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Julio Herrera y Reissig

Presentación

El ambiente cultural del modernismo en el que se inserta Julio Herrera y Reissig se caracteriza por la recepción de una serie de corrientes e ideologías finiseculares que marcan el ambiente social con tensiones y discordancias. El positivismo triunfa en el Uruguay hacia 1890 como ideología de la modernidad burguesa y se implanta un concepto utilitario de la vida que acabará chocando con la filosofía idealista que promueven los más jóvenes. La penetración del evolucionismo y la consiguiente crítica de la religión levantaron apasionadas polémicas, se extiende el escepticismo, el nihilismo y el amoralismo, a lo que no es ajeno la difusión de la obra de Nietzsche y las ideas socialistas y anarquistas, a las que sumaron algunos escritores uruguayos de la época, entre ellos Herrera y Reissig en sus primeros años. Todo ello conforma un panorama que contrasta con las costumbres tradicionales y las creencias religiosas que continúan arraigadas en gran parte de la sociedad.

En una ciudad como Montevideo, provinciana y conservadora, no se podían encontrar publicaciones que alentaran el nuevo movimiento finisecular, tan sólo la Revista Nacional de Literatura y Ciencias Sociales (1894-1897) que dirigían José Enrique Rodó, Daniel y Carlos Martínez Vigil y Víctor Pérez Petit, caracterizada por su pensamiento eclecticista, y por supuesto las revistas de dos de los autores uruguayos más notorios: La Revista de Herrera y Reissig (1899-1900) y la Revista del Salto dirigida por Horacio Quiroga en las mismas fechas, que aunque no fueran declaradamente modernistas presentaron un cauce para el movimiento y acogieron y alentaron las nuevas formas poéticas. Es evidente que el modernismo en Montevideo no tuvo la difusión ni la cordial acogida que se le dispensó en Buenos Aires, no se formaron tantos cenáculos ni tan apasionadas discusiones. En ese ambiente conservador la figura de Julio Herrera y Reissig, espoleado primero por el impacto de Roberto de las Carreras y luego con su propia obra, significa el triunfo y la implantación del movimiento en el Uruguay. Y si se evalúa a un nivel continental su obra significa la consolidación de la poética modernista y la puesta en marcha de la poesía venidera.

El poeta modernista detestaba todo lo burgués en nombre de la belleza de la poesía. Burgués equivalía a vulgar, materialista, opuesto al arte, incapaz de comprender los estratos superiores del ser humano. Esta postura no les impedía a sus integrantes aprovechar sus medios ni sentían escrúpulos a la hora de integrarse en la sociedad, tal vez porque tenían la convicción de que no podían hacer otra cosa. Llevar esa «máscara de burgués», según Gutiérrez Girardot en su libro Modernismo (1983), les creaba una tensión y un dualismo que era el destino normal del poeta del fin de siglo. Herrera sufrió las consecuencias de estos embates sociales y a pesar de su abolengo familiar, no fue un privilegiado dentro de la sociedad de su tiempo. Su enfermedad y la mala fortuna de su familia no lo favorecieron, a lo que se unía su hiperestesia. Tan sólo se cumplirá por entero en su propia obra, verso y prosa. Con lo que en la figura del poeta uruguayo se concentra la complejidad de un movimiento, el modernista, que debe entenderse tanto en su vertiente ideológica y filosófica como en la expansión de la literatura francesa con los lineamientos que provienen del simbolismo francés y del decadentismo nacido con Baudelaire y promovido en sociedades hispanas por el libro de Joris-Karl Huysmans, Á Rebours (1884), donde se establece el paradigma del dandy finisecular que habría de prevalecer en tantas obras posteriores.

Con esta Biblioteca de autor que se le dedica se pretende acercar y revaluar la figura de Herrera y Reissig en su dimensión poética y en la pervivencia de su obra, y también presentar la parte menos conocida, afortunadamente rescatada en los últimos años, de su obra en prosa.

Carmen Ruiz Barrionuevo