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[257] Cuaderno V. Noviembre, 1883.NoticiasEl Sr. Director de la Academia ha hecho á esta el donativo de su notable obra en dos volúmenes titulada El Solitario, en que describe la vida y méritos literarios del Sr. Estébanez Calderón. Por la parte que se refiere á la historia contemporánea, sólo diremos que difícilmente se encontrará un cuadro de ella que mejor dé á conocer su curso y sus tendencias. El Sr. Cánovas ha hecho asimismo el regalo de un ejemplar de su obra á cada uno de los individuos de la Academia. La Academia ha recibido con agradecimiento la comunicación de D. Juan Ochoa de Alaiza, cura párroco de Tres Puentes (Álava), en que da noticia del estado actual del despoblado de Iruña (Suessatio) incluido dentro del término de aquella parroquia. El castillo que fué de la orden de San Juan y su próximo santuario de Donela, que contenía preciosas lápidas romanas, yacen en la mayor desolación; pero, gracias al celo inteligente del Sr. Ochoa de Alaiza, muchos epígrafes no se han destruido; y de ellos enviará improntas que rectifiquen ó confirmen los ya publicados, ó aumenten su número. [258] El Académico Sr. Colmeiro ha presentado impreso el primer volumen de su Introducción á las Cortes de los antiguos reinos de León y de Castilla. El segundo volumen, que la Academia ha visto y aprobado, se dará á luz en breve término. La Comisión que entiende en la edición de las Cortes propias de los estados de Aragón ha acordado, con beneplácito de la Academia, dar el texto puro latino ó vulgar de las actas auténticas, sin traducción al castellano, reservando para el fin de cada volumen y para la introducción general los comentarios é ilustraciones que considera oportunos. El Sr. Académico D. Eduardo Saavedra ha presentado copia de una inscripción romana, recien hallada en Tarragona mientras se derribaba una casa en la plaza del Payol, que ha sido recogida por el Sr. Fernández Sanahuja, coliservador del Museo de aquella Capital.
En Cabeza del Griego (Hübner 3097) dedicó una lápida votiva Cornelia Bessuca; y en Sahélices (Hübn. 3130) apareció la memoria sepulcral de Cecilia Pánfila, erigida por su esposo Cecilio Barsamis. Tanto este último nombre como el de Barucina, inclinan el ánimo á pensar que representan origen ó procedencia de familia oriental y de estirpe tal vez hebrea ó siriaca. La Introducción que por encargo de la Academia ha escrito su sabio individuo el Sr. Colmeiro, sintetiza con claro método y adecuada [259] exposición todo lo que encierran los cuatro volúmenes de Cortes de León y Castilla ya publicados. Divídese en dos partes. La primera, ó sea Historia de las Cortes de León y Castilla, llega hasta la página 108; la segunda, mucho más extensa y consagrada al Exámen de los cuadernos de Cortes, llega en el primer volumen hasta el fin del reinado de D. Juan II. La Academia oyó con sentimiento la noticia de haber fallecido en Barcelona el día 5 de Octubre último, su doctísimo correspondiente D. Andrés Balaguer y Merino. Ha sido elegido correspondiente extranjero el sabio literato alemán Dr. D. Godofredo Baist, autor de muchos y muy notables trabajos críticos sobre el texto de los más preciados autores españoles y extranjeros de la Edad Media que abrillantaron el florido vergel de nuestra historia y literatura. El Académico de número Sr. Fernández y González ha comenzado á leer, siendo escuchado con gran placer por este Cuerpo literario, la serie de sus notables estudios acerca de los nombres geográficos y memorias recónditas del antiguo Madrid y sus alrededores. El Sr. Fabié en luminoso escrito ha dado cuenta de los reciente descubrimientos de antigüedades egipcias que han resultado de las excavaciones mandadas practicar por la municipalidad de Roma en el sitio donde estuvo el famoso templo de Isis. El Académico honorario, D. Augusto Pécoul, ha encontrado en Paris y adquirido para nuestra Biblioteca, la voluminosa obra Specimen Bibliothecae Hispano-Mayansianae, apostillada de puño y letra del mismo Mayans. [260] El Sr. Barros Silvelo, antiguo correspondiente de la Academia en la provincia de la Coruña, expuso verbalmente en la sesión del 26 de Octubre el resultado de sus últimas investigaciones arqueológicas sobre el terreno que ocupan las minas de San Martín de Meán. Presentó una hacha de cobre, una lámpara romana con la inscripción OFF · C · y una moneda de oro con el busto y letrero del Rey Egica, acuñada en Gerona (GERVNDA PIVS), la cual recuerda tal vez algún acto de munificencia, análogo a los de Recaredo y Wamba en favor de la basílica de San Félix de aquella ciudad. El Sr. Fuentes, nuestro corresponsal en Murcia, solicitó de nuestra Academia luz y apoyo para averiguar el paradero de los restos mortales del ínclito murciano D. Diego de Saavedra Fajardo, que es sabido fueron trasladados desde el demolido convento de Recoletos al templo de San Isidro el Real de esta corte. En 29 de Octubre último, monseñor Isbert, presidente de la iglesia de San Isidro, descubrió los restos de Saavedra Fajardo, y el Sr. Director de la Academia se presentó inmediatamente después del hallazgo. El Sr. Marqués de Molins ha sido encargado para ilustrar la Academia sobre este punto. Ha encontrado D. Próculo Garrachón, rico propietario de Villasirga, un gran mosaico romano dentro de su heredad, vecina al trayecto de la vía romana, que pasaba por aquella villa dirigiéndose á la próxima LACOBRIGA (Carrión de los Condes). El mosaico será probablemente cedido en venta por el Sr. Garrachón al Museo arqueológico nacional. [261] InformesI. Cartulario de las abadías de la Couture y de SolesmesUna pequeña colonia de monjes benedictinos franceses, expulsados de su país natal, ha venido a ocupar el célebre y abandonado monasterio de Silos, cuyo nombre suena siempre con gusto en los oídos de todos los que se dedican al cultivo de la historia patria, y de la literatura. Conservadores de los restos del saber antiguo, cultivadores de casi todos los conocimientos del saber humano, agricultores laboriosos é inteligentes, al par que escritores concienzudos y eruditos, investigadores infatigables, críticos avisados y discretos, austeros sin grosería, piadosos a la par que corteses, hospitalarios y caballerosos, los benedictinos han llegado hasta nuestros días con cierta aureola y reputación envidiable de saber y de virtud, que les ha proporcionado el respeto y simpatías de todos los sabios, hasta el punto de que para calificar un trabajo literario de paciente y laboriosa investigación, y de erudición sólida y profunda, sea costumbre el decir es un trabajo de benedictinos. Desde el Silense, que nos lega una de nuestras más antiguas y preciadas crónicas, hasta los PP. Sarmiento y Feijóo, y nuestro correspondiente el P. Abad y Lasierra, nuestra historia literaria cuenta con un gran caudal de sabios que han ilustrado la historia, y los nombros de Berganza, Sola, Briz Martínez, Pérez, Saez y otros que sería prolijo enumerar, figuran en el ciclo literario [262] de nuestra historia al lado de los Mabillon, Ruinart y otros célebres benedictinos extranjeros. A pedir modestamente una limosna de libros llegó á las puertas de nuestra Academia, el moderno prior de Silos Dom A. P. Guepin, procedente de la célebre abadía de Solesmes, ilustrada recientemente con los nombres del abad Don Gueranguer, cardenal Pitra y el renombrado obispo de Poitiers Monsr. Pie. Y los libros que pedía, y que la Academia con su habitual generosidad ha tenido á bien conceder al restaurado monasterio de Silos, no dormirán en los estantes de su líbrería, como en ciertas llamadas bibliotecas de asociaciones civiles, donde sólo sirven de adorno, sin que nadie se tome la molestia de abrirlos, cuando menos manejarlos. La Academia puede tener la seguridad y convicción de que sus libros no yacerán en Silos ni muertos ni aun dormidos, sino que tendrán ese movimiento, que viene a ser la vida de los seres inanimados; y sobre todo de los libros, que con esa vitalidad honrosa adquieren también vejez honrada. Mas no fué eso tan sólo, sino que el P. Guepin, antes de recibir los libros, tuvo á bien regalar á la Academia el precioso cartulario de las Abadías de San Pedro de la Couture y de Solesmes, que motiva este informe, porque la Academia lo ha creido de tal mérito e importancia, que determinó nombrar comisión que lo examinara é informase acerca de él. Tal es el motivo que obliga á los que suscriben á molestar por breves momentos la atención de la Academia. El cartulario de las Abadías de Saint Pierre de la Couture y de Saint Pierre de Solesmes ha sido publicado en Mans, el año de 1881, por los benedictinos de Solesmes, á expensas y bajo los auspicios de su noble y dignísimo protector el duque de Chaulnes, cuya reciente pérdida lloran las letras y las artes al par del catolicismo, del cual era uno de los más ilustres paladines. El cartulario forma un enorme tomo en folio de 540 páginas, mas un pliego de foliación preliminar, que podría dar unos ocho tomitos de nuestra literatura de bolsillo. De esta obra sólo se han tirado 300 ejemplares numerados. El de la Academia lleva el número 95, motivo demás para agradecer el obsequio. Acompañan al texto curiosas láminas grabadas con vistas de [263] sepulcros, edificios, sellos, y todo lo que constituye en esta clase de obras una verdadera ilustración, á gusto de los sabios y de las personas inteligentes, que en esto buscan la utilidad y no el mero recreo de la vista. El ilustre Mecenas deseaba ilustrar el cartulario con magníficos grabados de exquisito gusto, y decorar el libro con lindísimas fotografías y grabados en acero, para lo cual hizo grandes gastos con escaso fruto, habiendo llegado al extremo de hacer iluminar la iglesia con luz eléctrica, á fin de obtener fotografías de los bajo-relieves colocados en parajes oscuros, sin obtener el resultado apetecido. La máxima del duque de que para no hacer bien las cosas valía más no hacerlas, ha sido funesta en esta ocasión como en otras muchas. Nuestro axioma dice con razón, que lo mejor es a veces enemigo de lo bueno. Ni aun quería reproducir los dibujos, los sellos y otros objetos antiguos de San Pedro de la Couture, y eso que, destruido el monasterio, ya no había mas que esos grabados, y por tanto era imposible mejorarlos sin falsearlos y faltar á la verdad arqueológica. Por nuestra parte estamos muy lejos de pensar así, y, entre esa exageración del idealisino estélico, y la opuesta de la tosquedad de un grabado antiguo, parece que debe haber, como en todo, un término medio regular y prudente. Entre estas reproducciones de los antiguos toscos grabados de San Pedro de la Couture son notables la planta del destruido monasterio tomada á vista de pájaro, como otras muchas que se ven en las obras del siglo XVII, tal como en el Acta Sanctorum, la del sepulcro del obispo Goseliu (Gosselinus) de Mans, que los franceses convierten en Ganzoliène, el del Conde Hého, la gran plancha de bronce sobre el sepulcro del obispo Pascual de Hugenot, que estaba en el coro, y otros varios de abades de los siglos XIV y XV, hasta el de Miguel Bareau, que murió en 1518, y cuyo sepulcro, de distinto género y con estatua yacente, marca ya la transición del gótico al plateresco. Doce son las láminas que representan sepulcros ó lápidas sepulcrales hasta esta fecha: cuatro planos y vistas de las Abadías de la Couture y Solesmes, y además 36 sellos y escudos heráldicos grabados é intercalados en el texto y las