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Ricardo Gullón

Presentación

Más que una presentación pormenorizada de la obra crítica de Ricardo Gullón prefiero ofrecer un comentario de lo que me parece lo mejor y más duradero de la misma, lo que sigue teniendo valor en la actualidad, y en lo que su contribución fue única.

Primero, y esencial, su dedicación al estudio y preservación del legado literario de Juan Ramón Jiménez. Durante años dirigió la Sala Zenobia-Juan Ramón de la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras, y de esa dedicación surgieron ediciones, estudios, y la invitación a los notables juanramonianos a acudir a Puerto Rico, como Antonio Sánchez Romeralo, a estudiar facetas que Gullón no podía abarcar. Gullón fue el primer juanramonista y sigue siendo el paso imprescindible para quien quiera conocer la obra y la persona del poeta de Moguer.

Segundo, su defensa de la novela del siglo XIX, desde Pereda a Clarín y Galdós permitió la incorporación de estos autores al canon literario. Su contribución me parece además crucial y una de las fundamentales en el estudio y modernización de los estudios sobre novela y sobre la novela del siglo XIX en particular. Gullón es un crítico literario, ya lo dije antes, y además es una persona interesada en la teoría de la literatura. Este segundo interés lo adquirió en Estados Unidos, cuando entra en contacto con dos escuelas críticas, la del new criticism y la escuela del formalismo crítico, Vladimir Propp, Roman Jakobson, y los denominados formalistas rusos. La primera le enseña a realizar una lectura cuidadosa del texto, atender a las impresiones que le ofrece la página impresa y a sistematizarlas en busca de una estructura. La segunda le enseñará a estudiar la forma, la estructura, de las obras, a ver cómo ésta conforma el significado de las mismas.

Junto con Fernando Lázaro Carreter dotará a la crítica literaria en España de un nivel distinto al habitual filológico, o el de los aficionados a coleccionar datos e impresiones. Las Técnicas de Galdós (1971) de Gullón, y Estudios de Poética (1976), de Lázaro Carreter, han servido de libros de estudio para generaciones de futuros críticos interesados en hacer del estudio de la literatura una ciencia. Gullón armado con ese conocimiento y haciendo del mismo una práctica muy particular haría lecturas innovadoras no sólo de Galdós, sino de infinidad de novelistas modernos, como Ramón del Valle-Inclán, y contemporáneos como José María Merino, Carmen Martín Gaite o Juan Benet.

Otro aspecto de singular importancia en su producción se refiere a la interpretación y lectura de la poesía. La renovación en este aspecto fue impresionante, aunque desafortunadamente ha tenido menos adeptos. Su libro, Una poética sobre Antonio Machado, su preferido, en el que trabajó con mayor ilusión, resulta no solo un estudio de cómo se debe leer al poeta andaluz, sino un manual de enseñanza de cómo se debe leer la poesía moderna en lengua española. Quien dude si entiende o no la poesía, al leer estas páginas de seguro que saldrá con la confianza de poder desentrañar cualquier texto poético.

La principal y más renovadora labor crítica la llevó a cabo cuando ya había abandonado la narrativa, obra que no tuvo gran éxito de lectores, pero que sigue reeditándose de manera intermitente.

Germán Gullón