 Comedias de historia y leyendas españolas
| Donde Lope se manifestaba con todo su empuje era al acercarse
a ciertas zonas de la tradición española. Ya
venimos insistiendo sobre esto y (¡una vez más!) aún
tendremos que destacarlo. En las ocasiones en que el motivo
está desarrollado en una crónica, o que por
su propia grandeza está demasiadamente tratado o conocido,
Lope sufre una disminución de su aliento. Así
le pasa, por ejemplo, con El nuevo mundo descubierto por
Colón, gris narración de la aventura descubridora.
(Lo que no excluye la presencia de esos valores aislados,
excepcionales, que también venimos repitiendo: presencia
de motivos líricos, leyendas breves, etc.). Pero cuando
Lope tropieza con un episodio, a veces secundario, aunque
significativo del acaecer en su tiempo, como elemento de
lucha o de vida colectiva, o de distinción de actitudes
sociales, o cuando encuentra una leyenda poco diferenciada
en el tiempo, entonces Lope sabe arrancar a ese instante
entrevisto en una rápida lectura, en una conseja,
en una conversación, todo el intenso dramatismo de
sus mejores creaciones. Es en este apartado donde se incluyen
aquellas obras de Lope
—253→
que han alcanzado más gloria
y merecida popularidad. Echaremos una ojeada rápida
a algunas de ellas. | Hay un grupo de comedias en el que el
conflicto entre los nobles y los villanos, satisfactoriamente
resuelto para éstos por la mano real, pone bien a
las claras cuál era el sentimiento monárquico
y cuál el papel que Lope le asignaba en la lucha.
Esas comedias se mueven en torno a sucesos medievales, especialmente
en torno a los fines de la época feudal. Y en todos
ellos el problema de la honra, de la rectitud de procederes,
etc., está admirablemente desenvuelto. Tres comedias
esenciales, por lo menos, en el arte de Lope representan
este aspecto: El mejor alcalde, el Rey; Peribáñez
y el comendador de Ocaña y Fuenteovejuna. | Para El
mejor alcalde, el Rey se inspiró, según Lope
mismo dice al final de la comedia, en la Crónica general (edición de Florián de Ocampo, parte IV). Lope
sustituye el despojo de unas tierras, que es lo que cuenta
la Crónica, por el de la mujer, con lo que aumenta
el dramatismo y el vigor de las situaciones. Lope pintó
acertadamente el desorden de la época, en que los
nobles se burlaban de toda justicia abusando de los humildes
en todos los sentidos. En don Tello personificó la
tiranía; la figura del Rey, Alfonso VII, está
trazada con sobriedad, sencillez y nobleza; la pareja de
aldeanos está excelentemente dibujada, y atraen por
su amor y el esfuerzo generoso que oponen al noble caprichoso.
La justicia terrible del Rey, que, después de hacer
casar al noble con la aldeana, le corta la cabeza, para que
recupere, viuda, su libertad y alcance buena dote, es precedente
y solución de otros varios conflictos en la escena
posterior. Todo en la comedia es de impresionante grandeza. | Peribáñez y el comendador de Ocaña apareció por vez primera en la Parte IV (1614). La
crítica ha venido señalando un recuerdo autobiográfico,
que ha sido valioso
—254→
auxiliar para fijar la fecha en que se
escribió la comedia: | | PERIBÁÑEZ | |
¿Tan viejo estáis
ya, Belardo? | |
|
| | | PERIBÁÑEZ | |
Algo dél os quedará | | | bajo del capote pardo.
| |
|
| | BELARDO | | Pardiez, señor capitán,
| | | tiempo hue que al sol y al aire | | | solía hacerme
donaire, | | | ya pastor, ya sacristán. | | | Cayó
un año mucha nieve, | | | y como lo rucio vi | | | a la
iglesia me acogí. | |
|
| | PERIBÁÑEZ | | Tendréis
tres dieces y un nuevo. | |
|
| | BELARDO | | Esos
y otros tres decía | | | un aya que me criaba, | | | mas
pienso que se olvidaba. | | | ¡Poca memoria tenía! | | | Cuando la Cava nació | | | me salió
la primer muela. | |
|
| La alusión a su estado eclesiástico
ha hecho llevar la fecha de la comedia entre 1609 y 1614.
Por razones de la versificación, se ha colocado la
redacción hacia 1610. | No se ha logrado establecer
si existen unas fuentes concretas para la trama de la comedia.
Lo más seguro es que haya nacido, como ya observó
Menéndez Pelayo, de un cantarcillo o fragmento de
romance, que queda incorporado a la escena más bella
y apasionada de la obra: aquella en que Casilda, la aldeana
perseguida por los deseos del Comendador, le rehuye, aludiendo
a su amor y fidelidad al marido: |
|
Más quiero yo a Peribáñez
| | | | con
su capa la pardilla, | | | | que no a vos, Comendador, | | | | con la
vuesa guarnecida.
| | |
|
| |
—255→
| Indudablemente este cantar tradicional,
o algo muy cercano existía, ya que Lope lo aprovechó
de modo muy cercano en el Isidro: |
|
Más quiero yo a Jesucristo | | | | con tormentos y fatigas | | | | que no a vos, mundo engañoso, | | | | con vuestras pompas altivas. | | |
|
| La
comedia presenta por todas partes esos rasgos capitales que
hemos venido marcando. Es particularmente interesante el
empleo de los motivos populares. Las comparaciones y las
imágenes de tipo campesino aparecen brillantemente.
Esto nos conduce a uno de los mayores encantos artísticos
de la comedia: el lenguaje. Es quizá la ocasión
en que Lope ha sabido caracterizar a sus personajes casi
exclusivamente por el idioma que emplean. El Comendador habla
a veces con el lenguaje acicalado y pleno de imágenes
de un enamorado noble y típico del siglo XVII, lenguaje
que Casilda, la hermosa lugareña, no entiende. Poco
a poco ese lenguaje va desempeñando el papel esencial
de desentrañar por sí solo las situaciones101.
Lope sabe colocar en la comedia las letras para cantar y
los motivos tradicionales a que nos tiene acostumbrados.
Y así nos empieza la acción con una canción
de bodas, Dente parabienes, o la cancioncilla que los músicos
cantan en el tercer acto: |
|
Cogióme a tu puerta el toro, | | | | linda casada; | | | | no dijiste: Dios te valga. | | |
|
| Otras veces
es el recuerdo de canciones de las que aún se encuentran
huellas en la tradición oral viva (en
—256→
Asturias, por
ejemplo). Me refiero al Trébole, ay, Jesús,
cómo güele... La canción, suelta en el
aire con su clima de misterio y de profecía, que cantan
anónimamente unos segadores, y que es oída
por Peribáñez, equivale en esta comedia a tantas
manifestaciones del presagio o de lo sobrenatural, algunas
realizadas por un procedimiento análogo: |
|
La mujer de Peribáñez | | | | hermosa es a maravilla, | | | | el Comendador de Ocaña
| | | | de amores la requería. | | | | La mujer es virtuosa | | | |
cuanto hermosa y cuanto linda; | | | | mientras Pedro está
en Toledo | | | | desta suerte respondía: | | | | Más quiero
yo a Peribáñez, | | | | con su capa la pardilla,
etc. | | |
|
| Siguiendo fiel a sus conceptos sobre el amor, Lope
demuestra en Peribáñez cómo el amor
y los celos pueden dignificar al villano y hacerle noble;
incluso los demás villanos imitan su comportamiento,
se sienten participando de esa transformación. La
relación entre las clases aparece manifiestamente
decidida a favor de la justicia y de la rectitud, es decir,
se sostiene el principio de la igualdad entre todos los hombres,
manifiesto en el deseo de arreglar los asuntos del alma antes
de morir, expuesto por el Comendador, y en la sanción
favorable del Rey ante el hecho102. | Peribáñez tuvo gran fortuna en su tiempo. Está presente en la
elaboración de La luna de la sierra, de Luis Vélez
de Guevara, y dejó fuerte huella en García
del
—257→
Castañar, la tragedia extraordinaria de Francisco
de Rojas. Pero lo que en Rojas es meditación, galanura
literaria, cortesanía, es en Lope frescura, dominio
de las formas rurales, naturales de la vida, poetizada intensamente
y llevada al extremo en sus posibilidades dramáticas103. | Fuenteovejuna es el drama de la venganza colectiva. Se repiten
las situaciones difíciles, exageradas, que hemos visto
en Peribáñez, llegando el noble a los extremos
más oprobiosos de crueldad y de lascivia. El rebajamiento
de la mujer llega al colmo: |
|
Ya no mía, del bagaje | | | | del ejército has de ser. | | |
|
| Se han llevado a un límite
de rotunda perfección las ideas centrales del tema.
