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San Juan de la Cruz

Presentación del portal San Juan de la Cruz

Por M.ª Jesús Mancho Duque
(Universidad de Salamanca)

El ofrecer un portal de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes a San Juan de la Cruz, no por ser algo esperable y lógico desde una perspectiva literaria, deja de constituir una paradoja de las muchas que han envuelto la vida y la obra de un poeta surgido en la altiplanicie castellana en el ecuador del Quinientos.

Retrato de san Juan   de la Cruz (Anónimo. Granada. Carmelitas Descalzas. Escuela española, fines del s. XVII).Su biografía, despojada de cualquier anécdota personal o del trasunto de determinadas circunstancias de una sociedad concreta y de una específica coyuntura histórica, revela una inteligencia privilegiada, una extraordinaria sensibilidad y una decidida voluntad de autenticidad y coherencia personales sin fisuras. Su actividad se circunscribe, de manera intensa -y en ocasiones arriesgada y dramática-, en el seno de la Orden del Carmelo, primero, y del Carmelo Descalzo, más tarde, Orden de la que fue uno de sus fundadores, junto a Teresa de Jesús, en una proyección reformadora típicamente hispana.

Lo específico, sin embargo, es el desarrollo en paralelo de una experiencia mística transformadora en la profundidad de su espíritu. La intensidad de tales vivencias -tamizadas desde la lucidez de una reviviscencia crítica- producirá la eclosión de un lirismo depurado, desde el silencio y la intimidad -en ocasiones, también, lobreguez- de una celda conventual, que, paradójicamente, tendrá una repercusión universal. En efecto, la fuerza de su simbolismo, a la vez que confiere espesor al pensamiento y penetración intelectual, trasciende las fronteras espaciales para ser comprendido y degustado en oriente y occidente, como muestran las múltiples traducciones a las más diversas lenguas.

Es la suya una obra que aúna una vivencia religiosa inefable con niveles de hondura humana inagotables. Desde el desgarro del abandono y olvido profundos -en que se intuye el abismo de la depresión-, o la angustia por la ausencia del amado -o Amado-, a la gracia juvenil de un erotismo sensitivo, o la embriaguez de la pasión amorosa inmersa en envolventes llamaradas. Sentimientos brotados desde la soledad de un inmenso mundo interior que convergen en un cosmos exterior en libre expansión: una naturaleza abierta y grandiosa, quintaesenciada y trascendente, contemplada desde la altura, como desde un vuelo rasante, en que se manifiestan y cobran singular relevancia los elementos cosmogónicos para dejar entrever -macrocosmos y microcosmos unidos- lo que no tiene forma ni figura.

Apasionado por la belleza -considerada como uno de los atributos más atrayentes de la Divinidad-, perseguida tanto en su vertiente formal -lingüística y literaria- como en los aspectos relativos al contenido, San Juan de la Cruz ha sabido fusionar una sólida base bíblica con la tradición occidental, de trasfondo clásico, propia del Renacimiento europeo e hispano -sin perder la veta de la lírica tradicional popular-, todo ello perfumado de un cierto aroma oriental, lo que confiere a sus poemas una personalidad singular, insólita para su tiempo, al que se adelantó en técnica poética visionaria, como precursor de movimientos de vanguardia rigurosamente contemporáneos.

Dotada de extraña y sorprendente modernidad, su producción escrita ha superado las coordenadas temporales, para convertir a su autor en un clásico, experto en el manejo de los recursos del lenguaje poético hasta extremos insospechados, cuya impronta es evidente en los mejores poetas de la literatura española del siglo XX -Machado, Unamuno, Juan Ramón Jiménez, Guillén, Lorca, Valente, etc.- y extranjera: Valéry, Eliot, entre otros.

Definido como autor máximo de obra mínima, esta, creada desde los parámetros de la libertad espiritual y poética como resultado de un proceso de desnudez interior, no vio la luz sino bastantes años después de la muerte de su autor. Ahora tiene la oportunidad de ser difundida y comentada mediante las aportaciones de los principales especialistas, a través de los medios de un mundo globalizado: nada más merecido, por tratarse -en opinión de alguno de los miembros de la Generación del 27- del primer poeta en lengua castellana.

Presentamos, por tanto, la obra de un santo, Doctor de la Iglesia Universal, por sus contribuciones esenciales en la Teología Mística, de un Doctor Honoris Causa por la Universidad de Salamanca, en la que desarrolló sus estudios universitarios, por sus méritos intelectuales, de un escritor, patrono de los poetas españoles, por sus cualidades literarias y poéticas, de un artista inspirador de músicos, pintores y escultores, por su exquisita y sugeridora sensibilidad, y, finalmente, de un ser que posee el don de atraer, impresionar y conmover -sin sensiblería-, mediante una poesía adelgazada y honda, los espíritus más refinados de cualquier lugar o época.