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Literatura hispano-portuguesa

Introducción

Breve panorama de la literatura hispano-portuguesa

El primer portugués que escribe extensamente en castellano es el condestable don Pedro (1429-1466). Hijo del infante don Pedro, duque de Coímbra, y de Isabel de Urgel, y por tanto nieto y bisnieto de los reyes de Portugal y de Aragón, se tuvo que exiliar en Castilla entre 1448 y 1454, siete años formativos en que traba amistad con el Marqués de Santillana, quien le dedicaría su famoso Prohemio e carta…, primera historia de la poesía española. D. Pedro moriría en Granollers, reinando efectivamente en Cataluña con los títulos de rey de Aragón y conde de Barcelona, concedidos por la Generalitat y el Consell de Cent (1463-1466). El factor determinante de su uso del castellano es el exilio juvenil en Castilla. Allí escribió la mayor parte de su obra en esta lengua: las Coplas del menosprecio e comtempto de las cosas fermosas del mundo, la Sátira de felice e infelice vida y la Tragedia de la insigne reina D. Isabel. Toda esta obra, a la vez que permanece nítidamente portuguesa en sus temas, dedicatorias y destinatarios, revela sus raíces en la más prestigiosa literatura castellana del momento, con múltiples ecos de la poesía sapiencial y narrativa de Santillana y Juan de Mena, para la cual no había modelos en Portugal. D. Pedro fue también poeta lírico y con otros poetas menores en castellano, entraría en el Cancioneiro Geral de Garcia de Resende, y sus poemas cortos aparecerán dispersos por cancioneros manuscritos durante todo el siglo XVI, en ocasiones bajo el confuso membrete de «El rey D. Pedro de Portugal».

El XVI es el gran siglo del bilingüismo ibérico. Lo que para D. Pedro había sido una opción personal, se convierte ahora en una moda duradera cuyo origen y desarrollo tiene lugar principalmente en la corte. Durante ochenta años (1497-1578), la corte portuguesa va a contar de modo ininterrumpido con reinas consortes españolas: Isabel y María de Aragón, hijas de los Reyes Católicos y esposas sucesivas de D. Manuel de Portugal, y sus sobrinas Leonor y Catalina de Austria, hijas de Juana la Loca y casadas respectivamente con el propio D. Manuel y con su hijo D. Juan III.

Ante la reina Dña. María, para celebrar el nacimiento de su hijo Juan (III) en 1502, representó Gil Vicente (1465-1536) su primera obra: el Monólogo del Vaquero, o Auto de la Visitación, tradicionalmente considerado el texto fundacional del teatro portugués (aunque no faltan referencias a representaciones cortesanas semejantes en todo el siglo XV y anteriormente, de las cuales no se han conservado textos), seguido en el mismo año por el Auto pastoril castellano. Gil Vicente se convertiría así en dramaturgo áulico y con el patronazgo de la corona (curiosamente de la reina viuda Dña. Leonor, que era portuguesa) llegará a escribir 44 obras, once de las cuales en castellano y 18 bilingües, muchas dedicadas a conmemorar matrimonios, nacimientos y fiestas en la familia real, como el Auto de los Reyes Magos, Auto de la sibila Casandra y el Auto de los cuatro tiempos (Navidad), el Auto de San Martín (Corpus). La Barca de la Gloria de la Trilogia das Barcas se inspira en la Danza de la muerte, mientras que la Tragicomedia de D. Duardos y la Tragicomedia de Amadís de Gaula toman su argumento de los libros de caballería. Por último, aunque estos son más abundantes en portugués, no faltan algunos cuadros de costumbres en castellano, como la Comedia del viudo y el Auto de las gitanas.

