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ArribaJornada III

 

Campo inmediato a Pamplona.

 

Escena I

 

El REY y soldados salen marchando por una parte, la REINA, PEDRO SESÉ y acompañamiento, por otra.

 
REY
Gozoso ofrezco a tu pomposa vista,
oh corte coronada, los trofeos
de la ciudad augusta, porque asista,
pisándolos tus pies, a mis deseos.
De nuevo resplandor la cruz se vista 5
en tus siempre cristianos Pirineos,
y sobre el árbol de tus canos riscos
estandartes al sol ferie moriscos.
REINA
Ya no quiero más dicha, Rey, esposo,
dueño y señor del alma, que os espera; 10
a los brazos remito más airoso
el silencio que mudo la pondera.
REY
Mi amor, esposa cara, victorioso,
apresurando hazañas, porque os viera,
os presenta por timbre de Sobrarbe, 15
la Menfis de Aragón, Babel alarbe.
PEDRO SESÉ
Añada, gran Señor, a tu corona
lo que de España resta.
REY
Y vos en ella
Gobernador, tendrá en vuestra persona
segura paz y favorable estrella. 20
¿Qué es de mis hijos?
PEDRO SESÉ
Quieren en Pamplona,
cuando te acerques a su vega bella,
que abriendo muros, triunfos te aperciba
el laurel, abrazado con la oliva.
REY
¿Cómo está mi caballo encomendado? 25
PEDRO SESÉ
Racional esta vez y discursivo
demonstraciones hace, alborozado
apetece el jaez, desea el estribo.
REINA
¡Oh si supieses lo que me ha costado
tus órdenes guardar!
REY
Siempre recibo,
30
que ausente estoy y bárbaros molesto,
pesares de García. Mas ¿qué es esto?
 

(Tocan dentro cajas destempladas.)

 
¿Agora destemplados tambores
y lúgubres las fúnebres trompetas?
¿Quién nunca vio que en trágicos horrores 35
la púrpura presagie las bayetas;
el ciprés, los laureles vencedores;
apellidar victoria las baquetas?
¿Qué es esto, Sesé, que mis ojos miran?


Escena II

 

DON GARCÍA, DON FERNANDO, DON GONZALO y acompañamiento; todos de luto. Dichos.

 
DON GARCÍA
Ignorar y temer.
REY
Todos se admiran.
40
DON GARCÍA
Postrárame yo festivo
a tus pies, oh gran Señor,
coronando lo triunfante
del árbol, desdén del sol;
conmigo aplausos te hicieran 45
los infantes; pero no.
Que en tu ofensa interesados,
cubren de luto el honor.
¡Ah, si lazo el sentimiento,
si mi verdugo el dolor, 50
anudado a la garganta,
de tu fama protector,
me impidiese al pronunciarlo
los conductos de la voz!
La condesa de Castilla, 55
no ya reina, esposa no
del padre que un tiempo tuve,
y su adúltera afición
han malogrado...
REY
¿Qué has dicho?
REINA
¡Ay, cielos!
REY
Mordazas pon
60
a los sacrílegos labios;
que a la luz que te elevó
sobre la esfera del aire,
le impides el resplandor.
¿Contra tu madre y tu reina 65
frenético acusador?
¿Para tu sangre verdugo?
¿Para mí, para tu honor?
¿Tú eres fruto de tal árbol?
¿Tú de tal rama eres flor? 70
¿Tú príncipe de Navarra?
DON GARCÍA
Ni lo estimo ni lo soy.
Quien me infama no es mi madre;
no tu esposa quien rompió
coyundas al sacramento, 75
privilegios a su unión.
No ilusiones quimerizo,
no crédito a indicios doy
que ajenos labios refieran;
testigos mis ojos son 80
de tu deshonra y mi afrenta.
Ese que gobernador
de tu reino, ingrato busca
tu yalimiento, creyó
que del modo que tu reino 85
rige, también tiene acción
al tálamo que honestaste,
dos veces conspirador.
Los infantes, mis hermanos,
te dirán si es presunción 90
o certidumbre este aviso;
mientras que con ellos yo
salgamos, según los fueros,
desde que el primer albor
de la aurora esmalte orientes 95
hasta que la confusión
de la noche ocasos manche,
contra cualquier guerreador
que frenético defienda
ser falsa la acusación 100
que todos tres intimamos.
Un mes de plazo les dio
la ley a los delincuentes;
busquen en él defensor,
que a ese mismo, cada día 105
armados, satisfacción
a tu afrenta buscaremos.
Juez te aclamo, padre no.
Navarros, siempre las leyes
en vuestro antiguo valor 110
se veneraron intactas;
no se quebranten pues hoy.
La verdad sólo es mi madre;
ésta defiendo. Pues sois
sus conservadores recios, 115
viva en vuestra protección.
 

