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Francisco Codera y Zaidín
Honrado por el Sr. Director accidental con el encargo de informar á la Academia, en unión del Sr. D. Vicente de La Fuente, acerca de la Historia de Caravaca y de su Santísima Cruz, obra escrita por el Sr. D. Quintín Bas y Martínez, debo limitarme á examinar las noticias árabes contenidas en dicha obra, y las que en los autores árabes haya podido encontrar referentes al asunto; pues con este objeto sin duda pidió el Sr. La Fuente que á la Comisión se agregase un arabista. Si en la parte cristiana el autor de la Historia de Caravaca no ha tenido el acierto que fuera de desear en la elección de fuentes, que le han servido para sus estudios, en la parte árabe es menos de extrañar que sirviéndose para ciertos puntos de tan buenas autoridades como son los trabajos de M. Dozy y las noticias que proporciona el autor del Karthás, en cambio se haya servido para la historia de los primeros tiempos de la dominación musulmana en Caravaca de las Cartas para ilustrar la historia de la España árabe, por D. F. de B., de cuya obra, si no puede decirse que las noticias contenidas en ella son todas invención del autor, es muy probable que lo sean bastantes, y esto nos pone en el caso de no aceptar ninguna por su sola autoridad. Verdad es que el moderno autor de la
Historia de Caravaca ya indica dudas
respecto á la autoridad que merezcan ciertas noticias;
Que la ciudad de Caravaca estuviese incluida en el territorio de Teodomiro, nos parece muy probable, dado que comprendía las ciudades de Orihuela, Murcia y Lorca; pues las otras cuatro citadas en el tratado con Abde-l-Aziz, no es bastante claro á cuáles de las hoy conocidas corresponden. Que Caravaca fuese la ciudad que tomó nombre de Teodomiro, resultaría de un modo bastante claro de varios textos citados por el Sr. Bas, tomándolos de D. F. de B. Según uno de estos textos, tal
como lo entendió ó fingió don F. de B., el nombre Caravaca
es transformación de
Caravaca, como la mayor parte de las poblaciones de España, se llamaba en la Edad Media lo mismo que hoy con corta diferencia, y probablemente lo mismo se llamaban en la época romana. Hasta hace pocos años,
quizá no hubiera podido darse una prueba terminante de que Caravaca
llevara ya este nombre; pero hoy tenemos prueba plena en el Diccionario
geográfico titulado
Según D. F. de B. (aunque por errata sin duda el Sr. Bas atribuye la noticia á Conde), Habib ben Abu Obaidah hizo la guerra á Abde-l-Aziz en la región de Murcia; pero éste pidió auxilio á su aliado Teodomiro, y ambos derrotaron á Habib junto á Mula, en el año 715. Esta noticia atribuida á El Azdí, merece la misma confianza que las anteriores: basta decir que absolutamente nada de esto escriben Abde-l-Haquem, el Ajbar Machmuâ, Almakkarí Aben Alkuthiyah, Aben Adzarí, Aben Alatsir, Aben Pascual, Adh-Dhabbi, Aben Al-Abbar en el Almócham, Aben Al-Abbar apud Dozy, ni el autor del Karthás, cuyas obras, por tener de ellas índices de nombres propios, he podido sin gran trabajo compulsar con este objeto: M. Dozy, que tantos autores árabes consultó para escribir su historia, nada dice de esto, como de otras muchas cosas que constan en los textos de D. F. de B., y que no eran para omitidas, si el sabio holandés las hubiera encontrado en algún autor árabe. Ya sé yo que podrá decírseme que, si los demás no hemos dado con textos tan importantes, pudo suceder que D. F. de B. tuviera en su poder, y se hayan perdido, las obras que cita como de su pertenencia: no negaré la posibilidad, pero debo dudar del hecho en tanto que no aparecen los manuscritos antiguos de que se valiera D. F. de B. Un consejo nos atrevemos á dar
al autor de la
Historia de Caravaca y á cuantos
escriben historias particulares ó generales,
Y paso ya á investigar la historia del protagonista en la aparición de la Santa Cruz de Caravaca. Parece indudable que éste se llamaba Cid (señor) Abu Zeid Abde-r-Rahman ben çid Abu Abd-Allah Mohammad ben çid Abu Hafs Omar ben Abde-l-Mumen; y que, por tanto, resulta ser biznieto del Califa Abde-l-Mumen, por más que en el sello de que luego hablaremos se llama nieto del miramamolin, que es el mismo Abde-l-Mumen. Pocas noticias concretas se encuentran en los autores acerca de nuestro personaje, tanto cristianos como árabes, pues de su reinado ó gobierno en Valencia no veo se pueda fijar ni el principio ni el fin de un modo preciso. En los autores árabes produce
