Saltar al contenido principal

Ocios de españoles emigrados

Presentación

Los hermanos Villanueva en el exilio: La revista «Ocios de españoles emigrados»

El 20 de septiembre de 1823, tras la toma de la fortaleza gaditana de Sancti Petri por las tropas del duque de Angulema, se puso punto y final a la aventura constitucional conocida como el Trienio Liberal. Con el retorno de Fernando VII al poder absolutista comenzó una indiscriminada represión entre españoles, tan habitual por otro lado. El siete de noviembre de 1823, en la madrileña plaza de la Cebada, era ahorcado el general Riego. Con su muerte no sólo desaparecía el símbolo de la libertad que había rebrotado en España entre 1820 y 1823, sino que lanzó a un largo exilio a lo más representativo de toda una generación política e intelectual.

El barrio de Somers Town, modesto arrabal londinense, acogió a gran parte de estos exiliados liberales. Justamente, el mismo lugar que, unos años atrás, había recibido a los numerosos emigrados franceses que huyeron de la Revolución1. Aunque favorecidos por una pequeña ayuda del gobierno inglés, la vida en Londres resultaba muy dura para los españoles. Blanco White señala que tuvo que pedir ayuda al obispo católico de Londres para socorrer a un grupo de sacerdotes españoles porque «vivían como gitanos en Somers Town, en casas medio derruidas, sin más que los indispensables utensilios de cocina, casi sin sillas...»2. En estas pésimas condiciones habitaban dos valencianos nacidos en Xátiva, los hermanos Villanueva3.

Diversas tertulias configuraban, casi diariamente, la vida intelectual y comunitaria de los desterrados constitucionalistas en Londres, ciudad que acogió cerca de un millar de familias españolas4. Vicente Llorens señala que las reuniones más importantes se celebraban por la noche en casa del ex-ministro de la Gobernación Agustín Argüelles, secretario en aquel tiempo del británico Lord Holland. Concurridas resultaban también las reuniones del British Coffee House, donde se congregaban cerca de sesenta emigrados hispanos, al menos una vez al mes. Otras tertulias periódicas se realizaban en la Spanish and Classical Library, perteneciente al diputado liberal valenciano Vicente Salvá, establecimiento de Regent Street que pronto adquirió gran prestigio, tanto entre los exiliados españoles como entre los intelectuales ingleses5.

Bien pronto, la opinión pública española se volcó en favor de los refugiados españoles y una petición de socorro lanzada por el alcalde londinense fue recogida y ampliada por dos diarios: The Examiner y The Times. Además, una comisión oficial de ayuda fue presidida por el mismísimo Lord Wellington. Pero también recibieron muestras de flagrante incomprensión: el que diversos sacerdotes españoles hubiesen tenido que emigrar a Inglaterra a causa de sus opiniones liberales dejaba estupefactos a gran parte de los conservadores católicos ingleses. Hasta el mismo vicario apostólico de Londres se negaba a concederles licencia para decir Misa sin que antes presentasen los avales de sus respectivos obispos, asunto éste que resultaba imposible de conseguir, claro está.

Entre estos clérigos fugitivos de la nueva y vieja España destacaron los setabenses Joaquín Lorenzo y Jaime Villanueva y Astengo, doctores por Valencia6 y Orihuela7, respectivamente. Joaquín Lorenzo8, autor de más de un centenar de obras en la España del siglo de las Luces9, había sido diputado por Valencia en las Cortes de Cádiz, adonde llevó a Jaime como redactor del Diario de Sesiones, destacando por su decidido apoyo a las medidas anticlericales10 aprobadas allí11 tras un pasado turbio y colaboracionista; durante el Trienio, el gobierno liberal le había nombrado ministro plenipotenciario ante la Santa Sede, nombramiento que, por razones obvias, el Vaticano había rechazado provocando un gravísimo incidente diplomático que culminaría con la salida de España del nuncio Giustiniani12.

