 La ayuda americana a España
(1953-1963)
Carlos Barciela López
Universidad de Alicante, 2000

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 Introducción1
Me atrevo a afirmar que existiría
un amplio consenso, entre los presentes en este acto, en considerar la
película de Berlanga «Bienvenido Mr. Marshall», como una de
las grandes obras del cine español. Se trata, en efecto, de una
película enormemente divertida, aunque también amarga, en la que
demostraron su gran oficio actores clásicos del cine español como
José Isbert y Manolo Morán. Cómo olvidar las
imágenes desoladoras de los americanos pasando de largo por un pueblo
que había hecho una quimera de la llegada de los nuevos y ricos amigos.
Un pueblo que, tras la decepción, volvía, al día
siguiente, a su rutina y a su atraso.
Evidentemente, la película de
Berlanga ni es, ni tenía por qué serlo, una lección de
historia económica. Berlanga, como corresponde, es menos riguroso aunque
mucho más divertido que los profesores de historia económica. Sin
embargo, sus imágenes nos pueden servir para situar, inicialmente, y de
forma sintética, la realidad histórica de lo que fue la llegada
de los americanos a España a partir de los acuerdos de 1953. La llegada
de los americanos fue un hecho real de una importancia extraordinaria para
nuestra historia y para nuestra economía. Y tras su llegada, a
diferencia del imaginario pueblo de Berlanga, España no
permaneció como antes, cambió de forma decisiva.
Destacaré, como consecuencias fundamentales derivadas de los acuerdos
con los EE. UU. las siguientes: la magnitud relativa de la ayuda, la estabilidad
que los acuerdos proporcionaron al Régimen de Franco y la
introducción de elementos de racionalización
económica.
En la actualidad, existe un justificado
e interesante debate sobre la importancia real de la ayuda americana a
España. Sin duda, es necesario llegar a un conocimiento preciso de lo
que fue la ayuda. Sin embargo, por encima de diferencias en las estimaciones de
su volumen, lo que nunca debe olvidarse es la situación económica
de nuestro país en aquellos momentos. Me serviré, por segunda y
última vez, de las imágenes cinematográficas: las de esta
sí, definitivamente excelente, triste y amarga película de Nieves
Conde «Surcos». Una película que refleja, con enorme
realismo, la dureza de una España terriblemente pobre, en la que la
gente emigraba a las ciudades en unas condiciones dificilísimas, en la
que los «estraperlistas» hacían fortuna a costa de la
miseria de la mayoría. Cuando he vuelto a ver «Surcos», ya
de mayor, me he sorprendido de que esta película no hubiera sido
censurada en su totalidad. Tal vez, los censores, preocupados por tapar escotes
y piernas y suprimir besos, no tuvieron tiempo de captar el enorme potencial de
denuncia social de esta película. O, tal vez, la realidad de aquella
España era tan abrumadoramente dura y corrupta que su reflejo
cinematográfico no resultaba llamativo. Para aquella España
atrasada y mísera, la llegada de los americanos, como comentó el
maestro Joan Sardá, fue como la lluvia para un campo sediento.
—6→
 La España de los años cuarenta
La España de los años
cuarenta fue, en efecto, como dijo Sardá, una España sedienta y,
más aún, hambrienta. Dejaré a un lado la situación
política y social y las secuelas de la guerra civil, aunque conviene
recordar que esta década constituye, sin lugar a dudas, el
período más negativo de nuestra historia reciente.
En lo económico, como han
destacado todos los especialistas del período, los años cuarenta
son el principal período de retraso económico de la historia
contemporánea de España. La posguerra española se
caracterizó por una recuperación lentísima, sin
parangón con lo que sucedió en los países europeos que
habían participado en la Segunda Guerra Mundial, cuya
recuperación posbélica fue mucho más rápida, a
pesar de haber sufrido daños mayores. España pagó con una
prolongada crisis y una recuperación lenta la posición
política y los errores de la política económica del
régimen franquista. En lo político, el alineamiento de Franco con
las potencias del Eje y la hostilidad hacia los aliados, incluso con la
intervención militar contra la URSS, granjeó, como era natural,
la antipatía de las potencias democráticas hacia el
régimen del «Caudillo». La consecuencia fue que, acabada la
Segunda Guerra Mundial, España se encontró aislada y se vio
privada de la generosa ayuda norteamericana que, con el nombre de Plan
Marshall, recibieron la mayor parte de los países europeos.
Pero el problema de la
recuperación económica no fue sólo debido al aislamiento
del «Régimen». Los especialistas en la historia de este
período están de acuerdo en señalar que el estancamiento
económico de España, durante los años cuarenta, se
debió, esencialmente, a los graves errores de la política
económica de los gobiernos de Franco. De manera muy sintética
expondré cuáles fueron los objetivos económicos
fundamentales del «Régimen», las principales líneas
de política económica y una explicación de por qué
el programa económico del primer franquismo estaba condenado al
fracaso.
Para los dirigentes franquistas el
objetivo económico central fue el de lograr la industrialización
del país. El objetivo podía ser correcto, el problema se
planteó en la forma de conseguirlo. Se trató de forzar un proceso
de industrialización en un marco de autarquía económica,
sacrificando el desarrollo de los demás sectores. El objetivo de la
autarquía económica, es decir, la total autosuficiencia, el no
depender de los demás países, era un planteamiento muy
característico de todas las potencias fascistas y totalitarias, como la
Alemania de Hitler y la Italia de Mussolini. Se consideraba que un país
que aspirara a convertirse en una gran potencia, y cabeza de un Imperio,
debía de tener una base industrial y militar muy sólida e
independiente. La industrialización autárquica suponía
cerrar paulatinamente el comercio exterior, sustituyendo las importaciones por
producción nacional. Los esfuerzos del «Régimen» se
dirigieron en ese sentido. El resultado de la política autárquica
llevada a cabo en España durante los años cuarenta fue, como no
podía resultar de otra manera, un desastre sin
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paliativos. El
objetivo de la industrialización autárquica se encontró
con dificultades insalvables en los terrenos tecnológico y
energético, entre otros.
En realidad, ningún economista,
digno de tal nombre, defendía en ningún lugar del mundo
civilizado posiciones autárquicas. La idea de que los países
ganan con el comercio estaba plenamente consolidada en el análisis
económico desde hacía siglos, aún cuando el recurso al
proteccionismo comercial se había generalizado durante la gran
depresión de los años treinta.
