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Novela pastoril

Presentación de Novela pastoril

La llamada novela pastoril o, con términos de Lope de Vega felizmente recuperados por F. López Estrada, los libros de pastores constituyen, dentro de la prosa de ficción de los Siglos de Oro, un grupo genérico destacado desde varios puntos de vista. De entrada, llama la atención el importante número de títulos y, sobre todo, de ediciones que generó, tanto en España como fuera de sus fronteras, en castellano o mediante traducciones a otras lenguas. Si esto indica un importante aprecio por parte del público lector, la nómina de autores relevantes que contribuyeron al género nos habla de su notable prestigio literario, avalado por los precedentes que el mismo tenía en las literaturas antiguas y aun en las modernas (es el caso de J. Sannazaro y su Arcadia). Por otra parte, la versatilidad del género, manifiesta ya en su condición mixta de prosa y verso, le permitió desempeñar un papel decisivo en el proceso de configuración y contaminación de las formas y mundos narrativos que, mediando la mano cervantina, lleva paulatinamente al Quijote. Vale decir, a los inicios de la novela moderna.

El germen de la novela pastoril está en la égloga, género lírico en el que unos pastores literarios radicados en un paisaje concebido como locus amoenus, pero susceptible de concreción topográfica, viven y comparten sus experiencias amorosas, desdichadas las más de las veces, con la propia naturaleza y con otros compañeros de fatigas. Por este lado, el género entronca con la tradición del bucolismo antiguo, quintaesenciado en Virgilio, y lo hace habitualmente valiéndose de las versiones que del mismo dieron los autores modernos, como el ya citado Sannazaro o el propio Garcilaso. Pero también se nutre de otras variedades de lo pastoril, como la lírica del fondo tradicional castellano o la égloga dramática, que se había anticipado desde fines del s. XV en dotar al mundo pastoril de complejidad sentimental y variedad de registros literarios, entre lo cómico y lo trágico. Otra virtualidad implícita en la égloga que también aprovecha la novela pastoril es la de plantear de forma más o menos explícita lecturas en clave que permitan conectar el plano literario con una determinada realidad extratextual, normalmente las vivencias amorosas del autor y/o algunos de sus amigos literarios o protectores en el ambiente cortesano.

Resulta, pues, que por su entronque con la égloga, la novela pastoril tiende a la simplificación del universo literario, centrándolo en las vivencias sentimentales de unos personajes no sujetos a casi ninguna de las contingencias de la vida ordinaria en sociedad (pero no libres del todo: siempre hay un resto de jerarquía y tienen vigencia ciertas normas sociales, como las que atañen al matrimonio). El mundo de los pastores se convierte así en una especie de laboratorio donde explorar el ámbito de los afectos en su variada casuística. Al servicio de dicha exploración ponen los autores su conocimiento de la retórica amorosa, divulgada por los poetas del XVI tanto en la versión cancioneril como en la petrarquista. Y junto a ella, la teoría amorosa, casi siempre de fuste platónico, que difundían los tratados italianos de cortesanía, como el célebre de B. de Castiglione, o filografía, como los de P. Bembo, L. Hebreo y tantos otros.

Ahora bien, confinado en el núcleo de la égloga, el mundo pastoril podía agotarse literariamente en un número amplio, pero al fin limitado, de posibilidades combinatorias. En cambio, si entraba en contacto con otros mundos, el abanico de opciones ganaba en amplitud por la vía del contraste, el entrecruzamiento y la contaminación. Y esto fue lo que pasó. De manera que la prehistoria inmediata del género, entre 1530-1555, es justamente un proceso de tanteos y ensayos en el que lo pastoril aparece como episodio inserto en el marco de géneros como la novela de caballerías, la literatura celestinesca (en ambos casos de la mano de Feliciano de Silva), la novela bizantina (Clareo y Florisea) o emparejándose con la narración sentimental (como en un texto recientemente recuperado: El Libro de los amores de Viraldo y Florindo). Tocó a Jorge de Montemayor invertir los términos: hacer de lo pastoril el centro de atracción para personajes procedentes de otras esferas literarias y construir una estructura narrativa abierta que admitiese episodios con rasgos de narración bizantina, caballeresca, cortesana, etc. Todo ello en un delicado equilibrio entre narración y lirismo, mundos imaginarios y realidades contemporáneas, naturalidad y artificio. Por eso, para algunos, La Diana es a, a la vez, el arranque y la obra maestra de un género que, en la segunda mitad del XVI, desplazó en el gusto del público a la novela de caballerías.

