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Manuel Álvarez Ortega

Manuel Álvarez Ortega atraviesa la segunda mitad del siglo XX como un vate visionario cuya voz destapa la caja de los truenos y abre la cancela de los mitos y las profecías, desparramada en largos versículos y cláusulas prosarias de entonación salmódica. En sus distintas actualizaciones simbólicas, la muerte se enseñorea de su poesía como una presencia pertinaz, alrededor de la cual se construye un canto de sonidos negros al desmantelamiento y a la desintegración.

«Vivir es descender a lo largo de los días
por una sima de relámpagos y recuerdos.»

Manuel Álvarez Ortega