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Germán Carnero Roqué

Semblanza crítica de Germán Carnero Roqué

Por Elena Zurrón Rodríguez

Germán Carnero Roqué en Isla Negra en la casa de Pablo Neruda en 1990 (Fuente: Imagen cortesía de Germán Carnero Roqué)

Germán Carnero Roqué es un «hijo del exilio». Nació en Ciudad de México en 1941, de padre peruano y de madre española. Su padre había llegado a México desde Lima y su madre desde la España republicana. Su padre, como tantos políticos peruanos de esa época, huyó del gobierno del general Óscar R. Benavides, firme enemigo del partido Aprista, y acabó refugiándose en el país azteca. Periodista, promotor cultural y poeta, estudió Literatura y Filosofía en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

Después de pasar su infancia en el exilio mexicano, vivió su juventud en los rebeldes años 60 de Lima y París. Allí nació su amistad con César Calvo, que perduró hasta la muerte de este en el año 2000. Empezó su actividad literaria participando en la obra teatral de Albert Camus, Calígula. Al mismo tiempo colaboraba como periodista en el diario El Correo y en la revista Oiga. Durante el gobierno del general Juan Velasco Alvarado, fue agregado de prensa del Perú en Ginebra y en París, y trabajó en organismos internacionales, terminando en la UNESCO. En la actualidad, y desde 2006, dirige el Museo de Arte de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, que integra más de 170 obras de arte peruano contemporáneo.

Es autor de siete poemarios, una plaqueta dedicada a César Calvo y un libro recopilatorio:

Porque, pese a ser «periférico» en la poesía, la poesía es algo que no puedo evitar. Y casi diría afortunadamente. Porque ahora que, digamos, estoy entrando en mi vida, en términos taurinos, al «tercer tercio», quiero hacer de mi quehacer poético mi proyecto fundamental. No solo por una necesidad de expresión poética, sino como un inevitable camino hacia mí mismo.

(Araujo, 2000: 279)

Portada de «Ese cantar de alondra», Lima, Taller de Artes Gráficas Ícaro, 1962, Colección Cuadernos del Hontanar (Fuente: Imagen cortesía de Germán Carnero Roqué)

Su primer poemario, Ese cantar de alondra (1962), se publica en Lima en la colección Cuadernos del Hontanar, dirigida por Javier Sologuren, y se le relaciona desde el primer momento con poetas como Javier Heraud, Luis Hernández o César Calvo. Se siente muy cercano a Juan Gonzalo Rose, poeta de la Generación del 50 al que considera un «maestro-padre» de la Generación del 60 y mantiene a lo largo de los años una sólida amistad con César Calvo, Arturo Corcuera y Reynaldo Naranjo. Tampoco podemos olvidar a Jorge Eduardo Eielson, Emilio Westphalen, Washington Delgado y Javier Sologuren, poetas de la Generación del 50. Al mismo tiempo, cuando el poeta habla de sus influencias dice:

... si quisieras emparentarme con algún poeta mexicano, tal vez tendríamos que hacer referencia a Jaime Sabines (pero) [...] ¿Quién puede evitar a Vallejo? Como es, también inevitable, Pablo Neruda o Walt Whitman ¿no es cierto?

(Araujo, 2000: 278)

Tras la publicación de Ese cantar de alondra, aparecen sus poemarios La rama natural (Lima, Siglo XX, 1963), Canto rodado (Lima, Siglo XX, 1968), Un solo canto el canto del camino (Lima, El Río, 1984) y Triste veranillo (México, Mundo Amigo, 1998). En 2001 le dedica a su amigo César Calvo la plaqueta Cuánta belleza César realizada (Lima, Mundo Amigo). En 2004 publica El lugar de los encuentros. Poesía reunida 1962-2004 (Lima, Roguimasal) y en 2007 aparece Uru Shalim y otros poemas peregrinos (Lima, Arte/Reda). En 2012 presenta su libro Antología poética personal: poemas (Lima, Capulí) en el Centro Cultural de España de Lima. El texto contiene comentarios críticos de Enrique Verástegui, Ricardo González Vigil, Carlos Zúñiga y César Toro Montalvo.

Su poesía es filosófica y confesional, muy reflexiva y depurada, poco narrativa o enfática. Desde Canto rodado (1968) a Triste veranillo (1998) se observa una evolución en su estilo y en sus influencias. En sus inicios retumbaba la voz de Saint-John Perse, y en Triste veranillo captamos la serenidad sosegada de Jorge Guillén y del Rafael Alberti de sus últimos poemas. En Triste veranillo, su enfoque profundamente terrenal de lo espiritual nos recuerda al poeta hispano-mexicano León Felipe. El poeta apunta a Óscar Araujo:

Yo pienso que esto responde a un proceso interno de desarrollo espiritual. Tú sabes que vengo de un hogar marxista. Que era ateo en la forma por decirlo de alguna manera. En los últimos años he empezado aperturarme a una cierta búsqueda espiritual interior [...] Entonces este poemario consciente o inconscientemente responde a esa contradicción. A esa búsqueda espiritual sin querer renunciar a lo vital. Es decir, hay un deseo de... considerar que lo humano, lo terrestre, y lo divino, son finalmente la misma cosa.

(Araujo, 2000: 280)

Portada de «Triste veranillo», México, Mundo Amigo, 1998 (Fuente: Imagen cortesía de Germán Carnero Roqué)

El poeta piensa que el diálogo entre el ser humano y el «ser transcendente» es incomprensible, porque el primero está inmerso en un teatro, en una comedia o tragicomedia en la que tratamos al menos de ser actores, algunos mejores que otros. Llega a la conclusión de que Dios está en todo y desde luego en nosotros mismos, pero no cree en las religiones porque considera ... que todas las religiones incluida la marxista, entre comillas, manipulan con sus burocracias y lo que el hombre tiene de esencial más allá de la religión [...] es esa espiritual transformadora, que es la que en definitiva llevará, [...] a la humanidad a esa transformación o esa salvación (Araujo, 2000: 277-278).

Triste veranillo contiene una decena de poemas de extensión variable; el poeta nos describe cómo el sol resplandece en la juventud y que va en contra de las sombras de la edad:

Pero el «Triste veranillo» es el verano indio, representa esos breves días de calor y de buen tiempo previos al invierno, los últimos días de sol antes de que la tierra se vea cubierta por las sombras invernales. El sol que aquí está en juego es el del amor y de la fe. Un sol excepcional que va en contra del invierno de la historia y de la edad.

(Araujo, 2000: 246)

Carnero publica Triste veranillo y se lo manda a César Calvo, este le responde el 12 de agosto de 1988 con una bella carta:

Porque las voces que ahora nos ofrendas te vienen simultáneas de los tiempos, y te viene por sangre de merecer la vida que siempre has construido para todos, pero también por sangre de memoria desde todas las vidas que apuraron su instante para que tú y tus hijos y hermanos, tus amores, pudiéramos ser dignos de vivir hasta escuchar la cima de este canto nuestro.

(Araujo, 2000: 247)

En 2021, a sus 80 años, Germán Carnero Roqué ha publicado su último poemario, En el embriagado morir de cada instante (Lima, Arte/Reda).

Referencias bibliográficas

  • ARAUJO LEÓN, Óscar (comp.), Como una espada en el aire: antología documental, testimonial y poética de la Generación del 60, Lima, Universidad Ricardo Palma, Noceda y Mundo Amigo, 2000.
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