 Mamotreto XIV
| Cómo torna su tía y demanda
dónde ha de dormir Rampín, y lo que pasaron la Lozana y
su futuro criado en la cama
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[TÍA.-]
Dime, sobrino, ¿has de
dormir allí con ella? Que no me ha dicho nada, y por mi vida que tiene
lindo cuerpo.
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RAMPÍN.-
¿Pues qué, si la
vierais vos desnuda en la estufa?
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TÍA.-
Yo quisiera ser hombre, tan bien
me ha parecido. ¡Oh, qué pierna de mujer! ¡Y el
necio de su marido que la dejó venir sola a la tierra de
Cornualla! Debe de ser cualque babión, o veramente que ella debe de ser
buena de su cuerpo.
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RAMPÍN.-
Yo lo veré esta noche, que,
si puedo, tengo de pegar con sus bienes.
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TÍA.-
A otro que tú habría
ella de menester, que le hallase mejor la bezmellerica y le hinchiese la
medida.
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RAMPÍN.-
Andá, no curéis que «debajo yace buen bebedor»,
como dicen.
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TÍA.-
Pues allá dejé el
candil. Va pasico, que duerme, y cierra la puerta.
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RAMPÍN.-
Sí haré. Buenas
noches.
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TÍA.-
Va en buen hora.
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LOZANA.-
¡Ay, hijo! ¿Y
aquí os echaste? Pues dormí y cobijaos, que harta ropa hay.
¿Qué hacéis? ¡Mirá que tengo marido!
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RAMPÍN.-
Pues no está ahora
aquí para que nos vea.
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LOZANA.-
Sí, mas saberlo ha.
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RAMPÍN.-
No hará; esté queda
un poquito.
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LOZANA.-
¡Ay, qué bonito!
¿Y de esos sois? ¡Por mi vida que me levante!
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RAMPÍN.-
No sea de esa manera, sino por ver
si soy capón, me dejéis deciros dos palabras con el
dinguilindón.
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LOZANA.-
¡No haré! La verdad te
quiero decir, que estoy virgen.
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RAMPÍN.-
¡Andá, señora,
que no tenéis vos ojo de estar virgen! ¡Déjame ahora hacer,
que no parecerá que os toco!
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LOZANA.-
¡Ay, ay, sois muy muchacho y
no querría haceros mal!
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RAMPÍN.-
No haréis, que ya se me
cortó el frenillo.
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LOZANA.-
¿No os basta besarme y gozar
de mí así, que queréis también copo y condedura?
¡Catá que me apretáis! ¿Vos pensáis que lo
hallaréis? Pues os hago saber que ese hurón no sabe cazar
en esta floresta.
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RAMPÍN.-
Abridle vos la puerta, que
él hará su oficio a la machamartillo.
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LOZANA.-
Por una vuelta soy contenta.
¿Muchacho eres tú? Por esto dicen «guárdate del
mozo cuando le nace el bozo». Si lo supiera, más
presto soltaba riendas a mi querer. Pasico, bonico, quedico, no me
ahinquéis. Andá conmigo, ¡por ahí van allá!
¡Ay, qué prisa os dais, y no miráis que está otra
en pasamiento sino vos! Catá que no soy de aquellas que se quedan
atrás. Esperá, os vezaré: ¡así, así, por
ahí seréis maestro! ¿Veis como va bien? Esto no
sabíais vos; pues no se os olvide. ¡Sus, dadle, maestro,
enlodá, que aquí se verá el correr de esta lanza,
quién la quiebra! Y mirá que, «por mucho madrugar, no
amanece más aína». En el coso te tengo, la
garrocha es buena, no quiero sino vérosla tirar. Buen principio
lleváis. Caminá, que la liebre está echada.
¡Aquí va la honra!
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RAMPÍN.-
Y si la venzo,
¿qué ganaré?