portadas. [264] Precede á este medio centenar degrabados, verdadero modelo de ilustraciones arqueológicas é historiales, el precioso retrato en acero del abad Don Gueranguer, dibujado y grabado por Faillard con la mayor delicadeza, y con tal propiedad, que desde luego es de aquellos de los cuales suele decirse, que no les falta más que hablar. Muestra este precioso grabado, distinto de todos los otros por su finura, á diferencia de las reproducciones de los toscos grabados del siglo XVI, lo que deseaba el duque de Chaulnes, y á lo que aspiraba y no pudo alcanzar. Tal es el cartulario de Solesmes en lo que podemos llamar su parte exterior: tiempo es ya de que, dejando de ver el monasterio y su libro, como quien dice por fuera, nos tomemos la libertad de entrar por sus puertas y examinar su interior, ó como dicen, su historia interna. En las afueras de la ciudad de Mans, en latín Cenomanensis urbs, Cenomanensis ecclesia, construyó el obispo D. Beltrán, que lo era de aquella iglesia, un monasterio, á fines del siglo VI, pues se hace remontar su antigüedad al año 595, en tiempo del Rey Clotario. El opiscopologio Cenomanense le llama al fundador Beatus Bertchrannus, y dice que rigió el obispado durante 37 años. Una antigua leyenda suponía, que estando en oración el obispo D. Beltran se le apareció San Miguel, mandándole de parte de Dios que edificase un monasterio en el paraje que antes se llamaba Vivercus, al cual se le había de llamar de Cultura Dei, pues cultivo y cultura significa la palabra francesa couture, siquiera nosotros al referir esta palabra á la Divinidad lo demos más bien el nombre de culto. Pero el testamento del obispo Beltrán acredita, que en unión de otros obispos consagró la basílica de su monasterio en honor de los Apóstoles San Pedro y San Pablo, poniendo en ella reliquias de ellos; así que se rechaza la tradición del mandato angélico, como cosa legendaria. El obispo D. Beltrán tuvo culto en ella más adelante, y su cuerpo fué depositado en un arca de plata, el año 1512, colocando la cabeza en otro relicario del mismo metal. El testamento de San Beltrán lleva la fecha de 27 de Marzo de 615, y expresa las granjas (villas) que con dinero del Rey Clotario había adquirido en tierra de Burdeos, Etampes y Cahors. [265] Este documento es el segundo que exhibe el Cartulario juntamente con un fragmento de las actas ó gesta de los obispos de Mans, que le precede. Sigue como tercer documento otro fragmento de un testamento del año 642, otorgado á favor del monasterio por San Hadoindo (Hadoind). De aquí pasa al siglo X, lo cual manifiesta que la suerte del monasterio no fué muy próspera en los tristes siglos VIII, IX y X, pues el quinto documento del Cartulario es una donación del conde Hugo de Mans á fines de aquel siglo (990). Veinte años después aparece la fundación de la iglesia de San Pedro de Solesmes, dada al monasterio de Cultura, por el conde Gofredo de Sabol (Gaufridus de Sabolio), en que además cede varios cortijos (vicos) y alodios, con otros derechos señoriales ó feudales que en ellos tenía. Pero Solesmes no fué entonces más que un modesto priorato, dependiente de la Abadía benedictina de Cultura, ó Couture, como otros muchos. Esta acreció mucho en el siglo XII, no sólo de adquisiciones, sino también de privilegios pontificios y reales. Honorio III, Gregorio IX y otros pontífices hasta Adriano VI inclusive, le concedieron exenciones, inmunidades y derechos parroquiales, juntamente con uso de pontificales, báculo, anillo y mitra. No le faltaron tampoco algunas averías. En 1180 se quemó el monasterio: ardió otra vez en 1306. En 1421 le pegaron fuego los ingleses, demoliéndolo en gran parte, y finalmente, en 1562 lo saquearon los hugonotes, profanando las reliquias, violando los sepulcros, y destrozando la biblioteca, llena de ricos y antiquísimos códices. Al saqueo siguió el incendio. Y aún no fué eso lo peor, sino que á estos males materiales siguieron, en la general disipación del siglo XVII, otros morales, y la relajación de la disciplina monástica, hasta el punto de que, habiendo traido el príncipe Mauricio Eugenio de Saboya monjes de la Congregación San Mauro para la reforma del monasterio, los del monasterio de Cultura les cerraron las puertas. Tenía el monasterio á su cargo 100 parroquias, 26 capellanías y 50 prioratos, alguno de ellos en España. Cuál fuera éste no se sabe, pues un Buxedo, que allí suena, parece ser Bouessay. También padeció mucho en el monasterio de Solesmes la disciplina [266] monástica por la rapacidad y molicie de los abades comendatarios, que fueron la polilla de los monasterios opulentos de Francia en el siglo XVII, como lo habian sido en España en el XVI, y cansa funesta de la ruina de muchos y de la decadencia de otros. El priorato, ahora Abadía de Solesmes, fundado á principios del siglo XI, como queda dicho, está situado á la ribera del Sarta, á media legua de Sabol: su iglesia estaba dedicada á San Pedro y San Pablo como la de Cultura. El abad de este monasterio enviaba á Solesmes un prior, para regir el monasterio bajo la regla de San Benito. Creció mucho en importancia el priorato desde fines del siglo XV. Distinguióse en el adorno de la fábrica de la iglesia Guillermo Cheminal que construyó el altar de Nuestra Señora de la Piedad y el sepulcro del Señor, y también un hermoso campanario de 200 piés de altura, que derribó un huracán el año 1682. En 1532 el maestro Juan Bougler construyó también una magnífica capilla colateral, al lado del Evangelio en honor de la Santísima Virgen, con cinco altares llenos de hermosas figuras de piedra blanca, representando varios pasajes de la vida de aquella, que aun hoy día llaman mucho la atención de los inteligentes y aún más de las personas piadosas; como también las bellas vidrieras de colores costeadas por entonces. Estas bellezas artístiras eran las que principalmente quería reproducir el duque de Chaulnes en ricas láminas en acero. Consérvase también una espina de la Corona del Señor, que trajo Raul ó Radolfo, señor de Saból, el cual fué á la Cruzada con Gofredo de Bullon. Tuvo la suerte este monasterio, el año 1664, de que Dios tocase el corazón del último abad comendatario don Gabriel de Courses de Beauregard para que cediera el monasterio, decadente á la Congregación de San Mauro, permitiendo a los monjes nombrar prior libremente, renunciando la encomienda prioral, no sin quedarse con algunos gajes. No fué gran cosa lo que ganó; pues al enviarle, noticias á Mabillon en 1702 (pág. 396) se le decía, que el monasterio se hallaba desolado y empobrecido por un falso hermano titular de él. Tampoco mejoró gran cosa durante el siglo pasado, y la revolución vino á poner término á los abusos de aquella aristocracia degenerada, [267] que gastaba en orgías los bienes y rentas de gran parte de los monasterios de Francia. Quinientos son los documentos correspondientes á la Abadía de Couture y priorato de Solesmes, que contiene este precioso Cartoral. La mayor parte de ellos son de la Abadía de Cultura: de Solesmes apenas un medio ciento. Los cuatro últimos de este siglo son muy notables. El 497 es un decreto de Napoleón dado en Wilna el año 1812, prohibiendo se saquen de la iglesia de Solesmes las estatuas de piedra que la Prefectura quería museizar (207). Por el 498 Gregorio XVI, en 1837, erige el priorato de Solesmes en Abadía, y cabeza de Congregación. Al par de este documento y al frente de la pág. 402 se echa de ver la planta de la Abadía de Solesmes después de su restauración. Por primer abad y restaurador fué nombrado el célebre Dom Luis Pascual Gueranguer, solicitándolo así, no solamente el obispo de Mans, sino también los arzobispos de Tours y de París. Los dos últimos documentos son del Papa Pio IX, dados en 1875, confirmando por segundo abad de Solesmes al P. Dom León Bastide, y el último contiene un hermoso elogio del abad anterior. Tal es el curioso cartulario que la Academia nos ha encargado revisar, obra preciosa, por los documentos, por sus grabados e ilustraciones y por su excelente desempeño, que la hace modelo de las de su clase, y obra propiamente de benedictinos en todo el rigor de la palabra. Madrid, 22 Junio 1883. VICENTE DE LA FUENTE. CESÁREO FERNÁNDEZ DURO. [268] II. La catedral de Murcia en 1291Señores Académicos. La carta original del Rey D. Sancho IV, fechada en 26 de Mayo de 1291, que nuestro docto correspondiente, D. Félix Martínez Espinosa, arcediano de Murcia, ha encontrado recientemente en el archivo de aquella Santa Iglesia, dice así: «Don Sancho, p[o]r la graçia de dios Rey de Castiella, de [Tol]edo, de Leon, de Gallicia, d[e] Ses,illa, de Cordova, de Mur[çia], de Jahen e del Algarbe, [a vo]s don Diego, por essa misma graçia Obispo de Cartagena, S[a]lud commo a aquelle que quiero bien e en que fio. »Vi vuestras cartas, que me enviastes con Pero guillem compannero de vuestra Eglesia en rraçon de la traslaçion de la Eglesia de Carta[gen]a a Murçia, e que deçiades que el papa avia enviados sos del[egado]s alla sobre esta rraçon, e que me pidiades merçet que lo toviesse p[or bie]n. Et pues el papa lo quiere, e yo veo que es serviçio de [dios] e mio, e pro e onrra daquel lugar, plaze me e [lo ten]go por bien. Et sobresto escrivo mis cartas alos de Cartagena e alos de Murçia, en que les mando que les plega e lo tengan p[or] bien, e que vos ayuden en todo lo que fuere y mester en guisa que [es]te fecho venga a acabamiento. Empero ruego vos que toda via guisedes commo finquen algunos companneros de la Eglesia en Cartagena por onrra daquella Eglesia e del logar; e en esto fazer medes serviçio, e yo gradeçer vos lo e, et fazer vos e siempre bien e merçet por ello. »Otrossi, a lo que me enviastes pedir merçet con Pero Guillem vuestro mensagero, en que deciades que vuestra Eglesia se derribava o estava mal parada, e que vos mandasse fazer alguna ayuda para vuestra [Eg]lesia de la madera que acahesçio en Guardamar e en Alicante e en essos otros logares, que la truxo la fortuna de tierra de Valençia, tengo por bien [q]ue vos den ende [269] quinientos maderos. Et sobresto envio mi carta a Johan sanchez adelantado, que vos la faga luego dar. »Dada en Burgos XXVI días de Mayo, Era de mill.CCC.XXIX.annos. Alfonso peres la mando fazer por mandato del Rey. Yo Martin Alfonso la fis escrevir. Alfonso pores. Es[idro] gonsales. -Vidit Garsia ferrandes.» Tres días después, cumpliendo su promesa, escribía el Rey (208): «Don Sancho por la gracia de Dios, Rey de Castiella, de Toledo, de Leon, de Gallicia, de Sevilla, de Cordova, de Murcia, de Jahen e del Algarbe, al Concexo o a los Alcaldes e Alguazil de Murcia salud e gracia. »Bien savedes en como el Obispo o el Cabillo de Cartagena trabaxaron tiempo ha, e trabaxan por mudar la Sey y en la villa de Murcia; et esto tengo que es mio grande servicio e pro et honrra de todos vos, que poi, que la villa sea mas honrada e mas preciada por ello. Por que vos ruego e vos mando que vos que los aiudedes en quanto pudieredes en ello, e que los dedes vuestras cartas aquellas que obieren menester sobresta razon, en guisa por que este fecho venga en acabamiento, e yo grasdecer (209) vos lo he mucho, o fazervoshe siempre bien e merced por ello. Dada en Burgos veinte y nueve dias de maio, Era de mil e trescientos e veinte o nueve años. Alfonso peres lo mandó faser por mandado del Rey. Yo Martin Alfonso la fis escrevir. Alfonso Perez. Esidro Gonzales (210). V.t Garci Ferrandes.» Cuánto tiempo, por qué motivos y en qué trabajos