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ArribaAbajoActo IV


Escena I

 

El teatro representa la habitación de BLANCA, en los mismos términos que el acto segundo. Luces en la escena.

 
BLANCA

 (Sola.) 

Aún no vuelve Felicia; y de mi pecho
no calman un momento los pesares.
¿Qué intentará Acciolino? No es posible
que un tirano tolere sin vengarse
la oposición de la virtud sagrada. 5
De Leopoldo ofendido, su desaire
dictar podrá al impío pensamientos
sanguinarios, atroces. ¡Ah! mi padre
no logrará su intento; y si Acciolino
por mi desgracia acaso sospechase 10
que mi esposo respira... si algún día
fuese objeto infeliz de sus crueldades,
Yo... ¡qué horror! Esta idea me estremece:
no será; no, gran Dios; primero acabe
mi vida una y mil veces... ¿Quién se acerca? 15

 (Mirando la puerta del foro.) 



Escena II

 

BLANCA, FELICIA.

 
BLANCA
Fiel amiga, ¿eres tú? ven a sacarme
de mis terribles dudas. ¿Qué medita
Acciolino? ¿El festín abominable
de su triunfo celebra? ¿Ha sospechado
que aún existe mi esposo?
FELICIA
Su cadáver
20
manda buscar al despuntar la aurora;
y a este fin presuroso sus parciales
fue a convocar, dejando enfurecido
orden de suspender en todas partes
el público festejo de esta noche. 25
Me informo de Leopoldo, pero en balde;
en la vasta mansión de este palacio
reina un triste silencio; no hubo nadie
que, sin temblar al verme, respondiese
a mis indagaciones.
BLANCA
Mas mi padre
30
¿adónde está? ¿Los nobles ciudadanos
y Alberto qué se hicieron?
FELICIA
No te afanes
inútilmente; acaso ya en el templo
la venganza concierta su coraje;
porque si la ocasión falto esta noche, 35
en otras circunstancias pueda hallarse.
Yo espero en sus esfuerzos.
BLANCA
¡Ah! Felicia;
Tú consolar pretendes mis pesares;
pero mi corazón sólo me anuncia
horrores, infortunios y desastres. 40
FELICIA
Desecha como indigno de tu pecho
el temor que tu espíritu combate;
y si para calmar tus inquietudes
te pudiese prestar seguridades,
dispón de mi amistad.
BLANCA
Confío en ella.
45
¿Tendrás valor?
FELICIA
Dudarlo es agraviarme.
¿Qué puedo hacer por ti? Resuelve, manda.
BLANCA
Pues arrostra animosa en el instante
de esa profunda bóveda las sombras;
desciende entre el horror y oscuridades 50
al panteón; si encuentras a mi esposo
en su lóbrego seno, el informarte
de Genaro podrá. Dile que ansiosa
espero de su suerte asegurarme;
dile que venga a mis amantes brazos55
a consolar mi amor: ve, no dilates
este alivio a mis penas... Pero aguarda...

 (Deteniendo a FELICIA.)  

Amiga, no me atrevo a separarme
de tu lado un momento: iré contigo.
 

(Se encaminan a la izquierda; ruido dentro, y se detienen.)

 
Mas... ¿qué rumor?... Escucha. ¡Oh qué cobarde 60
mi corazón palpita!


Escena III

 

DICHAS, ACCIOLINO y Guardias por la puerta del foro.

 
BLANCA
¡Oh Dios, que veo!
Acciolino... Felicia, no te apartes
de este lugar.
ACCIOLINO

 (A los guardias.) 

Soldados, sin mi orden
no permitáis que se introduzca nadie
en esta habitación.
BLANCA
¿Qué atrevimiento,
65
Acciolino, es el tuyo? ¿De qué nace
la osadía de entrar en este sitio,
adonde gimo en soledad los males
que causa tu rencor?
ACCIOLINO
Quedemos solos.
 

(Los guardias se retiran enteramente.)

 
BLANCA
¿Qué profieres? ¿Intentas insultarme 70
impunemente? Amiga, no te vayas.
ACCIOLINO
Retírate, mujer, sin obligarme
a que use del rigor.
 

(FELICIA se encamina la puerta de la izquierda.)

 
BLANCA
¡Cielos! Felicia...
¿Dónde... dónde?
FELICIA

 (Aparte.) 

Busquemos quien la ampare.
 