Considero importante resaltar algunas de
las manifestaciones concretas de este desastre económico. La más
visible y dolorosa fue la gravísima escasez de productos de todo tipo,
especialmente alimenticios, que tuvieron que sufrir la mayor parte de los
españoles durante los años cuarenta. El racionamiento, el hambre
y el mercado negro son los rasgos dominantes de la España de la larga
posguerra.
A finales de la década de los
cuarenta la situación era cada vez más difícil. Conviene
recordar que los niveles alimenticios de 1935 no se alcanzarían de nuevo
hasta bien entrados los años cincuenta. Para colmo de males, en 1949,
Argentina dejaba de enviar trigo a España como consecuencia de las
deudas contraídas e impagadas por el gobierno de Franco. En estas
circunstancias, a comienzos de 1950, se empezaron a dar las primeras muestras
públicas de descontento, a pesar de la durísima
represión.
 La evolución de la posición de EE. UU.
en relación a España
Los aliados, y en particular los EE. UU.,
habían intentado conseguir un cambio de actitud de Franco durante la
Segunda Guerra Mundial, ofreciendo distintas vías de ayuda y
cooperación económica. De hecho, la ayuda de empresas
norteamericanas como Texaco había sido fundamental para el bando
nacionalista durante la Guerra Civil. Sin embargo, Franco se mantuvo leal a sus
socios Hitler y Mussolini ya que, casi hasta el final de la guerra, estuvo
convencido de la victoria del Eje.
Finalizada la guerra, la posición
de Franco, como es conocido, era muy débil en el plano internacional.
España no sólo no había sido neutral, sino que
había combatido activamente contra uno de los países aliados
ahora victoriosos.
Como consecuencia, nuestro país
se vio marginado de los organismos internacionales y de los planes de
recuperación posbélica y, más concretamente, del
denominado Plan Marshall. La actitud de Franco, ante la hostilidad
internacional, fue la de esperar. Algunos panegiristas han interpretado esta
actitud del Dictador como una muestra evidente de su sabiduría,
prudencia y gran visión de futuro. En realidad a Franco no le quedaba
otra salida que esperar si quería, como era su deseo, mantenerse en el
poder. Fuera del poder podía temerse lo peor: el recuerdo de lo que les
había pasado a sus antiguos aliados Hitler y Mussolini lo debió
tener siempre muy presente, de manera que optó por su propia
salvación, subordinando a ello cualquier objetivo
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de mejora
de las condiciones de vida de los españoles. Cerró filas,
clamó contra la conspiración internacional y se dispuso a esperar
acontecimientos.
Para el gobierno y la opinión
pública norteamericana el «Régimen» español
carecía de legitimidad. De manera particular, el presidente Truman,
persona muy religiosa, tenía una clara antipatía hacia Franco, al
que asimilaba con Hitler y Mussolini, y hacia su sistema político, entre
otras razones, por la posición fuertemente cerrada del
«Régimen» en materia de falta de libertad religiosa. Las
perspectivas para el «Caudillo» no eran, ciertamente, muy
favorables.
Sin embargo, las circunstancias
internacionales empezaron a cambiar en un sentido muy positivo para el
«Régimen». Los dos principales antiguos aliados, los EE. UU.
y la URSS, empezaron, muy pronto, a mostrar graves diferencias que condujeron a
una ruptura y al comienzo de lo que pasó a denominarse guerra
fría. En los EE. UU. el comunismo y la amenaza comunista se convirtieron
pronto en el gran enemigo nacional. En estas nuevas circunstancias el
régimen de Franco podía empezar a hacer valer el principal de sus
activos: su anticomunismo. Si en algo no podía haber dudas era en el
carácter profundamente anticomunista del
«Régimen».
Poco a poco, en los EE. UU., la
opinión sobre cual debía de ser la actitud hacia España
fue cambiando. Se fue abriendo paso la idea, con la ayuda bien organizada del
«lobby español», de que España merecía un
mejor trato. Podemos situar en 1947 el comienzo de este cambio. En este
año, en efecto, se elaboró el «Informe Kennan» que
recibiría la aprobación del Presidente y del Departamento de
Estado. Este Informe propiciaba un acercamiento a España sin cuestionar
la continuidad de Franco, aunque exigiendo reformas liberalizadoras. Para
España se abría una magnífica oportunidad para salir de la
grave situación económica en la que se encontraba,
integrándose en los planes de recuperación económica. Sin
embargo, Franco no se mostró dispuesto a introducir ningún cambio
político que mermara su poder, aún a costa de cerrar una
vía que hubiera permitido alcanzar, desde ese momento, mayores niveles
de bienestar para la población española.
En el cambio de actitud de los EE. UU.
confluyeron políticos conservadores, sectores católicos
norteamericanos simpatizantes de Franco, políticos
«pragmáticos» y representantes de importantes sectores
económicos, como aquéllos que veían que con el aislamiento
perdían oportunidades de negocio y, fundamentalmente, los que
veían en España una pieza más del arco
«defensivo» que los EE. UU. estaban construyendo en torno a la URSS.
Sin embargo, a pesar de ese consenso que ganaba terreno paulatinamente, la
posición del gobierno norteamericano no variaba en sus exigencias
democratizadoras. Truman se mantenía firme en su actitud.
Las circunstancias internacionales
dieron nuevos giros a favor de Franco. En 1949 Mao Zedong triunfaba en la
Guerra Civil China y los soviéticos hacían explotar su primera
bomba atómica. En junio de 1950 se desencadenaba una ofensiva militar
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comunista en Corea y comenzaba un conflicto que agrandaba el
creciente anticomunismo norteamericano. La fiebre anticomunista, el
«macartismo», y la Guerra de Corea revalorizaron la posición
política y estratégica de España. Cada vez resultaba de
más interés para EE. UU. conseguir acuerdos con España y,
más concretamente, acuerdos militares. La hora de los pragmáticos
en uno y otro país había llegado. Para EE. UU. se trataba de
conseguir bases militares, para Franco obtener ayuda económica y
militar, y, sobre todo, el reconocimiento internacional del
«Régimen». Tan sólo dos meses después del
comienzo de la Guerra de Corea, los EE. UU. concedían a España un
crédito de 62,5 millones de dólares, a los que seguirían
otros créditos y ayudas alimenticias y, lo que es más importante,
los EE. UU. se ponían en cabeza de los países que en la ONU
pedían la derogación de la resolución que en 1946
había supuesto el boicot diplomático a España. Incluso, el
propio Truman, a partir de 1951, empezó a rebajar sus exigencias
democratizadoras. No obstante, la actitud cerrada de Franco impidió el
éxito de esta política de acercamiento. En abril de 1952
comenzaron, formalmente, las negociaciones entre España y los EE. UU.
para alcanzar un acuerdo de defensa y económico, negociaciones que
resultaron muy duras.