anduvieron el Obispo y Cabildo de Cartagena con la solicitud que indica el Rey, nos lo hará ver la bula de Nicolao IV, fechada en Rieti de [270] Nápoles, á 13 de Setiembre de 1289. La estimo inédita, pues no la consigna Potthast en su preciosa obra Regesta Romanorum Pontificum, continuación de la de Jaffé. Un traslado auténtico vino directamente á la catedral de Murcia en 1772, y lo he visto y copiado al pié de la letra: «In nomine Domini, Amen. Hoc est exemplar authenticum quarumda Litterarum apostolicarum fel. rec. Nicolai PP. IV tenoris sequentis videficet. «Nicolaus episcopus, servus servorum Dei, dilectis filiis... (211), Abbati de Benifaçani Cisterciensis et... (212), Priori de Porta Celi Cartusiensis ordinum monasteriorum, Dertusensis et Valentine diocesium, salutem et apostolicam benedictionem. »Accedit Matris Ecclesie sinceris affectibus ut fideles suos in viam pacis dirigat et mentis tranquillitate custodiat, curet ipsos a quibuslibet perversitatibus preservare. Sane venerabilis frater noster... Episcopus et dilecti filii Capitulum ecclesie Carthaginensis nobis exponere curaverunt quod, eis olim significantibus felicis recordationis. Nicolao papae III Predecessori nostro (213),quod civitas Carthaginensis in loco sita dinoscitur propter mare mediterraneum fretum infidelium feritati vicino, a christiano quoque incolatu semoto, quod ipsi et cives Carthaginenses Agarenorum et aliorum etiam, qui sub velamine tituli christiani laxant ad injurias manus suas, vexati insultibus, ingressum et regressum ad civitatem ipsam liberos non habentes, plerumque gravia dampna in personis et rebus incurrunt; populus quoque Carthaginensis diocesis similiter propter viarum discrimina, que ex inepta prefati loci dispositione crebrius suscitantur, neguaquam nisi forsan gressu interdum clandestino, vel cum ducatu comitum competenti, adire civitatem eandem presumunt; unde ex hiis et aliis variis incomodorum articulis predicte civitatis habitatio fidelium quieti adeo redditur onerosa, quod ibidem brevis habetur numerus incolarum, [271] et predictus populus turbatur vehementer et redditur Carthaginensi Ecclesie indevotus. Unde prefati Episcopus et Capitulum asserentes quod castrum Murtie, in eadem diocesi constitutum, est locus honorabilis et insignis, ac aptus in hac parte votis populi memorati, eidem Predecessori humiliter supplicarunt ut sedem Carthaginensem ad castrum ipsum transferendi liberam eis concederet facultatem. Idem vero Predecessor, cupiens instrui et plenius informari an premissa veritate clarerent, an hujusmodi postulatio Clero el populo prefatis votiva existeret ae saluti et utilitati expediret eorum, et an in christiane professionis redundaret honorem, si ejus professores fugerent a facie inimici, et an etiam ex hoc Christicolis illarum partium materia scandali pararetur, Venerabili fratri nostro... (214) Episcopo Dertusensi ac tibi (215), fili abbas, per suas sub certa forma dedit litteras in mandatis ut super hiis et aliis circunstantiis, quas hujusmodi negotii desideraret conditio, inquireretis diligentius veritatem, el demum que inveniretis per vestras litteras, earumdem litterarum ipsius Predecessoris seriem continentes, sibi intimare fideliter curaretis ut, vestris instructionibus informatus, in eis prout ipsorum exigeret qualitas tute posset procedere ac consulte. »Verum quia, sicut iidem Episcopus et Capitulum Carthaginenses nobis exponere curaverunt, dictus Episcopus Dertusensis et tu, Abbas predicte, per ipsius Predecessoris litteras, quarum auctoritas, re adhuc existente integra, per ipsius obitum (216) expirat, procedere non curastis, iidem Episcopus et Capitulum Carthaginenses iterato ad Apostolicae Sedis providentiam recurrerunt. Nos itaque, predictorum Episcopi et Capituli Carthaginensium supplicationibus inclinati, cupientes eos optatis desideriis consolari, discretioni vestre, de qua plenam in Domino fiduciam obtinemus, cum prefatus episcopus Dertusensis in remotis agat ad [272] presens (217), per Apostolica scripta mandamus quatenus in hujusmodi inquisitionis negotio procedatis juxta predictarum ipsius Predecessoris ad eundem Episcopum Dertusensem et te, predicte abbas, directarum super hoc continentiam litterarum, et demum que inveneritis per vestras litteras, harum seriem continentes, nobis studeatis fideliter intimare. Non obstante indulgentia, si qua, vobis et ordinibus vestris ab Apostolica Sede dicitur esse concessum quod non teneamini vos intromittere de quibuscumque negotiis, que vobis a Sede committuntur eadem. »Dad. Reate, Idibus Sept. Pontif. nostri Anno secundo. »Descriptum et recognitum ex Regesto Litterarum Apostolicarum Nicolai PP. IV. quod asservatur in Archivo Secreto apostolico Vaticano An. II ep. 509. cum quo collatum concordat, salvo etc. In quorum fidem hic me subscripsi et solito sigillo signavi. »Dabam ex Archivo prefato Cal. Febr. Anno Domini 1772. Ind. V, Pontificatus Sanctissimi in Christo Patris et Domini nostri, Domini Cleraentis Divina providentia PP. XIV. Anno III. »(Lugar del sello.) Joseph Garansius Archivo predicto Praefectus.» Está este ejemplar auténtico en tres pliegos de papel, cosidos con hilos de seda, color verde y rosa. El ejemplar de la Bula original, á mediados del siglo pasado existía en el archivo catedral de Murcia. Morales, quien allí lo vió y no sin erratas lo transcribió (218), lo describe en esta manera: «Es original, escripto de letra antigua en pergarnino. Le falta el sello que parece haver tenido pendiente de un cordoncillo de cáñamo, que le permanece atado á su pié en la forma acostumbrada.» Nadie me ha sabido enterar de su paradero (219). [273] La traslación de la Sede á Murcia, si bien conservando el título de Cartagena, debió de hacerse en 1291. Pruébanlo en primer lugar las palabras del Rey en Mayo de 1291, tanto de por sí, como confrontadas con las de la bula que acabáis de oir, fechada en 13 de Setiembre de 1289. Los delegados apostólicos tuvieron suficiente espacio para cumplir su comisión y dar lugar á la expresión favorable del asentimiento de la Santa Sede que notificó el Obispo al Rey, y éste consignó en su respuesta: «é pues el Papa lo quiere, et yo veo ques servicio de Dios o mio, é pro é honra de aquel logar, é lo tengo por bien.» En segundo lugar lo indican las actas de convocación al concilio de Valladolid, que publiqué (220), en su parte relativa á la escena, harto curiosa, de que fué teatro la caledral murciana el 27 de Febrero de 1292. -No estará de más reproducir aquí este notabilísimo documento: «Veinte siete dias de febrero, Era de mill CCC et treynta anos, ante Sancho de Laçano Arcidiano de Cartagena et Guillem Remon arcidiano de Lorca et Pasqual Perez Chantre de la Eglesia de Cartagena et Johan Perez Canonigo de la dicha Eglesia, et Pedro Guillem et Gonçalo Perez rracioneros de la dicha Eglesia, en presencia de los Notarios de iuso escriptos, comparecieron Johan Perez et Pedro Garcia clerigos del Arçobispo de Toledo en el choro de la Eglesia de Santa Maria la mayor de Murcia con una carta escripta en pergamino de cuero et seellada con el seello colgado de Don Gonçalo por la gracia de Dios Arçobispo de Toledo que dice asi: Gundisalvus Dei gratia, etc., venerabili in Christo patri, Domino Didaco episcopo Carthaginensi, etc. Data apud Alcalam VIIIº idus Januarii, anno Domini millesimo cc.º nonagesimo primo. «La qual carta el dicho Pedro Garcia començó á leer; et los dichos Arcidiano et Chantre et canonigo et racioneros dixieron que si los dichos Johan Perez et Pedro Garcia trayian alguna carta del obispo de Carthagena que ge la oydrian, mas otra carta nol consintirian, nil dexarian leer; ca non era tiempo nin razon, porque estaban diziendo sus oras; et que atendiesen fata que las oras fuessen dichas. Et ante que las oras fuessen acabadas, los sobredichos Arcidianos et Chantre et canónigo et Racioneros fuéronse. Et los dichos Johan Perez et Pedro Garcia atendieron fata que fueron dichas las oras, et dixieron que leerien la carta si oviessen á quien. [274] »Et desto que sobredicho es, et en como pasó, los dichos Johan Perez et Pedro Garcia pidieron á Lorenço Garcia et Bonduco Forés et Per Andrés Notarios públicos de Murcia que les diesen ende este instrumento, signado con sus signos en testimonio.» Pruébalo, en fin, la muy fidedigna aseveración del obispo don Diego de Comontes, quien á mediados del siglo XV dejó manuscrita la historia de sus predecesores en el libro, titulado Fundamentum ecclesiae Carthaginensis (221). Bien es verdad que la bula de traslación no aparece, aunque de un siglo á esta parte se han hecho esfuerzos repetidas veces para descubrirla en el archivo capitular y episcopal de Murcia, ó para recabar su copia auténtica del Vaticano. Mas una larga experiencia de trabajos críticos de esta índole os ha demostrado, señores, que las catedrales de España han atravesado, ya por incendios ú otros percances de fortuna, ya por violentas ó descuidadas miras, tal menoscabo en sus papeles y manuscritos antiguos, que de ninguno de ellos, á menos que se pruebe con evidencia que está completamente perdido, hay que desesperar el recobro. La bula de Nicolao IV, creando nuevos delegados para el informe previo á la traslación de la Sede, existía original en el archivo de la catedral murciana, como lo testifica Morales. La carta original del Rey D. Sancho al obispo D. Diego de Magaz, no la vió ni copió Morales, á quien le bastó el transamitirnos la copia del Libro authorizado; y, sin embargo, ha logrado encontrarla nuestro dignísimo correspondiente D. Félix Martínez Espinosa; y apoyado y excitado por el sabio Cabildo de Murcia y del venerable Prelado de aquella gloriosa diócesis, nos ha hecho agasajo de la fotografía, que veis ahí, de tamaño natural, gemela de otra y otras destinadas á prevenir los efectos de nueva desaparición, y á plantear ancha base de operaciones en la contienda pacífica del ingenio. ¿Qué más diré? Dos bulas de Inocencio IV, originales, fechadas respectivamente en los días 5 y 6 de Agosto de 1250, que interesaban en altísimo grado á la Santa [275] Iglesia de Cartagena, ya no comparecen. La primera lleva el número 10 y la segunda el 7 en el gran Códice, titulado: « Libro I, en que están compulsadas las bulas y otros instrumentos importantes, que se hallaron en el archivo de la sancta Iglesia Catedral de Cartagena, el presente año de 1751; formado á pedimento de los Illmos. señores Dean y Cavildo, al tiempo del reconocimiento que de orden del Rey nuestro Señor (222) se executó de él por el S.r D.n Ascensio de Morales, del Concexo de su Mag.d, su Oydor de la Real Audiencia de Sev.ª, y Juez delegado para Rexistro de los Archiv.s de Cast.ª y Andal.ª (223)» Potthast (224), bajo el núm. 14.032, cita la segunda (6 Agosto), que publicó Sbaralca, mas la primera (5 Agosto), ni siquiera la menciona. Cierro, pues, con ella mi breve Informe. «Innocentius episcopus, servus servorum Dei, venerabili fratri... (225) Episcopo Carthaginensi salutem et apostolicam benedictionem. »Meritis tue devotionis inducimur ut te speciali gratia prosequamur. Hinc est quod nos, tuis supplicationibus annuentes, tibi auctoritate presentium indulgemus ut ad receptionem in Ecclesia Carthaginensi, seu provisionem alicujus in pensionibus vel beneficiis ecclesiasticis per litteras apostolice Sedis, aut Legatorum ejus, de cetero compelli non possis nisi plenam et expressam de indulgentia hujusmodi fecerint mentionem. »Nulli ergo omnino hominum liceat hanc paginam nostre concessionis infringere, vel ei ausu temerario contrarie. Si quis autem hoc atemptare presumpserit, indignationem omnipotentis Dei et beatorum Petri et Pauli apostolorum ejus se noverit incursurum. »Dat. Lugduni, nonis Augusti, pontificatus nostri anno octavo.» Madrid, 12 Octubre 1883. FIDEL FITA. [276] III. Bosquejo histórico de la Sede CartaginensePor el obispo D. Diego de Comontes Es inédito. El ejemplar más precioso, tal vez autógrafo del autor, era el Códice, que en el suyo propio (226) vió y describió don Ascensio de Morales: «Assimismo certifico que en el referido Archivo (227) se halla un libro antiguo, el qual tiene por título Fundamentum Ecclesie Carthaginensis; el qual parece fue formado por la Era (228) de mill quatrocientos y quarenta y siete, por el Obispa D.