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Universidad de Salamanca. Fondo antiguo

Presentación

La Biblioteca General Histórica de la Universidad de Salamanca

La historia de la Biblioteca General Histórica de la Universidad de Salamanca comenzó hacia 1254, cuando el rey Alfonso X creó el cargo de estacionario, o propietario de una "estación" de libros, retribuido por el recién creado Estudio General y encargado de mantener ejemplares actualizados para la consulta. Durante el siglo XV, mientras se adelantaba en la construcción del edificio más antiguo de la Universidad, el de las Escuelas Mayores, los libros pasaron de la casa del estacionario a la parte alta de la capilla, bajo las pinturas astrológicas del “Cielo de Salamanca” de Fernando Gallego, que desde los años 50 del pasado siglo pueden verse parcialmente en las Escuelas Menores.

La reforma de la capilla obligó a buscar una nueva ubicación para los libros y entre 1509 y 1526, se construyó una gran sala en el claustro alto, tras la entonces naciente fachada plateresca, y a la que se llegaba –y se llega aún hoy– a través de una escalera renacentista, cuyo programa iconográfico simboliza el ascenso a la virtud y a la sabiduría.

Por defectos en su construcción, la sala se derrumbó parcialmente en 1664 y, en consecuencia, la Universidad estuvo prácticamente sin biblioteca durante un siglo, si bien una buena parte de sus estudiantes residían en los cuatro colegios mayores o en la veintena de menores, que disponían de bibliotecas en algunos casos excepcionalmente bien dotadas de fondos y de infraestructuras.

Salón de la Antigua LibreríaEn 1749 comenzaron las obras que dieron lugar a la Antigua librería, tal como hoy podemos contemplarla: una sala abovedada con estanterías de pino natural en dos niveles, una estatua alegórica en cada esquina y cartelas que reflejan la clasificación dieciochesca de los libros; poco después se incorporaron el retrato del Papa Clemente XII –en reconocimiento a su colaboración económica en la reconstrucción–, el mobiliario del Colegio San Bartolomé y las esferas o "libros redondos y gordos", adquiridos en París por el ya jubilado catedrático de matemáticas, el escritor Diego de Torres Villarroel; en el dintel de cada una de las cuatro puertas interiores, podemos ver la afamada cédula de excomunión papal contra quienes “quitaren, distraxeren o enagenaren” libros. Aneja al gran salón, justo detrás de la fachada plateresca del edificio, se encuentra la sala de manuscritos e incunables, actual cámara acorazada, que alberga también el antiguo arca del dinero de la Universidad y los armarios del siglo XVII decorados por Martín de Cervera, dos de cuyas puertas representan aulas universitarias. Como únicos testigos del primitivo salón derrumbado se mantienen la portada gótica de piedra y la reja protectora, que constituyen todavía la entrada noble a la Biblioteca.

Además de las compras universitarias y las sucesivas donaciones de profesores, las reformas ilustradas y las disposiciones legales que comenzaron con Carlos III enriquecieron sobremanera a la Biblioteca. Así, en 1767 la expulsión de la Compañía de Jesús supuso para la Biblioteca de la Universidad una inyección de más de 12.000 volúmenes, procedentes del Colegio Real de la Compañía en Salamanca, sede de la actual Universidad Pontificia; años más tarde, la reforma e inmediata desaparición de los colegios mayores y menores la favorecieron de modo espectacular, aunque en el caso de los cuatro mayores el ingreso definitivo de sus fondos siguió un camino tortuoso. De hecho, los manuscritos, inventariados entre 1799 y 1802 por el obispo Tavira, quedaron alojados en el Palacio Real de Madrid nada menos que hasta 1954, año en que la inmensa mayoría volvió a Salamanca.

Finalmente, la Desamortización de Mendizábal del siglo XIX, a resultas de la cual la Biblioteca devino en Provincial además de Universitaria –por lo que comenzó a recibir la Propiedad Literaria y el Depósito Legal de la provincia–, puede ser considerada la última fuente de aprovisionamiento masivo de fondos antiguos. En 1881, la conveniencia de reunir en un mismo edificio tanto el fondo bibliográfico universitario y el procedente de la Compañía de Jesús como los libros recuperados de los colegios y los conventos, obligó a la ampliación de la Biblioteca, aprovechando la construcción de las alas restantes del claustro alto. Comenzó así un nuevo y progresivo desarrollo, con sucesivas reformas espaciales, modificaciones administrativas e innovaciones técnicas, hasta llegar a la época presente.

Manuscritos e incunablesLa Biblioteca General Histórica es en la actualidad una biblioteca de investigación, que acoge 2.795 manuscritos de los siglos XI al XX, 487 incunables y alrededor de 60.000 obras impresas desde el siglo XVI hasta 1830. Es la receptora de un ejemplar de todo lo publicado por la Universidad desde el nacimiento de la editorial universitaria en 1943 y, por haber sido biblioteca provincial, conserva además la mayor parte de las obras publicadas en Salamanca y, en especial, toda la prensa histórica de la provincia.

Liber canticorum et horarum (Ms. 2668) Libro de buen amor (Ms. 2663)Entre los Manuscritos, podemos resaltar: el Liber mozarabicus canticorum et horarum o Misal de Doña Urraca, libro de rezos y cantos para la liturgia mozárabe copiado en 1059 para la reina Doña Sancha de León, esposa de Fernando I, y luego legado a su hija Doña Urraca; el Liber Sancti Iacobi o Codex Calixtinus, códice medieval en el que resaltan dos grandes láminas en color con escenas descriptivas; el ejemplar más completo de los tres que se conservan de El libro de buen amor del Arcipreste de Hita; De materia medica de Dioscórides, del siglo XV, en griego y repleto dibujos coloreados de plantas; o el rico ejemplar de las Obras de Séneca traducidas al castellano para Juan II por el humanista obispo de Burgos Alonso de Cartagena.

Entre los casi 500 Incunables, libros impresos anteriores a 1501, la Biblioteca posee cuatro ejemplares únicos en el mundo y 34 únicos en España, además de ejemplares salmantinos raros o magníficas ediciones europeas.

La Cosmographia de Pedro Apiano (detalle)Entre los Impresos, podemos destacar los ejemplares de Cartografía, de Astronomía o Ciencias naturales, repletos de grabados en ocasiones coloreados, así como las principales obras de los autores de la Escuela de Salamanca y de los juristas, teólogos o científicos europeos, muchas veces con ejemplares únicos o raros, subrayados y anotados.