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    Boletín de la Real Academia de la Historia [Publicaciones periódicas]. Tomo 2, Año 1882
    
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Cuaderno V. Mayo, 1883

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Acuerdos y discusiones de la Academia (Noticias)

NOTICIAS

     El domingo 13 del corriente mes tomó posesión, en junta pública y solemne de la Academia, de su plaza de individuo de número el Sr. D. Marcelino Menéndez Pelayo, quien leyó un luminoso discurso acerca del arte en la Historia, contestándole á nombre del Cuerpo el académico Sr. Fernández Guerra. Entre el numeroso público, que por completo llenaba la sala de sesiones, se distinguian algunos extranjeros notables por la celebridad de sus obras, y en los sillones del estrado fué numeroso el concurso de individuos de la Real Academia Española, cuyo director tomó asiento á la derecha del de la nuestra.

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     Se hallan muy adelantados los trabajos preparatorios del tomo primero de la Colección de Cortes de la Corona de Aragón, habiéndose utilizado para ello los más notables códices que contienen los Usajes de Barcelona; como son, por ejemplo, los de la Biblioteca del Escorial (j. O. 12=ij. Z. 13=ij. Z. 14), y sobre todo, los Registros originales y auténticos que obran en el Archivo general de la Corona.

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     El discurso preliminar confiado al celo inteligente del académico Sr. Colmeiro, que sirve de comentario é introducción á las [306] Cortes de León y de Castilla, lleva su impresión hasta el fin del reinado de Alfonso XI.

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     El tomo IX de Memorias de la Academia, donde, entre otras, tanto ha excitado el interés de los eruditos la del Sr. D. Eduard Saavedra, describiendo la vía romana desde Úxama hasta Augustobriga, ha sido muy solicitado en el extranjero. La comisión nombrada al efecto, se ocupa activamente en la preparación del tomo X.

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     El académico Sr. Rada y Delgado ha presentado á la Academia su última publicación descriptiva del viaje que en el año 1882 hicieron SS. MM. los Reyes de España al vecino reino de Portugal. Los datos históricos y arqueológicos de que siembra el. Sr. Rada su precioso libro, contribuirán á poner en claro algunos puntos dudosos que atañen á la historia antigua y á la geografía de las dos naciones hermanas.

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     El Sr. Fernández Duro, ponente de la Comisión nombrada para dilucidar la cuestión del desembarco de Cristóbal Colón en el continente americano, ha presentado extensa Memoria fundada en los documentos originales del pleito entre la casa de Colón y el Consejo de Indias. Estos documentos han venido del Archivo general de Sevilla solicitados por esta Real Academia, y han sido examinados detenidamente por la Comisión. La Memoria, además de ilustrar el punto principal que la motivó, toca otros altamente importantes, vindicando el proceder de Alonso Pinzón, y poniendo de manifiesto muchos pormenores, hasta hoy desconocidos, de los viajes del Almirante.

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     Ha sido llevado en depósito al Museo Arqueológico Nacional el histórico sarcófago cristiano encontrado en las ruinas de Ilúrbida, término de Puebla Nueva, distrito de Talavera de la Reina. Su propietaria Doña Mercedes Delgado, ha tomado ya las disposiciones [307] necesarias para la restauración de tan insigne monumento, y se propone hacer nuevas excavaciones en el sitio del hallazgo, con el fin de encontrar mayores indicios que acaben de resolver la cuestión geográfica.

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     Se ha publicado el tomo primero del Catálogo de objetos contenidos en el Museo Arqueológico Nacional. Su autor, el Sr. Rada y Delgado, ha ofrecido un ejemplar á la Biblioteca de esta Academia.

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     La Academia ha visto con gusto el desarrollo que van tomando, así en Madrid, como en otras capitales de España, los incesantes trabajos de las Comisiones provinciales de Monumentos, y las Revistas que tienen por objeto la publicación de documentos inéditos y de monumentos arqueológicos que interesan á la historia patria. En el último número (Abril de 1883) de la Revista de archivos, bibliotecas y museos, tocan á su remate tres notables Memorias, dignas de consultarse y tenerse en cuenta para el estudio de la historia de nuestros municipios. Basta el nombre de su autor, el difunto académico D. Tomás Muñoz y Romero, á encarecer lo valioso de la reproducción de la primera: Del estado de las personas en los reinos de Asturias y de León en los primeras siglos posteriores á la invasión de los árabes. Las otras dos redactadas por la fácil é incansable pluma de nuestro docto correspondiente don José Villa-amil y Castro, se titulan: El Jurado en la Edad Media, ó la intervención popular en los procedimientos judiciales. -Códices jurídicos de la Biblioteca del Escorial.

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     La Academia ha recibido con gratitud atentas comunicaciones del Excmo. é Ilmo. Sr. Arzobispo de Tarragona y del ilustrado cabildo de aquella nobilísima Catedral, mostrándose dispuesto á coadyuvar á la publicación académica de las Cortes de Cataluña, con todos los documentos atesorados en los archivos de su propiedad respectiva.

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     El Sr. Fita ha presentado copias é interpretación de dos lápidas romanas inéditas, que existen en dos pueblos (Estollo y San Andrés), [308] del Valle de San Millán, provincia de Logroño, y que le han sido facilitadas por el sabio P. Minguella. Comprueban que en el referido valle hubo población romana, y dan nuevo peso á la opinión que sienta poder haber sido Berceo el Vergegium del que habla San Braulio en la biografía de San Millán.

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     El mismo señor académico ha dado noticia de las inscripciones recien halladas en Lombardía (Este y Vicenza), con caracteres ibéricos, las cuales, á juicio de Mr. Sayce, parecen ligúricas. Algunas son bilingües. De su estudio se aguarda no poca luz para poder descifrar, ó por lo menos leer con seguridad, las que se han encontrado en Luzaga, Sagunto, Castellón de la Plana, Tarragona, Barcelona y otros parajes influidos por la gente ligúrica que, según escribe Escílax de Carianda, se mezcló con la ibérica en toda la costa marítima, desde el Ródano hasta los Pirineos.

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     La Academia ha recibido con sentimiento la noticia del fallecimiento de su socio correspondiente Mr. Reinhart Dozy, ocurrido en Leyden el 29 de Abril último. La Academia acordó dar el pésame á la familia del ilustre finado, y encargó al Sr. Gayangos el elogio fúnebre de un escritor que tanto ha contribuido á esclarecer la historia de la España árabe, para que se lea en una de sus juntas y se inserte en el BOLETÍN del Cuerpo.

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     En la Revue critique, número del 28 de Mayo, ha publicado el doctor J. de Goeje una reseña descriptiva de la vida y obras de su maestro Mr. Dozy.

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     Ha presentado ya, manuscrito, su discurso de recepción el académico electo D. Bienvenido Oliver y Esteller; y ha sido nombrado para contestarle en aquel acto el Excmo. Sr. D. Pedro Madrazo, secretario perpetuo de la Academia.

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Informes

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I. Documentos inéditos, anteriores al siglo XVI, sacados de los archivos de Talavera de la Reina.

     Chasco se llevaría quien, penetrando en el archivo de la antigua iglesia Colegial de Talavera, buscase las escrituras innumerables de cinco siglos, que sin duda lo enriquecieron, desde la reconquista de la población por Alfonso VI, hasta la expulsión de los judíos por los Reyes Católicos. Consultólas el inteligente historiador D. Francisco Soto (277) en 1722; é hizo de ellas extractos y apuntamientos; mas la devastación á que se entregaron las tropas napoleónicas, y otras causas que sería largo enumerar, acarrearon la pérdida irreparable, ó por lo menos el lamentable extravío, así de aquel tesoro como de la mayor parte de la documentación á él contemporánea que el municipio á su vez debía de haber allegado. Algunos restos de este inmenso naufragio he podido recoger en mi último viaje á Talavera; siéndome grato el poder expresar con este objeto mi gratitud al sabio afán y cooperación, generosa por todo extremo, de nuestro digno Correspondiente D. Luis Jiménez de la Llave.



1. Transacción y acuerdo entre las iglesias de Talavera. Mayo, 1204.

     Pergamino original, gastado, lacerado y arrancados los sellos. Archivo de la Colegial, cajón 1, est. 1. -Doy los suplementos entre iniciales. [310]

     [M. (278) d]ei gratia toletane sedis archiepiscopus, yspaniarum primas, universis plebem [per christi] gratiam [regenti]bus salutem et benedictionem a domino.

     Cum inter clericos sancte Marie de talavera et reliquos eiusdem ville clericos questio diucius verteretur de obsequiis divinis, que eidem ecclesie sancte marie clerici aliarum ecclesiarum, certis temporibus, singulis annis ab antiquo consueverant exhibere, et in integrum sua subtraxerant auctoritate; clerici sancte Marie parte sua tali[ter] allegabant:

     Quod de antiqua consuetudine ad ecclesiam suam alii clerici de talavera cum omnibus parrochianis suis ad processionem in ramis palmarum in superpelliciis accedebant, et ibi ramos accipiebant, quos alibi benedici non licebat. Et peracto officio usque ad responsorium, quod dicitur «ingrediente domino», statim ad proprias ecclesias, missa celebratione, remeabant. A sabbato vero sancto pasce et in alium pentecostes parrochiani tocius ville cum pueris suis [babtizan]dis similiter ad eorum ecclesiam accedebant; ibique babtismum recipiebant, clericis in suis ecclesiis residentibus. Nec fons babtismi in tota villa, nisi in eadem, ecclesia tum temporis benedicebatur; et per hoc ecclesiam suam tantum babtismalem esse, et non aliam, asserebant. In letania quoque ante ascensionem domini por tres dies continuos cum crucibus et vexillis et clericis in superpelliciis, cruce sancte marie ubique precedente, veniebant; et celebratis missarum persolemniis ad [ecclesi]am sancte marie redibant; et cantatis ibidem versibus, qui cantari consueverant, ad ecclesias suas revertebantur. In vigilia assumptionis et annunciationis et purificationis sancte Marie ad vesperas in superpelliciis, et in sequenti die ad [officium et] missam idem clerici venire consueverant; et ante missam celebratam recedere non licebat.

     Alii vero clerici, in contrarium allegantes, dicebant consuetudinem istam nec a ratione nec ab equitate, sed a violentia et oppressione [domin]orum loci originem habuisse; et contra hujusmodi consuetudinem violentam sepius perclamasse. Quod [311] multipliciter probare volebant; unde inferebant quod ad predictorum aliquod nullatenus tenebantur.

     [Jam itaque], iis et aliis controversiis diucius agitatis, tandem ad multorum ammonitiones, de communi consensu utriusque partis, auctoritate nostra interveniente, inter eos transactum est in hunc modum.

     Quod omnes clerici de talavera, et corum successores, ecclesie sanete Marie sepedicte deinceps in perpetuum facere teneantur, prout a iam dicte ecclesie sancte Marie clericis superius est allegatum, s[cilicet], ut iam dicti clerici de talavera et eorum successores ad babtismalem ecclesiam sancte Marie eiusdem loci perpetuo teneantur venire in ramis palmarum, et tribus diebus letaniarum, et assumptione sancte Marie; et ibi fons babtismi sanctificetur in iamdictis diebus et in aliis ecclesiis, ut superius dictum est; duabus festivitatibus sancte Marie, annunciatione (279) scilicet et purificatione exceptis, in quibus clerici, in ecclesiis suis residentes, divina officia celebrabunt. Campana quoque in matutinis et per omnes horas diei in ecclesia sancte Marie primo pulsetur.

     Ut autem hec transactio firmitatem capiat inconcussam, placuit utrique parti eam pena duorum milium aureorum firmari, ita ut siqua parcium ab hac trans[actione] se paraverit resilire, mille morabetinos nobis, et alios mille parti alteri persolvat; et nichilominus transactio rata maneat et firma. De processione letaniarum, ut iam sursum diximus, veniant ad ecclesiam sancte Marie, [atque inde?] primum ad ecclesiam sancti petri, secundo ad sanctum iacobum, tercio ad sanctum clementem, et ad iam dictam ecclesiam sancte Marie reddeant (280), ut dictum est. De sonitu campanarum fiat primo in ecclesia sante Marie, exceptis diebus festivitatum aliarum ecclesiarum. [Siquis autem clericorum Talavere cum duabus vocibus (281)] honorifice in diebus predictis venire [312] contempserit, pectet clericis sancte Marie tercium unius aurei.

     [Actum fuit hoc mense maio,] Era Mª CCª XLª IIª.

     Ego M. toletane sedis archiepiscopus, hispaniarum primas, confirmo.

     Ego S. madridensis archidiaconus confirmo.

     Ego G. toletanus archidiaconus testis.

     Ego R. (282) archidiaconus talaverensis testis.

     En el borde inferior del pergamino se escribió de letra moderna «Año de 1242;» y al dorso el apunte siguiente: «Concordia echa entre el Cabildo de la Santa yglesia collegial de tal.ª y confirmada por el arçobispo en por el mes de Mayo de 1242 años, para que los curas y beneficiados vengan á la yglesia, y para que en los tres días de letanías vayan las procesiones ó Sante Pedro la primera, á Sant Tiago la 2.ª, y la 3.ª á Sant Clemente.»

     Las iglesias parroquiales, á que se refiere el documento, estaban poco distantes, ó muy próximas unas de otras; y quedan todavía en pié las de Santa Maria, San Pedro y San Clemente. Acerca del sitio que ocupaba la de Santiago (283), me ha parecido bien, trasladar aquí lo que dice Soto (fol. 155): «Están unidas á esta (de San Clemente) otras dos parrochias. La de San Martin, primero, que estava junto á la puerta del Pópulo, se mudó á la de S. Tiago el Viejo, que estava entre la Sta. Iglesia Colegial y la puerta de Mérida, en el año 1581, siendo Arzobispo de Toledo el Cardenal Quiroga. Despues, en el año de 1631, se agregaron estas dos Parrochias de S. Martin y S. Tiago el Viejo á esta de San Clemente, con licencia que dió para ello el Sr. Cardenal Infante Arzobispo de Toledo. A esta Yglesla (de San Clemente) viene el Cabildo de la insigne Colegial á cantar la Missa el tercer dia de letanías.» [313]

     Como instrumento fehaciente de la disciplina eclesiástica vigente á principios del siglo XIII, atestigua la Concordia que las familias de Talavera llevaban á bautizar los niños á la única pila de Santa María en las vigilias de Pascua y de Pentecostés, con arreglo á cierta interpretación que refuta Santo Tomás (284).