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LOZANA.-
No curéis, que cada cosa
tiene su premio. ¿A vos vezo yo, que naciste vezado? Daca la
mano y tente a mí, que el almadraque es corto. Aprieta y cava, y ahoya, y
todo a un tiempo. ¡A las clines, corredor! ¡Ahora, por mi vida, que
se va el recuero! ¡Ay, amores, que soy vuestra muerta y viva!
Quitáos la camisa, que sudáis. ¡Cuánto
había que no comía cocho! Ventura fue encontrar el hombre tan
buen participio a un pasto. Este tal majadero no me falte, que yo
apetito tengo desde que nací, sin ajo y queso, que podría
prestar a mis vecinas. Dormido se ha. En mi vida vi mano de mortero tan bien
hecha. ¡Qué gordo que es! Y todo parejo. «¡Mal año
para nabo de Jerez!» Parece bisoño de Frojolón. La habla me
quitó, no tenía por donde resollar. ¡No es de dejar
este tal unicornio! ¿Qué habéis, amores?
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RAMPÍN.-
Nonada, sino demandaros de
merced que toda esta noche seáis mía.
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LOZANA.-
No más, así
gocéis.
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RAMPÍN.-
Señora, ¿por
qué no? ¿Falté algo en la pasada? Enmendadlo hemos, que la
noche es luenga.
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LOZANA.-
Disponé como de vuestro, con
tanto que me lo tengáis secreto. ¡Ay, qué miel tan sabrosa!
¡No lo pensé! ¡Aguza, aguza, dale si le das, que me llaman
en casa! ¡Aquí, aquí, buena como la primera, que no le
falta un pelo! Dormí, por mi vida, que yo os cobijaré. Quite Dios
de mis días y ponga en los tuyos, que cuanto enojo traía me has
quitado. Si fuera yo gran señora, no me quitara jamás
éste de mi lado. ¡Oh, pecadora de mí! ¿y
desperteos? No quisiera.
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RAMPÍN.-
Andá, que no se pierde
nada.
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LOZANA.-
¡Ay, ay, así va, por
mi vida, que también camine yo! ¡Allí, allí me
hormiguea! ¿Qué, qué, pasaréis por mi puerta? Amor
mío, todavía hay tiempo. Reposá, alzá la
cabeza, tomá esta almohada. ¡Mira qué sueño
tiene, que no puede ser mejor! Quiérome yo dormir.
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AUTOR.-
Quisiera saber escribir un par de
ronquidos, a los cuales despertó él y, queriéndola besar,
despertó ella, y dijo:
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[LOZANA.-]
¡Ay, señor!, ¿es
de día?
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RAMPÍN.-
No sé, que ahora
desperté, que aquel cardo me ha hecho dormir.
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LOZANA.-
¿Qué hacéis?
¿Y cuatro? A la quinta canta el gallo. ¡No estaré queda, no
estaré queda hasta que muera! Dormí, que ya es de día, y
yo también. Matá aquel candil, que me da en los ojos. Echaos y
tirá la ropa a vos.
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AUTOR.-
Allí junto moraba un herrero,
el cual se levantó a media noche y no les dejaba dormir. Y él se
levantó a ver si era de día y, tornándose a la cama, la
despertó, y dijo ella:
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[LOZANA.-]
¿De dónde venís?, que no os sentí levantar.
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RAMPÍN.-
Fui allí fuera, que estos
vecinos hacen de la noche día. Están las Cabrillas sobre este
Horno, que es la punta de la media noche, y no nos dejan dormir.
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LOZANA.-
¿Y en cueros saliste?
Frío venís.
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RAMPÍN.-
Vos me calentaréis.
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LOZANA.-
Sí haré, mas no
de esa manera. ¡No más, que estoy harta, y me gastaréis la
cena!
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RAMPÍN.-
Tarde acordaste, que dentro yace
que no rabea. Harta me decís que estáis, y parece que
comenzáis ahora. Cansada creería yo más presto, que
no harta.
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LOZANA.-
Pues, ¿quién se harta
que no deje un rincón para lo que viniere? ¡Por mi vida, que tan
bien batís vos el hierro como aquel herrero! ¡A tiempo y fuerte,
que es acero! Mi vida, ya no más, que basta hasta otro día, que
yo no puedo mantener la tela, y lo demás sería gastar lo bueno.
