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1. El ligado y su importancia. -2. Trazos de enlace en la letra española. -3. Ejercicios de enlace. 1. Conocidos ya los signos de la Escritura, procede tratar ahora del ligado o enlace de unas letras con otras. Las letras de una palabra se escriben enlazadas, unas a continuación de otras, por lo cual, el ligado, trabazón o enlace no es sólo un elemento caligráfico, sitio también un signo de valor lógico, puesto que el ligado de las letras en combinación con las distancias da idea de la palabra como unidad: la distancia entre unas palabras y otras y el ligado o enlace entre las letras de una misma dicción presentan las palabras del escrito claras y distintas, individualizadas y separadas unas de otras. Es, pues, el ligado causa de claridad en la escritura, y a la manera de un signo de puntuación como las distancias que se establecen entre algunas partes del escrito. Como elemento caligráfico tiene también el ligado mucha importancia, porque relaciona formas y produce, por esto, combinación de líneas, lo cual aumenta las condiciones estéticas de la letra, da soltura y liberalidad al trazado, y es motivo de la mayor velocidad de la letra. La regla principal del ligado es la siguiente: toda palabra debe escribirse sin levantar la pluma y de una sola vez, siempre que esto sea posible. Las palabras ejemplo, mínimum, humífero y otras muchas, pueden y deben ser escritas sin levantar la pluma más que para el trazado de puntos y acentos; pero esto necesita del conocimiento preliminar de los trazos de enlace propios de la letra española. 2. No han dicho poco varios autores sobre este punto; pero conviene advertir que los medios de enlace son en realidad escasos, y no hay para qué clasificar un número tan corto de elementos, que ofrecen notables diferencias de trazado. Además, los casos de enlace son muchísimos y variados, y esto impide dar reglas para todos. Conviene, sin embargo, imitar los buenos modelos, y advertir que los trazos de unión en la letra española son: el perfil recto, el perfil curvo y la vírgula. El perfil recto une, por ejemplo, la j con la k minúsculas (véanse las láminas 9.ª y 10), y el perfil curvo, que es el trazo más común de enlace, une el primero de la a minúscula con el segundo, y éste con la letra siguiente. Respecto a los enlaces de perfil se incurre generalmente en un error, pues se afirma que el perfil curvo, por ejemplo, se enlaza con el trazo siguiente en la línea de división. El perfil llega efectivamente a dicha línea; pero el trazo siguiente, que por regla general, es uno mediano, cubre parte del perfil anterior, y el punto real de enlace aparece algo más bajo de la línea de división. Lo mismo ocurre en otros muchos casos de enlace, en los cuales el trazo de unión está cubierto en parte por el trazo anterior o por el siguiente.
La vírgula de unión se forma del trazo derecho de la elipse mayor y de la sección inferior de la elipse media. Este trazo se usa para enlazar con la siguiente las letras que son elípticas por el final. De esta manera se enlazan, por ejemplo, la b, o y v con otras letras. 3. A fin de facilitar el enlace, pueden practicarse los ejercicios incluidos en la lám. 11, los cuales son muy a propósito para adquirir soltura en cada trazo de enlace. 1. Reglas y observaciones para determinar las distancias entre las letras y las palabras. -2. Separación de renglones, párrafos, capítulos y otras divisiones de los escritos. 1. Ya se ha indicado en el artículo precedente que no todas las letras se presentan unidas en los escritos: hay, pues, separaciones y distancias que el calígrafo debe conocer. No pocos autores de Caligrafía han errado al hablar de las distancias entre letra y letra, pretendiendo determinar por reglas casuísticas y prolijas la separación que ha de existir entre las letras de una misma palabra, y al efecto han hecho para este solo fin una clasificación de las letras, que, a más de ser inútil, carece de lógica, porque no agota el número de objetos clasificados. La razón de estas censuras es evidente, pues entre letra y letra de una misma palabra no ha, de haber distancia ni separación alguna. Por el contrario, han de estar todas unidas o enlazadas. A lo sumo, podría estudiarse la distancia que debe haber entre los ejes geométricos de varias letras seguidas; pero este estudio, punto menos que imposible, porque habría que estudiar las combinaciones binarias114 de las letras, sería inútil, porque tales distancias quedan indirectamente determinadas con la forma y magnitud de las letras y con el estudio de los enlaces que, de ordinario, se verifican en la línea de división. Entre palabra y palabra debe existir aproximadamente el espacio comprendido por dos caídos con otro en medio. 2. Los renglones se forman con varias palabras escritas sobre una línea recta, de las llamadas horizontales. La distancia de los renglones se determina por la distancia de la caja. Entre las cajas de dos renglones debe haber una distancia algo mayor que el duplo de la anchura de la caja, a fin de que los palos bajos de un renglón no se encuentren con los palos altos del renglón siguiente. Los párrafos tienen una separación fija y otra variable: la primera se encuentra al principio del primer renglón, en el cual se deja el hueco correspondiente a una N mayúscula del tipo y tamaño del escrito; la segunda corresponde a la distancia desde el punto final del renglón anterior hasta la terminación de éste, distancia que cuando existe se deja en blanco, aunque su longitud sea variable. Entre capítulo y capítulo se deja el hueco de una a cuatro líneas, y estos mismos huecos suelen dejarse entre las varias líneas de los encabezamientos de un escrito. Huecos algo mayores y el resto de la plana anterior suelen dejarse entre título y título de un escrito, y este hueco puede llegar hasta el del resto de la hoja anterior entre las partes o secciones más importantes de la producción caligráfica. Además de estas reglas referentes a las distancias, hay necesidad de observar la siguiente: establecida una distancia entre palabra y palabra, línea y línea, et caetera, debe conservarse igualmente en todos los casos análogos del escrito. 1. Inclinación conveniente para la letra española. -2. Estudio y crítica de la letra llamada vertical. -3. Propaganda moderna de la letra vertical. Cultivadores de esta forma de letra en el tipo de letra española y en el tipo de letra inglesa. 1. La letra española no se ha escrito siempre con la misma inclinación. Juan de Icíar la escribió con una inclinación de ocho grados115, Casanova la escribió con diez y Torío llegó hasta los veinticinco. Los calígrafos contemporáneos han pasado de estos números, pues Iturzaeta escribió la letra española con veintiocho grados de inclinación y Alverá con treinta y dos. Estos datos prueban que la letra española se puede producir caligráficamente con diversa inclinación, y que no es su característica una inclinación determinada. 