El último obstáculo se
superó con la victoria electoral de Eisenhower en noviembre de 1952.
Cuando el general venció en las elecciones presidenciales
norteamericanas el camino para el entendimiento quedó, por fin,
definitivamente libre. Sin embargo, algunas circunstancias accidentales, como
el inesperado y repentino fallecimiento del almirante Forrest P. Sherman, una
semana después de entrevistarse con Franco, y la posición del
«Caudillo», que pretendía sacar el mayor beneficio posible
de los acuerdos, sin cambiar la esencia de su sistema político,
dificultaron el ritmo de las negociaciones y la firma final del acuerdo.
 En qué consistió la ayuda
americana
El 26 de septiembre de 1953 se firmaba,
finalmente, el denominado «Pacto de Madrid». Los acuerdos con los
EE. UU. llegaban, conviene recordarlo, tras la firma de un nuevo Concordato con
el Vaticano, lo que representaba un doble reconocimiento internacional del
«Régimen». El Pacto contenía tres acuerdos
bilaterales: de defensa mutua, de cooperación económica y de
asistencia técnica.
En lo sustancial, los EE. UU. lograban su
objetivo de poder instalar una serie de bases militares en territorio
español, a cambio de una ayuda económica que, y éste es un
elemento sorprendente del Pacto, quedaba sin determinan De hecho, al día
de hoy, todavía no existe un acuerdo entre los investigadores sobre la
cifra total de la ayuda americana, cuestión sobre la que volveré
más adelante. El gobierno español se comprometía,
además, a introducir medidas económicas liberalizadoras y a poner
fin a la política económica autárquica.
España recibió ayuda
económica norteamericana a través de tres canales diferentes: la
ayuda propiamente dicha, los fondos de la Ley Pública 480 y los
provenientes
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de la llamada «Enmienda McCarran». Es muy
importante esta diferenciación ya que los fondos recibidos llegaban en
condiciones muy distintas. Lo primero que hay que destacar es el
carácter de la ayuda, en qué consistía exactamente la
ayuda americana. Los fondos de la ayuda no eran, como muchas veces se piensa,
donaciones a fondo perdido. Tampoco eran, en su totalidad, préstamos. Se
trataba de una mezcla de ambos, eran en parte préstamos y en parte
donaciones. En el caso de nuestro país una buena parte de la ayuda
americana consistió en la concesión de préstamos con
interés. Encontramos aquí una primera diferencia importante con
el Plan Marshall. Las ayudas recibidas por los países europeos
occidentales, bajo la cobertura de dicho Plan, fueron, en su mayoría,
donaciones. El trato que recibió España fue, en este sentido,
peor que el que recibió Italia, Alemania o Francia, cosa, por lo
demás, comprensible dados los antecedentes a los que hemos hecho
referencia anteriormente.
Otra faceta a destacar de la ayuda es
que generaba lo que se denominaban «fondos de contrapartida». Estos
fondos eran el valor en pesetas del importe en dólares de la ayuda. El
gobierno español tenía que poner a disposición del
gobierno de los EE. UU. una parte de los fondos procedentes de la ayuda, en
pesetas, para atender los gastos del gobierno norteamericano en España,
gastos entre los cuales destacaban los relativos a la construcción de
las bases. Es decir, de modo más sencillo, parte de la ayuda americana
fue destinada a atender las necesidades militares y económicas de los
norteamericanos en nuestro país. En lo que concierne a la ayuda
propiamente dicha, el 60 por ciento de los fondos de contrapartida
correspondían al gobierno norteamericano para financiar la
construcción de las bases militares. Otro 10 por ciento se asignaba
también al gobierno norteamericano para atender a sus gastos
administrativos en España. El 30 por ciento restante, finalmente,
correspondía al gobierno español, con carácter de
donación, para ser invertido en transportes, comunicaciones e industrias
defensivas con la aprobación de las autoridades norteamericanas. A
partir de 1958-59 la distribución de los fondos mejoró
sustancialmente en favor de España (hasta el 90 por ciento), así
como en la libertad concedida al gobierno para su utilización.
Los fondos de contrapartida generados
por la «Enmienda McCarran» se distribuyeron de la forma siguiente:
un 80 por ciento para el gobierno español y un 20 por ciento para los
norteamericanos. Sin embargo, a diferencia de lo que sucedía con la
ayuda, de la cantidad asignada a España sólo era donación
el 43,63 por ciento, siendo el 36,36 por ciento restante un préstamo. En
relación a la Ley Pública 480 su distribución fue
aproximadamente igualitaria y la parte correspondiente a nuestro país
tuvo, también, carácter de préstamo.
Otro rasgo de la ayuda era su
carácter condicionado. No se trataba de fondos sobre los cuales el
gobierno español tuviera plena libertad para su utilización.
Parte
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de la ayuda, como la totalidad de las donaciones y buena
parte de los préstamos, se organizó fundamentalmente en
función de los propios intereses norteamericanos. Así
sucedió con las donaciones de productos alimenticios y con los
préstamos concedidos para la compra de productos agrícolas, que
permitieron dar salida a excedentes agrarios norteamericanos, particularmente a
excedentes de algodón. Por lo demás, los programas concretos de
importaciones se gestionaron de manera poco transparente por lo que dieron
lugar a favoritismos y a la queja de las autoridades norteamericanas.
También estaba limitada la
libertad del gobierno español para emplear los fondos generados por la
ayuda. El gobierno tenía que consensuar con las autoridades americanas
el destino de los fondos y los programas de inversión que se
ejecutarían con los mismos.
Finalmente, hay que referirse a la
cuantía de la ayuda. Como ya he señalado, no disponemos de unas
cifras definitivas del volumen total de la ayuda americana. Existen, incluso,
discrepancias a la hora de clasificar como ayuda oficial algunas donaciones que
tuvieron carácter privado como las de alimentos, por valor de 129,4
millones de dólares, procedentes de organizaciones católicas
norteamericanas (National Catholic Welfare Conference), que se distribuyeron en
España por Cáritas. Al respecto, y haciendo un pequeño
paréntesis, recuerdo, perfectamente, como en el patio de mi colegio
madrileño, los marianistas, nos repartían, en la hora del recreo,
leche caliente y trozos de queso procedentes de la ayuda americana. La leche la
elaboraban con leche en polvo y tenía un extraño sabor, pero en
los fríos inviernos del Madrid de los años cincuenta, se
agradecía. El queso venía en unas grandes latas
cilíndricas que llevaban el emblema de la ayuda: dos manos
estrechándose con el fondo de la bandera norteamericana. Era excelente,
o al menos a mí me lo parecía, y así ha quedado gravado en
mi memoria.