Si el Cancioneiro Geral de García de Resende (1516) continúa la tradición bilingüe de la poesía cancioneril en verso tradicional (medida velha), Francisco de Sá de Miranda (1481-1558) es el responsable de la introducción del endecasílabo y el petrarquismo en Portugal y de que este nuevo modo de hacer poesía sea también, desde su inicio y para siempre, bilingüe. Tras su paso por Italia hubo también un paso por España, de donde regresó con la amistad de Garcilaso y una gran admiración hacia la obra de éste, que desde entonces será uno de los modelos incontestables del petrarquismo portugués, del mismo modo que lo era del castellano. La condición de clásico que Garcilaso adquiere en Portugal, el atento estudio a que se somete su obra, publicada numerosas veces en Lisboa, lleva a la imitación de su vocabulario y su frasis, que a su vez lleva al de su lengua. El caso de Jorge de Montemor (o Montemayor, 1520-1561) es excepcional. Ligado a la corte como cantor de la capilla de las princesas María Manuela (primera esposa del futuro Felipe II) y Juana de Austria (casada con D. Juan, heredero de Portugal), vivió menos de quince años en España, pero este corto período, con lapsos e intermitencias, fue suficiente para que se le haya integrado completamente en la historia literaria española, gracias a su Diana. Pero es también autor de una abundante poesía religiosa bilingüe (Glosa de diez coplas de Jorge Manrique, Exposición moral del salmo LXXXVI, Segundo cancionero espiritual). Dando muestra de la integración cultural ibérica del siglo XVI, Montemayor será también el traductor al castellano de la obra de Ausiàs March. Tras Sá de Miranda, el mayor de los garcilasistas portugueses es Diogo Bernardes (c. 1526-1594), quien, como mozo de cámara de D. Sebastián, gozó desde la corte de un puesto privilegiado para las modas y corrientes literarias. Se limita al portugués en las composiciones más extensas en arte mayor (O Lima), pero alterna ambas lenguas y les da igual uso en los sonetos de sus Rimas várias, alternancia que también encontramos en los variados metros de Várias rimas ao Bom Jesus, su poemario religioso. Competidor y contemporáneo suyo es Luís de Camões (c. 1524-1580), cuya producción lírica en castellano se expresa sobre todo en medida velha. Otro poeta de corte es Pêro de Andrade Caminha (c. 1520-1589), de amplia obra en castellano, también circunscrita principalmente a la medida velha, quien destaca por su musicalidad. Manuel de Portugal (m. 1606), cuya variada poesía lírica en ambas lenguas recibió los honores de ser atribuida tanto a Camões como a Garcilaso, la dejó dispersa en varios cancioneros manuscritos, pero logró ver impreso su extenso poemario religioso, exclusivamente en castellano.

También religiosa es la poesía de Fr. Agostinho da Cruz (1540-1619), hermano de Diogo Bernardes e igualmente bilingüe. Un independiente es Francisco da Costa (1533-1591), cuya obra poética (Cancioneiro de D. Maria Henriques) se desarrolla al margen de los círculos sociales que ligaban a los demás poetas de su generación. Escrita mientras estaba cautivo en Marruecos, incluye poesía lírica y moral, así como autos religiosos representados en Fez tanto para edificación de otros cautivos como para la conversión de judíos.

Mención aparte merece el uso del castellano por parte de los sefarditas portugueses exiliados en Amsterdam y en Italia, donde se funden con otros judíos de origen ibérico. Aunque en la primera generación se mantienen vivas las respectivas lenguas, todas acabarán fundiéndose en un ladino que es principalmente castellano, lengua que predomina desde el principio en los libros impresos para uso de esta comunidad, como la Biblia de Ferrara, publicada por el portugués Abraham Usque, o la primera traducción parcial del Cancionero de Petrarca al castellano, obra de su pariente Salomón Usque (Venecia, 1567). Portugués, aunque avecindado en Lima, fue el primer traductor de todo el Cancionero, Henrique Garcés, quien también tradujo Os Lusíadas al castellano (1591).

La poesía épica tiene asimismo un notable desarrollo en castellano. La necesidad política por parte de D. Sebastián de elogiar a Felipe II explica que tanto Jerónimo de Corte Real (1530-1590) como Pedro da Costa Perestrelo escribieran extensos poemas dedicados a la batalla de Lepanto: la Felicísima victoria…, y la Batalla Ausonia (este aún manuscrito).

Si las primeras reinas y princesas van a ser principalmente dedicatarias de poemas y obras de teatro, Catalina de Austria se distingue del grupo por ser, además de la más longeva (1507-1578), la mecenas más activa del grupo, de modo que durante más de medio siglo (1525-1578) marcó la vida cultural y artística del país. Un buen número de castellanos cruzaron la frontera a su servicio o fueron llamados posteriormente: así se establecieron en Évora los humanistas Rodrigo y Pedro Sánchez, destacados poetas neolatinos y tíos de Francisco Sánchez, el Brocense, que allí recibió su primera educación. Francisco Monzón (m. 1575), catedrático de teología en Coímbra y uno de los protagonistas de la reforma educativa emprendida por D. Juan III, dedicó al malogrado príncipe heredero su Espejo del príncipe cristiano, en castellano como toda su abundante obra religiosa y moral. También en Coímbra fue catedrático de derecho canónico Martín Azpilcueta, el Doctor Navarro (1492-1586), cuya obra se publica regularmente en Coímbra, Lisboa y Évora en latín y en castellano.

En 1580 Felipe II añade Portugal a los reinos de la Monarquía Hispánica y comienzan los sesenta años de unión ibérica (1580-1640). Se trata, naturalmente, de una época de mayor contacto cultural entre ambos lados de la frontera, aunque ésta se mantiene intacta a todos los efectos administrativos y gubernamentales.