(Se va por la izquierda.)

 


Escena IV

 

ACCIOLINO y BLANCA.

 
BLANCA
La fuga me valdrá.

 (Quiere irse.) 

ACCIOLINO

 (Deteniéndola.) 

¿Y adónde piensas
75
segura estar de un poderoso amante?
BLANCA
¡Oh Dios! defiende mi inocencia.
ACCIOLINO
Escucha.
No vengo, aunque ofendido, a lamentarme
de tu fiero desdén, porque Acciolino
ignora de las quejas el lenguaje; 80
tampoco a recordar la preferencia,
con que te complaciste en mi desaire,
Eligiendo a Bautista por esposo;
pues no consiguió entonces agraviarme
como mujer tu femenil capricho:85
mas, como vencedor, quiero el ultraje
vengar con que un débil prisionera
se atreve a mi poder para insultarme.
Tú has despreciado en público, insensata,
la oferta de mi mano y mis piedades; 90
Tú preferiste que tu patria fuese
objeto de mis iras, al enlace
con que yo, degradando mi grandeza,
olvidé mis rencores para honrarte.
Por tu obstinada resistencia he visto 95
mi clemencia ofendida por tu padre;
he sufrido las necias amenazas
de tus conciudadanos miserables;
y en fin, he tolerado que Leopoldo,
protegiendo su audacia, rebelase 100
contra mí la obediencia de las tropas
que siguieron mi suerte en los combates.
De mi bondad estoy avergonzado;
mis continuos agravios son tan grandes,
que con la posesión de tu hermosura 105
apenas lograrán recompensarse.
A ella aspiro: resuelto a conseguirla
estoy como enemigo o como amante;
entre la fuerza y el amor elige
como tu corazón has de entregarme. 110
BLANCA

 (Aparte.) 

Tirano... Mas ¡qué digo! yo me pierdo
si excito su furor.

 (Sigue hablando con ACCIOLINO.) 

Deja que extrañe,
Acciolino, los medios afrentosos,
y el injusto rigor de que te vales.
¿Quién te ha dicho que pueden con la fuerza115
las almas generosas conquistarse?
La violencia en amor confirma el odio:
el rendimiento...
ACCIOLO
El mío ha sido en balde.
Preferiste a Bautista.
BLANCA
Tú conoces
que un femenil capricho es despreciable.120
ACCIOLINO
Lo dije, y lo confirmo; pero entonces
tu beldad, tu candor pudo inspirarme
un sentimiento débil; no eras digna
de seguir a Acciolino en los combates.
Te olvidé como hermosa en breve tiempo;125
pero después te he visto en las marciales
campañas del honor, y tu heroísmo
de nuevo ha conseguido que se inflame
mi corazón por ti; si depusieras
el tesón con que intentas despreciarme, 130
los dos unidos la feroz Germanía
temblara nuestros nombres formidables.
La ciudad de Bazano su grandeza
cobrara y su esplendor; y el mismo Marte
ornara nuestras sienes victoriosas 135
de palmas y laureles inmortales.
¡Oh Blanca! si el aspecto lisonjero
de la pompa marcial puede obligarte,
Cede a mi amor, sí, cede a la fortuna
de hacer felices estos habitantes. 140
¿Por qué has de desdeñar al lado mío.
de la fortuna infiel vivir triunfante?
BLANCA Porque no me permite mi decoro,
que tan pronto mi fe pueda entregarse
a quien causo la muerte de mi esposo, 145
y a quien para rendirme al fin se vale
de la violencia, y no de la ternura.
ACCIOLINO
Mi corazón desdeña ese lenguaje
impropio de un guerrero, y no consienten
tampoco mis ofensas que dilates 150
la posesión que anhelan mis deseos.
Ya eres libre; la muerte de tu enlace
en mi favor ha roto la coyunda:
la sombra de tu esposo no es bastante
a impedir mis placeres.
BLANCA
Yo la adoro
155
esa sombra infeliz; vive su imagen
en mi fiel corazón; en el grabada,
a mi vista presente en todas partes,
me recuerda la fe que le he jurado:
no la quebrantaré sin ser infame; 160
y esta afrentosa mancha, a quien has visto
arrostrar en los campos militares
la muerte y el terror, es espantosa.
Pues tu conoces mi valor constante,
deja que el tiempo a tu pasión conceda 165
sin mi oprobio, de amor felicidades;
y deja que de un héroe que idolatro
mi llanto a la memoria se consagre.
ACCIOLINO
Agraviado y celoso, ya ¿qué espero?
Resuelto estoy a todo.
 