2. Con esta materia se relaciona un asunto muy discutido en los últimos años: la conveniencia de sustituir la letra inclinada con la letra llamada vertical o derecha116. Se produce esta letra de manera que los trazos rectos medianos sean perpendiculares a las líneas superior e inferior del renglón (y, por tanto, a todas sus paralelas); circunstancia que, indudablemente, da algunas condiciones recomendables al escrito. Esta modificación, originaria de Bélgica, ha sido aceptada por algunos calígrafos ingleses y generalizada por distintos países de América. Algunos calígrafos y maestros de primera enseñanza combaten el uso de la letra vertical. ¿Hay motivo para ello? El estudio imparcial del asunto y su examen, hecho sin prejuicios, resolverá la cuestión. La letra vertical se ha usado más que la inclinada. Son verticales las escrituras siguientes, entre otras menos importantes: hebrea, sánscrita, griega y romana. Esta última no sólo dio carácter a todas las escrituras anteriores al siglo XI, sino que es la usual en la imprenta; con lo cual queda dicho que la letra vertical se usa también ahora más que la inclinada, pues más se escribe con los moldes de los tipógrafos que con la pluma de los calígrafos. De 298 escrituras impresas, de otros tantos idiomas y dialectos, examinadas para hacer este estudio, resulta que 259 tienen dirección vertical117 y no la tienen 39 solamente118. De 274 manuscritos paleográficos de diversas épocas históricas, examinados para estos efectos, 226 son de forma vertical y 48 de forma inclinada; y verticalmente escribieron los hombres desde los tiempos de la invención de la escritura hasta que a fines del siglo XV comenzaron a usarse las letras llamadas bastardas, las cuales, como ya se ha dicho, fueron al principio de muy poca inclinación. Además son verticales los siguientes tipos manuscritos: gótica, alemana, redondilla o francesa, y pueden serlo la italiana (que no es la itálica), la inglesa y la española. También son verticales la escritura de ciegos y la escritura musical. De estos datos resulta que la escritura vertical o derecha no es una invención moderna, sino la forma más generalizada y común de escribir en todas las épocas históricas. EL uso común es favorable, por tanto, a la letra vertical. Nótense ahora las condiciones de la letra vertical y la letra inclinada, y compárense en cuanto a su belleza y a la facilidad de su aprendizaje y de su ejecución. La inclinación no es nota esencial de la belleza; por el contrario, los objetos inclinados119 suelen carecer de condiciones estéticas. En cambio, lo que está colocado erguida y verticalmente es agradable a la vista; luego el creer que la letra inclinada es más bella que la vertical no puede ser otra cosa que un efecto de la costumbre. Las condiciones estéticas de la letra están en el número, clase, forma y proporciones de los trazos (no en su inclinación), y éstos no se alteran esencialmente en las letras verticales120. Además, las letras góticas y la francesa son letras derechas y a nadie se le ocurre negarles condiciones de belleza. La letra vertical tiene también más estabilidad artística. El paralelismo de líneas inclinadas, de inclinación determinada, y las formas de objetos en esta posición, son más difíciles de adquirir y fijar que las posiciones perpendiculares; luego la letra vertical será de más fácil aprendizaje que la inclinada, y esta facilidad es más notable cuando se aprende a escribir con la mano izquierda. Así lo entendió, sin duda alguna, Fröebel, cuando en su obra La Educación del Hombre, dijo: «Útil es para el niño aprender a trazar, desde temprano, letras formadas por líneas horizontales y líneas verticales». La letra vertical además prepara para la enseñanza del dibujo, mientras la inclinada la dificulta por la tendencia de los niños a hacer inclinadas las líneas verticales. De pequeños, todos tratamos de escribir en la posición en que están los árboles y andan las personas; pero la escuela violenta estas naturales tendencias. La letra vertical debe, por tanto, enseñarse y usarse con preferencia a la letra inclinada en las escuelas y colegios de primera enseñanza. La letra vertical es más legible. Basta para probarlo colocar las adjuntas líneas manuscritas a distancia que no se vean; acérquese el observador lentamente al rótulo y verá antes las líneas de letra vertical; lo que prueba que ésta es más clara y más legible:
En las mismas líneas se ve que la letra inclinada ocupa más superficie que la vertical, siendo más clara, a pesar de esto, la letra vertical. También la letra vertical ha de ser más veloz, y por tanto, más fácil de ejecutar, pues la línea perpendicular desde un punto a una recta es siempre menor que cualquier oblicua. Contra este principio no puede ir la experiencia de los que, escribiendo habitualmente una letra inclinada, aseguran que tardan más en escribir verticalmente. Ya se comprende que esto es efecto de la costumbre; pero con igual ejercicio en una misma persona, la letra vertical se ha de escribir siempre con mayor velocidad, porque su trazado es necesariamente más corto. Esta diferencia hace que un escribiente que escriba tres horas diarias, al cabo de un año de labor (sin contar los días de fiesta) recorrerá con la pluma 12.000 metros más haciendo letra inclinada que haciendo letra vertical. La letra vertical es más cómoda para escribir en pizarras o encerados murales, en libros grandes de contabilidad, de parroquias, registros civiles, etc, y en los modernos copiadores llamados hectógrafos, mimeógrafos, ciclostilos, etc. Por último, los impugnadores de la letra vertical deben pensar que esta reforma caligráfica sólo representa el deseo de que la pluma produzca efectos naturales que no se desfiguren por la posición del papel. Nótese que la pluma, lo mismo al escribir letra vertical que letra inclinada, se mueve al producir los trazos reculares o medianos en dirección perpendicular a la tabla del pecho, y que la inclinación de la letra se produce únicamente por la artificiosa o inútil inclinación del papel. La reforma de la letra vertical se reduce a un cambio de posición en el papel. Resulta, por tanto, que la letra vertical es preferible a la inclinada; pero tal preferencia está más justificada, si esto es posible, para la letra usual y corriente. Pase que el calígrafo, inspirándose en el gusto dominante del público contemporáneo, escriba la letra inclinada; pero nada justifica la enseñanza de tal letra en las escuelas de instrucción primaria121. La letra vertical no se generaliza más por efecto de la rutina, que es ruta pequeña y vía estrecha. La rutina es la negación de todo progreso, y una enfermedad infecciosa del hábito, que seca los mejores frutos del entendimiento y de la voluntad. 3. Convencido de la utilidad del uso de la letra vertical empecé hace poco tiempo la propaganda de la idea en España, estudiando el asunto en este libro, enseñándola en la Escuela Normal de Maestros de Madrid, escribiendo artículos en los periódicos diarios y profesionales y dando conferencias sobre el asunto con proyecciones luminosas en el Ateneo de Madrid y en otras sociedades artísticas y literarias; y los resultados han sido en extremo satisfactorios, pues actualmente la letra vertical se usa en muchos Institutos de segunda enseñanza y Escuelas Normales y en multitud de escuelas y colegios de primera enseñanza.
Además, muchas personas distinguidas escriben letra vertical: entre ellas se cuentan S. M. el Rey D. Alfonso XIII, SS. AA. RR. las Infantas doña Eulalia y doña María Teresa y varias damas y caballeros de la aristocracia madrileña. La letra española, sin que pierda su carácter, puede escribirse verticalmente como cualquier otro tipo inclinado.
Véanse las láminas desde la 1.ª a la 11 y el Primer Método ilustrado de Escritura española vertical, por el autor de este libro. Algunos calígrafos de nuestro país han comenzado a trabajar en esta forma de letra, y ya la escriben con notoria perfección D. Francisco García Carrillo, don Teodosio Leal, D. Santiago García y Rivero y don Martín Chico y Suárez, y dos o tres grabadores en piedra litográfica han comenzado también con fortuna a usar la letra española vertical. Mucho más rica es la producción de letra inglesa vertical.
Son muy notables, entre otras muchas, las obras de Newlands y Row122, y las de Jackson123, de Londres; y además, en Inglaterra y en América se han fundido tipos de letra inglesa vertical, usados en obras importantes de enseñanza124.