La poesía continúa por los derroteros de las generaciones anteriores. El portuense Duarte Dias publica en Madrid un poema épico sobre La conquista de Granada (1590), en que trata de conciliar como una la historia de Portugal y la de España, y poco después su cancionero bilingüe Várias obras en língua portuguesa e castelhana (1592), que inaugura una nueva modalidad, pues aunque esté mayoritariamente en portugués, se publica en Madrid. También de O Porto es Bernarda Ferreira de Lacerda (1595-1644), cuyo poema épico Hespaña libertada (1618 y 1673) es de proporciones e intenciones mucho más ambiciosas, pues es una narración en veinte cantos de toda la reconquista peninsular. Muy distinto carácter tiene sus Soledades do Buçaco (1634), poema descriptivo de la sierra de ese nombre, en el norte de Portugal. La historia portuguesa también es motivo de épica en castellano, como en el caso de La infanta coronada por el rey D. Pedro (1606), sobre doña Inés de Castro, de João Soares de Alarcão (1580-1618), o el Poema africano (1633) de Manuel Moreira Pita, sobre hazañas portuguesas en el norte de África.

El prolífico Francisco Rodrigues Lobo (1580-1622) inició su carrera con un Romanceiro (1596), principalmente en castellano, y la terminó con otro en la misma lengua sobre La jornada que la magestad católica del Rey Don Felipe III hizo a Portugal (1623). El resto de su obra se publicó en portugués. Esta visita de Felipe III a Lisboa en 1619 fue motivo de numerosas relaciones y poemas descriptivo-narrativos en ambas lenguas, como el Triunfo del monarca... de Vasco Mousinho de Quevedo (c. 1570-1630, también autor de lírica bilingüe) y la Entrada y triunfo..., de Francisco de Matos de Sá. A la misma efemérides se dedica la Comedia de la entrada del Rey en Portugal (1621), de Jacinto Cordeiro (1606-1646), uno de los pocos portugueses que escriben teatro en castellano en la estela de Lope de Vega y Calderón, cuyas comedias eran representadas con regularidad en los patios lisboetas por compañías españolas.

La vida conventual en Lisboa, que de antiguo contaba con la presencia de religiosos castellanos, también participó de este bilingüismo, siendo notable el caso de Soror Violante do Céu (1607-1693), en cuyas Rimas varias (1646) no falta el alegato político en favor de los Bragança.

La casa ducal de Bragança, aspirante a la corona portuguesa y que acabaría obteniéndola en 1640, acepta en principio la nueva situación de dominio filipino, si bien manteniendo y hasta aumentando numerosos privilegios en sus extensos territorios. En torno a ellos se forma en el palacio ducal de Vila Viçosa una pequeña corte alternativa que cuenta con su núcleo de actividad literaria. Pero incluso en este ambiente de tintes nacionalistas no se abandona el hábito de escribir en castellano, como en el caso de Francisco Galvão (1563-1636), poeta religioso que allí recopila su pequeño cancionero bilingüe. Hay que recordar que también el duque D. Teodosio II y su madre Doña Catalina son quienes patrocinan la impresión en Lisboa de la Florida del Inca (1605) y los Comentarios reales (1609) del Inca Garcilaso.

Tras la restauración, Mariana de Luna dedica al nuevo rey su pequeño Ramalhete de poesías… (1642), celebrando su proclamación y augurándole victorias en la guerra que dirigía contra el rey de España, lo cual no es óbice para que lo haga en castellano.

Entre los portugueses residentes en Madrid y por tanto más implicados en la política filipina destaca el ingeniero, matemático e historiador João Baptista Lavanha (1550-1624), que escribe sobre todo en portugués, pero no así su edición anotada del Nobiliario de don Pedro, conde de Barcelos (1640). Miguel da Silveira (1580-1644), establecido en Madrid como médico y reconocido allí como poeta, se trasladó a Nápoles al ser perseguido como judaizante por la Inquisición, y allí publicaría tres poemas épicos de tema bíblico, siendo El Macabeo el de mayor éxito posterior. Francisco de Portugal (1585-1632), descendiente de los condes de Vimioso y del poeta del mismo nombre, se abrió paso como uno de los cortesanos más elegantes de Madrid, pero fue en Lisboa donde su hijo hizo imprimir, ya después de la independencia, sus bilingües Divinos e humanos versos (1652) y su Arte de galantería (1670), en castellano.