Volviendo al tema,
señalaré que, a pesar de las discrepancias en lo concermente al
volumen total de la ayuda, podemos situarla en el entorno de los 1.500 millones
de dólares entre 1953 y 1963. Los productos agrícolas, las
materias primas y la maquinaria constituyeron sus principales renglones. Como
producto individual cabe destacar el algodón, no sólo por su
importancia cuantitativa sino porque representaba el éxito de las
presiones de los cultivadores algodoneros americanos favorables al
entendimiento con Franco para resolver sus problemas de excedentes.
Representaba, igualmente, el final de las pretensiones autárquicas en
materia de producción algodonera. ¿Era mucho o era poco? Sin duda
es complejo responder a esta pregunta. Depende con que lo comparemos. Era una
ayuda pequeña si la comparamos con la ayuda que recibió Francia,
Gran Bretaña, Alemania, Italia, Bélgica, Holanda... procedente
del Plan Marshall, que podemos estimar 2,5 veces mayor en promedio. Era
también pequeña si pensamos en las grandes necesidades de la
economía española. Era pequeña si la comparamos con el
volumen total de las importaciones (tan sólo un
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8% de las
correspondientes a este período). Y era, definitivamente escasa, si
pensamos en las contrapartidas de carácter militar que llevaba
aparejada. Incluso, el propio gobierno español la consideró
reducida. Sin embargo, si recordamos la expresión de J. Sardá
podemos ver otra faceta de la ayuda: regó España como la lluvia
un campo sediento. En efecto, si bien el montante total de la ayuda no fue
elevado, en términos comparativos, su importancia relativa, dada la
situación de la economía española, fue estimable.
Los Pactos, por otra parte, obligaban al
gobierno español a introducir medidas liberalizadoras en la
economía española. Se trataba, en resumen, de desmontar el enorme
aparato intervencionista que se había construido durante los años
cuarenta. En realidad, a partir del cambio de gobierno de junio de 1951, la
política económica española había iniciado, bajo la
influencia norteamericana, un giro moderadamente liberalizador. La ayuda y los
compromisos de los Pactos tendrían que haber reforzado ese movimiento.
Sin embargo, lo cierto es que el proceso reformista careció del impulso
necesario. Las resistencias derivadas de los intereses creados y los temores a
los cambios frenaron el necesario proceso de liberalización y de
apertura. Buena parte de los organismos económicos creados en la
época autárquica, como el Instituto Nacional de Industria o el
Servicio Nacional del Trigo, siguieron en pie, aunque es cierto que sufrieron
leves reformas. El sector exterior y la política cambiaria siguieron
sometidos a un rígido control. El sector bancario permaneció
inmutable y no se emprendió ninguna reforma seria en el campo
fiscal.
El movimiento liberalizador se
agotó pronto y sólo ante el inminente colapso de la
economía española se abordó, a instancias de los
organismos económicos internacionales, un nuevo y serio proyecto de
liberalización y apertura económica en 1959, que conocemos como
el «Plan de Estabilización», en el que ya tuvieron un papel
protagonista algunos destacados economistas españoles.
 La vertiente política de la ayuda
Conviene, en este momento, ampliar
nuestro punto de mira sobre esta cuestión. He venido hablando de la
ayuda americana en un sentido bastante estricto: préstamos, donaciones,
fondos de contrapartida para los gobiernos español y norteamericano. En
realidad, lo más importante del Pacto de Madrid no fue la ayuda
económica. Lo más importante del Pacto fue su componente
político y militar. Políticamente, el Pacto de Madrid
suponía la plena integración del Régimen franquista en la
comunidad internacional de la mano, nada menos, que de la primera potencia
mundial. Este reconocimiento político tuvo unos efectos
económicos difíciles de cuantificar y de precisar pero, sin duda,
extraordinarios. Suponía una garantía de estabilidad y confianza
que es la primera exigencia para el normal desenvolvimiento de las inversiones
y del crecimiento económico. Suponía, de alguna forma, legitimar
un régimen que hasta ese momento había recibido la repulsa y la
condena de la comunidad internacional. El
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abrazo de Eisenhower a
Franco tenía, en sí mismo, un inmenso valor económico. Por
eso mismo la contrapartida que España tuvo que ofrecer fue muy alta.
Cuando en los años setenta
escribía mi tesis doctoral, con el ímpetu propio de los
años jóvenes, afirmaba, al analizar las contrapartidas militares
de la ayuda, que Franco había vendido la soberanía
española por un plato de lentejas. Hoy, tal vez, no lo expresaría
con la misma vehemencia, pero sigo pensando igual. Como contrapartida a la
aceptación de su persona y de su régimen, Franco tuvo que aceptar
que los EE. UU. construyeran una serie de bases militares, que implicaban, de
forma automática, dos potenciales y gravísimos peligros para
nuestro país. El primero, el peligro de un accidente derivado de las
armas nucleares que los norteamericanos transportaron e instalaron en
España, como ocurrió, sin consecuencias demasiado graves, con el
accidente de Palomares. El segundo peligro fue que, para la URSS, España
se convirtió en un objetivo militar. En el caso de que hubiera estallado
un conflicto entre las dos superpotencias, como estuvo a punto de suceder,
España habría sufrido unas gravísimas consecuencias.
Aunque en los acuerdos se evitara, como es lógico, cualquier referencia
al «enemigo soviético», era evidente el destinatario de los
acuerdos. El propio Nikita Kruchev hacía referencia, en 1963, al
tremendo peligro en el que estaría España, en el caso de una
guerra nuclear, por la presencia de bases norteamericanas.
Si consideramos esta faceta de los
pactos, creo que podemos estar de acuerdo en que la ayuda económica que
recibió España fue irrisoria comparada con lo que se entregaba a
cambio. La cuestión es que se carecía de fuerza para exigir
más. España tuvo que pagar caro, en términos de una menor
ayuda, la falta de legitimidad política del régimen de Franco.