(Vuelven a tocar las cajas, y vase DON GARCÍA con el acompañamiento; los infantes pretenden seguirle, y el REY los detiene.)

 


Escena III

 

DON FERNANDO, DON GONZALO, el REY, la REINA, PEDRO SESÉ, soldados, acompañamiento.

 
REY
Espera, Fernando; escucha
Gonzalo: ¿habrá presunción
que acredite por vosotros
vislumbres de tal error 120
contra vuestra madre, infantes?
DON FERNANDO
Ya te lo ha dicho, Señor,
el príncipe don García:
participamos los dos
de esta ofensa; no es posible, 125
si él por sus ojos lo vio,
y es el más interesado,
que contra él haya excepción.

 (Vase.) 

REY
Y ¿tú, Gonzalo, también?
DON GONZALO
Yo estimo mas la opinión 130
que la sangre, y el testigo
es tal, que me convenció.


Escena IV

 

El REY, la REINA, PEDRO SESÉ, soldados, acompañamiento.

 
REY
Fortuna, ¿éstos son tus fines?
¿No me estuviera mejor
el sepulcro en la puericia 135
que a la vejez tal baldón?
Vaya la Reina al castillo
de Aybar, Sesé a la prisión.
(¡Ah cielos!) La ley se cumpla.
REINA
Mi inocencia ampare Dios. 140
PEDRO SESÉ
Mi lealtad defienda el cielo.
REINA
Rey, esposo, oye.
PEDRO SESÉ
Señor...
REY
Llevadlos; ¿a qué aguardáis?
PEDRO SESÉ
Si la envidia...
REINA
Si mi honor...
PEDRO SESÉ
Te obliga...
REY
No te despeñes.
145
PEDRO SESÉ
Mira.
REINA
Juzga sin pasión
REY
Marche el campo. ¡Oh dura suerte!,
mortal me lleva el dolor.
 

(Vanse.)

 


Escena V

 

Plaza a vista de la torre de Aybar.

 
 

BUSCÓN, SOL.

 
BUSCÓN
¿No basta que os lo he jurado?
SOL
Mientes.
BUSCÓN
Sol, pescudadora,
150
dígovos que ésta es la hora
que Ramiro ha renegado,
porque la tal infantesa
es más bella, aunque entre perros,
que la misma diosa Berros. 155
SOL
¿Vístela tú?
BUSCÓN
Lo que os pesa.
SOL
Di si la viste.
BUSCÓN
Yo no;
mas vi una galga preñada,
que es a ella pintiparada.
SOL
¡Verá el tonto! Cuidé yo 160
que allá se te había olvidado
lo frío.
BUSCÓN
¡Si es la corriente
del Ebro linda aguardiente
para salir abrigado!
SOL
A lo menos le levantas 165
ese falso testimonio
a Ramiro. ¿Él matrimonio
con una morisca?
BUSCÓN
Infantas,
como dellas no se guarde
el hombre, descrismarán 170
a cualquiera.
SOL
¿Qué dirán
los nuesos de que cobarde
huyes la guerra, culpando
a tu señor?
BUSCÓN
No lo es mío
ni tuyo, sino del río, 175
que garrote me iba dando.
Y lo que decirse puede,
si de mi mal se imagina,
¿es mas de que soy gallina?
A muchos buenos sucede. 180
Quien lo dijere no miente;
que yo, porque mas te cuadre,
desde el vientre de mi madre
me desnudé de valiente.
Es religión muy estrecha, 185
y yo en ella no he de entrar;
que nunca peco en matar:
con que quedas satisfecha.