(Se quita el morrión, lo pone sobre la mesa, y se acerca BLANCA.)

 
BLANCA
Favor.
ACCIOLINO
Nadie
170
estorbará, consiga...
BLANCA

 (Sacando un puñal.) 

Sí; mi muerte.
ACCIOLINO

 (Quitándola el puñal, y guardándolo.) 

Suelta, fiera: ni aún ella libertarte
puede de mi poder.


Escena V

 

DICHOS, BAUTISTA por la puerta del panteón con la espada desnuda.

 
BAUTISTA
Podrá su esposo.
ACCIOLINO

 (Confuso.) 

¡Qué miro! ¡Del sepulcro tú...
BAUTISTA
Cobarde,
tiembla; Yo vivo para confundirte; 175
para que no consigan tus maldades
tu criminal deseo.
ACCIOLINO

 (Aparte.) 

¡Oh rabia!
BAUTISTA
Vivo,
para que mi valor de tus crueldades
tome venganza; para que castigue
esta acción tan horrible, como infame.180
Desnuda el vil acero, si te atreves
la posesión de Blanca a disputarme:
solos estamos; lidia sin ventaja
cuerpo a cuerpo conmigo; y si lograres
vencerme, sacia entonces tu apetito 185
a costa de mi honor y de mi sangre.
BLANCA

 (Aparte.) 

Yo tiemblo.
ACCIOLINO

  (A BAUTISTA.)  

¿Y tú has pensado que Acciolino
aceptaría el singular combate
de un prófugo vencido, que se esconde
con viles artificios despreciables 190
de mi venganza? Yo me avergonzara
de esgrimir esta espada fulminante,
contra quien, de su esposo guarecido,
temiendo mi valor, pensó engañarme.
Ya estás en mi poder, ya las cautelas 195
de tu fingida muerte no te valen,
sino para aumentar mis justas iras.
Yo ofrecí tributar a tu cadáver
los últimos deberes; pues te encuentro,
Blanca vera tus pompas funerales. 200
BLANCA
¡Ah cruel!
BAUTISTA
¡Oh malvado! Yo respiro;
si me vences, podrás vanagloriarte.
ACCIOLINO
Ya verás a mi voz...
BLANCA
Detén la lengua;
¡Ay triste! No, Acciolino, el odio manche
la carrera feliz de tus hazañas. 205
Olvida generoso los fatales
extremos del rencor, oye mis ruegos;
y si es que Blanca mereció agradarte
alguna vez, excúsale a tu gloria
de una venganza vil la nota infame. 210
Si en el amor es tu rival Bautista,
yo soy la delincuente; en mí se sacie
toda tu indignación; pague el delito
Blanca que ha cometido en ser constante:
si con mi honor desciendo hasta el sepulcro, 215
contenta moriré, porque se acaben
con mi existencia el odio y los rencores
de dos guerreros en valor iguales.
BAUTISTA
¡Yo igual suyo! ¿Qué dices, fiel esposa?
¿Cómo esta afrenta tu dolor añade220
a mi desgracia?
ACCIOLINO
Escucha, temerario.
Sólo te resta un medio de aplacarme,
que tu supuesta muerte facilita:
resuelve abandonar estos lugares,
si has de salvar tu vida; un confidente225
a mis mandatos fiel, para llevarte
hasta Germanía, partirá contigo:
allí podrás gozar de mis piedades
ocultando a los hombres tu existencia:
mientras que yo los tristes habitantes230
de esta ciudad procuro hacer felices.
De tu vida el secreto es importante,
para que no conspiren en mi daño;
y para conseguir el tierno enlace
que a Blanca le destino: si la adoras, 235
no impedirás que un poderoso amante
desde esclava la eleve a ser su esposa
y piensa que si altivo te negares
al medio que te dicta mi clemencia,
pagarás la osadía con tu sangre. 240
BAUTISTA
Tu clemencia es bien digna de un tirano;
tu corazón de bronce, muy distante
está de conocerla, pues propone
por precio de ella un crimen detestable.
¡Yo abandonar a Blanca! ¡Yo mi vida 245
ocultar con infamia, por privarme
del nombre de su esposo en favor tuyo!
No lo esperes jamás, malvado; antes
mil vidas que tuviera desperdicio
fueran de tus furores. ¿Qué pensaste 250
de mí? ¿Blanca tu esposa ni tu esclava?
Nunca será.
ACCIOLINO
Será lo que yo mande.
Guardias.
 

