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Marta Brunet

Poesía: El mundo al revés

Por Marta Brunet

Ilustración: Roser BruLa tienda «El mundo al revés»
compra a cuatro y vende a tres.
Consigue así tal clientela
que vende que se las pela,
por eso cuesta un horror
llegar hasta el mostrador,
y el parroquiano apurado
compra todo equivocado.
La tortuga, siempre quieta,
lleva una motocicleta.
La hormiga, no la cigarra,
se ha comprado una guitarra,
y la cigarra adquiría
-a plazos- una alcancía.
¿Para qué querrá una silla,
si no descansa, esta ardilla?
Un tigre con mucha prisa
exigió un libro de misa
y el fiero lobo estepario
cuatro cirios y un rosario.
Este gallo, por señora,
eligió una incubadora
y el pato hace un chiste malo:
pide una pata... de palo.
El perezoso, ¡qué horror!
hoy usa despertador,
y el pacífico cordero
un laque de cogotero.
Un cangurú saltarín
adquirió allí un trampolín.
-¿Un peso el cuello? ¡Qué estafa!-
protestaba la jirafa.
Por si son cortos sus trancos
pidió la cigüeña zancos,
y el oso -es pura verdad-
un manual de urbanidad.
La cebra, ¿no te desmayas?
se encargó un vestido a rayas.
La liebre salió algo inquieta
llevándose una escopeta. 
La tórtola arrulladora
quiso una ametralladora,
y el rinoceronte fiero
pues eligió un sonajero.
El burro (sin comentario)
diez tomos de diccionario.
Una polilla muy fina
entró a comprar naftalina.
La foca de modo extraño
probose un traje de baño.
Entró un ratón a deshora
pidiendo un gato de angora,
y un ciempiés al poco rato
se llevó un solo zapato.
Llega un bisonte, arremete
y sólo quiere un chupete,
y en cambio el conejo grita
que le vendan dinamita,
quiere el elefante, en fin,
que le entreguen un violín.
Como ya no hay quién se entienda
cambian de nombre a la tienda.