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Retórica y emblemática en «El sueño», de Sor Juana Inés de la CruzRocío Olivares Zorrilla Hace un año, en el IV Seminario de Emblemática Filippo Picinelli, celebrado en Zamora, en el Colegio de Michoacán1, exponía yo un pequeño sistema hermenéutico para interpretar el Primero sueño de Sor Juana Inés de la Cruz como una alegoría simbólica entre cuyos principales componentes está una serie de figuras emblemáticas encadenadas a lo largo del poema2. Haré una descripción sucinta de esta propuesta antes de continuar con una serie de reflexiones centradas, sobre todo, en las propuestas de Baltasar Gracián respecto a lo que él llama Por otro lado, Gracián y todos sus contemporáneos, como Sor Juana, dan al enigma el sentido de Dados estos antecedentes, habrá que precisar que las agudezas compuestas de Baltasar Gracián pueden ser incomplejas o ficcionales. En Agudeza y arte de ingenio nos ofrece sendas clasificaciones. Las incomplejas pueden ser la proporción (o comparación, en términos actuales), la improporción (o antítesis), el reparo (o restauración o retoque, en términos pictóricos, del que hablaré más adelante), el encarecimiento (o hipérbole) y la alternación o combinación de las anteriores16. Antes de abordar las ficcionales menciona las compuestas por metáforas, donde también se refiere al panegírico que debemos entender como hipérbole continuada. Al tratar las agudezas compuestas ficcionales, las divide entre las fingidas en común y las fingidas en especial. Esta división la hemos de entender, aunque no lo explique Gracián, en cuanto a los casos concretos, es decir, en cuanto al uso particular de los procedimientos, ya sea para expresar algo natural y de común entendimiento, o para expresar algo sublime, como es la anagogía. Esta diferenciación en cuanto al uso particular explica por qué Gracián repite algunas de las subdivisiones en las Ya en el siglo anterior, Fray Luis de Granada exponía en su Retórica eclesiástica, al referirse a la amplificatio, el partir de las causas, efectos y circunstancias del objeto traslato en relación con los diversos procesos de amplificación. En los mismos términos recomienda Gracián partir del objeto que ha de ser base de la agudeza, para realizar, mediante un careo18 o cotejo, las elecciones adecuadas al procedimiento que ha de seguir. Y si Fray Luis habla de las distintas formas descriptivas, es decir, el encarecimiento, el símil y el contraste19, encontramos que Gracián las enmarca en el inciso de las agudezas incomplejas, sin mencionar el término descripción, puesto que este procedimiento está comprendido en las agudezas ficcionales. Fray Luis, a su vez, en su clasificación de los tropos, menciona la alegoría (en un sentido simple), el énfasis (sinónimo de enigma, utilizado varias veces por Sor Juana)20 y el ejemplo21. La propuesta de Gracián reubica estos procedimientos o los precisa según su propia concepción de la agudeza, a la vez aporta otros muchos emanados de los cuadros genéricos: epopeyas, sátiras, sentencias, diálogos, y otros. Conviene hacer la observación de que la Agudeza y arte de ingenio fue con gran probabilidad el sustento de dos conocidos textos novohispanos. Por un lado, la Carta Athenagorica de Sor Juana, compuesta mediante lo que Gracián llama reparos, definiéndolos como restituciones parciales de sentido, y cuya relación con el arte pictórico nos permite entenderlos como los retoques sucesivos de una pintura, cuya unión final en un ñudo gordio o nudo gordiano -para Sor Juana Tenemos, al fin, una cuestión central en el procedimiento general de la agudeza, que Gracián llama acolutia o acolucia24. En esta noción encontramos la clave para interpretar la alegoría totalizadora y emblemática del Primero sueño de Sor Juana que mencioné al inicio de este ensayo y cuya imagen es la pirámide, como explicaré a continuación. Dice Gracián al respecto de la acolucia que es la trabazón de los discursos: esto es, el ajuste, conexión, acomodación o correspondencia que se deriva de una ponderación de las partes -de sus propiedades y circunstancias- con el todo del