En Alemania este asunto ocupa la atención de calígrafos, higienistas y pedagogos, y diariamente se publican artículos en pro de esta dirección de la letra manuscrita125, y en otros países la letra vertical se va abriendo camino. 1. Notas sobre la ornamentación y adorno de la letra. -2. Del rasgueo. -3. Opiniones de Torío. -4. Reglas de Stírling. -5. Buenos modelos para restaurar el rasgueo de buen gusto en la letra española. 1. Las letras caligráficas, sea cualquiera el tipo a que pertenezcan, pueden trazarse con líneas combinadas artísticamente, que den mayor belleza plástica a los signos de la Escritura. Esto constituye la ornamentación126o adorno de la letra. Los trazos de adorno no son signos, sino combinaciones de líneas que se colocan alrededor del signo gráfico127. Es, por tanto, la ornamentación o adorno de la letra el conjunto de trazos accesorios que embellecen o hermosean los signos de la escritura128. La letra española, como cualquier otro tipo gráfico, es susceptible de ornamentación, y conviene adornarla, por lo menos, en los encabezamientos de escritos caligráficos esmerados, en la letra inicial de los capítulos y demás partes principales de la composición y en otros casos análogos. Las letras mayúsculas iniciales de párrafo con adornos se llaman letras floridas, y cuando entre estos adornos se encuentra una figurilla o un símbolo, se denominan historiadas. Los abecedarios de letras blancas, de figuras (el diabólico, el rústico y otros semejantes), son también producciones caligráficas con adornos. Cabe en el adorno de la letra el uso de tintas de color, y de ello nos dan gallardos ejemplares los libros de coro antiguos, como los del Monasterio del Escorial, cuyas letras son obras notabilísimas de la Caligrafía española.
La ornamentación de la letra no tiene más que una regla: el buen gusto, que se forma imitando buenos modelos, y que impide adornar las letras con trazos que no se acomoden al estilo de la producción gráfica. La ornamentación de la letra exige un conocimiento, siquiera sea elemental, del dibujo de adorno, por lo cual nada difícil debe intentarse en esta materia sin aquel conocimiento preliminar. Véase la lámina 12, que tiene letra gótica con ornamentación de rasgueo. 2. El rasgueo es una especie de adorno que consiste en prolongar alguna parte de las letras en curva graciosa y elegante, o en añadirles algún trazo que reúna estas condiciones. El rasgueo es un adorno sencillo que puede usarse hasta en la letra común o corriente para darle soltura y buen aire: las rúbricas son aplicaciones del rasgueo129. Iturzaeta despojó a la letra española de los rasgos sueltos, airosos y elegantes con que la escribieron los grandes calígrafos españoles, y escribió una letra seca, árida, rígida y falta de plasticidad. 3. Torío, al tratar del rasgueo, hace las siguientes consideraciones: «Los rasgos o lazos en la letra son lo mismo que los adornos en las mujeres, que ni las hacen más feas ni más hermosas de lo que son. Por lo mismo dice Morante que no es necesario, para escribir bien, saber hacer rasgos, porque así como hay buenos rasgueadores malos escribientes, hay también buenos escribientes malos rasgueadores. Sin embargo, yo estoy persuadido con el Hermano Lorenzo Ortiz (página 9 del Examen), que los rasgos naturales y sin un violento artificio dan bizarría a la letra y la desenfadan maravillosamente; porque el ayre y soltura con que se usa de la pluma rasgueando, se pega a la letra cursiva y la hace ayrosísima: así como la fábrica de un palacio, que aunque sea sólida y esté hecha conforme a las reglas arquitectónicas, si entramos en sus aposentos, no nos agradan tanto desnudos como vestidos y adornados, ni vestidos y adornados groseramente que con delicadeza y primor, sin embargo que conocemos no alza ni baja, ni quita ni añade al mérito que en sí tenga la construcción o fábrica material o arquitectónica de tal palacio». 4. Stírling sometió a reglas el rasgueo, respecto del cual dice el famoso calígrafo: «El rasgueo se ejecuta con el movimiento de todo el brazo y con pluma cortada a la inglesa. La pluma se toma del modo siguiente: La canal se apoya en la tercera parte alta de la yema del dedo medio, con dirección algo oblicua para que no salpique. La pluma cambia de posición, es decir, que debe estar en la dirección que quiera darse al rasgo. Como la más segura y cómoda es la de la pluma del óvalo horizontal, el pendolista puede cambiar la posición del papel a fin de no variar las de la mano y pluma; pero a los principiantes les será mejor acostumbrarse a todas las posiciones. Otra observación se presenta, y es que muchas veces, para lograr el buen resultado del claro-obscuro que a ciertos rasgos se propone dar el pendolista, gira la pluma entre los dedos mientras está ejecutando.
Los rasgos deben tener gran soltura, pero no ejecutarse con precipitación, por cuanto es necesario cierto tiempo para que mientras se ejecuta, se pueda calcular y fijar la vista en el punto por donde va a pasar la pluma. Las miras principales que debe tener el pendolista son: 1.ª Conservar en el rasgueo el mayor paralelismo posible. 2.ª No cruzar jamás dos gruesos o llenos, técnicamente llamados golpes de pluma. 3.ª Dar los golpes que sean proporcionados al grandor de los rasgos, y éstos al de las letras que con ellos se ornamentan. Como nunca sucede que un rasgo siga línea recta, el grueso no debe presentarse igual, sino en aumento y disminución progresiva, lo que es bastante fácil, pues naturalmente la pluma va dando mayor grueso a medida que entra en su posición, aligerándose cuando la deja porque los gavilanes van cerrándose. 4.ª Se tendrá sumo cuidado, por ser defecto capital, de evitar que el golpe de un rasgo toque a ninguna letra, procurando que no sean muchos los perfiles que pasen por entre las minúsculas. 5.ª Uno de los inconvenientes que tiene el pendolista al hacer los rasgos de golpe es que, cansándose la pluma, dejo luego de marcar con finura el perfil, y por consiguiente, que se pierda el brillo del claro-obscuro que forma la belleza del rasgueo. Para remediar este defecto puede efectuarse toda la composición de simple perfil con tinta debilitada, y luego con otra más gruesa añadir los gruesos en el lugar correspondiente. Otras de las ventajas que presenta este modo de ejecutar los rasgos consiste en que, haciéndose los gruesos después, se pueden corregir las faltas del paralelismo en que tal vez se haya incurrido. 6.ª Cuando se quiere rasguear en escala menor, por ejemplo, un nombre en una tarjeta, se empleará el movimiento de muñeca, afianzando ligeramente el antebrazo en la mesa y rozando el papel los dedos inferiores130 harán seguir los tres superiores. 7.