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Ema Wolf

Presentación

Cuando en Argentina, en el ámbito de la literatura infantil y juvenil se menciona a Ema Wolf se piensa de inmediato en la calidad literaria de su obra, su humor sutil y su imaginación. Desde el periodismo y sus primeras colaboraciones ha ingresado con una voz propia caracterizada por el cuidado estético de su obra y el respeto a sus lectores a quienes considera capaces de disfrutar de las cosas que nos gustan a los adultos así como nosotros de las que le gustan a ellos. En ese sentido afirma: «las cosas sublimes y las deplorables lo son por igual para las personas que nacieron hace mucho o poco». Al acercarse a sus lectores visitando escuelas procura mostrarles la cocina de la escritura, desandando el recorrido que lleva producir un texto, las idas y vueltas, la búsqueda de información, los vericuetos del trabajo del escritor, los proyectos que no prosperan.

Dice, al respecto: «A los chicos les presentan a los autores como magos irrepetibles, como si el autor mismo fuera una composición literaria, y una aspira a contrarrestar esa imagen aportando una dosis de normalidad. El día inolvidable en que volví a mi escuela primaria como autora y dos chicos habían representado mi visita con el dibujo de un tintero y una pluma de ganso, pensé que algo había que hacer al respecto. (…) Dado que ellos componen textos, o los hacen componer textos, en clase o en concursos, trato de hacerles ver que un autor también compone —el músico, el escultor también componen—, y que las dificultades, en sustancia, no son tan distintas: siempre se trata de maniobrar con esa materia prima, y herramienta a la vez, tan escurridiza que es el idioma. Entonces les comento cuánto se hacen esperar las ideas a veces; cómo algunas no llegan a desarrollarse nunca y quedan en eso, en ideas; la cantidad de información que demandan algunas historias, al punto que a veces tengo que recurrir a los libros de escuela de mis hijos para obtenerla; la cantidad de gente que molesto buscando esa información y las situaciones a veces grotescas que eso genera y que yo disfruto con total conciencia; los fascículos, el diccionario de sinónimos, la enciclopedia de mi abuela, los recortes y dibujos que hacen como una guardia de cuerpo alrededor; los modestos y extravagantes documentos que me proveen de nombres para los personajes... No les cuento lo que conseguí, que por otra parte está a la vista y en ese caso me volvería una tonta redundante, sino los problemas, el movimiento de los hilos tras la pequeña maquinaria, y mejor con relación a un libro en particular, no en general. (…) o tal libro lo empecé por el final y tal otro por el medio; si lo primero fue el título o el texto; sobre todo mostrarles que hay una lógica hasta en el cuento más absurdo. Si el texto es un mueble, no les doy el plano para que lo estudien, sino que les explico qué tuve que hacer para que la pata de adelante no me quedara más corta que la de atrás». (…) «De este modo ven también que la imaginación encuentra su camino en operaciones sencillas, que el proceso de algún modo se puede describir, por lo tanto está al alcance de ellos y de muchos otros. Y perciben muy bien, sin que el asunto pierda nada de su atractivo, que todas esas operaciones, funcionales, están más cerca de la verdad que la pluma de ganso y los magos irrepetibles. Creo que es lo más productivo y lo más atractivo de todo lo que puedo dejarles, que a la vez también reacomoda, quizás, algunas de las cuestiones que veíamos antes; y sobre todo aparece la idea de que la disciplina también puede estar asociada a una tarea placentera. Es curioso que me sienta más segura mostrándoles los procedimientos, que siempre son vacilantes, que los resultados...».

De ella ha dicho la crítica: en «Historias a Fernández: La excusa perfecta» la especialista Cecilia Bajour afirma: Ema Wolf es una de las autoras argentinas que desde el juego con las innovaciones formales en la narrativa siempre apostó a un lector activo. El humor es el recurso esencial que le permite incorporar recursos innovadores a sus textos para público infantil (…)».

El libro Historias a Fernández plantea desde la perspectiva humorística la preocupación del autor de libros para chicos por capturar a su exigente y en muchos casos esquivo lector. No es difícil ver en este humorístico llamado a la atención de Fernández una visión paródica de la preocupación del autor de literatura infantil por su receptor. Es interesante comprobar en ésta como en otras obras literarias infantiles contemporáneas, la incorporación de técnicas narrativas más sofisticadas que proponen una participación más comprometida por parte del lector.

Sobre la misma obra el especialista Roberto Sotelo acota: «La niña narradora —indudable alter ego de Ema Wolf— conducirá a Fernández por un cautivante camino de historias originales y entretenidas, sin perder la oportunidad de mechar "bocadillos" relativos a la creación o "cocina" de los relatos. El talento y el esfuerzo de ambas —narradora y escritora— salvarán al gato y encantarán al lector. Con esta novela cargada de cuentos en su interior, Ema Wolf obtuvo  el Primer Premio Nacional de Literatura Infantil (Argentina), producción 1994-1997, otorgado por la Secretaría de Cultura de la Nación. Historias a Fernández es un libro imperdible que no hace sino agregar una estrella más a su brillante producción».

Marcela Carranza señala a propósito de Pollos de campo: «Naturaleza y artificio, realidad y representación se confunden. También los personajes se ven envueltos en la ambigüedad, especialmente el personaje del oso, "un ser ambiguo, sospechoso de dualidad" (...) "fantástico embajador entre dos mundos". Esta ambigüedad no preocupa a sus compañeros, ninguno de ellos necesita resolver la "verdadera" identidad del Oso; como tampoco necesitan conocer los lugares que transitan, ni comprender las causas y consecuencias de los hechos que suceden durante el viaje. Habrá explicaciones, pero estas serán deliberadamente inverosímiles, absurdas. El mago inventará noticias a sus compañeros de viajes para entretenerlos, y estos las encontrarán "más serias que las que transmitía la radio". ¿Qué es la realidad? A estos personajes no parece preocuparles, ellos construyen su propia realidad, a su medida, y algunos —como el oso o los hermanos Pirámide— hasta carecen de las palabras necesarias para describirla. Pollos de campo tiene por destinatario, desde la propuesta editorial, al público juvenil, lo que de algún modo destaca aún más su originalidad. Road movie del absurdo, personajes y una historia delirante fuera de las convenciones que suelen prevalecer dentro del conjunto de textos habitualmente definidos para este público».

Sobre la serie de Berta y su gato, la especialista Elisa Boland comenta: «En estas historias desatinadas todo puede convertirse en otra cosa y sorprender con sutileza al lector: Berta y su gato podrán, con sólo disfrazarse, ser el otro; el gato amasado se convertirá en conejo a amasar; también desaparecerá y volverá a aparecer, y las pocas pulgas se convertirán en muchas. Nada será como se espera que sea. Historia, lenguaje e imágenes se complacen en jugar a las escondidas con los lectores en esta propuesta diferente para los más chicos».

Ema Wolf disfruta por igual de la adhesión de niños, jóvenes y adultos, críticos y lectores silvestres. Todos convencidos del disfrute que encuentran en la lectura de sus libros.