     Soto, que había leido esta pieza importante, incurre en muchos anacronismos al exponerla (fol. 139); mas como da noticia de un diploma pontificio que la dilucida, pondrá aquí sus palabras: «En reconocimiento de esta superioridad y mayoría (de la Colegial) los curas y beneficiados de las demás parroquias venian á ella las Pascuas y las fiestas principales con sobrepelliz á la celebridad de los divinos oficios; y esta obligacion la tienen oy; si bien, en los primeros años que se erigió esta iglesia Colegial (285), tuvieron alguna remision en la asistencia; pero los canónigos (!) procuraron cumpliesen exactamente con ella; y así se hizo nueva concordia y obligacion que confirmó D. Martin Lopez de Sigüenza (286) (!), Arzobispo de Toledo en el año de 1242. Pero pasados algunos años yntentaron dichos curas y beneficiados eximirse de esta obligacion, y pusieron pleito sobre ello; por lo qual fueron á Roma en seguimiento dél dos Canónigos; y el Papa Lucio 2.º (!), que á la sazon gobernava la Iglesia Catholica mandó se guardase lo capitulado, como oy se guarda y conserva.»

     Con la Colegial nada tuvo que ver Lucio II (1144-1145), ni Lucio III (1181-1185) último de los Papas de este nombre. A falta de la bula, que no encuentro, y ni Jaffé (287) ni Potthast (288) indican, imagino que el bueno de Soto se rigió por copia, donde [314] estaba abreviado Inocencio en Incio, que transformó en Lucio. Por lo que pudiere servir á ulteriores indagaciones, no he de omitir lo que Soto añade (fol. 142): «El Papa Lucio 3.º (289) concedió una Bula en fabor de dicha Sta. Iglesia y do sus Ministros, en que les aplica todos los diezmos de su Mesa y fábrica. El Papa Alejandro 3.º (290) concedió lo mismo; y fulmina censuras contra todas las Personas, que inquietasen ó procurasen inquietar al Dean y Canónigos procurando hacerles algun agravio en su Hacienda y Rentas. El rey Alonso 8.º cedió y hizo gracia á esta Sta. Iglesia, en el mismo año que se erigió en Colegial (291), de las tercias de los diezmos de esta Iglesia y de sus Parrochianos, que tocaran y pertenecian á este Rey y á sus successores.»



2. Mezquita y aljama de los mudejares de Talavera, 8 Noviembre de 1471.

     Archivo de la Colegial; legajo titulado Hospital; armario l.º, estante 2.º

     «Sepan quantos esta carta vieron como nos el aljama de los moros de la villa de Talavera, estando en nuestro aljama, que es dentro en el cuerpo de la dicha villa, en la collacion de la eglesia, Collegial de Santa María, ayuntados en nuestro ayuntamiento en uno con maestre Alí alfaque de la dicha aljama é con maestre Audalla alcalde de la dicha aljama, é con maestro Abrahen Rondí procurador de la dicha aljama, é con maestro Yucef Rondí é maestre Audalla Frenoco vehedores de la dicha aljama de la una parte, é por el bachiller Fernand Alfonso administrador que soy de los ospitales de Villa franca de la Puente del Arzobispo de Toledo, que es ribera de rio de Tajo, é vecino de la dicha villa, de la otra parte, por rason que entre nos, la dicha aljama, é vos, el dicho bachiller se esperava ayer pleitos é debates é questiones sobre rason de ciertos hedeficios, que nos, la dicha aljama tenemos fechos en las paredes del corral del ospital de la Misericordia [315] desta dicha villa, que vos, el dicho Fernand Alfonso bachiller, fecisteis, que es en lindo de dicho aljeme (292), los quales dichos hedificios nos, la dicha aljama desimos que podemos faser, disiendo que las dichas paredes del corral del dicho ospital están medieras, é vos, el dicho bachiller, desides que non podemos facer los dichos hedeficios sobre las dichas paredes, por quanto vos fesisteis las dichas paredes;

     Por ende nos, ambas las dichas partes en una, estando en una concordia, por bien de pas é por nos quitar de pleitos, é contiendas, é gastos, que sobre los dichos hedeficios se podría seguir ó resescrecer á cada una de nos, las dichas partes, otorgamos é conoscemos que sobre los dichos hedeficios somos convenidos é egualados en esta manera é forma que se sigue:

     Que los hedeficios, que oy están fecho sobre las paredes del corral del dicho ospital por parte del dicho aljeme, que estén fechos é permanescan para siempre jamás. E de mas, que nos, la dicha aljama podamos facer é fagamos, si quisiéremos un portal á una agua, que vengan las aguas al dicho aljeme, cargando sobre la pared del dicho corral del ospital, que está fásia la casa de nuestra oracion, asi como pared mediera. E que vos, el dicho bachiller, non podades alçar la dicha pared más de lo que oy está, que está de tres tapias en alto con su cimiento; ó que vos, el dicho bachiller podades alçar la casa del ospitalera del dicho ospital, que es adonde solía estar por tiempo la carnicería de los moros, egualándola con el otro palacio, que está junto con la dicha casa...

     Fechas é otorgadas en la villa de Talavera, dentro en el aljeme de los moros, estando la dicha aljama ayuntados en su ayuntamiento, ocho días del mes de noviembre año del Nacimiento de nuestro Salvador Jesu Christo de mill é quatrocientos é setenta é un años. -Pero Fernandez escrivano.» [316]

     El hospital de la Misericordia es el que hoy con el título de Beneficencia tiene encomendado el Ayuntamiento á las Hermanas de la Caridad. En el patio interior, que sirve de solaz á los ancianos inválidos y á los enfermos convalecientes, está la piedra en cuya inscripcion del siglo XV, deteriorada en gran parte, habla á los lectores el fundador de tan santa obra:

     «Santifica, Señor, esta casa; la qual yo, indigno sacerdote, Fernando Alonso bachiller edifiqué en reverencia de tu santo bautismo. Plégate, Señor, de oír en las alturas de tu santa gloria las plegarias de los que aqui entraren, porque de nuestras culpas merezcamos ser perdonados. Amén».

     Segun lo refiere Soto (fol. 201), esta piedra se halló abriendo los cimientos para labrar una capilla en el hospital; con lo cual da bien á entender que se habla desechado, cuando agrandaron el edificio un siglo después de la fundación. El fundador, que en el instrumento de su avenencia con la aljama de los moros se llama administrador de los hospitales de Puente del Arzobispo, fué también cura párroco de Villar del Pedroso y canónigo de la Colegial. En 1475 hizo oferta y entrega del Hospital al Cabildo.

     La situación del aljeme no admite duda. «En un corral, dice Soto, de este hospital, que habia sido mezquita de moros, que se derribó cuando se hizo la obra del (mismo) hospital, hallaron un pilar, y en él un letrero, que traducido del arábigo en castellano decia: En ese lugar no es lícito pensar cosa mala, cuanto más hacerla. No he podido encontrar esta inscripcion curiosísima. El concepto es agudo, y el estilo del siglo XV. ¿Estaba, como dos hebreas, recien halladas en la Coruña (Galicia), esculpida en aljamiado? Fácilmente lo creería. A esta lápida, y á la que se extrajo en 1768 de la iglesia de Santiago el nuevo (293) se reducen las noticias que alcanzo sobre la Epigrafía arábiga de Talavera.

     Menos feliz he andado en la pesquisa de lápidas hebreas, que ni una sola encontré, si bien los datos históricos acerca de los judíos de Talavera me han suministrado no despreciable cosecha. [317]



3. Acuerdos municipales que interesan á la aljama hebrea.

     Archivo del Ayuntamiento; Libro I de Acuerdos. (Enero 1450. -Febrero 1459), II (13 Setiembre 1476. -15 Agosto 1477.) Las deliberaciones municipales que mediaron entre ambos libros, así como las siguientes hasta el 29 de Setiembre de 1500, en cuya fecha comienza el libro III, han desaparecido.

        1450

     4 Febrero. Este día dieron licencia los dichos señores á Atarras, judío de Oropesa, para que pueda sacar del valle de Ibor (294) una carga de salvagina que tiene comprada, ó que la saque fasta en fin de febrero.

     20 Marzo. Este es el repartimiento que se fizo por Talavera é su tierra del alcavala del pan é grano desde año de mil quatrocientos cinquenta años; la qual dicha alcavala los dichos señores Justicia é Regimiento arrendaron de Ruy Gonsales de Sant Martin, recaudador del Rey nuestro Señor, por tres años.

     Copo (295) á la villa nueve mill maravedís; é destos echaron al aljama de los judios dos mill é quinientos maravedís; é á los moros quinientos.

     29 Abril. Los dichos señores dieron (296) la puerta de la Miel á los vecinos de la colación de San Salvador, asy christianos, como judíos é moros; é que guarden cada día dos; é el que non quisiera guardar que peche en pena dose maravedís; é los den á un ome que lo guarde; é que los escriva Juan Martines escrivano; é que se guarde desde mañana jueves.

     2 Setiembre. Mandaron que ningunos judíos, ni moros, non compren pan fasta la plegaria (297), segund constaba; so pena de dose maravedis á cada uno.

     7 Noviembre. Se fiso el repartimiento del alcavala del pan; é copo pagar á la villa é arrabales nueve mill maravedis; é destos quedaron á la villa 6000. Copo á los judíos 2500; copo al aljama de los moros 500. [318]

        1451

     16 Abril. Ante Lope de Montenegro, alcalde, pareció presente Don Simuel Pache, judío, morador en la dicha villa, é dixo que dava en la renta de las meajas (298) un diezmo que llega á seis mill é seiscientos maravedís.

        1453.

     6 Febrero. Mandaron librar á Judá cirujano su salario á Anton Gaitan fiel del Concejo, que son tres mil maravedís: é que los pague por tercios de año.

     7 Marzo. Juda Katalon, recaudador de las alcavalas é tercias del arcedianato, presentó ciertas cartas del Rey nuestro señor, é un repartimiento de como el Rey nuestro señor le mandava recudir; las quales fueron obedescidas. E mandaron pregonar las cartas en la plaza.         1454.

     14 Mayo. Se fizo el repartimiento del alcavala del pan del año mil cuatrocientos cinquenta é tres é cinquenta é quatro años, de los sesenta y cinco mill maravedís, que se convino con Katalon. Copo á la villa é sus arrabales veinte mill maravedís, é destos al aljama de los judíos 10000, al aljama de los moros 1000.

     1.º Julio. Mandaron dar á Jucef Abengadalla cuatrocientos maravedís por el coçuelo (299) que no cogió el año pasado; por cuanto que lo paga. É mandó el Concejo é que los judíos les dén otros doscientos maravedis, por manera que son todos seiscientos maravedis; é que si los judíos non se los quisiesen dar, que le paguen los coçuelos; é que otrosí que los vecinos de la villa que truxeron pan á vender que le paguen el portadgo.

     11 Julio. Acordaron que Don Yudá Katalon recabdador, que los carniceros le dén é paguen por el alcavala de la carniceria por este año 30000 maravedis.

     10 Agosto. Se presentó un hombre, que dijo llamarse... (300) con una carta del Rey, para que se prenda el cuerpo de todos los [319] recabdadores de los pedidos é monedas deste arcedianadgo, embargándoles todo cuanto se les encuentre.

        1455.

     3 Febrero. Se juntaron para repartir entre esta villa y su tierra los 44000 maravedís en esta forma. Copo al cuerpo de la villa é sus arrabales sin judios é moros 12000; copo á los judios 6000, copo á los moros 1000.

     12 Febrero. Mandaron asentar á Mamon físico por este año dos mil maravedís.

     24 Diciembre. Otorgaron carta los sobredichos á Yucef Abengadalla, judío de esta villa, de los veinte mill maravedis.

        1456.

     2 Setiembre. Los dichos señores ordenaron é mandaron que todos los moros traigan sus capuces é las moras sus cias é los judios é moros sus señales so las penas establecidas en las dichas ordenanzas de oy fasta ocho dias; é qualquier alguacil dende oy en adelante los pene.

     22 Octubre. Que Don Abraham Deman dé á Pedro de Zamora cinquenta maravedís, para que lleve la toma á los recabdadores.

        1457.

     7 Octubre. Este día puso Don Simuel de Riomesta la renta del oveja del verde en 20000 maravedís, con condición que queda abierto de diezmo y medio diezmo.

        1458.

     2 Abril. Mandaron facer los padrones para repartir el alcavala deste año.

     9 Junio. Mandaron librar á Abrahan cerrajero doscientos maravedís por su salario.

     27 Octubre. Asentaron por físico é cirujano dende en fin deste mes fasta un año á Yudá; é que le den de pensión cinco mill maravedis; é que los paguen por tercios.

        1459.

     21 Febrero. Mandaron escribir una carta para rabí Yudá físico que pues él no ha venido á servir á esta villa, que aya paciencia, que pues ellos tomaron otro. Mandaron librar á Yucef de Bonilla su salario quel faga alarife del Concejo. Mandaron repartir para [320] llevar al Rey nuestro Señor, que está en el Adrada (301) este pan que se sigue:

     Á los judíos 40 fanegas de cebada, pan de trigo 30 fanegas.

     Á los moros 20 fanegas de cebada, pan cocido 10 fanegas.

     Garvin, 50 fanegas trigo é 50 cebada.

     Villar, 50 fanegas trigo é 50 cebada.

     Estrella, 50 fanegas trigo é 50 cebada.

     Alcabdete, 50 fanegas trigo é 50 cebada.

        1476.

     8 Octubre. Los dichos señores mandaron al fiel que resciba en quenta de Yucef Truchas judio doscientos maravedis de los maravedis del censo quel debe de la tienda del Concejo deste presente año, por cuanto él dió ciertos maravedis para comprar el censo de la dicha tienda á la mujer de Bras, que lo vendia, é lo compró la villa; é despues á el se la dieron á censo.

