Saltar al contenido principal

Teatro de magia

Presentación del portal de Teatro de magia

El portal Comedias de magia responde a un deseo de reconocer uno de los géneros teatrales más populares, menos conocidos y más maltratados por la crítica.

Desde la época medieval detectamos elementos de magia en el teatro, pero es a partir de mediados del siglo XVII cuando la figura «mágica» -santo, diablo, duende, mago, o maga- aparece en la comedia española con creciente frecuencia. La atracción por los misterios de la vida reflejados mediante una escenografía aparatosa y espectacular llena de vuelos, transformaciones, hundimientos y apariciones gana en popularidad durante los siglos XVIII y XIX (El mágico de Salerno de Juan Salvo y Vela llegó a extenderse a cinco partes a lo largo del XVIII, y la divertidísima La pata de cabra se convirtió en la obra más representada durante la primera mitad del XIX), y luego desaparece casi por completo en el siglo XX. La magia (no el milagro; es decir, se nota una progresiva secularización del tema) llega a ser elemento constitutivo del argumento de estas obras, motor que mueve una acción entretenida y rápida.

La oposición de los críticos neoclásicos durante la segunda mitad del XVIII, que protestaron por la falta de verosimilitud y otros «disparates» (la comedia de magia se prohibió en 1788 y de nuevo en 1799), no pudo disminuir la popularidad de estos «deformes comediones» (así llamados en el Memorial Literario de 1788), aunque sí había períodos en que no se veían en el escenario español. La comedia de magia es un género criticado por pensar más en la tramoya que en la filosofía o la estética («piezas desatinadas y absurdas», según Leandro Fernández de Moratín); no obstante, su innegable presencia en los teatros españoles durante dos o tres siglos las convierten en válido -y, hay que confesarlo, divertido- objeto de estudio.

El portal Comedias de magia incluye una cronología de obras escritas y representadas, una bibliografía actualizada de estudios, unos enlaces e imágenes que esperamos sean de interés.

David T. Gies