Por un lado, la nobleza, representada en el Comendador de
Calatrava, convertida en símbolo de la crueldad, de
la lascivia y de las formas urbanas, ricas, del vivir. Por
otro, los villanos, que representan las virtudes, la honradez,
la nobleza de alma, y, al lado, el consabido elogio de las
formas naturales de la existencia: el permanente elogio de
la aldea, con menosprecio de corte (típico de Peribáñez, de Fuenteovejuna, de El villano en su rincón, etc.).
Los aldeanos de Fuenteovejuna, hartos de los desmanes del
señor, se levantan en motín y le matan con
crueldad, saquean su casa. El pesquisidor enviado por los
Reyes tiene que regresar a la corte, frustrado su intento
—258→
de encontrar al culpable o a los dirigentes. Todos los habitantes
del pueblo, sometidos incluso a tormento, coinciden en la
venganza anónima, colectiva, heroica, de casta que
se levanta contra otra. Los Reyes se ponen de lado de la
justicia, ya consumada, dando la razón al pueblo. | Todo el suceso está narrado detalladamente en la
Crónica de las tres órdenes militares, de Rades
y Andrada (1572), donde seguramente pudo leerlo Lope. Quizá
la razón del interés haya que buscarla primeramente
en el dicho popular, nacido como consecuencia del hecho histórico,
Fuenteovejuna lo hizo, ya recogido por Covarrubias, en su
Tesoro de la lengua castellana (1611). Tampoco sería
extraño que haya habido algún romance con el
asunto de la sublevación de los aldeanos. Lo cierto
es que con esos materiales, relativamente endebles, Lope
levantó un excelso drama, lleno de vigor y de increíble
energía, al que la posteridad ha ido actualizando
y vistiendo de colores políticos, cuando en realidad
Lope no hizo más que dar, una vez más, la nota
de su tiempo, acorde con las estimaciones colectivas. Genialmente,
eso sí, pero totalmente acorde: la nobleza del villano,
la conciencia de la Corona y de la Iglesia como la salvación
del hombre oprimido104. En Fuenteovejuna, la ficción
poética alcanza más ricos tonos de pasión
que la verdad histórica, y resulta pueril buscarle
realidades en el reinado de Enrique IV. Lo comprobamos al
observar el comportamiento de Frondoso, valiente y arriesgado,
o el arranque decidido de las mujeres ultrajadas. Hay que
destacar el papel del gracioso, ejemplo claro de cómo
no siempre los graciosos sirven para hacer reír, según
quedó ya señalado atrás. Mengo, el gracioso
de Fuenteovejuna, resiste el
—259→
tormento como el que más,
no sin antes haber tenido la decisión nada representativa
del personaje que desempeña, de defender a una de
las muchachas ofendidas. Vemos al gracioso contagiado de
la general furia heroica. | Y como en todas las comedias,
vemos a Lope detenerse con delectación en elogios
de la vida campesina, en exaltar las acciones por encima
del nacimiento o la prosapia, etc. Más reconocemos
a Lope cuando oímos (como en Peribáñez, como en El caballero de Olmedo, como en tantas otras comedias)
resonar un romancillo que trata el tema central: |
|
Al val de Fuenteovejuna, | | | | la niña en cabellos baja, | | | | el caballero la sigue
| | | | de la Cruz de Calatrava, etc. | | |
|
| El
drama alcanza su cumbre en el momento en que el pueblo es
sometido a tortura. Precisamente en la ocasión en
que nació el dicho popular que perpetuaba su recuerdo
entre las gentes, y en el que el pueblo se sentiría,
al reconocerlo en escena, identificado con el drama; hasta
los viejos y los mozuelos de corta edad contestan lo mismo: | | JUEZ | |
Ese muchacho | | | aprieta. Perro, yo sé | | | que lo sabes. Di quién
fue. | | | ¿Callas? ¡Aprieta, borracho! | |
|
| |
| | JUEZ | | Que os he de matar, creed, | | | en ese potro,
villanos. | | | ¿Quién mató al Comendador? | |
|
| | En este
apartado de las comedias basadas en algún suceso de
la historia nacional o local, o en las tradiciones
—260→
orales,
el teatro de Lope encierra copiosas manifestaciones. Y en
todas ellas nos encontramos con ese sistema, pleno de conciencia
y de normas, que dan al teatro de Lope una gran cohesión.
La actualización de mil detalles del vivir externo,
la presencia del romancillo o de la canción popular,
muchas veces como fuente del drama y muchas veces indisolublemente
unido al drama mismo; y la presencia, callada, de una serie
de supuestos ideológicos que justifican las mayores
atrocidades, que son el salvoconducto necesario para que
el drama, la situación, se produzcan como se producen.
Y siempre estas razones son las colectivamente acatadas en
la sociedad española de su tiempo. El prodigio de
la creación lopesca ha sido hacer que sigan teniendo
razón de ser dramática lejos de su circunstancia
histórica, y que todavía el problema de sus
criaturas pueda presentar resonancias. Esto es lo que ocurre
en multitud de casos. | Es natural que esta copiosa producción
(repito lo que señalé al empezar: la clasificación
no ofrece más rigor que el de hacer un desbroce cómodo,
pero no presenta aristas claras) ha debido hacerse con algún
criterio, que, en este caso, ha sido el histórico-cronológico.
Comedias de contenido referente a la historia nacional en
sus períodos godo y anterior a los Reyes Católicos
son, por ejemplo, las siguientes: | El último godo, cuyo asunto, vivo de boca en boca merced al romancero, tenía
que atraer a la fuerza al genio de Lope. Cuenta la legendaria
historia de los amores de Don Rodrigo, el último rey
godo, y de La Cava, acabando con la batalla de Covadonga.
Demasiadas cosas para la comedia, y sobre todo, demasiada
historia, con lo que el conflicto dramático se convierte,
en realidad, en una narración dramatizada. La parte
de poesía lírica o de aire popular corresponde
a una fiesta que celebran los moros la noche de San Juan,
y a un cantarcillo
—261→
final con el que se festeja la coronación
de Don Pelayo. | Las famosas
asturianas tiene como materia el tributo de las cien doncellas
(asunto que Lope tocó una vez más en Las doncellas
de Simancas). El asunto es muy sencillo y escueto: al ir
a entregar las cien doncellas (cincuenta nobles, cincuenta
labradoras), una de ellas se desnudó totalmente, y
tan sólo al llegar a tierra de moros se vistió
de nuevo. Con esto daba a entender que no quedaban ya hombres
en su territorio, puesto que nadie sabía defenderlas.
Avergonzados los guardianes, regresan con ellas, se declara
la guerra y se logra la victoria de Clavijo. Según
el parecer de Menéndez Pelayo, Lope se inspiró
para su comedia en un poema olvidado, sobre el mismo tema,
de Pedro de la Vezilla Castellanos (1586). La comedia, que
contiene grandes aciertos dramáticos, está
escrita en un habla artificiosa, en fabla, con la que Lope
quiere imitar el viejo castellano de los siglos medios. Naturalmente,
se trata de un habla que, examinada con rigor de filólogo,
posee algunos rasgos de los dialectos occidentales, pero
en general se trata de un cliché repetido. (Con igual
fabla está escrita también otra comedia admirable:
Los jueces de Castilla.) | El tema de Bernardo del Carpio
aparece en Las mocedades de Bernardo y en El casamiento en
la muerte. Es particularmente trágico el episodio
de la segunda de las comedias citadas, en que Bernardo, al
encontrar muerto a su padre, le casa con su madre (de ahí
el título), justificándose así él
mismo, nacido antes de la boda. Las dos comedias contienen
retazos de sombra hermosura, al par que presentan esa actualización
graciosa (lo que la vieja crítica llamaba anacronismos),
que no son otra cosa que la visión «viva» de la acción
por parte de Lope: así, cuando Bernardo entra en el
convento donde está su madre, dirigiéndose
a las monjas
—262→
alborotadas: «Señoras monjas, pasito,
/ que haré un estrago, por Dios», al lado de la acusación
al rey: «Castilla te digo, rey, / que también la tienes
presa». | La leyenda de los Infantes de Lara pasó también
por esta alquimia transformadora que era el afán histórico
de la comedia en Lope. El bastardo Mudarra, llena de reminiscencias
épicas, aprovecha romances viejos; tomó Lope
de las Crónicas todos los detalles en los que podía
encontrarse un motivo poético, a la vez que la rapidez
y fuerza narrativa. El bastardo Mudarra es la primera obra
teatral, de las varias que al tema de los Infantes se dedicaron,
que dio cabida a la tradición íntegra, no fragmentada.