 (Llamando.) 



Escena VI

 

DICHOS, Guardias por el foro.

 
BLANCA
¡Oh Dios! ¿Qué intentas, Acciolino?
ACCIOLINO
Acabar de una vez con mis ultrajes.

 (A los guardias.)  

A ese traidor, que oculto en este sitio 255
intentó cauteloso asesinarme,
arrastrad a morir.
BLANCA

 (Interponiéndose.) 

Piedad, clemencia,
Acciolino.
BAUTISTA

 (A BLANCA.)  

No ruegues a ese infame
impostor. Deja, esposa, que esta espada
en sus ministros viles y cobardes260
empiece tu venganza.
ACCIOLINO
Ni aún la gloria
tendrás en mi presencia del combate:
ríndete a mi rigor: mira este acero
 

(Sujetando BLANCA, y amenazándola con el mismo puñal que la quitó.)

 
pronto de Blanca a derramar la sangre
si te defiendes.
BAUTISTA
No; suspende el golpe.
265
BLANCA
No, esposo, te detengas vacilante
por mi peligro; piensa que la muerte
de un eterno baldón puede salvarme.
ACCIOLINO
Calla, fiera.
BLANCA

 (A BAUTISTA.)  

Defiende valeroso
tu vida, que es la mía; si triunfante 270
quedas de este tirano, nada importa
que yo perezca; y si murieses antes,
volveremos a unirnos en la tumba.
ACCIOLINO
Resuelve: o la traspaso en el instante
el corazón.
BAUTISTA
¡Ah bárbaro! Detente.
275
No hay en mi pecho, no, fuerza que alcance
a soportar su muerte ante mis ojos.
Ve aquí mi espada.

 (La arroja a los pies de los guardias.) 

¡Oh Dios! Guardias, llevadme.
ACCIOLINO

 (A BLANCA guardando el puñal.) 

Ya he triunfado: estás libre: oid vosotros.
 

(Habla en secreto a los guardias, mientras representan BLANCA y BAUTISTA.)

 
BLANCA
Bautista, me has perdido; más constante280
pensé que era mi esposo; con mi vida
de una vez terminaban mis afanes;
mas tú en poder de un monstruo aborrecido
me abandonas.
BAUTISTA
¡Ah! Blanca, yo...
ACCIOLINO

 (A los guardias.) 

Llevadle.
 

(Da los guardias el puñal que quitó a BLANCA.)

 
BAUTISTA
Aprende a respetarla de su esposo; 285
pues mi muerte tus iras satisface.
Blanca, a Dios para siempre.
 

(Los guardias se lo llevan.)

 


Escena VII

 

BLANCA, ACCIOLINO.

 
BLANCA

 (Quiere seguir BAUTISTA: ACCIOLINO la detiene.) 

No: tu esposa
te seguirá al sepulcro; en él mis males
acabarán conmigo. No me impidas

 (Lo que sigue a ACCIOLINO.)  

vaya a morir con él.
ACCIOLINO
Si lo intentares
290
apresuras su fin.
BLANCA
¡Qué! ¿Tan impío
será tu corazón, fiera implacable?
Aborto del averno, ¿qué pretendes?
¿No se sacian de estragos tus maldades?
ACCIOLINO
No, pérfida; me resta la venganza: 295
ella sola podrá desagraviarme
de tu astucia, tu engaño y fingimiento.
La causa de ese llanto abominable
he descubierto al fin; se ha desgarrado
el velo que ocultaba mis ultrajes: 300
sí; tú lloras la muerte de Bautista;
muy en breve sangriento su cadáver...
BLANCA
No, Acciolino; perdón. Heme a tus plantas

 (Se arrodilla.) 

