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Fernán Caballero

Presentación del portal Fernán Caballero

Con Cecilia Böhl de Faber se puede decir que nace la novela española moderna, el primer eslabón de la novela realista que engarzaría con obras de trascendental relevancia. Fernán Caballero inicia con decoro la novela realista española, pues el corpus narrativo anterior se circunscribía a un tipo de relato cuyos puntos de partida consistían en imitaciones románticas de tipo histórico o social, y en breves cuadros de costumbres cuya objetividad se diluía, por regla general, entre la sátira y el humor. Con la publicación de La Gaviota, año 1849, comienza un ciclo narrativo que abrirá el paso a la gran novela española de la segunda mitad del siglo XIX. Clemencia (1852) y La familia de Alvareda (1856) representan también la nueva andadura de la novela española, pues están elaboradas a base de caracteres, costumbres y ambientes propios y actuales, sin tener que acudir o recurrir a reconstrucciones de un pasado lejano o a exóticos y lejanos escenarios. En La Gaviota, la autora cita implícitamente a la primera colección costumbrista española como eslabón de engarce de su novela, en clara sintonía con el costumbrismo, con la realidad circundante. Más tarde, en el prólogo de La familia de Alvareda, señalará cuál es su propósito: pintar las cosas del pueblo tales como son, sin separarse un ápice de la naturalidad y la verdad. Al frente de su novela Clemencia insistirá, una vez más, en estos propósitos. Con el resto de sus novelas -Un verano en Bornos, Un servilón y un liberalito o dos almas de Dios, Lágrimas y Elia- sucede lo mismo. Es evidente que todas estas novelas se resuelven, desde el punto de vista ideológico, de forma clara, en consonancia con el peculiar talante de Fernán Caballero. La apología de la virtud y la condenación del vicio en cualquiera de sus manifestaciones, incluido el progreso material, cuando actúa en menoscabo del espíritu, serán los rasgos esenciales de sus novelas, al igual que la resignación cristiana y la caridad.

En la presente Biblioteca de Autor incluimos también el resto de su producción literaria: poesía y cuento. Las poesías, de tipo popular, no sólo figuran en un corpus específico, sino también dispersas o engarzadas en buena parte de sus relatos. Es bien sabido que en sus novelas, como en el caso, por ejemplo, de La Gaviota, el lector encuentra múltiples estrofas dedicadas a celebraciones populares e, incluso, cuentos encartados en la propia narración. De todo ello se desprende su querencia hacia la poesía y el cuento, aunque sea en este último género donde mayor éxito alcance Fernán Caballero. Tanto sus composiciones poéticas como los cuentos fueron recogidos en Cuadros de costumbres populares andaluzas (1852) y su variada temática va desde la más poética espiritualidad hasta lo más chocarrero. La escritora siente especial predilección por el relato breve de tipo moral, aspirando con ello a poner de manifiesto las tradicionales costumbres, con sus virtudes y vicios, de nuestros mayores. El corpus narrativo breve es rico y de variada temática, pues lo mismo encontramos relatos que analizan los males de nuestra sociedad que cuentos fantásticos con intervención de lo sobrenatural y maravilloso. Un cotejo entre sus narraciones breves como Sola, Callar en vida y perdonar en muerte, Justa y Rufina, Una madre, El vendedor de tagarninas y la suegra del diablo, El archidiablo Belfegor, La oreja de Lucifer, Juan Holgado y la muerte, entre otros, evidencian estos múltiples contrastes de contenido e intención, aunque en todos ellos se perciba con nitidez un afán moralizador. Fernán Caballero contrapone en sus cuentos las virtudes pasadas más características de la sociedad española con las que ella considera grandes vicios de la época. Esta obsesión por el didactismo no le impide ser sencilla, natural y espontánea. Es verdad, como apuntaba Juan Valera, que sus narraciones son un tanto dulzonas, y que si bien es cierto que su estilo peca con frecuencia de desmañado y poco castizo, no se le puede negar, en cambio, una sensibilidad y un poder observador realmente asombrosos. Todo ello le permite conservar en su retina cuanto han visto sus ojos, para trasladarlo luego al relato corto o a la novela en animadas descripciones y diálogos, que son reflejo exacto de la realidad. Es evidente, pese a lo dicho con anterioridad, que la fama de Fernán Caballero ha decrecido en estas últimas décadas. Pese a ello, es innegable la importancia que la autora tiene en la gran novela española de la segunda mitad del siglo XIX, pues innovó el panorama de la narrativa española inmerso en mascaradas medievales y falto o carente de una realidad social.

Finalmente en el portal Fernán Caballero incluimos una bibliografía que recoge las ediciones de sus obras, epistolario y estudios referidos tanto a sus novelas como a sus relatos breves.

Enrique Rubio Cremades
(Universidad de Alicante)