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Ramón de la Cruz

Presentación

Como sucede a menudo, es el teatro que se escribe por y para la eficacia escénica, desentendido de cualquier pretensión deliberada de renovación teatral, el que a la larga, y sin pretenderlo, termina resultando el auténtico impulsor de nuevas corrientes dramáticas. Tal es el caso de los Sainetes de Ramón de la Cruz, escritos por encargo de los actores para amenizar los entreactos de las obras, que en su día gozaron del éxito y de la aceptación popular, a pesar de ser desdeñados por la élite ilustrada, que los juzgaba vulgares y de escasa enseñanza moral. Y sin embargo, como decimos, en esas pequeñas piezas se hallan los embriones de futuras corrientes teatrales de las que aún hoy seguimos bebiendo; desde el costumbrismo realista al teatro musical, pasando por la comedia fantástica o la farsa burlesca. Así resumía en 2006 la aportación de Ramón de la Cruz (1731-1794) a la historia del teatro español el director de escena Ernesto Caballero, autor para la Compañía Nacional de Teatro Clásico del excelente montaje de sainetes que se representó primero en el teatro Pavón de Madrid, y luego en el festival de Almagro de 2007.

Ramón de la Cruz fue indudablemente uno de los dramaturgos más populares y más fecundos de la segunda mitad del siglo XVIII. Cultivó todos los géneros dramáticos, pero la fama póstuma la debe efectivamente a sus sainetes, una forma de teatro breve que llegó a renovar reproduciendo la realidad cotidiana del Madrid de su tiempo, aprovechando sus dotes satíricas en unas obritas cada vez más desligadas de la tradición anterior y creando una comicidad que aún sigue funcionando en el siglo XXI, como se ha demostrado. Lo que pretendemos aquí es contribuir a una nueva valoración de la obra de un autor injustamente relegado.

Mireille Coulon
(Universidad de Pau)