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DICCIONARIO DE LA LITERATURA CUBANA

 

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PADILLA, Heberto (Puerta de Golpe, Pinar del Río, 20.1.1932). Cursó parte de la primaria en Pinar del Río. En Artemisa (Pinar del Río) terminó la enseñanza elemental y estudió el bachillerato. Dirigió dos revistas estudiantiles, Paladín Colegial (1945) y Repórter (1946). Cursó tres años de la carrera de Derecho en la Universidad de la Habana. Visitó a Estados Unidos entre 1949 y 1952 y entre 1956 y 1959. En Nueva York trabajó como profesor de español del Berlitz School of Languages, de 1957 a 1959. En 1961 ganó mención en el Concurso Casa de las Américas por su libro de poemas El justo tiempo humano. Fue redactor y corresponsal, en Londres, de la agenda informativa Prensa Latina, redactor y corresponsal del Periódico Revolución, redactor de la revista Novedades de Moscú, director-gerente de CUBARTIMPEX (1964-1965) y representante en Europa del Ministerio de Comercio Exterior. Trabajó como investigador en el Centro de Investigaciones Literarias de la Casa de las Américas. Ha viajado además por México, Venezuela, los países centro-americanos, parte de África y de Asia. Ha colaborado en Lunes de Revolución, Granma, El Mundo, Cuba, La Gaceta de Cuba, Unión, Casa de las Américas, El Corno Emplumado, Pájaro Cascabel (México); Cormorán y Delfín (Argentina); Ínsula, Índice (España); Europe, Les Lettres Nouvelles, L'Arc, Les Temps Modernes (Francia); Literatura Extranjera (Unión Soviética). En 1968 fue premiado su libro de poemas Fuera del juego en el Concurso UNEAC. Al editarse el libro se hizo constar, en un prólogo de la institución, el carácter contrarrevolucionario de algunos poemas. Ha hecho traducciones o versiones poéticas de autores ingleses, franceses, alemanes, rusos, rumanos, suecos. Sus poemas han sido traducidos al inglés, al francés, al italiano, al alemán, al polaco, al ruso, al sueco, al danés, al chino, etcétera. Trabajó en el Instituto Cubano del Libro. Después de abandonar el país, ha mantenido una actitud hostil hacia la Revolución.

BIBLIOGRAFÍA ACTIVA

Las rosas audaces [Poesía]. La Habana, Eds. Los Nuevos, 1948. El justo tiempo humano [Poesía]. La Habana, Eds. Unión, 1962; [2a. ed.] Id. La hora [Poesía]. La Habana, Eds. La Tertulia, 1964 [i.e. 1965] (Cuadernos de poesía, 10). Fuera del juego [Poesía]. La Habana, UNEAC, 1968.

BIBLIOGRAFÍA PASIVA

Dalton, Roque. «El justo tiempo humano», en Casa de las Américas. La Habana, 2 (13-14): 56-58, jul.-oct., 1962. G[arcía] H[ernández] A[drián], «[El justo tiempo humano]», en Pueblo y Cultura. La Habana, (8): 29, 1962. Piñera, Virgilio.«Apuntes sobre la poesía de Heberto», en La Gaceta de Cuba. La Habana, 1 (6-7): 14, jul., 1962. Simo, Ana María. «El justo tiempo humano», en Unión. La Habana, 4 (1): 143-148, ene.-mar., 1965.

Páginas (La Habana, [¿-?];1937-1938). Revista mensual de cultura moderna. Todos los números vistos corresponden a su segunda época, pues de la primera no se ha localizado ninguno. Se sabe, por testimonio personal de Ángel Augier, que de esta primera época aparecieron pocos ejemplares. La segunda época comenzó en octubre de 1937. Su consejo de dirección estaba integrado por Manuel García Mayo, Ángel I. Augier, Mirta Aguirre, Julio Le Riverend, Justo Albert Luaces, D. González Martín y Guillermo Estrada. La revista circuló con el lema de Fernando Ortiz «Fe viva en la Cultura; energía incansable en la Acción, y disciplina cívica en la Conducta». En el editorial titulado «Ideario» se expresaba: «Surge de nuevo a la vida y a la lucha -la revista Páginas. Aspira con entusiasmo de neófita, pero también con recta dirección ideológica de sus redactores, a no ser una revista más, sino a convertirse, modestamente, en unas cuantas páginas de firme orientación, donde se recoja la tradición histórica y cultural de Cuba, desde un ángulo visual contemporáneo, sin falseamientos sectarios, sin capillitas de «élites», sino como expresión vibrátil de un grupo de hombres jóvenes de espíritu, que sienten como propios los males colectivos.» Y más adelante señalan que «nuestra Revista Páginas reproducirá, en la medida de lo posible, artículos, párrafos y extractos de libros, etc., de escritores cubanos del pasado, y cuya lectura será a modo de un material de documentación que ponemos al alcance de las nuevas generaciones que, habiendo recogido el legado heroico, tratan de mantener y de llevar a su meta esta tradición histórica y cultural». Anunciaban que también publicarían «artículos contemporáneos, tanto de escritores ya conocidos como de los nuevos que integran la revista, y en los cuales, unos y otros, que nos honran con su apoyo intelectual, que nos ayudan en la ardua tarea de sostenerla y difundirla, plantearán ante nuestros lectores aquellos temas que, a su entender, tengan significación cultural, ya sean económicos, históricos y literarios». Aparecieron en sus páginas poemas, cuentos, trabajos de diversa índole y de crítica literaria, estos últimos en su sección «Sobre libros». Entre sus colaboradores figuran Fernando Ortiz, Nicolás Guillén, Luis Felipe Rodríguez, Adrián del Valle y Salvador García Agüero. En el último número publicado (6), correspondiente al mes de marzo, se anunciaba la formación de la Editorial Páginas, que estaría dirigida por un consejo de dirección formado por Juan Marinello, Ángel I. Augier y Carlos Rafael Rodríguez.

Páginas de Rosa (La Habana [1894]-[Id.?]). «Periódico de modas, literatura y crónica de salones», se lee en el primer ejemplar visto, correspondiente al 30 de enero de 1894. Fue dirigida por Dolores (seud. de Fermina de Cárdenas viuda de Armas). Su administrador propietario fue justo J[osé] de Cárdenas. Aparecía tres veces al mes. Los ejemplares localizados son pocos y están en muy mal estado. Publicó poesías, traducciones de noveletas inglesas y francesas, pequeñas biografías y noticias sociales y de modas. Entre sus colaboradores figuraban Aurelia Castillo de González, Juana Borrero, Pedro Santacilia, Rafael Montoro, Luisa Pérez de Zambrana, José de Atinas y Céspedes, Raimundo, Cabrera, Pablo Hernández y Lola Rodríguez de Tió. El último ejemplar visto (número 15) corresponde al 15 de junio de 1894.

PÁGINAS LITERARIAS. Desde los mismos inicios de la prensa periódica en Cuba, la literatura hizo su aparición en las publicaciones periódicas y ocupó un lugar importante. Así, son conocidas las numerosas producciones poéticas y de otras manifestaciones literarios que vieron la luz en la que puede considerarse -pues las anteriores no fueron más que esbozos- la primera publicación periódica del país, el Papel Periódico de la Havana. Toda la prensa cubana del siglo XIX dedicó espacio más que considerable a las diversas manifestaciones literarias de autores nacionales, e incluso de extranjeros, muchos de ellos traducidos, fundamentalmente, del francés. Abundaron en los periódicos cubanos de dicho siglo las secciones poéticas, de folletín y las críticas literarias, estas últimas, por lo general, en las secciones de comunicados durante la primera mitad del siglo y en la mayor parte de los casos firmadas con seudónimos. Pero no es hasta el siglo XX que nuestros periódicos dedican páginas enteras a cuestiones literarias, dándoles a las mismas títulos que hacían referencia, casi siempre, al día de la semana en que aparecían y al título de la publicación que las prohijaba. Estas páginas jugaron, junto a los suplementos literarios que también editaban algunos de los más importantes diarios cubanos, un importante papel en la divulgación de las creaciones literarias de los autores nuevos, por hacer llegar a más amplios círculos de lectores dichas creaciones, debido a la mayor circulación de la prensa diaria. Estas notas que presentamos sólo pretenden ser un intento de aproximación al tema -virgen hasta el momento-, no una relación exhaustiva en lo cuantitativo ni crítica en lo cualitativo.

A mediados de la primera década del siglo XX, escasos años después de la instauración de nuestro primer gobierno pseudorrepublicano tras casi tres años de intervención norteamericana, encontramos las primeras páginas literarias en la prensa habanera, a la que en buena medida nos hemos circunscrito. A fines de agosto de 1907 el Diario de la Familia -que en ese momento se encontraba en su segunda época y era dirigido por José Curbelo- comienza a publicar los sábados su «Página literaria». Todo parece indicar que al frente de la misma se hallaba el escritor Ramiro Hernández Portela. Poemas, cuentos, crónicas, artículos sobre literatura y arte, notas bibliográficas, abundan en esta página que salió hasta finales del año mencionado. Sus colaboradores más frecuentes fueron Arturo R. de Carricarte, Manuel S. Pichardo, M. Lozano Casado, Ramiro Hernández Portela, Fernando de Zayas, Alfonso Hernández Catá, L. Frau Marsal, José Manuel Carbonell, entre otros. También mantuvo este diario, como casi todos los de su época, su «Página para las damas», en la que además de secciones y materiales especialmente dedicados a la mujer, veían la luz producciones de índole literaria. En el mismo año de 1907 apareció «Los lunes de El Triunfo», de más larga vida y regularidad que la anterior, en la cual se publicaban, como en aquélla, poemas, cuentos, crónicas, artículos de contenido literario e histórico y notas sobre cine y teatro. Entre sus colaboradores se contaron Conde Kostia (seud. de Aniceto Valdivia), Roger de Lauria (seud. de Ramón Rivera Gollury), Bonifacio Byrne, Arturo R. de Carricarte, Francisco Caamaño de Cárdenas, S[alvador] Quesada Torres y otros. Hacia 1913 se intentó dar en esta página «...una idea del estado de las letras en los países de Hispanoamérica [...]», con lo cual dejaron de verse en sus trabajos, casi por completo, las firmas de autores nacionales, y abundaron las de escritores representativos de las letras de esos países. Aunque no era literaria, pues el periódico tenía por estos años un importante suplemento literario semanal, la página «Lecturas del hogar», de El Mundo -la cual era dirigida por Carmela Nieto de Herrera-, insertaba a menudo trabajos de carácter literario y contó ocasionalmente con la colaboración de escritores tan prestigiosos como Enrique José Varona, Rafael Montoro, Juan Gualberto Gómez, Alfredo Martín Morales, Jesús Castellanos, Fernando Ortiz, Mario Muñoz Bustamante, Manuel Serafín Pichardo, Fernando de Zayas y otros.