ª El pendolista acostumbra a hacer uso de los rasgos dibujados o calcados cuando en una gran composición poligráfica se propone repetir una parte del rasgueo en sentido inverso, para lo cual dibuja la parte que intenta producir, y doblando el papel lo coloca encima de un paño y con una aguja pica el dibujo, lo pasa por medio de un cisquero y luego lo resigue ligeramente con un lápiz; sacude el polvo que ha quedado debajo, enmienda las curvas y el paralelismo, lo perfila con una pluma muy fina sirviéndose por lo regular de tinta china, y últimamente le añade los gruesos que resultarían si se ejecutaran de golpe. Lo mismo puede hacerse respecto a toda la composición rasgueada, mas para ahorrar tiempo, antes de perfilar con tinta, se marcan los gruesos de una sola plumada, perfilándose después, y últimamente se concluyen para que no queden dentados; llámase a esto limpiar los rasgos. De este modo lo han verificado en sus composiciones ortográficas los más célebres calígrafos, como Tomkins, Smith y otros. Bien penetrado el discípulo de las instrucciones que acabamos de dar, pasará al ejercicio de la posición de la pluma, empezando por las líneas paralelas horizontales, procurando dar presión igual a la pluma desde un extremo a otro; después ejercitará las que empiezan por fino, y gradualmente se van cargando, teniendo la mayor presión en el extremo; cuando se halle práctico en esto, continuará las que empiezan por presión, aligerando la pluma hasta su fin; luego hará la reunión de los dos sin romper, y últimamente cargará los golpes en los extremos. Cuando se haya ejercitado en estos rudimentos imitará las paralelas oblicuas, colocando la pluma en su segunda posición, y después hará larga práctica de los óvalos espirales con la posición que indica la pluma que en ellos se halla, procurando el mayor paralelismo posible en estos óvalos, principio y fundamento del arte de rasguear. Ejercitado que esté en los óvalos y con la pluma en tercera posición, ejecutará con mucho esmero el estudio del enroscado a fin de que se obtenga igualdad en las distancias. Se advierte aquí para ésta y las siguientes lecciones, que sin levantar la pluma debe continuarse hasta el extremo del papel el rasgo que se imita, de los cuales no se presenta más que un pedazo, con el objeto de ahorrar láminas que necesariamente deberían aumentar el coste de la obra sin darle utilidad mayor. Concluido este ejercicio pásese al siguiente, observando que como puede hacerse un rasgo sin tenerlo en la memoria, deberá el principiante tomar una pluma seca y ensayar sobre el modelo la formación de él, y cuando esté seguro de recordarlo, bañándola en tinta imitará con movimiento muy pausado el mismo modelo, con el objeto de que pueda dirigir la vista al original sin levantar la pluma. Hasta aquí el estudio preparatorio para saber rasguear; entra ahora la clase de rasgos que se usan en las escrituras de adorno. Para esto es necesario retener en la memoria una colección de rasgos a fin de apreciarlos cuando convenga. Sólo falta añadir que al trazar varios renglones deben éstos juntarse para que unos con otros presenten enlace, y dado caso que no se uniesen, deben añadirse entre ellos ciertos elementos que los enlazasen entre sí. Se pondrá mucho cuidado en no hacer pasar una línea por su mismo punto de intersección y que los triángulos que resulten se distingan claramente. No hay necesidad de complicar los rasgos que sirven para los extremos de los renglones. Una observación más es indispensable. Los que no han hecho un estudio profundo de este arte pecan por acumular rasgos en torno del nombre que quieren adornar, con lo que en vez de hermosearlo presentan una algarabía defectuosa». 5. Aparte de estas reglas, es conveniente inspirarse en las obras de Morante, Casanova, Palomares, P. Delgado, Torío, Stírling, y otros grandes calígrafos españoles131, para restaurar en la letra nacional el rasgueo de buen gusto y sacarla de los mezquinos moldes en que Iturzaeta la encerró. El rasgueo de Nassero, el antuerpiense, es digno también de ser imitado. 1. Letra cursiva y condiciones que debe reunir. -2. Relación que debe haber entre la letra cursiva y la magistral. 1. En el capítulo primero, apartado b, de esta sección de Conocimientos técnicos, se dijo ya qué se entendía por letra cursiva y qué por letra magistral, y se indicaron además las diferencias que existen entre estas dos maneras de escribir. Siendo como es la letra cursiva una variedad de la magistral, ha de tener, para que sea artística, las mismas condiciones generales de cualquiera producción caligráfica; pero a fin de que sea útil, necesita además escribirse con más velocidad que la magistral. En efecto, la letra cursiva se emplea en los escritos de uso común, los cuales han de ser producidos en breve tiempo; luego la letra que en ellos se use ha de tender a dicho fin. Esta necesidad de un cursivo rápido es tan apremiante en muchos casos, que a veces, para atender a ella, se deforma la letra usual, y no son pocos los principiantes que pierden buenas costumbres caligráficas sólo por conseguir mayor rapidez en la escritura. La necesidad de tomar apuntes rápidamente y la de escribir para la imprenta, suele ser causa de que la letra se vicie y se corrompa. Contra este vicio ha de prevenirse el calígrafo considerando que la velocidad de la escritura debe nacer del ejercicio ordenado, sin perjuicio de la forma clara y elegante del trazado, y no de un simple e impremeditado aceleramiento de la mano. Además, la costumbre, inspirada en el buen gusto, permite que en la letra cursiva se alteren las dimensiones relativas de algunas letras. Por esta razón, en la letra cursiva la longitud de las letras que tienen alguna parte fuera de la caja es algo mayor que el doble de la misma caja, aumento relativo que se nota principalmente en las letras mayúsculas. En cambio, las cifras de la numeración se reducen hasta el punto de no ocupar sino el espacio correspondiente a la caja más la mitad. Para dominar perfectamente un carácter de letra, es necesario comenzar su estudio por la letra magistral. Adquirida la perfección del trazado en el tamaño común de primera, se va disminuyendo paulatinamente hasta que la altura de la caja quede reducida a la de la letra en la regla de quinta de Alverá132. Cuando estos ejercicios han sido metódicos, la derivación de la letra magistral en cursiva es sumamente fácil, aunque la velocidad y rapidez del trazado no se adquieran en breve tiempo. 2. Con lo antedicho se afirma que la letra cursiva debe semejarse geométricamente a la magistral; debe derivarse de ella y ha de reunir sus mismas condiciones de belleza. Ahora bien, los modelos de letra magistral deben estar compuestos en vista de las condiciones comunes de la letra cursiva a fin de no ir desde el origen en contra de las condiciones generalmente establecidas y de las costumbres por todos practicadas. La letra magistral debe ser en lo fundamental la misma letra cursiva, más común dentro de un tipo, depurada por el buen gusto y embellecida por el arte. Cuando la letra magistral se compone caprichosamente, impide la formación sencilla y natural del cursivo; las personas que aprenden una letra magistral artificiosamente construida, se ven tarde o temprano en la necesidad de abandonar las primeras prácticas de Escritura y de inventar un cursivo útil, aunque no sea tan bello. Véase la lámina 18, en la cual se ofrece una composición reducida de Torío, que tiene seis líneas de buena letra cursiva. 1. Diversos tipos de letras más conocidos y usados en España. -2. Diferencias esenciales de dichos tipos y causas de las mismas -3. Condiciones especiales de la letra española en comparación con las de otras letras. -4. Tipo de letra que nosotros debemos preferir. 1. Los tipos de letra más conocidos y generalizados en España son: la letra española, redondilla, inglesa, italiana, gótica, alemana e itálica. (Véanse las láms. 9, 10, 11, 13, 14, 15, 16 y 17.) 2. Estos tipos de letra se distinguen primeramente en que unos son cursivos y otros de adorno, por tener, los primeros trazos, que se prestan al enlace, y por carecer de ellos los segundos133. Son tipos cursivos la letra española, redondilla, inglesa e italiana, y son de adorno la gótica, alemana e itálica. Se distinguen además los tipos de letra por la forma de la pluma, lo cual da efectos diferentes en los trazos. La letra española se escribe con plumas de pala de distinto grueso, cuyo corte es perpendicular a la hendidura; la letra redondilla, la gótica y la alemana se escriben también con plumas de pala de distintos gruesos, pero de corte oblicuo a la hendidura; la letra inglesa y la italiana se escriben con pluma fina, única para todos los tamaños de letra134, y la letra itálica se puede escribir con la de letra inglesa y con la de letra redondilla, aunque los codeos resultan diferentes.