sujeto traslato. En una nota de la edición de Evaristo Correa Calderón, sin que podamos atribuirla con seguridad a Gracián o al editor, se habla de una Es por demás interesante que Gracián se valga del término de acolutia, el cual aparece no en las retóricas comunes, sino en los manuales de liturgia y en los tratados de música en relación con el canto gregoriano. Gracián insiste en el sentido de orden y conexión, y es precisamente el que se le atribuye a la acolucia en la liturgia ortodoxa, cuyo ritual es émulo del orden celestial y tiene una secuencia muy precisa. Justamente con ese sentido de «secuencia» la encontramos referida al canto llano, aunque no sea exacta la correspondencia. Las secuencias y tropos fueron, precisamente, textos con música acomodados a una sola sílaba de ciertas partes cantadas de la misa o del oficio de horas. Es decir, lo que en el primitivo canto llano era una sílaba y una sola nota o pneuma, en la que empezaron a introducirse melismas o descomposiciones en varias notas de cada sílaba, acabó por convertirse, mediante la adición de texto a los pneumas melismáticos, en todo un subgénero, ya fuesen frases o versos, ya himnos completos correspondientes a una sola sílaba del Aleluya o del Kyrie. Las secuencias fueron así, en un principio, repeticiones progresivas del último verso del canto principal del Aleluya; su desarrollo ulterior como texto y música llegó a hacer de ellas un género independiente, el cual sirvió de base al drama litúrgico29. Mientras tanto, los tropos -frecuentes en el Kyrie, sin que necesariamente se limiten a éste- fueron inserciones de carácter musical y poético en las que se vierten -de ahí el término equivalente de versus- sentido, tono y estilo del canto principal. Actualmente se ha considerado que hay en los tropos y troparios medievales una supremacía de lo musical sobre lo literario. Sin embargo, en el momento culminante de su uso, alrededor del siglo XII, se consideraba de gran importancia el contenido textual, a través del cual los monjes lucían su gran erudición bíblica, evangélica y teológica. Este afán es el que explica actualmente, más que el posible origen en la liturgia bizantina, la existencia de los tropos y secuencias30. La acolutia será, pues, el orden riguroso y la conveniencia de los tropos y secuencias ajustados al canto principal en la música gregoriana. No es extraño que Gracián, un jesuita, se valga de este término. La connotación teologal de la acolutia, referida al procedimiento de la agudeza, debió ser especialmente observada también por Sor Juana. Su relación con el empleo de jeroglíficos ya está mencionada por Francisco Terrones del Caño, a quien Gracián cita bajo los apellidos Aguilar de Terrones como el epítome del uso atinado de las acolucias. En su Instrucción de predicadores, Terrones recomienda, al tratar la inventio, el uso moderado de jeroglíficos, que, como Se presenta ahora la cuestión del empleo de la acolutia en un sentido exclusivamente retórico. A diferencia de la canónica figura retórica de la anacolutia, la acolutia no implica una ruptura más o menos violenta del discurso gramatical, sino sobre todo un orden determinado de las partes en el todo. Al provenir de la terminología litúrgico-musical, la acolutia nos coloca en el ámbito de lo retórico-musical. En tiempos de Sor Juana ya había pesado la prohibición que el Concilio de Trento hiciera de los tropos y secuencias en la música eclesiástica, excepto cinco contados, por los considerados excesos distractores de los amantes de la música. Uno de los que se quejan amargamente contra
Algo parecido dirá Sor Juana en su Respuesta a Sor Filotea, sólo que aplicado al silencio elocuente:
Para Cerone, el haber desde veinticinco hasta cincuenta La clasificación más aceptada que se ha hecho de los tropos musicales es la que aparece en la Encyclopédie de la Pléiade38, tomada de Chailley, su primer clasificador: tropos de adaptación, de desarrollo, de interpolación, de encuadre, de complemento y de sustitución. Considero esta clasificación fundamentalmente descriptiva del fenómeno mismo de los tropos y sus distintas funciones en la composición principal. Chailley39 atiende al paulatino desarrollo de tropos y secuencias en cuanto género musical, pero sus distintas formas de dependencia e independencia del texto amplificado corresponden a una gradación en la relación y función que se establece entre los textos insertos en la composición básica, en este caso, el Primero sueño. Por otra parte, en el encuentro de Zamora sugerí una serie de figuras retóricas como las más adecuadas, dentro de la clasificación de Vinsauf, al uso de emblemas en un discurso poético. Entre ellas estaban, desde luego, como formas de la amplificatio: el circunloquio, la comparación y la descripción. Además, dentro de los adornos, los emblemas suelen expresarse de preferencia como los adornos los difíciles: la paráfrasis y la alegoría, y otros más: la pragmatografía40, la expolición, el paradigma y el icono. No obstante, el recurso de Sor Juana no sólo a las propuestas de Gracián, sino a las propias de otras «series»41 no literarias es muy probable, sobre todo ante la confluencia barroca de distintas formas de representación artística. Era una particularidad estilística que los creadores no pusiesen barreras entre las distintas artes, sino por el contrario, aprovecharan las estructuras subyacentes de las diversas composiciones de tal o cual arte específico dentro del propio programa creativo. Lejos de ser aventurada, pues, la consideración de un texto artístico según diversos cruces intertextuales y contextuales, resulta iluminadora de zonas significativas que de otra suerte pasarían desapercibidas en la búsqueda de un sentido integral de la obra. Así, podemos valorar la inserción de los emblemas en el poema como variantes compositivas que ponen en juego las partes con el todo. Este juego es lo que Gracián denomina agudeza. De la clasificación de las agudezas que hace Gracián, debemos tomar muy en cuenta las compuestas en especial, no sólo por su carácter ficcional, que es el correspondiente a la representación emblemática, sino por lo sublime del tema y por los variados géneros susceptibles de acomodación en el discurso básico. Es evidente que por sublime debemos entender anagógico o teologal. El propósito anagógico mismo, además de la forma concreta de inserción, va indicando la relativa (las partes con el todo y las partes entre sí) importancia de cada segmento emblemático. Por ejemplo, los emblemas de las aves nocturnas respetan («musicalmente») el tema y el tono de la introducción o pórtico del Primero sueño, y su naturaleza retórica es la de la alegoría simple (representación concreta de una abstracción), sólo que su uso particular, la compartida connotación de la vigilancia nocturna y teologal, las coloca entre las agudezas fingidas en especial. Compositivamente corresponderían a los tropos de adaptación, que son los más mnemotécnicos de todos y siguen con estrecha fidelidad el texto y la melodía preexistentes: en este caso, el cuadro de la noche universal. De modo similar correspondería al tropo de adaptación la figura de Harpócrates, pese a su importancia emblemática, pues está funcionando en estricta gramática sólo como aposición o atributo de la noche y reafirma su tono y tema, aunque en su connotación teologal se refiere al discurso inarticulado propio de la mística, registrado por Plutarco y por Kircher, lo que también lo incluye entre las agudezas sublimes. Los animales diurnos coparticipan de las características figurales de los nocturnos, sólo que juntos acceden a otro tipo de representación emblemática más compleja, la del consilio o consejo, de naturaleza estrictamente anagógica o teologal. El largo desarrollo del águila semidormida, que se repite poco más tarde con el ave en pleno vuelo, correspondería no sólo a las agudezas ficcionales, sino también a los tropos de desarrollo que, al intercalar un texto, elaboran melódicamente lo que aparece en su modelo, y son los más conocidos como secuencias o prosas. El faro de Alejandría es, evidentemente, además de una fábula o agudeza ficcional, una verdadera interpolación. Los tropos de este tipo intercalan comentarios entre las palabras del texto