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Florencio Sánchez

Presentación

Felizmente superados los viejos debates sobre la identidad del autor (¿uruguayo o argentino?), su ideología (anarquista u oligárquica), su «espontaneidad» irreflexiva, su exagerado «naturalismo» o su «regionalismo», etc., su obra resiste el paso del tiempo. Efectivamente, con la excepción de una pequeña parte de su obra que puede resultar inviable o «muerta» (Rodríguez Monegal 1966: 313), reposiciones como las de Barranca abajo por Caviglia (1956), Larreta (1962), Del Cioppo (1974) y Candeau (1982) en Montevideo y por Santangelo y Salcedo en Buenos Aires (1976, 1994), aparte de varias representaciones de En familia en esta ciudad a lo largo de los años 70 y su calurosa recepción prueban la vitalidad de gran parte de la misma. Nuevas lecturas por parte de los críticos literarios como de los mencionados directores han desvelado aspectos inadvertidos de sus dramas que matizan juicios anteriores y los acercan a debates actuales. Incluso sus sainetes han recibido la merecida atención (T. Freire, Marval de McNair, E. Golluscio); lejos de ser relegados como meros «divertimentos» se relacionan temáticamente con sus obras «serias» en torno a motivos sociales y existenciales. Directores y autores contemporáneos como Antonio Larreta, Carlos Manuel Varela, Ricardo Bartís, Carlos Alvarenga y Luciano Suardi, para mencionar sólo algunos, constatan la energía dramática y la vigencia del teatro de Sánchez. La capacidad de su teatro para perdurar más de un siglo se explica por la complejidad de sus caracteres, la naturalidad de los diálogos, el acierto en los ambientes, la estructura concentrada, el juego de efectos y su capacidad de emocionar al público.

Deseamos que este portal sirva para acercar sus textos (y representaciones) a curiosos y nuevos aficionados e investigadores. La visión ofrecida en el apartado Obra se amplía en el apartado Estudios con trabajos de reconocidos críticos que abarcan aspectos biográficos, de recepción, influencias teatrales, cambios en el enfoque de los personajes, su lenguaje, la «modernidad» de su obra, etc. y estudios puntuales sobre alguna obra concreta. En el centenario de la muerte del dramaturgo, podemos afirmar que no se ha agotado ni su obra ni la posibilidad de descubrir nuevas facetas de la misma.

Rita Gnutzmann