La letra española se diferencia de la redondilla, no sólo por la forma de las curvas, sino porque tiene cuatro trazos rectos de diferente grueso, a causa del corte de la pluma (véanse las láms. 9.ª y 10). El trazo regular o mediano es el trazo que esencialmente distingue a nuestra letra nacional de los demás tipos de letra. Este trazo es un efecto del corte de la pluma de letra española. Las plumas de pala con corte oblicuo dan los trazos perpendiculares a la línea inferior del renglón del mismo grueso que los perpendiculares al perfil. En realidad, las letras que se producen con pluma de pala de corte oblicuo no tienen más que dos trazos rectos: el perfil y el grueso en distintas direcciones135. Los tipos de letra se diferencian también por la distribución de gruesos y perfiles. Los tipos de letra que se escriben con pluma de pala tienen gruesos al subir y al bajar de la pluma: la letra inglesa los tiene al bajar y la italiana al subir136. La letra itálica es, en realidad, la de imprenta o romanilla inclinada. (Véase la lám. 17.) Esta letra tiene generalmente los enlaces en el tercio superior y en el inferior de la caja. Cuando se escribe con plumas de pala tiene los codeos gruesos, y cuando se escribe con pluma fina, a la manera de Stírling, los tiene de perfil curvo. La letra gótica se diferencia mucho de la alemana en la forma de las letras, especialmente de las mayúsculas, como puede verse en las láminas 14 y 15; pero aún se diferencian más en los codeos, pues tanto el superior como el inferior son de ángulo rectilíneo en la gótica y de curvilíneo en la alemana. Además, el perfilaje de la gótica es de líneas rectas y el de la alemana de líneas curvas. Conviene advertir, por último, que la inclinación no es diferencia esencial de dichos tipos de letra, porque todos ellos pueden tomar, SIN PERDER EL CARÁCTER, la forma vertical o la forma inclinada, aunque de ordinario tengan una de estas dos. 3. La letra española consta de veintitrés trazos diferentes que, en resumen, son modificaciones de dos radicales: uno recto y otro curvo elíptico. Estos trazos son muy variados en la forma y posición, pero fáciles de ejecutar, porque no proceden más que de dos raíces diferentes. En cuanto a los matices del grueso, ofrece cuantos puede ofrecer un tipo de letra, como ya se dijo al explicar la formación de la elipse mayor. La letra española, por tanto, en medio de su sencillez de construcción, tiene una riqueza de elementos gráficos no superada por ninguna otra clase de letra. Algunas de ellas, ricas también en trazos, como la redondilla, llegan en el número y variedad de los curvos hasta donde la letra española, pero ninguna como ésta tiene cuatro trazos rectos, que es lo que caracteriza a nuestra escritura nacional.
En la letra española dominan los trazos gruesos, y precisamente en los extremos de la letra, que son las partes características del trazado137, lo cual le da grandes condiciones de permanencia. Las letras mayúsculas se componen principalmente de trazos curvos: en las minúsculas entran aproximadamente tantos rectos como curvos. Estos elementos permiten muchas y diferentes combinaciones gráficas, el contraste y no pocos matices de luz y sombra (claro-obscuro), que en conjunto produce la varia intensidad del grueso de los trazos. La pluma para letra española ha de ser de corte ancho y perpendicular a la hendidura. La letra española se produce suavemente con una presión siempre igual de la pluma, la necesaria para que suelte la tinta, y esta circunstancia permite que se pueda escribir con mucha velocidad. La letra española tiene, por tanto, elementos de belleza, y es muy útil por su permanencia y velocidad. Por la naturaleza de los trazos que la forman, es de un trazado robusto y libre, pero es preciso reconocer que, por esta misma causa, no es tan esbelta ni tan airosa como la letra inglesa o la italiana. Además, su conjunto se presenta muy recargado de sombra o trazos gruesos. La letra redondilla o francesa tiene abundancia de trazos, aunque rectos solo tiene dos; es de líneas sueltas y rotundas, se compone principalmente de un trazo recto y de una curva, casi circular, que son más abiertos que los de la letra española; es muy permanente, y, por escribirse con presión igual de pluma, puede producirse con mucha velocidad. Tiene, pues, esta letra condiciones muy semejantes a la de nuestra letra, y a ella es también aplicable la observación referente a la preponderancia de los trazos curvos. La letra gótica es mucho más pobre en trazos que las anteriores, pues casi todos sus signos se forman de trazos rectos de igual grueso, y sólo admite algún trazo curvo en las letras mayúsculas. Se produce verticalmente, y, aunque la presión de la pluma es siempre igual, la forma angulosa de los trazos, su perfilaje y la falta de enlaces impiden que esta letra tenga cursiva.
Análogas consideraciones pueden hacerse respecto a la letra alemana, aunque sea más airosa que la anterior, porque de ella forman parte varios trazos curvos. Algunos autores españoles, queriendo realzar el mérito de nuestra letra nacional, han seguido el punible sistema de rebajar el de otros tipos de letra, afirmando, sin conocimiento de causa, que sólo la letra española es merecedora de atención y estudio. La letra española no necesita que se rebaje el mérito de otras letras para que ella luzca sus excelentes condiciones caligráficas. No hay que incurrir, por tanto, en exageraciones al hablar de la letra inglesa, que ha sido, sin motivo alguno, el objeto principal de los citados ataques. La letra inglesa tiene gran variedad de trazos curvos muy airosos y elegantes, análogos, aunque otra cosa parezca, a las líneas centrales de los trazos españoles, porque se originan todos, como éstos, de curvas elípticas de mayor o menor desarrollo. Sólo usa de dos trazos rectos con inclinación, y tiene la ventaja inapreciable de producirse en todos los tamaños con pluma fina, prestándose al cursivo tanto o más que cualquier otro tipo de letra.