Escena VI

 

FORTÚN; después, MENDO. Dichos.

 
FORTÚN
¿Sin Ramiro su criado?
¡Válgame Dios! ¿Qué será? 190
BUSCÓN
No me llame Buscón ya,
nuesamo; son Gil Aguado.
FORTÚN
¿Traes carta?
BUSCÓN
En letras esquivas.
FORTÚN
¿Qué dices?
BUSCÓN
Que en conclusión,
saliendo de aquí Buscón, 195
vuelvo del Ebro Juan Vivas.
FORTÚN
Este ha perdido el juicio.
BUSCÓN
Como Ramiro a su ley.
 

(Sale MENDO con una carta.)

 
MENDO
Ésta, Fortún, es del Rey
para vos. Fuele propicio 200
el cielo, como contrario
al bárbaro que destroza;
triunfó, en fin, de Zaragoza,
dejándole tributario.
Idle a ver, pues manifiesta 205
así lo que os ha estimado;
y adiós, porque me ha mandado
que no aguarde la respuesta.

 (Vase.) 



Escena VII

 

FORTÚN, BUSCÓN, SOL.

 
FORTÚN

 (Aparte. 

¡Carta del Rey para mí,
y aun no aguarda que la lea! 210
Aunque éste el primero sea
favor que al Rey le debí,
lo misterioso que oculta
sobresalta mi temor;
mas, si vuelve triunfador, 215
y su victoria resulta
de las hazañas que debe
al nieto, con que le obligo,
comunicará conmigo
sus medras. La carta es breve. 220

  (Lee.) 

«Si es, Fortún, la lealtad muestra
de la nobleza que cría,
ni Ramiro es sangre mía,
ni la puede tener vuestra.
Información fue siniestra 225
la que os escuché, en efeto:
matarme quiso en secreto
por reinar; y así, colijo
que a quien yo niego por hijo,
no le tendréis vos por nieto». 230
¿Creeré tal infamia yo?
¿Desmentiréme yo a mí?
El Rey me lo escribe así,
mi sangre dice que no.
Jamás Ramiro nos dio 235
indicios menos que reales;
jamás ¡ay ansias mortales!
pudo la envidia notar
átomos con que eclipsar
luces de mi honor leales. 240
Que es engaño es evidente;
pero ¿para qué eslabono
discursos, si de su abono
tengo el testigo presente?)
Ven acá Buscón, ¿qué hizo 245
Ramiro contra el valor
de bien nacido?
BUSCÓN
Señor,
sentenciarse a un romadizo
cuando se nos volcó el barco;
convertirse de hombre en pez. 250
Y tras que segunda vez
le bautizó el dicho charco,
renegar de nuestra ley,
adorar el zancarrón,
y sin decirle a Buscón 255
chus ni mus, armarle al Rey
la muerte. Y halo emperrado
una mora, que se llama
la infanta Zaina; y es dama
tan amiga de pescado, 260
que apenas le escupió el Ebro,
creyéndole, aunque en jubón,
que era atún o salmón,
cuando le arrojó un resquiebro.
FORTÚN
¿Que, en fin, mi infamia es notoria? 265
BUSCÓN
Yo pienso que debe ser
el diabro de la mujer
de la orden de la Vitoria.


Escena VIII

 

RAMIRO. Dichos.

 
RAMIRO

 (Al paño.) 

Quimeras de la ambición,
pues en mi centro me veis, 270
ya no me perseguiréis.
FORTÚN
¿En Ramiro tal traición?
BUSCÓN
Y sobre traición, aguada.
El Ebro la culpa tiene;
mas hétele por dó viene 275
el moro por la calzada.
RAMIRO

 (Llega.) 