Dormí, que almorzar quiero en levantándome.
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RAMPÍN.-
No curéis, que mi tía
tiene gallinas y nos dará de los huevos, y mucha manteca y la
calabaza llena.
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LOZANA.-
Señor, sí diré
yo como decía la buena mujer después de bien harta.
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RAMPÍN.-
¿Y cómo
decía?
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LOZANA.-
Dijo: «harta de duelos con
mucha mancilla», como lo sabe aquélla que no me dejará
mentir.
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AUTOR.-
Y señaló a la
calabaza.
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RAMPÍN.-
Puta vieja era esa; a la manteca
llamaba mancillalobos.
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LOZANA.-
Luenga valga, júralo
mozo, y ser de Córdoba me salva. El sueño me viene,
reposemos.
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RAMPÍN.-
Soy contento; a este lado, y
metamos la iglesia sobre el campanario.
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AUTOR.-
(Prosigue.) Era mediodía
cuando vino la tía a despertarlos, y dice:
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TÍA.-
¡Sobrino, abrí,
catá el sol que entra por todo! ¡Buenos días!
¿Cómo habéis dormido?
| |
LOZANA.-
Señora, muy bien, y vuestro
sobrino como lechón de viuda, que no ha meneado pie ni pierna hasta
ahora, que yo ya me sería levantada sino por no despertarlo. Que no he
hecho sino llorar pensando en mi marido, qué hace o dónde
está que no viene.
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TÍA.-
No toméis fatiga,
andá acá, que quiero que veáis mi casa ahora que no
está aquí mi marido. Veis aquí en qué paso tiempo.
¿Queréis que os las quite a vos?
| |
LOZANA.-
Señora, sí, y
después yo os pelaré a vos porque veáis qué mano
tengo.
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TÍA.-
Esperá, traeré aquel
pelador o escoriador, y veréis que no deja vello ninguno, que las
jodías lo usan mucho.
| |
LOZANA.-
¿Y de qué se hace
este pegote o pellejador?
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TÍA.-
¿De qué? De
trementina y de pez greca, y de calcina virgen, y cera.
| |
LOZANA.-
Aquí donde me lo pusiste se me
ha hinchado y es cosa sucia. Mejor se hace con vidrio sotil y muy delgado, que
lleva el vello y hace mejor cara. Y luego un poco de olio de pepitas de
calabaza y agua de flor de habas a la veneciana, que hace una cara muy
linda.
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TÍA.-
Eso quiero que me
vecéis.
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LOZANA.-
Buscá una redomilla
quebrada; mirá qué suave que es, y es cosa limpia.
| |
TÍA.-
No curéis, que si os caen
en el rastro las cortesanas, todas querrán probar, y con eso que vos le
sabéis dar, una ligereza, ganaréis cuanto quisiereis,
Dios delante. ¿Veis aquí dónde viene mi marido?
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VIEJO.-
Estéis en buen hora.
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LOZANA.-
Seáis bien venido.
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VIEJO.-
Señora, ¿qué os
ha parecido de mi sobrino?
| |
LOZANA.-
Señor, ni amarga ni sabe a
fumo.
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TÍO.-
¡Por mi vida, que
tenéis razón! Mas yo fuera más al propósito que no
él.
| |
TÍA.-
¡Mirá que se
dejará decir! ¡Se pasan los dos meses que no me dice qué
tienes ahí y se quiere ahora hacer gallo! ¡Para quien no os
conoce tenéis vos palabra!
| |
LOZANA.-
Señora, no os
alteréis, que mi bondad es tanta que ni sus palabras, ni su sobrino no
me empreñarán. Vamos, hijo, Rampín, que es tarde para lo
que tenemos que hacer.
| |
TÍA.-
Señora, id sana y salva, y
torname a ver con sanidad.