Es verdad que el trazado de la letra magistral inglesa exige diferentes presiones de pluma; pero también es cierto que estas presiones desaparecen en el cursivo; y como el ligado de esta letra es tan natural y sencillo, de aquí que su forma cursiva sea una de las más claras y de más veloz ejecución. La letra magistral inglesa pierde pronto su perfilaje, que se encuentra precisamente en la parte característica del trazado; es, por tanto, muy poco permanente esta variedad de letra; pero no ocurre lo mismo con el cursivo inglés, porque sus trazos son casi todos de igual grueso. De menos condiciones caligráficas que la letra inglesa es la italiana, que casi no tiene otro trazo más que el perfil curvo. Las líneas de esta letra son airosas y elegantes, pero carecen de contrastes y son de poca permanencia. La letra italiana, por su forma y enlaces, se presta mucho al cursivo. La letra itálica consta principalmente de un trazo, recto grueso y de otro curvo. Es pobre de combinaciones, y carece de cursiva. Es, pues, una letra de adorno. Hay, por tanto, varios tipos de letra de buenas condiciones caligráficas, alguno, como la redondilla o francesa, se iguala en conjunto con la española, pero puede afirmarse que ninguno supera a nuestra letra, pues su magistral es notablemente bello y su cursivo útil como el que más138.
4. Después de lo dicho en los párrafos anteriores, fácil es afirmar que en el caso de no poder conocer más que una clase de letra, debemos preferir la letra española. Ni su belleza, ni su utilidad, son superadas por ningún otro tipo de letra; es además la escritura nacional, y como españoles, estamos en el deber de conservar las costumbres y tradiciones patrias. Por último, conviene saber que la enseñanza de la letra española es obligatoria en las escuelas primarias en virtud de la Real orden de 7 de enero de 1835, que el Secretario de Estado y del Despacho de lo Interior comunicó al Presidente de la Dirección general de Estudios. El reglamento provisional de escuelas de 26 de noviembre de 1838, nada dice respecto a este punto, y por ello no puede considerarse derogada la Real orden a que se ha hecho referencia. Esto no impide, como es natural, que se enseñen y aprendan otros tipos de letra de indiscutible belleza y de indudable utilidad. a. - Cualidades de la obra caligráfica. 1. Limpieza, claridad, soltura y elegancia de la letra. -2. Corrección ortográfica. -3. Defectos que debemos evitar en las obras caligráficas. 1. Conocidos los materiales necesarios para escribir, estudiadas las cualidades del calígrafo y examinados con detenimiento los signos de la escritura y las partes de que se forman, resta exponer ahora algunas observaciones sobre la obra caligráfica en general y sobre la manera de producirla. Toda obra caligráfica ha de reunir las cualidades propias de la belleza, y, por tanto, tendrá unidad, verdad, bondad y perfección; pero como estas cualidades comprenden otras más concretas, los autores de Caligrafía estudian alguna de éstas, entre las cuales se encuentran la limpieza, claridad, igualdad, proporción, soltura y elegancia de la letra. Consiste la limpieza en que la obra caligráfica contenga solamente los signos propios de la escritura, bien trazados y en el lugar correspondiente. Los borrones, manchas, rasguños de la pluma, las raspaduras, los chisporroteos de tinta y las huellas del lápiz, que son cosas distintas de los signos escritos, y las enmiendas, interlineados y trazos defectuosos, que van contra la perfección de la letra, son a la vez faltas imperdonables contra la limpieza. La claridad es la distinción de partes. Se falta a la claridad por la deformación del trazado, por la mala colocación de los signos y por la abundancia de adornos.
Las obras escritas se producen únicamente para que sean leídas con facilidad: va, por tanto, contra el fin primero y principal de la Escritura todo el que no da suficiente claridad a lo que escribe. Son cualidades opuestas a la claridad la confusión y oscuridad de la letra. La igualdad es la comparación de objetos de la misma calidad y cantidad. Significa, pues, igualdad en Caligrafía, que los signos del mismo nombre y especie sean de la misma forma y magnitud, y que las distancias entre los signos, renglones y partes principales del escrito, sean siempre las mismas en casos análogos. Como se ve, la igualdad se refiere también a la altura en la letra vertical y a la longitud en la inclinada, así como a su anchura. La igualdad de formas recibe el nombre particular de uniformidad, así como la igualdad de inclinación en los trazos se llama paralelismo. La cualidad contraria a la igualdad es la desigualdad. La proporción es la igualdad de relaciones por diferencia o por cociente en los objetos capaces de cantidad. En la obra caligráfica quiere decir tanto como equidiferencia, y aun igualdad de cociente, entre las partes de los signos escritos y entre unos signos y otros. La propiedad contraria a la proporción es la desproporción. Una A mayúscula, por ejemplo, será desproporcionada si es más alta en la forma vertical o más larga en la inclinada que una l minúscula del mismo escrito. Nace la soltura de la libertad de movimientos en la mano del que escribe, y se manifiesta por la rotundidad de los trazos, la facilidad de los enlaces y la gallardía del rasgueo. La elegancia es una distinción agradable de los objetos: es una cualidad no inherente a la belleza, pero sí muy parecida. Conviene la elegancia a las producciones del arte, y, por tanto, a las de la Escritura, en la cual se manifiesta por la oportunidad y por la congruencia de los adornos y el esmero y delicadeza en la ejecución de los detalles. Es la elegancia, en suma, una de tantas maneras de exteriorizarse el buen gusto del que escribe. 2. Por último, toda escritura, y muy particularmente la bella escritura, necesita corrección ortográfica. Al tratar de la Gramática como arte auxiliar de la Escritura, ya se indicó la importancia de escribir correctamente, esto es, con sujeción a reglas, y cuán censurable es una falta de ortografía en escritos bellamente trazados, por lo cual no se ha de añadir nada ahora sobre esta materia. 3. Indicadas las buenas condiciones de los escritos, quedan dichos implícitamente los defectos que debemos evitar. Se originan algunos de añadiduras inútiles o feas en el escrito, como los borrones o enmiendas, otros de faltas de claridad por deformidades o supresión de letras y por la impropiedad de los adornos, y nacen algunos de cambios de signos, de formas y de tipos, sin razón ni motivos justificados. Algunos defectos, como el de las incorrecciones ortográficas, proceden de la inteligencia; otros como la estrechez de la letra, el aprovechamiento del papel, la mala distribución del escrito y las combinaciones chocarreras, provienen del mal gusto, y, por último, lo imperfecto del trazado se origina por faltas de ejecución y de habilidad técnica de la mano. b. - Momentos de la producción caligráfica. 1. Concepción y composición de la obra. -2. Postura más conveniente para escribir bien la letra española. -3. El borrador: tanteo o distribución del espacio. -4. Reglas para la ejecución y corrección de las obras caligráficas. -5. Notas sobre el público de la escritura. 1. La imaginación del calígrafo inspirado reproduciendo formas no vistas y combinándolas libremente, concibe la obra de igual manera que el pintor concibe un cuadro o el escultor una estatua; la razón ordena luego los elementos acumulados por la imaginación, elimina los inútiles, procura los complementos que faltan, sustituye los que convienen y la obra caligráfica queda compuesta en la mente del artista. 2. El momento siguiente a la composición de la obra es la ejecución, la cual requiere determinada postura en el que escribe, en la pluma y en el papel. El calígrafo puede estar sentado para escribir. Es posible también escribir de pie, pero no es costumbre. De pie o sentado, el calígrafo debe tener recto el tronco, la cabeza derecha o ligeramente inclinada hacia adelante; y de estar sentado debe tener los pies apoyados en el suelo, tarima, etc.; la pierna izquierda ligeramente adelantada con respecto a la derecha, el brazo izquierdo apoyado del todo en la mesa y la mano del mismo lado sobre el papel para sujetarle. Es de mucho interés la buena postura del tronco en el ejercicio de la Escritura. Notables autores de Higiene sostienen que enfermedades de la vista provienen de posturas viciosas en el acto de escribir, y no atribuyen a otra causa las desviaciones, más o menos perceptibles, de la columna vertebral. Para evitar tamaños inconvenientes, consideran indispensable los higienistas la postura totalmente vertical del tronco, y el uso de la letra derecha o no inclinada139. El brazo derecho debe estar casi del todo al aire, pues solamente debe apoyarse en el borde de la mesa por el punto que separa la tercera parte del antebrazo más próxima al codo. La mano ha de estar colocada también convenientemente para que la obra caligráfica se produzca con facilidad, y estará bien colocada si los planos tangentes a las caras interna y externa de la muñeca, inclinados hacia el tronco del que escribe, forman con el plano en que la escritura se produce un ángulo de cuarenta y cinco grados. Toda la mano derecha se ha de apoyar suavemente en la parte inferior del pulpejo del dedo meñique, que se colocará extendido sobre el papel, y en el cual descansará directamente el anular, que debe estar ligeramente encorvado hacia afuera. En el anular descansará el dedo corazón, que, con el índice y el pulgar, sujeta la pluma. Este instrumento debe tomarse con dichos tres dedos, de tal modo, que las extremidades de estos órganos sean tangentes a un plano que corte perpendicularmente al eje del portaplumas, y que esté aproximadamente a cuatro centímetros del corte de la pluma. Para conseguir este resultado es preciso arquear ligeramente hacia afuera los tres dedos con los cuales se toma la pluma.