Jaime Villanueva, por otro lado, dominico y siempre fiel acompañante de Joaquín Lorenzo, había estado trabajando en una importantísima obra que pretendía recoger en sus fuentes la historia litúrgica de la Iglesia española y que terminó siendo algo mucho más ambicioso, el Viage literario a las iglesias de España13. Ambos, además, pertenecían a la Real Academia de la Historia14.

Los dos hermanos Villanueva, acompañados de muchos de sus familiares, habían llegado a Londres el 23 de diciembre de 1823 procedentes de Dublín. Habían hecho muy bien en desaparecer rápidamente de España tras el golpe absolutista de Fernando VII ya que el Patriarca de Indias se dirigió al obispo de Cuenca, de donde en teoría era canónigo Joaquín Lorenzo, para notificarle que el monarca le había cesado como predicador supernumerario de su Real Capilla, en trece de enero de 182415 y preguntándole por si sabía de su paradero actual. Ya Joaquín y Jaime habían sufrido en sus carnes el rigor de la persecución fernandina cuando, en 1814, tras un severo juicio compartido con las más destacadas figuras de la España liberal, Joaquín fue desterrado al monasterio alcarreño de La Salceda, de donde no saldría hasta el triunfo de Riego, y Jaime recluido en el monasterio dominico de Onteniente16.

Una vez en el Reino Unido, bien pronto los hermanos Villanueva se convirtieron en asiduos de las tertulias londinenses de sus compatriotas, especialmente a las del valenciano Salvá, paisano y amigo de Joaquín y Jaime y con el que compartían paella los domingos17. Aunque Joaquín Lorenzo llegaría a cobrar un pequeño subsidio otorgado por la Comisión de Ayuda Wellington, las vidas de ambos hermanos transcurrieron, al menos durante sus primeros meses de exilio, en circunstancias muy precarias. Constantí Llombart recuerda que la vivienda londinense de Jaime Villanueva se reducía a que «darrere d’un biombo ahon tenia aloixat tot lo seu reduit eixaguar, y era son gabinet, son depaig y dormitori»18.

Origen y final de la revista

En el año 1824, los dos hermanos Villanueva y el ex-ministro de Hacienda José Canga Argüelles fundaron y redactaron el periódico Ocios de españoles emigrados19, hasta el año 1827, fecha de defunción de la publicación. Esta revista, la de más larga vida del exilio español, se editó mensualmente desde abril de 1824 hasta octubre de 1826, reapareciendo como revista trimestral entre enero y octubre de 1827.

La revista Ocios, en su primer número, explicaba el por qué de su título y aparición:

«Intitulamos este periódico Ocios de Españoles emigrados; porque esa es la causa de que se publique lo que sin esta emigración y sin haber cesado en las tareas que teníamos por nuestro destino en España, nunca se pensara en escribir.

El ocio suele debilitar a muchos el vigor del espíritu, convirtiéndose en triste ociosidad. Nosotros por la misericordia de Dios, viéndonos en tierra estraña, aunque tan amiga, y hallándonos sin ocupación forzosa, hemos echado mano de otra voluntaria, siguiendo en esto el impulso de una como segunda naturaleza, que tal llegó ya a ser la costumbre de trabajar, comunicando a nuestros semejantes lo poco que sabemos»20.

Los editores de Ocios señalaban, también, los objetivos que les había impulsado a nacer:

«Hablaremos, pues, de sucesos políticos pasados y presentes, porque ¿quién es tan estoico que afecte indiferencia respecto del tiempo en que vive y de las cosas que le tocan de lleno?»21.

En esta amarga descripción del anónimo prólogo de la revista se adivina la pluma de Jaime Villanueva, a quien califica Vicente Llorens como «el más docto de los eruditos de la emigración española». Al estudiar Ocios, notaremos que en muchas ocasiones nos toca adivinar la autoría de los artículos ya que, en ningún caso, los mismos están firmados por sus redactores.