     11 Octubre. Otrosí los señores mandaron que el aljama de los judíos de esta villa, pague este presente año 6000 maravedís en el repartimiento de la alcabala del pan que se fizo este dicho año; é que dende en adelante en los años venideros paguen cada año en la dicha alcavala cuatro mill maravedis; todo que non cueste la renta más de lo que está este presente año, é salvo si la dicha aljama creciere de sus personas é cabdales de lo que oy están; por quanto se agraviaron Jacob Açeçillo é Yucef Mastera presente en nombre de la dicha aljama, que la dicha aljama recibia agravio en los tales repartimientos que se facian de la dicha alcavala. Lo qual mandaron que pague en la forma sobredicha, en tanto cuanto fuere la voluntad del dicho Ayuntamiento.

        1477.

     10 Enero. Otorgaron carta de censo enfiteusis á Yucef Truchas judio, morador en la dicha villa, que presente está, de una casa á la especieria, que alinda con la ventana é con la torre que dicen San Pedro, é con tienda que tiene en censo de dicho Concejo Jacob Deman, dando en cada año, uno en pos de otro, seiscientos maravedis.

     15 Enero. Mandaron librar á Mosen Moranque ochocientos [321] sesenta maravedis, que ha daver (302) del alquiler de una mula suya, que dió á la villa para unos mensajeros que fueron por la villa (303).

     12 Febrero. Mandaron asentar de salario á rabí Abrahan físico judio, ocho mill maravedís por fisico é cirujano, para que esté é cure en esta villa. Dieron licencia á Juce Masacian para sacar fuera del término desta villa 40 fanegas de trigo.

     14 Febrero. Ficieron merced á Mosen Isoque físico, judio de la dicha villa, que sea franco de monedas, ó asimismo que no sean echados huéspedes (304); ni le sea tomada la mula, por quanto la ha mucho necesario para visitar.

     11 Julio. Mandaron librar á Alonso Rodriguez escribano público en esta villa nuevecientos maravedis de veinticinco dias que anduvo por la tierra é término de Talavera, por mandato de los dichos señores, á cobrar.

     8 Agosto. Mandaron dar un mandamiento para el aljama de los judios que todos los buques que viniesen unidos á arar en las tierras que la dicha aljama tiene en el paso de Albaladiel (305), puedan pacer en las dichas tierras; esto tanto cuanto araren en las dichas tierras.



4.-Padrón de los judíos de Talavera, que se hizo entre los años 1477 y 1487.

     Papel original, dos pliegos en folio, en poder de D. Luis Jiménez. Como en el documento anterior van reducidas á cifras arábigas las romanas. La primera columna expresa los millares, la segunda las centenas de maravedises. Para facilitar las citas del índice general, que haré, antepongo á cada casilla de los empadronados el número de orden correspondiente. [322]

1 Por don Salamon çamavano, apreciósele su hacienda en tres mil mrs. 3
2 Por don Simuel çaba 5
3 Por don Saul aben poef 30
4 Por la mujer de aben jadre 2
5 Por Ia mujer de Jude çohen alvardero 9
6 Por don Isaque barchylon 2
7 Por don Baru alvo 1
8 Por don Simuel jache cestero 30
9 Por donna Alba la de serano 1 5
40 Por don Abraen aben rrocies 3
11 Por don Isaque aben rrocies 8
12 Por don Mose Tabo 1
13 Por don Mose aben poeef 30
41 Por don Juçaf calvo 3
45 Por don Mose aben pueef (306) 20
138 6
16 Por don Isaque taregano 4
17 Por los hijos de donna lunbre 5
18 Por Juçe castellano 1
19 Por don Abraen de vua el viego 5
20 Por don Abraen de vua el moço 30
21 Por don Abraen arrovas y su andado (307) 5
22 Por don Isaque agolçiuço 5
23 Por don Juçe de vua cestero 30
24 Por rrabi abrean el físico 15
25 Por don Juça çaba 3 5
26 Por los hijos de don Mose Moranque cestero 30
27 Por las hijas de Moranque 15
28 Por don Mose adaroque 20
29 Por don Juçe adamia 3 [323]
30 Por don Çuleman gygauto 30
31 Por don Mose asaga 3 5
32 Por don Mose asaga (308) 2 5
199 4
33 Por don Yude cegil 20
34 Por rrabi Mose aben alaçan físico 1
35 Por don Aiu arrobas 5
36 Por don Mayr pache cestero 30
37 Por otro don Mayr 2
38 Por los hijos de don Barnages 6
39 Por Enguiran 2
40 Por Rrab Jude 20
41 Por don Habraen de atiença 20
42 Por Beniamin menias 6
43 Por don Jaço el maestro cestero 30
44 Por los menores de su hermano cestero 30
45 Por don Habraen serano 5
46 Por don Mose menias 2 1
47 Por don Salamon çohen toledano 2
48 Por don Seneor 20
49 Por don Simuel bachylor 10
50 Por don Bengamin aben çaal 1
51 Por don Juça deça 8
52 Por don Mose platero 1
53 Por don Juaç mende sastre 5
210 8
54 Por Eliezer aven creciente 8
55 Por don Juda de vua cestero 30
56 Por don Mose çaçun 20
57 Por los hijos de Masçaian 20
58 Por donna Çasbona la (309) de adaroque 2
59 Por rrabi Simuel de Castrobuey 15
60 Por Judas vinavias 1 [324]
61 Por la de don Juça çubel 2
62 Por don Habraen nidodain cestero 30
63 Por don Juda soriano 2
64 Por don Simuel aven amen 5
65 Por don Juça pylas 2
66 Por don Isaque çalfalon 3
67 Por don Juda çamavano 2
68 Por don Mose agos 3
69 Por don Isaque navias 3
70 Por don Haiufo lacrynis (310) 5
71 Por don Juda panche 1
72 Por don Jude aven bita 1
73 Por don Mose çohen herero (311) 2
74 Por don Jaço tebo 1
139 1
75 Por Mose armero 3
76 Por Juçe çohen 3
77 Por don Juça mende çapatero 12
78 Por Juçe de Çastro (312) 1
79 Por don Jaço arrovas 1
80 Por don Beniamin çohen 3
84 Por don Juça mopudo 3
82 Por los menores de Jaço navias 8
83 Por don Çuleman galfon 2
84 Por don Juda parays 3
85 Por la de don Jaço aven azre (313) 3
86 Por don Mose aven juisate 1
87 Por don Jucef soriano cestero 30
88 Por don Jento Gualid 3
89 Por don Barug afla 3
90 Por don Juda cohen 8
91 Por don Jeosua cohen 4 [325]
92 Por don Juça aven bita 2
93 Por Mose aven bita 2
91 Por don Abraen cohen baru 1 5
95 Por don Juça Habravalla (314) 3
96 Por un menor de don Simuel aven bita 5
97 Por don Deví aven amen 5
98 Por don Isaque Jache 7
99 Por don Habraen hares 1
100 Por don Mose sornaga 3
88 1
101 Por don Jaço çaba 1
102 Por don Mose aven afle 2
103 Por don Beniamin hanayori (315) 2
104 Por don Juaç çaba 5
105 Por don Habraen sornaga 1
106 Por don Isaque albo 3
107 Por don Jaço çatan 1
108 Por don Simuel hares 8
109 Por don Isaque nilontre 3
110 Por don Mose nilontre 3
111 Por don Haiu Hafla 1
112 Por don Salamon çohen de çafra 5
113 Por los menores de mastre Isaque 5
114 Por Simuel aven çaal 1
115 Por don Habraen tripas 3
116 Por la de Azer zillo (316) y sus hijos 4
117 Por la de Juda haben puef 15
118 Por la de Juda çubel 1
119 Por don Bengamin castellano 1
120 Por don Mose aven Roquas 4
           121 Por don Haiu de vua el moço 20
122 Por don Mose su hermano 10           
123 Por la de Azer zillo 7 [326]
124 Por Yesia haven gadeala 2
88 2
125 Por don Jaço gigaute 15
126 Por don Davi honen 2 5
127 Por don Salamon de vua cestero 30
128 Por don Mose de vua el trapero cestero 30
129 Por don Mose de vua 4
130 Por la de don Isac 15
131 Por don Mose ardid 6
132 Por Sento su hermano 2
133 Por don Juaç hachuelo 1
134 Por don Hayu de vua el viejo, cestero 30
135 Por don Hayo moranque 3
136 Por los menores de don Simuel çohen 2
137 Por don Jaço de vua cestero 30
138 Por los menores de rrocelero 5
139 Por don Mose rrecelero 3
140 Por don Habraen platero 2 5
141 Por don Jaço platero 1
142 Por don Mair ordutel 3
143 Por don Simuel agul 10
144 Por Isaque dodon 6
145 Por Habraeu çaçon y su hermano 15
146 Por Mosen çohen de arrenas 1
147 Por don Barzilai navaro 2
148 Por don Isaque aetan 2
149 Por Isaque cederoque 4
150 Por don Simuel adamia 1
212 5
151 Por don Jaço age 1
152 Por la de Serano 1
153 Por don Juaç haben çagal 2
154 Por donna Ster y su fijo 1
155 Por don Simuel haben çidillo 1
156 Por don Jude abengato 1
157 Por don Habraen su hermano 1 4
158 Por don Mose aboaqueque 2 [327]
159 Por don Juçe el bermego 2
160 Por don Jaço haben vita 2
161 Por don Salamon çaba 1
162 Por don Mayr çurredor 3
163 Por Habraen trapas 3
164 Por Mose Chufaro 2 5
165 Por Sento çerrulla 2
166 Por rrebi Barita regan (317) 3
167 Por Salamon hachuelo 2
168 Por Jude çaba 1 2
12 3

     Monta este padron 1.089.000 maravedis. Fue concordada la suma (318)

deste padron por los tres, Justicia é regimiento é procurador de la tierra; lo qual firmaron de sus nombres y (319) Pedro gomes é Alonso rrodrigues escrivanos del ayuntamiento é Juan de arevalo procurador de la tierra. Tiene este padron cuatro fojas de pliego entero. -Juan de arevalo procurador. -Pero gomes escribano. -Alonso rrodrigues.»

     Las firmas son autógrafas. La fecha, que no se nos dice, no es posterior al año 1487 en que murió Juan de Arévalo, ni anterior á 1477. En 21 de Marzo de este último año, recibió el Ayuntamiento y puso en ejecución la carta del arzobispo D. Juan Carrillo, señor de la villa, con la cual carta suspendía hasta nueva [328] orden el cargo de corregidor que «pusimos en esa villa dándole todos los oficios de justicia,» reponía el privilegio y antigua costumbre «que en la dicha nuestra villa fuesen dentro del cuerpo de la dicha villa un alcalde mayor é en el arraval della otro, é alguacil para que cumpla sus mandamientos;» y mandaba, en fin «que vos el dicho licenciado pero de Loaysa seais alcalde dentro de la dicha villa, e vos el dicho juan de talavera en larrabal della, ó vos pero gómez nuestro secretario alguacil para cumplir é extender los mandamientos que vos los dichos alcaldes dedes.» De Pero Gómez no hallo mención anterior á la fecha de este acuerdo, en los del Concejo; pero sí de los escribanos Juan Gómez, Juan Rodríguez, Sancho Fernández y Alonso Rodríguez, á quien se endereza particularmente, según hemos visto, el auto acordado en 11 de Julio. Por lo tocante á Juan de Arevalo, si bien era regidor á 13 de Diciembre de 1476, no se nombra como procurador. Este cargo lo ejercía entonces Juan Duque, y seguía ejerciéndolo en 21 de Marzo de 1477 (320).

     No he podido verificar en dónde estuvo situada la antigua sinagoga, que en virtud de lo establecido por las Cortes de Toledo de 1480, capítulo 16, debió venderse ó derrocarse, lo propio que la mezquita mudejar adosada al hospital de la Misericordia. Del nuevo barrio, ó judería modernísima de Talavera, que con su nueva sinagoga hubo de estar concluido en 1482, sólo queda un triste recuerdo cerca de la puerta de Cuartos y de las casas en las que dicen nació el P. Juan de Mariana. Es la que llaman calle de los judíos, cerrada por un extremo. Entre los papeles, que devoró el incendio de la casa del Sr. Jiménez (10 Julio de 1871), uno era la sentencia que el Juez comisario de los Reyes Católicos dió sobre los bienes aljamiados de los judíos.

     Mucho más considerables memorias acerca de los moros y judíos de Talavera, desdeñadas ú olvidadas hasta el presente, habrían podido sacarse de sus archivos un siglo há. Tal fué, [329] por ejemplo, el diploma de Enrique II, fechado en Toledo á 25 de Junio de 1369. Cítalo Soto (fol. 61), constando por él que las aljamas de judíos y moros de Talavera fueron cedidas por el Rey al dominio señorial del arzobispo Gómez Manrique.

     Mas no he de cerrar estas breves apuntaciones sin indicar el sitio del cementerio hebreo, el cual, como en otras ciudades, puede ser en lo sucesivo venero fecundísimo de lápidas importantes, si allí se buscaron en el suelo hondamente removido, ó en los edificios de los alrededores. Los datos inequívocos que fijan la situación de este cementerio, proceden de instrumentos ó partidas testamentarias que posee la familia del Sr. Jiménez.

1) Codicilo otorgado por Diego Duque de Estrada ante Juan Fernández de Oropesa, escribano de Talavera, en 19 de Mayo de 1498.

     «Mando que el Honsario viejo de los Judios, que yo compré, que lo partan por medio Fernan Duque é Francisco de Guzman, mis fijos, desde el Arroyo á dar á la Huerta; é que Fernan Duque tome la parte que alinda con el olivar de la Hermandad, ó Francisco de Guzman la parte que alinda con el camino de Cervera; el cual dicho Honsario, que así les do á los dichos Diego Duque de Estrada é Francisco de Guzman mis fijos, mando que lo ayan, é tengan, é possean por via de Mayorazgo, con los otros bienes de Mayorazgo, que yo les dexo.»

     2) Posesión dada á Hernán Duque de un olivar, lagar de cera y Honsario, con lo á él perteneciente, en 16 de Marzo de 1519, ante el escribano Alonso Rodríguez de Madrigal.