base, y su originalidad radica en el cambio de registros melódicos. De hecho, el carácter de inserción es propio casi de todas las apariciones emblemáticas en el poema sorjuanino, pero la interpolación es evidente en el faro y, por ejemplo, en la nave naufragante. Las últimas clases de tropos se relacionan con las agudezas compuestas ficcionales en un sentido sublime de Gracián. El tropo de encuadre consiste en comentarios al principio o al final de la composición básica, más que en su medio; de él se desarrollarán los preludios y epílogos. El emblema más parecido al tropo de encuadre en el poema de Sor Juana es el de la propia pirámide, por cuanto inicia y concluye el poema como sombra de la tierra y luz solar, además de darle estructura también desde su desdoblamiento y superposición en el centro del mismo. Mas la pirámide tiene a su vez las características del tropo de sustitución, puesto que es la alegoría totalizadora del Primero sueño y lo parafrasea emblemáticamente. Es, como icono, esa propuesta universal de la que habla Gracián como cabeza que une o ata todas las demás agudezas de significado parcial. Por otra parte, el tropo de complemento será en el canto gregoriano origen del llamado conductus, es decir, canto lírico que liga dos momentos del oficio. Hay en el Primero sueño, cierto, emblemas de transición, esto es, que sirven para enlazar dos momentos de mayor importancia desarrollándolos temáticamente, como sucede con el de Faetón o el de Alcides y Atlas. Para ilustrar con mayor detalle los conceptos anteriores, valga un solo ejemplo tomado del Primero sueño: la figura de Harpócrates, que antes de mi propuesta de una lectura emblemática integral del poema, en 199542, no había sido considerada como parte del Primero sueño a partir de sus representaciones emblemáticas ni de toda su significación simbólica, que deriva de la obra de Plutarco, leído y citado por Sor Juana. Veamos primeramente cuánto puede alcanzar la tesitura emblemática para explicarnos el papel de esta presencia en el poema: al principio del Primero sueño, el «son intercadente de la "turba temerosa" de las aves nocturnas, se despliega con lentitud...»
Una de las partes más felices de la exégesis Pedro Álvarez de Lugo44, comentarista del Primero sueño contemporáneo de Sor Juana, y natural de las Islas Canarias, es la que se refiere a estos versos de El sueño en que aparece Harpócrates. En esa explicación ya teníamos, desde el siglo XVII, una interpretación bastante completa de esta figura y su papel en el poema. Un acierto es sentar claramente que Harpócrates es una aposición de la noche, luego aparece como una doble metáfora:
El emblema del dios del silencio es, por tanto una manera de nombrar la noche silenciosa
De los datos que ofrece Álvarez de Lugo, los más relevantes son los de Alejandro de Alejandro: Harpócrates es hijo prematuro de Isis y Osiris y nació sin lengua, por lo que es dios del silencio y se representa con un dedo en la boca47. El emblema de Alciato alude al conveniente silencio de los necios, y su significación probablemente surge del atributo de Harpócrates al que alude Plutarco48. De los autores citados por Kircher en torno a Harpócrates49 el más importante es Plutarco. Refiere éste en Sobre Isis y Osiris50 la relación del dios con el solsticio de invierno, cuyos primeros brotes en la región del Nilo simbolizan el regreso de Osiris hasta el equinoccio de la primavera. Como Isis lo concibió de Osiris post mortem, nació
Este «razonamiento» imperfecto -inarticulatae orationes, cita Kircher- que le hace aconsejar el silencio, puede aplicarse muy bien a la «no canora» «capilla pavorosa» de El sueño: chirridos de murciélagos y escalofriantes gemidos de búhos y lechuzas. La palabra imperfecta, embrionaria y desarticulada -esto último en apariencia, como en el hipérbaton- es una preocupación recurrente en la poesía de Sor Juana. Pilar Pedraza da cuenta en su sustancioso ensayo52 de todas las implicaciones de Harpócrates con la cultura del Renacimiento y el Barroco: Maquiavelo y Tácito, como sustrato básico. Luego la versión de los emblemistas: Vaenius (quien ilustra a