En este primer número del periódico, Jaime colabora con la autoría del primero de los artículos, «Literatura española»22: utiliza el ejemplo que había usado, diez años atrás, en el prólogo anónimo, aunque de su paternidad como nos descubría el editor Cabrerizo23, de la obra del viajero galo Alexandre de Laborde24, obra que Jaime tradujo del francés. También pueden ser atribuidos a Jaime Villanueva, con toda seguridad, los estudios aparecidos en Ocios sobre «Bibliografía antigua española»25, «Los Templarios en España»26, «Los renuncios y gasconadas»27, donde plantea con sutil ironía los múltiples errores cometidos por Baluzio en su Marca Hispánica: «si dan una en el clavo, dan ciento en la herradura».

Numerosas descripciones de códices medievales se deben a la pluma de Jaime ya que, durante la investigación efectuada en las iglesias españolas, registró más de 150 archivos copiando y extractando millares de documentos, entre los que destaca en Ocios varias noticias de escritores antiguos, como Gonzalo de Berceo, el Arcipreste de Hita, Íñigo López de Mendoza y Alfonso X el Sabio, de quien remitió a la Academia de la Historia un legajo de 160 documentos. Todo este material, clasificado y estudiado por Jaime Villanueva y del que dejó abundante constancia en su Viage por las iglesias de España, obra en veintidós volúmenes y que tuvo una publicación realmente agitada28.

El manuscrito autógrafo de Jaime, Memorias cronológicas de los condes de Urgel, citado en el catálogo de la biblioteca Salvá29, era una obra completamente acabada, lista para publicar, que los sucesos políticos de 1823 lo habían impedido; al parecer, fue una de las pocas obras que Jaime consiguió llevarse al exilio. Sus versos, «sin vibración, aunque correctos», como señalara el profesor Llorens, se plasman en una de las composiciones poéticas aparecidas en Ocios, la «Epístola de Jamelio a Felicio»30, un canto a la tolerancia política y religiosa observada en Inglaterra:

«No turban aquí el ánimo clamores
De la beoda plebe, conducida
Por clerical furor, que o con su mano,
O al juez forzando a que la vara tuerza,
Al inocente priva de la vida.
Ningún déspota aquí, ningún ministro
Tu puerta rompe, ni tu lecho asalta.
Acata tú la ley; la ley te escuda»

Jamelio era el seudónimo poético de Jaime y Felicio el de su amigo el prelado Félix Torres Amat, compañero en las tareas bibliófilas31 y a quien se dirige en su poema recordándole las iniquidades que se estaban produciendo en España:

«No te duelas, Felicio, de mi suerte;
De ti te duele, mísero, que pisas
Suelo con mil horrores mancillado;
Suelo feliz en los antiguos días,
Cuando manaban del saber las fuentes;
Y envilecido aora, cual la Libia,
Por la torpe ignorancia, que se jacta
De no saber lo que a los hombres honra,
So doble yugo gime, y en la afrenta
Su gloria cifra, a súbita ruina
Con gigantescos pasos caminando».

Pero Jaime Villanueva, tras encontrase súbitamente enfermo en la casa de su amigo Salvá, fallece un 14 de noviembre de 1824. Según su hermano Joaquín, anónimo loador en tres de las páginas de Ocios, en su número ocho, del mismo mes de noviembre, de los trabajos de su inseparable compañero, dejó «un tesoro de obras inéditas y una gran colección de preciosos Manuscritos, fruto de su perpetua laboriosidad, y de su secreta erudición, y del partido que supo sacar de sus excursiones literarias».