ª Diego de Commontes, y trassumptado en forma jurídica de el antiguo por el año de mil seiscientos y dos, mediante á hallarse el Original mui maltratado; en cuio libro se halla apuntado el origen de la Iglesia de Cartagena, sus costumbres y estatutos antiguos, y al folio [18 hasta el 29 inclusive] (229) se refiere la ereccion y fundacion de la Iglesia por el referido Obispo.» No habiendo encontrado el ejemplar en la catedral de Murcia, me deberé contentar con el traslado que hizo Morales, y que obra en nuestra Biblioteca (230) , anotándolo brevísimamente y restituyéndolo, cuanto se me alcanzare, á su pureza nativa con arreglo á los principios de una Crítica sana y sobria. Da gozo ver como desde San Isidoro y el Biclarense, los Prelados españoles han escrito y recogido páginas que sirven al historiador de niodelo y de espejo constante á la Historia. Hace un siglo, la obra del sucesor de don Pablo de Cartagena se citaba con harta ligereza y como perdida (231). [277] De hoy en adelante no se le ha de negar, así lo espero, el puesto que le corresponde en la Hispania illustrata. «Didacus de Comontes, miseratione divina episcopus Carthaginensis, universis et singulis libelli praesentis seriem inspecturis utriusque hominis sospitatem et pacem. Quia de singulis dubitare non est inutile secundum Aristotelem, ut notat glossa, inlatione Nemo, capite de summa Trinitate (232) etiamsi de iis super quibus dubitatur aliqualis habeatur notio; nam, ut dicit Lex (233) «nihil inter homines tam indubitatum est quin recipiat quamdam sollicitam dubitationem,» in authentica de Tabellionibus circa medium, collatione IIII, ut etiam notatur de ea constitutione, inlatione I, in glossa «et ita quoque:» Hinc ergo est quod Nos, quamquam antea dum in ea maioris Archidiaconattis fungeremur officio de substantia Ecclesiae Carthaginensis aliqualem haberemus notionem, ex quo tamen ad illius pontificatis dignitatis apicem gratia suffragante divina fuimus assumpti, dubitare nec immerito coepimus et mente gerere quae qualis et quanta Ecclesia ipsa Carthaginensis esset, cui praeeramus, undeque et a quo ortum habeat et progressum, ac quae ratio causave fuerit quod illius Sedes, apud tam nobilem et famosam tamque adeo insignem civitatem, ut est Murcia, locata, Carthaginensis nuncupetur et non potius Murciensis. Cuius dubitationis tollendae causa, dum intra Gothorum gesta et ipsius Hispaniae, cui praerant, veteres studiose legeremus annales, scriptum reperimus quod tempore illo, quo Vandali eamdem Hispaniam obtinebant, civitas nostra Carthaginensis, tunc Carthago Spartarea nuncupata, quae ut cernitur ad meridianum latus ipsius Hispaniae supra mediterraneum mare sita est, supra alias eiusdem climatis pro tunc eminens, valde colebris habebatur et [278] famosa. Apud quam propterea, verisimiliter creditur quod o tempore esset Ecclesia cathedralis, sicut erat sedes regia (234); licet postea Sedes ipsa, destructa Carthagine a Gunderico (235), ab inde sicut legitur translata exstitit ad Toletum. Sed heu, proh dolor! post haec Gothorum tempora, videlicet regis Roderici et perversissimi comitis Juliani, peccatis exigentibus, sicut historia nostra lamentabiliter refert, ipsa fere Hispania tota, quam praetulimus, a perfidis Agarenis, Christi nominis inimicis occupata fuit et hostiliter vastata ac sectae spurcissimi Mahometi miserabiliter subacta, eliminatis ab inde omnibus Christi ecclesiis; inter qua, sicuti credimus, non minorem locum tenere debeat Ecclesia ipsa Carthaginensis; quae tamen, aut qualis, aut quanta, aut si Metropolitica, vel cathedralis, pro tunc erat, et (si talis) quae dignitates et beneficia ibi inerant, scriptum minime reperitur. Unde jam de iis vestigia aliqualia apparent, quorum causa fuisse creditur diuturnitas tam longa temporis (236), quo subsequenter eadem Hispania ab ipsis Agarenis detenta et miserabiliter conculcata exstitit, ut praefertur. Diuturnitas enim tanti temporis omnia vastavit, et quae memoria digna erant oblivioni commisit; nec jam quicquam, de iis quae inquirimus invenitur nisi qiiod, Deo gratias, moderna nobis tempora protulerunt. Post has namque vastitates hostiles, quas ulterius enarrare longum esset, succedentibus temporibus bonis ut permisit Altissimus, expiatis piaculis ob quae tanta mala evenerunt, jam Hispania ipsa a Christi hostibus liberata est. Placuit enim divinae maiestati, et ita scriptum authentice reperitur, quod post tantorum curricula temporum victoriosissimi Principes essent qui regnum acquisierunt Murciae et dotarunt ecclesiam. Et dominus Domnus Alfonsus, clarae memoriae, Domni Fernandi Castellae et Legionis regis tunc regnantis et dominae reginao Beatricis [279] eius consortis filius primogenitus, et habens cum Dei adiutorio inter alia totum regnum Murciae, in quo civitas ipsa nostra Carthaginensis sita consistit, a manibus Sarracenorum praedictorum potenter eripuit. Et eo sic erecto, apud dictam civitatem Carthaginensem e novo ecclesiam cathedralem ad Dei laudem gloriam et honorem sub vocabulo suae gloriosae genitricis et virginis Mariae erigi, ac illi sic erectae, bonae memoriae dominum fratrem Petrum Gallaecum, ordinis fratrum Minorum professorem, in episcopum et pastorem praefici procuravit (237) et fecit per Dominum Papam Innocentium IV; qui etiam apud Lugdunum cum sua curia moram tenens eumdem episcopum consecravit pridie kalendas Augusti era M.CC.LXXXV.III., hoc est, atino Domini Mº CCº quinquagesimo, ad petitionem Principis memorati (238). Qui postea, post mortem videlicet patris, rex effectus eam dotavit locis hic scriptis ecclesiam; ac illi pro territorio Carthaginensis episcopatus in terminos dedit ea quae sequuntur (239). Et primo, la villa de Alicante con su término, assi como parte con la tierra del señor Rey de Aragon; é mas Petrel, Saix, é Villena, é la tierra de Don Juan Manuel su hermano conto parte con la tierra del dicho señr Rey de Aragon; é mas la valle de Ayora fasta Confluentes, como otrossí parte con la tierra Aragon. Item mas, Jorquera con su termino é con la tierra de Gonçalo Roiz de Atienza; é mas Chinchilla con su termino con las Quexolas; é otrossi las Peñas de Sant Pedro con su termino, é Letur, Calasparra é Caravaca con sus términos; Cella é Lorca con sus términos, Ogalte con los otros castillos [de Don Juan Garcia con sus términos, é los [280] castillos (240)] de Don Ferrant Perez de Pina fasta Penáguila con sus términos é con toda la otra tierra que se encierra en estos lugares susodichos. Los quales lugares é los nombres de los señores de ellos nombramos é designamos aquí, como los fallamos nombrados é designados en la letra real de la asignacion é limitacion por estonces fecha; en posesion de lo qual todo fallamos de estonces acá ser estada continue fasta agora é estar la dicha Eglesia de Cartagena sin contradicion alguna, de qua nobis constet. Fallamos mas como, despues de assí fecha la dicha limitacion de términos del dicho nuevo Obispado, el rey Don Sancho (241) fijo e sucesor del dicho rey Don Alonso, dió á la dicha Eglesia de Carthagena, para acrescentamiento del dicho su Obispado, los lugares de Oria y Gantoria, Mojácar é la val de Porchena, é los Velices, que eran é son aun agora de Moros, para que los oviese é aya en propiedad, cuando Dios quisiere que sean de christianos, assi como las aguas que vierten de la sierra de Segura, segun los solian aver otro tiempo segun dis se cuenta en la Concordia vieja (242). La letra é provision del qual acrescentamiento, segun que aquí se contiene fué dado en Valladolid, quarta mensis Octobris, era M.CCC.XXXI, hoc est, anno Domini M.CC.XCIII. Segun lo cual todo, é segun testifica el dicho rey Don Sancho contenerse en la dicha Concordia vieja, tiene el orden de Sanctiago, é tiene la Eglesia de Carthagena por indubitado ser infra los términos del dicho su Obispado toda la valle de Segura ó los lugares de aquella, é la villa de Huesca con sus aldeas é términos de ellas. En possession de las quales, assí como lugares de su Obispado, ha seido á esta la dicha Eglesia despues acá que son de christianos. Et ita reperitur. Per praedicta ergo apparet unde et a quo habuit ortum ecclesia Carthaginensis; et quis eam erexit in cathedralem; quam sic erectam et dotatam praefatus dominus, frater Petrus Gallaecus, eius novus episcopus postea ordinavit, ad instar seu iuxta formam [281] et modum dignitatum et beneficiorum, quo ordinata fuerat ecclesia Cordubensis; quamvis ordinatio ipsa innovata seu mutata fuerit per dominum episcopum Johannem eius succesorem, ut infra dicetur. Post quam quidem erectionem, seu Ecclesiae ordinationem, tempore in melius succedente, cum super eadem Ecclesia inter dominos Toletanum et Tarraconensem archiepiscopos de et super jure suae primatiae, cui videlicet eorum Ecclesia ipsa jure metropolitico subjici deberet lis et dissenssionis malitia esset exorta (243), praefatus dominus Innocentius quartus, ut sic lites et dissensiones hujusmodi amputaret, ecclesiam ipsam Carthaginensem sibi et Sedi Apostolicae reservando subjecit; et sic eam exemptam fecit per suas patentes litteras apostolicas, tenorem qui sequitur tenentes. Innocentius episcopus, servus servorum Dei, venerabili fratri episcopo Carthaginensi salutem et apostolicam benedictionem. Novella plantatio Carthaginensis ecclesiae, quam pietas Conditoris ad sui nominis gloriam eripuit de manibus paganorum, apostolicae rore gratiae est opportunis irriganda temporibus; quod et vigore proficiat, et in fructuum productione votiva Deo et hominibus grata et amabilis habeatur. Cum itaque super subiectione ipsius Ecclesiae inter vicinos metropolitanos contentio multiplex sit exorta, de qua sibi grave potest imminere dispendium, nisi conservationis optatae sibi proveniat fulcimentum. Nos circa dictam Ecclesiam affectum paternae benevolentiae dirigentes, ipsam sub beati Petri et nostra protectione suscipimus, et praesentis scripti patrocinio communimus, statuentes ut eadem Ecclesia nulli tamquam metropolitano, seu primati, praeterquam Romano Pontifici respondere de aliquo teneatur, quousque praedicta contentio penitus sopita fuerit, et liquide pateat cui saepedicta Ecclesia de jure debeat esse subiecta. Nulli ergo omnino hominum liceat hanc paginam nostrae [282] protectionis et constitutionis infringere, vel ei ausu temerario contrarie. Si quis autem hoc attemptare praesumpserit, indignationem omnipotentis Dei et beatorum Petri el Pauli apostolorum eius se noverit incursurum. Dat. Lugduni octavo idus Augusti, pontificatus nostri anno octavo.» Cuiusmodi exemptionis idem dominus Innocentius dare voluit exequutores, seu conservatores cum plenissima potestate, dominos Astoricensem et Zamorensem ac Salamanticensem episcopos, ut etiam apparet per alias