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 Mamotreto XV
| Cómo fueron mirando por Roma, hasta que
vinieron a la judería, y cómo ordenó de poner casa
| |
LOZANA.-
¿Por dónde hemos de
ir?
| |
RAMPÍN.-
Por aquí, por Plaza
Redonda, y veréis el templo de Panteón, y la sepultura de Lucrecia
Romana, y la aguja de piedra que tiene la ceniza de Rómulo y
Rémulo, y la Columna labrada, cosa maravillosa, y veréis
Setemzonéis, y reposaréis en casa de un compaño mío que me
conoce.
| |
LOZANA.-
Vamos, que aquel vuestro tío
sin pecado podría traer albarda. Ella parece de buena
condición. Yo la tengo de vezar muchas cosas que sé.
| |
RAMPÍN.-
De eso os guardá. No
vecéis a ninguna lo que sabéis; guardadlo para cuando lo
habréis menester, y si no viene vuestro marido, podréis vos ganar
la vida, que yo diré a todas que sabéis más que mi madre.
Y si queréis que esté con vos, os iré a vender lo que
hiciereis, y os pregonaré que traéis secretos de
Levante.
| |
LOZANA.-
Pues vení acá, que
eso mismo quiero yo, que vos estéis conmigo. Mirá que yo no tengo
marido ni péname el amor, y de aquí os digo que os tendré
vestido y harto como barba de rey. Y no quiero que fatiguéis, sino que
os hagáis sordo y bobo, y calléis aunque yo os riña y os
trate de mozo, que vos llevaréis lo mejor, y lo que yo ganare
sabedlo vos guardar, y veréis si habremos menester a nadie. A mí
me quedan aquí cuatro ducados para remediarme. Id, y compradme vos
solimán, y lo haré labrado, que no lo sepan mirar cuantas lo
hacen en esta tierra, que lo hago a la cordobesa, con saliva y al sol, que esto
dicen que es lo que hace la madre a la hija; esotro es lo que hace la
cuñada a la cuñada, con agua y al fuego, y si miran que no salte,
ni se queme, sería bueno, y de esto haré yo para el común.
Mas ahora he menester que sea loada y, como la primera vez les hará
buena cara, siempre diré que lo paguen bien, que es de mucha costa y
gran trabajo.
| |
RAMPÍN.-
Aquí es el Aduana, mirá si
queréis algo.
| |
LOZANA.-
¿Qué aduanaré?
Vos me habéis llevado la flor.
| |
RAMPÍN.-
¿Veis allí una casa
que se alquila?
| |
LOZANA.-
Véamosla.
| |
RAMPÍN.-
Ya yo la he visto, que moraba una
putilla allí, y tiene una cámara y una saleta, y paga diez
ducados de carlines al año, que son siete y medio de oro, y ella la
pagaba de en tres en tres meses, que serían veinticinco
carlines por tres meses. Y buscaremos un colchón y una silla para que
hincha la sala, y así pasaréis hasta que vayáis entendiendo y
conociendo.
| |
LOZANA.-
Bien decís; pues vamos a
mercar un morterico chiquito para comenzar a hacer cualque cosa que dé
principio al arte.
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RAMPÍN.-
Sea así. Yo os lo
traeré. Vamos primero a hablar con un jodío, que se llama Trigo,
que él os alquilará todo lo que habéis menester y aun
tomará la casa sobre sí.
| |
LOZANA.-
Vamos.
¿Conocéis alguno?
| |
RAMPÍN.-
Mirá, es judío
plático, dejá hacer a él, que él os
publicará entre hombres de bien que paguen la casa y aun el comer.
| |
LOZANA.-
Pues eso hemos menester.