—14→
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 L'ajuda americana a Espanya
(1953-1963)
Carlos Barciela López
Universitat d'Alacant, 2000

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 Introducció2
M'atrevesc a afirmar que hi hauria un
ampli consens entre els presents en aquest acte a considerar la
pel·lícula de Berlanga
Bienvenido Mr. Marshall com una de les obres
mestres del cinema espanyol. Es tracta, en efecte, d'una
pel·lícula enormement divertida, però també amarga,
en la qual van demostrar el seu gran ofici actors clàssics del cinema
espanyol com José Isbert i Manolo Morán. Com oblidar les imatges
desoladores dels nord-americans passant de llarg per un poble que havia fet una
quimera de l'arribada dels nous i rics amics? Un poble que, després de
la decepció, tornava, l'endemà, a la seua rutina i al seu
endarreriment.
Evidentment, la pel·lícula
de Berlanga no és, ni tenia per què ser-ho, una
lliçó d'història econòmica. Berlanga, com
correspon, és menys rigorós, però molt més divertit
que els professors d'història econòmica. Tanmateix, les seues
imatges ens poden aprofitar per a situar, inicialment i d'una manera
sintètica, la realitat històrica del que va ser l'arribada dels
nord-americans a Espanya a partir dels acords del 1953. L'arribada dels
nord-americans va ser un fet real d'una importància
extraordinària per a la nostra història i per a la nostra
economia. I després de la seua arribada, a diferència de
l'imaginari poble de Berlanga, Espanya no va quedar com abans. Va canviar de
manera decisiva. Destacaré, com a conseqüències fonamentals
derivades dels acords amb els EUA, les següents: la magnitud relativa de
l'ajuda, l'estabilitat que els acords van proporcionar al règim de
Franco i la introducció d'elements de racionalització
econòmica.
En l'actualitat, hi ha un justificat i
interessant debat sobre la importància real de l'ajuda nord-americana a
Espanya. Sens dubte, és necessari arribar a un coneixement precís
del que va ser l'ajuda. No obstant això, per damunt de
diferències en les estimacions del seu volum, el que cal no oblidar mai
és la situació econòmica del país en aquells
moments. Em serviré, per segona i última vegada, de les imatges
cinematogràfiques: les de, aquesta si, la definitivament trista i amarga
pel·lícula de Nieves Conde
Surcos. Una pel·lícula que
reflecteix, amb enorme realisme, la duresa d'una Espanya terriblement pobra en
la qual la gent emigrava a les ciutats en unes condicions
dificilíssimes, en la qual els estraperlistes feien fortuna a costa de
la misèria de la majoria. Quart he tornat a veure
Surcos, ja de gran, m'he sorprès que
aquesta pel·lícula no haguera estat censurada en la seua
totalitat. Potser els censors, preocupats per tapar escots i cuixes i suprimir
besades, no van tenir temps de captar l'enorme potencial de denúncia
social d'aquesta pel·lícula. O potser la realitat d'aquella
Espanya era tan aclaparadorament dura i corrupta que el seu reflex
cinematogràfic no resultava cridaner. Per a aquella Espanya endarrerida
i miserable, l'arribada dels nord-americans, com va comentar el mestre Joan
Sardà, va ser com la pluja per a un camp assedegat.
—6→
 L'Espanya dels anys quaranta
L'Espanya dels anys quaranta va ser, en
efecte, com va dir Sardà, una Espanya assedegada i, més encara,
famolenca. Deixaré de banda la situació política i social
i les seqüeles de la Guerra Civil, encara que convé recordar que
aquesta dècada constitueix, sense cap mena de dubte, el període
més negatiu de la nostra història recent.
Econòmicament, tal com han
destacat tots els especialistes, els anys quaranta són el principal
període d'endarreriment econòmic de la història
contemporània d'Espanya. La postguerra espanyola es va caracteritzar per
una recuperació lentíssima, sense cap parangó amb el que
va succeir en els països europeus que havien participat en la Segona
Guerra Mundial, la recuperació postbèlica dels quals va ser molt
més ràpida, malgrat haver patit danys majors. Espanya va pagar
amb una prolongada crisi i una recuperació lenta la posició
política i els errors de la política econòmica del
règim franquista.
Políticament, l'alineament de
Franco amb les potències de l'Eix i l'hostilitat envers els aliats, fins
i tot amb la intervenció militar contra la URSS, va fer que el
règim del Caudillo es guanyara l'antipatia de les potències
democràtiques. La conseqüència va ser que, en acabar la
Segona Guerra Mundial, Espanya es va trobar aïllada i es va veure privada
de la generosa ajuda nord-americana, que, amb el nom de Pla Marshall, van rebre
la major part dels països europeus.
El problema de la recuperació
econòmica, però, no va ser només degut a l'aïllament
del règim. Els especialistes en la història d'aquest
període estan d'acord a assenyalar que l'estancament econòmic
d'Espanya durant els anys quaranta va ser conseqüència,
essencialment, dels greus errors de la política econòmica del
règim de Franco. Exposaré molt sintèticament quins van ser
els objectius econòmics fonamentals i les principals línies de
política econòmica del Règim i una explicació de
per què el programa econòmic del primer franquisme estava
condemnat al fracàs.
Per als dirigents franquistes,
l'objectiu econòmic central va ser el d'aconseguir la
industrialització del país. L'objectiu podia ser correcte; el
problema es va plantejar en la manera d'aconseguir-lo. Es va tractar de
forçar un procés d'industrialització en un marc
d'autarquia econòmica, sacrificant el desenvolupament dels altres
sectors. L'objectiu de l'autarquia econòmica, és a dir, la total
autosuficiència, el fet de no dependre dels altres països, era un
plantejament molt característic de totes les potències feixistes
i totalitàries, com l'Alemanya de Hitler i la Itàlia de
Mussolini. Consideraven que un país que aspirava a convertir-se en una
gran potència i cap d'un imperi havia de tenir una base industrial i
militar molt sòlida i independent. La industrialització
autàrquica representava tancar progressivament el comerç exterior
i substituir les importacions per producció nacional. Els
esforços del Règim es van dirigir en aquest sentit. El resultat
de la política autàrquica duta a terme a Espanya durant els anys
quaranta va ser, com no podia ser de cap altra manera, un desastre sense
pal·liatius.
—7→
L'objectiu de la industrialització autàrquica
es va trobar amb dificultats insalvables en els terrenys tecnològic i
energètic, entre d'altres.
En realitat, cap economista digne
d'aquest nom no va defensar en cap lloc del món civilitzat posicions
autàrquiques. La idea que els països guanyen amb el comerç
estava plenament consolidada en l'anàlisi econòmica des de feia
segles, tot i que el recurs al proteccionisme comercial s'havia generalitzat
durant la gran depressió dels anys trenta.