A la muerte de Jaime, Joaquín Lorenzo Villanueva continuó su labor como redactor jefe de Ocios, sustituyendo a su hermano por Pablo Mendíbil, que había sido director de El Liberal Guipuzcoano, y al que encargó de la sección literaria que llevaba hasta entonces el dominico de Xátiva. Los artículos filológicos de Joaquín Lorenzo, que siguió la estela de su hermano Jaime, publicados periódicamente en Ocios bajo el título de «Etimologías orientales de la lengua española», le hicieron víctima de las diatribas y calumnias de otro diputado exiliado, el catalán Antonio Puigblanch32, lo que dio lugar a una de las más interesantes polémicas del exilio liberal español que acabó, como señala Antonio Papell33, por hastío y agotamiento.

Tras unos inicios titubeantes, la publicación alcanzó de más de mil ejemplares mensuales. Si en los dos primeros números de la revista no aparecía ninguna mención a los países hispanoamericanos recién emancipados, a partir del cuarto número, julio de 1824, comenzaron las informaciones políticas sobre diferentes países de la América española, especialmente sobre México. De forma tímida en un principio y abundante en los meses siguientes, motivado por evidentes razones políticas pero también, como veremos, económicas.

Esta innovación se debió a las gestiones del político ecuatoriano Vicente Rocafuerte, destinado a Londres en 1824 como secretario de la legación mexicana y cuya relación con los Villanueva data de la época del Cádiz de las Cortes. El ecuatoriano contribuyó con una suscripción de doscientos ejemplares mensuales por cuenta de la legación de México34 y, lógicamente, orientó la línea editorial sobre política americanista de los Ocios. Con el tiempo, Rocafuerte, un hombre que siempre reconoció la influencia que sobre él ejerció Joaquín Lorenzo Villanueva, llegó a ser presidente de Ecuador. El profesor Tobar afirma al respecto35 que, cuando Rocafuerte fue elevado a la jefatura suprema de su país, puso inmediatamente en práctica la doctrina predicada por el sacerdote español: reforma de regulares por la autoridad civil e intervención de ésta en la disciplina eclesiástica.

A través de los Ocios se pretendía crear un clima de mutua comprensión entre los exiliados liberales españoles y los flamantes ciudadanos de las nuevas repúblicas americanas. No obstante, pronto estalló la polémica entre ambos sectores merced a un artículo atribuido al ex-ministro Canga Argüelles, «Ojeada sobre la República de Colombia»36 que pretendía ser elogioso:

«Por lo expuesto se descubre que el espíritu de orden y de prosperidad prevalece en Colombia. Los habitantes de este país, al observar las ideas benéficas, la ilustración, y la diafanidad de las operaciones del gobierno, y al recordar las antiguas, tortuosas y oscuras formuladas del de la metrópoli, no podrán menos de unirse más y más al nuevo sistema».

Pero, también, el afán crítico y paternalista del autor del artículo le hace caer en intromisión y confrontación entre dos países nuevos y vecinos y, por lo tanto, recelosos entre sí:

«La República de Colombia debe ser aliada de la del Perú y no reguladora de sus destinos. Si sus tropas de auxiliares se convirtieron en dominadoras: si en el Callao protegieron un cisma: si ayudaron a disolver el Congreso de Lima bien o mal constituido: si apoyaron a una facción para derribar al supremo magistrado de aquella sociedad (Riva Agüero) para poner al mando con carácter de dictador en manos del general en jefe de Colombia (Simón Bolívar); estaremos autorizados para decir que una tal conducta está en oposición con las reglas de la política que debe seguir una república: que no se aviene la libertad en casa, la opresión en la del amigo: que es muy temible que las tropas que han ayudado a desbaratar un congreso, y han gustado el placer de una intervención política armada, puedan tiranizar luego a sus hermanos».