     3) Información de haber dado á censo Fernán Duque de Estrada y Guzmán, Regidor, y Juan Duque de Estrada, su hijo, la tierra del Honsario que era calvía.

     4) Posesión (1519) de un cercado del Honsario que fué de los judíos, extramuros de dicha villa. Alindaba el cercado por un lado con tierra é olivar de los herederos de Juan de Toledo Mayordomo, y por otro con parte del Honsario que fué de los judíos, de la tierra de dicho Honsario.

     Actualmente un olivar pacífico, limitado por el camino de Cervera, extiende sus ramas encima de la tierra que absorbió luengos siglos los restos mortales de los israelitas que formaban [330] la aljama talaverana. Nadie se acuerda de las escenas lúgubres ni de los salmos plañideros que al salir del arrabal, ó del segundo recinto de la ciudad, su habitual morada, hacían resonar, como ni de las mazzebóth y los ziuním que esmaltaban el sacro asilo de la muerte. A un lado y hacia su mano izquierda, el viajero que penetra en el olivar, ansioso de encontrar algo que atestigüe que aquello fué cementerio hebreo, mira cercana la suntuosa mole de la iglesia ojival de Santo Domingo, hoy convertida en fábrica de tinajas. Al otro lado, y cercana también, se destaca aislada la estación de la vía férrea, con su bello jardín al pié del cerro y sobre el campo en que el ejército anglo-español ganó (27 Julio 1809) la famosa batalla de Talavera.



5. Mirada retrospectiva.

     Los Acuerdos municipales y el Padrón de los judios talaveranos larga y rica mies prometen por allegar en otros archivos de España y de Portugal, que dilaten la esfera donde se han ejercitado tan buenos ingenios como los de Zunz, Grünwald, Graetz, Loeb y Amador de los Rios. Con este objeto y con el deseo de facilitar ulteriores pesquisas trazaré por apellidos, y en su defecto por nombres, el Índice de los hebreos de Talavera, que arrojan ambos documentos, marcando como nota de registro para lo Acuerdos los años, y para el Padrón el número de la casilla correspondiente.

               1. Don Mosé Abén Afle, 102.
               2. Rabí Mosé Abén Alaçán físico, 34.
               3. Don Devi Abén Amén, 97.
               4. Don Simuel Abén Amén, 64.
               5. La [mujer] de Jaço Abén Azre, 85.
               6. Don Jaço Abén Bita, 160.
               7. Don Juçá Abén Bita, 92.
               8. Don Jude Abén Bita, 72.
               9. Mosé Abén Bita, 93.
               10. Un menor de Don Simuel Abén Bita, 96. [331]
               11. Don Benjamín Abén Çaal, 50.
               12. Simuel Abén Çaal, 114.
               13. Don Juaç Abén Çagal, 153.
               14. Don Simuel Abén Çidillo, 155.
               15. Eliezer Abén Creciente, 54.
               16. Yesia Abén Gadeala, 124.


1. Jucef Abén Gadalla, cogedor del coçuelo, 1454, 1455.

               17. Don Jude Abén Gato, 156.
               18. Don Abrahén su hermano, 157.
               19. La mujer de Abén Jadre, 4.
               20. Don Mosé Abén Juisate, 86.
               21. Don Mosé Abén Poeef, 13.
               22. Don Saul Abén Poef, 3.
               23. Don Mosé Abén Pueef, 15.
               24. La [mujer] de Judá Abén Puef, 117.
               25. Don Abrahán Abén Rocies, 10.
               26. Don Isaque Abén Rocies, 11.
               27. Don Mosé Abén Roquas, 120.
               28. Don Mosé Aboaqueqne, 158.
               29. Rabí Abrahén el físico, 24.

2. El mismo. 1477.

               30. Dun Abrahén platero, 140.

3. Abrahén cerrajero, 1458.

               31. Don Juçá Abravalla, 95.

4. Jacob Açeçillo, procurador de la aljama. 1476.

               32. La [mujer] de Azer Zillo, 123.
               33. La [mujer] de Azer Zillo y sus hijos, 116.
               34. Don Jucé Adamia, 29.
               35. Don Simuel Adamia, 150.
               36. Don Mosé Adaroque, 28.
               37. Don Isaque Aetan, 148.
               38. Don Barug Afla, 89. [332]
               39. Don Haiu Afla, 111.
               40. Don Jaço Age, 151.
               41. Isaque Agolçiuço, 22
               42. Don Mosé Agos, 68.
               43. Don Simuel Agul, 143.
               44. Donna Alba la de Serrano, 9.
               45. Don Barú Albo, 7.
               46. Don Isaque Albo, 106.
               47. Don Mosé Ardid, 131.
               48. Don Sento su hermano, 132.
               49. Don Abrahén Ares, 99.
               50. Don Simuel Ares, 108.
               51. Don Abrahén Arrovas y su andado, 21.
               52. Don Haiu Arrovas, 35.
               53. Don Jaço Arrovas, 79.
               54. Don Mosé Asaga, 31.
               55. Don Mosé Asaga [el mozo], 32.

5. Atarras, judio de Oropesa, 1450. Diósele permiso para sacar del valle de Ibor una carga de salvajina.

               56. Don Abrahén de Atiença, 41.
                        B.
               57. Don Simuel Bachylor, 49.
               58. Don Isaque Barchylon, 6.
               59. Los hijos de Don Barnages, 38.
               60. Barzilai navarro, 147.

6. Jucef de Bonilla, alarife del Concejo, 1476.

                        C.Ç.
               61. Don Jaço Çaba, 101.
               62. Don Juaç Çaba, 104.
               63. Don Juçá Çaba, 25.
               64. Jude Çaba, 168.
               65. Don Salomón Çaba, 161.
               66. Don Simuel Çaba, 2. [333]
               67. Abrahén Çaçón y su hermano, 145.
               68. Don Mosé Çaçún, 56.
               69. Don Isaque Çalfalón, 57.
               70. Don Juçaf Calvo, 14.
               71. Don Judá Çamavano, 67.
               72. D. Salamón Çamavano, 1.
               73. Donna Çasbona, la [mujer] de Adaroque, 38.
               74. Don Benjarnín Castellano, 119.
               75. Juçé Castellano, 18.
               76. Juçé de Castro, 78.
               77. Rabí Simuel de Castrobuey, 59.
               78. Jaço Çatán, 107.
               79. Isaque Cederoque, 149.
               80. Jude Cegil, 33.
               81. Sento Çerrulla, 165.
               82. Mosé Chufaro, 164.
               83. Don Benjamín Cohén, 80.
               84. Don Jeosuá Cohén, 91.
               85. Juçé Cohén, 76.
               86. Don Judá Cohén, 90.
               87 La mujer de Jude Cohén albardero, 5.
               88. Don Mosé Cohén de Arenas, 146.
               89. Don Mosé Cohén herrero, 73.
               90. Los menores de Don Simuel Cohén, 136.
               91. Don Abrahén Cohén Barú, 96.
               92. Don Salamón Cohén de Çafra, 112.
               93. Don Salamón Cohén Toledano, 47.
               94. La [mujer] de Don Juçá Çubel, 61.
               95. La [mujer] de Judá Çubel, 118.
                        D.
               96. Don Judá Deça, 51.

7. Don Abraham Demán, 1456.

8. Jacob Demán, 1477. Tenia tienda cerca de la torre de San Pedro.

               97. Isaque Dodón, 144. Vendió unas casas en la colación ó distrito parroquial de San Pedro (5 Agosto, 1485). [334]
                        E.
               98. Enguirán, 39.
               99. Donna Ester y su hijo, 154.
                        F.
               100. Don Haiu Folacrynis, 70.
                        G.
               101. Don Çulemán Galfón, 83.
               102. Don Jaço Gigaute, 125.
               103. Don Çulemán Gigauto, 30.
               104. Don Jento Gualid, 88.
                        H.
               105. Don Juaç Hachuelo, 133.
               106. Salamón Hachuelo, 167.
               107. Don Benjamín Hanayorí, 103.
               108. Don Daví Honén, 126.
                        I. J.
               109. La [mujer] de Don Isac, 130.
               4 10. Los menores de mastre Isaque, 113.

9. Mosé Isaque, físico de la dicha villa, 1477.

               141. Rab Jude, 40.

10. Judá cirujano, 1453; Rabí Judá físico y cirujano con pension anual de cinco mil maravedises ofrecida por el Concejo de Talavera, 1458, 1459.

               112. Don Isaque Jache, 98.
               113. Don Simuel Jache cestero, 8.
               114. Don Jaço el maestro cestero, 43.
               115. Los menores de su hermano cestero, 44.
               116. Don Jaço platero, 141.
               117. Don Juçé el Bermejo, 159. [335]

11. Don Judá Katalón, recaudador de las alcabalas y tercias reales del arcedianato de Talavera, 1453, 1454. Preso, y embargados sus bienes, 10 Agosto 1454.

                        L.
               118. Los hijos de Donna Lunbre, 17.
                        M.

12. Mamon físico, 1455.

13. Juçé Masçaian, 1477.

               119. Los hijos de Masçaian, 57.

14. Jucef Mastera procurador de la aljama. 1476.

               120. Don Mayr, 37.
               121. Mayr çurredor, 162.
               122. Don Juaç Mende sastre, 53.
               123. Don Juçá Mende çapatero, 77.
               124. Benjamín Menias, 42.
               125. Don Mosé Menias, 46.
               126. Don Juçá Mopudo, 81.
               127. Don Haio Moranque, 135.

15. Mosé Moranque, 1477. Prestó en alquiler al Concejo una mula.

               128. Los hijos de Don Mosé Moranque, 26.
               129. Las hijas de Moranque, 27.
               130. Mosé armero, 75.
               131. Don Mosé platero, 52.
                        N.
               132. Don Isaque Navias, 69.
               133. Los menores de Jaço Navias, 82. [336]
               134. Don Abrahén Nidodain cestero, 62.
               135. Don Isaque Nilontre, 109.
               136. Don Mosé Nilontre, 110.
                        O.
               137. Don Mayr Ordutel, 142.
                        P.
               138. Don Mayr Pache cestero, 36.

16. Simuel Pache alcabalero, 1451.

               139. Don Judá Panche, 71.
               140. Don Judá Parays, 84.
               141. Don Juçá Pylas, 65.
                        R.
               142. Don Mosé Recelero, 139.
               143. Los menores de Recelero, 138.

17. Don Simuel de Riomesta, arrendador de la mesta, 1457.

                        S.
               144. Don Seneor, 48.
               145. Don Abrahén Serrano, 45.
               146. La [mujer] de Serrano, 152.
               147. Don Jucef Soriano cestero, 87.
               148. Don Judá Soriano, 63.
               149. Don Abrahen Sornaga, 105.
               150. Don Mosé Sornaga, 100.
                        T.
               151. Don Mosé Tabo, 12.
               152. Rabí Barú Taregan, 166.
               153. Don Isaque Taregano, 16.
               154. Don Jaço Tebo, 74.
               155. Don Abrahén Trapas, 163.
               156. Don Abrahén Tripas, 115. [337]

18. Jucef Truchas, arrendador de una tienda junto al arco de San Pedro.

                        V.
               157. Judá Vinavias, 60.
               158. Don Abrahén de Vua el viejo, 19.
               159. Don Abrahén de Vua el mozo, 20.
               160. Don Haiu de Vua el viejo cestero, 134.
               161. Don Haiu de Vua el mozo, 121.
               162. Don Mosé su hermano, 122.
               163. Don Jaço de Vua cestero, 137.
               164. Don Juçé de Vua cestero, 23.
               165. Don Judá de Vua cestero, 55.
               166. Don Mosé de Vua, 129.
               167. Don Mosé de Vua el trapero cestero, 128.
               168. Don Salamón de Vua, cestero, 127.

     El arte de cestería era, por lo visto, muy lucrativo. El Padrón cita seis individuos de la familia de Vua que lo ejercían, y además, á Don Jaço el maestro cestero y su hermano, á Don Simuel Jache, Don Abrahén Nidodain y Don Jucef Soriano, apreciando la fortuna ó hacienda de cada uno de ellos en el tipo máximo de treinta mil maravedises. Ni menos debía florecer en manos de los hebreos este ramo de industria por toda la tierra de Talavera, como harto lo indica el Acuerdo municipal (4 Febrero 1450) en favor de Atarras, judío de Oropesa, «para que pueda sacar del valle de Ibor una carga de salvajina.» Las demás artes, ú oficios mecánicos, estaban representados por Don Mayr, zurrador; Jude Cohén, albardero; Don Jucá Mende, zapatero; Don Juaç Mende, sastre; Jacob Demán y Jucef Truchas, tenderos, cerca del arco de San Pedro; Jucef de Bonilla, albañil ó alarife del Concejo; Don Mosé Cohén, herrero; Abrahén, cerrajero; Mosé, armero; Don Abrahén, Don Jaço y Don Mosé, plateros. La noble facultad de la medicina y cirugía contaba entre sus filas á Mamón, á Rabí Judá, Rabí Abrahén, Rabí Mosé Abén Alagán y Mosé Isoque. Y como quiera que á este último, que vivía en 1477, no lo menciona el Padrón y sí á su viuda é hijos menores, [338] resulta, entre otros fáciles de tocar, un nuevo argumento de comprobación á cuanto llevamos establecido sobre la fecha (1477-1487) de tan interesante escritura.

     No podían faltar los alcabaleros, ó entendidos y aprovechados en la gestión de la Hacienda pública; porque el gran talento financiero de los reyes de la Bolsa no es de hoy, ni de ayer; y en España se empleó con acierto singular, salvando el Erario de apuros gravísimos y creando recursos tan dignos de singular alabanza, como los que llevaron á feliz término la conquista del reino de Granada. La necesidad es la ley suprema. En balde se multiplicaron leyes y ordenamientos para cerrar toda entrada á los hijos de Israel, ya en la cámara de los enfermos, ya en el cobro de las rentas disipadas ó mal distribuidas, por los que, hecho el daño, no atinaban con el remedio. Los nombres de Don Simuel de Riomesta, Don Judá Katalón, Simuel Pache y quizá el de Don Seneor, que recuerda el del célebre Don Abrahén Senior, vivirán mientras dure la memoria del genio administrativo, que distinguió á los judíos de Talavera en la segunda mitad del siglo XV. Rica y poderosa su aljama y estimándose en más de un millón su hacienda, contribuía casi con la mitad del cupo general á sostener las cargas del municipio.