Considere important destacar algunes de
les manifestacions concretes d'aquest desastre econòmic. La més
visible i dolorosa va ser la gravíssima escassetat de productes de tot
tipus, especialment alimentaris, que van haver de patir la major part dels
espanyols durant els anys quaranta. El racionament, la fam i el mercat negre
són els trets dominants de l'Espanya de la llarga postguerra.
A l'acabament de la dècada dels
quaranta, la situació era cada vegada més difícil.
Convé recordar que els nivells alimentaris del 1935 no tornarien a ser
assolits fins ben entrats els anys cinquanta. Per a més inri, el 1949
Argentina deixava d'enviar blat a Espanya com a conseqüència dels
deutes contrets i impagats pel govern de Franco. En aquestes
circumstàncies, a començament de 1950 es van començar a
donar les primeres mostres públiques de descontentament, tot i la
duríssima repressió.
 L'evolució de la posició dels EUA en
relació amb Espanya
Els aliats, i particularment els EUA,
havien intentat aconseguir un canvi d'actitud de Franco durant la Segona Guerra
Mundial oferint diferents vies d'ajuda i cooperació econòmica. De
fet, l'ajuda d'empreses nord-americanes com Texaco havia estat fonamental per
al bàndol nacionalista durant la Guerra Civil. Tanmateix, el general es
va mantenir lleial als seus socis Hitler i Mussolini, ja que, quasi fins al
final de la guerra, va estar convençut de la victòria de
l'Eix.
En acabar la Guerra, la posició
de Franco, com és ben sabut, era molt feble en el pla internacional.
Espanya no solament no havia estat neutral, sinó que havia combatit
activament contra un dels països aliats, ara victoriosos. Com a
conseqüència, el país es va veure marginat dels organismes
internacionals i dels plans de recuperació postbèlica i,
més concretament, del denominat Pla Marshall. L'actitud de Franco davant
l'hostilitat internacional va ser la d'esperar. Alguns panegiristes han
interpretat aquesta actitud del dictador com una mostra evident de la seua
saviesa, prudència i gran visió de futur. En realitat, a Franco
no li quedava una altra eixida que esperar si volia, com era el seu desig,
mantenir-se en el poder. Fora del poder es podia témer el pitjor: el
record del que havia passat als seus antics amics Hitler i Mussolini el
degué tenir sempre molt present, de manera que va optar per la seua
pròpia salvació i hi va subordinar qualsevol objectiu de millora
de les condicions de vida dels espanyols. Va tancar files, va clamar contra la
conspiració internacional i es va disposar a esperar esdeveniments.
—8→
Per al govern i l'opinió
pública nord-americana, el règim espanyol mancava de legitimitat.
En particular, el president Truman, persona molt religiosa, sentia una clara
antipatia per Franco, al qual assimilava amb Hitler i Mussolini, i pel seu
sistema polític, entre altres raons per la posició fortament
tancada del Règim en matèria de manca de llibertat religiosa. Les
perspectives per al Caudillo no eren, certament, molt
favorables.
No obstant això, les
circumstàncies internacionals van començar a canviar en un sentit
molt positiu per al Règim. Els dos antics aliats principals, els EUA i
la URSS, van començar, molt aviat, a mostrar greus diferències
que van portar a una ruptura i al començament del que va ser denominat
guerra freda. Als EUA el comunisme i l'amenaça comunista es van
convertir ben aviat en el gran enemic nacional. En aquestes noves
circumstàncies, el règim de Franco podia començar a fer
valer el principal dels seus actius: l'anticomunisme. Si en alguna cosa no
podia haver-hi dubtes era en el caràcter profundament anticomunista del
Règim.
A poc a poc, als EUA l'opinió
sobre quina havia de ser l'actitud dels nord-americans envers Espanya va anar
canviant. Hi va anar obrint-se pas la idea, amb l'ajuda ben organitzada del
lobby espanyol, que Espanya mereixia
un tracte millor. Podem situar en l'any 1947 el començament d'aquest
canvi. Aquest any, en efecte, es feia l'Informe Kennan, que rebria
l'aprovació del president i del Departament d'Estat. Aquest Informe
propiciava un acostament a Espanya sense qüestionar la continuïtat de
Franco, encara que exigint reformes liberalitzadores. Per a Espanya s'obria una
magnífica oportunitat per a eixir de la greu situació
econòmica en què es trobava i integrar-se en els plans de
recuperació econòmica. Tanmateix, Franco no estava disposat a
introduir cap canvi polític que mermara el seu poder, fins i tot a costa
de tancar una via que hauria permès assolir, des d'aquell moment, majors
nivells de benestar per a la població espanyola.
En el canvi d'actitud dels EUA van
confluir polítics conservadors, sectors catòlics nord-americans
simpatitzants de Franco, polítics «pragmàtics» i
representants d'importants sectors econòmics, com aquells que velen que
amb l'aïllament perdien oportunitats de negoci i, fonamentalment, aquells
que veien en Espanya una peça més de l'arc «defensiu» que
els EUA estaven construint entorn de l'URSS. Tanmateix, a pesar d'aquest
consens que guanyava terreny progressivament, la posició del govern
nord-americà no variava en les seues exigències
democratitzadores. Truman es mantenia ferm en la seua actitud.
Les circumstàncies internacionals
van donar nous girs a favor de Franco. L'any 1949 Mao Zedong triomfava en la
Guerra Civil de la Xina i els soviètics feien explotar la seua primera
bomba atòmica. Al juny del 1950 es desencadenava una ofensiva militar
comunista a Corea i començava un conflicte que feia créixer
l'anticomunisme nord-americà. La febre anticomunista, el maccarthisme i
la Guerra de Corea van revalorar
—9→
la posició política i
estratègica d'Espanya. Cada vegada resultava de més
interès per als EUA aconseguir acords amb Espanya, i, més
concretament, acords militars. L'hora dels pragmàtics en l'un
país i l'altre havia arribat. Per als EUA es tractava d'aconseguir bases
militars; per a Franco, obtenir ajuda econòmica i militar i, sobretot,
rebre el reconeixement internacional del Règim. Tan sols dos mesos
després del començament de la Guerra de Corea, els EUA concedien
a Espanya un crèdit de 62,5 milions de dòlars, al qual seguirien
altres crèdits i ajudes alimentàries i, encara més
important, es posaven al capdavant dels països que en l'ONU demanaven la
derogació de la resolució que el 1946 havia representat el boicot
diplomàtic a Espanya. Fins el mateix Truman, a partir del 1951, va
començar a rebaixar les seues exigències democratitzadores.