Con una regularidad notable apareció por varios años, desde los inicios de la segunda década, la página «Los domingos de El Cubano Libre», de la ciudad de Santiago de Cuba. De contenido similar a las antes mencionadas, esta página resulta de vital importancia para el conocimiento de las tendencias poéticas nacionales durante el período. En la misma vieron la luz los manifiestos modernistas redactados por el destacado poeta oriental José Manuel Poveda -renovador de nuestra poesía conjuntamente con el también oriental Regino Boti y el matancero Agustín Acosta-. Los colaboradores de la página fueron fundamentalmente escritores de la Propia Provincia o ligados culturalmente a ella, entre los que cabe mencionar a Poveda y a Boti, así como a Luis Felipe Rodríguez, Armando Leyva, Marco Antonio Dolz, Ducazcal (seud. de Joaquín Navarro Riera), Miguel Galliano Cancio, Rafael G. Argilagos, Arturo Clavijo Tisseur, Enrique Cazade, Pedro Alejandro López, Higinio J. Medrano, Francisco H. Lorié Bertot, Pedro Yodú Griñán. Otros colaboradores conocidos fueron Agustín Acosta, José G. Villa, Bonifacio Byrne, Enrique Gay Calbó, Sergio Cuevas Zequeira, Max Henríquez Ureña, José Antonio Rodríguez García y Juan. J. Geada- Hacia mediados de 1916, el dejar de publicarse El Cubano Libre los domingos, su página literaria dejó de aparecer y comenzó entonces la «Sabatina literaria», sección que no llegaba a tomar la página completa y que mantenía contenido casi idéntico a «Los domingos...», pero con menor calidad: El veterano diario La Lucha publicaba en 1910 la página «Lecturas del domingo», dedicada fundamentalmente al teatro extranjero y en la que colaboraba asiduamente Max Henríquez con ensayos y artículos de crítica literaria y artística. Además se incluían en esta página poemas en verso y en prosa, cuentos, textos de conferencias y artículos sobre música. Sus colaboradores fueron, entre otros, José Manuel Poveda, Bernardo G. Barros, José A. González Lanuza, José G. Villa, Ramiro Hernández Portela. Esta que comentamos fue una página de importancia, pero no gozó de una regular y larga vida. «Los sábados de La Prensa» -después «Los domingos de La Prensa»-, tampoco alcanzó prolongada existencia durante la segunda década del siglo, pero contó con la colaboración de José Antonio Ramos y Arturo R. de Carricarte -quienes firmaban, respectivamente, las secciones «Desde la Puerta del Sol» y «Cartas del domingo»-, así como de Pedro Alejandro López, Luis Rodríguez Embil, Carlos Prats y Jesús J. López, entre otros. Esta página insertaba la sección «Los que empiezan» -dedicada a dar a conocer autores noveles, entre los que se destacaban, por la frecuencia de su colaboración, Raoul Alpízar y Rafael Vignier-, la cual incluía a su vez la subsección «Ahorrando papel y sobre, en la que se orientaba críticamente a los jóvenes que enviaban sus trabajos a la sección. La «Página literaria de La Noche» -posteriormente denominada «Los domingos literarios de La Noche»- comenzó en mayo de 1913, bajo la dirección de Bernardo J. Jambrina, escritor y actor español, y tuvo una regularidad notable, a la vez que alcanzaba una trayectoria bastante prolongada, pues aún en la década de los años veinte veía la luz. Colaboraciones de Regino E. Boti, Medardo Vitier, Bonifacio Byrne, José Manuel Poveda, René Lufríu, Agustín Acosta, Alfonso Camín, Pedro Alejandro López, Armando Leyva, Héctor A. Poveda, Emilia Bernal, Paulino G. Báez, Miguel Ángel Macau, Higinio J. Medrano, Luis Rodríguez Embil, Mariano Albaladejo, M. Rodríguez Rendueles, aparecieron en esta página. El diario habanero Heraldo de Cuba, que dirigía Manuel Márquez Sterling, tuvo casi desde sus inicios la página «Heraldo literario», que aparecía en la edición dominical del periódico y que después pasó a la de los lunes. Entre sus colaboradores se contaron José Manuel Poveda, Federico Uhrbach, Miguel de Marcos, Enrique José Varona, Diwaldo Salom, Manuel Fernández Cabrera, Salvador Salazar, José Manuel Carbonell, Mariano Albaladejo, Berta Arocena y otros. «De la cantera intelectual: Literatura y arte» se titulaba en sus primeros tiempos la página literaria de El Imparcial, en la cual se publicaban fragmentos de novelas, cuentos, poemas, notas bibliográficas y otros trabajos de interés literario. Entre 1917 y 1918 apareció regularmente esta página -cuyo título cambió después por el de «Domingos literarios» y que, según parece, fue dirigida por José de la Luz León-, con colaboraciones de José de la Luz León, José Manuel Poveda, Armando Leyva, Pedro Alejandro López, Higinio J. Medrano, José Fatjó Specht (seud. Demócrito).

En octubre de 1924, al entrar a trabajar Rubén Martínez Villena en el periódico El Heraldo, que dirigía Gustavo Gutiérrez, se le encomienda la responsabilidad de la página literaria del mismo -«Los lunes de El Heraldo»-, que venía saliendo desde junio de dicho año. En el artículo que, bajo el título de «Propósito», firmaba Martínez Villena en la primera página bajo su dirección, expresaba que la misma «...no será una página de literatura sólo para literatos. Para ellos procuraré tener el manjar exquisito. para los no preparados pretende hacer obra de preparación. Será, pues, selecta sin pedantería; educacional, sin que aparezca pedagógica; y por orden de grados, cubana, latinoamericana y cosmopolita. Y juvenil y libre, sobre todo». Sólo tres semanas estuvo al frente de la página, pues problemas surgidos con la dirección del periódico a raíz de los editoriales que también escribía, le hicieron renunciar. Se ocupó entonces de la misma Mariblanca Sabas Alomá, quien introdujo la sección «Contestando al lector». Colaborado. res de esta página fueron muchos de los compañeros minoristas de Villena, entre ellos Andrés Núñez Olano, Regino Pedroso, Enrique Serpa, María Villar Buceta, Juan Marinello, Ramón Rubiera, así como Eduardo Avilés Ramírez, Ciana Valdés Roig, Gonzalo Mazas Garbayo, Gustavo Sánchez Galarraga y otros. Bajo la responsabilidad de Andrés Núñez Olano aparecía también desde mediados de 1924 la página «La vida literaria», publicada por el periódico El Sol y en la que escribían Rubén Martínez Villena, Armando Leyva, Regino Pedroso, Enrique Serpa, Guillermo Martínez Márquez, Alberto Lamar, Ramón Rubiera, Eduardo Avilés Ramírez, María Villar Buceta, Juan Marinello, Francisco José Castellanos, Arturo Alfonso Roselló, Felipe Pichardo Moya, José Z. Tallet, Federico de Ibarzábal y numerosos escritores extranjeros, fundamentalmente de Latinoamérica.

Una de las más importantes páginas literarias de esta década fue la publicada en El Diario de Cuba, periódico de Santiago de Cuba que dirigía Eduardo Abril Amores. Bajo la dirección de Juan Ramón Breá, quien contaba con la ayuda de Julián Mateo y Francisco Palacios Estrada, esta página -cuyo título era «Página literaria del Grupo H»- apareció regularmente los lunes durante los meses de junio a septiembre de 1928 y fue el vehículo de expresión del grupo de escritores de vanguardia de la ciudad, entre los que se encontraban Alberto Santa Cruz Pacheco, Manuel Palacios Estrada, Lino Hourruitiner y el dominicano Lucas Pichardo. Otros colaboradores y contertulios esporádicos fueron Max Henríquez Ureña, Rafael Esténger y Leonardo Griñán Peralta. De carácter más o menos literario fue también la página «Ideales de una raza», cuyo responsable era Gustavo E. Urrutia y que alcanzó notoriedad histórica por haberse publicado en ella, en 1930, los hoy famosos Motivos de son de nuestro poeta nacional Nicolás Guillén. Respecto a esta página no ofrecemos más detalles, ya que ha sido tratada en la parte correspondiente a los Suplementos literarios de esta obra, pues se incluía en el llamado Suplemento literario del Diario de la Marina, que a fines de la década del veinte dirigía el escritor de izquierda José Antonio Fernández de Castro.

Efímera vida tuvo, en 1934, la página «Lecturas del lunes» -después titulada «Lecturas del domingo»-, que publicaba el periódico Acción. Por la renovación integral de Cuba, el cual era órgano del partido político ABC y estaba dirigido por Jorge Mañach. Al cabo de varias semanas fue suspendida su publicación por comenzar a editar el periódico un suplemento dominical. En su segunda época (que se inició en 1939) el periódico no tuvo página o suplemento literarios, sino secciones fijas que trataban estas cuestiones. Esto mismo, o la dedicación de suplementos semanales a los temas literarios y culturales, es lo normal hacia las décadas del cuarenta y del cincuenta. En los más importantes diarios pueden encontrarse páginas en las que las cuestiones literarias, históricas y culturales ocupan todo el espacio; sin embargo, a las mismas no se las denomina de manera especial, como ocurre con las que hasta aquí se han mencionado.

Varios días después de comenzar a publicarse el periódico Revolución -tras el triunfo revolucionario del 1º de enero de 1959-, destina una página, que no siempre era la misma, a cuestiones literarias y artísticas. La misma aparecía bajo el título «Nueva generación» y con el lema «Generación va / y generación viene, / mas la tierra / siempre permanece». Según se explicaba en la nota introductoria del primer, día en que salió, era continuación de la revista de igual título luego de nueve años de la aparición de su último número y once de su fundación. Y en otra nota publicada en dicha ocasión se señalaba: «Esta página de Revolución -periódico revolucionario y de la Revolución- está dedicada a la nueva generación. Aquella que se ha forjado en la lucha y que contempla la paz con el espíritu de combate y el sentido deportivo que solamente procura la guerra.» Poemas, cuentos, pequeñas obras teatrales, artículos de contenido político, entrevistas, notas sobre pintura, teatro y literatura veían la luz en esta página que llegó a salir diariamente y que después pasó a ser semanal y alternó con otra titulada «R[evolución] en el arte / en la literatura», hasta la desaparición de ambas en marzo de ese mismo año al iniciar el periódico la edición de su suplemento semanal Lunes de Revolución. Colaboradores de esta página que venimos comentando fueron Sergio A. Rigol, Roberto Branly, Manuel Díaz Martínez, Roberto Fernández Retamar, Ángel Arango, Georgina Herrera, H[umberto?] A[renal?], Matías Montes Huidobro, Rine Leal, Frank Rivera, Serafina Núñez, Alcibíades Poveda, Santiago Cardosa Arias, Fausto Masó, Alcides Iznaga, Fornarina Fornaris, entre otros. Otra página literario-cultural publicó el periódico Revolución, ésta desde mediados de 1964. Se titulaba «Página 3» y aparecía tres veces a la semana. Tenía como objetivo, según se expresaba en la primera que vio la luz (el 21 de agosto del año citado), «... dar a conocer a los lectores de Revolución la creación de los escritores e informar de los más importantes acontecimientos culturales. Por consiguiente daremos a la publicidad artículos, críticas sobre teatro, cine, danza, música, libros, comentarios, crónicas, cuentos cortos y poesías que ya estamos solicitando». Entre los colaboradores de la página se contaron David Camps, María Luz de Nora (seud. de Loló de la Torriente), Salvador Bueno, César Leante, Ana Núñez Machín, José Forné Farreres, Fernando G. Campoamor, Oscar Hurtado, Gloria Parrado, César López, Natividad González Freire, Rogelio Llopis, Rogelio Luis Bravet, entre otros muchos. Además se publicaban en esta página, que aun aparecía, ahora irregularmente, cuando el periódico Revolución dejó de editarse -al refundirse con Hoy para dar lugar a Granma, órgano oficial del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, en octubre del 1965-, textos de conocidos autores extranjeros, generalmente en páginas dedicadas especialmente a tratar las literaturas y otros problemas de sus países respectivos.

Una página literaria interesante fue también, con posterioridad al triunfo de la Revolución en enero de 1959, la publicada por el periódico Prensa Libre a partir del 6 de diciembre de 1960. «Página 2...» era el título de la misma, y fue órgano de expresión del grupo «Novación literaria», formado por escritores de la provincia de Camagüey. La página, sin embargo, no limitaba su espacio a los trabajos de los integrantes del grupo, sino que daba cabida a todo tipo de colaboraciones siempre que las mismas reunieran «las exigencias mínimas en forma y contenido» y llevaran «un mensaje de solidaridad revolucionaria». Diariamente aparecía esta página, en la que se publicaban poemas, cuentos, artículos sobre cuestiones literarias, políticas, cinematográficas, teatrales y sobre otros temas de carácter cultural. Entre sus colaboradores figuraron Luis Suardíaz, David Fernández, Noel Navarro, Francisco de Oraá, Samuel Feijóo, Aldo Menéndez, Manuel Navarro Luna, Joaquín G. Santana, Belkis Cuza Malé, Orlando Alomá y otros.

