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El olvido está lleno de memoria o la memoria llena de olvido: poesía y compromiso en un poemario de Mario BenedettiLuis Veres Cortés (CEU San Pablo. Valencia) A pesar de que la mayoría de los poetas coincidan en la inutilidad que supone la dedicación poética -recientemente Luis García Montero ha titulado un ensayo suyo De la inutilidad de la poesía, Mario Benedetti discrepa de esta consideración. Para el autor uruguayo la poesía supone una transgresión, pues cuestiona toda una serie de supuestos sociales que el hombre debe poner en duda y que a menudo forman parte de nuestro olvido cotidiano. En varios de sus ensayos, recientemente recogidos bajo el título El ejercicio del criterio, concretamente en «Los poetas ante la poesía» y «Rasgos y riesgos de la actual poesía latinoamericana», Benedetti hace referencia a esta cuestión:
Por ello, para Benedetti, la poesía supone la independencia. La poesía es cuestionadora no sólo de una situación social, política o humana, sino que cuestiona el propio código literario, de modo que éste es el motivo por el que la poesía suele circular en revistas o editoriales minoritarias. No obstante, el mismo autor en otro texto reconoce la imposibilidad de cambiar el mundo mediante la poesía:
Esta posición de cuestionamiento del orden social es una de las constantes, junto al tema amoroso, de la poesía de Benedetti. Sin embargo, como veremos a lo largo de esta comunicación, poesía, compromiso y amor se entrecruzarán continuamente. Como ejemplo de esta posición del poeta señalaremos el poemario El olvido está lleno de memoria, libro en el que aparecen las tres claves, a mi juicio, de la poética del autor uruguayo. Es en su obra crítica donde Benedetti se plantea los principales problemas acerca de lo que significa el compromiso poético. Para él, sólo es el poeta, alejado de las grandes tiradas editoriales, de las cifras grandilocuentes y los planes de mercadotecnia a los que la novela, y en casos muy concretos el teatro, es el poeta, como decía, el único que en ese mar de condicionamientos externos puede presentarse con total sinceridad y así lo plantea en uno de sus escritos:
Y más adelante señala:
De esta manera, Benedetti, tomando un concepto de Octavio Paz, escinde el hecho poético en dos tipos de sensibilidades que postulan poéticas distintas, las cuales no son opuestas, sino que pueden coexistir en un mismo autor: por una parte considera que hay poetas que son la conciencia de la poesía, aquellos en que lo poético es la respuesta a una angustia de tipo existencial o un postulado estético. En este grupo entrarían autores como Borges, Huidobro, Montes de Oca, Girondo o Lezama. En un segundo grupo se sitúan los autores que son la poesía de la conciencia: Neruda, Vallejo, Cardenal, Gelman, Dalton, Fernández Moreno, Eliseo Diego, Enrique Lhin o Gabriela Mistral., cuyas características más significativas serían el desapego de la retórica, la capacidad de comunicación y el compromiso solidario. En este sentido la obra de Benedetti participaría de ambos posicionamientos estéticos denunciando la injusticia política y social, y viendo en el amor la única respuesta a los muchos problemas que asuelan el mundo. A pesar de que la obra de grandes poetas mengua su cualidad en cuanto se pone al servicio de una determinada posición política, cuando polariza el mundo en vertientes maniqueas y falseadas, válgame como ejemplo los últimos libros de Neruda o los muchos poemas olvidados de la poesía social española, Benedetti defiende el compromiso de la poesía, pues la poesía es buena o mala en función de la recurrencia del artificio de que se sirve, independientemente de la ideología que defienda. Las causas de esta posición hay que buscarlas en las circunstancias personales del hombre Benedetti, víctima del exilio, las cárceles y las muertes de los amigos. Y por ello señala acertadamente:
Benedetti apela al hecho de que, dada la situación de continuas aberraciones que caracteriza el s. XX latinoamericano, dadas las coordenadas idóneas para el establecimiento de dictaduras del signo que sean en gran parte del continente mestizo, el poeta, desde su independencia, debe ponerse al servicio de la justicia social. Pero este hecho que ya de por sí no requiere justificación en cualquier marco geográfico, es más necesario en el Nuevo Mundo. Para ejemplificar este hecho reproduciré un texto que aparece en el libro de Noam Chomsky El miedo a la democracia:
Ante crueldades de esta magnitud el intelectual no puede quedar al margen. Por ello señala Benedetti: «En Europa el posmodernismo puede ser una moda: aquí en cambio sería una obscenidad»(279). Porque es el intelectual, desde el distanciamiento, desde la lucidez que la falta de ambición le otorga, el único que no puede olvidar la barbarie, que es fruto en muchos casos de la mal llamada civilización. Por ello el olvido del poeta es un olvido lleno de memoria. Así lo ve Benedetti al finalizar su ensayo:
La poesía, como podemos ver, se enfrenta al reto de recuperar el verdadero sentido de la historia, y el intelectual es el que debe extraer una lección moral de esta recuperación que supone una transgresión del poder. En el poema que inicia el libro, «Ese gran simulacro», es el poeta el que niega el olvido y el que se opone al concepto de historia forjada por los vencedores, en el sentido que le da Foucault en su libro Vigilar y castigar(281):
Y más adelante alude al gran simulacro que se corresponde con el olvido y que, a su vez, es la historia construida por los vencedores o por los que sustentan el poder:
En el poema titulado «¿Cosecha de la nada?» Benedetti detalla el contenido del olvido:
De este modo, el sentido histórico de Benedetti, identificado con el pensamiento de Foucault, recoge las imágenes de todo lo que el poeta ha visto en esta vida y por ello el poema toma la forma de denuncia. En el poema «Despabílate amor» el poeta pasa revista a lo que es la entrada en el mundo de una persona al levantarse y enfrentarse con el boletín de noticias de cada día:
El tono de cotidianidad que rige todo el poema, el antirretoricismo, la enumeración gradual confieren al texto la idea de denuncia de la impasibilidad de los hombres ante los horrores de cada día, ante el olvido en que estos hechos se sumen a los pocos días de ser denunciados. Por ello el horror pasa a formar parte del lado oscuro de la realidad y es por esta razón que el olvido se reviste de la configuración de la noche en el poema «Sólo un detalle»:
En «Burbuja» el olvido se convierte en silencio:
La actitud del poeta es de incomprensión ante la existencia del olvido. Así en el poema «Desganas» Benedetti reconoce el horror de que «cuarenta mil niños sucumben diariamente en el purgatorio del hambre y de la sed», admite el horror de que «los pobres de solemnidad son cada vez menos solemnes y más pobres», mientras tal vez una sola mujer se cruza de brazos, pero lo que resulta «atroz, sencillamente atroz, si es la humanidad la que se encoge de hombros»(288). Y es el poeta el único que se compromete contra esa realidad; es una voz que grita ante la humanidad que no le escucha como en el poema «Una gaviota en el lago Leman». Allí, frente al fragor del sonido de la ciudad capitalista de Ginebra, una gaviota se queja y vomita tristezas en el rostro impasible / maquillado / del orden(289). En el poema «Pájaros», Benedetti opone frente al ruiseñor modernista, frente a la calandria, frente al ave fénix de la poesía clásica, frente a las aves más frecuentes de la historia de la poesía, las palabras de los discriminados / los que nunca / o pocas veces comparecen / los pobres pajaritos del olvido / que también están llenos de memoria, de manera que el canario, el gorrión, el mirlo, la viuda, el estornino, el cardenal /la tórtola, la urraca, el hortelano, el martin pescador, el benteveo(290) se identifican con las almas sin voz, los que no tienen a nadie que los defienda, y el poeta es el que los evoca y los saca del olvido. Porque él es el hombre, y más exactamente el hombre desvalido, el que está sólo ante el problema de la existencia, y Benedetti, mediante una reiteración de interrogantes plantea, en otro poema, «Quién sabe», esta soledad del hombre, junto con el predominio del amor a Dios sobre todas las cosas, en lugar del amor al hombre sobre todos los dioses:
La conclusión a la que conduce el mensaje de Benedetti es totalmente pesimista y por ello no es casual que uno de los últimos poemas del libro se titule «Apocalipsis venial», pues es la misma conducta humana la que puede desembocar en la propia extinción de la especie:
Así pues, ante esta realidad desigual e injusta el poeta realiza una dura crítica del mundo contemporáneo que en ocasiones desemboca en un justificado rencor hacia los que sustentan el poder y que por tanto sustentan el olvido de los carenciados:
El rencor le conduce hacia los miembros del tercer mundo que consiguen vencer en cualquier ámbito al primer mundo y así, en «Réquiem por Ayrton Senna», el piloto de fórmula uno es el que mediante su triunfo sometía ,al primer mundo de alain prost, que, por cierto, aparece escrito con minúscula, al igual que muchos otros nombres, como marca empequeñecedora de la realidad del mundo desarrollado. Pero, a pesar de este enfoque pesimista, de esta óptica torturada por la realidad, Benedetti todavía tiene sitio en sus poemas para el humor, como por ejemplo en «Te acordarás de tu hermano»:
La respuesta de Benedetti ante la barbarie del hombre está enfocada hacia el amor, el amor como purificación y el amor como antídoto ante los excesos y desviaciones de la civilización, el amor como una esperanza, como un huerto en un páramo, una migaja entre dos hambres, el amor que es, cáliz y musgo / cruz y sésamo, pobre bisagra entre voraces, aquello que no se ve desde los helicópteros que lanzan bombas:
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