invocando postrada tus piedades:
mi llanto te enternezca; compadece 305
mi dolor y mi estado lamentable.
¿Por qué te ha de ofender que de tus iras
la vida de un esposo libertase?
Él viva, y yo perezca; si mi engaño
es delito que puede condenarme. 310
¡Ah! mírame a tus pies en mis angustias,
abatida, llorosa y suplicante;
mira a Blanca de Rossi, adonde nunca
pensó que su desgracia la humillase.
Suspéndase el decreto sanguinario 315
de tu rigor; que vuelan los instantes
considera, y el golpe... ¡Oh Dios!... resuelve.
ACCIOLINO
Y ¿cómo piensas tú recompensarme
de mi piedad, si su perdón concedo?
BLANCA
Yo seré por mi esposo... por pagarte 320
tu clemencia seré...
ACCIOLINO
¿Qué? Di.
BLANCA
Tu esclava...
Mi gratitud...
ACCIOLINO
No logrará obligarme.
Resuelve ser mi esposa.
BLANCA

 (Levantándose con furor.) 

Tu enemiga,
bárbaro, eternamente: ¿te complaces
en mis tormentos? ¡Qué! ¿Me ves postrada, 325
y tú insistes feroz en insultarme?
Monstruo, yo te abomino.


Escena VIII

 

DICHOS, Guardias que entregan a ACCIOLINO el puñal ensangrentado.

 
ACCIOLINO

 (Mostrando a BLANCA el puñal.) 

Mujer fiera,
observa este puñal.
BLANCA
¡Oh Dios! Su sangre...
¡Ah cruel!... ¡Ay esposo!... yo fallezco.

 (Cae desmayada.) 

ACCIOLINO
He aquí rendida a su dolor infame 330
esta beldad soberbia:

 (Observándola.) 

ella respira,
sin que de mi poder pueda librarse.
Aún el desmayo aumenta su hermosura:
pero este abatimiento es el desaire
mayor de mi pasión...¿Y qué placeres 335
pudiera yo gozar en esta imagen
de la muerte? Insensible...

 (Tomándola la mano.) 

Reservemos
mi amor a la venganza: ante el cadáver
de mi rival, al pie de su sepulcro
mis esperanzas deben coronarse. 340


Escena IX

 

DICHOS y FELICIA por la puerta del panteón.

 
FELICIA
Yo vuelvo ver... ¡Gran Dio! ¡Blanca infelice!

 (Corre a BLANCA, y la incorpora en su regazo.) 

¡Oh Acciolino! ¿Llegaron tus crueldades
hasta verla morir?
ACCIOLINO
Blanca respira
para premiar las ansias de su amante.
Cuida de su existencia; y si se informa 345
de su traidor esposo, asegurarle
podrás, que en la morado de la muerte
por mi venganza eternamente yace.
Y dile que disponga en favor mío
su altivo corazón, para entregarme350
la posesión feliz de su hermosura,
sin que mis iras su decoro manchen.

 (Lo siguiente los guardias al irse.) 

Venid vosotros; velaréis, amigos,
en torno del palacio vigilantes,
en tanto que consigue mi cautela 355
a Leopoldo alejar de estos lugares.
 

(Se va con los guardias por el foro.)

 


Escena X

 

FELICIA y BLANCA desmayada.

 
FELICIA
¡Ah! ¡Qué horrible discurso! ¡triste amiga!
¿Qué la podré decir? Pero a cobrarse
de su desmayo empieza:

 (BLANCA empieza a volver en sí.) 

de la muerte
la palidez retrata su semblante. 360
Blanca

 (Llamándola, y ayudándola a levantar.) 

Blanca

 (Volviendo en sí.) 

Esposo... ¡Ay de mí!... Bautista, vuelve...
¡Cielos! ¿Quién es? Felicia, dime: ¿sabes
toda mi desventura? Tú la causas.
FELICIA
¡Yo! ¿Qué dices?
BLANCA
Sí, amiga; por salvarme
expusiste a la saña de ese monstruo 365
la vida de Bautista.
FELICIA
Ni tu padre,
ni Alberto, ni otro alguno de los nobles,
hallé en el panteón que te amparase:
sólo tu esposo estaba, y tu peligro
leyó en mi turbación: yo quise en balde 370
impedir que a este sitio...
BLANCA
En él he visto
un acero teñido con su sangre.
FELICIA
¡Qué horror!
BLANCA
Sigue mis pasos, ven.
FELICIA
¿Adónde?
BLANCA
Adonde entre las sombras sepulcrales
vuelva a unirme con él eternamente; 375
y adonde si mis ansias no llegaren
a recoger sus últimos suspiros,
mi corazón la angustia despedace.
 

(Se van por la puerta del panteón.)