suas patentes litteras sub eadem data consertas (244). A quo tempore citra usque in praesens non constat, neque reperitur, nec etiam auditur quod reservatio seu exemptio huiusmodi in aliquo infracta fuerit, vel impugnata, aut perturbata, sea quod ecclesia ipsa Carthaginensis usa non fuerit privilegia et gratiam praemissae suae exemptionis; semper enim ab ea, ut ab exempta, et soli Sedi Apostolicae immediate subiecta, ad eamdem Sedem solum consuevit appellari; et in hac possessione exemptionis eam fuise et esse hactenus reperimus, et continuare conservare et defendere intendimus, Domino concedente. Praemissa omnia comperimus in esse fuisse deducta tempore pracfati domini fratris Petri Gallaeci, primi episcopi Carthaginensis. Qui vixit in episcopatu XVII annis (245); et tandem, cum esset jam septuagenarius et ultra (246), die Mercurii quae computabatur XVIª mensis Novembris arripuit cum febris, et die Sabbati [283] sequenti, de mane, suum Domino tradidit spiritum (247) era millesima tricentesima quinta, hoc est auzio Domini M. CC. LX. VII. Requiescit sepultus Murciae, in Ecclesia maiori, in capella claustri ad manum dexterani altaris, ad quam fuit translatus. [2 (248)] Post istius (249) obitum fuit electus in episcopum Carthaginensem dominus Garcia Martini, decanus eiusdem Ecclesiae (250); non tamen fuit consecratus morte praeventus. Et quia non fuit consecratus, inter episcopos non numeratur. [3 (251)] Cui inmediate successit in episcopatu dominus Didacus de Magas, qui fuit secundus (252) episcopus Carthaginensis Cuius tempore cum, exeuntibus et redeuntibas de Murcia, Oriola, Lorca et aliis locis dioecesis ad civitatem Carthaginensem, ubi pro tunc Sedes episcopalis localiter erat, multi periclitarentur, multique captivarentur a Sarracenis in via, quae ducit illuc per campum (253), ad his et aliis periculis obviandum, procurante domino rege Sancio supradicti domini Alfonsi regis filio, ad supplicem instantiam eiusdem domini Didaci episcopi (254) et eius capituli ac cleri et populi Murciae et aliorum locorum praedictorum, auctoritate Apostolica, ecclesia ipsa Carthaginensis, ut est collectio episcopi, decani et capituli, seu personarum capitularium ad unum tendentium, qui ecclesiam ipsam vivam faciunt, ab eadem civitate Carthaginensi realiter translata fuit ad praedictam civitatem Murciae, suae dioecesis. Ubi ex tunc in antea (255) [284] idem dominus episcopus, decanus et capitulum, sic translati et ecclesiam cathedralem Carthaginensem facientes, apud ecclesiam beatae Mariae maiorem ipsius civitatis Murciae capitulariter locati et localiter cathedrati, remanserunt et pormanent de praesenti, vocem et nomen semper retinentes ecclesiae Carthaginensis. Quam translationem factam esse reperimus cum huiusmodi vocabuli retentione anno Domini M.CC.XCI. Post quae (256), idem dominus Didacus inibi defunctus exstitit (257); et apud eandem ecclesiam maiorem Murciae sepultus in medio planae quae est inter chorum et altare maius ecclesiae eiusdem. [4 (258)] Cui successit immediate dominus Martinis qui fuit tertius (259) episcopus Carthaginensis. Hic fuit vir strenuus; cuius tempore, vigente guerra Sarracenorum (260), ipse Dei et cleri sui adiutorio frontariam istam regni Granatae ingressus, castrum de Lubrin manu forti comperimus et a manibus paganorum eripuisse (261). Loco cuius postmodum (262) data fuerunt ecclesiae Carthaginensi loca de Alguazas et de Alcantarilla con el Real de Monte Agudo, é las casas de Murcia que son agora obispales, con [285] el Baño, el Real, é cosas otras que agora possee aqui en paz la dicha Eglesia. Iste vixit gloriose (263); et tandem defunctus est, et ut audivimus requiescit sepultus apud Tudelam de Navarra. [5 (264)] Cui successisse reperitur dominus Joannes; et fuit quartus (265) episcopus Carthaginensis. Hicinnovavit ordinationem dictae Ecclesiae, sicut per praefatum dominum fratrem Petrum, primum episcopum, factam; volens et statuens quod de caetero essent in ipsa ecclesia Carthaginensi sex dignitates, et octo canonicatus seu canonici, et duodecim portionarii, prout habetur in eadem ordinatione, quae fuit acta Oriolae eiusdem dioecesis, idibus Madii anno Domini M.CCC.XV; licet postea por dominum episcopum Nicolaum immutata fuerit, ut infra suo loco dicetur. Post quae tandem viam exstitit universae carnis ingressus (266), et sepultus apud Calagurram, et ibi corpus eius requiescit (267). [6 (268)] Quo quidem defuncto, illico effectus exstitit episcopus Carthaginensis dominus Petrus Barrosus, quintus (269) in ordine. Hic fuit postea Cardinalis (270). Qui tandem, defunctus in Curia romana, sepultus est Avinione, in ecclesia Dominae Nostrae, domus quae est cathedralis ubi requiescit. [7] Cui subsequenter successit dominus Petrus de Pennaranda; et fuit episcopus sextus in numero. Fuerat antea thesaurarius regius (271); et effectus episcopus fecit ecclesiam maiorem [286] Murciae, et chorum (ubi nunc Capitulum, hactenus mezquita), cum antea mezquitam pro ecclesia haberent (272). Fecit etiam campanile et claustrum ecclesiae eiusdem cum capella capitulari; in qua postea duas capellanias instituit et dotavit sub invocatione beati Johannis apostoli et evangelistae; licet una earum dicatur instituta per eius nepotem. Fertur etiam quod fecerit turrim de las Alguazas usque ad medium, et unam aliam turrim in campo de Lorca versus Sarracenos, aliaque multa bona fecit Ecclesiae. Et tandem plenus dierum defunctus est (273); et in dicta Ecclesia sepultus jacet in dicto choro coram cathedra episcopali. [8] Huic successit dominus Alfonsus de Vargas; et fuit episcopus septimus. Qui demum, impletus dlebus sui incolatus, defunctus est et sepultus [postquam exstitit (274)], in civitate Abulensi et ab inde postmodum translatus ad Cordubam, ubi requiescit. [9] Cui quidem domino Alfonso episcopo successit dominus Nicolaus de Aguilar (275); et fuit episcopus octavus. Hic innovavit ordinationem Ecclesiae antea, ut praemittitur, factam per supradictum dominum episcopum Johannem; volens et ordinans (276) quod in eadem ecclesia Carthaginensi essent supra expressae sex dignitates, vel personatus, scilitet decanatus, archidiaconatus Carthaginensis, [287] et archidiaconatus Lorcensis, ac cantoria, thesauraria et scholastria (277), quae omnes ad collationem domini episcopi Carthaginensis, pro tempore existentis, in solidum pertinere deberent, praeter decanatum ad quem quis nonnisi per communem electionem eiusdem domini Episcopi et Capituli Carthaginensis simul faciendam debet assumi. Essent quoque praeter haec inibi octo canonicatus et totidem praebendae, necnon octo integrae et octo dimidiae portiones, ac unus diaconatus et unus subdiaconatus. Quorum quidem canonicatuum et praebendarum ac portionum, necnon diaconatus et subdiaconatus huiusmodi collationes ad eorumdem duorum, Episcopi ac -Decani el Capituli,- Carthaginensium coniunctim pertinerent; prout haec et alia, formam et substantiam eiusmodi Capituli et Ecclesiae concernentia, latius continentur in Constitutione ipsius domini Nicolai episcopi super inde edita (278); cui statur, et quae, ut comperimus, ex tunc in antea inconcusse observata exstitit omni tempore. Hic etiam, accersitis sibi dominis Decano et Capitulo, vocatisque ad id vicariis suis ruralibus et clero, necnon de Segura, de Veas, de Yeste, de Ferres, de Socovo, de Caravaca et de Ricote et aliis universis et singulis praeceptoribus villarum castrorum et locorum aliorum ordinum militarium infra dioecesin Carthaginensem consistentium, et de eorum omnium voluntate et assensu per certos ad id deputatos taxari fecit et taxavit episcopalem et capitularem mensas, necnon dietas de Segura, de Veas, de Yeste, de Ferez, de Socovos, de Caravaca et alias praeceptorias ac beneficia alia omnia, clericis saecularibus assignari consueta totius Carthaginensis dioecesis. Quo pronunciante et decernente ut inde secundum taxationem huiusmodi in omnibus et singulis subsidiis tam principalibus (279) quam aliis, in quibus tales personae [288] ratione pracceptoriarum et beneficiorum eorum, infra dictam dioecesin consistentium, contribuere deberent ac realiter exsolvere tenerentur: hanc taxationem nedum clerici saeculares, sed et omnes praeceptores dictarum praeceptoriarum, tamquam praeceptores infra Cartaginensem, dioecesin constituti, humiliter receperunt, et secundum eam in sollicitudinibus subsidiorum principalium cum Episcopo et Capitulo Carthaginensibus ac beneficiatis eiusdem dioecesis, ex tunc in antea, hactenus contribuerunt usque in praesens. Postque tandem, sic debitum naturae solvens dominus Nicolaus episcopus, defunctus est, apud dictam maiorem ecclesiam Murciae sepultus, ubi jacet in capella, capitulari claustri ad manum sinistram altaris (280). [10] Cui successisse comperitur in ipsa Carthaginensi ecclesia dominus Guillermus de Simel, gallicus; et fuit episcopus nonus. Qui vocatus ad Curiam Romanam, tunc Avinione consistentem, cum exspectaret capellum. Cardinalatus, ibi Avinione defunctus est, el sepultus in domo fratrum Minorum. [11] Cui etiam illico dominus Fernandus de Pedrosa Cordubensis (281), famosus in sacra pagina magister; et fuit episcopus decimus. Hic, ut comperimus, inchoavit opus novum aulae ipsius ecclesiae maioris Murciae, quae de novo ad latus antiquae miro opero lapideo, ut cernitur, fabricatur. In quo, ut fertur, appositus fuit primus lapis die vigesima secunda Januarii, anno Domini Mº. CCCº. XCIIIIº (282). Hic vixit multissime tribulatus propter [289] bandositates (283) pro tunc urgentes, quibus se immiscere voluit, ambulans extra Ecclesiam per tempora multa quasi exul. Et tandem in suo regressu defunctus est et sepultus hic Murciae in dicto opere novo, in capella quam in capite ipsius operis, sub invocatione beati Hieronymi, incoeperat, et semistructam reliquerat. Ubi, in terra plana, jacet humiliter tumulatus. [12] Post cuius obitum, ad supplicationem serenissimi domini regis Henrici effectus fuit episcopus Carthaginensis dominus Panlus de sancta Maria, natione Burgensis (284); et fuit in ordine undecimus. Hic, tempore suo, de et super jurisdictione ac cura et jure episcopali, quam et quod ecclesia Carthaginensis in praeceptoriis et tota valle de Segura habet, diutius in Romana curia litigans, unam pro se adiudicatoriam et contra Priorem de Ucles ordinis Militiae sancti Jacobi de Spatha sententiam reportavit, quae etiam in rem transivit judicatam. Hic etiam de novo creavit in dicta Ecclesia quatuor dimidias portiones sacerdotales; et eas octo aliis dimidiis portionibus primaevis, quae ibi erant, associavit. Quorum praetextu et ne propterea mensa Capitularis gravaretur, summam ducentorum florenorum de Aragonia, de praestimoniis officialatus Murciae, eidem mensae quoad potuit univit; licet unio ipsa nondum sortita fuerit effectum. Qui post ea, successu temporis, ab ipsa Carthaginensi ecclesia ad Burgensem translatus exstitit (285), it inibi defunctus; ac tandem apud ecclesiam sancti Pauli, ordinis Praedicatorum, quam de novo construi fecerat, sepultus; ubi honorifice requiescit. [13] Post quam quidem translationem sic de persona ipsius domini Pauli faciam ad Burgensem ecclesiam, illico et immediate [290] effectus fuit episcopus Carthaginensis, seu de ecclesia Pacensi cui tunc praeerat (286) translatus, reverendissimus in Christo pater, dominus frater Didacus de Mayorga, nativus patruus noster (287) carissimus; et fuit Carthaginensis episcopus in ordine duodecimus. Homo magnae scientiae et virtutis per cuius industriam circumspectam opus novum