gran confusión para el estudio de este período la frecuencia con
que en los individuos de la dinastía de los almohades se repiten ciertos
nombres, que casi siempre van precedidos del título
Este personaje, que nos ha costado trabajo distinguir con seguridad del protagonista de Caravaca, pues era muy posible que en su genealogía se hubiera omitido el nombre del padre, unas veces es llamado Çid Abu Zeid Abde-r-Rahman ben Abu Hafs Omar ben Abde-l-Mumen y otras ú otra (pág. 286 de Ibn Khaldoun), se lo llama hijo de Yuçuf, lo que nos haría creer que se trataba de otro personaje, si el hecho á que se refiere no fuera tan concreto, como es el de recobrar la libertad, que había perdido años antes al ser hecho prisionero con dos de sus hijos después de una batalla en la que como gobernador de Túnez estaba al frente de los Almohades. Que en la genealogía de este personaje no se ha omitido el nombre del padre, y por tanto, que no es el protagonista de la aparición de la Santísima Cruz de Caravaca, resulta indudable del hecho de que su padre çid Abu Hafs muere en 573, cuando su hijo, gobernador entonces de Granada, llegaba á Marruecos, y el padre de nuestro protagonista figura en fecha bastante posterior, pues pasó en 605 del gobierno de Mallorca al de Valencia. Si es ó no idéntico con el anterior, ó con el siguiente, ó con algún otro, un Çid Abu Zeid, que hacia 603 es nombrado gobernador de Mallorca (pág. 218), no sabemos determinarlo; parece que no sea nuestro protagonista; pues no es de creer que ya entonces obtuviera un gobierno de tal importancia, en el cual tuviera por sucesor á su mismo padre. El Çid Abu Zeid, que en 605 es nombrado gobernador de Jaén, podrá ser el anterior ó nuestro protagonista (pág. 223), pero ningún dato concreto podemos aducir ni en pro ni en contra. Hasta el año 621 no encontramos
mencionado en los autores
El autor del Karthás, refiriéndose á este mismo acontecimiento, llama al gobernador de Valencia, Xátiva y Denia, çid Abu Zeid ben Abu Abd-Allah ben Yuçuf ben Abd-l-Mumen; y aunque cambia el nombre del abuelo, debe referirse al mismo502. Igual error de nombre aparece al hablar de su hermano çid Abu Mohammad El Baeçí, á quien también llama nieto de Yuçuf y biznieto de Abde-l-Mumen. En 624, á la muerte del califa Abu Mohammad Abd-Allah Al-Adel en 22 de xawal, es proclamado en Marruecos Abu Yahyah Zacariyah Almotasim; pero en Sevilla es proclamado otro candidato, Idris Almamún, hermano del difunto Al-Adel, el cual es reconocido por el gobernador de Valencia y del Oriente de Alandalus, çid Abu Zeid503. Alguna otra noticia referente á
nuestro çid Abu Zeid encuentro en los autores árabes al tratar
del trágico fin del célebre historiador valenciano
Abu Abd-Allah Mohammed ben Abd-Allah ben Abu
Bequer ben Abd-Allah ben Abu Bequer el Kodhaí, conocido
generalmente por Aben Al-Abbar, el cual fué katib en Valencia
Tampoco son muchas ni muy seguras las noticias que referentes á nuestro çid Abu Zeid se encuentran en los historiadores cristianos. Por primera vez aparece en escena en el año 1225 ó 1226; pues «habiendo querido D. Jaime emprender las hostilidades contra el reino de Valencia, citó á los nobles para Teruel, y aunque hubo de abandonar por entonces su propósito por no haber acudido, casi nadie á su llamamiento, consiguió alguna ventaja aun sin haber roto las hostilidades, pues çid Abu Zeid, rey entonces de Valencia, sabedor de la expedición á cuyo frente iba á ponerse D. Jaime, le envió un mensaje proponiéndole una tregua y ofreciéndose á pagarle como tributo la quinta parte de la renta que le producían las ciudades de Valencia, y Murcia, sacando los pechos. El monarca aragonés se apresuró á admitir esta tregua y parias; pero no fué sin disgusto, pues hubiera querido ganarlas espada en mano»506. En 1229, cuando D. Jaime se preparaba
á la conquista de Mallorca, encontramos á Abu Zeid en Calatayud,
donde, acompañado
«En el año 1236, estando
D. Jaime en Teruel, confirma á Abu Zeid la donación que le
había hecho para durante su vida de las villas de Ricla y
Magallón, con homenaje que prestó de obediencia y fidelidad
á D. Jaime. Ya por entonces, según cuentan los anales, Abu Zeid
se había hecho cristiano, aunque secretamente, porque los moros de su
parcialidad no se ofendiesen, habiendo recibido el nombre de Vicente con el
agua del bautismo.
