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Ramón López Velarde

Presentación

La literatura de Ramón López Velarde (Jerez, Zacatecas 1888-México, D. F. 1921) representa la etapa crítica en la que, mediante una Revolución, México cerró el siglo XIX y se adentró en el XX. En vida López Velarde sólo publicó los poemarios La sangre devota (1916) y Zozobra (1919). Entre ambos perfiló la imagen ambigua de un escritor provinciano y católico, perdido y fascinado en la modernidad de la capital, que ahonda con una mezcla de seriedad, ironía, timidez y audacia, en sus obsesiones, complejos y dramas. Apenas había encontrado su inconfundible voz y empezaba a ser conocido y discutido cuando, días después de publicar «La suave Patria», ocurrió la desgracia de su muerte. Llegó el inmediato reconocimiento oficial y se sucedieron los homenajes, la publicación póstuma de El minutero (1923) y El son del corazón (1932), el fervor de generaciones de lectores, los descubrimientos de páginas dispersas, manuscritos, cartas y nuevos datos sobre su biografía, las ediciones y las revisiones. Todo contribuyó a aumentar su leyenda, a revelarlo tanto como a ocultarlo. En la casa de la cultura de México cuelga su retrato. Es el «joven abuelo», el ya lejano pero aún entrañable fundador de la poesía mexicana contemporánea.

Pocos poetas mexicanos han provocado una fascinación tan resistente y esquiva, y han sido tantas veces interrogados. Todavía se siguen descifrando las claves de sus conflictos íntimos, las protagonistas femeninas de su novela sentimental, las fuentes, fórmulas, metáforas y alusiones secretas de su lenguaje, su callada rivalidad con escritores consagrados de aquel tiempo, las causas de su temprana muerte, el mensaje de «La Suave Patria», las palabras ilegibles de «El sueño de los guantes negros» o su equívoco papel en la historia y la mitología de la Revolución. Pero esta figura singular e irremplazable del santoral poético mexicano, sigue siendo prácticamente un desconocido fuera de su país. No resulta fácil asignarle un lugar en la historia de la poesía en español. Como a otros solitarios representantes de ese periodo de transición nombrado en los manuales con el marbete de «posmodernismo», se tiende, casi automáticamente, a otorgarle un valor subordinado, de epígono o precursor de las grandes figuras del modernismo y las vanguardias. Los más autorizados defensores de su causa a nivel internacional fueron Borges, Neruda y, desde luego, Octavio Paz. Borges reconoció en López Velarde a un acólito del pontífice sumo Lugones, pero con virtudes poéticas que éste no siempre alcanzó. Neruda lo colocó en el cielo de la poesía modernista, inmediatamente detrás de sus venerados Darío y Herrera y Reissig. Y Paz, excepcional mediador y artífice del canon poético mexicano y moderno, terminó otorgándole el título incierto de «gran poeta menor». Acaso el mejor aval de López Velarde, lo único irrefutable y que finalmente importe a un lector actual, sea el puñado de poemas en verso y prosa con los que trascendió el lenguaje de su tiempo para alcanzar «de algún modo sutil -como dijo Neruda-, la eternidad de la poesía»: «Mi prima Águeda», «Mi corazón se amerita», «Tierra mojada», «El retorno maléfico», «El mendigo», «Hormigas», «Ánima adoratriz», «La última odalisca», «Todo», «Humildemente», «La Suave Patria», «Obra maestra», «En el solar», «Las santas mujeres», «El bailarín», «José de Arimatea», «La Ascensión y la Asunción», «El sueño de la inocencia» o «El sueño de los guantes negros».

Esta página de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes nace como lugar de encuentro, lectura, difusión y estudio de Ramón López Velarde. Reúne ediciones de sus libros y páginas dispersas, trabajos generosamente cedidos por algunos de sus principales críticos, introducciones generales a su figura, su obra y su contexto histórico, imágenes y otros materiales que, esperamos, puedan ir enriqueciéndose con el tiempo.

Alfonso García Morales
Universidad de Sevilla