y López en Tolosa (Gipuzkoa). A su vez, se crearon nuevas casas editoriales que resultaron imprescindibles para responder a las necesidades de la época: Martín y Mena, Iñaki Deuna, Verdes-Achirica, Grijelmo, Jaungoiko-Zale, Elosu, Lasserre, etc.

El campo editorial vasco se reforzó y estructuró gracias a la estabilización de las citadas imprentas y editoriales y a la evolución de los productores por un lado, y al aumento de producción y diversidad de productos por otro: descendió notoriamente el porcentaje de libros religiosos (pasaron a ser el 51% de la producción, frente al 89,1% en el período 1700-1875), y se publicaron, por ejemplo, los primeros libros escolares en euskera sobre todo de la mano de Isaac López Mendizabal.

La Guerra Civil (1936-1939) española y la posterior dictadura franquista provocaron una interrupción de todo lo relacionado con la lengua vasca al sur del Bidasoa, obligando a cambiar las dinámicas del campo editorial vasco y evitando la transmisión del savoir faire de los impresores-editores: el exilio y la censura marcaron su evolución desde 1937 hasta prácticamente el final de la dictadura. La primera década de postguerra resultó nefasta: la pequeña industria cultural vasca desapareció prácticamente en territorio español, y tanto el País Vasco-Francés como América se convirtieron en destino y lugar de trabajo de algunos de sus agentes culturales. Entre las escasas editoriales vascas creadas en América destaca, sin duda, Ekin (Buenos Aires, 1942), que publicó numerosas obras sobre historia, antropología, cultura y política. El estallido de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) también dificultó la labor editorial.

La (re)impresión de algunas obras en euskera en el País Vasco no llegó hasta la década de 1950 de la mano de la editorial Icharopena, fundada en Zarautz en 1932, editorial que vio truncada su actividad tras el estallido de la Guerra Civil. Los editores de Icharopena prepararon nuevas ediciones de algunos autores vascos ya fallecidos y publicaron a otros nuevos. La mayoría de las obras aparecieron en la modesta colección Kuliska.

El transcurso de los años dio pie a la aparición de nuevas iniciativas en el mundo editorial vasco, si bien toda la actividad se desarrollaba bajo una permisividad recelosa por parte de las autoridades franquistas, que ejercían una férrea censura. El Congreso Mundial Vasco celebrado en París en 1956 resultó clave para el devenir del campo editorial, ya que destacó la necesidad de fomentar la cultura vasca de manera estratégica. A partir de entonces se logró afianzar mínimamente el trabajo desarrollado años atrás; en la década de 1960 se crearon nuevas colecciones y editoriales como Auspoa (1961), Auñamendi (1962), La Gran Enciclopedia Vasca (1967) o Txertoa (1968), relacionadas en gran medida con la divulgación enciclopédica y con temas de interés etnográfico y cultural.

La irrupción de nuevas generaciones de escritores, intelectuales y agentes culturales jóvenes dio un nuevo impulso a la cultura vasca en general: durante la década de 1960 se creó el euskera batua o estándar, se fundaron nuevos centros educativos en los que se impartía la lengua vasca, se organizó la Feria del Disco y Libro de Durango y se produjo una recuperación y modernización de ámbitos como la música y la literatura. Se crearon editoriales como Gordailu (1969), Etor (1970), Jakin (1971), Gero (1972) o Elkar (1973). En ocasiones los propios autores/traductores lanzaron los sellos para dar vía a sus obras; la editorial Lur (Donostia, 1969) es uno de los casos más representativos. Sin embargo, salvo para editoriales como Auñamendi e Icharopena, la labor del editor no era todavía profesional; un estudio realizado por la revista Jakin, publicado en 1969, concluía que el sector editorial vasco estaba necesitado de planificación y profesionalización.

El giro definitivo por el que se establecieron las bases de lo que ha resultado el campo editorial vasco contemporáneo llegó tras el Franquismo y la implantación del estado autonómico. La oficialidad de la lengua vasca en la Comunidad Autónoma Vasca y en parte de Navarra, así como la introducción del euskera en los currículos educativos, multiplicó el número de consumidores potenciales y, con ello, la creación de un nuevo mercado editorial que hubo de redoblar sus esfuerzos para atender la demanda de la época: entre 1976 y 1994 se editaron una media de 659,2 libros por año: la cifra contrasta con la media de 31,5 libros publicados anualmente durante el renacimiento cultural vasco de las dos últimas décadas del Franquismo.

La edición vasca actual es bastante estable y cuenta con estructuras de diversa índole. Marcado por un perfil editorial asociado en el Gremio de Editores de Euskadi y con la Asociación de Editores en Lengua Vasca, se trata de un tejido empresarial de orígenes, objetivos y tamaños muy diversos: existen grupos empresariales que aúnan edición, distribución y venta de todo tipo de material cultural; empresas editoriales que ofrecen otro tipo de servicios como traducciones; editoriales que han optado por la especialización en géneros o temáticas concretas; editoriales institucionales o universitarias; asociaciones públicas y privadas; editoriales que funcionan mediante subscripción; editoriales satélite pertenecientes a grupos estatales; proyectos colaborativos; editoriales monolingües y multilingües, etc.

Miren Ibarluzea Santisteban

(Euskal Herriko Unibertsitatea - UPV/ EHU)

Cubiertas de varias publicaciones editadas por la Editorial Itxaropena.

Cubierta de «Poli», de A. Anabitarte, Editorial Itxaropena.

Cubierta de «Jokva ez da errenta», de A. M. Labayen, Editorial Itxaropena.

Cubierta de «Arranegi», de Eusebio Erkiaga, Editorial Itxaropena.

Bibliografía

Enlaces de interés

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