Aunque el hado riguroso
pudo negarme, Señor,
premios (que medra el valor,
desdichado, victorioso), 280
sólo en veros soy dichoso;
porque siempre que os venero,
de suerte me considero
vencedor, que entre los lazos
de vuestros afables brazos 285
laureles dignos espero.
 

(Vale a abrazar, y retírase FORTÚN.)

 
Tío, ¿vos os retiráis?
¿Mudo vos conmigo así?
Algo os han dicho de mí
cuando la voz me negáis. 290
¿Hasta aquí, engaños, llegáis?
FORTÚN
Ni será sin fundamento,
si excusar tu vista intento.
Aparta; que la traición
es contagio, en mi opinión, 295
y mata con el aliento.
RAMIRO
¿Qué dices?
FORTÚN

 (A los criados.) 

Salíos afuera.
BUSCÓN

 (Aparte a SOL.) 

Sol, yo le vó a acusar
en casa de un familiar,
porque le quemen siquiera. 300
SOL
Calla, que es todo quimera.
¿De Ramiro eso creías?
BUSCÓN
Tú en no creerlo porfías
y de ti vengo a creer
que eres la primer mujer 305
que no cree en parlerías.
 

(Vanse SOL y BUSCÓN.)

 


Escena IX

 

RAMIRO, FORTÚN.

 
RAMIRO
Oíd.
FORTÚN
¿Qué es lo que me quieres?
RAMIRO
Advertid que soy Ramiro.
FORTÚN
Porque lo advierto me admiro
que hayas faltado a quien eres; 310
mas, por si acaso prefieres
lo dudoso a lo ignorado.
Y el origen que te ha dado
ser, y el cielo te ha escondido,
advierte lo que has perdido 315
por la infanta que has ganado.
El príncipe ser debías
de Navarra, y por blasón
de tus armas a Aragón
también aspirar podías. 320
Sangre de las venas mías
tienes, que mi infamia fue;
por ti soldarla pensé;
mas, pues no tienes honor,
quédate para traidor, 325
sin patria, origen ni fe.

 (Vase.) 



Escena X

 

RAMIRO.

 
Espera, Señor; mas no
esperes, que si me injurias
de esa suerte, vive Dios,
que ni a la vejez caduca, 330
ni a las canas, ni a la sangre
que dices que tengo tuya,
pueda respetar ni quiera.
¡Oh, mal haya mi fortuna!
¿Qué es esto, cielos airados? 335
¿Tan detestable es mi culpa,
que cuando rendido cejo
a la ira y a la furia
del destino, y cuando triste
me vuelvo a la sierra inculta, 340
aún no le debo el albergue
a quien le debí la cuna?
¡Yo traidor y yo acusado
de tanta ignominia injusta,
sin que le deje resguardo 345
a la verdad la calumia!
¡Brujulearme el origen
cuando el reino me asegura
mi tío, oráculo que
razones vuelve confusas! 350
¡Ver mi altivez enfrenada
ayer de la estirpe ruda!
¡Quedar el valor ajado
hoy en la prosapia escura!
Ramiro, ¿cuál será ahora 355
remedio de tus injurias?
No lo sé; que está el dolor
muy de parte de la duda.
Mas ¿qué mujer es aquella?
¿Qué luto? ¿Qué infausta turba 360
misteriosa la acompaña,
lastimeramente muda?


Escena XI

 

La REINA, de luto; soldados. RAMIRO.

 
REINA
¡Ah infeliz!
SOLDADO 1.º
Ésta es, Señora,
la torre de Aybar, en cuya
fuerza manda el Rey que quede 365
Vuestra alteza.
RAMIRO
Ya ¿qué dadan
los ojos? La Reina es ésta.
REINA
¡Ay de mí!

 (Cae desmayada.) 

RAMIRO
Mortal ocupa
el suelo.

 (Llega a levantarla.) 

SOLDADO 1.º

  (A RAMIRO.) 

Tened, soldado.
SOLDADO 2.º
Plaza.
SOLDADO 3.º
Fuera.
RAMIRO

 (Aparte. 