Decime, ¿es aquél?
| |
RAMPÍN.-
No, que él no trae
señal, que es judío que tiene favor, y lleva ropas de seda
vendiendo, y ese no lleva sino ropa vieja y zulfaroles.
| |
LOZANA.-
¿Qué plaga es
ésta?
| |
RAMPÍN.-
Aquí se llama Nagona, y si
venís el miércoles veréis el mercado, que
quizá desde que naciste no habéis visto mejor
orden en todas las cosas. Y mirá qué es lo que queréis,
que no falta nada de cuantas cosas nacen en la tierra y en el agua, y
cuantas cosas se puedan pensar que sean menester abundantemente, como en
Venecia y como en cualquier tierra de acarreto.
| |
LOZANA.-
Pues eso quiero yo que me
mostréis. En Córdoba se hace los jueves, si bien me recuerdo:
| Jueves, era jueves, | | | |
día de mercado, | | | |
convidó Hernando | | | |
los comendadores. | | |
¡Oh si me muriera cuando esta endecha oí! No lo
quisiera tampoco, que bueno es vivir, quien vive loa al Señor.
¿Quién son aquellos que me miraron? ¡Para ellos es el
mundo!, ¡y lóbregos de aquellos que van a pie, que van sudando, y
las mulas van a matacaballo, y sus mujeres llevan a las ancas!
| |
RAMPÍN.-
Eso de sus mujeres... son
cortesanas, y ellos deben de ser grandes señores pues mirá que
por eso se dice: «Nota Roma, triunfo de grandes señores,
paraíso de putanas, purgatorio de jóvenes, infierno de todos,
fatiga de bestias, engaño de pobres, peciguería de
bellacos».
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LOZANA.-
¿Qué predica
aquél? Vamos allá.
| |
RAMPÍN.-
Predica cómo se tiene de
perder Roma y destruirse en el año XXVII, mas dícelo burlando.
Este es el Campo de Flor, aquí es en medio de la ciudad.
Éstos son charlatanes, sacamuelas y gastapotras, que engañan a
los villanos y a los que son nuevamente venidos, que aquí los llaman
bisoños.
| |
LOZANA.-
¿Y con qué los
engañan?
| |
RAMPÍN.-
¿Veis aquella raíz
que él tiene en la mano? Está diciendo que quita el dolor de los
dientes, y que lo dará por un bayoque, que es cuatro cuatrines.
Hará más de ciento de aquéllos, si halla quien los
compre: tantos bayoques hará. ¡Y mirá el otro cuero
hinchado, aquel papel que muestra! Está diciendo que tiene polvos para
vermes, que son lombrices, y mirá qué prisa tiene, y
después será cualque cosa que no vale un cuatrín, y dice
mil farándulas y a la fin, todo nada. Vamos, que «un loco hace
ciento».
| |
LOZANA.-
¡Por mi vida, que no son
locos! Decime, ¿quién mejor sabio que quien sabe sacar
dinero de bolsa ajena sin fatiga? ¿Qué es aquello, que
están allí en torno aquél?
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RAMPÍN.-
Son mozos que buscan
amos.
| |
LOZANA.-
¿Y aquí vienen?
| |
RAMPÍN.-
Señora, sí. Veis
allí dónde van dos con aquel caballero, que no ture más el
mal año que ellos durarán con él.
| |
LOZANA.-
¿Cómo lo
sabéis vos? Aquella abuela de las otras lavanderas me lo dijo ayer,
que cada día en esta tierra toman gente nueva.
| |
RAMPÍN.-
¿Qué sabe la puta
vieja, centuriona segundina? Cuando son buenos los famillos y guardan la
ropa de sus amos, no se parten cada día; mas si quieren ser ellos
patrones de la ropa que sus amos trabajan, cierto es que los
enviarán a Turullote. Mirá, los mozos y las fantescas son
los que difaman las casas, que siempre van diciendo mal del patrón, y
siempre roban más que ganan, y siempre tienen una caja fuera de casa,
para lo que urja. Y ellas quieren tener un amigo que venga de noche, y
otramente no estarán, y la gran necesidad que tienen los amos se
lo hacen comportar, y por eso mudan pensando hallar mejor, y solamente son
bien servidos el primer mes. No hay mayor fatiga en esta tierra que es mudar
mozos, y no se curan, porque la tierra lo lleva, que si uno los deja,
otro los ruega, y así «ni los mozos hacen casa con dos solares», ni
los amos los dejan sus herederos, como hacen en otras tierras. Pensá que
yo he servido dos amos en tres meses, que estos zapatos de seda me dio
el postrero, que era escudero y tenía una puta, y comíamos
comprado de la taberna, y ella era golosa y él pensaba que yo le
comía unas sobras que habían quedado en la tabla, y por eso me
despidió. Y como no hice partido con él, que estaba a
discreción, no saqué sino estos zapatos a la
francesa. Esperanza tenía que me había de hacer
del bien si le sobraba a él.