Poeta e historiador, Manuel de Faria e Sousa (1590-1649) es autor de varios poemarios publicados en Madrid: Muerte de Jesús y llanto de María (1624), Divinas y humanas flores (1624) Fuente de Aganipe (1644), además de un diálogo filosófico, Noches claras (1624) y la primera de sus obras históricas: Epítome de las historias portuguesas (1628), luego ampliado en Europa portuguesa (1680), que con Asia portuguesa (1675) y África portuguesa (1681) constituye su gran síntesis de la historia de Portugal y su imperio. Inéditas a su muerte, ocurrida en Madrid tras la restauración de la independencia, sus obras históricas saldrían a la luz en Lisboa, con el patrocinio de la corona portuguesa, pero en castellano. Escribió también una biografía de Martín Bautista de Lanuza, Justicia Mayor de Aragón hasta 1622, aparecida tras su muerte con el añadido de una biografía del propio autor (1650).

Pero la fama de Faria e Sousa está sobre todo vinculada a sus ediciones de la obra de Camões con extensos comentarios que todavía tienen validez, escritos también en castellano. Todavía en Madrid llegó a ver impresos los cuatro tomos de los Lusiadas (1639). Sin embargo, los cinco dedicados a la lírica quedaron manuscritos y serían publicados mucho después, en Lisboa (Rimas várias, 1685 y 1688). Quedó igualmente sin publicar el Cancionero recopilado por D. Manuel de Faria, su propia antología poética hispano-portuguesa, donde se entretejen obras de autores de ambas naciones, sobre todo portugueses contemporáneos que usan ambas lenguas, con predominio del castellano.

De muy distinto carácter, aunque semejante en su existir a caballo de la frontera, es la obra de Francisco Manuel de Melo (1608-1666), miembro de la nobleza portuguesa que serviría en el ejército de Felipe IV de España y en el de Juan IV de Portugal tras la restauración. Ambos desconfiaron de su fidelidad y le encarcelaron. Escribió poesía principalmente en castellano (Obras métricas, 1665), mientras que su obra de carácter sapiencial está casi toda en portugués, a excepción de las Obras morales... a la serenísima reina Dña. Catalina, reina de la Gran Bretaña, 1664.

Tras 1640 pone su pluma al servicio de la independencia portuguesa, pero, en busca de mayor difusión en Europa, lo hace también en castellano. Es el caso del Eco político (1645), del Manifiesto de Portugal (1647) y de varios alegatos jurídicos que, para mayor credibilidad, publica con el pseudónimo de Jerónimo de Santa Cruz. En España es sobre todo conocido por sus Guerras de Cataluña (Lisboa, 1645), reimpresas numerosas veces, igual que sus Epanáforas sobre la historia de Portugal, éstas en su lengua. Escribió asimismo teatro en castellano, si bien todas sus obras parecen haberse perdido, con la excepción de un fragmento de De burlas hace el amor veras, y una hagiografía de San Agustín: El fenis de África (1648-49).

Manuel de Galhegos (1597-1665) vivió igualmente entre ambas capitales y en ambos períodos histórico-políticos. En Madrid se relacionó con Lope de Vega y escribió obras de teatro no publicadas (El infierno de amor), así como su poema épico Gigantomachia (1626), impreso en Lisboa, pero en castellano, y la colectánea Obras varias al real palacio del Buen Retiro (1637). Simultáneamente escribió y publicó en portugués.

Aunque el castellano literario se sigue usando abundantemente en Lisboa después de la restauración brigantina, su uso va decayendo a finales del siglo XVII. Hay testimonios de un uso regular en los conventos, quizá como resultado de la continuada presencia en ellos de religiosas españolas, destacando Soror Maria do Céu (1658-1753), cuyas obras teatrales con el título colectivo de Triunfo do rosário (1740) se representaron e imprimieron todas en castellano. También sus Enganos do bosque, desenganos do rio (1741), narración pastoril a lo divino, inserta numerosos poemas en castellano en el texto portugués. Otra muestra de esta literatura religiosa son las breves colecciones de Villancicos producidos en la Capilla Real para cantar en Navidad y Reyes, publicados ininterrumpidamente hasta bien entrado el siglo XVIII (y de los cuales incluimos sólo una selección).

El gran epílogo al uso del castellano lo pone Matias Pereira da Silva con su Fénix Renascida (1716-1728), amplia antología que recoge en cinco tomos gran parte de la poesía del siglo XVII de antes y después de la independencia, sin faltar poesía política anticastellana o celebrando los triunfos de los nuevos reyes en la guerra con que consolidaron su trono... en castellano. El bilingüismo se da entre los poetas más antiguos, como Simão Torrezão Coelho (m. 1642) o Jacinto Freire de Andrade (1597-1657), en los que viven entre los dos períodos, como Barbosa Bacelar (1610-1663) y Jerónimo Baía (c. 1620-1688), y se extiende a quienes han vivido toda su vida tras la independencia como Francisco de Vasconcelos (1665-1723).

José Miguel Martínez Torrejón
(Queens College, CUNY, Hispanic Languages and Literatures)