Lope supo crear un Gonzalo Gustos, Doña Lambra, Ruy
Velázquez, etc., verdaderos personajes épicos,
que, al tiempo que vivían sobre la escena como seres
reales, poseían todos los rasgos de la tradición
secular heredada105. | El vaquero
de Moraña ya está citada en la lista del primer
Peregrino. Nos lleva Lope, basándose en unos trozos
de lírica popular, hasta los orígenes de Bernardo
del Carpio, por un lado; y por otro, a la génesis
de la hermosa comedia Los Tellos de Meneses. Todo en El vaquero es pura invención de Lope, que cambia a su gusto nombres
y sucesos. Una infanta leonesa, andariega y rebelde, abandona
el monasterio donde la había encerrado su hermano,
Bermudo, y vive en casa de un labrador rico, donde también
vive, oculto, el Conde de Saldaña, huido a tierra
castellana por escapar del Rey, ya que le acusaba de tener
amores con su hermana. La vida en el ambiente rústico
le suministra a Lope motivos suficientes para extenderse
en trozos llenos de esa poesía descriptiva, tan abundante
y henchida de emoción. El problema se resuelve con
la llegada
—263→
del Rey, que, cazando, entra en la Moraña.
Se reconocen y los perdona. | De esta comedia procede uno
de los más bellos trozos de poesía para cantar
de Lope. Es el zéjel famoso: |
|
Esta sí que es siega de vida, | | | | ésta sí que es siega de flor. | | | | Hoy,
segadores de España, | | | | vení a ver a la Moraña
| | | | trigo blanco y sin argaña |
5 | | | que de verlo es bendición.
| | | | Esta sí que es siega de vida,
| | | | ésta sí que es siega de flor. | | | | Labradores
de Castilla, | | | | vení a ver a maravilla, |
10 | | | trigo
blanco y sin neguilla | | | | que de verlo es bendición.
| | | | Esta sí que es siega de vida,
| | | | ésta sí que es siega de flor. | | |
|
| La poesía
de tipo campesino, tan cara a Lope, alcanza en El vaquero aciertos de gran altura. Por ejemplo, cuando Antón,
el vaquero (el disimulado conde), desea la abundancia para
los campos: «Rompan del aire los filos / las cañas
de los barbechos / y toque el trigo los techos / en las trojes
y en los silos». Igualmente son de excepcional hermosura
los versos en que el Rey y la infanta hablan al encontrarse
en el campo, sin reconocerse: |
|
Vaquero, que Dios te guarde, | | | | pues por estas sierras altas | | | | tu fértil ganado
llevas | | | | al helado Guadarrama, | | | | ¿has visto ciertos monteros
|
5 | | | con capotes de dos haldas | | | | de verde paño de
Londres, | | | | con jacerinas y abarcas,
| | | |
—264→
| | que en esta tierra
pusieron | | | | ayer tarde dos zamarras, |
10 | | | cuando el sol daba
sus rayos | | | | a los jardines del alba? | | | | Que voy perdido
tras ellos | | | | entre aquestas peñas altas, | | | | sin caballo
y sin sustento, |
15 | | | desde ayer por la mañana. | | |
|
| El menosprecio de corte y la
alabanza de la aldea tienen un buen ejemplo en Los Tellos
de Meneses, pintura excepcional de la vida recogida y arcaizante
de los hidalgos refugiados en las montañas del norte.
La descripción de las costumbres rústicas y
patriarcales, en contraposición a la ajetreada vida
del guerrero, etc., está admirablemente recogida y
expuesta, con esa delicada mezcla de visión retrospectiva,
de fantasía y de observación y conocimiento
directos. Los dos tipos fundamentales, Tello el viejo y Tello
el joven, son dos caracteres logrados. En general, podemos
decir que hay algunas semejanzas con el tema y el desarrollo
de El villano en su rincón, como más adelante
recordaremos, en especial en el contraste reflejado por el
apego al terruño del padre y el afán de nuevas
formas de vida en el joven. La aparición de una infanta
de León, fácilmente relacionable con un episodio
de la historia de Ordoño I y de Alfonso V, hace que
esta comedia sea catalogada en este apartado (recuérdese
lo que he dicho al comenzar de cómo las clasificaciones
son siempre muy relativas)106. | El ciclo del Rey Don Pedro también
debe estudiarse aquí. La figura del Rey Cruel, o Justiciero
para otros, tenía, sin duda, mucho atractivo para
la dramatización
—265→
de Lope, que en repetidas ocasiones
sacó a la escena al rey castellano. Principalmente
en Audiencias del Rey don Pedro y El rey don Pedro en Madrid o El infanzón de Illescas. En la primera, los elementos
populares son, especialmente, recuerdos de la justicia innata
del rey, recuerdos que granaron en tradición local
sevillana, recogida ya en el siglo XVII por eruditos y arqueólogos,
como Rodrigo Caro. Lope recoge la conseja del juicio entre
el prebendado y el zapatero: |
|
Un prebendado sacó | | | | de mi casa a mi mujer: | | | | mandó el Arzobispo ayer,
| | | | que del caso se informó, | | | | que
en seis meses no dijera |
5 | | | misa, ni a la iglesia fuese,
| | | | que cierta limosna diese | | | | y que a su casa se fuera.
| | | | Mis afrentas prosiguió, | | | | y
viendo el remedio incierto |
10 | | | junto a su casa le he muerto,
| | | | con que mi agravio pagó. | | | | Pude
escaparme, y después | | | | vengo, Señor poderoso,
| | | | afligido y temeroso |
15 | | | al sagrado de tus pies. | | |
|
| El
Rey, con esa justicia elemental tan del gusto de las gentes,
aplica su criterio: condena al zapatero a no hacer zapatos
en seis meses. El tema legendario llega hasta el romanticismo,
con la leyenda y el teatro de Zorrilla. | Muchas más
calidades posee El infanzón de Illescas, del que se
ha discutido mucho si era de Lope de Vega o de Tirso de Molina.
Mientras una parte de la crítica se inclina a reconocer
la paternidad de Tirso de Molina, otra, encabezada por Menéndez
Pelayo, se decide por Lope. Hay gran identidad en la forma
de tratar al
—266→
discutido personaje, y gran parecido con otras
comedias, como, por ejemplo, Los Novios de Hornachuelos, del mismo Lope. Menéndez Pelayo pensaba que El Infanzón, en la forma que ha llegado a nosotros, era un original de
Lope adulterado por el comediante Andrés de Claramonte.
En esta comedia, la aparición de lo sobrenatural,
que Lope incluye en las escenas más logradas, es notoriamente
graduada y hábilmente conducida. Aparece tres veces
en la comedia la sombra de un clérigo al que Don Pedro
había dado muerte. La primera vez que aparece, se
marcha sobre un caballo que acababa de morir. La segunda
vez, en un final de acto, todavía no sabemos quién
es, y prolonga la sensación imprecisa de terror, a
la vez que exalta la alocada temeridad del rey, que se cree
capaz de combatir con los espíritus sin retroceder;
Don Pedro, espada en mano: | | | No hallo cuerpo que ofenderte, | | | aunque veo la forma en ti. | |
|
| | SOMBRA | | Soy de viento al esperar,
| | | y de bronce al combatir. | |
|
| Menéndez
Pelayo, entusiasta decidido de esta comedia, comparaba las
apariciones del clérigo en El infanzón de Illescas con el espectro del padre de Hamlet. La comedia fue refundida
más tarde por Agustín Moreto, en El ricohombre
de Alcalá107. | Este mundo de las apariciones, de lo sobrenatural
y amenazador cerniéndose sobre el transitorio goce
de los héroes, es un rasgo usado en el teatro de Lope
con cierta constancia, y que caracteriza todo un núcleo
de comedias, entre las que están las más logradas.
Ya hemos venido señalando alguna. Veamos ahora
El caballero de Olmedo. | También el argumento tiene un
respaldo histórico, si bien Lope lo traslade de época,
llevándolo del cierto calendario (época de
Carlos V) al tiempo de Juan II. El hecho real aparece relatado
en varios lugares del siglo XVII y todavía persiste
en la tradición oral de Medina y Olmedo. Según
el Nobiliario de Alonso López de Haro (1622) el suceso
ocurrió así: «Don Juan de Vivero, caballero
del hábito de Santiago, señor de Castronuevo
y Alcaraz, fue muerto viniendo de Medina del Campo de unos
toros, por Miguel Ruiz, saliéndole al camino vecino
de Olmedo sobre unas diferencias que traían, por quien
se dijo aquella cantinela que dicen: |
|
Esta noche le mataron | | | | al caballero, | | | | la gala de Medina, | | | | la flor de Olmedo.
| | |
|
| Hay más testimonios
documentales de la existencia real de la familia y del crimen
cometido a medio camino, en La cuesta del Caballero. Pero
lo más seguro es que la idea de la comedia le llegase
a Lope a través del escueto cantarcillo, ya tradicional.
El tema y la canción del Caballero debieron ser muy
familiares a cualquier persona en el siglo XVI y XVII. De
tal manera
—268→
estaba divulgado, que uno de los más destacados
músicos del tiempo, Antonio de Cabezón, escribió
unas Diferencias sobre la cancioncilla, Diferencias que suponen
un adelanto de dos siglos en la técnica musical europea:
son las primeras variaciones que se han compuesto en el mundo108.