Dicha posición de la mano es la más a propósito para producir con soltura y velocidad una letra caligráfica; pero conviene advertir que no es esta la única postura que puede tener la mano para escribir bien; con posturas muy extravagantes de este órgano corporal se han producido en todos los tiempos obras escritas en las mejores condiciones caligráficas. La pluma se tomará de manera que el portaplumas salga por el primer tercio de la falange del dedo índice, en la dirección del codo. El papel se colocará de manera que la bisectriz del ángulo inferior de la izquierda sea perpendicular al borde de la mesa o del límite anterior del plano en que se produce el escrito. Estas reglas se refieren a la producción de la letra inclinada. Las reglas para escribir la letra vertical según Otto Spérling, profesor en Leipzig, son las siguientes: «1.ª La parte media del papel debe corresponder al centro del cuerpo, de manera que las líneas tengan la misma dirección del borde anterior de la mesa140. 2.ª Ambos brazos deben descansar sobre la mesa, de manera que queden sus dos tercios sobre ella y en una misma dirección hacia la parte media de las líneas, guardando ambas manos la misma distancia del cuerpo. Los codos deben quedar algo distantes del cuerpo. 3.ª El hueco de la mano debe dirigirse a la izquierda. Los tres dedos conque escribimos deben doblarse ligeramente (no encorvarse). La punta de la pluma debe pasar tres centímetros del extremo del índice, y la parte superior del portaplumas debe dirigirse hacia el codo. La mano se apoya en la yema del dedo pequeño. 4.ª Los trazos medianos resultan por medio de una ligera flexión de los tres dedos que escriben y de modo que la punta de la pluma se mueva en dirección al centro del pecho. Por medio de una fuerte flexión de los dedos resultan trazos medianos inclinados hacia la izquierda. 5.ª Al escribir un renglón debe moverse el brazo continuamente hacia la derecha». 3. La obra caligráfica, más que cualquiera otra producción artística, necesita del ensayo para que la ejecución sea fácil y perfecta. El ensayo de la obra caligráfica recibe el nombre propio de borrador o borrón. El borrador, como todo ensayo, sirve para apreciar las dificultades de la ejecución, para la distribución material de la obra y para juzgar de la importancia del efecto. Lleva, pues, consigo el borrador la necesidad de distribuir el espacio, esto es, la superficie del papel, la elección de tipos y formas de los encabezamientos y del resto del escrito; las distancias de unos elementos gráficos a otros, el estudio, en fin, de todas las dificultades que puede presentar la ejecución. El borrador debe ser una verdadera previsión de la obra caligráfica. 4. La ejecución de esta obra está sujeta a los dos principales preceptos siguientes: observancia de las reglas dadas para la producción de los signos gráficos, y mucha lentitud en el trabajo. Cualquier olvido, por pequeño que parezca, cualquier precipitación, puede malograr la mejor obra de la Escritura. Póngase el mayor esmero en ejecutar bien el escrito, porque las correcciones en esta clase de obras deben ser pocas y referirse a cosas pequeñas. La obra escrita deja de ser caligráfica en cuanto presente alguna enmienda o raspadura visible. El esmero de la ejecución debe llevarse a su mayor grado cuando el papel no se puede sustituir, como ocurre en la portada de un álbum, por ejemplo. En este caso son indispensables borradores repetidos. 5. Las obras caligráficas tienen su público, el cual puede ser inteligente y aficionado, y puede formar parte del vulgo, entendiendo como tal el conjunto de personas inhábiles en los trabajos caligráficos. En el Arte de escribir casi todos somos algo artistas, por lo cual el público de las obras caligráficas, si bien éstas no se exponen como las pinturas y esculturas, tienen, sin embargo, un público muy numeroso, aunque diseminado. Para evitar la precipitación al escribir, tan común en los principiantes y tan perjudicial para el buen éxito de la obra, conviene tener presente que el público de las artes plásticas admira o rechaza una obra, no por el tiempo que en producirla se gastó, sino por el grado de perfección con que se presenta a su vista. La crítica de arte prescinde del tiempo empleado en la producción de la obra, y sólo atiende a sus condiciones estéticas. La falta de tiempo no puede servir nunca de excusa a la falta de belleza. No hay necesidad de añadir que el calígrafo debe preferir el aplauso del público docto e inteligente al del mero aficionado, aunque éste sea preferible al del público indocto e ignorante. 1. Revisión y cotejo de letras. -2. Necesidad de estos conocimientos para el calígrafo. -3. Reglas y observaciones para la revisión y el cotejo de escritos sospechosos. 1. Cuando se ofrecen dudas sobre la autenticidad141de un escrito, es necesario verle y estudiarle detenidamente en comparación con otro escrito indubitado: esta comparación se llama cotejo, y el examen minucioso que del escrito se hace recibe el nombre de revisión142. 2. Para apreciar la autenticidad de un escrito ante los tribunales civiles y judiciales existía en España un cuerpo titulado de peritos143 y revisores calígrafos; pero a mediados de siglo dejaron de expedirse estos títulos, y extinguida la clase de peritos calígrafos, suplen a estos funcionarios los individuos del cuerpo de bibliotecarios y archiveros, los maestros de primera enseñanza y toda persona dedicada, con notoria habilidad al ejercicio de la Caligrafía. De aquí la necesidad de que el calígrafo, y más si es maestro de primera enseñanza, conozca la manera de apreciar la autenticidad de un escrito sospechoso. Con este punto se relaciona una cuestión jurídica que no se ha de resolver aquí: la importancia y valor del dictamen pericial; pero baste saber, con relación a dicho punto, que el dictamen del perito, en la legislación actual española, no tiene otro valor que el de medio de ilustración del tribunal, el cual puede conformarse o no con las conclusiones del perito; y no hay necesidad de añadir que esta libertad en el que juzga se aplica también a los informes periciales que se refieren a escritos sospechosos de falsedad. 