Canga Argüelles estaba pisando el más resbaladizo de los terrenos, criticar la figura de Bolívar. Y, claro, el artículo fue considerado sumamente injurioso para todos los americanos, siendo contestado en México con una réplica titulada «A los españoles ociosos de Londres, un americano ocupado». Como quiera que la polémica continuaba, y siempre en forma negativa para Ocios, que veía reducida drásticamente sus apoyos en forma de lectores y suscripciones, la dirección del periódico se hacía eco en su número de febrero de 182637, del artículo aparecido en la Gaceta del Gobierno de Lima del 25 de septiembre de 1825 en la que los emigrados londinenses no quedaban bien parados:

«Nosotros como hermanos agradecidos a los Colombianos, nos atrevemos a manifestarles que los españoles, sean liberales o serviles, son siempre españoles: esto es, creen que la América es un patrimonio suyo, y que son rebeldes, insurgentes excomulgados, los que sostienen los derechos de su patria. Muchos años se han de pasar antes que los españoles olviden las palabras, comunes en sus labios, de nuestras Américas, los criollos».

Los editores de Ocios se lamentan de que un manto de silencio cubriera todas las explicaciones que sobre el particular venían dando durante un año y, de nuevo, vuelven a cometer un error que ya será definitivo para la credibilidad de la revista en Hispanoamérica:

«Vemos con admiración y sorpresa que el Gacetero Limeño llama a sus conciudadanos desgraciados por ser hijos de españoles. Si no conociéramos que esta expresión es hija de un calor irreflexivo, y si no estuviéramos altamente penetrados de las virtudes que distinguen a los peruanos, temeríamos de la suerte de una república cuyos moradores hicieran alarde de maldecir de sus padres... ¡Desgracia el traer su origen de la estirpe blanca española!... Si ésta es tan detestable a los ojos de el gacetero, ¿cuál merecerá su aprecio? Acaso la degenerada a la cual los pueblos cultos niegan la participación de las ventajas sociales. Si los indígenas llegaran a conocer que la máxima poco meditada a que nos referimos, formaban la opinión general de los peruanos podrían disputarles el derecho de intervenir en su gobierno, pues que a la oriundez española deben los que dignamente figuran hoy en la república, el llamar patria suya, a la que en los siglos remotos, lo fue solamente de los hijos de Anahuac; y mirarían con horror a unos hombres que tan crudamente vilipendian su origen, noble y respetable, como lo ha sido siempre la nación española».

Como quiera que la polémica iba adquiriendo cada vez más volumen y que, cada vez más, aumentaban las voces críticas americanas contrarias a Ocios, el nuevo embajador mejicano en Londres decidió la suspensión de la subvención a la revista. Tras una lánguida existencia de un año, y una vez perdidas sus principales fuentes financieras, Ocios de españoles emigrados terminó por desaparecer.

Parece evidente, pues, que la revista pudo subsistir tanto tiempo gracias a la ayuda, absolutamente interesada, de Rocafuerte, quien ganaba para la causa americana un medio de expresión controlado por los liberales. Esta actitud entreguista de los Villanueva contrasta con la aparente independencia adoptada en su periódico El Español por Blanco White, quien en ningún momento aceptó, según sus propias palabras, que fuera subvencionado en forma sospechosa, tal y como asegura él mismo en su Autobiografía38.

Aunque tal vez Blanco no contara toda la verdad sobre la situación económica de su revista El Español ya que nunca evitó las suscripciones del gobierno inglés a la misma. Un gobierno británico que, por obvias razones, estaba muy interesado en difundirla por toda Hispanoamérica, a través de la sociedad Gordon & Murphy. André Pons39 nos habla de más de seiscientos los ejemplares de cada número del periódico de Blanco White que el Foreign Office compraba de cada uno de los títulos aparecidos.

La difusión de El Español por la 'multinacional' Gordon & Murphy se realizó a través de sus numerosos agentes en Gibraltar, Cádiz, Lisboa, Filadelfia, Kingston, Buenos Aires, Cartagena de Indias, La Habana, México y Veracruz, desde donde se distribuyó hacia el interior de Hispanoamérica. Parece evidente que el descubrimiento del mercado comercial y político hecho por las autoridades inglesas propició el aprovechamiento o subsistencia de muchos de los exiliados en el Reino Unido.