No tiene, pues, nada de particular que Lope se sintiese atraído
por ella, y por ese camino conociese la tradición
de la familia y del asesino, del que sabemos que fue a morir
a México. Lope estudió cariñosamente
todo el ambiente de la corte de Juan II y logró una
comedia donde los personajes, logrados, se mueven en un ambiente
de muerte presentida, a ratos escalofriante. Lope manejó
en un personaje, Fabia, una reencarnación de Celestina,
admirablemente diseñada. Fabia entra en las casas
honestas precedida de su mala fama, vendiendo afeites y baratijas,
pregona su afición al buen vivir regalado y pecaminoso,
y hasta al vino, y llora aparatosamente sin motivo, y necesita
las muelas de los ahorcados, y conjura al diablo. Frente
a esto, la serenidad melancólica del caballero y de
Inés, enamorados rápidamente; los traidores
ya desde el principio entrevistos. Tello el gracioso, otro
gracioso de esos que hacen algo más que hacer gracias,
ya que acabará él por ser el que pida por la
justicia. Y por fin el misterio, que se mueve en presagios,
en una sombra que canta en la noche, cuando Don Alonso va
de camino a Olmedo, sombra que no sabemos si es un labriego
madrugador, si un anticipo de los alevosos, o una aparición
del trasmundo. Una sombra y nada más. Y detrás,
la muerte. Lope ha conseguido un drama de valía excepcional. | En la comedia abundan en el lenguaje pasajes que recuerdan
el estilo de los cancioneros, y existe incluso una glosa
de las coplas antiguas: «Puesto ya el pie en
—269→
el estribo,
/ con las ansias de la muerte, / gran señor, ésta
te escribo», que revelan un acierto más, al acercar
el diálogo literario al típico de la corte
de Juan II. Ya hemos dicho atrás lo que este tipo
de poesía suponía para Lope109. El caballero de
Olmedo es uno de los grandes aciertos del Fénix y
ha sido fechada hacia 1622. | El mismo lazo de la presencia
de un elemento sobrenatural nos vuelve a salir al paso en
El marqués de las Navas, donde Lope dramatiza una
anécdota de su tiempo, contada detalladamente por
Vicente Espinel (Relación segunda del Escudero Marcos
de Obregón). Según esta anécdota, el
Marqués de las Navas, don Pedro Dávila (hijo
de aquel marqués de las Navas de quien Lope fue secretario
antes de 1588), hombre dado a la vida ruidosa y disipada,
mató en una pendencia a un hombre. El espíritu
del muerto se apareció al marqués pidiéndole
que acudiera a sus asuntos, dejados inacabados por la muerte
súbita. Espinel dice: «Hubo en esto dares y tomares
entre el Marqués y la sombra, según dijeron
los testigos y confiesa el Marqués que, siendo tan
hermoso de rostro, blanco y rojo como sus hermanos, desde
esta noche quedó como está agora, sin ningún
color, y quebrantado el mismo rostro. Dice que le vino a
hablar otras veces, y que antes que viniese le daba un frío
y temblor que no podía sostenerse.
—270→
Al fin cumplió
lo que le pidió y nunca más se le apareció». | Sobre esta trama, Lope añadió la imprescindible
fábula amorosa. Leonardo, que viene a Madrid a casarse
con una mujer después de abandonar a otra, es muerto
en la pendencia con el Marqués. Los dos primeros actos
son una deliciosa descripción de la vida de Madrid,
del bullicio aparatoso y alegre de la ciudad, deliciosamente
narrados. Es en el tercer acto donde el mundo de lo sobrenatural
se encaja plenamente en la comedia. | Lo interesante de este
caso es que se trata de un suceso contemporáneo de
Lope. En los demás casos (El caballero de Olmedo,
Contra valor no hay desdicha, El Infanzón, etc.) había
un alejamiento: el que la leyenda y el desplazamiento histórico
suponían. Pero ahora es una aventura de la calle,
algo que corre de boca en boca, y que está vivo su
principal personaje. Ante un público que estaba ya
habituado a contemplar lo maravilloso como cotidiano, y donde
las fronteras entre los dos mundos, el real y el de ultratumba,
estaban tan confundidas, es natural que se viese un acontecimiento
así como real. Formaba parte de la verdad Marqués
de las Navas el hecho de haber tenido esas apariciones. La
circunstancia está llena de testimonios parecidos,
algunos contados con el escueto narrar de una crónica
periodística110. Es decir, se tiene la impresión
—271→
atenazante de que asistimos a una enajenación colectiva:
el trasmundo puede aparecer en cualquier momento y hablar
con nosotros cómodamente instalados en un sitio, en
un paseo, apoyados en el brocal de un pozo, discutiendo pros
y contras. J. F. Montesinos ha estudiado estas apariciones
en un núcleo de comedias, y en estas de la madurez,
ve claramente cómo Lope, ya con un mundo establecido
en sus convicciones, utiliza la comedia para establecer unas
relaciones entre vivos y muertos, de cuya buena marcha depende
la salvación de éstos. Precisamente al llegar
a este estado en que la ortodoxia hace que el trato entre
vivo y muerto sea tan cercano y tan real, la comedia pierde
aliento; los elementos sobrenaturales descienden de recursos
artísticos a supersticiones. Cuanto el teatro gana
en interés documental, para ver el ángulo de
la fe del artista, o para ver la peculiar actitud de caridad
cristiana que supone el rezar u obrar por los muertos, tanto
se pierde en categoría artística. En cambio,
la sombra, esa entidad difusa y desazonante que aparece algunas
veces en el teatro de Lope, sin plasmar en contornos decididos,
le proporciona el mayor caudal de dramatismo que podemos
pensar. «La sombra que se aparece a Don Alonso, el caballero
de Olmedo, el espectro del padre de Hamlet y la estatua del
Comendador del Burlador se apoderan de nuestro espíritu
con la fuerza de un convencimiento»111. | Dentro de esta zona
de la historia nacional y sus leyendas queda incluida la
comedia de tan discutida
—272→
autoría La Estrella de Sevilla. La tragedia ha llegado a nosotros en textos muy estragados.
Menéndez Pelayo suponía que sería texto
de Lope arreglado por Andrés de Claramonte. Foulché-Delbosc,
crítico francés, puso reparos de peso, que
hacen dudar seriamente de la paternidad de Lope. De todos
modos, diremos algo sobre este drama excepcional, ya que,
aunque no sea Lope su autor, toda la estructura de la tragedia
cae por completo dentro de la general del teatro lopesco. | El argumento de tan debatida comedia, aunque universalmente
admirada, es el siguiente: La Estrella de Sevilla es la designación
que se da a una dama de esa ciudad por su extraordinaria
hermosura. Esa mujer vive con un hermano, Bustos Tavera,
y ya está prometida en matrimonio a un caballero,
Sancho Ortiz de las Roelas. El Rey, Sancho IV, ve a la dama
y brota en él una violenta pasión. Siguiendo
los consejos de un confidente, Arias, y sobornando a una
esclava, logra el Rey penetrar una noche en el cuarto de
Estrella: pero en ese instante aparece Bustos Tavera, quien
discute con el Rey e impide que éste logre sus deseos.
El Rey encarga a Sancho Ortiz que mate a un reo de lesa majestad;
Sancho lo promete, y al aclararse el asunto se da cuenta
de que el reo es su futuro cuñado. El problema está,
pues, en el dilema de matar al hermano de Estrella o cumplir
la palabra dada al Rey, y obedecerle o no. Obedece al Rey
y mata a Bustos. El Rey, más tarde, reconoce que esta
muerte fue por instigación suya, los enamorados renuncian
a su amor y Estrella se va a un convento. | La crítica
ha reconocido siempre con admiración total los valores
de la comedia. Los caracteres alcanzan aquí una plasticidad
y dimensión poco frecuentes en el teatro de Lope y
la escueta presentación del conflicto aumenta el dramatismo.
Resplandecen en el drama la consciente sensación de
la obediencia a la palabra empeñada,
—273→
incluso contra
los propios deberes, aunque al final la ley moral quede a
salvo y vindicada, incluso por vía de la justicia
terrena. La pureza de Estrella, los remordimientos del Rey
por todo lo sucedido, y sobre todo la firme actitud de los
alcaldes sevillanos, manifestada en contra de los deseos
del Rey, hacen de esta comedia un auténtico drama
de altísima calidad. | Las comedias que podríamos
adjudicar a este apartado de la historia y las leyendas nacionales
son muy numerosas. Recordaremos, para terminar, algunas de
las más destacadas: El testimonio vengado, que dramatiza
la leyenda de la calumnia levantada por don García
contra su propia madre, doña Elvira, porque ésta
no le dejó montar un caballo. El rey, Don Sancho,
condenó a la reina, dejando la ocasión de que
alguien la defendiera: lo hizo Ramiro, hijo natural del Rey.