praedictae ecclesiae beatae Mariae maioris Murciae, ut ipsa nostra Carthaginensis ecclesia sicut praemittitur translata consistit, multimodum recepisse dignoscitur incrementum. Cum enim tunc, tempore videlicet adventus ipsius domini Episcopi (288), ecclesia ipsa in redditibus fabricae deputatis paenes nihil haberet pro illius tam sumptuosa constructione praeter unum per unum tertiolum (289) sicut habebat unaquaeque parochialis ecclesia eiusdem civitalis, et sic opus ipsum tam magnum vix assurgi poterat a fundamentis, ipse Dominus, defectui tanti operis providens, de consilio voluntate et assensu dominorum Decani et Capituli ac cleri universi suae dioecesis synodaliter congregati, pie statuit et ordinavit ut annis singulis ex fructibus decimalibus, ecclesiae et dioecesis Carthaginensis ad eeosdem dominos Episcopum, Decanum et Capitulum ac clerum et ecclesias suas parochiales spectantibus videlicet pro qualibet parochia ipsius dioecesis, omnes fructus decimales quinti decimatoris, seu quos quolibet anno quintus decimator illius parochiae dare deberet, integre habeat; sicut habet fabrica ipsius ecclesiae Cathedralis perpetuo pro illius constructione et aliis necessitatibus suis. Qua ex causa, ex tunc in antea dictum opus continuatum exstitit; ac votivum, ut supra meminimus, habuit incrementum. In quo etiam idem Dominus capellam unam, sanctorum Francisci el Antonii de Padua invocationibus instituit et dotavit. Hic etiam tempore suo consuetam, sive regulam divinorum [291] officiorum in eadem Ecclesia repertam innovavit, et quasi e novo edidit; et juxta illam novum missale, completum officium continens quale antea secundum regulam istam Carthaginensem conscriptum non fuerat, e novo composuit et Ecclesiae legendum dedit. Quo tandem post multa (290) ita ad decrepitatem deducto ut jam, in lecticulo suo continue jacens, quicquid de his quae pontificalis officii sunt exercere nequiret, dominus papa Eugenius IV, volens indemnitati ipsius Ecclesiae praecavere, eum a vinculo quo ipsi Carthaginensi ecclesiae tenebatur absolvens, ipsum ab ea ad ecclesiam Caesariensem transtulit; ac de persona nostra eidem Carthaginensi ecclesiae, sic per huiusmodi absolutionem vacanti, providit; nosque ipsum illi, Deo gratias, in episcopum praeficere voluit et pastorem. Post quam translationem, paucis evolutis diebus, idem dominus frater Didacus, sic archiepiscopus effectus, apud jam dictam civitatem Murciae, die Martis, quae computabatur XXII Maii, anni Domini millesimi quadringentesimi quadragesimi secundi (291) in nocte obiit; et requiescit sepultus ad praesens in praedicta ecclesia beatae Mariae maiore, quam ibi fecerat ut praefertur. [14] Unde Nos Didacus de Comontes, Carthaginensis episcopus jam dictus, per justam viam translationis (292) successisse dignoscimur eidem patruo nostro; et per consequens omnibus aliis Carthaginensibus episcopis praedecessoribus suis; qui, ut praemisimus, in eadem successive fuerant usque ad eum. Qui omnes et singuli suis temporibus usque in praesens omnia et singula villas et loca supra designata cura suis territoriis, quae [292] pro terminis episcopatus ecclesiae Carthaginensis a principio sibi data et assignata fuerant ut scripsimus supra, ac civitates, villas, castra, terras et loca alia, quae intra illa clauduntur, seu ab ipsis designatis circumcincta consistunt, et eorum territoria habuerunt tenuerunt et possederunt pacifice et quiete terminis et territorio ipsius episcopatus; et in hac possessione eamdem Cartaginensem ecclesiam per eos hactenus fuisse et esse reperimus, nec est qui contrarium viderit umquam. Quam quidem dioecesin, sive episcopatum, etsi unum, distinctum fuisse et esse comperimus por membra. Sicut esse conspicimus in Ecclesia universali quae, licet sit una, est tamen in plura singularia membra por orbem terrarum diffusa, ad instar cuius etiam ipsa membra per submembra quamplura subdistincta sunt et ordinata; ita etiam apparet in hac ipsa nostra ecclesia Carthaginensi et eius jam dicto episcopatu. Qui, quaniquam sit unus ut praemisimus, est tamen distinctus in plura membra; in plures videlicet offlicialatus atque archipresbyteratus et vicariatus, qui ut comperimus noscuntur esse sequentes, scilicet, etc.» Hasta aquí la copia de Morales. Omite el cuadro estadístico de toda la diócesis que oportunamente daba remate al histórico. Merece la obra de D. Diego de Comontes un estudio crítico, mucho más detenido que el que acabo de hacer, limitándome á cumplir los deseos expresados por el doctísimo P. Gams (293) y por nuestro sabio compañero el Sr. La Fuente (294) ó á restituir la serie de los Obispos de Cartagena á la realidad cronológica, no sin devolver á su lugar los períodos del Bosquejo dislocados por mano, cuando no temeraria, incauta. El sabio y prudente autor alcanzó los azarosos días del cisma de Basilea, que acarreó el estrago y pérdida de Constantinopla; y fué mantenido en sus derechos por Eugenio IV y Nicolao V contra las pretensiones del Rey de Aragón Alfonso V, y las de aquella turbulenta Asamblea convertida en conciliábulo, que se propasaron nada menos que á erigir la iglesia de Orihuela en catedral independiente de la de [293] Murcia. La bula Exposcit desuper, de Nicolao V, copiada por Morales (295), fechada en 14 de Julio de 1451, cerró el debate; y entonces, á mi ver, libre ya de carga tan molesta como absorbente, se aplicó D. Diego á perfeccionar su trabajo histórico. Murió, dicen, á 6 de Marzo de 1458. El fin de su episcopado viene señalado por una carta de Enrique IV, que notifica la promoción del sucesor y que Morales (fol. 132 vuelto) describe así: «Carta del mismo S.or Rey D.n Enrique en que da cuenta como Su Santidad ha provisto de este Obispado á D.n Lope de Rivas, Prior de Osma, Oydor del Consejo de S. M y Capellan Mayor de la Reina, la qual [provisión Su Santidad] ha executado á peticion de Sus Magestades. [Fecha en] Soria, 16 Mayo 1459.» Madrid, 12 Octubre, 1883. FIDEL FITA. IV. Compendio de la historia de BurgosEn cumplimiento del encargo que se ha servido darle el señor Director de la Academia para informarla acerca de la obra de don Antonio Buitrago y Romero, titulada Compendio de la Historia de Burgos, remitida por la Dirección general de Instrucción pública para los efectos del Real decreto de 12 de Marzo de 1875, el que suscribe entiende que dicha obra no se encuentra comprendida con todo rigor en el caso del art. 3.º de aquella disposición, el cual exige la condición de relevante mérito para su propia y estricta aplicación; pues aunque revele en su autor buenas condiciones de estudio y conocimientos bastantemente bien aprovechados [294] de nuestros historiadores modernos y de las crónicas castellanas por ellos publicadas, no es el resultado de prolijas investigaciones sobre los documentos originales. Escrito, como confiesa paladinamente su autor, sin ánimo de emprender la ardua tarea de formar una verdadera Historia de Burgos, la cual sintetizase y compilase lo mucho que se ha impreso en tal materia, porque ni su suficiencia, como dice con laudable modestia, podría atreverse con obra tan superior á ella, ni las condiciones del certamen á que se presentaba, convocado por aquel Ayuntamiento, hacían presumir que fuera éste su deseo; es el trabajo de que se trata, un compendio para uso de las escuelas, dividido en capítulos y lecciones arregladas al tenor de los primeros en la forma de preguntas y respuestas para la enseñanza de los niños, disposición adecuada á sa objeto, pero que demuestran cuáles fueron las primeras pretensiones, cuyo éxito favorable ha alentado después otras más elevadas. No es tampoco haber hecho una historia lata, para luego compendiarla, como se necesitaría indudablemente, si se quiere darle el caracter de originalidad que también exige el artículo citado, sino haber extractado los sucesos principales en que funda su gloria aquella nobilísima ciudad, lo que declara haberse propuesto el Sr. Buitrago y exponerlos en un lenguaje comprensible para los niños, dando cuenta de los conocidos por la generalidad, con tal de hallarse comprobados por documentos y autores de reconocido crédito. En el desempeño de este propósito ha llenado cumplidamente, en mi juicio, los loables anhelos de la indicada Corporación municipal y las condiciones del certamen celebrado bajo los auspicios de ésta en aquella ciudad, al que ganoso de honra acudió entonces el propio señor, viendo justamente laureada su obra con el primer premio, regalo de S. M. el Rey; pero por lo mismo ha sido suficientemente recompensado en el verdadero y determinado punto á que limitaba sus legítimas aspiraciones. Ahora las extiende á recibir nuevo galardón, solicitando la protección y auxilio del Gobierno con la compra de ejemplares que se destinen á las Bibliotecas públicas; para lo cual, téngase en cuenta que el número de las oficiales de esta clase no llega á 30 [295] en toda la Península, y mejor que en ellas podrá prestar utilidad en las llamadas Bibliotecas populares la obra en cuestión, porque su interés no es el de los trabajos de crítica especial, y como resumen está localizado en la ciudad á que se refiere, no alcanzando á las otras, sino con relación á los sucesos generales consignados en las demás historias y compendios de la de España. En atención á ello, el informante cree de su deber manifestar que el caso no es en su concepto el de la aplicación del art. 3.º, sino sólo del 1.º del Real decreto mencionado, bastando á satisfacer el mérito ya ciertamente premiado sin usura en este libro, y el fin de que se distribuya entre varias Bibliotecas, la compra de 40 ejemplares, que al precio de 6 pesetas no excede de las 250 señaladas por dicho art. 1.º La Academia, no obstante, resolverá, como siempre, lo más acertado. Madrid, 25 de Mayo de 1883. MANUEL OLIVER Y HURTADO. V. Monumentos antiguos de la Iglesia CompostelanaPor encargo de la Real Academia de la Historia, he examinado con atención la obra intitulada Monumentos antiguos de la Iglesia Compostelana. Sus autores, D. Antonio López Ferreiro y el R. P. Fidel Fita, S. J. (individuos los dos de esta Academia, el primero en la clase de correspondientes y el segundo en la de numerarios), gozan ya bien ganada fama de investigadores históricos en las cuestiones relativas á Santiago y su Iglesia, y el presente libro viene á acrecentarla y confirmarla. Cualquiera que sea la opinión que se forme acerca de los modernos [296] descubrimientos relativos á la sepultura del Apóstol, siempre tendrá que reconocerse que han sido de influencia eficacísima en el desarrollo de la historiografía compostelana, como lo acreditan, entre otros documentos, el viaje arqueológico de los señores Fernández Guerra y Fita, los numerosos escritos del Sr. Ferreiro, y el libro á cuya recomendación más que censura van dirigidas estas líneas. Compónese de varias monografías, cuyos asuntos son muy diversos, y aun independientes, algunos, de la Iglesia de Santiago, aunque convengan todas ellas en estar fundadas en documentos de aquel archivo. Las recorreremos rápidamente, fijándonos con especial ahínco en las noticias nuevas que contienen. Dase noticia en el primer artículo de un solitario códice del Palacio arzobispal de Compostela, que los guardaba antes preciosísimos. Este códice es un Tumbo del siglo XV en vitela, copia de otro que los Canónigos de Santiago presentaron en 1457 al Arzobispo D. Rodrigo de Luna. Este Tumbo, escrito en gallego, presenta especial interés lingüístico, topográfico, y aun de