     Madrid 6 de Abril de 1883.

FIDEL FITA.     

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II. Sobre el libro titulado Medallas de Proclamaciones y Juras de los reyes de España

     Cumpliendo el encargo con que me ha honrado nuestro señor Director accidental, para que informe acerca de la obra manuscrita intitulada Medallas de proclamaciones y juras de los reyes de España, por D. Adolfo Herrera, paso á emitir el juicio que su detenido examen me ha merecido, aduciendo autos algunas [339] consideraciones historico-bibliográficas acerca de esta clase de trabajos, por desgracia muy poco cultivados,en nuestra patria.

     No entraré en la difícil investigación sobre el origen de la costumbre de acuñar monedas especiales que perpetúen el recuerdo de la proclamación de nuestros monarcas, porque esto no hace completamente al caso, y hay tal escasez de datos en la materia, que no puede establecerse, de una manera fija el origen de tales medallas de proclamación. Pero sí aunque de pasada, no creo deba prescindir de ocuparme en impugnar el aserto consignado en algún curioso libro, sin nombre impreso de autor, ni principio, ni fin, pero que se conoce fué impreso á fines del pasado siglo, que se conserva en la Biblioteca Nacional, donde hablando de las proclamaciones de los antiguos Reyes de España, se supone que en el fuero de Sobrarbe hay un precepto en el que se dice, que después de levantar al Rey sobre el escudo, se manda derramar de su moneda entre la gente cien sueldos.

     Aunque se admitiera la existencia del fuero de Sobrarbe, tal como lo quieren presentar algunos, y que otros críticos niegan en absoluto, y que en él se hallasen tales palabras, lo cual no creo pueda demostrarse, esto no probaría más, sino la costumbre trasmitida de los romanos y conservada hasta nuestros días en ciertas solemnidades por los particulares, de arrojar al pueblo monedas para celebrar faustos acontecimientos; lo cual no puede confundirse con la acuñación especial de una medalla verdaderamente histórica, en que se consigna el hecho de la proclamación, medalla que la mayor parte de las veces, si se arrojaba al pueblo, mejor se repartía como monumento histórico entre ciertas corporaciones y determinadas personas. Este carácter propio de las medallas de proclamación, con el cual no empezamos á encontrarlas en España hasta tiempo de Felipe II, es precisamente lo que les da todo su interés, puesto que sirven, no sólo para la historia del monarca á que se refieren, sino para ilustración también de los pueblos en donde se acuñaron, y hasta para esclarecer á veces por esto mismo, puntos dudosos de geografía política; no siendo menor el servicio que tales medallas prestan para el estudio de la historia del arte, en las épocas y en las localidades á que las mismas medallas se refieren. [340]

     Reunir, pues, de una manera clara, metódica y exacta, todo cuanto se refiere á dichas medallas, es prestar un verdadero servicio á la Numismática en primer término, y por lo tanto á la historia patria, que como todas las historias se ilustra y enriquece con los seguros datos que le presentan las diversas ramas de los estudios arqueológicos.

     No es en verdad el trabajo del Sr. Herrera, el primero que se publica sobre nuestras medallas de proclamación. Escritores, tanto nacionales como extranjeros, incidentalmente unas veces, otras haciendo objeto especial de sus trabajos las mismas medallas, trataron ya antes de ahora de estos importantes monumentos, numismáticos. Entre los que se ocuparon de ellos incidentalmente, la Academia ha de permitirme citar algunos papeles no muy comunes, donde se consignan datos curiosos, tanto sobre la costumbre de arrojar monedas y medallas en las proclamaciones, como acerca de los tipos representados en las mismas. Pertenecen en su mayor parte al pasado siglo y á los primeros años del presente.

     Es el más antiguo de ellos un papel de dos hojas en cuarto, anónimo, impreso por Antonio Bisarrón en 24 de Noviembre de 1700, con el título de «Aclamación del Rey N. S. Felipe V (q. D. g.), en la imperial y coronada villa de Madrid», á cuya proclamación también se refiere otro folleto anónimo en cuarto, de 19 hojas, donde al referir las ceremonias de la proclamación en Cádiz, se consigna la curiosa noticia de que: «Se arrojaron tanta multitud de monedas de plata del teatro, de á media onza cada una, que se amontonó el concurso á la codicia, respondiendo con igual liberalidad desde su balcon la Nacion Francesa, pues á boca de talegos (pareciéndole poco las manos), arrojaba la plata en diversas monedas.» -Más detallado otro folleto de D. Gabriel de Mendieta Rebollo, al dar cuenta de la proclamación del mismo Felipe V, en México, describe minuciosamente las medallas acuñadas allí al propósito; y no menos importante es otro folleto anónimo, describiendo en Lima la ceremonia de alzar pendones por el mismo monarca, donde se consigna el hecho de que en aquel día de la proclamación se empezó á usar en los patacones del Perú la inscripción de Philippus V dei gratia Hispaniarum et Indiarum rex [341]

     Referentes á la proclamación de Fernando VI, existen también curiosos folletos debidos á D. José Francés del Castillo, (Madrid imp. de la calle del Arenal); D. Jaime Fabregues y Bauça (Palma, 1746), el cual describe la medalla batida en Mallorca, con motivo de la proclamación de aquel monarca; un anónimo de Sevilla, sobre la proclamación en aquella ciudad, del mismo Rey, papel dado á la estampa en la imprenta sevillana de las Siete Revueltas; no faltando en este concurso de datos para el estudio de las medallas de proclamación, la musa poética aunque muy maltratada por sus adoradores, como lo demuestran dos romances anónimos que se conservan en la Biblioteca Nacional, reseñando las fiestas que tuvieron lugar en Madrid y en el Puerto de Santa María con motivo de la proclamación de Fernando VI; y el curioso, aunque estrambótico folleto de D. Diego Vicente Carvajal, que lleva el título de El cortesano y el rústico, donde se hallan versos como los siguientes:

                     «Subió al tablado el Conde de Alta-Mira,
Y tremolando el estandarte, luego
Que los reyes captaron atenciones,
España dijo por Carlos III.
Si al ¡Vivan! ¡Vivan! á Lujan le vieras
Monedas de oro y plata esparcir, temo
Crecrias que estaba de las Indias
Despedazando á trozos algún cerro.
La plebe entonces se arrojaba ansiosa,
Y no era no, codicia del dinero,
Que era por adular su vista alegre
Con el retrato y nombre de su dueño.»

     Acerca de la proclamación del mismo monarca, existe también otro folleto describiendo las fiestas de la proclamación en Granada, escrito por D. José Porcel y Salablanca, donde también se hallan abusos poéticos por el estilo del ya trascrito; sin embargo de lo cual es apreciable por la descripción que ofrece de la medalla que con tal motivo se hizo en aquella ciudad; no siendo menos importante otro rarísimo folleto narrando las festividades [342] que con motivo de la misma proclamación se celebraron en la villa de Alaurin el Grande; la relación anónima de las festivas demostraciones hechas con igual motivo en Palma de Mallorca; el folleto de D. Juan Cristobal Romea y Tapia, aludiendo á las fiestas de Madrid por la misma proclamación, también escrito en líneas desiguales presumiendo de versos; y otro folleto debido á D. José Suarez y D. Ignacio Fernández Alvarez, relatando las fiestas de la proclamación del mismo monarca, en el pueblo de Jalapa del Reino de México.

     La proclamación de Carlos IV tuvo también cronistas en prosa, y verso, como lo demuestran tres folletos anónimos describiendo aquellas festividades, en Ecija, Palma y Sevilla; y un tomo en folio, escrito ya con más pretensiones por D. Manuel Gil y publicado de orden del Municipio sevillano, aunque impreso en Madrid, en la célebre oficina tipográfica de la Viuda de Ibarra; obra importante por las observaciones y las láminas que contiene.

     En menor número son ya los trabajos especiales que se hicieron en los reinados de Fernando VII é Isabel II. Sin embargo, del primero de dichos monarcas tenemos un interesante, y rarísimo folleto, intitulado, Guatemala por Fernando VII el dia 12 de Diciembre de 1808», folleto cuyo único ejemplar que conocemos en Madrid, se halla en poder del reputado bibliógrafo don José Sancho Rayon, en el cual se contienen importantes noticias sobre las medallas que allí se labraron con tal motivo.

     Del reinado de Isabel II existe una obra especial, titulada Medallas de proclamación de S. M. la Reyna Doña Isabel II, escrita, por nuestro antiguo compañero D. Juan Bautista Barthe, en cuyo libro, publicado por Fuentenebro en Madrid el año 1841, se contienen láminas medianamente grabadas, reproduciendo dichas medallas de proclamación, aunque á la verdad, no todas las que existen.

     En obras ya de Historia ó ya de Numismática, se ha tratado también aunque por incidencia, de nuestras medallas de proclamación. En la edición de la Historia general de España, del Padre Mariana, publicada en Madrid en el año 1853, se insertaron como por vía de ilustración á la obra algunos grabados de estas medallas, si bien ocupándose poco de las mismas en el texto. [343]

     Ya antes de esta época, D. Juan Rámis y Rámis había publicado en Mahón el año de 1817 una curiosa obra sobre medallas antiguas y modernas e inscripciones de Menorca, en la cual incluyó la descripción de las proclamaciones menorquinas de Carlos IV. D. Joaquín María Bover el año de 1855, en su Historia de la Casa Real de Mallorca, y noticia de las monedas propias de aquella isla, describió las monedas de proclamaciones batidas en la misma; y en reciente obra, debida á la vasta ilustración de nuestro correspondiente D. Alvaro Campaner y Fuertes, intitulada Numismática balear, se han comprendido todas las medallas de proclamaciones que se conocen de las Baleares.

     Esparcidas se hallan también en otras obras noticias preciosísimas para la investigación de este interesante ramo de la Numismática española. En el tomo IV de la Colección de documentos inéditos relativos al descubrimiento, conquista y organización de las antiguas posesiones de América y Oceanía, se encuentra el acta de la proclamación de Felipe II en Lima, y en ella la mención y descripción de las medallas allí acuñadas con tal motivo. En la obra inglesa del caballero Addison, titulada Diálogos sobre la utilidad de las medallas antiguas, traducida por D. Pedro Antonio O'Crouley, traducción impresa en Madrid en 1795, se encuentra, precediendo á los diálogos, una descripción del Museo del traductor, donde, aunque de una manera por extremo concisa, se mencionan las muchas ó importantes medallas de proclamaciones que contenía. Oscureciendo su mérito abundantes errores, es también digna de consulta una obra anónima publicada en Madrid el año de 1817, con el titulo de Colección de retratos de los Reyes de Españía, desde Felipe II hasta Carlos III, y diseños de sus monedas y medallas; y en la obra de M. Guillard sobre la colección de García de la Torre, menciónanse también, aunque con un laconismo por extremo deficiente, medallas de proclamaciones; así como en la del holandés Van Loon, que lleva por título Historia metálica de las XVI provincias de los Países-Bajos, desde la abdicación de Carlos V hasta la paz de Baden, menciónanse y descríbense también medallas de proclamación de Reyes de España en aquellos países. Por último, la conocida obra del francés Aloïs Heiss, empezada á publicar en Madrid el año de 1865, y que [344] lleva por título Descripción general de las monedas hispano-cristianas desde la invasión de los árabes, inserta también medallas de proclamación, aunque no todas ni mucho menos, por no ser esta especialidad el principal propósito de su obra.

     Por tantos y tan recónditos caminos tiene que marchar la investigación bibliográfica del que acometa el difícil estudio y organización de la serie numismática que nos ocupa, además del examen directo de las medallas mismas, que es á lo que en su mayor parte se han limitado los que han hecho objeto especial de sus publicaciones las mismas medallas de proclamación. Así se observa en un folleto en 4.º, sin año ni pié de imprenta, titulado Medallas de proclamaciones de los Reyes de España, ligero é incompleto resumen de estas piezas monetales á partir de Felipe III, y donde con frecuencia se confunde el lugar donde se conservan las medallas que cita, atribuyendo las que se guardan en esta Academia, al Museo Arqueológico Nacional. Más completos y detenidos son los trabajos de D. Hipólito Pérez Varela, publicado el uno en la Habana el año de 1863 con el título de Ensayo de un Catálogo descriptivo de las medallas de proclamaciones de los Reyes de España, y el otro Índice alfabético cronológico de las medallas de proclamación de los Reyes de España, que forma parte del Memorial Numismático español (Barcelona 1868); pero ni tampoco son completos, ni datan de más allá de Felipe III, ni contienen noticias históricas indispensables para el exacto conocimiento de los tipos, ni llevan un orden ó agrupación metódica, y por lo tanto científica. No sucede así con el Indicador de las medallas de proclamaciones de los Reyes de España, folleto debido á los largos trabajos é investigaciones del entendido numismático D. Alejandro Rivadeneyra, impreso en 1879, aunque no puesto en circulación por su autor; trabajo presentado en forma de tablas, por reinados y por localidades, con curiosísimas notas de bien razonada crítica, que hacen de este folleto, sin duda alguna, la obra hasta aquí impresa de más importancia sobre la materia, Sin embargo, más que obra didáctica es, como su nombre declara, un indicador utilísimo, y como el ante-proyecto de otra obra más extensa y en forma expositiva, que es la que ha acometido, en mi juicio con notable acierto, D. Adolfo Herrera, autor del [345] manuscrito que motiva el presente informe. En él, y después de formar cinco grupos de todas las medallas de proclamación española, comprendiendo en el primero las de la Península, en el segundo las de la América española, en el tercero las de los Países Bajos, en el cuarto las de Italia y en el último las de Filipinas, va mencionando en cada reinado las de los pueblos que corresponden á cada una de estas divisiones en orden alfabético para facilitar la consulta, y en la descripción de los esmaltes de los escudos sigue el acertado método del jesuita Silvestre Pietra Santa, que es el más generalmente admitido. Á la descripción de las monedas de cada reinado precede una noticia histórica del monarca y de la localidad, en cuanto pueda servir para esclarecer el estudio de las medallas respectivas, así como en las descripciones, siempre que es necesario, anota las fuentes de los datos que consigna en el texto, con lo que su trabajo adquiere mucha mayor importancia, que si se limitase á la descripción de las monedas que hubiere podido haber á las manos ó de que hubiera podido tener noticia. El especial examen que he hecho de todo el manuscrito me ha convencido de que el autor ha investigado cuantos antecedentes pudieran servirle para la realización de su obra, prestando un trabajo tan paciente como difícil, y de tan acertada crítica como grande utilidad. En las descripciones de las monedas está acertadísimo. Ni olvida pormenor de cuantos encuentra en la medalla de que trata, sin que por esto sea difuso, sino preciso y suficiente; ni deja de consignar otro detalle de mucha importancia en obras de este género, cual es el precio que alcanza cada una de las medallas que describe y estudia en los mercados monetales. En cuanto al número de las piezas numismáticas que contiene esta obra, comprendiendo desde Felipe II hasta Alfonso XII, ambos inclusive, puede asegurarse, sin peligro de errar, que es la más completa de las pocas que, como ya hemos visto, han tratado especialmente de esta materia.