Aún mas se turba
370
el ánimo.) Caballeros,
si no yerra quien pregunta,
decidme, por Dios, ¿qué es esto?
SOLDADO 1.º
Nadie encubrirlo procura,
pues es público desde hoy 375
que los infantes acusan
de adúlteros a la Reina
y Pedro Sesé, por cuya
causa viene presa ahora.
RAMIRO
¿Sus hijos mismos la acusan? 380
SOLDADO 1.º
Sus hijos.
RAMIRO
Y ¿dicen que hay
sospechas ciertas?
SOLDADO 1.º
Ninguna.
RAMIRO
Yo lo creo así.
SOLDADO 1.º
Y podéis
creerlo con causa justa.
RAMIRO
¿Hay tal maldad? ¡Que sus hijos 385
proprios!... Mas la infamia, suya
ha de ser; pues no la vengan
primero que la divulgan.
Movido me ha a compasión
REINA

 (Vuelve en sí.) 

¡Ay, cielos! ¡Ah, suerte dura! 390
RAMIRO
Dejadme hablarla.
SOLDADO 1.º
No hay orden.
RAMIRO
Más mueve que dificulta.
REINA
Soldados, ¿qué es eso?
SOLDADO 1.º
Un hombre
que hablarte intenta.
REINA
Si juzga
mi dolor, y hablarme quiere, 395
algún alivio procura.
Dadle lugar, caballeros,
para que me hable, si alguna
piedad merecen los reyes
en el teatro o la tumba. 400
 

(Los soldados se retiran a un lado.)

 
RAMIRO

 (Arrodíllase.) 

A tus pies, ¡oh esclarecida
Reina!, a cuyas luces puras
ceden las del sol, se postra
hoy un hombre, a quien tu injuria
dice el alma que le toca, 405
y que vengarla asegura.
REINA
Caballero, levantáos,
pues en miserias tan sumas,
el que hoy se me postre está
por cuenta de mi fortuna. 410
Mas ¿quién sois, que a esta mujer
infeliz piadosa ayuda
ofrecisteis, cuando el alma
ni la quiere ni la busca?
RAMIRO
Ramiro soy de Moncada, 415
Señora, que de una gruta
de esta sierra humilde hijo,
nací para penas muchas.
REINA
¡Ay, hijo mío! Del Rey
tú lo eres sólo, tú ilustras 420
su sangre; al paso que aquellos
bárbaramente la enturbian.
RAMIRO
¿Es verdad lo que oigo, o son
afectos de tu ternura?
Señora, aunque a honor tan alto 425
piadosamente me subas,
yo trocara mis favores
al premio de tus venturas.
Mas el cielo vive, a quien
nada en los orbes se oculta, 430
y en quien la verdad sagrada
indefensa quedó nunca,
que han de morir los traidores,
quitando la mancha inmunda
en tu fama, del delito 435
que aleves falsos te imputan.
REINA
Plegue a Dios que en inmortal
dolor, que en eterna cuita,
negada al común descanso,
a la quietud de la urna, 440
viva yo siempre; o que muera
con la infamia, que es más dura
maldición, si en la inocencia
conyugal no estoy segura.
Mas no merezco, Ramiro, 445
tu favor; la causa escucha:
hijo eres del rey don Sancho,
Acaya fue madre tuya,
cuya nobleza veneran
Castilla y Navarra juntas; 450
que habías de aspirar al reino
no agüeros vanos anuncian;
y Fortún al Rey le intima
que el cetro real te ajusta.
Conspirados mis temores, 455
asechanzas te conjuran
hasta ahora, desde cuando
las aguas del Ebro surcas.
Yo he pensado ¡ay de mí triste!
Yo he creído que promulga 460
la sentencia de mi muerte
el hado con causa justa,
pues a tu vida inocente,
que ya de la envidia triunfa,
tantos riesgos busqué cuantas 465
traiciones hoy te acumulan.
Y pues al mortal suplicio,
en cuyas sombras fluctúa
todo el sentido, esta unión
se acerca casi difunta, 470
perdón de tantas ofensas
te pido. Y porque se anudan
las palabras en el pecho,
estas lágrimas las suplan.
RAMIRO
Señora, a los tiernos ojos 475
el clemente llanto enjuga;
que el llanto las culpas lava,
y en ti no hay que lavar culpa.
Y ya que el cielo no quiso
que más mi origen se encubra, 480
mis infortunios pasados
se descuenten a la suma
de lo que logro en saber
cuánto mi sangre se encumbra.
Y por si también ahora 485
permite el cielo que de una
desdicha nazca un abono,
como tal vez acostumbra,
yo juro por esta espada
(que de reliquias purpúreas 490
y de humor rojo vertido
del alarbe aún no está enjuta),
que no he de creer quién soy
hasta que en batalla dura,
de tanta infamia te vengue 495
y tanto traidor destruya.
Y esto por mí mismo; pues
que sea su sangre augusta
¿qué importa, si un falso duelo
basta para hacerla impura? 500
Soldados, llegad. Y adiós,
Señora; que se apresura
el valor a la venganza.
REINA
El cielo sea en tu ayuda.
 