No es cuestión, sin embargo, de recordar aquí una historia bien trazada en sus logros y fracasos por estudiosos como López Estrada, Avalle-Arce o Solé-Leris. Baste decir ahora que el fulminante éxito de La Diana abrió un surco que dio numerosos frutos a la imprenta (más algunos que se quedaron en el manuscrito) durante un periodo de poco más de ochenta años (suele decirse: entre 1558/1559, fecha de La Diana, y 1633, año de la publicación en Nápoles de Los pastores del Betis, de Gonzalo de Saavedra, que estaba escrita desde principios de siglo). Establecer la relación de los títulos que conforman el género no es tarea fácil en la medida en que su vocación proteica le permite, como ya se ha apuntado, admitir injertos que le dan variedad, tanta que en ocasiones pueden llegar a desnaturalizarlo. Por tanto, según se adopte un criterio más o menos restrictivo, la nómina se reducirá o se engrosará (y ahí está para demostrarlo la utilísima y generosa Bibliografía de los libros de pastores en la literatura española, de López Estrada, Huerta Calvo e Infantes de Miguel). En cuanto a marcar el límite allá por 1630, pese a la existencia de alguna obra epigonal tardía (por no hablar del fugaz revival del género a fines del XVIII), es decisión que se justifica por el innegable ocaso editorial que sufrió, acelerado en parte por la suspensión, entre 1625 y 1634, de la concesión de licencias para imprimir novelas y comedias en Castilla.

Si descontamos algún precedente aislado y los capítulos que le dedican las Historias literarias escritas en el s. XIX, el interés crítico por el género como tal arranca en torno a 1900, primero con la Tesis de Hugo A. Rennert (1892), quien lleva a cabo un catálogo bastante completo del género, y luego con el capítulo de M. Menéndez Pelayo en el vol. I de sus Orígenes de la novela (1905), que estudia varias novelas anteriores a La Galatea cervantina. Estos dos trabajos vienen a subrayar la relevancia histórico-literaria de la novela pastoril, pero, condicionados por la estética del Realismo decimonónico, sus autores tienen dificultades para encajar el género en la cultura literaria del siglo de Oro y para valorar adecuadamente su dimensión idealizante y artificiosa. Esta tarea fue asumida y completada por estudiosos de una generación bastante posterior, con Francisco López Estrada (1918-2010) y Juan B. de Avalle-Arce (1927-2009) a la cabeza, quienes pudieron acometerla sobre los fundamentos levantados previamente por Américo Castro (la revalorización del platonismo renacentista; la consideración del pastor como personaje literario que toma conciencia de su vivir cambiante) y Marcel Bataillon (la conexión entre lo pastoril y las corrientes de reforma espiritual en el s. XVI).

El nuevo marco crítico se define, más o menos, entre 1945 y 1960 (de 1946 es la primera edición de La Diana por López Estrada, revisada luego en 1954; de 1959 data la primera versión de La novela pastoril española, de Avalle-Arce). Y a partir de entonces los estudios y ediciones se hacen cada vez más numerosos y especializados, tomando por objeto tanto las obras de autores reconocidos (Montemayor, Gil Polo, Gálvez de Montalvo, Cervantes, Lope, Bernardo de Balbuena...) como otros títulos menos apreciados por la tradición crítica. Con todo, todavía hay obras que carecen de edición moderna y que apenas han recibido atención.

Las principales líneas de investigación que se han afianzado en los últimos cincuenta años pueden resumirse así:

  • Fuentes y modelos antiguos y modernos. Temas y tópicos. La onomástica pastoril.
  • Tradiciones literarias convergentes con la novela pastoril. Estructura narrativa: modelos y variantes.
  • La novela pastoril y la teoría literaria. Patrones retóricos y variantes estilísticas. La métrica: géneros y formas.
  • Las teorías amorosas y su incorporación al género pastoril. El amor como enfermedad. La cuestión del matrimonio. Ortodoxia y heterodoxia sexual.
  • La novela pastoril como literatura utópica. Lo maravilloso y la magia. La violencia y la muerte en el mundo pastoril.
  • La novela pastoril en su relación con el mundo cortesano, las fiestas y las academias literarias.
  • Personajes femeninos en la novela pastoril. Las mujeres como narradoras. ¿Literatura feminista?
  • El público de la novela pastoril: lectores y lectoras. Las condenas de los moralistas. Las críticas literarias.
  • La dimensión europea de la novela pastoril española. Ediciones, traducciones, influencias.

Quisiera indicar, finalmente, lo que el usuario puede encontrar en este portal temático:

  • Una cronología de la novela pastoril española.
  • Un catálogo digitalizado de fuentes primarias, que se irá actualizando a medida que las digitalizaciones estén disponibles para su inserción en el portal.
  • Una bibliografía de fuentes primarias y secundarias. Esta última va dividida en dos secciones: una de carácter general y otra específica sobre cada autor y/o obra. Para evitar un crecimiento desmesurado de la bibliografía, he tenido que dejar fuera aspectos colaterales de la cuestión (por ejemplo, la égloga lírica, la égloga dramática, la novela pastoril dieciochesca).
  • Una selección de Estudios digitalizados en la Biblioteca Virtual Cervantes.
  • Una selección de Enlaces a estudios digitalizados en otras webs.

Por último: el portal será objeto de actualizaciones periódicas. Por esta razón el autor agradece a los usuarios del mismo cualquier información que ayude a mejorarlo o actualizarlo.

Juan Montero
Universidad de Sevilla
jmontero@us.es