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Aureliano Fernández-Guerra
Por encargo de nuestro muy erudito y celoso correspondiente en Córdoba el doctor D. Victoriano Rivera Romero, presento á la Academia el calco de notable y nueva inscripción cristiana, descubierta á principios de Mayo último en el sitio denominado Linares, distante como una legua hacia el septentrión de la misma ciudad de Córdoba. Es memoria sepulcral del año 682, segundo en que imperó Ervigio, y dice así:
El epígrafe tiene de alto 63
centímetros, y de ancho 26. Muestra ligadas en el renglón
2.º la A y la M; en el 6.º, la U y la T, y dentro de aquella la I,
correspondientes á la voz migravit; y
No recuerdo en nuestra epigrafía el nombre de persona llamada Anerio; ni mencionada la era 720, pues la que inventaría el libro debido al Sr. Hübner, Inscriptiones Hispaniae Christianae, es errata de imprenta. Con razón, pues, el doctor Rivera Romero califica de interesante y curiosa esta lápida, por su fecha y demás particularidades. Consagrado el benemérito profesor del Instituto cordobés á esclarecer la historia de la villa de Porcuna donde fué la renombrada Obulco, esforzándose por arrancar el secreto á sus medallas autónomas, indescifradas hasta ahora, y juntando gran copia de epígrafes latinos, goza en comunicar sus descubrimientos á la Academia y á los estudiosos, libre de avaricia y de vanidad literarias. Le debemos las siguientes INSCRIPCIONES DE PORCUNA, DESCONOCIDAS. 1.ª Del tiempo de la República romana. Pareció no lejos de la villa el año de 1881, y está en la huerta de D. José Menjívar. Alto 40 centímetros; y 52 de ancho.
Nos eran conocidos una Ofillia Fusca en Albarracín, y un Ofelio Apulonio en Cartagena434; y resultan nuevos ahora la forma Ofeillie y el nombre Naveus. El cual puesto en genitivo sin el aditamento de filia, suministra un dato más al estudio del patronímico español. 2.ª De época antoniniana. Piedra arenisca, hallada en Junio de 1883: su altura, 1,38; su ancho, 0,56. Adquirida por el señor Rivera Romero, existe en su gabinete de antigüedades:
Así la describe y traduce con acierto el digno correspondiente. 3.ª Visigótica del siglo VI. Salió de entre escombros, al derribar por Agosto de 1880 el arco de Nuestra Señora de los Remedios, contiguo á las casas consistoriales de Porcuna. Daba paso aquel arco á la antigua fortaleza, de que solo quedan en pie algunas torres y varios trozos de muralla. Resto de ornamentación de muy viejo edificio la piedra, hubo de aprovecharse después para esculpir en uno de sus lados el escudo de la orden militar de Calatrava. Ocupa el letrero una extensión de 0,41 de alto por 0,23 en ancho. Y dice:
Repárese estar escritas en signos de mayor tamaño las palabras Cella Sanctae Mariae; y que, borrada la última letra del primer renglón, tanto la hemos de creer A, como E (¿recondita, ó recondit(a)e?), supuesto que los renglones, si empiezan todos en una línea común vertical, no acaban en otra semejante. En la 5.ª distingue obulconense nuestro colega; yo, con seguridad obulconenge. Al interpretar la inscripción disentimos el Sr. Rivera Romero, el Sr. D. Fidel Fita y yo. Hé aquí las tres diferentes versiones. La del Sr. Rivera Romero:
El Sr. Fita sospecha que pudo haber sido el monumento pie de un altar; y faltarle la expresión de los huesos (ossa) de santos ó reliquias (reliquiae) depositadas en el ara y mencionadas en otro epígrafe. Entiende, pues: Yo me inclino mucho á suponer
que este mármol haya sido pedestal de muy rica ó muy devota
imagen, escondida en paraje seguro por los fieles, durante las expoliadoras y
feroces incursiones y guerras de los Silingos desde 411 á 419, ó
de los otros
Gracias á nuestra epigrafía romana, está fuera de duda que los antiguos españoles se gozaban en levantar simulacros de oro y plata, no solamente á las deidades olímpicas, sino también á personas particulares, no rara vez engalanándolas con riquísimas joyas. Díganlo, en Mérida, el busto de Tito, que pesaba cinco libras de oro, dedicado por la provincia Lusitania; en Guadix, la gran estatua de Isis, costeada por Fabia Fabiana, y abrumada de collares, anillos y preseas de sumo valor; y, en fin, cerca de Loja, la estatua cubierta de pedrería que Postumia Aciliana mandó, por testamento, se le erigiese. Pues con mayor razón la España cristiana honró las santas imágenes, labrándolas de precioso metal, adornándolas