| |
LOZANA.-
¿Y decísmelo de
verdad? ¿Luego vos no sabéis que se dice que «la
esperanza es fruta de necios», como vos, y majaderos como
vuestro amo?
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 Mamotreto XVI
| Cómo entran a la judería y ven las
sinagogas y cómo viene Trigo, judío, a ponerle casa
| |
LOZANA.-
Aquí bien huele. Convite se
debe hacer. ¡Por mi vida, que huele a porqueta asada!
| |
RAMPÍN.-
¿No veis que todos estos son
judíos, y es mañana sábado que hacen el adafina?
Mirá los braseros y las ollas encima.
| |
LOZANA.-
¡Sí, por vuestra vida! Ellos
sabios en guisar a carbón, que no hay tal comer como lo que se cocina a
fuego de carbón y en olla de tierra. Decime, ¿qué
es aquella casa que tantos entran?
| |
RAMPÍN.-
Vamos allá y lo veréis. Esta es sinagoga de catalanes, y ésta de abajo es de mujeres.
Y allí son tudescos, y la otra franceses, y ésta de
romanescos e italianos, que son los más necios judíos que
todas las otras naciones, que tiran al gentílico y no saben su
ley. Más saben los nuestros españoles que todos, porque hay entre
ellos letrados y ricos y son muy resabidos. Mirá allá donde
están. ¿Qué os parece? Ésta se lleva la
flor. Aquellos dos son muy amigos nuestros, y sus mujeres las conozco yo, que
van por Roma vezando oraciones para quien se ha de casar, y ayunos a las
mozas para que paran el primer año.
| |
RAMPÍN.-
Yo sé mejor, que no ellas,
hacer eso espeso con el plomo derretido. Por ahí no me
llevarán, que las moras de Levante me vezaron engañar bobas. En
una cosa de vidrio, como es un orinal limpio, y la clara de un huevo, les
haré ver maravillas para sacar dinero de bolsa ajena diciendo los
hurtos.
| |
RAMPÍN.-
Si yo sabía eso cuando me
hurtaron unos guantes que yo los había tomado a aquel mi amo, por mi
salario, fueran ahora para vos, que eran muy lindos. Y una piedra se le
cayó a su amiga, y hallela (veisla aquí): que ha expendido
dos ducados en judíos que adivinasen, y no le han sabido decir que yo
la tenía.
| |
LOZANA.-
Mostrá. ¡Este diamante
es! Vendámoslo, y diré yo que lo traigo de Levante.
| |
RAMPÍN.-
Sea así. Vamos al mismo
judío, que se llama Trigo. ¿Veislo? allá sale; vamos tras
él, que aquí no hablará si no dice la primera palabra
«oro», porque lo tienen de buen agüero.
| |
LOZANA.-
«¡No es oro lo que oro
vale!»
| |
TRIGO.-
¿Qué es eso que
decís, señora ginovesa? «El buen jodío, de la paja
hace oro». Ya no me puede faltar el Dío, pues que de oro
habló. Y vos, pariente, ¿qué buscáis?
¿Venís con esta señora? ¿Qué ha menester?
Que ya sabéis vos que todo se remediará, porque su cara muestra
que es persona de bien. Vamos a mi casa; entrá. ¡Tina!
¡Tina! ¡Ven abajo, daca un cojín para esta señora, y
apareja que coman algo de bueno!
| |
LOZANA.-
No aparejéis nada, que hemos
comido.
| |
JODÍO.-
Haga buen pro, como hizo a
Jacó.
| |
LOZANA.-
Hermano, ¿qué le
diremos primero?
| |
RAMPÍN.-
Decidle de la piedra.
| |
LOZANA.-
¿Veis aquí?