3. A dos clases pueden reducirse todas las falsificaciones de los escritos: por imitación y por adulteración. Consiste la primera en reproducir con el mayor cuidado la letra de una persona para que el escrito parezca hecho por ella: consiste la segunda en desfigurar la propia letra para que no se conozca al autor del escrito. Aplican los malvados el primer procedimiento para exigir responsabilidad, generalmente pecuniaria, a la persona a quien se atribuye el escrito; y aplican el segundo para evitar la responsabilidad de la injuria o la calumnia con que suelen infamar al prójimo144. En ambos casos, la base del cotejo para formar juicio sobre la autenticidad de un escrito, es la comparación minuciosa de los elementos gráficos del escrito dudoso con los del indubitado. Si es posible, debe hacerse el cotejo con más de un escrito indubitado, y particularmente con el que ofrezca el mismo contenido. Cuando se presenten al perito calígrafo varios escritos indubitados, debe preferir el que fuese de fecha más próxima a la del sospechoso y el que hubiera sido producido en circunstancias las más parecidas a las supuestas del escrito dudoso. Para apreciar mejor estas circunstancias, y siempre que sea posible, debe el perito calígrafo ver cómo escriben el autor de los escritos indubitados y el supuesto autor, si lo hubiese, y en ambos casos, para evitar nuevas falsedades, conviene que estos escritos se produzcan sin que los autores sepan que están escribiendo en presencia del que ha de juzgar sobre la autenticidad del escrito sospechoso. Cuando se trate de probar la autenticidad de un escrito atribuido a persona que escriba más de un tipo de letra, será necesario tener presentes escritos indubitados de estos varios caracteres y fijarse principalmente en el mismo a que pertenezca el escrito dudoso. Elegidos ya varios escritos indubitados, es necesario sacar copias exactas por el procedimiento del calco para trabajar sobre ellas sin perjuicio de los originales. Terminados estos preliminares, es preciso fijar las semejanzas y diferencias que tenga el escrito dudoso con los indubitados. Esta comparación debe hacerse respecto al tipo de letra, a la posición de la pluma, a los rasgos característicos, especialmente a la curva baja, a los trazos de enlace y de rasgueo, a la forma de cada una de las letras minúsculas y mayúsculas, de los signos de puntuación y de las cifras aritméticas; a las distancias o espacios entre los ejes de las letras, entre palabra y palabra, entro renglones, párrafos aparte, y a lo que pudiéramos llamar costumbres caligráficas con referencia al papel, a la superficie ocupada, a las márgenes, plumas, tintas, posiciones para escribir, etc., esto es, a todos y a cada uno de los puntos tratados hasta ahora bajo el epígrafe de Conocimientos técnicos. La simple inspección de los escritos suele ser bastante para apreciar las semejanzas y diferencias entre dos letras; pero revelan no poco en este punto la superposición de los calcos en papel traslúcido y el examen de los escritos con lentes de aumento. Las faltas de ortografía repetidas u omitidas en algunos casos, suelen decir también mucho respecto a la autenticidad del escrito que se examina. Cotejados dos escritos de esta manera, se tienen al final datos suficientes para juzgar de la semejanza o diferencia total de dos o más escritos, y, por tanto, de la autenticidad o falsedad del escrito sospechoso; pero conviene advertir que para afirmar la autenticidad de un escrito, en comparación con otro, basta con que entre ambos haya semejanza en sus más importantes condiciones y en el mayor número de circunstancias comunes, pues la identidad no se encuentra ni aun entre firmas producidas seguidamente, en iguales condiciones, por una misma persona. A veces el parecido entre una firma auténtica y otra falsificada es mayor que el de dos firmas auténticas, porque la letra de una misma persona varía mucho con el tiempo, el lugar, el ejercicio y demás circunstancias propias del que escribe. Las falsificaciones producidas por medio de raspaduras o enmiendas se notan a la simple vista, y se descubren, aun las más disimuladas, mirando el papel al trasluz o haciendo uso de los lentes de aumento. Algunas falsificaciones por adulteración se producen escribiendo con la mano izquierda. Si este caso no se ha previsto, nada más fácil que afirmar rotundamente la diferencia entre los escritos dudosos y los indubitados; pero si se tiene presente y hay indicios de que la adulteración se ha producido escribiendo con la mano izquierda, la mayor torpeza de esta mano en el que escribe habitualmente con la derecha, manifiesta mejor las semejanzas y diferencias esenciales de los escritos cotejados. Gran parte de lo dicho respecto al escrito y a las firmas, es aplicable a las rúbricas. Sin embargo, el perito calígrafo debe fijarse mucho en la forma geométrica de las líneas que la forman y especialmente en las curvas producidas de derecha a izquierda, que son más difíciles de falsificar. Conviene añadir a lo antedicho, que a veces señales y circunstancias extrañas al escrito suelen bastar para convencer al perito calígrafo de la autenticidad o falsedad del documento sospechoso. Tales son: el asunto del escrito, las condiciones del estilo, la corrección gramatical de la expresión, las fechas del escrito y del papel sellado y otras varias difíciles de enumerar145. Un escrito puede reproducirse con absoluta fidelidad y no ser auténtico, por medio del calco, la fotografía, fotograbado y otros varios procedimientos inventados modernamente para reproducir originales; pero el procedimiento empleado para ello deja siempre una señal que manifiesta la copia. El calco deja alguna huella en el original y en la reproducción, aunque estas huellas pueden desaparecer con el tiempo; la copia fotográfica se manifiesta en los materiales empleados, y los demás procedimientos se diferencian, por lo menos, en la composición de las tintas con que el escrito se obtiene. Para terminar este artículo, resta añadir, que una vez cotejados con esmero los escritos, y tenidas en cuenta las advertencias ya indicadas, se redacta el informe o se expone verbalmente, según sea necesario, afirmando o negando sencillamente y en conciencia, que los escritos cotejados pueden haber sido o no haber sido hechos de la misma mano, razonando extensamente el informe, cuando la gravedad del caso exija esta práctica, siempre recomendable.
De la obra escrita como producción de arte de
la palabra
1. Diferentes documentos de uso común, cuyas formas generales de escritura deben ser conocidas. 1. El objeto y fin de la Escritura, así como los usos principales de esta Arte, quedaron ya explicados al tratar del concepto de la Escritura; pero el que practique este ejercicio debe conocer además sus más notables aplicaciones y particulares usos. La Gramática y la Literatura dan los preceptos necesarios para expresar el pensamiento correcta y bellamente; pero la Escritura completa estas reglas de redacción con otras referentes a las condiciones gráficas de los documentos y a su contenido y formas usuales de redacción. Por esto es necesario conocer las reglas que se dan en los artículos siguientes. La escritura se aplica de ordinario a la redacción de varias clases de documentos, los cuales se pueden clasificar en cartas, documentos oficiales, documentos de crédito, contratos y escritos para imprenta. De todos ellos se trata brevemente a continuación. |