Informado éste de la verdad de la calumnia, la reina
queda libre; ésta perdona a sus hijos. Lope se basó
en la Crónica general, y trazó con firmes rasgos
la sombría personalidad del calumniador. La obra de
Lope dejó amplia descendencia: Agustín Moreto
la imitó en Cómo se vengan los reyes, y José
Zorrilla, ya en plena furia romántica, repitió
el asunto en un drama, El caballo del rey Don Sancho. Volviendo
a los temas medievales en Lope, recordaremos Las almenas
de Toro, la única comedia de Lope donde sale el Cid;
La campana de Aragón dramatiza la leyenda de Ramiro
II el monje y la campana de Huesca; La desdichada Estefanía, también de estremecido dramatismo, donde se narra
la muerte de Estefanía, mujer de Fernán Ruiz
de Castro, porque el marido cree que es adúltera,
cuando, en realidad, era una criada la que se aprovechaba
de los vestidos de la señora para acudir a sus citas
nocturnas. El recuerdo del Otelo shakesperiano ha venido
siempre a la pluma de los críticos. La comedia fue
refundida años más tarde por Luis Vélez
de Guevara.
| |
—274→
| Las paces de los Reyes y judía de Toledo cuenta los amores del Rey Alfonso VIII, quien, casado ya
con doña Leonor, se enamoró de una judía
toledana, que es asesinada por los «hombres buenos» del reino
para evitar su influjo. La leyenda, como tantas otras, la
vio Lope en la Crónica de Florián de Ocampo.
El tema dejó también gran descendencia: una
comedia de Mira de Amescua, un poema de Ulloa Pereira y,
por fin, en el XVIII, la tragedia de García de la
Huerta, La Raquel. | Porfiar
hasta morir plantea los amores de Macías, el trovador
gallego del siglo XIV, que Lope sitúa en la época
de Enrique III. Lope pone en boca del trovador los versos
que ya Juan de Mena le atribuía en el Laberinto: «Amores
me dieron corona de amores». Toda una sutil niebla romántica
envuelve a la comedia, de gran patetismo y poesía.
En El remedio en la desdicha, Lope dio dimensión teatral
al episodio, tan familiar a todo español de su tiempo,
de Abindarráez y Jarifa, ayudados éstos por
la generosidad de Rodrigo de Narváez. Lope siguió
en esta comedia el texto de la narración intercalada
por Jorge de Montemayor en su Diana. Los comendadores de
Córdoba versa sobre una trágica tradición
andaluza, que ya había sido cantada en el siglo XV
por Antón de Montoro. El tema es la atroz venganza
que tomó un veinticuatro de Córdoba, Fernán
Alfonso, asesinando a su mujer y a los comendadores del Moral
y de Cabeza de Buey, ambos de la Orden de Calatrava, sospechando
que tenían relaciones ilícitas. El asombro
por la tragedia engendró narraciones y poesías
populares, que llevaban el clamor de la colectividad. De
una de ellas, |
|
Los Comendadores, | | | | por mi mal os vi; | | | | yo vi a vosotros, | | | | vosotros a mí,
| | |
|
| |
—275→
| Lope sacó un gran partido, utilizándola en
su comedia: |
|
Los Comendadores, | | | | por mi mal os vi. | | | | ¡Tristes de vosotros, | | | | cuitada de mí!
| | |
|
| Cuando el veinticuatro descubre el adulterio, además
de matar a los culpables, mata a los cómplices y a
los animales domésticos que encuentra al paso. Lope
siguió muy de cerca la tradición tal como la
contaba Juan Rufo (Las seiscientas apotegmas, Toledo, 1596). | Otras comedias, entre las numerosas, son Pedro Carbonero,
La corona merecida, El piadoso aragonés, El Duque
de Viseo, Los Porceles de Murcia, La serrana de la Vera (antecedente
ésta de otra de igual título de Vélez
de Guevara), El galán de la Membrilla, etc. Dentro
de la contemporaneidad de los sucesos debemos recordar aquí
El Brasil restituido, El asalto de Mastrique, La tragedia
del rey don Sebastián, La nueva victoria del Marqués
de Santa Cruz, etc. |
 Comedias pastoriles
En la corriente de la literatura pastoril, Lope se encontró
con una tradición noble, que venía desde Juan
del Encina, la de las églogas dramatizadas, que ya
se había españolizado lo suficiente desde su
origen italo-renacentista. La primera comedia que hoy conocemos
de Lope, El verdadero amante, pertenece a esta corriente
eglógica. De la misma manera que en la égloga
lírica o en la novela pastoril, la comedia de corte
bucólico puede llenarse aquí y allá
con algo de sabor autobiográfico: Belardo el furioso es buen ejemplo. Pero es terreno que Lope abandonó
pronto, precisamente por ese pie forzado del mito. En sus
primeros pasos, y son también sus primeros autorretratos,
Lope
—276→
lleva con naturalidad y placer su disfraz pastoril,
y aparece como Belardo en multitud de ocasiones, (En realidad,
el seudónimo le gustó hasta los últimos
días de su vida, ya que aparece aún en comedias
muy tardías, pero ya sin funcionar en el total, como
ocurría en las primeras apariciones.) En sus primeras
comedias, La Arcadia, La pastoral de Jacinto, Los amores
de Albanio e Ismenia, en las que no es difícil hallar
rasgos vividos, se percibe todavía un lirismo que
recuerda al Tasso y a Guarini, quebrantado en ocasiones por
el ingenio y la broma, y, sobre todo, por anticipaciones
realistas, es decir, de la vida corriente. Lope tenía
un muy sano sentido de la verdad del teatro, del público
y de sus circunstancias para que este género hubiese
prosperado indefinidamente: eso era un callejón sin
salida, que no podía conducir más que a una
íntima falsificación. De ahí que muy
pronto se volviera de espaldas a ese sistema de teatro.
El verdadero amante tiene para nosotros el vivo interés
de ser la primera comedia de Lope. No tanto la primera que
conocemos, de las que escribiera, como, de entre las viejas
suyas, la primera que él creyó digna de la
publicación. Apareció en la Parte XIV, 1620,
y se la dedicaba a su hijo Lope Félix; en la dedicatoria
dice: «Esta comedia, llamada El verdadero amante, quise dedicaros,
por haberla escrito en los años que vos tenéis;
que aunque entonces se celebraba, conoceréis por ella
mis rudos principios con pacto y condición que no
la toméis por ejemplar, para que no os veáis
escuchado de muchos y estimado de pocos». Según esto,
Lope escribiría El verdadero amante a los doce años;
es casi seguro que algo la retocaría o arreglaría
para darla a la imprenta. El primer acto tiene casi el doble
de versos que los otros dos, lo que ha hecho pensar que sería
una comedia en cuatro actos, y que Lope, al prepararla para
la imprenta, fundió los
—277→
dos primeros en uno. El interés
actual de El verdadero amante es puramente erudito, lo que
no descarta algunas quintillas valiosas, y un esbozo (¡ya!)
de trama dramática. La Arcadia repite en cierta forma
el argumento de la novela pastoril de igual título,
ya analizada. Las alusiones son trasparentes. Aparte de pasajes
de interés movido, pasajes de clara ascendencia literaria,
el valor dramático es bien escaso, ya que la rígida
estructura del género no deja escapes a la libre creación.
Belardo el furioso tiene interés autobiográfico.
Es un anticipo lejano de La Dorotea, donde, bajo los disfraces
pastoriles, es muy fácil reconocer episodios, alusiones,
etc., del complicado amorío con Elena Osorio. Otra
obrita pastoril de Lope, que tiene el interés fundamental
de haber sido la primera ópera española, es
La selva sin amor, cantada ante Felipe IV y su mujer, y arreglada
con escenografía de Cosme Lotti.
 Comedias caballerescas
De entre el numeroso caudal que el romancero épico
le había puesto al alcance de la mano, Lope entresacó
aquellos temas que ofrecían mayor dramatismo o mayores
afinidades con sus especiales peculiaridades. De todos ellos
supo sacar partido. Es posible que la lectura moderna tropiece
en algunos casos con la natural pesadez del relato, o con
la poca flexibilidad con que la materia épica se presenta.