(Vanse.)

 


Escena XII

 

Palenque delante de la torre, con dos tribunales, uno mayor que el otro.

 
 

SOL, BUSCÓN.

 
SOL
Yo no lo creo, Buscón; 505
pero he de ver en qué para.
BUSCÓN
Sola sol en el nombre y cara,
que no perdona rincón
ni uracho de sabandijas
que no atisbe y mire alerta; 510
y si te cierran la puerta,
se entra por las rendijas.
SOL
Una reina que acusada
por sus tres hijos está
y si defensor no da, 515
diz que ha de morir quemada;
ellos, que armados desde hoy,
han de salir cada día
contra quien los desafía,
¿es como quiera? Yo soy 520
perdida, Buscón, por ver
cosas que salgan del uso.
BUSCÓN
La mala madre mos puso
las cormas de la mujer;
pues siendo fuerza querellas, 525
con ser el peor cojijo,
no en balde un discreto dijo:
«Ni con ellas ni sin ellas».
Con ellas no, que mos paran
de llodo, y son rejalgar; 530
sin ellas no, que a faltar,
los hombres no se engendrarán.
Amallas y aborrecellas
nos hacen y no podemos
vivir, cuanto ser tenemos, 535
ni con ellas ni sin ellas.
Pero paso, que ya tañen
los guerreros tamboriles.
 

(Tocan cajas.)

 


Escena XIII

 

DON GARCÍA, DON FERNANDO y DON GONZALO, bizarros, con rodelas; ORDOÑO, de padrino; pueblo. Dichos.

 
SOL
Mujeres hay varoniles
que a Lucrecias acompañen; 540
que también saben las tocas
estar en la vertú duchas.
BUSCÓN
Sol, las aviesas son muchas,
pero las perfetas pocas.
DON GARCÍA
Corte ínclita de Navarra, 545
metrópoli más antigua
de cuantas por imitarte
blasona el hispano clima;
biznieta del argonauta,
sacra excepción de las iras 550
de Dios, que en el arca nave
guardó al mundo sus reliquias;
diadema del Pirineo;
del valiente Tubal hija,
que olvidando por ti el Asia, 555
pasó a tus tierras su silla:
navarros, príncipe vuestro
he sido, ya me apellidan
su vengador vuestras leyes;
término es de treinta días 560
concedido al adulterio
para que en ellos elija
o en la palestra su amparo,
o en las llamas sus cenizas.
El primero hoy de los treinta 565
manda el derecho que asista
armado con mis hermanos
al pie de esta torre altiva
de Aybar, donde está la Reina,
que es la palestra elegida. 570
Si hay quien la defienda, salga;
mas no habrá, pues que le obliga
un hijo que deste agravio
da fe, testigo de vista.
Ármese presto; ¿qué espera, 575
qué aguarda el Rey, cuando estima
fama que difunta llora,
si el valor la resucita?
La verdad es sobre todo,
navarros; ésta os intiman 580
tres hermanos: don Fernando,
don Gonzalo y don García.