Querría vender esta joya.
| |
JODÍO.-
¿Esto en la mano lo
tenéis? Buen diamante fino parece.
| |
LOZANA.-
¿Qué podrá
valer?
| |
JODÍO.-
Yo os diré; si fuese
aquí cualque gran señor veneciano que lo tomase, presto
haríamos a despacharlo. Vos, ¿en qué precio lo
tenéis?
| |
LOZANA.-
En veinte ducados.
| |
JODÍO.-
No los hallaréis por
él, mas yo os diré. Quédeseme acá hasta
mañana, y veremos de serviros que, cuando halláremos quien quiera
desembolsar diez, será maravilla.
| |
RAMPÍN.-
Mirá, si los halláis
luego, dadlo.
| |
JODÍO.-
Espérame aquí.
¿Traéis otra cosa de joyas?
| |
LOZANA.-
No ahora. ¿Veis que
judío tan diligente?
| |
RAMPÍN.-
Veislo, aquí torna.
| |
JODÍO.-
Señora, ya se ha mirado y
visto. El platero da seis solamente y, si no, veislo aquí sano y salvo,
y no dará más, y aún dice que vos me habéis de
pagar mi fatiga y corretaje. Y dijo que tornase luego; si no, que no
daría después un cuatrín.
| |
LOZANA.-
Dé siete, y págueos a
vos, que yo también haré mi débito.
| |
JODÍO.-
De esa manera, ocho serán.
| |
LOZANA.-
¿A qué modo?
| |
JODÍO.-
Siete por la piedra, y uno a
mí por el corretaje, caro sería, y el primer lance no se
debe perder, que cinco ducados buenos son en Roma.
| |
LOZANA.-
¿Cómo
cinco?
| |
JODÍO.-
Si me pagáis a mí uno,
no le quedan a vuestra merced sino cinco, que es el caudal de un
judío.
| |
RAMPÍN.-
Vaya, déselo, que estos
jodíos, si se arrepienten, no haremos nada. Andá, Trigo, dadlo, y
mirá si podéis sacarle más.
| |
JODÍO.-
Eso, por amor de vos, lo
trabajaré yo.
| |
RAMPÍN.-
Vení presto.
| |
LOZANA.-
Mirá qué casa tiene
este judío. Este tabardo quiero que me cambie.
| |
RAMPÍN.-
Sí hará.
¿Veislo? Viene.
| |
JODÍO.-
Ya se era ido, hicísteme
detener; ahora no hallaré quien lo tome sino fiado. ¡Tina! Ven
acá, dame tres ducados de la caja, que mañana yo me
fatigaré aunque sepa perder cualque cosilla. Señora,
¿dónde moráis, para que yo os lleve el resto? Y mirá
qué otra cosa os puedo yo servir.
| |
LOZANA.-
Este mancebito me dice que
os conoce y que sois muy bueno y muy honrado.
| |
JODÍO.-
Honrados días viváis
vos y él.
| |
LOZANA.-
Yo no tengo casa; vos me
habéis de remediar de vuestra mano.
| |
JODÍO.-
Sí, bien. ¿Y a
qué parte la queréis de Roma?
| |
LOZANA.-
Donde veáis vos que
estaré mejor.
| |
JODÍO.-
Dejá hacer a mí.
Vení vos conmigo, que sois hombre. ¡Tina! Apareja un almofrej o
matalace y un jergón limpio y esa silla pintada y aquel
forcel.
| |
TINA.-
¿Qué forcel?