costumbres, pudiendo recogerse en sus páginas desconocidas enseñanzas sobre el estado de la propiedad rural en Galicia, en los tiempos en que se hizo este apeo y deslinde por encargo del cabildo iriense. De Juan Rodríguez del Padron y de su hacienda, encuéntrase en este códice, mención, no inútil para concordar los datos de su vida, que va poniendo en claro el P. Fita. Encierra además este artículo, un texto del Fuero del Padrón, que sería bien cotejar con el impreso; y una escritura de D. Diego Gelmirez, de ruidosa memoria, en la cual, aquel prelado hace referencia á las invasiones de los normandos, y á sus tentativas de profanación del lugar apostólico, explicando luego, á su modo, cómo para salvar el cuerpo del Apóstol, hubo de impetrar el Rey de León por medio de sus embajadores en la curia romana, la traslación de la sede iriense á Compostela. Lo más curioso que este documento (artificioso y amañado como todas las cosas de Gelmirez), contiene, es, sin duda, la memoria de las concesiones hechas por el obispo Sisnando á la gente de guerra para defender el país de la invasión de los normandos, y las donaciones sucesivas del obispo Crescónio al cabildo de Iria, para resarcirle de las pérdidas á que [297] la liberalidad de su antecesor le había expuesto. Todo esto parece de autoridad histórica no controvertible y viene á derramar inesperada luz sobre la restauración de la canónica iriense hecha por Gelmirez en 1134, y tan de mala fe embrollada por los autores de la Historia Compostelana. Con este motivo se aclaran muy curiosos particulares geográficos respecto de los puntos de Galicia terriblemente visitados por los normandos. Si es lícito poner algún reparo á trabajo tan bien concebido como lo es esta primera monografía, quizá podrá notar alguien que, encariñados los autores con el esplendor de la Iglesia compostelana, lleguen á insinuar, aunque de pasada, indicaciones favorables al llamado Voto de Santiago, dando así fuerza al espíritu de reacción que hoy se despierta en nuestros historiógrafos locales, y que á la larga puede llevarnos á consecuencias aún más funestas que las del espíritu escéptico. Y tampoco se ha de omitir que quizá los autores conceden demasiada importancia al concilio compostelano de 987, y á la elección que, fundados no sabemos en qué ley canónica, hicieron aquellos prelados de arzobispo de Tarragona á favor del abad Cesáreo, que ahincadamente lo solicitaba. Pues aunque este hecho sirva para demostrar el gran crédito de que en toda España gozaba la sede de Compostela, hasta el punto de que los ambiciosos hiciesen servir la sombra de su autoridad para sus entremetimientos; también lo es que el Papa anuló semejante elección, viniendo á negar implícitamente la autoridad de los prelados gallegos y leoneses que la hicieron. En la segunda monografía se da cuenta de las iglesias que pertenecieron á la sede iriense antes del año 631, conforme á un códice del archivo capitular de Santiago, que lleva por título Concordias con esta ciudad, privilegios y constituciones. Este manuscrito, que como se ve, consta todo de copias, abarca el texto del Concilio de Lugo de 569, ya publicado por el P. Risco, é ilustrado por nuestros autores con enmiendas útiles, y unos apuntamientos inéditos de gran interés para la geografía gallega. Parecen fragmentos de algunas actas conciliares. En el tercer artículo reconoce lealmente el P. Fita, con la sinceridad propia del verdadero mérito, que seis de los concilios publicados por él como inéditos en 1882, estaban ya impresos en el [298] último apéndice de la colección del Sr. Tejada; y tomando pié de aquí, procede á la publicación de otras actas realmente nuevas, es á saber: las de los tres concilios de Santiago de 17 de Agosto de 1289, 27 de Mayo de 1309 y 3 de Setiembre de 1313, dando, ante todo, erudita noticia de sus fuentes, que son varios códices, todos del archivo de la Iglesia compostelana. En la memoria núm. 4 se describe un nuevo Tumbo compostelano, marcado con la letra A é ilustrado con retratos curiosísimos, de que ya se dió alguna muestra en el viaje de los Sres. Fernández Guerra y Fita. ¡Lástima que hayan perecido los demás códices compañeros de este Tumbo, que debieron ser cinco por lo menos, y formar en conjunto una serie diplomática curiosísima, ordenada por el archivero D. Bernardo, en tiempo del Emperador Alfonso VII! De los 28 obispos santos sepultados en la Iglesia de Iria se da razón en el capítulo 5.º, con motivo de una frase del Arzobispo Gelmirez en el acta de restauración de la canónica iriense. Los señores Ferreiro y Fita apuntan, no más que como conjetura, que algunos de estos obispos pudieron padecer martirio en alguna persecución suscitada por los reyes suevos contra el catolicismo. Sobre el códice calixtino de celebridad tan notoria, y cuya íntegra publicación deberán pronto los doctos al celo de esta Academia, versa la monografía sexta, donde el P. Fita reproduce y comenta de nuevo el prólogo que Arnaldo del Monte, monje de Ripoll, puso al frente de sus extractos de aquel famoso y controvertido monumento. Van á continuación el himno de Aimerico Picaud y el de los Peregrinos flamencos, que, interesante como poesía, lo será todavía más como música, cuando los doctos atinen con la clave de sus signos arcanos, y acierten á leerlos. Completan este volumen varios documentos relativos á la solemnidad de la Inmaculada Concepción, y al modo de celebrarla en Santiago durante el siglo XIV (por donde se ve que aquella Iglesia se adelantó á la misma de Cantorbery, cuyo decreto de 1329 se citaba hasta ahora como el más antiguo de los que ordenaron aquella solemnidad). Todavía ilustran más esta materia un rezo antiguo de la Inmaculada transcrito á la letra y lleno de fragmentos poéticos curiosos, la misa y el rezo de la fiesta de la Santificación [299] de Nuestra Señora, tal como se celebraba en Gerona en 1330, muy diverso del que publicaron los PP. Merino y La Canal en el tomo XLIV de la España Sagrada, cuyo texto enmienda el P. Fita con presencia de un hermoso misal del archivo gerundense, y finalmente el bellísimo oficio de la Virgen, compuesto á ruegos de Alfonso el Sabio, por Egidio ó Gil de Zamora, pieza la más curiosa para el estudio de la poesía himnológica, entre todas las coleccionadas por el P. Fita, el cual narra además con exquisita novedad las vicisitudes de la fiesta de la Santificación hasta la época del Concilio de Basilea, y trata de restaurar la verdadera lección del oficio compostelano, con ayuda de los de Toledo, León, Badajoz y Braga. No basta tan sumario extracto para dar idea de todos los descubrimientos paleográficos y arqueológicos contenidos en estas 190 páginas. La Academia dará, sin duda, la estimación debida esta obra que no es de las que pueden esperar el aplauso del vulgo, pero sí de las que el juicio de los doctos debe proteger y galardonar, facilitando y estimulando así las laboriosas pesquisas de sus autores. La Academia resolverá, como siempre, lo más oportuno. Madrid, Octubre de 1883. MARCELINO MENÉNDEZ Y PELAYO. VI. Málaga musulmanaExcmo. Sr.: Culto á la verdad, amor á la patria, son los lemas que ha estampado nuestro correspondiente D. Francisco Guillén y Robles al frente del libro, lleno de erudición y dotado de vivo interés, que se titula Málaga Musulmana. Más que en parte alguna [300] necesita la historia salir en España del angosto cauce de los moldes convencionales en que la tenía encerrada la tradición de las escuelas retóricas, más dadas á considerarla como campo donde lucir las galas del ingenio, que como asunto de pacientes pesquisas y serias meditaciones; y para alcanzar tan indispensable resultado, no hay otro camino que multiplicar los estudios parciales y las monografías ó historias particulares, y llegar, por la suma y comparación de las partes, á la creación ordenada y sólida del conjunto á que aspira la crítica moderna. Málaga Musulmana es obra de aquel género; pues se concreta, no sólo á la historia de una ciudad, sino á limitado período histórico, el de la dominación árabe, tan menospreciado por nuestras clásicos como exageradamente encomiado por los primeros renovadores de estos estudios, y que hoy empieza á verse con aspecto de verdad y medida de justicia, gracias a las numerosas publicaciones de textos bien compulsados. La consumada pericia del autor en letras orientales le ha permitido aumentar con rico caudal lo que hasta ahora se sabía de aquellos revueltos tiempos, y su lozana imaginación andaluza da á la verdad de los hechos tan vivo colorido, que impide dejar el libro de las manos, una vez empezada la lectura de cualquier capítulo. De los más importantes, por su extensión y novedad, son los que contienen la larga historia de la dinastía hamudí, preciada de nobilísima ascendencia, tenaz en su empeño de ocupar en Córdoba un trono que hubo al fin de asentar en Málaga. El verdadero concepto de las costumbres de aquellas edades resulta bien claro cuando trae á la vista la caballeresca bizarría de la familia de Esquirol ó Escallola, de pura sangre indígena, como tantas otras, procedentes de la gran masa de españoles islamizados y progenitora ésta, por línea femenina, de la brillante casa real, en cuyas manos acabó el poder musulmán en España. Con la justa severidad propia de quien ejerce el augusto ministerio de la historia, lanza el Sr. Guillén merecida censura, aun á costa de aminorar en mucho su tradicional aureola, sobre aquella gente nazarita, cuyas pasiones raheces precipitaron la catástrofe que lloran todavía los nietos de los desterrados. Preparación y anuncio de este último paso de la épica reconquista fué el asedio y expugnación [301] de Málaga; ocasión de insignes proezas y crueles desventuras, campo donde la codicia de unos y la flaqueza de otros empañaron el lustre que por igual alcanzaran para todos el honor, el ardimiento, la obstinación y el amor de la patria. La conquista de Málaga fué de las últimas en que, conforme á las costumbres antiguas, una población entera, desposeida de todos sus bienes, muebles y alhajas, era arrancada de cuajo de sus hogares y condenada á la servidumbre ó al destierro; y el corazón generoso del autor, movido por tanta lástima, marca con duro estigma la crueldad de los vencedores al cargar de cadenas al constante y valeroso Zegrí, indomable caudillo de la defensa, no menos que su avaricia, no saciada con cuantas ropas, joyas y dineros poseía la mísera y extenuada población civil, obligada á mendigar sin fruto en Granada el complemento de un rescate, que en tiempos más felices recibieran todos los cautivos muslimes de la pródiga mano de los malagueños. No basta hoy la investigación atenta de los sucesos políticos y militares para dar por acabado un trabajo histórico; el lector entendido quiere conocer la sociedad en su vida interna, con sus costumbres, sus obras, sus instituciones y sus ideales. Persuadido de esto nuestro docto correspondiente, dedica la mitad del volumen á cuanto saberse puede acerca de arqueología y letras de la Edad Media. Una de las cosas en que ha puesto mayor diligencia es en estudiar la topografía de la ciudad y sus contornos, y consultando relaciones antiguas, noticias geográficas, mapas y planos, inéditos muchos, y sobre todo, estudiando y comparando vestigios que quedan aún en algunos parajes, levanta de nuevo á los ojos del lector atento la activa cuanto estrecha factoría fenicia, el ostentoso municipio romano y la rica, populosa é inquieta ciudad