Pero hay que reconocer en estos casos que Lope no tuvo guía
o precursor alguno en la intrincada maraña de las
leyendas épicas o caballerescas, o, todo lo más,
tuvo algún predecesor muy débil. En general
se puede afirmar que es Lope quien inicia el camino, teniendo
que enfrentarse con todas las dificultades propias del salto
que va del estilo
—278→
épico al dramático. Solamente
en los romances podía encontrar ya una guía,
una previa orientación hacia el drama, por la frecuencia
y vigor del diálogo. De ahí que, de entre sus
comedias caballerescas, sean las más desmayadas las
que proceden de una lejana visión de Ariosto, mientras
que una pieza apoyada en el romancero sea una lograda tragedia: El marqués de Mantua. El
marqués de Mantua ya figura en el primer Peregrino,
pero no se publicó hasta 1619 (Parte XII). Se trata
de una hermosa dramatización de los romances de Valdovinos
y del Marqués de Mantua. Es la historia que Cervantes
decía ser «historia sabida de los niños, no
ignorada de los mozos, celebrada y aún creída
de los viejos, y con todo esto no más verdadera que
los milagros de Mahoma». Lope centró en el segundo
acto toda la vitalidad del romancero, en una sucesión
de maravillosos versos. La obra gozó de enorme éxito
y fue parodiada por Jerónimo de Cáncer, avanzado
el siglo XVII. La obra de Lope es prueba eficaz y definitiva
de cómo operaba la trasmisión tradicional del
romancero, sobre todo cuando nos encontramos muchísimos
versos incrustados, iguales a los de las versiones recogidas
anteriormente. Reproduzco un trozo para dar idea del procedimiento:
|
¡Que ya de mi voz mortal | | | | no se ablanda, cual solía, | | | | tu hermoso pecho y leal!
| | | | ¿Dónde estás, señora mía, | | | | que no te duele mi mal? | | | | Cuando fueron
nuestras vidas | | | | una sola y un lugar | | | | el alma pudo ocupar,
| | | | de mis pequeñas heridas | | | | gran pasión solías
tomar. | | | | etc.
| | |
|
—279→
En Los palacios de Galiana, Lope cae sobrela leyenda de
Maynete y Galiana, tradición toledana en torno a los
arruinados palacios de la margen izquierda del Tajo, donde
Carlomagno tuvo amores con la hermosa princesa Galiana112. Los
tres diamantes versan sobre el argumento de la novelita Pierres
y Magalona; El premio de la hermosura, publicada en 1621,
fue representada en Lerma en 1614, con motivo de una fiesta
palaciega, y fueron actores Felipe IV, entonces príncipe,
y Ana de Austria, su hermana, luego reina de Francia. Otras
comedias de este grupo son La mocedad de Roldán, Las
pobrezas de Reinaldos, Un pastoral albergue, Angélica
en el Catay, etc. Ursón y Valentín, donde vuelve
a plantearse el mito de la esposa calumniada, mezcla elementos
de diferentes leyendas, destacándose el hecho del
hombre, Ursón, que, alimentado por una osa, llega
a la madurez en estado salvaje, dominado sólo por
la belleza y el candor femeninos. Menéndez Pelayo
veía en Ursón un pariente cercano del shakesperiano
Caliban, de La tempestad, sin lo monstruoso de éste
y, a la vez, consideraba la comedia como un antecedente de
La vida es sueño, de Calderón.
 Comedias extraídas de novelas
La doncella Teodor está basada en un cuento oriental,
ya muy divulgado en la edad media, recogido en la Crónica del Rey Sabio y en el Speculum Historiale, de V. de Beauvais.
Corrió mucho en pliegos de cordel del siglo XVI, de
donde debió nacer la atención de Lope. En ella
se dramatiza la aventura de Teodor, que, amada por Don Félix,
es robada por éste cuando iba a casarse en Valencia
con un catedrático. Teodor es cautiva
—280→
en varios sitios,
Orán, Constantinopla, Persia, y por fin, después
del inevitable certamen de sabiduría típico
de la leyenda, recobra su libertad y se casa con su raptor.
El certamen científico le ha servido a Lope para exhibir
sus recuerdos de la ciencia adquirida en las aulas alcalaínas.
El halcón de Federico está basado en una novelita
de Boccaccio. El asunto es movido: Un caballero sin dinero
se enamoró de una rica dama, que se casó con
otro. El pobre no tenía otra cosa que un halcón
al que adoraba, por ser de excelente casta. La dama se quedó
viuda y se fue a vivir al campo, cerca de donde pasaba sus
hambres el caballero empobrecido. Iba acompañada de
un hijo mozuelo, que trabó amistad con el antiguo
pretendiente. Un día, este hijo enfermó, y
se le antojó el halcón del vecino. La madre,
venciendo su repugnancia, fue a ver al antiguo enamorado.
Éste, no teniendo otra cosa con qué agasajarla,
mató al halcón. Después de habérselo
comido, la viuda se lo pidió. Aclarado el caso, y
como el hijo muriera, la viuda se caso con su antiguo pretendiente,
que había dado tantas pruebas de amor. La difunta
pleiteada responde a una novela de Mateo Bandello, donde
se cuenta el sucedido de la joven que, recién casada,
sufre un accidente que la deja como muerta. Enterrada, es
sacada de la tumba por su verdadero amor, que se la lleva,
la cuida, y pretende casarse después. Durante la ceremonia
en la iglesia es reconocida por el marido primero, quien
reclama, pone pleito y lo gana, llevándose a la mujer.
El tema corrió también popular en romances
de España, y fue recogido en la Miscelánea de Luis Zapata. Sin embargo, los antecedentes de la comedia
de Lope parecen ser claramente las palabras de Bandello.
El tema reaparece en
—281→
el Menandro, novelita de Matías
de los Reyes (1636), y es conocido en otros lugares113. También
tiene sus antecedentes en Bandello (II, 44) El castigo sin
venganza, impresionante historia de adulterio, donde el Duque
de Ferrara mata a su esposa, Casandra, y a su hijo natural,
Federico. Lope llamó a su obra «tragedia». Parece
que la comedia sólo se representó una vez,
seguramente por un banal motivo de comediantes, y no como
se quiso ver hace tiempo, por prohibiciones de gentes que
intentaban ver en el asunto un recuerdo del príncipe
Don Carlos: toda esta trama de la vida amorosa de Don Carlos
ha nacido mucho después. Ya hubo también quien
conoció lo que de histórico, y dentro de la
corte de Ferrara, tenía la obra de Lope. (Ticknor,
que ya llamó la atención sobre la reaparición
del asunto en Parisina, de Byron). En el drama de Lope, todo
lleva espontáneamente al nudo del amor pecador: Casandra
es abandonada por su marido a las pocas horas de las bodas;
Federico, el hijastro, la ha salvado la vida en una ocasión
anterior, sin saber que era la prometida de su padre. Los
dos, madrastra y joven, son de gran belleza y están
en la plenitud de la vida: el amor llega naturalmente, como
habría dicho Lope, casi como una fatalidad. Pero lo
extraordinario de la tragedia es la creación de unos
caracteres representativos del esquema en lucha, la divergencia
total entre los tres agonistas. Hay un momento en que Federico
comienza a ser el amante satisfecho, y se deja llevar de
vacilaciones, es decir, empieza a entrar en la categoría
de ser despreciable, en tanto que la mujer, Casandra, aparece
purificándose, quemándose en su propio amor
sin límites. Y a la vez, el Duque empieza a ser esclavo
de su necesidad de venganza, moviéndose como
—282→
un poseso,
con la lucidez cruel del loco, lo que le lleva a la escena
cumbre, en que, engañando al hijo, le hace asesinar
a su madrastra, para, inmediatamente, llamar a los criados
y hacer que lo maten allí mismo. Y él ha sido
el único espectador de tan tremenda furia. Esta comedia
se llama en algunos sitios Cuando Lope quiere, quiere. Y,
verdaderamente, en esta ocasión Lope ha querido, alcanzando
una de sus más bellas cimas de dramatismo114. El
anzuelo de Fenisa, deliciosa trama de una cortesana que socaliña
a los incautos con excesos y alardes de picardía,
para luego ser burlada por otro, es otra adaptación
de temas boccacciescos. El tema del Anzuelo debía
de andar en el aire, de lecturas comunes, de anécdota
casi picante. Espinel también lo utilizó en
su Escudero Marcos de Obregón. La Quinta de Florencia, graciosa acción en que el Duque Alejandro hace casarse
a un cortesano con una molinera a la que ha seducido, dándoles,
además, una generosa dote, es también comedia
de origen italiano: una novela de Matteo Bandello (Parte
II, novela XV)115. También procede de Bandello El castigo
del discreto (I, 35). De narraciones de Giraldi Cintio proceden
La discordia en los casados, El favor agradecido, El piadoso
veneciano, Servir a señor discreto, El hijo venturoso,
La esclava de su hijo, entre otras. Todos estos temas, difusos
en el ambiente
—283→
cultural renacentista en todas partes, revelan
el fuerte influjo y difusión de las formas italo-renacentistas
por Europa. Sería del mayor interés determinarlas
preferencias y los sistemas de adaptación de Lope
frente a estos temas ajenos. Como en todo lo que venimos
señalando, la actualización o españolización
del tema es el verdadero encanto de la comedia116.
 Comedias de enredo y de costumbres
Lope, en la comedia de costumbres, desenvuelve el ambiente
vivo, dentro de una verdad más verdadera, en su efímera
falacidad, que la verdad misma. Su facultad de visión
y su instinto dramático son las únicas condiciones.
