Saltar al contenido principal

Marta Brunet

Comentario crítico1

Por Hernán Díaz Arrieta, «Alone»

Aguas abajo por Marta Brunet

En el último número de la revista Sur de Buenos Aires, que edita Victoria Ocampo y disfruta de amplio prestigio continental (Waldo Frank figura entre sus directores), hallamos una novela corta -Aguas abajo- firmada por Marta Brunet.

Creemos que merece un comentario.

Desde la aparición de Montaña adentro, con que se inició en las letras, Marta Brunet se había continuado, a veces brillantemente, siempre con relieve vigoroso, pero sin superarse. Algunos consideraban una fatalidad de su destino el haber comenzado con aquella órbita maestra que la encerraba en su círculo perfecto.

Ahora, por primera vez, lo rompe.

En Aguas abajo; hallamos todas las cualidades centrales de su temperamento: la firmeza rotunda, el dibujo preciso, la observación certera y cruel, esa luz especial de su estilo, como piedra dura, cincelada sin vacilaciones. Es una historia de gente campesina metida en su terruño y trabajada por las pasiones primitivas.

Pero hay algo más.

Una percepción, un temblor aéreo, un estremecimiento distinto, propios de la madurez, unidos a una mayor libertad hacen prolongarse el cuadro y proyectan la emoción hacia un plano de alta tragedia. Las escuelas nuevas, la poesía que entra en la región de los sueños, la dolorosa agudeza contemporánea han pasado por allí, sin conmover las bases fundamentales, que permanecen inalterables; Marta Brunet no podría descender a cierto caos desorganizado, pero las cimas se tienden a impulsos de otros vientos y, con ese simple movimiento que desvía el follaje, toda la perspectiva cambia y un horizonte desconocido se abre.

La atmósfera de su tiempo suele trastornar a los escritores, sacándolos de quicio e infundiéndoles ambiciones a que su temperamento no logra responder: es interesante observar, aunque sea de paso, este fenómeno de una personalidad robusta, de las más definidas con que haya contado la literatura criollista en Chile, seguir o señalar la corriente, sin entregarse a ella, obedecer al imperativo de su época, aprovechando sus recursos y afirmándose a un tiempo en sí misma.

Aguas abajo, con todo su fatalismo esencial y la rudeza de su historia, que evoca tragedias antiguas, indica en su autora, por la plenitud de la forma y la seguridad del tono, un prometedor retorno aguas arriba.

1. El Mercurio, 23 de julio de 1943.