Això no obstant, l'actitud tancada de Franco va impedir l'èxit
d'aquesta política d'acostament. Per l'abril de 1952 van començar
formalment les negociacions entre Espanya i els EUA per a aconseguir un acord
econòmic i de defensa, negociacions que van resultar molt dures.
L'últim obstacle va ser superat
amb la victòria electoral d'Eisenhower al novembre del 1952. Quan el
general va guanyar les eleccions presidencials nord-americanes, el camí
per a l'entesa va quedar, per fi, definitivament lliure. Tanmateix, algunes
circumstàncies accidentals, com l'inesperat i sobtat traspàs de
l'almirall Forrest P. Sherman, una setmana després d'entrevistar-se amb
Franco, i la posició del dictador, que pretenia traure dels acords el
major benefici possible, sense canviar l'essència del seu sistema
polític, van dificultar el ritme de les negociacions i la signatura
final de l'acord.
 En què va consistir l'ajuda
nord-americana?
El 26 de setembre del 1953 se signava
finalment el denominat Pacte de Madrid. Els acords amb els EUA arribaven
-convé recordar-ho- després de la signatura d'un nou concordat
amb el Vaticà, cosa que representava un doble reconeixement
internacional del Règim. El Pacte contenia tres acords bilaterals: de
defensa mútua, de cooperació econòmica i
d'assistència tècnica.
Substancialment, els EUA aconseguien el
seu objectiu de poder instal·lar una sèrie de bases militars en
territori espanyol a canvi d'una ajuda econòmica que -i això
és un element sorprenent del Pacte- quedava sense determinar. De fet, a
hores d'ara encara no hi ha un acord entre els investigadors sobre la xifra
total de l'ajuda nord-americana, qüestió sobre la qual
tornaré més endavant. El govern espanyol es comprometia, a
més, a introduir mesures econòmiques liberalitzadores i a posar
fi a la política econòmica autàrquica.
Espanya va rebre ajuda econòmica
nord-americana a través de tres canals diferents: l'ajuda
pròpiament dita, els fons de la Llei Pública 480 i els provinents
de l'anomenada Esmena McCarran. És molt important aquesta
diferenciació, ja que els fons rebuts arribaven en condicions molt
diferents. La primera cosa que cal destacar és el
—10→
caràcter de
l'ajuda nord-americana, en què consistia exactament. Els fons de l'ajuda
no eren, com moltes vegades es pensa, donacions a fons perdut. Tampoc no eren,
en la seua totalitat, préstecs. Es tractava d'una mescla de les dues
coses: eren en part préstecs i en part donacions. En el cas del nostre
país, una bona part de l'ajuda nord-americana va consistir en la
concessió de préstecs amb interès. Trobem ací una
primera diferència important amb el Pla Marshall. Les ajudes rebudes
pels països europeus occidentals, sota la cobertura d'aquest Pla, van ser,
majoritàriament, donacions. El tracte que va rebre Espanya va ser, en
aquest sentit, pitjor que el que van rebre Itàlia, Alemanya o
França, cosa, d'altra banda, comprensible, tenint en compte els
antecedents a què hem fet referència anteriorment.
Una altra faceta de l'ajuda que cal
destacar es que generava allò que es denominava fons de contrapartida.
Aquests fons de contrapartida eren el valor en pessetes de l'import en dolars
de l'ajuda. El govern espanyol havia de posar a disposició del govern
dels EUA una part dels fons procedents de l'ajuda, en pessetes, per a atendre
les despeses del govern nord-americà a Espanya, despeses entre les quals
destacaven les relatives a la construcció de les bases. És a dir,
més senzillament, part de l'ajuda nord-americana va ser destinada a
atendre les necessitats militars i econòmiques dels nord-americans al
nostre país. Pel que fa a l'ajuda pròpiament dita, el 60% dels
fons de contrapartida corresponia al mateix govern nord-americà per a
finançar la construcció de les bases militars. Un altre 10% era
assignat també al govern nord-americà per a atendre les seues
despeses administratives a Espanya. El 30% restant, finalment, corresponia al
govern espanyol, amb caràcter de donació, per a ser invertit en
transports, comunicacions i indústries defensives amb l'aprovació
de les autoritats nord-americanes. A partir de 1958-59, la distribució
dels fons va millorar substancialment en favor d'Espanya (fins al 90%), i
també la llibertat concedida al govern per a la utilització
d'aquests fons.
Els fons de contrapartida generats per
l'Esmena McCarran van ser distribuïts de la manera següent: un 80%
per al govern espanyol i un 20% per als nord-americans. Tanmateix, a
diferència del que ocorria amb l'ajuda, de la quantitat assignada a
Espanya només era donació el 43,63%, mentre que el 36,36% restant
era un préstec. En relació amb la Llei Pública 480, la
distribució va ser aproximadament igualitària i la part
corresponent a Espanya va tenir també caràcter de préstec.
Una altra característica de l'ajuda era el caràcter condicionat
que tenia. No es tractava de fons sobre els quals el govern espanyol tinguera
plena llibertat per a utilitzar-los. Part de l'ajuda, com la totalitat de les
donacions i bona part dels préstecs, es va organitzar fonamentalment
d'acord amb els mateixos interessos nord-americans. Així va passar amb
les donacions de productes alimentaris i amb els préstecs concedits per
a la compra de productes agrícoles, que van permetre donar eixida a
excedents agraris nord-americans, particularment excedents de cotó.
D'altra banda, els programes concrets d'importacions van ser gestionats de
manera poc transparent, cosa que va donar lloc a favoritismes i a la queixa
dels nord-americans.
—11→
També estava limitada la
llibertat del Govern espanyol per a fer ús dels fons generats per
l'ajuda. El Govern havia de consensuar amb les autoritats americanes la
destinació dels fons i els programes d'inversió que s'havien
d'executar amb aquests.
Finalment, cal fer referència a
la quantia de l'ajuda. Com ja he assenyalat, no disposem d'unes xifres
definitives del volum total de l'ajuda americana. Hi ha, fins i tot,
discrepàncies a l'hora de classificar com a ajuda oficial algunes
donacions que van tenir caràcter privat, com les dels aliments, per
valor de 129,4 milions de dòlars procedents d'organitzacions
catòliques nord-americanes (National Catholic Welfare Conference), que a
Espanya van ser distribuïts per Caritas. En aquest sentit, i fent un petit
parèntesi, recorde perfectament com en el pati de la meua escola de
Madrid, els marianistes ens repartien, a l'hora del descans, llet calenta i
trossos de formatge procedents de l'ajuda nord-americana. La llet l'elaboraven
amb llet en pols i tenia un estrany sabor, però en els freds hiverns del
Madrid dels anys cinquanta s'agraïa. El formatge venia en unes grans
llandes cilíndriques que portaven l'emblema de l'ajuda: dues mans
encaixant amb el fons de la bandera nord-americana. Era excel·lent, o
almenys a mi m'ho semblava, i així ha quedat gravat en la meua
memòria.