País, El (La Habana, 1868) «Periódico político, literario, económico, agrícola y mercantil», se lee en el primer ejemplar revisado (número 2), correspondiente al 19 de abril. Era dirigido por Francisco Javier Cisneros. Su periodicidad fue diaria. En la página 161 del Catálogo de publicaciones periódicas cubanas de los siglos XVIII y XIX (La Habana, Biblioteca Nacional «José Martí», Depto. Colección Cubana, 1965) se expresa que sucedió a La Opinión. Fue un periódico de contenido variado: noticias nacionales y extranjeras, asuntos mercantiles, tráfico portuario, religión; también publicó folletines, crítica literaria, poemas, traducciones y discursos de destacados literatos cubanos y españoles residentes en la isla. Entre sus colaboradores figuran Rafael María Merchán, Luis Victoriano Betancourt, Luisa Pérez de Zambrana, Antonio López Prieto, Francisco, Antonio y Manuel Sellén, Julia Pérez Montes de Oca, Mercedes Matamoros Úrsula Céspedes de Escanaverino, José Fornaris, J[osé] J[oaquín] Govantes, Domitila García, Antonio Enrique de Zafra, José Joaquín Palma, Leopoldo Turla, Ramona Pizarro y El hijo del Damují (seud. de Antonio Hurtado del Valle). Se insertaron en sus páginas trabajos, en especial poemas, de conocidos escritores latinoamericanos como Ricardo Palma, Guillermo Blest Gana y Rafael Pombo. El último número publicado (217) correspondió al 22 de diciembre de 1868. En él se insertaba una nota «Al público» en la que se expresaba: Circunstancias de todos conocidas, causas enteramente agenas [sic] a nuestra voluntad, nos ponen en la necesidad de suspender por ahora la publicación de este periódico. No siéndonos aún permitido tratar, con amplia libertad las cuestiones que consideramos más importantes y vitales para el país, estando aun indefinida según noticia positivas que hemos recibido por el último correo la época en que podamos hacerlo, y obligados nosotros por otra parte cuando se nos ataca a renunciar por completo a toda defensa o a reducirnos a dar contestaciones inconexas y truncas, mutiladas por mano extraña, siempre hostil a nuestros principios, a pesar de ser estos los mismos que hoy rigen en la Península, nuestra posición ha llegado a hacerse insostenible. Esperando, pues, mejores tiempos ponernos hoy término a nuestras tareas, dando gracias a nuestros constantes favorecedores por su eficaz y entusiasta apoyo, sin el cual hace argo tiempo hubiéramos arrojado de las manos la pluma, arma inútil en circunstancias como las nuestras, pues sólo pudiéramos hoy emplearla sin obstáculo, haciendo un papel a que no se prestan nuestra dignidad ni nuestras convicciones. A vegetar en la impotencia a que se nos ha reducido, preferimos guardar el más absoluto silencio.»

País, El (V. Triunfo, El)

Paisaje, El (V. Triunfo, El)

Palabra, La (La Habana, 1935). «Diario del Pueblo por el Pueblo y para el pueblo» se lee en el primer ejemplar localizado (número 2), correspondiente al 22 de enero. de 1935. Ángel Augier refiere en su conferencia «Los trabajos y los días» -publicada en la Revista de la Bibliateca Nacional «José Martí» (La Habana, 61, 3a. época, 12 (2): 86, may,ago., 1970)-, que el primer número correspondió al 1º de enero. Fue dirigido por Juan Marinello. Formaron parte de su redacción, entre otros, Salvador García Agüero, José Manuel Valdés Rodríguez, Ángel Augier y Regino Pedroso, éste último como corrector de pruebas. En el número 33, fechado el 27 de febrero de 1935, apareció una nota titulada «¡Primera mujer que dirige un diario en nuestro país!», en la que se refería: «Reunido el Consejo de Redacción de La Palabra, acordó, en vista de la prisión de nuestro Director, doctor Juan Marinello, designar para que lo sustituya, mientras dure su prisión, a la doctora Ofelia Domínguez Navarro, conocida ampliamente por las masas de Cuba, por cuya liberación se ha distinguido. Así mismo queremos aclarar, que con motivo de los trastornos ocasionados por la prisión de varios de nuestros, redactores, nos hemos visto impedidos de dar a la publicidad los artículos, URSS de que [es] autor, nuestro compañero Valdés Rodríguez, que también fue condenado por Urgencia. El Problema Agrario en Cataluña a cargo de [Joaquín] Cardoso -condenado también- y 8 de Marzo, artículos que daremos en nuestra edición de mañana» [sic]. El encarcelamiento a que fueron sometidos el director y algunos otros miembros del consejo de redacción está relacionado con la supresión de la revista Masas (véase), acusada de realizar «propaganda sediciosa». La Palabra fue -como señala Ángel Augier en su artículo «Evocación necesaria»- el «primer diario de los comunistas cubanos»; afirma además que «fue también el primer periódico cubano que situó en plano principal informativo las actividades sindicales y las cuestiones obreras». Luchó contra la discriminación racial. Ayudó a divulgar los éxitos de la Revolución de Octubre. Publicó los domingos, el Magazine semanal de La Palabra, de carácter cultural y de entretenimiento, a cargo de Ángel Augier, en el que publicaron poemas, notas teatrales y cinematográficas, materiales históricos y filosóficos. Colaboraron, tanto en el periódico como en el magazine, Carlos Rafael Rodríguez, Mirta Aguirre, Marcelino Arozarena, Aurora Villar Buceta, J. Chelala Aguilera, Carlos Montenegro, Martín Castellanos y Ladislao González Carbajal. Figuraron trabajos de algunos intelectuales extranjeros como Rafael Alberti, Miguel Otero Silva, y H. G. Wells. El último número revisado (39) correspondió al 6 de marzo de 1935. Refiere Augier en su artículo citado que la clausura de La Palabra impuso «la creación de un nuevo órgano periodístico, el semanario Resumen, en el que se volcó la redacción del diario».

BIBLIOGRAFÍA

Augier, Ángel. «Evocación necesaria», en El Mundo. La Habana, 65 (21 821): 4, feb. 23, 1967.|| Ordenada la detención del Dr. Marinello y registrada la redacción de La Palabra», en Ahora. La Habana 3 (431): 1, 2, ene. 12, 1935. || «Socialistas criollos y La Palabra», en La Palabra. La Habana, 1 (5): 1, ene. 25, 1935.

Palenque Literario, El (V. Mundo Literario, El)

Palenque Universitario, El

(La Habana, 1887-[1888]). Periódico ilustrado de ciencias, artes, literatura, política, sport y actualidades. órgano de los estudiantes de la isla de Cuba. El primer número correspondió al 7 de octubre. Se editaba los días 7, 17 y 27 de cada mes. Fungía como director Pedro N. Castro y como redactores Manuel E. Catalán, Ramón Álvarez, Carlos Caballero, Gerónimo Rodríguez, Florentino Argudín y Enrique J. Fontanills. Desde el número 6 cesó en la dirección Pedro N. Castro. Aparecía entonces sólo la lista de redactores. Anunciaban en el primero y segundo números una lista de colaboradores, entre los que se destacan Pablo Hernández, José González Lanuza, José Antonio Frías, Antonio Govín, Enrique Hernández; Miyares, Fermín Valdés Domínguez, José María Carbonell, Pablo Desvernine, Rafael Montoro, Antonio Sánchez de Bustamante, Carlos de la Torre y Huerta y Rafael Fernández de Castro. En el «Prospecto» publicado en el primer número expresaba el director, además de otras observaciones, lo siguiente: «Procuraremos armonizar en cuanto sea posible la ciencia, las ates y la literatura, no descuidando ni un momento todo aquello que se relacione con los intereses de la juventud estudiosa a la que tendremos el corriente de todo el progreso que en la Metrópoli y en el Extranjero se realice, bien por la clase docente, bien por la discente [sic]... Daremos cabida en nuestras columnas, sintetizando lo suficiente para darlos a conocer sin que ocupen mucha extensión, los Decretos y Leyes que a la enseñanza se contraigan [...].» Prometían además a los suscriptores que no eran estudiantes, «... obsequiarles con colecciones escogidas de poesía, con artículos críticos por algún conocido literato, o con cuadros cromo-litográficos [...]». En efecto, publicaron trabajos de diversa índole: química, derecho mercantil, educación, medicina, lecciones de metafísica, crítica a libros de diversas materias, y también poesías, noticias teatrales y cuentos. Colaboraron en la revista, además de los ya mencionados, Enrique José Varona, Alejandro M. López, Leopoldo Cancio, Herminio C. Leyva, Aniceto Valdivia, Ramón Mayorga, Ginés de Parapapilla y Eduardo de Palacio. El último número encontrado (23) corresponde al 17 de mayo de 1888.

PALMA, José Joaquín (Bayamo, Oriente, 11.9.1844-Guatemala, 2.8.1911). Cursó la enseñanza primaria en las escuelas de los conventos de San Francisco y de Santo Domingo. En el Colegio «San José», dirigido por José María Izaguirre, estudió la segunda enseñanza. Poco después de termina sus estudios secundarios fundó, con Francisco Maceo Osorio, el periódico La Regeneración, donde publicó sus primeros poemas. Se incorporó a la revolución de 1868 desde sus inicios y trabajó, en la zona de Bayamo, en el reclutamiento de hombres. Fue designado entre los regidores del Ayuntamiento libre de la ciudad por las fuerzas cubanas que tomaron la villa. Presentó una moción a favor de la abolición de la esclavitud con Ramón Céspedes Borrero. Fue ayudante y hombre de confianza de Carlos Manuel de Céspedes. Fue uno de los principales redactores de El Cubano Libre, editado primeramente en Bayamo y más tarde en la manigua. En 1873 se trasladó a Jamaica con la misión de allegar fondos para la causa cubana. Pasó más tarde a Nueva York, al Perú y a otros países de Suramérica. Residió alternativamente en Guatemala y en Honduras. En este país desempeñó labores educacionales y trabajó como secretario del Presidente de la República, Marco Aurelio Soto. Ayudó a los cubanos dispersos por el extranjero, entre ellos a Máximo Gómez. Recibió diversos homenajes, como el premio por su oda «A Honduras, en su Primera Exposición Nacional» y la medalla de oro que le entregó el presidente de la nación en 1879, por sus virtudes como patriota y como poeta. Adquirió la ciudadanía hondureña. Viajó por Europa con Marco Aurelio Soto y con Ramón Rosa después que aquél cesó en la presidencia. Un año después regresó a Guatemala. Se vio precisado a trabajar en la construcción del canal de Panamá. De nuevo en Guatemala, se trasladó a Jamaica, de donde habla recibido la noticia de la enfermedad de su esposa. Durante esta última etapa de su estancia en Guatemala, fue director de la Biblioteca Nacional y catedrático de literatura española en la Facultad de Derecho. Se hizo ciudadano guatemalteco. Escribió su himno nacional. Retornó a Cuba al instaurarse la República en 1902. Rechazó el nombramiento para un alto cargo y aceptó la representación de Cuba en Guatemala. Durante su estancia en Centroamérica fue un gran animador de la cultura. Volvió a Cuba en 1906. Murió en el desempeño de su cargo.

BIBLIOGRAFÍA ACTIVA

Carta a Hilario Cisneros. Octubre 9, [s.l], 1870. || Carta a Hilario Cisneros. Diciembre 24. Kingston, 1870. || Carta a Hilario Cisneros. Junio 5. Kingston, 1971. 9 Poesías. Precedidas de un pról. de Ramón Rosa, de una alocución de Marco Aurelio Soto y de varias cartas [de Adolfo Zúñiga, Antonio Zambrana y José Martí]. Tegucigalpa, Tipografía Nacional, 1882; «José Joaquín Palma», por Rafael Spínola. Pról. de Ramón Rosa. Alocución de Marco Aurelio Soto. Cartas de Adolfo de Zúñiga, Antonio Zambrana y José Martí. «José Joaquín Palma», por Manuel de la Cruz. «Fotograbado», por Rubén Darío. Guatemala, Tipografía Nacional, 1901; Santiago de Cuba, Imp. Arroyo, 1936 Biblioteca popular de cultura cubana, 2); 3a. ed. Cartas de Rubén Darío, Ramón Rosa, José Martí, Manuel de la Cruz [y] Lisandro Sandoval. Guatemala, Eds. El Librero de Guatemala, 1950; Guatemala, Editorial del Ministerio de Educación Pública, 1951; Antología, intro. y notas de José María Chacón y Calvo. La Habana, Ministerio de Educación. Dirección de Cultura, 1951 (Cuba. Dirección de Cultura. Cuadernos de cultura, 9a. serie 3).|| Patria y Mujer [Poesías]. La Habana, Imp. La Prueba, 1916 (Biblioteca Cuba, 10).