y juntamente los altares, de riquísimas joyas. Bien lo patentizó el tesoro de Guarrazar (Toledo), desenterrado á 15 de Agosto de 1860, mostrándonos que los próceres visigodos, cual Sónnica, se apresuraban á ofrecer la diadema de su frente á Sancta María Insórbaces, al propio tiempo que le consagraban sus coronas reales tan devotos príncipes como Reccesvinto y Ervigio. Ni en pobrísima y calamitosa edad fueron menos espléndidos los primeros reyes de Asturias; y por los años de 891, Alfonso III ofrece al monasterio de San Adrián y Santa Natalia patenas y cálices, cruces, lámparas y coronas de plata, y cuatro coronas de oro. Por consiguiente, ha de sernos licito
conjeturar que poseyera
Obulco una efigie del Redentor ó una
imagen de su Madre Santísima, ya de preciado metal ó ricamente
alhajada, ya de madera pero de gran veneración; y que la pusiesen
á buen recaudo en pobre monasterio personas advertidas, cuando la
irrupción de los Bárbaros, ni más ni menos que cuando la
de los Árabes se
La forma de letra en la inscripción de Obulco, pertenece seguramente á los últimos años de la centuria VI. Y dada mi conjetura de haberse de relacionar el epígrafe con una imagen escondida á principios del siglo V, hay que inferir, ó que la memoria del escondrijo se perdió, ó que si vino á transmitirse de unos monjes en otros, no hallaron sazón oportuna de restituirla á su prístino estado hasta que en España tuvo paz y predominio la Iglesia de Dios, merced al católico Recaredo. A más de tan curiosa piedra, sacóse de entre las ruinas un fragmento de inscripción arábiga, al ser demolido el arco de los Remedios; y solo contiene la vulgar fórmula: «En el nombre de Dios clemente y misericordioso.» Nota el Sr. Rivera. Romero que en pueblo donde abundan los epígrafes latinos, jamás ha logrado ver otro arábigo. Inscripción de Lucena. Por último, el Sr. Rivera Romero envia también calco de la inscripción sepulcral de un descendiente del príncipe Atanahildo, descubierta el año de 1874, en jurisdicción de Lucena, cortijo del Chato, cerca de la linde con Puente-Jenil y del sitio denominado Molino de Castil-Anzul, la cual publiqué yo á la página 152 de mi contestación académica al Sr. La Rada y Delgado (27 de Junio de 1875). De esta lápida es hoy dueño nuestro Correspondiente; y en su casa de Córdoba, calle de los Manueles, 2, se conserva con merecido aprecio. Refiérese la piedra á un nieto de aquel opulento magnate que, en 743, empuñó el cetro del reino católico é independiente fundado en las comarcas del Segura por Teodomiro, cuando la pérdida de España. Y no brinda solo con interés histórico, sino paleográfico, así por la forma, diversos tamaños y variedad de los caracteres, como por verse enlazados los más y embebidos frecuentemente unos en otros. La lectura, sin embargo, resulta fácil y verdadera, por la perfecta conservación del monumento. El diligentísimo Hübner,
al tomar de mi Discurso y reproducir
Abierta en mármol blanco la inscripción, mide 59 centimetros de alto, por 32 de ancho; y reducida por mí á letras minúsculas cursivas, en esta página, dice lo siguiente: 7 catholicus, unidas la T y H muy claramente en el calco. 12 sexdenum, unida la V á la M en los trazos del centro. «Aquí se encierra un
nieto de aquel varón máximo á quien su siglo, ya remoto,
apellidaba Atanahildo. Engendróle Sindomiro su padre en el campo de
Baeza, y se le puso en la pila bautismal, por nombre, Juan el Eximio. Sabio,
benigno, sencillo en sus palabras, honor de la cristiana Iglesia, cuyas
dignidades no ambicionó jamás, católico valiente, preclaro
alumno ortodoxo á maravilla, júntese á los bienaventurados
en las mansiones celestiales, y reine con Cristo á quien adoró
como á Dios misericordioso.
La E de abajo paréceme inicial del nombre del poeta. El nieto del príncipe Atanahildo nació cuando en León reinaba D. Ordoño I, y en Córdoba, Abderrahman II; vivió en los días de prueba en que el atrevido Omar ben Hafsón, nuevo Pelayo, hizo de las sierras de Málaga y de la Alpujarra un glorioso propugnáculo de la fe; y murió, imperando en Córdoba Abderrahman III, y en León D. Alfonso IV el Monge. La Academia está en el caso de hacer públicos su gratitud y lo mucho que aprecia á tan docto, generoso y activo correspondiente como el Sr. D. Victoriano Rivera Romero. Madrid 10 de Junio de 1887. AURELIANO FERNÁNDEZ-GUERRA.
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