árabe, transformada, por obra de las armas, en colonia de caballeros cristianos procedentes de todos los reinos de la península. La cerámica, la indumentaria, la arquitectura, y muy especialmente la numismática, nada dejan que desear en este libro, donde el número de láminas, de grabados y hasta de trozos de difícil composición en caracteres arábigos, demuestra que no se ha perdonado dispendio ni fatiga para llegar dignamente al fin deseado. [302] No menos atención que á las obras de manos se dedica en esta monografía á las del ingenio, dando á conocer la vida y escritos de los literatos malagueños, especialmente desde el tiempo en que la disolución del califato llevó á la hermosa ciudad del Mediterráneo un centro político importante. Entre multitud de teólogos y poetas descuella la simpática figura del infortunado filósofo y poeta hebreo Aben Chebirol, con la despreciable del desatentado cortesano de D. Juan I de Castilla, Garci-Fernández de Gerena, cristiano y moro, casado y ermitaño, renegado y penitente: ocupan digno puesto las memorias del docto naturalista Ebn Albéitar, cuyas obras se pueden ya disfrutar por la perseverante laboriosidad de la erudición alemana; y sobre este campo de atildados prosistas, sutiles jurisconsultos, delicados rimadores y sabios austeros, brillan como luciente constelación dos poetisas insignes, cuyas composiciones hacen pensar que, si las españolas manejaron la pluma con mayor frecuencia relativa que las demás mahometanas, consiste en que la mujer mantuvo en nuestra tierra la dignidad del puesto á que la había levantado la ley evangélica, con lo cual se ve cómo la buena semilla, si ha arraigado con vigor y lozanía, no se deja extirpar del todo por la cizaña. Las consideraciones precedentes, en que la afición á los estudios orientales no ha sido parte para exagerar por estilo alguno el mérito del nuevo libro, muestran sobradamente que es acreedor, como pocos, á la protección del Gobierno, y que merece una declaración explícita de hallarse comprendido en la letra y en el espíritu del Real decreto de 12 de Marzo de 1875. La Academia resolverá, como siempre, lo más acertado. Madrid, 27 Abril 1883. EDUARDO SAAVEDRA. [303] VariedadesEl Museo Arqueológico de Constantinopla Construida por Constantino el Grande, en los principios de la cuarta centuria; arruinada
después por un incendio en tiempo de Justiniano; reedificada por este Emperador; destruida de
nuevo por un terremoto en el siglo VIII, y levantada otra vez por León Isáurico, la iglesia de
Santa Irene en Constantinopla, parece haber conservado su primitiva planta después de tantas
vicisitudes, aunque se sospecha con fundamento que la primera, edificada por Constantino, fué
más pequeña. No es la actual la única iglesia que hubo en Constantinopla dedicada á Santa Irene:
Marciano levantó otra á la entrada del Cuerno de Oro, y otra había en un paraje llamado Por rara excepción, la iglesia cristiana de Santa Irene nunca estuvo convertida en mezquita, sirviendo, desde hace mucho tiempo, para el uso á que está destinada, de parque ó depósito de armas. La planta de esta notable iglesia bizantina es un rectángulo prolongado, con orientación de Ocaso á Oriente, dividido el interior en nave central y laterales mucho más bajas, todas ellas cerradas con bóveda y sostenidas por pilares de planta rectangular. [304] Tiene dos cúpulas de 14,50 m. de diámetro; pero la que podemos llamar principal ó de crucero, es circular, y oblonga la que se halla hacía los piés de la iglesia, en la misma nave central, separándolas un gran arco, así como otro de más anchura continúa la nave hasta la capilla mayor; de modo, que la nave central está formada, después del narteh, primero por una cúpula elíptica, que tiene su eje mayor en el sentido de la anchura de la nave, después por un gran arco, que apoya sobre gruesos pilares, luego por la gran cúpula circular, mucho más elevada que la anterior, y después por otro gran arco, tras del cual se encuentra el cascarón del ábside ó capilla mayor. La gran cúpula se levanta sobre un tambor circular, y aparece completamente diáfana, con 20 ventanas de arco semicircular, ventanas cuyos pilares ó macizos van reforzados á la parte exterior por contrafuertes, que llegan hasta el arranque de sus arcos. Sobre las bajas naves laterales se levantan las tribunas del gineceo ó sitio destinado á las mujeres. Los lados Sur y Norte del rectángulo general que forma la planta, están formados por dos grandes arcos, unidos mejor que cerrados por muros, pues estos se presentan casi diáfanos, abiertos en tres órdenes de ventanas, disposición que explica el origen de análogo cerramiento en los templos ojivales. En la actualidad, y temiendo acaso por la conservación del edificio, gran parte de estas ventanas están cerradas; pero puede formarse idea del aspecto de atrevimiento y ligereza que tendría esta iglesia, en la que aparecen suprimidos los muros continuos, sustituyéndolos con órdenes de ventanas sobrepuestas. La construcción de los muros exteriores es de hiladas de mármol y ladrillo alternadas, y ofrece la particularidad de que las uniones ó lecho de la argamasa, principalmente en las de ladrillo, tienen un espesor de 4 á 5 centímetros, y llevan un relieve moldeado en forma, ya de greca angulosa ó ya de meandro. Las cubiertas están resguardadas con plomo y los frontones con tejas. El interior de este templo, en su decorado, es tan sencillo como majestuoso. Solamente le
adornan algunas molduras de mármol blanco fuertemente perfiladas, y las bóvedas conservan
todavía, en parte, la rica decoración de mosaicos á la manera bizantina, que las enriquecían. Los
antepechos del gineceo faltan hoy, y no puede [305] conjeturarse cómo estarían formados. El
narteh El vestíbulo conduce á una construcción más reciente, donde se ha establecido el Museo arqueológico, de que en breve hablaremos, y el interior de la iglesia está lleno completamente de armas modernas simétricamente colocadas, y que nada ofrecen de particular al viajero, sino el triste convencimiento de que lo único que se encuentra siempre más adelantado en todos los pueblos, es cuanto se refiere á los medios de destrucción y de destrozarse la humanidad en fratricidas é inútiles luchas, que cada vez la apartan más y más de su anhelado perfeccionamiento. ¡Cuándo llegará el día en que el hombre comprenda que el único medio de realizar su misión en la tierra, es enlazarse con sus semejantes por el amor fraternal de su común origen, y acercarse á Dios por las conquistas siempre fecundas de la inteligencia! En el fondo del ábside encuéntranse también armas que ofrecen recuerdos históricos. Allí está el temido alfanje de Mahomet II, un brazal de Tamerlán, cascos circasianos, estandartes rojos y verdes, de los cuales uno, llamado la bandera de Alí, lleva en el centro tres espadas sobre fondo rojo; cotas de malla, llaves de muchas ciudades conquistadas, y otros objetos análogos, de interés para los turcos, por recordarles sus pasadas glorias. En el vestíbulo encuéntranse también los timbales y las célebres marmitas de los genízaros, grupos de antiguas alabardas, un arco de metal, persa, antiguos cañones y culebrinas, y formando extraño contraste con tan bélico aparato, la antigua campana de Santa Sofía. En la parte alta ó galería del vestíbulo hallábase colocado, cuando nosotros visitamos aquella artística iglesia, el célebre Museo de los genízaros ó Elbicél-Ateka, frase que, literalmente traducida, quiere decir trajes antiguos; museo interesante hoy, que van estos [306] desapareciendo, viéndose sustituidos por el uniforme nizan. En aquella colección indumentaria, de más de 300 maniquís, se encuentran los principales funcionarios de los antiguos Sultanes, desde el visir y los ministros superiores, hasta los eunucos negros y blancos, y los oficiales y soldados de los genízaros, trajes todos llenos de variedad, y cuya descripción necesitaría un extenso volumen. El Museo de antigüedades á que hace poco nos referimos, puede considerarse todavía en formación, á pesar de los esfuerzos de su director, Carabella Effendi, con cuya amistad me honro, y en cuya compañía pasé no pocas horas estudiando aquellos restos de las pasadas edades. Se fundó este Museo en 1869, siendo gran visir Alí Pachá, y es digno de ser conocido el breve, pero bien pensado reglamento que para ello se dió, pues habla muy alto en favor de la cultura de ciertos personajes turcos, demostrándonos hasta dónde podrían llegar en el camino de los modernos adelantos, si no tuvieran que luchar á cada instante con la rémora de los tradicionalistas, que no se toman ni el trabajo de estudiar lo moderno, sólo porque lo es. Dice así el preámbulo de este notable documento: «Nadie ignora la alta importancia que tienen las colecciones de objetos antiguos, tanto bajo el punto de vista de los conocimientos históricos, como respecto á las ventajas especiales que producen; siendo estos los móviles que han decidido a casi todos los países fundar esos espléndidos Museos, donde semejantes objetos, expuestos convenientemente, atraen con justo motivo la admiración de los conocedores en tales materias. »Así, el Gobierno del Sultán, considerando á su vez la utilidad de tal institución, particularmente en las vastas Posesiones otomanas, conocidas por su riqueza en antigüedades, como lo demuestran preciosos descubrimientos hechos en el país, había, hace tiempo, concebido el proyecto de fundar en Constantinopla un Museo, adoptando, entre otras medidas encaminadas al propósito, la de imponer á los que buscan antigüedades, la obligación de ceder al Estado, siempre que descubriesen dos ejemplares de un mismo objeto, uno de ellos. La experiencia, sin embargo, ha demostrado cuán raro es encontrar más de una pieza de un [307] mismo objeto antiguo, y lo poco que se descubría era además fácilmente sustraído á la vigilancia de la Administración. Por tales causas, todas las medidas adoptadas no han respondido al objeto propuesto, y el Museo en cuestión quedaba siempre en estado de proyecto. El Gobierno de S. M. I., no queriendo continúe así por más tiempo obra de tal importancia, ha encargado, por medio de un Iradé Imperial al ministro de Instrucción pública, la redacción de un reglamento más completo para la búsqueda de antigüedades, y proceder al mismo tiempo á la formación del Museo antedicho. Conforme á esta orden imperial, aquel departamento tiene el encargo de ocuparse en todo lo que se refiera, así a la clasificación, como á, la conservación de las antigüedades reunidas ó por reunir en este Museo, y á subvenir á sus gastos mediante un capítulo especial de su presupuesto.» Véanse ahora sus artículos: «Artículo 1.º Toda petición de autorización para hacer excavaciones en los Estados de S. M. I. el Sultán, debe ser previamente dirigida al Ministerio de Instrucción pública, y en parte alguna podrán llevarse á cabo sin autorización oficial. »Art. 2.º Queda expresamente probibido, a las personas que hagan excavaciones en el Imperio con autorización del Gobierno, en los parajes donde no existan inconvenientes para ello, exportar al extranjero los objetos antiguos que puedan descubrir. Pueden, sin embargo, venderlos dentro del Imperio, ya sea á particulares, ya al Estado si los pidiese. »Art. 3.º Todo objeto antiguo descubierto en propiedad particular, corresponde al dueño del terreno. »Art. 4.º Las monedas antiguas, de toda especie, están exceptuadas de la prohibición de exportación, prescrita por el articulo 2.º |