BIBLIOGRAFÍA PASIVA

Alcover, Antonio Miguel. «Poesías de J. J. Palma [...]», en Cuba y América. La Habana, 7, 5 (105): 524-525, oct., 1901. || Ardura, Ernesto. «Los restos de Palma», en Revista Cubana. La Habana, 28: 258-259, ene.-jun., 1951. || Augier, Ángel I. «Presencia de Palma», en su Cuba y Rubén Darío. Con el ensayo de una bibliografía cubana de y sobre Rubén Darío por Francisco Mote. La Habana, Academia de Ciencias. Instituto de Literatura y Língilística, 1968, p. 17-30. || Azcuy Alón, Fanny. José Joaquín Palma: toda una vida. Trabajo leído por el académico correspondiente en Bejucal. La Habana, Imp. El Siglo XX, 1948. || Carbonell, José Manuel. «José Joaquín Palma (1844-1911)», en su La poesía lírica en Cuba. Recopilación dirigida, prologada y anotada por [...]. T. 4. La Habana, Imp. El Siglo XX, 1928, p. 91-94 (Evolución de la cultura cubana. 1608.1927, 4).|| Cruz, Manuel de la. «José Joaquín Palma», en su Cromitos cubanos (Bocetos de autores hispanoamericanos). la Habana, Establecimiento Tipográfico La Lucha, 1892, p. 257-255. || Chacón y Calvo, José María. «José Joaquín Palma», en Las cien mejores poesías cubanas. Madrid, Editorial Reus, 1922, p. 225. 227 (Biblioteca literario de autores españoles y extranjeros, 1); «Un hombre del 68: José Joaquín Palma, en Revista Cubana. La Habana, 8: 127-143, ene.-dic., 1944; «Palma y Darío», en Orto. Manzanillo (Oriente), 39 (4-5-6): [33] abr. jun., 1951. || Enríquez Hernán de. «El poeta Palma», en El Fígaro. La Habana, 27 (33): 494, ago. 13, 1911.|| Guerra Salas, Juan. «José Joaquín Palma», en Orto. Manzanillo, 39 (4-5-6): 34-35. abr. jun., 1951. || «José Joaquín Palma», en Revista de la Biblioteca Nacional «José Martí». La Habana, 3, 5 (1-6): 107-116, jul.-dic., 1911. || Lezama Lima, José. «José Joaquín Palma», en su Antología de la poesía cubana. T..2. La Habana, Consejo Nacional de Cultura, 1965, P. 551-552. || Martí, José. «José Joaquín Palma», en su Obras completas. T. 5. La Habana, Editorial Nacional de Cuba, l963, p. 160-161. || Roa, Raúl. «El poeta de Bayamo» y «Retorno de José Joaquín Palma», en su Viento sur. La Habana, Editorial Selecta, 1953, p. 286-299 y 310-319, resp. || Sabas Alomá, Mariblanca. «El poeta y el hombre», en Romances. La Habana, 37 (441): 32-33, ago., 1973. || Santovenia y Echaide, Emeterio Santiago. «José Joaquín Palma», en su Vidas humanas. La Habana, Editorial Librería Martí, 1956, p. 516-520. || Sincero, Juan. «José Joaquín Palma. Boceto», en Revista Habanera. La Habana, 1 (9): 65-66, mar. 18,, 1883. || Trujillo, Enrique. «José Joaquín Palma», en su Álbum de El Porvenir. New York, 3: 105-108, 1892. || Vázquez Rodríguez, Benigno. «José Joaquín PaIma», en su Precursores y fundadores. Pról. de Néstor Carbonell. La Habana, Editorial Lex, 1958, P. 186-187. || Vela, David. Evocación de Palma. Plática sustentada en la Universidad Nacional, con motivo del primer centenario del nacimiento del ilustre autor de la letra del himno de Guatemala. Guatemala, Tipografía Nacional, 1945; «José Joaquín Palma», en Martí en Guatemala. Guatemala, Editorial del Ministerio de Educación Pública, 1954, p. 309-314 (Colección Contemporáneos, 41).|| Velázquez, Alberto. Adiós a Palma. Guatemala, Publicaciones de la Universidad de San Carlos, 1951.

PALMA Y ROMAY, Ramón de (La Habana, 3.1.18124-Id., 21.6.1860). Desde muy joven comenzó a escribir y trabajó en el magisterio. Cursó latín, filosofía y jurisprudencia en el Seminario San Carlos. En Matanzas dirigió el colegio La Empresa entre 1837 y 1841. En 1837 publicó, con José Antonio Echeverría, el Aguinaldo Habanero, donde dio a conocer algunas de sus composiciones. En 1838 fundó, con el mismo Echeverría, el periódico El Plantel. Al año siguiente comenzó a trabajar en la redacción de El Álbum. Asistía a la tertulias literarias de Domingo del Monte. Sé graduó de abogado en la Universidad de la Habana en 1842. En el Diario de la Marina publicó su novela «El ermitaño del Niágara», de 1845. Colaboró en Rimas Americanas, Diario de la Habana, El Artista, Diario de Avisos, Diario de la Marina, y Revista de la Habana. En esta última dio a conocer su trabajo «Cantares de Cuba» (1854), en el que esboza el estudio de la poesía popular cubana. En 1855 sufrió prisión por sus ideas anexionistas. Más tarde, y hasta su muerte, desempeñó el cargo de secretario del Camino de Hierro de Villanueva. Utilizó el seudónimo Bachiller Alfonso de Maldonado. BIBLIOGRAFÍA ACTIVA

Atributos a la hermosura. Octavas. La Habana, Imp. del Gobierno, 1833. || Poesías del Bachiller Alfonso de Maldonado (seud.). La Habana, Imp. del Gobierno, 1834. || La prueba; o, La vuelta del cruzado. Drama en un acto. La Habana, Imp. Palmer, 1937. || La peña de los enamorados. Leyenda dramática en tres cuadros. La Habana, Imp. Literaria, 1839.|| Aves de paso [Poesía]. La Habana, Imp. Literaria, 1841. || Melodías poéticas. La Habana, Imp. del Gobierno y Capitanía General, 1843. || Hojas caídas [Poesías]. La Habana, Imp. del Diario de Avisos, 1844. || Una escena del descubrimiento del Nuevo Mundo por Colón. Oda sinfónica. Letra de [...]. Música del Sr. Mro. Botessini. La Habana, Imp. del Faro Industrial, 1848. ||Obras de Ramón de Palma. T. 1. Poesías líricas. Pról. de Anselmo Suárez y Romero. La Habana, Imp. del Tiempo, 1861. 11 Cuentos cubanos. Introd. de A. M. Eligio de la Puente. La Habana, Cultural, 1928 (Colección de libros cubanos, 4). || Alegoría de Ramón de Palma sobre la polémica entre Luz y Don J. J. Reyes. 1834 y 1835 [s.l., s.a.].

BIBLIOGRAFÍA PASIVA

Carbonell, José Manuel. «Ramón de Palma y Romay (1812-1860)», en su La poesía lírica en Cuba. Recopilación dirigida, prologada y anotada por [...]. T. 2. La Habana, Imp. El Siglo XX, 1928, p. 229-231 (Evolución de la cultura cubana. 1608-1927, 2); «Ramón de Palma y Romay», en su La poesía revolucionaria en Cuba. Recopilación dirigida, prologada y anotada por [...]. Tomo único. La Habana, Imp. El Siglo XX, 1928, p. 59 (Evolución de la cultura cubana. 1608-1927, 6); «Ramón de Palma y Romay, en su La prosa en Cuba. Recopilación dirigida, Prologada y anotada por [...]. T. 2. La Habana, Imp. Montalvo y Cárdenas, 1928, p. 3-15 (Evolución de la cultura cubana. 1608-1927, 13). || El compadre, seud. de?. «Aves de paso, por Ramón de Palma», en Noticioso y Lucero de la Habana. La Habana, 9 (324): 3, nov. 21, 1841. || E[cheverría] J[osé] A[ntonio]. «Una pascua en San Marcos», en Diario de la Habana. La Habana, (192-194): 2, jul. 12 y 13, 1838, resp. || Esténger, Rafael. «Ramón de Palma, en su Cien de las mejores poesías cubanas. 3a. ed. aum. con un ensayo preliminar y la inclusión de poetas actuales. La Habana, Eds. Mirador, 1950, p. 111.|| [Fornaris, José y Joaquín Lorenzo Luaces]. «Ramón de Palma», en su Cuba poética. Colección escogida de las composiciones en verso de los poetas cubanos desde Zequeira hasta nuestros días. La Habana, Imp. de la Viuda de Barcina, 1861, p. 76. || González del Valle, Martín. «Ramón de Palma», en su La poesía lírica en Cuba. Apuntes para un libro de biografía y de crítica. Barcelona, Tipo litografía de Tasso, 1900, p. 137-142. || Guiteras, Pedro J. «Estudios de literatura cubana. Ramón de Palma», en El Nuevo Mundo. América Ilustrada. New York, 6 (102 y 103): 108 y 129, 132, mar. 15 y abr. 1, 1875, resp.|| Lezama Lima, José. «Ramón de Palma y Romay», en su Antología de la poesía cubana. T. 2. La Habana, Consejo Nacional de Cultura, 1965, p. 516-517.|| López Prieto, Antonio. «Ramón de Palma y Romay», en su Parnaso cubano. Colección de poesías selectas de autores cubanos desde Zequeira a nuestros días, precedida de una introducción histórico-crítica sobre el desarrollo de la poesía en Cuba, con biografías y notas críticas y literarias de reputados literatos. T. 1. la Habana, Ed. Miguel de Villa, 1881, p. 203-206. || Suárez Romero, Anselmo. «Tropicales, por D. José Z. G.del Valle. Aves de paso, por Don Ramón de Palma», en su Colección de artículos. La Habana, Consejo Nacional de Cultura, 1963, p. 123-130. || Valle, Adrián del. «Ramón de Palma», en su Parnaso cubano. Selectas composiciones poéticas. Barcelona, Editorial Maucci, 1920, p. 188.189. || Zambrana, Ramón.«Diferentes épocas de la poesía en Cuba», en Revista de la Habana. La Habana, 3:251-255, mar. 15-set. 1, 1874.

Papagayo, El (Nueva York, 1855-[Id.]). Periódico de pequeño tamaño. Cada número presentaba como epígrafe las palabras de Narciso López, «Adiós Cuba: mi muerte no cambiará tus destinos». El primer número correspondió al 15 de febrero. Era dirigido y rez. dactado por Miguel Teurbe Tolón. En un anuncio se expresaba que «El Papagayo saldría dos veces al mes». Afirmaba Teurbe Tolón, en el primer número, lo siguiente: «Publico este papel para cumplir con un deber (decir la verdad) i [sic] gozar de un derecho (decir mi opinión), con respecto a la causa política de Cuba.» Y más adelante añadía: «Ecsatitud [sic] en los hechos, buena fe en las deducciones, sinceridad en los sentimientos he aquí los cinco frenillos de mi Papagayo. En el centro, un mote de tres palabras: Cuba libre i republicana.» Fue un periódico dedicado casi exclusivamente a la publicación de artículos relativos a la independencia de Cuba; en ocasiones divulgó trabajos sobre la educación pública en Estados Unidos. En algunas oportunidades aparecieron en sus páginas poemas de Teurbe Tolón. Publicó además, también de manera ocasional, composiciones poéticas firmadas con los seudónimos Anacaona, Caonabo y Eldifonso Jubilao. El último número revisado (5) corresponde al 6 de abril de 1855. J. J. E. Casasús expresa en la página 458 de su obra La emigración cubana y la independencia de la patria (La Habana, Editorial Lex, 1955), que a este periódico le siguió otro, también dirigido por Teurbe Tolón, denominado El Cometa, cuyo primer número correspondió al 16 de abril de 1855.