Horacio), Alciato, Ripa y Valeriano. Otro significado más es el que iguala a Harpócrates con el Minotauro, oculto en lo más recóndito del laberinto, como suelen estar ocultos en lo más profundo del símbolo los significados enigmáticos53. Sin embargo todos los sentidos, con su diversa aplicación, indican el valor de la prudencia, tan caro en el Siglo de Oro como cualidad del príncipe y de todo buen cristiano. En un sentido teologal la figura de Harpócrates parece apuntar también a la idea del dios oculto de Nicolás de Cusa, sólo accesible por la vía negativa o por la docta ignorantia. Edgar Wind, por su parte, relaciona a Harpócrates con los teólogos negativos del Renacimiento, seguidores de Nicolás de Cusa, y con la filosofía pitagórica54. Harpócrates -la noche- recibe las reverberaciones de la sombra piramidal y de las aves nocturnas en la silva de Sor Juana. Es la noche y es severo maestro de capilla, como lo fue Sor Juana. Responde, asimismo, al tempo impuesto por el emblema difusamente aludido de sedendo et surgendo o festina lente. Su relación con el secreto o «consilio» nos prepara también para la revelación del mundo interno, el cual pronto se desplegará frente al ojo de la imaginación. Ahora bien, veamos cómo Sor Juana engarza retóricamente esta figura emblemática en el Primero sueño, como indicamos inicialmente. Harpócrates, como aposición de la noche, intensifica la naturaleza temática y tonal de todas las alusiones nocturnas al principio del poema. En ese sentido funciona como un tropo de adaptación. Otras isotopías de la tradición emblemática de Harpócrates presentes en el poema son las relativas al sigilo teologal o secreto sagrado. Sin embargo, como decíamos, dichos alcances anagógicos de su simbología hacen de Harpócrates una agudeza sublime, según la clasificación de Baltasar Gracián. Ambas tipificaciones se ajustan al simbolismo y a la operatividad de la figura en el poema. La primera, correspondiente a la tradición musical, caracteriza la alusión a Harpócrates como un refuerzo isotópico del silencio y la quietud que se describe en el discurso poético, y es la aludida por el mismo Gracián al referirse a la acolutia como mecanismo de engarce entre géneros diversos; en este caso hay una adaptación del emblema al discurso poético. La segunda tipificación es resultado de las isotopías semánticas sobre el sueño lúcido y la proximidad de una revelación o secreto sagrado, elemento activo de significación en diversas fuentes de donde proviene la figura emblemática de Harpócrates. No es extraño que en el siglo de las primeras óperas y del teatro calderoniano, tan presente en Sor Juana, siglo en el que las artes se conjugan polifónicamente, sea el mismo en el que se enmarque el desarrollo de la silva como espacio de gran amplitud compositiva y representacional. Una vez más, como sucede con todas las grandes obras del Barroco, nos encontramos ante un texto de múltiples niveles para múltiples lectores. Es cierto que la pirámide de lectores avisados -o aguzados- se estrecha hacia su punta, pero también es cierto que artistas y poetas solían complacerse en hacer de sus máquinas un verdadero alarde artístico destinado a ser entendido cabalmente sólo por un público selecto. El fasto y colorido operístico, por ejemplo, invita a varias lecturas superpuestas, y los compositores sabían dosificar y combinar los códigos de su tiempo en varias capas significativas. Sor Juana tiene en Calderón una fuente de inspiración artística y en Gracián el sustento teórico tan caro a los poetas barrocos. El sentido teologal privilegiado por Gracián se impulsa, en buena medida y a través de la oratoria, a partir del resorte de la concepción litúrgico-musical de los oficios eclesiásticos. Sea cierto o no, también, el origen bizantino de la acolucia, es precisamente dicho procedimiento el que exige y ayuda a expresar un contenido escatológico en la composición artística. Gracián se refiere a la palabra ingenio cuando aborda la erudición en la etapa de la inventio y las diversas formas de elocución: Bibliohemerografía citada
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