     Otra cualidad encontramos en la presente obra: la buena fe y la digna ingenuidad con que al empezar su trabajo consigna, con verdadera gratitud, los nombres de las personas que le prestaron el concurso de sus especiales conocimientos, ayudándole con sus consejos é indicaciones; noble conducta, no muy común [346] á la verdad, que me hace recordar la hermosa frase de nuestro dignísimo y docto anticuario en una ocasión solemne: «el título de hombre de bien vale mucho más que el de sabio.»

     En el presente caso, por fortuna, demuestra el Sr. Herrera que en la materia de que trata aduna ambas cualidades. La obra resulta muy completa, muy bien redactada, con excelente crítica, con acertado método, y con todas las condiciones que pueden desearse en trabajos de este género; resultado que habrán de completar las láminas, pues las dos que como muestra presenta son de lo más perfecto que en su género puede darse, por su exactitud en el dibujo de los originales, cuyo carácter propio conservan de tal modo, que no aparece la moneda alterada ni desvirtuada en sus accidentes ni en su estilo peculiar, lo cual rara vez acontece, pues los artistas con frecuencia se olvidan de que copian un monumento antiguo, para imprimirles el sello de su especial aptitud.

     Por todo lo expuesto, y teniendo en cuenta que esta obra ha de llevar por lo menos de 90 á 100 láminas, lo cual requiere grandes gastos, que difícilmente verá recompensados el autor, opina el que suscribe que siendo, como es en su género la obra de relevante mérito, se informe á la Superioridad en el sentido de que le otorgue la mayor protección que le sea posible. La Academia, sin embargo, resolverá.

     Madrid 11 de Noviembre de 1881.

J. DE DIOS DE LA RADA Y DELGADO.

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III. Agasajo del señor John Gilmory Shea á la Real Academia de la Historia

     Cuando el Sr. Director se sirvió encomendarme el informe acerca de D. Diego de Peñalosa y su supuesto descubrimiento del reino de Quivira, á orillas del Mississipi, tuve ocasión de hacer patente la predilección con que el Sr. Gilmory Shea, literato [347] distinguido de los Estados-Unidos de América, busca en nuestros archivos documentos inéditos relacionados con las primeras exploraciones y población del territorio que hoy constituye la República de la Unión Americana. Ahora tócame informar que al libro en que dió á luz la Relación del viaje de aquel tan curioso como poco ejemplar personaje, origen del escrito referido, acaba de añadir nuevo agasajo á esta Corporación enviando con destino á su biblioteca una colección de obras raras y estimables, de que es á la vez compilador y editor.

     Ha emprendido el Sr. Gilmory Shea obra parecida á la que entre nosotros acometieron D. Antonio de León Pínelo, D. Andrés González de Barcia y D. Juan Bautista Muñoz; pero si bien limita á la América septentrional la formación de su biblioteca, con elementos muy superiores á los que contaron los americanistas españoles, pues reune á los que ya he dicho de suficiencia el de poseer una de las prensas tipográficas más perfectas de NuevaYork, á lo que parece, reproduce los documentos históricos en la lengua en que fueron escritos, acompañando la traducción inglesa y poniendo las notas y comentarios que el progresivo afán de investigar exige en nuestros días, así en correspondencia de lugares geográficos y biografía de las personas que culminantemente aparecen, como en ilustraciones gráficas. Diferénciase también su labor en que más que á popularizar libros de conocida utilidad, tiende á procurar á los doctos noticias no divulgadas, de que generalmente hace tirada de muy pocos ejemplares, doblemente codiciados por la hermosura de los tipos, la riqueza del papel, el esmero de las copias en fac-símile de mapas, planos, vistas y autógrafos y el adorno de retratos grabados en acero.

     La remesa que ahora ha hecho comprende la Historia y descripción general de Nueva Francia, por el P. de la Compañía de Jesús Francisco Javier de Charlevoix, en seis tomos; la del Primer establecimiento de la Fe en Nueva Francia, por el P. Recoleto Cristian Le Clercq, en dos, y la Descripción de la Luisiana, del P. Luis Hennepin, en uno; todas traducidas en la forma expresada.

     Siguen en orden histórico veintitres obras de más reducido volumen, escritas en el siglo XVII, las más inéditas ó de rarísimos ejemplares impresos entonces, reproducidas en latín, francés ó [348] inglés, y que tratan de descripción parcial de territorios, costumbres de los indios, guerras con estos ó de las naciones colonizadoras entre sí, establecimiento de misiones católicas, cautiverios y exploraciones.

     No por vana consideración, sino porque sirvan de correctivo á los críticos indigestos, que juzgando con las ideas de nuestros días los sucesos del descubrimiento de las Indias occidentales y su conquista por los españoles, los motejan de exagerados, sanguinarios é intransigentes, me parece oportuno hacer mención expresa de tres Relaciones comprendidas en la Colección del señor Gilmory Shea.

     Titúlase una de ellas Extracto de las Aventuras de Mathieu Sagean, que era un viajero francés, émulo de Manolito Gazquez, allá por los años de 1628 á 1701. Cuenta que habiendo salido del Canadá, navegó por un afluente del Mississipí, trasladándose á otro río, por el que llegó á un imperio regido, según le informaron, por un descendiente de Motezuma, que vestía pieles de hombre, lo mismo que sus principales cortesanos. Los muros del palacio eran de oro macizo, formándolos piezas escuadradas de este metal, á manera de ladrillos, sujetas unas á otras con grampas y barras. El piso, de adoquines de la misma materia, que debería de ser vil por lo abundante. Estaba el emperador en relaciones directas con el del Japón, enviándole caravanas de oro á cambio de hierro y otras cosas. No es difícil adivinar que el soberano ofreció al afortunado francés la más bella de sus hijas, y que éste prefirió á tan gran bien las penalidades del camino de regreso, librándose por su prevención y habilidad de leones, tigres, leopardos, torrentes, indios salvajes y otras frioleras. Lo que cuesta más trabajo discernir es cómo se le dió crédito en Francia y puso el Gobierno á su disposición un buque de guerra que lo llevara al Canadá, y allí canoas y recursos con que mostrara el camino del fantástico imperio.

     La Relation des Affaires du Canada en 1696, colección de cartas inéditas de los PP. Jesuitas misioneros, es cosa distinta. En una de ellas se noticia la campaña que 700 soldados con 300 indios auxiliares hicieron contra ciertas tribus de iroqueses, sin logra darles alcance. El P. misionero se lamenta de que gastara el [349] gobernador de la colonia más de 30.000 escudos del Rey para quemar algunas chozas y talar campos de maíz, porque el resultado positivo de la expedición se redujo á la captura de un viejo de 80 años, casi ciego, y una vieja coja, que se habían escondido por no poder seguir á los suyos. La vieja fué perdonada, pero no el hombre, por considerar los franceses debía morir en saludable escarmiento, y aunque resultó que era cristiano y pidieron los indios auxiliares que se le degollara, fué quemado á fuego lento, auxiliándole el mismo P. misionero que le había bautizado con el nombre de Tomás. Rogó, dice éste, fervorosamente, y haciéndolo saber al gobernador, hubiera tenido piedad de él á no estar ya medio abrasado, visto lo cual uno de los asistentes, más compasivo, le rompió la cabeza de un porrazo.

     El tercer ejemplar atañe á la tolerancia de los ingleses. Nicolás Upsall, uno de los emigrantes que fueron de Inglaterra á fundar la ciudad de Dorchester en 1630, hombre trabajador é inofensivo, pasó á Boston, y habiéndose descubierto que pertenecía á la secta de los Amigos, fué preso y sentenciado á destierro en las islas Barbadas, donde por pena ordinaria se vendían los blancos por esclavos, pena harto más suave que la que tocó á dos de sus correligionarios, ahorcados en el árbol de la libertad, sin permitir que los cuerpos se tocasen, para que fueran pasto de las aves. La intercesión de personas de valimiento cambió la sentencia de Upsall, primero en prisión perpetua y después en destierro, á condición de que no predicara «la doctrina diabólica de la maldecida secta de los Quákeros.»

     Componen otra sección de los libros enviados por el Sr. Gilmory Shea los vocabularios, gramáticas y diccionarios de lenguas de los indios americanos, en número de once, algunos de autores españoles, como especifico.

     Arte de la lengua Névome, que se dice Pima, propia de Sonora, con la Doctrina Cristiana y Confesonario añadidos. De un Manuscrito anónimo del siglo XVIII. Publicado por Buckingham Smith. Nueva-York, 1862.

     El libro, en folio, de 97-32 páginas, tiene la siguiente dedicatoria:

     A Juan de Herrera, marqués de Herrera. -En feliz recordación [350] de los días bien empleados en Valencia del Cid, permitidme poner bajo el amparo de vuestra ilustración esta obra de autor desconocido.

     En la introducción explica que el manuscrito perteneció á la librería de D. Bartolomé Gallardo, y que lo adquirió el editor en Toledo por conducto del Sr. D. Francisco González de Vera. Que del autor no pudo averiguar otra cosa sino que perteneció á la Conipañía de Jesús, y suponía que el manuscrito vino a España después de la supresión de la orden en Méjico en 1767. Por la obra se advierte que al escribirla existía otro Arte de la lengua Pima, atribuido al P. Olin ú Oliñano.

     Del mismo Buckingham Smith aparece la traducción de una Gramática de la lengua Heve, según un manuscrito inédito español. Nueva-York, 1861, 26 páginas en folio. No explica la procedencia, que acaso sea la propia del anterior, porque la lengua es también de las que se hablan en Sonora, provincia que era de la Nueva España.

     Otras tienen por títulos:

     Extracto de la gramática Mutsun, ó de la lengua de los naturales de la Misión de San Juan Bautista, compuesta por el R. P. Fray Felipe Arroyo de la Cuesta, del orden seráfico de N. P. San Francisco, Ministro de dicha Misión en 1816. Nueva-York, 1861, 48 páginas folio.

     Alphab. Rivulus Obeundus, exprimationum causa horum indorum Mutsun, Missionis Sanct. Joann. Baptistæ, exquisitarum á Fr. Philippo ab Arroyo de la Cuesta. Año de 1815. New-York, 1862, 96 páginas folio.

     Estas dos obras proceden del Colegio de Santa Inés de Méjico, donde murió el P. Arroyo el año 1842. De su persona no se da más noticia que era catalán y fué á las Misiones de California en 1810.

     No he citado en las secciones anteriores un fac-símile de la carta que escribió Colón á Luis de Santangel, publicada en 1493. Se ha tomado del ejemplar existente en la Librería Ambrosiana de Milán, unico conocido.

     Tampoco he comprendido un opúsculo crítico del Sr. Gilmory Shea, cuyo título es The bursting of Pierre Margry's La Salle Bubble [351] (El estallido de la bomba de La Salle, de Pierre Margry). Censura el aparato y ruido que dicho Margry, en compañía del señor Gravier, han empleado anunciando al mundo literario la aparición de los tres tomos de documentos con que se proponían probar que su compatriota Cavelier de La Salle fué descubridor del río Mississipí, sin haberlo probado después de todo, ni satisfecho la curiosidad general por ellos excitada, con noticias nuevas que interesen á la historia. De la Colección de documentos de Margry, así como del personaje á que se refieren, traté en el informe de D. Diego de Peñalosa, principio y fin de esta nota, y he creido que no sería indiferente á la Academia conocer la opinión trascrita, que dice su autor coincide con la del Sr. Henry Harrisse.

     Tal es, en resumen, la idea del apreciable donativo hecho á esta Corporación por el Sr. John Gilmory Shea.

     Madrid 16 de Mayo de 1883.

CESÁREO FERNÁNDEZ DURO.     

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IV. Les basques et le Pays Basque, mSurs, langage et histoire, par Julien Vinson, Paris, 1882.

     Ese lindo libro, en 8.º, de 150 páginas, está destinado por su autor á difundir entre los muchos viajeros que veranean en país vascongado el conocimiento de las costumbres, lenguaje é historia de aquella deliciosa comarca. El estilo ameno y la dicción elegante, dotes preciosas de este bosquejo, no encubren al ojo inteligente las muchas horas de estudio que M. Vinson, nuestro compañero, ha debido consagrar á su objeto para reducir con exactitud á las proporciones de una miniatura brillante un panorama tan extenso como variado.