Escena XIV

 

El REY, dos jueces, soldados; la REINA, de luto, con un tafetán en los ojos. Dichos.

 
 

(Salen al compás de música triste, y ocupa la REINA el tribunal pequeño, y el REY con los jueces el otro.)

 
REY
¡Oh qué cansados que son
los males, si se amotinan!
¡Cuán léjos de los consuelos! 585
¡Cuán cerca de las desdichas!

  (A sus hijos.) 

¿Os persuadiréis vosotros
a que la suma malicia
contra la suma inocencia
esta vez no os precipita? 590
JUEZ 1.º
Señor, el cielo averigua
dudas a sí reservadas;
y pues por costumbre antigua
se deja a las armas, ellas
pleito tan arduo decidan. 595
JUEZ 2.º
No basta discurso humano,
Gran Señor, a hallar salida
a laberinto tan ciego.
REY
Decís bien; guardar justicia.
REINA
Los cielos a mi inocencia 600
amparen, que a su divina
protección mi confianza
todas las verdades libra.
BUSCÓN

 (Aparte a SOL.) 

Sol, ¿no parecen los tres
en sus escaños o sillas 605
la fachada burgalesa
con los jueces de Castilla?
SOL
No está el tiempo para gracias,
Buscón; asómate y mira
el fin de tanto nublado. 610
BUSCÓN
Bien; pero ¿cómo se olvidan,
ya que está aquí la Reinesa,
dell otro?
SOL
El postrero día
del plazo los sacarán
par de la hoguera.
BUSCÓN
No guisan
615
buen manjar los tres infantes,
por más que contra ellos digan.
¡Asado el Gobernador!
¡Tostada su madre misma!
¡Fuego en tales cocineros! 620
SOL
Confunda Dios las mentiras.
BUSCÓN
Oye; que otros atabales
suenan.
 

(Suenan cajas destempladas.)

 


Escena XV

 

RAMIRO, de luto, con una banda negra por el rostro. Dichos.

 
SOL
Y la gallardía
del que los sigue se lleva
tras sí el alma con la vista. 625
JUEZ 1.º
Defensor tiene la Reina.
REINA
El cielo, que patrocina
inocencias contra engaños,
un rayo espado le ciña.
BUSCÓN
¿Por qué la cara mos tapa? 630
SOL
No sé lo que senefica.
 

(Tocan.)

 
BUSCÓN
Será, si no es por el polvo,
cofrade de disciplina.
RAMIRO
Rey Invicto, un forastero,
puesto que desobligado, 635
de sí mismo estimulado
por piadoso y caballero;
para coronar su acero
del árbol que monstruos doma,
diadema antigua de Roma, 640
contra el rigor y violencia
protector de la inocencia,
su defensa a cargo toma.
A Navarra representa;
por ella enlutada llora 645
a su natural señora,
que un hijo arrojado afrenta.
Su amparo está por mi cuenta;
ya traigo su compromiso
en fe de que el cielo quiso 650
que de tan bárbaro engaño
de tres hijos, otro extraño
les dé escarmiento y aviso.
No quiero ser conocido
mientras que triunfos no canto; 655
que si os desmaya el espanto,
dirán que no os he vencido
de la verdad persuadido.
Si contra tanta ilusión
prevalece la razón 660
a la luz de la justicia,
añadirá mi noticia
gozosa la admiración.
Ilustres jueces, mandad
que el sol nos partan.
DON GONZALO

 (Aparte a DON FERNANDO.) 

Fernando,
665
el temor me está anunciando
que amparo la falsedad.
DON FERNANDO
Trocó la temeridad
mi valor en cobardía.
DON GONZALO
Engañónos don García. 670
DON GARCÍA

 (Aparte.) 

¡Oh antojos de una mujer!
¡Qué de ellos echó a perder
vuestra temosa porfía!
JUEZ 1.º
Infantes, en vuestro acero
estriba la conclusión 675
de vuestra proposición.
JUEZ 2.º
Volved por vos, caballero.
Hagan la señal.
REY
Si adquiero,
cielos, la fama perdida,
premios el que os rige mida 680
a tal defensor.
 