Los periódicos Ocios de españoles emigrados40 y El Español, se convertirían, pues, y a pesar de sus altibajos, en los mejores órganos de opinión y difusión de una ideología proclive a la independencia moderada de América; indeterminada y compleja ideología, ya que Blanco White detestaba por igual a los liberales españoles y a los serviles, como ha señalado muy acertadamente el profesor Alberich41. Pero, esa, ya es otra historia.

Emilio Soler Pascual
Universidad de Alicante

Notas

1. LLORENS, Vicente, Liberales y románticos, Castalia, Madrid, 1979, p. 42. 

2. LLORENS, Vicente, op. cit., p. 59. 

3. SOLER PASCUAL, Emilio, «Los Villanueva: una familia aragonesa en el Antiguo Régimen», en El Conde de Aranda y su tiempo, Dirección de José Antonio Ferrer Benimeli, Institución Fernando el Católico, CSIC y Diputación de Zaragoza, Zaragoza, 2000, pp. 819-831. 

4. SÁNCHEZ MANTERO, Rafael, «El exilio político en tiempos de Blanco White», en Archivo Hispalense, número monográfico dedicado a Blanco White, Sevilla, 1993, pp. 75-89.

5. BIBLIOTECA NACIONAL DE ESPAÑA (BNE) D-5700, Ocios de españoles emigrados, «Librería Española y Clásica de Don Vicente Salvá», tomo III, pp. 152-154.

6. ARCHIVO DE LA UNIVERSIDAD DE VALENCIA (AUV), Libro de Grados, año 1774-76.

7. BIBLIOTECA PÚBLICA DE ORIHUELA «FERNANDO DE LOAZES» (B.P.O.), folleto 20337. 

8. SOLER PASCUAL, Emilio, «Semblanza de un ilustrado español: Joaquín Lorenzo Villanueva y Astengo (1757-1837)», en Quaderni di filologia e lingue romanze, Universitá di Macerata, Terza Serie 15, pp. 5-22 Macerata, 2002. 

9. VILLANUEVA, Joaquín Lorenzo, Vida Literaria, Edición, introducción y notas de Germán Ramírez Aledón, Instituto de Cultura Juan Gil-Albert, Alicante, 1996. 

10. LA PARRA, Emilio, «Los ilustrados valencianos y el primer Liberalismo», en Anales Valentinos, 46, Valencia, 1996, pp. 283-296.
——, El primer liberalismo y la Iglesia, Instituto de Cultura Juan Gil-Albert, Alicante, 1985. 

11. VILLANUEVA, Joaquín Lorenzo, Mi viaje a las Cortes, Estudio preliminar de Germán Ramírez Aledón, Diputación de Valencia, Valencia, 1998. 

12. SOLER PASCUAL, Emilio, El Viaje Literario y Político de los Hermanos Villanueva, Biblioteca Valenciana, Valencia, 2002. 

13. VILLANUEVA, Jaime, Viage literario a las iglesias de España, Estudio previo de Emilio Soler Pascual, Faxímil Edicions, Valencia, 2001, Edición completa de los 22 vols. en CD-ROM. 

14. ARCHIVO DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA (ARAH), Expedientes personales: Supernumerarios. 

15. ARCHIVO GENERAL DE PALACIO (AGP), Expedientes Personales, Caja 7957, exp. 5.

16. VILLANUEVA, Joaquín Lorenzo, Vida Literaria, op. cit. 

17. REIG SALVÁ, Carola, Vicente Salvá. Un valenciano de prestigio internacional, Institución Alfonso el Magnánimo, Valencia, 1972, p. 100.

18. LLOMBART, Constantí, Los Fills de la Morta-Viva. Apunts Bio-bibliográfichs, Valencia, Emprenta d'Emili Pasqual, 1883, p. 163.