     Las costumbres del pueblo vascongado al uno y al otro lado del Pirineo, las describe el autor como testigo ocular. «Quiero de corazón, dice, á los vascongados, entre los cuales pasé doce años, los [352] más hermosos de mi vida;» pero esto no lo impide el apuntar sin preocupación los puntos que estima defectuosos ó susceptibles de mejora en las costumbres de aquel antiguo y nobilísimo pueblo. Examina y lamenta las causas de la emigración que todos conocéis; cierra las puertas á toda esperanza de restablecer sobre base robusta en su derecho privativo los fueros; alaba la sobriedad, hidalguía, laboriosidad, afición á la música y demás prendas características de aquellas gentes, cuyo nacimiento les da sin otro requisito el título de hidalguía; mas no disimula la terquedad y el espíritu de rutina que les hace hostiles ó esquivos al progreso de la industria y al procomunal moderno. Si la crítica de M. Vinson se encerrase en los limites de la esfera económica y no trascendiese á exagerar y zaherir la piedad religiosa del pueblo vascongado, con gusto compartiría las excitaciones de este noble ingenio, las cuales, por lo que toca al plan de favorecer á la navegación, industria y agricultura, tuvieron siglos pasados magníficos precedentes, sin que la piedad religiosa obstase, antes bien, por lo contrario, contribuyese eficazmente á tan digna obra. Para convencerse de ello basta leer la Corografía de Guipúzcoa, por el P. Manuel de Larramendi, cuyo manuscrito posee nuestra Real Academia, y con su venia publiqué el año pasado en Barcelona. Las letras y las ciencias, la magistratura y el arte militar, las artes liberales y las mecánicas, todas sin excepción, han tenido representación y asiento en el país vascongado, de tal manera, que el resorte íntimo de su fecundidad y grandeza cabalmente se encuentra en la magnanimidad y constancia inspiradas y mantenidas por la convicción religiosa.

     Al tratar de la Euskara ó del idioma vascongado, el Sr. Vinson se halla como en su centro, como que su nombre, enlazado con los del príncipe Luis Napoleón Bonaparte, del inglés Webster, del flamenco Van Eys, del alemán Humboldt y del húngaro Rivary, brilla en la columna de honor que toda la Europa sabia en estos momentos eleva al lenguaje ibérico, uno de los más antiguos y respetables de ambos hemisferios del orbe. El problema ibérico ha dado un nuevo paso eliminando de esta obra de M. Vinson ciertas nubes que empañaban la obra filológica que dió á luz no há mucho, asociándose al distinguido lingüista [353] M. Hovelacque; negábase allí que existiesen escritos en lengua vascongada anteriores al siglo XVI; y como toda ciencia histórica como lo es la del lenguaje aplicado á la etnología, requiere y exige, no teorías á priori como la ibérica de Humboldt, sino hechos positivos y demostrados, seguíase forzosamente de aquella negación una consecuencia harto lamentable, cual es, un castillo en el aire, puesto que no se puede sostener que la lengua vascongada sea la primitiva y universal de Iberia, mientras no nos conste que siquiera en su propia región permaneció esencialmente la misma. En su obra Les basques et le pays basque, cita M. Vinson el glosario del siglo XII, tomado del Códice Calixtino de Compostela, que di á conocer, pero es de lamentar que haya pasado por alto las investigaciones, en mi concepto solidísimas, que M. Luchaire, tanto en los cartularios de la Edad Media como en las inscripciones vasco-romanas, ha emprendido para demostrar la persistencia de tan noble idioma al través de los siglos. En el Congreso Americanista, que en nuestro panteón de la historia española tuvo lugar, apoyado en el pláceme de nuestro señor Director y sostenido por el aviso que expusieron con aplauso de todos los concurrentes el mismo Sr. Vinson y el Sr. Fabié, insistí en la idea, no tanto de crear una cátedra de vascuence en la Universidad Central, cuanto en la de sondear los tesoros de esta lengua en sus lápidas y pergaminos de la región española, por parecerme imposible que si se buscan no se encuentran, y si se encuentran no den igual ó mejor resultado que al otro lado de los Pirineos. En Pamplona y en San Sebastián publícanse revistas de inapreciable valor, con el objeto de paralizar, ó siquiera sea refrenar, el ímpetu con que se abalanza el vascuence á la sima por donde dentro de un siglo, si Dios no lo remedia, habrá rodado á la mansión de la muerte; en estos momentos, con el gran Diccionario de Aizquibel reina por todas partes el entusiasmo; pero mucho temo que semejante movimiento mientras anda volando por las ramas y deja la raíz pereciendo sin riego, y lánguida, no llegue á constituir sino un efecto galvánico que dé al idioma contorsiones efímeras, mas no la honra de la inmortalidad á que está por su naturaleza llamado, como piedra angular del edificio histórico de nuestra patria querida. [354]

     En la historia del país vascongado condensa ordenadamente el Sr. Vinson los diferentes datos que surgen del testimonio de antiguos y modernos autores. El cuadro, muy apreciable si se trata de conocer el estado del ínfimo pueblo disperso en caseríos y aldeas, no me lo parece tanto si se extiende á las clases elevadas y bien marcadas en su triple esfera de religión, nobleza y comunidades, tales como las ha descrito Wentworth Webster.

     Madrid 3 de Febrero de 1883.

FIDEL FITA.     

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V. Antiquités canariennes ou annotations sur l'origine des peuples qui occupèrent les Îles Fortunées, depuis les premiers temps jusqu'à l'époque de leur conquête, par Sabin Berthelot, ancien Secrétaire Général de la Société Géographique de Paris, etc.; Paris, 1879.

     M. Berthelot, bien conocido en toda la república de las letras, por los vastos y sólidos estudios que como á historiador, geógrafo y naturalista le han merecido las islas Canarias, y que en parte ha publicado, nos introduce al conocimiento de las antigüedades prehistóricas é históricas de aquel afortunado suelo, siguiendo paso á paso el informe luminosísimo que dió nuestra Real Academia al Gobierno de S. M., en recomendación de la obra monumental escrita por D. Manuel de Góngora, Las Antigüedades de Andalucía, que tan justa y noblemente, en concepto de M. Berthelot, supo estimar nuestra Corporación. Los monumentos troglodíticos y megalíticos de la Bética, expuestos con método y rara penetración por el Sr. Góngora, se ven ilustrados y sus deducciones prehistóricas comprobadas con toda suerte de otro monumentos análogos esparcidos sobre la haz y en el gremio de las islas Canarias por M. Berthelot, quien no trata de ellos sin reseñar de antemano todos los datos históricos y [355] etnológicos que considera oportunos para esclarecer el problema. En la sección histórica que titula Preliminares, traza el compendio de cuanto escribieron los antiguos historiadores y viajeros hasta la famosa expedición de Juan de Bethencourt, á principios del siglo XV; y entrando por fin de lleno en el terreno propio de la etnología comparativa, señala los puntos de contacto que la ciencia ha logrado ya descubrir entre la población guanche indígena y tal vez primitiva de aquellas islas, con las vecina y remota así del continente africano como de la península Ibérica. Esta última parte de la obra de M. Berthelot, es tan importante como se deja ver; y demuestra que su autor, eminente naturalista y nada sujeto á ilusiones sistemáticas, ha sondeado profundamente las cuestiones más vitales y fecundas de nuestra historia.

     De algunos años á esta parte, la consideración de los sabios ya no se fija casi exclusivamente en el inmenso tesoro literario que nos legaron las antiquísimas civilizaciones florecientes desde el Nilo hasta el Ganges. También son alabados de sabios por las tradiciones griegas y africanas aquellos iberos occidentales, que pudieron en verdad recibir su cultura y sistema gráfico de las colonias que durante largos siglos les envió sin cesar la opulenta Tiro y la pujante rival de Roma. Pero así como á nadie se oculta que, si bien luce ahora la gigantesca Albion en Chipre, en Egipto y en las Indias orientales su genio literario, no impide por eso ni ahoga del todo las ricas producciones del griego, del árabe, y del sanscrito, aunque degeneradas en ambas posesiones inglesas; así también pudo acontecer que simultáneamente á la expansión del saber, llevado por las naos fenicias, coexistiese otra literatura indígena en nuestras regiones occidentales; y esto es lo que hoy sospecha y estima no sin gravísimos fundamentos la opinión general de los doctos. Porque en primer lugar, los letreros de los monumentos megalíticos en la Bética se reproducen ó se encuentran grabados con mayor amplitud conforme lo ha probado diseñándolos y estudiándolos M. Berthelot en las islas Canarias. Este distinguido sabio ha hecho también observar que aquellos letreros arcanos marcados en la viva roca, aparecen semejando obedecer al mismo sistema gráfico en los monumentos que suelen llamarse célticos de Galicia; y á poco vuelo ulterior [356] que hubiese dado á sus investigaciones los habría encontrado igualmente en el país de Gales y en Irlanda. Merced al talento de Mr. Rhys, profesor de céltico en la universidad de Oxford, sabemos que en ambas islas ibérnica y británica, aquel sistema gráfico, tal como se conoce en las inscripciones de fecha segura y descifrable, sirvió para escribir en latín y en céltico; y que de seguro los epígrafes hasta hoy reconocidos, no son anteriores á la era cristiana. De aquí dimana la conjetura plausible de que no se inventaron tan de repente como los glagolíticos que escogitaron San Cirilo y Sara Metodio para completar la escritura eslavona, ó la griega cursiva del siglo IX. Los caracteres ógmicos de Irlanda y del país de Gales, brotaron ó surgieron de la ciencia de los bardos y al parecer de su culto al árbol sagrado que produce el muérdago; por manera, que si no todos, casi todos ellos, están fundados en la distinción del tallo con sus hojas, ó bien en la diversidad que presentan por su figura los tallos de diferentes árboles. No debemos por lo tanto desesperar de que algún día como fruto de la observación, comparación y clasificación de todos estos caracteres que se encuentran por todas las costas occidentales del orbe antiguo, recojamos la clave del sistema; y con ellos en la mano, demos el primer paso para proceder á la comparación de la lengua escrita ó inmortalizada en la piedra, con las lenguas más ó menos trasformadas por la huella de los siglos que le sean afines. M. Berthelot, estableciendo relaciones que determinan el tipo guanche ó canario de tez blanca, ojos azules y rubio cabello, ha rebatido victoriosamente á los que se empeñan en hacerlo salir de la irrupción de los vándalos ó lo que sería mucho peor á la de los (matjus), ó normandos, que bajaron del Báltico. Ni estos ni aquellos emplearon jamás el sistema de escritura de que dan evidente y asombroso testimonio los letreros de la isla de Hierro, ni su lengua, ya teutónica, ya escandinava, perteneció por su estructura á la de los guanches. Examinando los elementos, escasísimos por desgracia, que nos han quedado del lenguaje indígena y mayormente en los nombres geográficos y otros menos sujetos á cambiarse por el tiempo, ha llegado el sabio escritor, á sentar como probable la afinidad del idioma guanche, con el vascongado que á su vez estima pariente en [357] muchos vocablos de la rama berberisca, que llama akerri al macho cabrío, ni más ni menos que en euskaro, del cual hemos tomado nuestro aquelarre. No seguiré á M. Berthelot en sus múltiples discusiones sobre el tipo que presentan las figuras de los mal llamados egipcios, y otros caracteres fisiológicos que harian probable la extensión de la raza ibérica en Francia, en España y por todo el norte de Africa hasta el istmo de Suez. Todo ello se vislumbra á lo lejos, como una masa confusa de vapor que se levanta del mar de la ciencia sobre el horizonte, dorada por los primeros rayos del naciente sol de la Crítica. Felicitaré, si, á la Academia porque el Sr. Berthelot, en la dedicatoria que nos ha hecho de su hermoso libro, desea lograr, como alto premio y noble timbre de su trabajo, vuestra sincera aprobación y generosos plácemes.

     Madrid 12 de Enero de 1882.

FIDEL FITA.     

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Memoria histórica, política y económica de la provincia de Misiones de indios guaranis (continuación).

      (321)