Tornant al tema, assenyalaré que,
malgrat les discrepàncies pel que fa al volum total de l'ajuda, podem
situar-la entorn dels 1.500 milions de dòlars entre el 1953 i el 1963.
Els productes agrícoles, les matèries primeres i la
maquinària en van constituir les línies principals. Com a
producte individual, cal destacar el cotó, no únicament per la
seua importància quantitativa, sinó perquè representava
l'èxit de les pressions dels cultivadors cotoners americans favorables a
l'entesa amb Franco per a resoldre els seus problemes d'excedents.
Representava, igualment, el final de les pretensions autàrquiques en
matèria de producció de cotó. Era molt o poc? Sens dubte
és difícil respondre a aquesta pregunta. Depèn amb
què ho comparem. Era una ajuda petita si la comparem amb l'ajuda que van
rebre França, Gran Bretanya, Alemanya, Itàlia, Bèlgica,
Holanda, etc., procedent del Pla Marshall, que podem estimar 2,5 vegades major
de mitjana. Era també petita si pensem en les grans necessitats de
l'economia espanyola. Era petita si la comparem amb el volum total de les
importacions (tan sols un 8% de les corresponents a aquest període). I
era, definitivament, escassa si pensem en les contrapartides de caràcter
militar que comportava. Fins i tot el mateix govern espanyol la va considerar
reduïda. Tanmateix, si recordem l'expressió de J. Sardà,
podem veure una altra faceta de l'ajuda: va regar Espanya com la pluja en camp
assedegat. En efecte, si bé l'import total de l'ajuda no va ser alt en
termes comparatius, la seua importància relativa, tenint en compte la
situació de l'economia espanyola, va ser estimable.
Els pactes, d'altra banda, obligaven el
govern espanyol a introduir mesures liberalitzadores en l'economia espanyola.
Es tractava, en resum, de desmuntar l'enorme aparell intervencionista que havia
estat construït durant els anys quaranta. En realitat,
—12→
a partir del canvi
de govern de juny de 1951, la política econòmica espanyola havia
iniciat, sota la influència nord-americana, un gir moderadament
liberalitzador. L'ajuda i els compromisos dels pactes haurien d'haver
reforçat aquest moviment. Tanmateix, el que és cert és que
el procés reformista va mancar de l'impuls necessari. Les
resistències derivades dels interessos creats i els temors dels canvis
van frenar el necessari procés de liberalització i obertura. Bona
part dels organismes econòmics creats en l'època
autàrquica, com l'Instituto Nacional de Industria o el Servicio Nacional
del Trigo, van continuar en vigor, tot i que és cert que van
experimentar lleus reformes. El sector exterior i la política
canviària van continuar sotmesos a un rígid control. El sector
bancari va romandre immutable i no es va emprendre cap reforma seriosa en el
terreny fiscal.
El moviment liberalitzador es va
exhaurir aviat, i només davant l'imminent col·lapse de l'economia
espanyola es va abordar, a instància dels organismes econòmics
internacionals, un nou i seriós projecte de liberalització i
obertura econòmica el 1959 que coneixem com el Pla
d'Estabilització, en el qual ja van tenir un paper protagonista alguns
destacats economistes espanyols.
 El vessant polític de l'ajuda
Convé, en aquest moment, ampliar
el nostre punt de mira sobre aquesta qüestió. He estat parlant de
l'ajuda nord-americana en un sentit força estricte: préstecs,
donacions i fons de contrapartida per als governs espanyol i
nord-americà. En realitat, l'aspecte més important del Pacte de
Madrid no va ser l'ajuda econòmica. La qüestió més
important del Pacte va ser el seu component polític i militar.
Políticament, el Pacte de Madrid representava la plena integració
del règim franquista en la comunitat internacional de la mà, ni
més ni menys, que de la primera potència mundial. Aquest
reconeixement polític va tenir uns efectes econòmics
difícils de quantificar i de precisar, però sens dubte
extraordinaris. Representava una garantia d'estabilitat i confiança, que
és la primera exigència per al normal desenvolupament de les
inversions i del creixement econòmic. Representava, d'alguna manera,
legitimar un règim que fins aquell moment havia rebut la repulsa i la
condemna de la comunitat internacional. L'abraçada d'Eisenhower a Franco
tenia, en si mateixa, un immens valor econòmic. Per això mateix,
la contrapartida que Espanya va haver d'oferir va ser molt alta.
Quan, en els anys setanta, escrivia la
meua tesi doctoral, amb l'ímpetu propi dels anys joves, afirmava, en
analitzar les contrapartides militars de l'ajuda, que Franco havia venut la
sobirania espanyola per un plat de llentilles. Avui potser no ho expressaria
amb la mateixa vehemència, però continue pensant igual. Com a
contrapartida a l'acceptació de la seua persona i del seu règim,
Franco va haver d'acceptar que els EUA construïren una sèrie de
bases militars que implicaven, automàticament, dos potencials i
gravíssims perills per al nostre país. El primer, el perill d'un
accident
—13→
derivat de les armes nuclears que els nord-americans van transportar i
van instal·lar a Espanya, tal com va ocórrer, sense
conseqüències massa greus, amb l'accident de Palomares. El segon
perill va ser que, per a la URSS, Espanya es va convertir en un objectiu
militar. En el cas que haguera esclatat un conflicte entre les dues
superpotències, com va estar a punt de succeir, Espanya hauria patit
unes gravíssimes conseqüències. Tot i que en els acords
s'evitarà, com és lògic, qualsevol referència a
l'«enemic soviètic», era evident el destinatari dels acords.
El mateix Nikita Khruixtxov feia referència, el 1963, a l'enorme perill
en què estaria Espanya en el cas d'una guerra nuclear, per la
presència de bases nord-americanes.
Si considerem aquesta faceta dels
pactes, crec que podem estar d'acord que l'ajuda econòmica que va rebre
Espanya va ser misèria comparada amb tot el que donava a canvi. La
qüestió és que es mancava de força per a exigir
més. Espanya va haver de pagar car, en termes d'una menor ajuda, la
falta de legitimitat política del règim de Franco.
—14→
Algunes referències
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©
Carlos Barciela López
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