La lozanía, la maravilla del rápido fluir se
encadenan en sucesivas escenas divertidas, amables, donde
el amor, los celos, la intriga, los engaños, las cualidades
pequeñas y medianas de la vida (pero las más
generales, las que mueven el gran retablo de la vida toda)
oscilan, saltan, corretean, se cambian a placer u obedeciendo
a mil estímulos diversos. No se les debe buscar un
antecedente literario concreto, aunque, en ocasiones, sea
fácilmente encontrable. No, es, simplemente, el magistral
y experiente conocimiento de la vida misma, deshecho en mirada
cariñosa y cordial, rezumando disculpa y comprensión.
Toda una larga serie de obras maestras, que están
enhebradas estrictamente en menudos temas iniciales, una
cancioncilla, un refrán que se glosa varias veces
a lo largo de la trama, un minúsculo suceso o hábito
colectivo... Y Lope nos pone delante de los ojos toda la
España de su tiempo, entera, sin tapujos, sonriendo.
Madrid, el gran abismo
—284→
de los hombres del XVII, Madrid,
un nuevo Romancero, suele ser la gran escena, con sus calles,
sus posadas, sus paseos Prado arriba y abajo, o sus fiestas
en el Soto del Manzanares, en la Casa de Campo o la romería
de Santiago el Verde, o las chanzas en la fuente con agua
ferruginosa. Modas, galanteos, pretensiones, indianos, bizarras
jovencitas previamente disculpadas por el amor que las arrastra,
jóvenes nobles que lucen por las Platerías
la cruz recién estrenada de alguna orden... Haz y
envés de la vida cotidiana, abarcada en generosa ojeada
total. Eso es el teatro de enredo, o de capa y espada, o
de costumbres, de nuestro Lope de Vega. Eso son esas pequeñas
joyas que se llaman La dama boba, El acero de Madrid, Las
bizarrías de Belisa, Santiago el Verde, La noche toledana,
El perro del hortelano, La moza de cántaro, La hermosa
fea, Amar sin saber a quién, El mayor imposible, La
discreta enamorada, El rufián Castrucho, etc. De
estas comedias destinadas a la vida madrileña (aunque
puedan, aparentemente, ocurrir en otro lugar) hay algunas
muy destacadas: El acero de Madrid cuenta las artimañas
de una joven pareja que, al verse en la iglesia, se enamora
rendidamente. Les resulta muy difícil hablarse, porque
ella sale siempre acompañada de Teodora, una dueña
vigilante y rígida, nada amiga de relaciones. Fingen,
para verse, que Belisa, la heroína, se pondrá
enferma, y él, Lisardo, se convertirá en el
falso médico que irá a verla. Hecho así,
el médico ordena que la enferma dé paseos prolongados
y que todas las mañanas vaya a tomar el agua de acero,
o ferruginosa, buena, según la terapéutica
del tiempo, para curar la opilación ('obstrucción
de las vías por donde circulaban los humores'), enfermedad
que estaba muy de moda entre las mujeres, porque daba una
palidez que resultaba elegante. (Mascaban barro y trocitos
de cacharros para conseguir ese color.) Con el pretexto de
—285→
los paseítos, los enamorados se pueden ver a todas
horas. Un amigo de Lisardo, Riselo, corteja a la dueña
gruñona, con lo que la comedia tiene su vertiente
cómica. Todo se resuelve satisfactoriamente. Una
deliciosa obra maestra es La dama boba, en la que se expone
el viejo tema de la torpeza mental eliminada por la necesidad
de conquistar a la persona amada. Sobre esta base tan elemental,
Lope supo hacer una deliciosa porción de vida, animada
y graciosa, un diálogo alegre y sentido, que deja,
al terminar su lectura, una honda sensación de gozo
suave, contenido, de perpetua sonrisa. Su argumento es bien
sencillo. Un señor, Octavio, tiene dos hijas, Nise
y Finea. Las dos son dos polos opuestos:
|
Nise es mujer tan discreta, | | | | sabia, gallarda, entendida, | | | | cuanto Finea encogida, | | | | boba,
indigna e imperfeta. | | |
|
Claro que no todo van a ser calamidades.
Para remediar esta diferencia de la hija tonta, un tío
mejora en su herencia a Finea, con la pueril esperanza de
que el dinero arregle lo que la Naturaleza no hizo muy bien.
Así, le ha surgido un enamorado, Liseo, que espera
disfrutar de esa mejora. Mas, cuando ve el estado mental
de su futura, empieza a vacilar y a decidirse por sus adentros
por la hermana lista. Las dos hermanas aparecen muy bien
contrapuestas: una, rodeada de una corte de poetas, mientras
que la otra anda aprendiendo a leer. El galán de la
hermana lista se decide por el dinero de la otra. Este ir
y venir y cambiar y volver plantea situaciones divertidísimas,
en las que Finea se va despabilando poco a poco, fingiendo
a veces su vieja tontería, aguzándose ante
la urgencia de no perder a su amado. Excepcionalmente viva
es la escena, ya en el tercer acto, en que Finea vuelve a
fingirse boba, para
—286→
alejar al antiguo pretendiente, que
intenta volver a su amor al enterarse de que se ha despabilado.
Las confusiones, los equívocos, mantenidos siempre
dentro de una cierta dignidad, dan a la escena calidades
de primer orden. La dama boba ha disfrutado siempre de la
aceptación de los públicos. Lope la escribió
para Jerónima de Burgos, de quien ya hemos hablado
páginas atrás, y el autógrafo se conserva
hoy en la Biblioteca Nacional de Madrid, fechado en 28 de
abril de 1613. La moza de cántaro dramatiza la aventura
de una dama de impulsos enérgicos y varoniles, que
dio muerte a un hombre que injurió a su padre. Huyendo
de la Justicia, se refugió en Madrid, donde vive desconocida,
sirviendo como moza de cántaro, hasta que sus familiares
consiguieron el perdón. Una vez conseguido éste,
vuelve a su real condición y se casa con un ilustre
caballero que, aun creyéndola criada de inferior condición,
la había preferido. Después de todo lo que
venimos diciendo sobre todo para el especialísimo
tacto de Lope en arreglar y aprovecharse de los refrancillos
y cantares, todo lector adivina que el dicho Tanto va el
cántaro a la fuente que al fin se quiebra está
aprovechado más de una vez en la comedia. Quizá
ahí está, sin más, el origen de la deliciosa
trama, y está, además, incorporado totalmente
a la comedia, hasta el punto de que a nadie se le ocurriría
poner en tela de juicio nada que con él se refiriera:
|
Cantarillo, cantarillo, | | | | vamos teniendo paciencia; | | | | pues la fuente no se apura,
| | | | tomemos lo que nos dejan. | | | | . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . | | | | Vais y venís a la fuente; | | | | quien va y
viene mucho a ella | | | | ¿de qué se espanta, si el asa
| | | | o la frente se le quiebra?
| | |
|
—287→
La fiesta de Santiago el
Verde, a laque los Reyes asistían, siquiera fuese
de puro paso, y que tenía lugar en los sotos del Manzanares,
también le daba a Lope imagen para hilvanar otra deliciosa
comedia, en la que observamos los artilugios del enamorado,
fingiéndose sastre, para poder ver de cerca a su amada.
Celos, fiestas, muchedumbre que va y viene en el alboroto
de la romería, la doncella que cae al agua al volcar
su coche, toda una copiosa serie de pequeños y muy
verosímiles accidentes dan a la comedia una ininterrumpida
gracia y movimiento, sembrado de intranquilidades, hasta
que, como de costumbre, todo se resuelve satisfactoriamente.
Adivinamos la sonrisa cómplice, aquiescencia indefinida
y forzosa, de todo el auditorio, cuando el enamorado galán
prueba las ropas a su adorada. Un idéntico origen
y una idéntica asimilación total del dicho
que la motiva dentro de la comedia misma, nos revela El perro
del hortelano. El perro del hortelano, que ni come ni deja
comer. Así es, en realidad, la aventura de la condesa
de Belflor, en Nápoles, que no cree en el amor ni
lo tolera, y acabará enamorándose perdidamente
de su secretario, el que, finalmente, resulta ser, siquiera
sea arrancando de un engaño, de mejor condición
social. Nuevamente este feliz desenlace, este lograr todo
bien y disculpable por obra del amor. También asistimos
al triunfo del amor al final del tercer acto en La hermosa
fea. Un príncipe, Ricardo, trata de interesar a su
amada, Estela, orgullosa y altiva, que no ha hecho más
que despreciar a todos los galanteadores que ha tenido. Para
ello, finge desdeñarla, considerándola fea.