19. BNE, D-5700, Ocios de españoles emigrados, Periódico mensual, 7 vols. Londres, Imprenta de Macintosh, 1824-27. Existe una copia del microfilm en la Biblioteca Gabriel Miró de la CAM alicantina, a cuya bibliotecaria, Rosa Monzó, le debemos un profundo agradecimiento. 

20. BNE, Ocios de españoles emigrados, D-5700, vol. I, p. 1.

21. BNEOcios de españoles emigrados, D-5700, vol. I, p. 5.

22. BNEOcios de españoles emigrados, D-5700, vol. I, pp. 7-13.

23. CABRERIZO, Mariano de, Memorias de mis vicisitudes políticas, desde 1820 a 1836, Valencia, Imprenta de Mariano de Cabrerizo, 1826. Prólogo de la obra. 

24. LABORDE, Alexandre de, Itinerario descriptivo de las Provincias de España: Reino de Valencia, Librería de Cabrerizo, Valencia, 1826. Prólogo. 

25. BNEOcios de españoles emigrados, vol. I, 1, pp. 27-40; vol. I, 2, pp. 156-161; vol. II, 5, pp. 1-11; vol. II, 6, pp. 97-108; vol. II, 7, pp. 253-257.

26. BNE, Ocios de españoles emigrados, vol. I, 5, pp. 78-84.

27. BNEOcios de españoles emigrados, vol. I, 3, pp. 249-253.

28. SOLER PASCUAL, Emilio, El Viaje Literario y Político de los Hermanos Villanueva, op. cit.

29. SALVÁ, Vicente, Catálogo de la Biblioteca Salvá, Faxímil Edicions, Valencia, 2001. 

30. BNEOcios de españoles emigrados, vol. I, 1, pp. 81-84.

31. TORRES AMAT, Félix, Memorias para ayudar a formar un diccionario crítico de los autores catalanes y dar alguna idea de la antigua y moderna literatura de Cataluña, Imprenta de J. Verdaguer, Barcelona, 1836. 

32. JARDÍ, Enric; Antoni Puigblanch, Els precedents de la Renaixença, Aedos, Barcelona, 1960, p. 118 y ss. 

33. PAPELL, Antonio, «La prosa literaria del noclasicismo al Romanticismo», en Historia General de las literaturas hispánicas, obra dirigida por Guillermo Díaz Plaja, vol. IV, Ed. Barna, Barcelona, 1957. 

34. ZÚÑIGA, Neftalí (ed.), Rocafuerte y el periodismo en Inglaterra, Quito, 1947, p. III.

35. TOBAR DONOSO, Julio, La Iglesia ecuatoriana en el siglo XIX, Quito, 1934, p. 301 y ss. 

36. BNEOcios de españoles emigrados, vol. II, 7, pp. 209-221.

37. BNEOcios de españoles emigrados, vol. V, 23, pp. 98-107.

38. BLANCO WHITE, José, Autobiografía de Blanco White, Edición de Antonio Garnica, Universidad de Sevilla, Sevilla, 1975, pp. 191-193.

39. PONS, André, «Blanco White y la emancipación hispanoamericana. El Español 1810-1814», en Archivo Hispalense, 231, Diputación provincial de Sevilla, Sevilla, 1993, pp. 31-53. 

40. SOLER PASCUAL, Emilio, «Ocios de españoles emigrados: una revista del exilio londinense», en Disidencia y exilios en la España Moderna, Antonio Mestre y Enrique Giménez (eds.), IV Reunión Científica de la Asociación de Historia Moderna, CAM/Universidad de Alicante, Alicante, 1997, tomo II, pp. 833-848. 

41. ALBERICH, José, «Las cartas de España de Blanco White y los viajeros ingleses de la época», en Archivo Hispalense, 231, Diputación Provincial de Sevilla, Sevilla, 1993, pp. 105-127.