Papel Periódico de la Havana (La Habana, 1790-1864). Fue fundado a iniciativa del gobernante español don Luis de las Casas, quien fue uno de sus redactores principales, junto con Diego de la Barrera, Tomás Romay y José Agustín Caballero. El primer número correspondió al 24 de octubre, y en él se insertaba un«Prospecto» en el que se decía: «En las ciudadespopulosas son de muy grande utilidad los papeles públicos en que se anuncia a los vecinos quanto [sic] ha de hacerse en la semana referente a sus intereses o a sus diversiones. La Havana cuya población es ya tan considerable echa menos uno de estos papeles que dé al Público noticias del precio de los efectos comerciables y de los bastimentos, de las cosas que algunas personas quieren vender o comprar, de los espectáculos, de las obras nuevas de toda clase, de las embarcaciones que han entrado o han de salir, en una palabra de todo aquello que puede contribuir a las comodidades de la vida. El deseo de que nuestros compatriotas disfruten quantas [sic] puedan proporcionarse nos mueve a tomarnos el trabajo de escribir todas las semanas medio pliego de papel en que se recojan las explicadas noticias. A imitación de otros que se publican en la Europa comenzarán también nuestros papeles con algunos retazos de literatura, que procuraremos escoger con el mayor esmero. Así declaramos desde ahora que a excepción de las equivocaciones y errores, que tal ves [sic] se encontrarán en nuestra obrilla, todo lo demás es ageno [sic], todo copiado. Los aficionados que quisieren adornarla con sus producciones se servirán ponerlas en la Librería de D. Francisco Seguí que ofrece imprimirlas, quando [sic] para ello hubiere lugar y no se tocaren inconvenientes, conservando oculto o publicando el nombre del autor según éste lo previniere. Todo el que deseare vender o comprar alguna casa, estancia, esclavos, hacienda, o cualquier otra cosa, avíselo en la mencionada Librería de D. Francisco Seguí, y sin que le cueste cosa ninguna se participará al público en uno de estos papeles. Sentiríamos sobre manera que alguno se figurase que nos dedicamos a escribirlos tan solo con la mira de evitar los fastidios de la ociosidad. No carecemos de ocupaciones capaces de llenar la mayor parte del tiempo. Aquellos ratos de descanso que es preciso sucedan a las tareas del estudio son los que sacrificamos gustosamente a nuestra Patria, como sacrificó los suyos el eloquente [sic] Tulio a su amigo Tito Pomponio Ático. Prefiera el amor de nuestra Patria a nuestro reposo: Havana tú eres nuestro amor, tú eres nuestro Ático: esto te escribimos no por sobra de ocio, mas por un exceso de patriotismo. Haec scripsi non oii abundantia, sed amoris ergate.» Los diez números que vieron la luz en 1790 tuvieron una periodicidad semanal. A partir del año siguiente salió dos veces a la semana, los jueves y los domingos. En el número correspondiente al 5 de febrero de 1792 el «Redactor» ofrece el público un «Discurso sobre el Periódico», en el que amplía los objetivos de la publicación: «Sería superfluo que yo digese [sic] qual [sic] debe ser el principal objeto del Periódico o Papel público. Creo que, fuera de lo que es vulgo, nadie lo ignora; y si hemos visto que en algunos se ha gastado lastimosamente el tiempo con meras puerilidades, esto no nace de ignorarse el fin de su instituto. A mi ver consiste en que hasta ahora no ha habido quien quiera dedicarse a introducir en ellos, a más de las noticias útiles, alguna materia continuada de las que ilustran el entendimiento o de algunas bellas invenciones honrosas a la Patria, e interesantes a los deberes de la Sociedad. Así se practica con el Periódico de Madrid y de otros pueblos civilizados. Atacar los usos y costumbres que son perjudiciales en común, y en particular corregir los vicios, pintándolos con sus propios colores, para que mirados con horror se detesten; y retratar en contraposición el apreciable atractivo de las virtudes, serían en mi concepto unos asuntos muy adecuados al objeto del Periódico. El Gobierno, que conociendo toda su importancia lo ha establecido y sostiene con laudable zelo [sic]; presenta un poderoso estímulo, y abre puerta bastante a los literatos para que introduzcan en él algunas útiles producciones, y las continúen. En este pueblo no faltan hombres de esta clase, cuya fortuna o bienes, y su vida privada les proporciona tiempo para dedicarse a esta tarea literaria. Sería pues de desear que algunos de estos individuos se uniesen a trabajar por semanas alternativamente, o según quisiesen acordarlo. Con el tiempo tendrían sin duda la satisfacción de ver alguna enmienda en las costumbres y vicios contra que declamasen, o la de entretener con utilidad, instruir o adelantar en otras materias de carácter estimable que quisiesen tomar por asunto. Siempre se sacaría alguna ganancia, y quando [sic] menos obtendrían justamente el aprecio y gratitud del Público unos ciudadanos cuyos discursos conspiraban al común beneficio.» Del año 1793 se han localizado solamente siete ejemplares. En ese año, al constituirse la Sociedad Patriótica de la Havana, Las Casas le cedió a dicha institución la dirección y administración del periódico. Se nombró una diputación integrada por Agustín de Ibarra, Joaquín Santa Cruz, Antonio Robredo y Tomás Romay, quienes, tuvieron a su cargo lo relacionado con la publicación; contó además con el aporte de José Agustín Caballero, que colaboró en la redacción del Papel desde su fundación. No se han visto números de los años 1794 y 1795. En el primero visto del año 1796, correspondiente al 3 de enero, aparece inmediatamente después del título de la publicación y de la fecha, el nombre de D. R. González, quien fue, según suponemos, el redactor en aquellos momentos. Varios autores coinciden en señalar que en el número 31 de 1797 (de este año no se ha visto ningún ejemplar) se insertó un nuevo plan de redacción, mediante el cual se dividía el trabajo entre un mayor número de socios y se encargaba a doce de ellos, que entraban por turno mensual, su realización. Para conocimiento del público se ponía en el encabezamiento del periódico el nombre del diputado redactor, aunque de esta forma ya aparecía, como lo hemos indicado, desde 1796, o quizás desde antes de ese año. Así, los individuos que compusieron la diputación del periódico en el año 1797 fueron: en enero, Don Alonso Benigno Muñoz; en febrero, Don Tomás Romay; en marzo, Don Juan González; en abril, Don Antonio Robredo; en mayo, Don José Agustín Caballero; en junio, Don Domingo Mendoza; en julio, Don José Antonio González; en agosto, Don Agustín de Ibarra; en septiembre, Don Nicolás Calvo; en octubre, Don Juan Manuel O'Farrill; en noviembre, Don Francisco de Arango y Parreño, y en diciembre, Don José Arango. En el número correspondiente al 13 de junio de 1799 se publicó en forma de suplemento una comunicación firmada por el secretario de la Real Sociedad Patriótica, Alfonso de Viana, en la que se explica que, después de emplear varios sistemas para asegurar la mejor organización del Papel Periódico, se habían tomado medidas. Dice textualmente lo siguiente: «La última [medida] fue encargar su redacción al cuidado de dos de sus socios de conocida literatura, que la han desempeñado por espacio de un año. Pero hallándose dichos señores [quizás se refiera a Romay, Caballero o Félix Varela] muy ocupados para seguir cumpliendo con tal obligación, la Sociedad Patriótica pedía que le presentasen, por memorial, solicitudes para la plaza fija de redactor, que tendría a su exclusivo cargo todo lo relacionado con la preparación de los números del Papel.» Obtuvo la plaza Manuel de Zequeira y Arango, quien comenzó sus labores el 14 de agosto de 1800. Diversos temas se abordaron en el Papel Periódico: morales y sociales, sobre educación, urbanismo, modas, cultura, espectáculos públicos, crítica social. Publicó poemas, discursos sobre diferentes materias, decretos oficiales, noticias del interior de la isla y de Europa, trabajos sobre ciencias físicas y naturales, nuevos descubrimientos científicos, observaciones meteorológicas. Colaboraron en sus páginas José María Peñalver, José Anselmo de la Luz, M. García, J. B. Galainena, y Manuel de Zequeira, quien firmó con los seudónimos El redactor, Armenan Queizel, Ezequiel Armuna, Anselmo Erquea y Gravina, Raquel Yum Zenea, Izmael Raquenue, El observador de la Habana y Z.M.Z. También aparecieron trabajos firmados con los seudónimos El amigo de los esclavos (seud. de José Agustín Caballero), Lisarda, El Forastero, El amigo del duende y Zamacola. El último número visto corresponde al 25 de abril de 1805. Al final de los volúmenes que contienen los números publicados en 1790, 1791 y 1792, aparecen los índices respectivos. Preparado por Fermín Peraza y Sarauza fue publicado un «Índice del Papel Periódico de La Havana», que apareció en la Revista Bimestre Cubana (La Habana, 51-67, 1943-1951). Compilado por Cintio Vitier, Fina García Marruz, Feliciana Menocal y Araceli García Garranza, miembros del Depto. de Colección Cubana de la Biblioteca Nacional «José Martí», se ha confeccionado también su índice, el cual se encuentra a disposición del público en dicho departamento. Continuación del Papel Periódico de la Havana fue El Aviso. Papel periódico de la Havana, cuyo primer número vio la luz el 2 de junio de 1805. Era redactado por Tomás Agustín Cervantes. Su periodicidad era trisemanal. En él aparecieron artículos costumbristas y sobre moral. Algunos trabajos sobre música, educación, teatros, también hallaron cabida en sus páginas, así como letrillas, fábulas, noticias de Cuba y de Europa, estadísticas, movimiento portuario, adelantos agrícolas y notas sobre ciencias e historia. Entre sus colaboradores figuran J. Hdez., Ramiro Nazito (seud. de Mario Ortiz), Patán Marrajo (seud. de J. B. de Arazoza), Manuel Zequeira, quien publicó unas décimas con su seudónimo El Marquez [sic] Nueyas, Ciriaco Arango, Miguel de Arriaga, el guatemalteco Simón Bergaño y Villegas, Juan Bernardo O'Gavan, Joseph Antonio de la Ossa y Tomás Romay. Su publicación se extendió hasta el 29 de diciembre de 1808. Fermín Peraza Sarauza preparó y publicó el Índice de El Aviso (1805-1808) (La Habana, Eds. Anuario Bibliográfico Cubano, 1944), correspondiente al tomo 5 de la colección Biblioteca del Bibliotecario, que él mismo dirigía. Sucesor de este periódico fue El aviso de la Habana. Papel periódico literario-económico, que comenzó el 1º de enero de 1809, con la misma periodicidad que el anterior y dirigido, igualmente, por Tomás Agustín Cervantes, quien firmaba sus trabajos con el seudónimo El redactor. Publicó los mismos materiales que su antecesor y los colaboradores fueron también los mismos. A ellos hay queagregar El reparón y Un patriota. Publicó algunas composiciones de los poetas españoles Juan Nicasio Gallego y Juan Bautista de Arriaza. En agosto de 1810 dejó de publicarse. El último ejemplar visto correspondió al día 19 de mes citado. Fermín Peraza Sarauza preparó y publicó el Índice del Aviso de la Habana (1809-1810) (La Habana, Eds. Anuario Bibliográfico Cubano, 1944), correspondiente al tomo 7 de la ya mencionada colección Biblioteca del Bibliotecario. Continuación de este periódico fue el Diario de la Habana, cuyo primer número salió el lº de septiembre de 1810. A lo largo de su existencia el título de esta publicación sufrió algunos cambios. Mantuvo el ya mencionado hasta el 22 de julio de 1812, año en que también amplió su formato. Se leía debajo del título: «Este periódico de la real Sociedad patriótica está destinado para la publicación de asuntos de oficio.» Fue Diario del Gobierno de la Habana desde el 23 de julio de 1812, con la siguiente caracterización: «Por la real Sociedad Patriótica, en que se publican todas las noticias y asuntos de oficio y otras materias literarias con arreglo, a su prospecto.» En 1820, alrededor del mes de abril, el título del periódico era Diario Constitucional de la Habana. Se lee Diario del Gobierno de la Habana en el número correspondiente al 10 de diciembre de 1823, aunque no puede precisarse si ésta es la fecha en que comienza con tal título, ya que se han visto números sueltos. Desde este fecha el formato se hace más pequeño. Entre el lº de febrero de 1825 y el 3 de febrero de 1848 se publicó con su título original de Diario de la Habana. Fue dirigido, de 1810 a 1816, por Tomás Agustín Cervantes; de 1816 a 1824 por José de Arazoza; de 1824 a 1831 por Antonia de la Cámara, viuda de Arazoza, y desde 1831 por José Toribio de Arazoza. Divididas las páginas del periódico en «Parte Oficial» y «Parte no oficial», además de algunas otras secciones, trató en la primera sobre comercio, política europea, movimiento del puerto, decretos, tribunales, asuntos económicos; en la no oficial aparecieron poemas, folletines, «Ramilletes habaneros» -especie de crónicas sobre la sociedad capitalina-, acontecimientos teatrales, noticias culturales de Europa, discursos, crítica literaria, artículos geográficos, históricos, científicos, de costumbres, sobre las sociedades de instrucción y recreo. Desde el año1836 dio a conocer en el número primero de cada año un resumen de los acontecimientos más notables del año anterior. A partir de 1840 aumentaron lo noticias de los pueblos del interior del país, que se detallaban en la sección «Boletín cubano», más tarde denominada «Correo de la Isla». Figuraron en sus páginas, además, comentarios sobre las literaturas europeas, biografías de hombres notables y un sin número de trabajos sobre vías de comunicación; guerras; piratería marítima; terremotos; huracanes; incendios; explosiones; grandes acontecimientos históricos, como las guerras napoleónicas, de independencia de América y la denominada guerra «carlista» de España. Colaboraron en sus páginas, además de otros muchos escritores, Ramón Vélez Herrera, J. F. Fresneda, Tomás Romay, Ildefonso Estrada y Zenea, Ramón de Palma, Manuel Orgallez, Narciso Foxá, Rafael de Cárdenas, Miguel Teurbe Tolón, El Lugareño (seud. de Gaspar Betancourt Cisneros), Gertrudis Gómez de Avellaneda, Felipe Poey, José Güell y Renté, Miguel de Cárdenas y Herrera (M. de C. y H.), Felicia (Virginia Felicia Auber). El último número publicado correspondió al 2 de febrero de 1848. José Andrés Martínez Fortún y Foyo ha publicado, en una edición mimeografiada, Diario de la Habana en lamano; índice y sumarios (años de 1812 a 1848) (La Habana, 1955). Sucedió a este periódico el titulado Gaceta de la Habana, cuyo primer número apareció el 3 de febrero de 1848. José Toribio de Arazoza, que fue su director, publicó en dicho número un artículo titulado «Al público», en el cual expresaba entre otras observaciones lo siguiente: «La munificencia de la escelsa [sic] Reina que rige hoy los destinos de nuestra magnánima Nación se ha dignado concederme la publicación de este periódico en los términos en que tengo el honor de ofrecerle al público de la Habana, con cuyo amparo comienza en este día, bajo el gobierno del ilustre General [se refiere a Leopoldo O'Donell], a quien tanto debe el país y a quien tanto tienen que agradecer cuantos por el orden legal se acojen [sic] a su protectora autoridad y benevolencia. Mi difunto padre D. José de Arazoza, cuya memoria es para mí tan honrosa, dedicó sus servicios a este público en la redacción del Diario de la Habana, y mientras estuvo a su frente mereció siempre la protección de las autoridades y la distinción general. Desde 1831 se sirvió mi señora madre encargarme la dirección de dicho periódico, y para desempeñarla no he hecho más que seguir la senda trazada por mi señor padre, cabiéndome por ello la honra de que tanto el Gobierno como el público me hayan dispensado las más altas consideraciones y otorgado el más cordial beneplácito. Y al ofrecer ahora mis servicios a este mismo público en la nueva empresa que tomo sobre mis hombros, a cuyo frente me ha colocado la inmensa bondad de nuestra augusta Reina, sólo me alienta la esperanza de que continuará dispensándome la misma protección que hasta aquí.» Y más adelante añade: «Nada me toca decir tampoco sobre la marcha del periódico. El mismo sistema de circunspección que ha observado el que hasta ahora he dirigido, será el que ha de seguir la Gaceta: y los colaboradores con que cuenta la Redacción me hacen esperar desde luego que en manera alguna se apartará el periódico de esta senda.» Hasta alrededor de mediados de 1864 el periódico, que continuó apareciendo diariamente, mantuvo la mismas características del Diario de la Habana. Siguieron las mismas secciones, los folletines y «Ramilletes», la «Parte oficial», la «Parte Judicial», la «Parte económica», y continuó publicando poesías y discursos. Se creó una nueva sección, «Ciencia, literatura y amenidades» que trataba sobre diferentes asuntos culturales y de actualidad. También apareció «Gacetín local», «Gacetín religioso» y «Variedades». Los colaboradores fueron, en general, los mismos, aunque a sus nombres hay que agregar los de Antonio E[nrique] de Zafra y Wenceslao de Sotolongo, entre otros. A mediados de 1864, como ya hemos señalado, fueron escaseando las colaboraciones literarias, hasta convertirse la Gaceta en un diario puramente de información oficial, circunscrito a las diferentes actividades de gobierno. Entre 1898 y 1902 salió el periódico con texto en inglés y en francés; ese último año su título varió a Gaceta oficial de la República de Cuba, con el subtítulo de «periódico oficial del Gobierno de la República de Cuba. En ese mismo año asumió su dirección Rafael de Arazoza y Verdugo. Continuó apareciendo ininterrumpidamente hasta 1968. Con posterioridad ha visto la luz con,una frecuencia irregular. Mantiene su característica de publicación dedicada a dar a conocer las leyes, disposiciones, acuerdos, etcétera, del gobierno de la República de Cuba.