El príncipe se introduce en el palacio y conquista
la confianza de la hermosa, hasta que es vencida por el ingenio
del galán. Nuevamente este entrar en la casa prohibida,
con artimañas y con engaños, este desdoblarse
en dos personalidades, solamente
—288→
por alcanzar aquel amor
natural que hemos citado al repasar las convicciones que
informan el Arte nuevo. Y otra vez el feliz desenlace, todo
resuelto, de cara a la boda y a la felicidad117. Las
bizarrías de Belisa es quizá la última
comedia que Lope escribió. La hizo el año antes
de su muerte, con setenta y dos años encima, y probó
que aún podía enfrentarse con su público
y despertar en él los viejos cariños, la fidelidad,
el interés, el aplauso. Si esta comedia está
escrita siendo ya viejo y de cuerpo claudicante, conserva
toda la frescura y lozanía, toda la agilidad de treinta
años atrás. En el final de la comedia vuelve
a salir a nuestro encuentro un viejo amigo, el poeta que
tantas veces pedía, al terminar, el aplauso que no
se le negó durante más de cincuenta años,
los cincuenta años más llenos de impulso y
de conciencia colectiva de la historia española:
|
Senado ilustre, el poeta | | | | que ya las musas dejaba, | | | | con deseos de serviros | | | | volvió
otra vez a llamarlas | | | | para que no le olvidéis; | | | |
y aquí la comedia acaba. | | |
|
Se
adivina en esos versos un deje de melancolía. Lope
había tenido que enfrentarse ya con otras formas literarias
nuevas, asistía, temeroso, a la trágica posibilidad
de sobrevivirse, pero tenía que volver, como dice
la despedida, porque su vida entera estaba ahí, en
el asiduo regreso a la creación. Las bizarrías
de Belisa es una linda comedia, llena de sorpresas y trampas,
donde una arriesgada mujer, inteligente y hermosa, persigue,
disfrazada de hombre (¿habrá ya algún influjo
de las heroínas
—289→
tirsianas?), al caballero que ama,
y al que dos veces salva la vida en las callejas madrileñas,
y con el que acaba casándose. ¡Cómo nos fluye
la vida, arriesgada, azar esquivo o voluntariamente provocado,
en estas comedias de Lope! ¡Con qué placer adivinamos
su peculiar disposición a la trampa lícita,
al denodado luchar por conseguir a la persona amada! ¡Con
qué inmediatez, con qué sinceridad de primera
mano, de primera mano siempre, a pesar de las reiteradas
situaciones, surgen los celos, las congojas pasajeras, las
rabietas de las doncellas mal casadas o destinadas por los
padres a lo que no querrían ir jamás! Y con
qué gracia se detiene la mirada en el trajín
de las calles, de la salida de las misas, de la última
luz de una encrucijada, de las descripciones, fantasmales
y tan corpóreas sin embargo, de los rincones de Madrid.
En todas estas comedias vemos al Lope gran enamorado y gran
tercero y gran embaucador, que logra borrar la frontera entre
verdad y ficción, entre cielo y tierra de las pasiones.
Todo anécdota, todo aventura alocada, pero en cuanto
se hace poesía adquiere una honda, una trascendente
y perdurable significación. En toda esta máquina
nos gusta ver hoy el nacimiento de una nueva épica,
de una literatura que acaba bien, no muy lejana a mucha literatura
que hoy anda por todas partes, colmando la capacidad de ensueño
y de evasión de las multitudes. Lope supo hacerlo,
es verdad, pero lo hizo apelando a los más nobles
caudales de la colectividad, a sus más hondas resonancias.
«Hemos tropezado... con pasajes donde la comedia se rebasa
a sí misma y donde la imagen dramática del
mundo de Lope se abre paso hasta la visión de la muerte,
de la eternidad y de la más excelsa realidad del espíritu.
Si todo este arte escénico produce el efecto de un
sueño febril, si trasmite un pulsar prepotente y tumultuoso
-recio gozar del mundo, impulso de vigencia y
—290→
agudizado
deleite de los sentidos-, va todo ello, sin embargo, acompañado
de un vigilante y tácito sentido de tránsito
y fin. Dejamos la comedia con un cierto aturdimiento y a
la vez con la firme decisión del viajero que después
de un trago de buen vino, salta, fortalecido, sobre el corcel
y cabalga rostro a la aventura de la vida ignota. Lope no
educa: da alas». «No alza su vuelo con la trágica
insolencia del individuo, sino asistido felizmente por la
comunión con su pueblo y con su fe»118. Lope representó
todo esto en una coyuntura histórica de horizontes
incomparables dentro de la aventura humana, y lo representó
cumplidamente, como nadie, ni antes ni después, lo
hizo. Reconozcámoselo, agradezcámoselo.
Los textos de Lope
Las comedias de Lope de Vega fueron publicadas en Partes, que, en número de veinticinco, salieron entre 1604
y 1647. De ellas, las ocho primeras parece que se hicieron
sin intervención directa de Lope. El propio autor
vigiló la edición de las Partes IX a XX. El
resto apareció ya después de su muerte. Alguna
comedia apareció en otras obras, como, por ejemplo,
Las bizarrías de Belisa, publicada en La Vega del
Parnaso. Pero el núcleo central del teatro lopesco
hay que buscarlo en esas ediciones. Hay, además, numerosas
sueltas, o en Colecciones de varios autores. En el siglo
XVIII, una copiosa parte de la obra de nuestro autor fue
publicada por Sancha, en Madrid, en la serie que llamamos
Obras sueltas, donde aparecen numerosas y varias producciones
del Fénix (XXI tomos, 1776-1779). En la Biblioteca
de autores españoles, de Rivadeneira, Lope dispone
de los tomos XXIV, XXXIV, XLI y LII, destinados a comedias,
y del LVIII, con autos. La Academia
—291→
Española decidió
hacer una obra total del teatro lopesco, apareciendo los
primeros tomos bajo la dirección de Menéndez
Pelayo (1890-1914), quien puso importantes prólogos,
resumidores de su gran saber. (Estos prólogos han
sido recogidos en volumen bajo el título de Estudios
sobre el teatro de Lope de Vega.) Muerto don Marcelino, prosiguió
la edición Emilio Cotarelo, con trece volúmenes
más (1916-1931). Los textos de ambas colecciones suelen
ser bastante imperfectos y nada rigurosos desde el punto
de vista de la crítica filológica. Modernamente
se han editado numerosas comedias de Lope, aisladamente,
con rigor, sabiduría y exquisita finura literaria.
Tal ocurre con las incluidas en la Colección de teatro
antiguo español, publicadas por el Centro de Estudios
Históricos de Madrid, a cargo de José F. Montesinos.
(El cordobés valeroso Pedro Carbonero, El Marqués
de las Navas, La corona merecida, etcétera.) Numerosos
eruditos y profesores de Europa y América han dedicado
sus esfuerzos a editar algunas comedias. En todas ellas se
encuentran puntos de vista valiosos y agudos, que ayudan
a poner orden en la tremenda tarea que Lope legó a
la posteridad: la de seguir queriéndole y admirándole.
(Por ejemplo, citaremos la edición de Van Dam, de
El castigo sin venganza; la de W. Fichter, de El castigo
del discreto; La dama boba, estudiada por R. Schevill; El
Brasil restituido, por G. de Solenni, etc.) Las comedias
de mayor divulgación han sido cariñosa y acertadamente
editadas en colecciones estudiantiles. De entre ellas hay
que destacar la tarea llevada a cabo por los Clásicos
Ebro, bajo la dirección de José Manuel Blecua,
afortunado editor de El caballero de Olmedo, y de otros aspectos
de la copiosa obra del Fénix. En la colección
de Clásicos Castellanos figuran El mejor alcalde,
el Rey y El remedio en la desdicha (editadas por Gómez
Ocerín).
—292→
Sería una tarea abrumadora, y quizá
no muy oportuna aquí, detenerse con detalle en este
aspecto bibliográfico del teatro de Lope de Vega.
Pueden manejarse con éxito los trabajos siguientes:
Rennert y Castro, Vida de Lope de Vega, con un apéndice
bibliográfico importante (Madrid, 1919). Con anterioridad,
Hugo A. Rennert había publicado su Bibliography of
the dramatic works of Lope de Vega Carpio (1915). Puede verse
también M. A. Buchanan, The chronology of Lope de
Vega's plays, Toronto, 1922. De excepcional importancia,
por haber puesto un orden nuevo, especialmente basado en
el estudio de las formas métricas empleadas por Lope
en todo su teatro, es el libro de S. G. Morley y C. Bruerton,
The chronology of Lope de Vega's comedias, New York, 1940.
Si complicada y abrumadora es la bibliografía de
la propia voz lopesca, la de los estudios por ella provocados
es realmente impresionante y desigual, apasionada y contradictoria,
numerosa y con todos los matices. Lope ha sido estudiado
o considerado en aspectos variadísimos. Una guía
auxiliar, valiosísima para no perderse en esa desorbitada
galería, puede encontrar el interesado en la Bibliografía
de... Lope de Vega, por José Simón Díaz
y Juana de José Prades (Madrid, 1955), y en Lope de
Vega: nuevos estudios (Madrid, 1961), de los mismos autores.
Lope de Vega : su vida y su obra
©
Alonso Zamora Vicente
|







|
|