(Tocan a acometer, embiste RAMIRO con los infantes, y cae DON GARCÍA.)

 
DON GARCÍA
Tened
las armas, y suspended
el que yo pierda la vida.
El negarme Pedro Sesé
y la Reina, mi señora, 685
el caballo, oh Rey invicto,
estando tú en Zaragoza,
cerró puertas al discurso;
que el enojo en la edad moza
es tempestad resistida, 690
que rompe con cuanto topa;
y ocasionó que intentase
una acción tan afrentosa,
una traición contra ti,
y contra mí una deshonra. 695
La Reina es luz de Navarra,
es pura y cándida aurora,
excepción de toda eclipse,
fénix única española.
Pedro Sesé en la lealtad 700
merece que se anteponga
a cuantos inmortalizan
los bronces y las historias.
Los dos infantes creyeron
persuasiones marañosas 705
de un hermano que veneran,
sucesor de tu corona.
A tus pies, padre y señor,
aguardo el castigo ahora;
mas donde está la venganza 710
los demás castigos sobran.
 

(Bájase el REY del tribunal, y llega donde está la REINA.)

 
REY
Ya no hay que esperar más dicha;
salió de las tenebrosas
confusiones de mis penas
más clara la luz de mi honra. 715
Llega, Señora, a mis brazos,
pues el alma, que te adora,
siempre, a pesar de traidores
te estimó.
REINA
Ya se transforman
fúnebres lutos en galas; 720
mis lágrimas sean mis joyas.
REY
¡Oh feliz protector mío!
No el semblante se me esconda
que mis dichas manifiesta.

  (Descubre a RAMIRO.) 

Si a esto me atrevo, perdona. 725
Ramiro, ¿quién sino tú
mitigara mis congojas?
Tu inocencia se acredita
hoy con acción tan heroica.
RAMIRO
Señor, si engaños pudieron... 730
REY
Calla, porque será ociosa
ninguna satisfacción,
pues en tu crédito sobran.
REINA
Tú sólo, oh joven del cielo,
eres mi hijo; a ti te tocan 735
mis herencias, mis estados,
mi sucesión y corona:
más perfecto sale siempre
el que la elección adopta
que el que la naturaleza 740
tantas veces defectuosa,
perseguida me amparaste,
y mis hijos ¡oh qué impropria
acción de naturaleza!
Lutos a mi afrenta cortan: 745
luego tú sólo mereces
que mi Castilla te ponga
de sus condes la diadema;
feliz, si dueño te goza.
REY
Yo también la de Navarra, 750
pues fue tu madre mi esposa.
RAMIRO
No, padre, no, gran monarca;
no, mi reina y mi señora;
que este nombre os daré siempre,
felicidad que me sobra. 755
Sucedan en vuestro reino
los tres, que mudos invocan
mi amistad y vuestra gracia.
Esto ha de ser, o la gloria
eclipsaréis al servicio 760
que os hice, siendo forzosa
mi ausencia donde jamás
los compita mi memoria.
Así los nobles se vengan.
REY
Y así tu alabanza heroica 765
dejarás eternizada,
que el tiempo no se le oponga.
DON GARCÍA
¡Qué liberal!
DON FERNANDO
¡Qué prudente!
DON GONZALO
¡Qué generoso!
SOL
Oigo absorta.
BUSCÓN
¡Qué valentón es Ramiro! 770
REINA
El estado en que me dota
mi esposo son bienes libres;
y así, el condado me toca
de Aragón. Yo te le doy.
REY
Y para que más airosa 775
salga esta acción, mi Ramiro,
su primero rey te nombra.
RAMIRO
A tus pies estaré siempre.
BUSCÓN
Esto se ha hecho sin boda;
que es novedad de comedia. 780
REY
A Sesé en libertad pongan.
RAMIRO
Y así, Senado, se vengan
los nobles.
BUSCÓN
Fin de la historia.





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