BIBLIOGRAFÍA

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PARRADO, Gloria (Cascorro, Camagüey, 17. 1. 1927). En 1941 comenzó a escribir poemas y cuentos. Terminó sus estudios en la Escuela Profesional de Comercio en 1946. Viajó a los Estados Unidos (1951-1952). En 1954 escribe su primera obra de teatro. Formó parte de un círculo teatral de Nuestro Tiempo. Sus piezas Juicio de Aníbal (1958), La espera (1959), La brújula (1959 y 1961), Arriba, arriba (1961), etcétera, fueron repre. sentadas en teatros de La Habana. Obtuvo mención en el Concurso Casa de las Américas de 1961 por su obra La paz en el sombrero. Publicó cuentos y artículos en Revolución. Ha tomado cursos sobre dirección teatral y actuación. Trabajó en el Teatro Nacional y en el Departamento de Asesoría Literaria del CNC. Desempeñó el cargo de dramatista en la Dirección de Teatro del CNC. Es autora del guión cinematográfico Papeles son papeles (1966).

BIBLIOGRAFÍA ACTIVA

Teatro. La Habana, Eds. Unión, 1966.

BIBLIOGRAFÍA PASIVA

Estorino, Abelardo. «Teatro de Gloria Parrado», en Unión. La Habana, 5 (3): 168-170, jul.-set., 1966. Leal, Rine. «La brújula» y «Dos estrenos en la Sala Arlequín», en su En primera persona (1954-1966). La Habana, Instituto del Libro, 1967, p. 117-119 y 128-130, resp.

PARREÑO, José Julián (La Habana, 11.12.1728-Roma, 1.11.1785). Tío de Francisco de Arango y Parreño. En 1743 se trasladó a México e ingresó en la Compañía de Jesús. Fue profesor en el Instituto San Ignacio de Loyola (1745). Fue profesor de retórica en 1754. Enseñó filosofía en el Colegio máximo de San Pedro y San Pablo (1756) y teología en el Colegio de San Ildefonso de Puebla. Se fue a Italia en 1767 y continuó estudios en Roma.Se destacó en la oratoria sagrada, de la que se le considera reformador. Falleció en el convento Val-humbrosa.

BIBLIOGRAFÍA ACTIVA

Funerales de ta ciudad de México a la Sra. Reina Da. María Amalia. México, 1761. El ilustre y Real Colegio de Abogados, patrón de las causas y derechos de Ntra. Señora de Guadalupe. Sermón que en la primera fiesta a su Titular dixo el día 3 de diciembre de 1761. México, Real Colegio de San Ildefonso, 1762. Panegírico de Nuestra Señora de Guadalupe de México, en la primera tiesta que celebraron los abogados como a su especial patrona. México, 1762. Eloquientiae praecepta. Romae, 1778. Novena en honra de Nuestra Señora de los Dolores, que con el renombre de las Aguas, venera el religiosísimo Convento Real de Jesús María de esta Ciudad de México, en donde un singular milagro dio motivo a esta advocación. México, Herederos de Felipe de Zúñiga y Ontiveros, 1794. Anales de cuatro años desde 1782 hasta 1785 [¿s.l., s.a.?]. Carta a los Sres. habaneros, sobre el buen trato de los negros esclavos. Roma [s.a.]. Certamen poético para noche de Navidad de 1754, proponiendo al niño jesús bajo la alegoría de cometa [México, s.a.?]. De scribendi cacohete. Romae [s.a.?]. Expositio librorum Melchioris Cani de locis theologicis [s.l., s.a.?]. Historia Concilii Chalcedomencis [¿s.i., s.a.?].

BIBLIOGRAFÍA PASIVA

Cavo, Andrés. De vita Josephi Juliani Parreuni Havanensis. Romae, Ex officina Salomoniana, 1792. Decorme, Gerard. La obra de los jesuitas mexicanos durante la época colonial. 1572-1767 (Compendio histórico). T. l. Funciones y obras. México, D. F., Antigua Librería Robredo de J. Porrúa, 1941. Pimental, Prancisco. «Padre José Julián Parreño, en su Obras completas. T. 5. México, D. F., Tipografía Económica, 1904, p. 392-393.

Pasatiempo, El (Matanzas, 1833-1834). Revista. El Primer número correspondió al 7 de diciembre. Afirma Israel M. Moliner en la página 6 de su índice cronológico de la prensa en Matanzas (Matanzas, Imp. García, 1955) que su director fue Antonio C. Ferrer y que se imprimía en la imprenta de Tiburcio Campe. En la revista no hemos encontrado el nombre de Ferrer en ningún sitio. El de Campe sí figura, además de como impresor, como editor de la publicación e incluso todas las notas que aparecen dirigidas «al público» están firmadas por él. Cada número expresaba: «Este periódico se publica todos los sábados, y se reparte gratis a los señores que están abonados en Matanzas al Diario de la Habana.» Posteriormente su periodicidad fue bisemanal. Se señalaba en el primer ejemplar: «A la parte política seguirán variedades, anécdotas y artículos de literatura. En esta última clase daremos lo nuevo y mejor que llegue a nuestra manos; y en las otras traduciremos de los impresos estranjeros [sic] lo que más puede escitar [sic] el interés de los lectores.» Y más adelante se exponía: «Para llenar el lugar destinado a la poesía, hemos rogado a Desval, Dorilo y Delio, nuestros amigos, se encarguen de llenar los deseos del público que aplaude sus trabajos felices [...]. Daremos también las noticias que convengan al comercio: anunciaremos la salida y entrada de buques, los sobordos de éstos y los precios corrientes de la plaza. En noticias políticas todos los sábados haremos un resumen de las que se hayan recibido en la semana. En todo prometemos exactitud y veracidad; y cuando se agoten nuestros materiales o nos falten las fuerzas para seguir en la obra, con franqueza y respeto lo diremos así a nuestro juez, que es el público.» Publicó traducciones, anécdotas de carácter histórico, poemas, máximas y pensamientos, trabajos que reflejaban la situación política de España, cuentos, narraciones, crítica y teoría literaria y modas. La mayoría de las colaboraciones están firmadas con seudónimos: Delio (seud. de Francisco Iturrondo), Desval (seud. de Ignacio Valdés Machuca), Dorilo (seud. de Manuel González del Valle), Dulcidio, Dalmiro, Plácido (seud. de Gabriel de la concepción Valdés), de quien señala Moliner en su ya mencionado trabajo que fue precisamente en esta revista donde publicó sus primeros poemas, Fileno (seud. de Anacleto Bermúdez), Antriso (seud. de Diego Fernández Herrera), Ben-Alí, Coridon y Floralbo. Se hacen constar las colaboraciones de José Victoriano Betancourt y Ramón Vélez Herrera. En el número 54, correspondiente al 31 de julio de 1834, aparece una nota de Tiburcio Campe en la que señala que dejaría la dirección del periódico, por motivos de enfermedad, en manos de «varios señores que se han prestado a mis súplicas». Añade también que los nuevos redactores editarán próximamente El Pasatiempo en La Habana, «... sin que por ello deje de seguir repartiéndose en Matanzas [...]». Anunciaba un amplio plan de mejoras y modificaciones. Todo parece indicar que Campe no abandonó la dirección del periódico, pues en el último nútilero Publicado (72), correspondiente al 30 de septiembre de 1834, señala en una nota «Al Público» lo siguiente: «Desde hoy suspendo la publicación de este periódico, porque no puedo consagrarme a él, a causa de que mis enfermedades continúan [...].» Señala que «Los individuos que tomaron parte en la empresa desde el mes anterior, tienen hoy atenciones de importancia más grave, y ya no les es posible seguir honrándome con su poderosa ayuda». Aclara además que no ha tenido ningún problema con el gobierno, tal y como algunos comentaron, y que la única razón de suspender la publicación es por sufrir «padecimientos tan agudos como prolongados». Al final de la nota afirma que una vez mejorada su salud dará «principio a otro periódico que, con la aprobación del escelentísimo [sic] señor capitán-general, y con el título de Diario de Avisos, saldrá en la Habana desde el lº de noviembre próximo [...]. Antonio Bachiller y Morales anota en la página 233 del tomo 2 de su obra Apuntes para la historia de las letras y de la instrucción pública en la isla de Cuba (La Habana, Academia de Ciencias de Cuba. Instituto de Literatura y Lingüística. 1971) que «Fue el primer periódico que se ocupó de las cuestiones políticas a que daba lugar la guerra civil y tuvo una extensa suscripción en la capital». Entre los números 38 y 39 la revista publicó una hoja impresa que contiene un índice de los trabajos aparecidos en los primeros treinta y ocho números publicados.