En 1241 encontramos en Murcia á nuestro Abu Zeid. Entregada esta ciudad al infante D. Alonso, su padre San Fernando pasó á visitar sus nuevos dominios, y allí se halló Abu Zeid, acompañado de sus dos hijos, los cuales recibieron el bautismo en el Arrexaca, sirviéndoles de padrinos el rey y el infante de Castilla, de cuyos nombres fueron llamados respectivamente D. Fernando y D. Alonso509. A fines de Setiembre de 1244 seguía Abu Zeid residiendo en Murcia, al menos aquí está fechado otro documento, por el cual cede á D. Pelay Pérez, maestro de Santiago, salvos los derechos del rey de Aragón, las castillos de Ty, Orcheta y Torres en Aragón510. Con los santiaguistas de Uclés tuvo varias relaciones, y aun se cree por el Sr. D. J. M. E. de la P. que hubo de fijar su residencia y adquirir algunas propiedades en territorio de la Orden511. Tomada por D. Jaime la villa de Biar en 1245 ó en 1243512, poco después, Ximeno Pérez de Arenós que tenía la villa de Castalla por Abu Zeid, de acuerdo con éste, ofreció entregarla al rey, recibiendo en cambio los castillos de Chest y Villamarchant. Cuando muriera çid Abu Zeid no
consta. Algún documento del archivo de Uclés le supone con vida
en fecha bastante posterior; pues el documento está fechado en Murcia
á 27 días de Octubre
Cuál sea la fecha de la aparición de la Santa Cruz de Caravaca es cuestión acerca de la cual nada encontramos en los autores árabes, si bien de tiempos antiguos se ha invocado la autoridad de un arabista, que tradujo la inscripción, que se había esculpido en la ventana por la que los ángeles introdujeron la Santa Cruz; pero es el caso, que la tal inscripción traducida por Miguel de Luna no está en caracteres árabes, si en algo se parecen al original los que publicó el Licenciado Juan de Robles Corbalán, asegurando que estaban copiados sin discrepar un punto514. Tanto la inscripción de la ventana, que parece se conserva515, como otras que según Robles Corbalán había en varios cuadros y que también le tradujo Luna, como si fueran árabes, están en caracteres latinos, que si fueran auténticos y dijeran algo, de seguro interpretarían nuestros compañeros peritos en este género de trabajos. Yo por mi parte casi me atrevería á asegurar que si en árabe se hubieran puesto inscripciones con el contenido que supone Robles Corbalán, suponiendo que la inscripción tuviese en sus letras los adornos propios de la época, ni Luna, ni quizá ningún arabista actual acertaría á leerlas; pero como pudiera suceder que la copia impresa en nada se parezca al original, á pesar de la aserción de Robles Corbalán, sería de desear que la Academia se proporcionara una copia exacta, para saber si la inscripción, que se dice existe en la ventana circular, está en árabe ó en latín, ó es simplemente un trabajo de ornamentación.
En suma, la opinión del que suscribe es que el autor de la Historia de Caravaca y de su Santa Cruz, en la parte referente á los primeros años de la dominación musulmana en Caravaca, en rigor poco ó nada podía decir por falta de datos, que los autores no dan, y que los falsarios pueden suplir fácilmente á gusto del consumidor: que en lo referente á épocas posteriores, aunque ha tomado noticias de buenas fuentes, no ha podido fijar las fechas ni aclarar bastante la dominación de los árabes en Murcia y su provincia, porque quizá ni con todos los datos hasta hoy publicados en autores árabes y españoles pudiera conseguirse el objeto. De todos modos es de aplaudir en el Sr. Bas y Martínez la mucha erudición ó infatigable laboriosidad, y el espíritu que le guía en sus trabajos. Madrid 30 de Abril de 1886. FRANCISCO CODERA Y ZAIDÍN.
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