     67. Tambien se les dá racion de yerva: pero, en el pueblo que mas, no pasa de trescientas arrobas al año el consumo (322)
     68. De los demás frutos y efectos es mui poco lo que disfrutan los yndios. El trigo, el tabaco, la miel azucar (323) que se veneficia, o se compra, lo que de Buenos Ayres viene comestible (324), comprado con el caudal de los yndios, todo se consume en la casa principal: solo el Correjidor, los de Cavildo, y los enfermos disfrutan alguna cantidad de estos efectos (325).
Regúlase el valor del gasto anual.      69. Esto es lo que los pueblos mejor arreglados, y que mejor asisten a los yndios, distribuyen anualmente; cuyos frutos, regulado su valor por los precios mas subidos de estos pueblos, pueden ascender a cinco mil pesos; a los que agregando los Reales tributos, diezmos, sueldos del Administrador, y gastos de [259] Yglesia (326), podrá computarse todo el gasto en ocho mil pesos al año.
Tantéase el valor de lo que pueden trabajar en un año.      70. Vn pueblo de trescientos yndios de trabajo, podrá tener mil y doscientas almas, entre chicos y grandes: con que, teniendo presente que desde cinco años para arriba todos trabajan lo que pueden, y que los muchachos y muchachas no tienen dias libres, se podrá regular en ochocientos trabajadores que emplean mitad del año (327) en beneficio de la comunidad: repartiendo entre ellos los ocho mil pesos de gastos precisos, toca á cada uno diez (328). Aora bien, ¿en que podrá Vm. exercitar a un yndio, o yndia en esta provincia tan fertil, y de tantas proporciones, que trabajando con una mediana aplicacion no produzca su trabajo quando menos quarenta ó cinquenta pesos en la mitad de un año? Agregue Vm. a esto el producto de las estancias, que llegando a veinte mil cabezas de ganado mayor ha de rendir fuera de gastos y costos tres mil pesos quando menos cada año; y hallará Vm. que el no adelantarse los pueblos es, o por que la inacion de estos naturales es mucha, o por que el consumo y desperdicio de la casa principal es grande. Uno, y otro sucede, como manifestaré en su lugar.
     71. Hasta ahora he referido a Vm. sencillamente el modo con que se goviernan estos pueblos; sin manifestarle las vejaciones y violencias (329) que sufren los naturales: todo ello consequencia precisa de la comunidad a que viven sugetos. Materia es esta de tanta consideracion, que deviera tratarse por otra pluma mas eloquente que la mia; pero escribo solamente para Vm., quien sabrá (330) poner en mejor orden lo que [360] yo desaliñadamente lo noticiare. Volveré a tomar el ylo desde el principio para su mayor claridad, o inteligencia (331).
Los Religiosos tubieron micha parte en el atraso de los pueblos.      72. Puesto el govierno particular de cada pueblo a cargo de un Administrador secular de las temporalidades (332) y de dos Religiosos que doctrinasen a los yndios, les administrasen los Santos Sacramentos, y atendiesen a la direccion de sus almas, se dividió el mando, que antes estaba en una sola persona que cuidava de lo espiritual y temporal. Estos Religiosos fueron elejidos y nombrados conforme se encontraron: los mas eran mui mozos, y sin prudencia ni conocimiento. Los yndios, acostumbrados a ovedecer solamente a sus Curas, miravan al principio con indiferencia quanto los Administradores les dictaban; de modo que nada se hacia sin consultarlo primero al Padre. De estos principios nacieron las grandes discordias entre Curas y Administradores, y que contribuyeron en gran parte a la ruina de los pueblos, como se queja D. Francisco Bruno de Zavala en la representacion que hizo a S. M. el año de setenta y quatro (333). Los Curas se hicieron dueños de las casas principales, nombradas Colejios, no permitiendo vivir en ellas a los Administradores: lo mismo hicieron con las huertas, y sus frutales: de todo pretendian disponer a su arvitrio; y, como los yndios estaban de su parte, conseguian cuanto se les antojaba. Procuróse poner remedio a estas imprudentes pretensiones de los Relijiosos con algunas providencias de govierno; pero no se adelantava un paso en ello, sin ocasionar a los yndios muchas vejaciones, y molestias: porque, adictos siempre a ovedecer a los Relijiosos, y no cesando estos de influirles maximas contrarias a la [361] paz, era preciso vsar del rigor con ellos para sugetarlos al govierno.
Discordias entre Curas y Administradores.
Los yndios padecen por causa de ellas.
     73. Consiguiose al fin el hacer conocer a los yndios que solo en las cosas concernientes a su salvacion devian prestar atentos oydos a sus Curas, y en lo demas a sus Administradores; pero no por esto cesaron las discordias entre Administradores y Curas: por que, como unos y otros viven en una misma casa y con cierta dependencia en las funciones (334), jamas se conformaban en sus distribuciones. Los Curas querian que los yndios asistiesen todos los dias a la Misa, y al Rosario a la ora que se les antojaba, que muchas veces era bastante intempestiva: los Administradores se lo impedian, unas veces con razon, y otras sin ella; y lo que resultava era, que el Cura mandava azotar a los que ovedecian al Administrador, y este (335) a los que ovedecian al Cura: y unos y otros castigos se executaban en los miserables yndios, sin mas culpa que ovedecer al que les parecia mandava con mas arreglo, o que les acomodava mejor el ovedecer (336). Hasta los mismos Correjidores y Cavildantes no estaban libres de estas bejaciones: que no pocas vezes se vieron apaleados, y maltratados de los Curas, y Administradores, sin saber a que partido arrimarse. Esta persecucion no es tanta en el dia; y, aunque una, u otra vez se experimenta, no es con tanto escandalo.
Otros motivos de discordias.
Sus resultas las padecen los yndios.
Otros motivos de riñas.      74. Por motivos menores y particulares se encendian cada dia, y aun encienden grandes quimeras (337) entre Curas y Administradores. Como los pueblos tienen obligacion de alimentar a los Curas, y esto corre a cargo de los Administradores, estos estan [362] enemistados (338), como regularmente sucede, tienen ocasion de vengarse del Cura, haciendole esperar, dandole lo peor, y escaso, y por otros medios dictados por el espiritu de venganza. Vien es que no siempre tienen razon los Curas para quejarse; pues solicitan que la comida sea con tanta abundancia, que les sobre para dar de comer, ademas de los muchachos que les sirben, a seis u ocho que suelen agregarseles.
     75. Como en los pueblos no hay maestros de oficios que trabajen para el que quiera comprarles su obra, ni aun se puede conchavar un peon sin dar cuenta al Administrador, por que todos estan sugetos a la comunidad, ni los yndios saben vender su trabajo, ni hay como suplirse de las precisas necesidades, la practica que se observa es; si uno (339) tiene necesidad de un par de zapatos, llama al zapatero, le dá los materiales, y le dice le haga zapatos; el los hace y los trae; y, si le dan algo, lo recive; y, si no, se va sin pedir nada. Lo mismo sucede con todas las demas necesidades. Si el Cura ocupa al zapatero o a otro, y esta mal con el Administrador, si este lo save, inmediatamente lo despacha a los trabajos de comunidad, para que retarde, o no haga la obra; luego lo save el Cura, y está armada la quimera (340), y todas las resultas (341) las paga el yndio, o los yndios, a los que se persiguen por que otros los protegen.
Sacristanes, Músicos, Acólitos.      76. Aunque en las ordenanzas se previene que para el servicio de la yglesia se destine un Sacristan y tres Cantores, lo que se practica es que en estos ministerios se ocupan dos Sacristanes mayores, y otros ó quatro menores (342), y diez o doce muchachos para [363] Acolitos, con mas una infinidad de Musicos: que, aunque estos ultimos no dejan de ocuparse en otras cosas, siempre es preciso tener algunos a mano para lo que se ofrezca; y, no estando prontos, o pareciendoles al Cura pocos los que ayuden (343), ya hay riña sobre que se tira a arruinar el culto divino. Tambien la hay mui frequente sobre que algunos Curas quieran tener ocupados todo el dia los Sacristanes (344) y Acolitos en su beneficio.
Yndolencia con los vienes de los yndios.      77. Los vienes de los yndios son tratados como sus personas: distribuyendose estos con la mayor escasez entre los yndios necesitados, y aun enfermos, se gastan con la mayor profusion, no tan solamente entre los españoles empleados, sino tambien con quantos pasageros llegan, y que tal vez sin motivo ninguno se detienen en los pueblos los dias que quieren, facilitandoles quantas comodidades se les antoja, lo que reciben como cosa que de justicia se les deve; y de no hacerlo asi, se muestran quejosos de los Administradores que no los han tratado (dicen) como deven: y, aunque el Govierno ha dado algunas disposiciones sobre esto, ningun efecto han tenido (345).
     78. Regularmente se tienen empleados uno o mas yndios para cuidar cada especie de frutos o efectos de los que se trabajan ó benefician; pero con todo, es increhible lo que se desperdicia, y pierde, ya sea por impericia, o descuido de los mismos yndios, o por abandono de los Administradores. ¿Quien creerá que, llegando a dos mil, y aun a mas, las reses que se consumen cada año en un pueblo, se gasten todos los cueros de ellas en sacos y otros ministerios? Pues ello es asi: todos los dejan perderse; pudiendo con su beneficio, y venta acrecentar los haveres de la Comunidad. [364] Lo mismo sucede con todo lo demas, sin encontrar medio para remediarlo.
Multitud de sirbientes del Colejio.      79. Para el Administrador y los Rexidores (346) que tiene el pueblo obligacion de alimentar, hay ocupados dentro del Colejio mas de cinquenta personas. A Vm. le parecerá ponderacion; pues no lo es. Y si no haga Vm. la cuenta: para uno o dos almudes de trigo que se amasan cada dia, se emplean dos o tres taoneros donde hay taona (347); que, donde no la hay, se emplean seis lo menos. Quatro o seis panaderos (348): en la cocina lo menos se emplean seis; y, si los Relijiosos cocinan, apartan otros tantos: dos lo menos de ortelanos, dos de aguateros, quatro, o mas de refitoleros (349), y uno, o dos cuidadores de los caballos de cada persona. Todos estos alternan por semanas (350) con otros tantos; y ni unos, ni otros trabajan para la comunidad, por que la semana libre es para ellos: a que (351) agregará Vm. los muchachos sirvientes; que cada uno tiene dos lo menos, y verá Vm. que cuenta tan abultada saca. Ademas desto, todos los sabados ha de traer cada persona un palo para la leña del consumo de la semana.
Gastase muchos en las fiestas.      80. Donde tambien se nota (352) la facilidad con que se disipan los bienes de los yndios, es en las fiestas anuales de los Santos Patronos de los pueblos. No baja lo que se gasta en las mas reducidas del valor de trescientos a quatrocientos pesos; y destos los que disfrutan menos son los yndios, a los que solo se dá carne en abundancia esos dias, y algun corto regalillo que [365] se les distribuye; pero para los Relijiosos, Administradores, y otros españoles que concurren, como tambien para o Thenientes (353), si asisten, hay abundantes y exquisitas comidas, y regalos llamados tupam baes. Esta costumbre o abuso la hallé, establecida, y se practicaba en el tiempo de los Jesuitas; y, aunque desde luego me repugnó, y lo di a entender, como se me encargó siguiera en todo el metodo de mi antecesor, y vi de que (354) asi en los pueblos del inmediato mando del Governador como en los demas thenientazgos se practicaba lo mismo, no tuve por conveniente el hacer yo novedad en una cosa en que tienen imbuydos a los yndios que hacen un grande obsequio al Santo de aquel dia en repartir parte de sus bienes entre quienes no lo necesitan, y serian mejor los repartiese a los necesitados (355); y se ofenden, si alguno reusa el recivir su regalo: en fin, ello va asi hasta que Dios provea de remedio.
     81. Otros muchos males y perjuicios se les siguen a los yndios, asi en sus bienes, como en sus personas; pero, por no ser tan comunes y frequentes, se omiten. Pero es preciso advertir que los perjuicios referidos hasta ahora, aunque tienen su origen de la sugecion a la comunidad (356), su aumento lo ha ocasionado la imprudencia, o mala versacion de algunos de los que los administran, y dirigen; y asi no ha sido en todos los pueblos igual el desorden, sino en unos mas que en otros. Pero los que ahora expresaré, son comunes a todos los pueblos, y en mi inteligencia inrremediables (357), aunque en todos los ministerios se empleasen [366] hombres quales convenia; por que estos malos son inseparables del estado a que están reducidos por la comunidad, y que solo podrán libertarse de ellos con la total extincion de ella (358).
No ha sido en todos los pueblos igual el maltratamiento de los yndios.
No tienen dominio los yndios en sus hijos.      82. Luego que los muchachos entran en la edad de quatro para cinco años, ya los toma a su cargo la comunidad; la que tiene nombrados dos o mas yndios con nombre de Alcaldes, y Secretarios de los muchachos: estos tienen la matricula de todos ellos, y cuidan de recogerlos todos los dias por la mañana temprano (tal vez al alva), los llevan a la puerta de la yglesia a rezar, alli los tienen hasta que se dice la Misa, y despues los distribuyen a los trabajos, u ocupaciones que les están señaladas, y dejando en el pueblo los aprendices de musica, y de primeras letras, los de los tejedores, y demas oficios, conducen los restantes a carpir, o al trabajo que les tienen señalado: a las dos o a las tres de la tarde los buelben a traer, y los tienen juntos hasta que, haviendo rezado el Rosario en la yglesia, les permiten que se buelvan a sus casas.
No está en su mano el darles o no oficio.      83. La elecion de oficios, o destinos que se les dá a los muchachos, no es a la voluntad de sus padres, sino de los que los goviernan o los necesitan: para la musica elije el maestro de ella los que le parece (359) mas a proposito; los Curas emplean los que mejor les parece para acolitos y sirvientes suyos: lo mismo en los demas oficios, y ocupaciones; sin que a sus padres les quede el arbitrio de repugnarlo. Pero no les causa ningun sentimiento: por que, como ellos se criaron en la misma educacion (360), y no conocen otra, viven tan desprendidos de sus hijos desde que llegan a la dicha edad, que nada cuidan de ellos (361), ni procuran [367] enseñarles la doctrina cristiana (362), y buenas costumbres, ni el alimentarlos, y vestirlos. Si no vienen a casa a la hora que los sueltan, sus cuidadores, tampoco solicitan (363) ni buscan; ni, aunque se huyan del pueblo, hacen dilixencia de buscarlos (364), pues se consideran desobligados de todo; y aun se tendrian por dignos de reprehension, si tomasen a su cargo aquel cuidado. Lo mismo sucede con las muchachas: las que igualmente están al cargo de dos, o mas yndios viejos, con el mismo titulo de Alcaldes y Secretarios: estas hasta los diez o doce años no tienen otra ocupacion que carpir, recoger algodon al tiempo de la cosecha, y otras ocupaciones de agricultura correspondientes a su hedad: y en llegando a dicha hedad se les aplica, quando no hay mucho que hacer en las chacaras (365), a que ylen, sin cuidar de darles ninguna otra enseñanza; pues, aun la costura que es tan propia de su sexo (366), es rara la que save, ni aun malamente coser: y estos oficios regularmente los hacen los sacristanes, y musicos. E a todo lo demas se practica con las muchachas lo mismo que con los muchachos, hasta que se casan.
Se prostituyen muy jóvenes.      84. Ya Vm. conocerá que con esta educacion es imposible el que conserven honestidad, ni aun tengan idea de esta virtud: asi pierden hasta el nativo pudor, andan con livertad por donde quieren, sin que sus padres se lo impidan, por que no tienen dominio en ellos (367); se prostituyen mas jovenes (368), y se entregan al vicio de la incontinencia; de modo que, quando se [368] casan, ya están relaxadas, y aun perdida la fecundidad; y asi se menoscava considerablemente la populacion (369)
No tienen orror a los azotes.      85. Como en todos tiempos ha sido tan frequente entre estos naturales el azotarlos, tienen tan perdido el orror a los azotes, tanto los que castigan, como los que son castigados, o los que los ven, que ninguna mocion. les causa el azotar, ser azotado, o verlos executar (370); y asi castigan con la mayor inhumanidad a las criaturas en todas las ocupaciones a que los destinan, acostumbrandolos de este modo a sufrir con la mayor indiferencia los azotes en quales quiera tiempo o edad.
Tienen poco amor los yndios a sus hijos.      86. Con esta separacion o enagenamiento que padecen los padres de los hijos, y que en su imaginacion la tienen tan anticipada, que desde que nacen los crian para aquel destino, no tiene lugar en ellos aquel cariño que vemos en los padres y madres que se han criado, y crian a sus hijos con el recoximiento (371) y educacion que se acostumbra entre los españoles: y asi, aunque vean maltratar a sus hijos, se les dá poco, o ningun cuidado; y del mismo modo miran los hijos a sus padres: como que ni los necesitan, ni esperan nada de ellos.

(Se continuará.)

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    Boletín de la Real Academia de la Historia [Publicaciones periódicas]. Tomo 2, Año 1882
    
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