Patria (New York, 1892-1898). Periódico fundado y dirigido por José Martí. El primer número correspondió al 14 de marzo, y en él se insertó un artículo-programa debido al propio Martí y titulado «Nuestras ideas», en el que se expresaba, entre otras consideraciones: «Nace este periódico por la voluntad y con los recursos de los cubanos y puertorriqueños independientes de New York, para contribuir, sin premura y sin descanso, a la organización de los hombres libres de Cuba y Puerto Rico, en acuerdo con las condiciones y necesidades actuales de las Islas, y su constitución republicana venidera; para mantener la amistad entrañable que une, y debe unir, a las agrupaciones independientes entre sí, y a los hombres buenos y útiles de todas las procedencias, que persistan en el sacrificio de la emancipación, o se inicien sinceramente en él, para explicar y fijar las fuerzas vivas y reales del país, y sus gérmenes de composición y descomposición, a fin de que el conocimiento de nuestras deficiencias y errores, y de nuestros peligros, asegure la obra que no bastaría la fe romántica y desordenada de nuestro patriotismo; y para fomentar y proclamar la virtud, dondequiera que se le encuentre. Para juntar y amar, y para vivir en la pasión de la verdad, nace este periódico. Más adelante explica que «La guerra es un procedimiento político, y que este procedimiento de la guerra es conveniente en Cuba, porque con ella se resolverá definitivamente una situación que mantiene y continuará manteniendo perturbada el temor en ella, porque por la guerra, en el conflicto de los propietarios del país, ya pobres y desacreditados entre los suyos, con los hijos del país, amigos naturales de la libertad, triunfará la libertad indispensable al logro y disfrute del bienestar legítimo». También señala que «...este periódico viene a mantener la guerra que anhelan juntos los héroes de mañana, que sacaron ilesa de la lección de los diez años su fe en el triunfo; la guerra única que el cubano, libre y reflexivo por naturaleza, pide y apoya, y es la que, en acuerdo con la voluntad y necesidad del país, y con las enseñanzas de los esfuerzos anteriores, junte en sí, en la proporción natural, los factores todos, deseables o irremediables de la lucha inminente [...].» En un suelto aparecido en el propio número, y en el que se advierte asimismo el estilo de Martí, se expresa que Patria «...Es un soldado. Para el adversario mismo será parco de respuestas y en vano se le querrá atraer a escaramuzas inútiles, porque cada línea de los periódicos de la libertad es indispensable para fundarla: aun el adversario hallará en nosotros más bálsamo que acero. El arma es para herir, y la palabra para curar lo heridas. Pero en nuestro campo no reconocemos adversario: Nuestra virtud nos escucha, y nos envolvemos en ella». Y resalta que «Con cariño de hermano, y con el respeto con que se han de mover en esta hora solemne de creación las cosas públicas, nos ponemos el lado de los periódicos que mantienen con tesón indómito, y con sacrificio y desinterés, la independencia de la patria». En otra parte de dicho primer número aparece un artículo en el que se explica el lema del periódico y el carácter que tendrían los trabajos que en él se insertarían. Se expresa lo siguiente, entre otras ideas: «Ni los tiempos nos han cansado, ni las equivocaciones, y en cuanto en estas columnas aparezca se habrá de ver el sosiego de quienes no tienen más consejero que la devoción al país, ni más premio que el que ordena, en horas difíciles, la indispensable vigilancia. Todo lo vemos, y a todo estamos. Reunidos en un mismo espíritu los batalladores de siempre, los de la guerra y los de la emigración, los recién llegados y los infatigables, los de una y otra comarca, los de una y otra edad, los de una ocupación y otra, buscamos lema para este periódico de todos y le llamamos Patria.» Se destaca además que en él escribirán «...el magistrado glorioso de ayer y los jóvenes pujantes de hoy, el taller y el bufete, el comerciante y el historiador, el que prevé los peligros de la república y el que enseña a fabricar las armas con que hemos de ganarla. En Patria publicaremos «La situación política» que refleje, de adentro y de afuera, cuanto cubanos y puertorriqueños necesitan saber del país; los «Héroes» que nos pintarán los que no se han cansado aún de serlo; los «Caracteres» de nuestro pueblo, de lo más pobre como de lo más dichoso de la vida, para que no caiga la fe de los olvidadizos; la «Guerra», o crónica de ella, en relación unas veces, en anécdotas otras, por donde a chispazos se vea nuestro poder en la dificultad y nuestra firmeza en la desdicha; la «Cartilla Revolucionaria», donde se enseñará, desde el zapato hasta el caer muerto, el arte de pelear por la independencia del país: a vestirse, a calzarse, a curarse, a fabricar cápsulas y pólvora, a remendar las armas. Contará Patria los trabajos y méritos de los puertorriqueños y cubanos, y la vida social de los ricos y de los pobres. Se verá la fuerza entera del país en sus páginas. Y cuanto en Patria se escriba ha de nacer del deseo de aprovechar, con el don inevitable de la palabra, la acción rápida en que será posible y necesario el silencio, no del prurito femenil que en la ocasión gloriosa no ve más que la tribuna floreada o las palmas envanecedoras. En la fundición habla el obrero sobre el mejor modo de fundir la espada». Patria, además de incluir muchas noticias procedentes de los clubes revolucionarios en la emigración, contó con los artículos de fondo redactados Por Martí, aunque la mayoría no aparecían firmados. En ellos está presente la lucha desplegada por los cubanos a favor de la causa independentista, la postura clara y enérgica de Martí contra el autonomismo y el anexionismo y su preocupación por unir a los revolucionarios. Junto con Martí figuraron además como redactores del periódico, Tomás Estrado Palma, Benjamín Guerra, Manuel Sanguilly, Gonzalo de Quesada y Aróstegui, el puertorriqueño Sotero Figueroa, Manuel de la Cruz, Francisco de Paula Coronado y Manuel Moré. También fueron redactores Juan Fraga, Emilio Leal, Abelardo Agramonte, Federico Sánchez, Rafael Serra y Ramón Luis Mirando. En cuanto a su periodicidad, primero fue semanal, y desde el 5 de octubre de 1895 (número 183) hasta su desaparición, bisemanal. La administración de Patria fue ocupada, sucesivamente, por J. A. Agramonte, F. L. Peña, D. Rosell, Gonzalo de Quesada, Sotero Figueroa, Enrique José Varona, Enrique Hernández Miyares, Luis Garzón Duany y Manuel Moré. En el ejemplar de Patria correspondiente al 17 de junio de 1895 (número 166)apareció una nota de última hora que en forma lacónica expresaba: «Al entrar en prensa el presente número recibimos la cruel certidumbre de que ya no existe el Apóstol ejemplar, el maestro querido, el abnegado José Martí. Patria, reverente y atribulada, dedicará todo su número próximo a glorificar al patriota,a enaltecer el inmortal.» Ocupó entonces la dirección del periódico Enrique José Varona, quien apareció como tal a partir del número 189, correspondiente al 23 de octubre de 1895. Se mantuvo en el cargo hasta la primera quincena de agosto de 1897, pues en el número 318 de fecha 25 de agosto de dicho año, aparece como editor responsable Eduardo Yero Buduén. Varona quedó formando parte principal de la redacción casi hasta el final del periódico. En el número 495 (28 de septiembre de 1898) apareció una nota en la que se informaba que «Por tener que ausentarse para Santiago de Cuba el señor Eduardo Yero Buduén, cesa desde hoy en su cargo de Editor de Patria». No hay constancia de quién sustituyó a Yero en la dirección del periódico, aunque Tomás Estrado Palma, en su carácter de delegado del Partido Revolucionario Cubano, había asumido la dirección y administración del periódico desde tiempo antes. Al ausentarse Enrique José Varona de los Estados Unidos, en septiembre de 1898, su función en Patria, que consistía en redactar los editoriales, pasó a ser ocupada por Nicolás Heredia, quien se mantuvo con tal responsabilidad -y no con la de director, como se ha dicho en algunas oportunidades-, hasta el fin de la publicación. A partir del número 168 (2 de julio de 1895) se expresaba, en la parte inferior del título, «Periódico fundado por José Martí», y desde el número 176 (24 de agosto de 1895) en adelante: «Órgano oficial de la Delegación del Partido Revolucionarío Cubano. Periódico fundado por José Martí.» Como ya se ha expresado, Patria tuvo varias secciones fijas. Una de ellas estaba dedicada, permanentemente, a publicar las Bases del Partido Revolucionario Cubano y los miembros de su Directorio. En otra se insertaban comunicados de interés general, relacionados con las asociaciones del Partido Revolucionario Cubano. También mantuvo las secciones «Algo de todo», «Las noticias», «Pinchazos», «Tiquis miquis». «Fuego graneado» y «Notas de la colonia». Patria publicó también suplementos en hojas sueltas con discursos de Martí, Carlos Roloff, Carlos Baliño, trabajos de Rafael Ma. Merchán, Fidel G. Pierra, partes de operaciones militares, caricaturas de Ricardo de la Torriente, etcétera. Aparecieron, en varias oportunidades, folletines que divulgaron las constituciones de Estados Unidos y Centro y Suramérica. Otros colaboradores de Patria fueron Fermín Valdés Domínguez, Enrique Loynaz del Castro, F[rancisco] J[avier] Cisneros, Augusto de Armas, José de Armas y Cárdenas, Carlos A. Boissier, Carlos Baliño, Francisco Javier Balmaseda, Luis Alejandro Baralt, Juan Bellido de Luna, Bonifacio Byrne, Esteban Borrero Echeverría, Néstor L. Carbonell, Carlos de la Torre, Antonio y Francisco Selén, Lola Rodríguez de Tió, Martín Morúa Delgado, Domingo Méndez Capote, Enrique Villuendas, Diwaldo Salom, Ramón Meza, Perfecto Lacoste y Alfredo Zayas. Muchas colaboraciones aparecieron firmadas con los seudónimos Yucayo, Turquino, Uno que ve claro, Nemo (seud. de Alfredo Zayas), Jiquí, Justus, El corresponsal, Un expedicionario Jicarita, Cacarajícara (seud. de Enrique HernándezMiyares) y Un autonomista desencantado. El último número publicado fue el 522, y correspondió al 31 de diciembre de 1898. Se despidió del público con un artículo de Nicolás Heredia titulado «Obra terminada», en el que se decía, entre otras cosas: «La notable circular publicada no hace muchos días en este sitio por el Ministro Plenipotenciario de la República y Delegado del Partido Revolucionario Cubano, ha sido la señal para la disolución de todos los organismos que en los países extranjeros han venido trabajando con armoniosa actividad y desinterés nunca excedido en la obra titánica de la independencia de la patria. Vértebra importantísima de esos organismos, esta publicación iniciada el 14 de marzo de 1892, sigue la ley común y en el presente número, último de su colección, dirije [sic] un adiós expresivo y cariñoso a sus lectores. Mas noes, por cierto, la amarga despedida de los que, al dejar de vivir, se llevan al sepulcro la sombra melancólica de un ensueño evaporado o de alguna ilusión desvanecida, completando con la muerte moral el forzoso de su existencia material. Patria no concluye de ese modo. Fundada por el inmortal José Martí como instrumento de una aspiración acariciada por la inmensa mayoría de los cubanos, al verla convertida en realidad -y precisamente en el momento en que se baja de la fortalezas de la Habana la bandera de Castilla- pone fin a sus tareas como el guerrero pone el hierro en la vaina al ver a su enemigo derribado.» Joaquín Llavería incluye, en las páginas 104 y 112 de su trabajo «Los periódicos de Martí», aparecido en Boletín del Archivo Naciond (La Habana, 27 1-6), ene.-dic., 1928), un índice que contiene las firmas, seudónimos y anagrama de todos los que colaboraron en esta publicación. Incuestionablemente, la labor desarrollada por el periódico Patria en el seno de la emigración cubana en los Estados Unidos y en gran parte del Caribe y del continente suramericano, su decidida orientación latinoamericanista de alcance continental, la unidad inquebrantable con que nucleó a las filas revolucionarias y su demostrada intransigencia ante el problema de la libertad de Cuba, constituyeron factores fundamentales de la Revolución organizada por Martí y el Partido Revolucionario Cubano.

BIBLIOGRAFÍA

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PATRIA (V. Boletín de la Asociación de Antiguos Alumnos del Seminario Martiano)

Patria Libre, La

(La Habana, 1869). Semanario democrático-cosmopolita. El primero y único ejemplar publicado correspondió al 23 de enero. Las investigaciones realizadas en torno a este periódico han permitido concluir que el mismo fue dirigido por José Martí y que éste no es el autor del artículo de fondo con que se inicia la publicación, el cual apareció sin firma. En dicho artículo se expresa, entre otros comentarios: «No haya temor de que pensemos como vulgarmente se cree, que el pedazo de tierra en que hemos nacido constituya para nosotros la patria. Educados en la regeneradora escuela del Salvador, la palabra patria pierde para nosotros toda significación desde el momento en que no encontramos en ella amor, libertad, fraternidad. En la esfera de los principios, la tolerancia nos lleva hasta la abnegación, y poco importa que el que estreche nuestra mano haya nacido aquende o allende los mares. Podremos no convenir alguna vez en la forma que se dé al desenvolvimiento en la vida práctica a cualquiera de los principios que forman el símbolo de un pueblo libre, y por lo tanto progresista; pero de seguro que para resistir a la oposición que se nos haga, no habremos de apelar ni a la violencia ni a la injuria, pues antes que caer en ese delito de lesa libertad preferiremos siempre guardar el más profundo silencio.» Y señalan: «Firmes en nuestras creencias, ni habremos de volver la espalda como el soldado que cobardemente abandona su puesto en la hora del peligro, ni habremos de renegar de la razón, aceptándola humildemente siempre que no sea la fuerza, ni la violencia las que nos la impongan. Queremos la razón con la razón, y a ella habremos de apelar hasta que, agotada nuestra paciencia la pasión sea el árbitro supremo de nuestras acciones.» Y termina el artículo con esta exhortación: «Trabajemos todos como hermanos sin rivalidad y sin odios por convertir en verdad eterna lo que hoy parece mentira efímera. Unamos nuestros brazos y corazones para ser más fuertes; porque aunque la tierra de Promisión está muy cerca el camino es escabroso y, podemos no llegar si la tea de la discordia y no la de la fe es la que guía nuestros pasos. El amor, la libertad, la fraternidad, esa es la Patria.» Entre otros trabajos que aparecen figuran «La última razón». «¿Por qué la revolución tiene derecho al orden?» -ambos de contenido patriótico- y «Lógica marinera», que refuta un editorial del Diario de la Marina. Las dos últimas páginas del periódico están destinadas a reproducir el poema dramático Abala, de José Martí.

BIBLIOGRAFÍA

Giralt, José A. «Martí y La Patria Libre», en Bohemia. La Habana, 22, 22 (4): 17 y 62, ene. 26, 1930. Llaverías, Joaquín. Los periódicos de Martí. Con una carta de los doctores Francisco de Paula Coronado y Emeterio S. Santovenia, de la Academia de la historia de Cuba. La Habana, Imp. Pérez Sierra, 1929. Roig de Leuchsenring, Emilio. «Los dos primeros periódicos de Martí y los únicos publicados en La Habana», en Bohemia. La Habana, 60 (36): 8-10, sep. 6, 1968.

Patriota Americano, El (La Habana, 1811-1812). Obra periódica por tres amigos, amantes del hombre, la patria y la verdad. El primer número correspondió al mes de enero. Fue redactado por Simón Bergaño (Veristasphilo y Philalethes), José del Castillo (Patriophilo y Philopatris) y Nicolás Ruiz (Philantropo y Homophilo), según aparece en las notas manuscritas insertadas en el primero y el segundo tomo de la colección consultada, que perteneció a la biblioteca de Vidal Morales. La primera nota hace referencia a los seudónimos Philalethes, Philopatris y Philantropo, pero la segunda -firmada por J. G. C., quien, según afirma Llaverías en la página 51 del tomo 2 de su obra Contribución a la historia de la prensa periódica (La Habana, Talleres del Archivo Nacional de Cuba, 1959), era José Gabriel del Castillo- señala a cada redactor con los dos seudónimos respectivos arriba señalados. Afirma Jacobo de la Pezuela, en la página 34 del tomo 1 de su Diccionario geográfico, estadístico, histórico de la isla de Cuba (Madrid, Imp. del Establecimiento de Mellado, 1863), que en la redacción de la publicación tomaron parte también Francisco de Arango y Parreño y su primo José Arango. Se publicaron dos tomos. El primero constó de 24 números y el segundo de 32. Según Pezuela en su citada obra, veía la luz una vez a la semana, aunque una nota aparecida al final del tomo primero anunciaba que en el tomo 2 saldrían «dos notas de a pliego cada semana». En la «Advertencia» aparecida en el primer ejemplar se lee, entre otras cosas, lo siguiente: «Las materias serán varias, pero siempre relativas a la reforma general del estado, y en particular de esta preciosa isla, de cuya historia política y natural, presentaremos algunos ensayos útiles a la prosperidad.» En la «Advertencia» insertada a comienzos del segundo tomo se expone: «Tres son los objetos principales que nos proponemos en la publicación de esta obra, a saber: lº presentar todos los materiales útiles y curiosos que encontremos y que se nos remitan, para formar con ellos una historia completa de esta isla. 2º dar lo más selecto de cuanto llegue a nuestras manos sobre moral, política y literatura. 3º que el mérito de las materias que insertamos, no dependa sólo de las circunstancias.» Esta pequeña publicación editada durante uno de los periodos en que España dio a Cuba libertad de imprenta, resulta de gran valor. En ella aparecieron, por primera vez, datos estadísticos referentes a Cuba, además de artículos sobre leyes, política, economía, moral, historia, comercio, filosofía y legislación. Reprodujo varios capítulos de la historia de Cuba de José Martín Félix de Arrate. En la página 200 del tomo 2 de su Apuntes para la historia de las letras y de la instrucción pública en la isla de Cuba (La Habana, Instituto de Literatura y Língüística. Academia de Ciencias de Cuba, 1971), Antonio Bachiller y Morales señala: «Es sin duda el mejor periódico de su especie publicado hasta entonces en la Habana.» Comenta Pezuela, en la misma página de su ya citado libro, lo siguiente: «Los vicios de la legislación y la administración de las posesiones ultramarinas, se vieron combatidos con tanto vigor como decoro en muchos artículos notables, y en otros, hasta la historia de la isla empezó a desentrañarse con escelentes [sic] glosas y deducciones de las viejas crónicas de Arrate y de Urrutia. Pero aun no estaba preparada la masa del público habanero para esas lecturas serias y juiciosas.» En el último número publicado, correspondiente al mes de diciembre, aparece una «Advertencia» en la que se señala: «Con este número concluimos el 29 tomo del Patriota Americano. Intentábamos continuar esta obra, a lo menos hasta acabar de publicar las noticias y memorias que tenemos sobre la isla de Cuba, que seguramente agradarían. Pero el corto número de los que nos han favorecido, aun que [sic] por una pone lisongea [sic] nuestro amor propio por ser casi todos de las personas más conocidas en esta ciudad por su buen gusto, instrucción y talento, sin embargo no es suficiente a cubrir los costos de imprenta &c. Esta circunstancia nos prueba que aún no ha llegado época propia para esta clase de obras.» Y más adelante: Con todo el deseo de servir a la patria, y nuestro agradecimiento a los señores subcriptores [sic] por la liberalidad con que nos han favorecido, nos obliga a dexar [sic] la subscripción [sic] abierta, resueltos a volver a la empresa por difícil y penosa que sea, siempre que haya un número de subscriptores [sic] suficiente.» Carlos M. Trelles inserta, en la página 75 del torno 1 de su Bibliografía Cubana del Siglo XIX (Matanzas, Imp. de Quirós y Estrada, 1911), una relación de los capítulos publicados. Bajo la responsabilidad de Araceli García Carranza se ha confeccionado su índice, que puede ser consultado en las gavetas de la hemeroteca del Depto. de Colección Cubana de la Biblioteca Nacional «José Martí».

PATRONATO DEL TEATRO Fue fundado en La Habana en mayo de 1941. Según expresa Natividad González Freire en la página 27 de su Teatro cubano (1927-1961) (La Habana, Ministerio de Relaciones Exteriores, 1961). «Surgió esta institución con el deliberado propósito de propiciar el teatro moderno, escogiendo los mejores autores -de reconocido valor mundial y contemporáneo para sus representaciones» Se representaron también piezas de autores cubanos no comprometidos con el teatro comercial. Entre sus fundadores figuraron Luis Alejandro Baralt, Rafael Suárez Solís, Francisco Ichaso, y José Manuel Valdés Rodríguez. Organizó también concursos anuales como estímulo a los autores nacionales. En sus inicios, las representaciones teatrales eran exclusivas para los socios de la institución y se efectuaban primero en el teatro América y luego en el Auditórium (hoy «Amadeo Roldán»). Posteriormente se representaron las obras para el público en general. En la Sala Talía comenzaron a representar funciones diarias, que se caracterizaron por sus buenos montajes y recursos escenográficos notables, ya que contaron con ciertas posibilidades económicas que les facilitaron la contratación de un equipo de técnicos competentes. Crearon desde 1946 el Premio Talía, que era entregado a las más notables actuaciones del año. Como expresa Max Henríquez Ureña en la página 391 del tomo 2 de su Panorama histórico de la literatura cubana (La Habana, Edición Revolucionaria, 1967), «Esta institución es la que alcanza más larga vida entre todas las que fueron creadas con el mismo propósito». Hacia 1957 comenzó a decaer. Al triunfo de la Revolución sus actividades fueron transferidas al Consejo Nacional de Cultura.

BIBLIOGRAFÍA

Ramírez, Arturo. «El Patronato del Teatro en el cuarto aniversario de su fundación», en Carteles. La Habana, 27 (6): 30-31, jun. 6, 1946. 9 Varona, E. A. de. «Un aniversario», en Artes. La Habana, 1 (2): 8, jul., 1944.

PAVÓN TAMAYO, Luis (Holguín, Oriente, 31. 3.1930). Cursó la primaria y el bachillerato en su pueblo natal. Desempeñó diversos trabajos, entre ellos el de profesor de literatura. Se graduó de abogado en la Universidad de la Habana en 1955. Tomó parte activa en movimientos estudiantiles y juveniles. Participó en la lucha contra la tiranía de Batista como militante de la Juventud Socialista. Publicó poemas y diversos trabajos en publicaciones clandestinas. Fue detenido en varias ocasiones por sus actividades revolucionarias. Al triunfo de la Revolución, en 1959, desempeñó funciones en los Tribunales Revolucionarlos. Fue jefe de redacción. y más tarde director de la revista Verde Olivo, de la Dirección Política de las FAR. Ha colaborado en Unión, Mujeres y Cuadernos Hispanoamericanos. En 1966 ganó el Premio Granma con su libro de poemas Descubrimientos. Entre 1967 y 1969 fue profesor de la Escuela de Periodismo de las FAR. Ostentó el grado de capitán de las FAR. Ha viajado a la Unión Soviética, República Popular China, Bulgaria, Canadá, Checoslovaquia y Alemania. Director del Consejo Nacional de Cultura. Algunos de sus artículos han sido traducidos al ruso, al inglés y al italiano, y sus poemas al inglés y al francés.

BIBLIOGRAFÍA

Selección de poesías. Pról. del Dr. Francisco García Benítez. Holguín (Oriente), Gobierno Municipal Revolucionario. Dirección de Cultura 1960. || Descubrimientos. La Habana, Eds. Granma, 1967.

Pay-Pay (La Habana, 1913- ? ). Revista gráfica semanal. El primer número publicado correspondió el 24 de julio. Era dirigida por R. Lillo, A. G. Otero y L. Frau Marsal. Su subtítulo varió posteriormente a «Semanario artístico y de información gráfica. A partir del número 21, correspondiente al 18 de diciembre de 1913, se amplió su formato. El título de la publicación proviene del japonés antiguo, y su significado es victoria. En sus páginas aparecieron cuentos, poemas, trabajos literarios, notas de arte, música, teatro y deportes, además de un rico material fotográfico. Mantuvo las secciones «Cuentos Cubanos» y «Nuestros Profesores». En la primera de ellas colaboraron destacados escritores cubanos de este género, y en la segunda se biografiaba a destacados profesores e intelectuales nacionales. Entre sus colaboradores figuran Miguel de Carrión, Alfonso Hernández Catá, Arturo R. de Carricarte, Manuel Sanguily, Luis Rodríguez Embil, M[anuel] Márquez Sterling, Emilio Bobadilla, Raimundo Cabrera, Max Henríquez Ureña, Agustín Acosta, Enrique Hernández Miyares, Néstor Carbonell, Enrique José Varona, Alfredo Zayas, Enrique Fontanills, Fernando Ortiz, Rafael Suárez Solís, Luis Felipe Rodríguez, Álvaro de la Iglesia, Aurelia Castillo de González, Salvador Salazar, José A. González Lanuza, Antonio Iraizoz, Juan J. Remos, Sergio Cuevas Zequeira, M. Lozano Casado, Orestes Ferrera, M. Fernández Cabrera y José M. Collantes. El último número revisado (40) corresponde al 8 de mayo de 1914.

PAZ, Albio (Finca El Naranjito, Zulueta, Las Villas, 8.5.1937).Dejó inconclusos los estudios primari