No os entiendo.
| |
JODÍO.-
Aquel que me daba dieciocho
carlines por él la portuguesa que vino aquí ayer.
| |
TINA.-
¡Ya, ya!
| |
JODÍO.-
¿Queréis mudar
vestidos?
| |
LOZANA.-
Sí, también.
| |
JODÍO.-
Dejame hacer, que esto os
está mejor; volveos. Si para vos se hiciera, no estuviera
más a propósito. Esperá. ¡Tina! Daca aquel
paño listado que compré de la Imperia, que yo te la haré a
esta señora única en Roma.
| |
LOZANA.-
No curéis, que todo se
pagará.
| |
JODÍO.-
Todo os dice bien, si no fuese por
esa picadura de mosca. Gracia tenéis vos, que vale más
que todo.
| |
LOZANA.-
Yo haré de modo que
cegará a quien bien me quisiere, que «los duelos con pan
son buenos». Nunca me mataré por nadie.
| |
JODÍO.-
Procurá vos de no haber
menester a ninguno, que como dice el judío, «no me veas mal pasar,
que no me verás pelear».
| |
LOZANA.-
Son locuras decir eso.
| |
JODÍO.-
Mirá por qué lo digo,
porque yo querría, si pudiese ser, que hoy en este día
fueseis rica.
| |
LOZANA.-
¿Es el culantro hervir,
hervir?
| |
JODÍO.-
¡Por vida de esa cara honrada,
que más valéis que pensáis! Vamos a traer un
ganapán que lleve todo esto.
| |
RAMPÍN.-
Veis allí uno, llamadlo vos,
que la casa yo sé donde está. Tres tanto
parecéis mejor de esa manera. Id vos delante, buen judío,
que nosotros nos iremos tras vos.
| |
JODÍO.-
¿Y dónde es esa casa
que decís?
| |
RAMPÍN.-
A la Aduana.
| |
JODÍO.-
Bueno, así gocen de vos;
pues no tardéis, que yo la pagaré. Y esta escoba para limpiarla
con buena manderecha.
|
 Mamotreto XVII
| Información que interpone el autor
para que se entienda lo que adelante ha de seguir
| |
AUTOR.-
«El que siembra alguna virtud
coge fama; quien dice la verdad cobra odio». Por eso, notad: estando
escribiendo el pasado capítulo, del dolor del pie dejé este
cuaderno sobre la tabla, y entró Rampín y dijo:
«¿Qué testamento es éste?» Púsolo a
enjugar y dijo: «Yo venía a que fueseis a casa, y
veréis más de diez putas, y quién se quita las cejas y quién se pela lo suyo. Y como la Lozana no es
estada buena jamás de su mal, el pelador no tenía harta
atanquía, que todo era calcina. Hase quemado una boloñesa todo
el pegujar, y pusímosle butiro y dímosle a entender que
eran blanduras; allí dejó dos julios, aunque le pesó.
Vení, que reiréis con la hornera que está allí, y
dice que trajo a su hija virgen a Roma, salvo que con el palo o cabo de la pala
la desvirgó; y miente, que el sacristán con el cirio pascual se
lo abrió».
| |
AUTOR.-
¿Cómo? ¿Y su
madre la trajo a Roma?
| |
RAMPÍN.-
Señor, sí, para
ganar, que era pobre. También la otra vuestra muy querida dice que ella
os sanará. Mirá que quieren hacer berenjenas en conserva, que
aquí llevo clavos de gelofe, mas no a mis expensas, que también
sé yo hacer del necio, y después todo se queda en casa.
¿Queréis venir? Que todo el mal se os quitará si las
veis.
| |
AUTOR.-
No quiero ir, que el tiempo me da
pena; pero decí a la Lozana que un tiempo fue que no me hiciera
ella esos arrumacos, que ya veo que os envía ella, y no quiero ir
porque dicen después que no hago sino mirar y notar lo que pasa, para
escribir después, y que saco dechados. ¿Piensan que si quisiese
decir todas las cosas que he visto, que no sé mejor replicarlas que
vos, que ha tantos años que estáis en su compañía?
Mas soyle yo servidor como ella sabe, y es de mi tierra o cerca de ella, y no la
quiero enojar. ¿Y a vos no os conocí yo en tiempo de Julio
segundo en Plaza Nagona, cuando servíais al señor
canónigo?
| |
RAMPÍN.-
Verdad decís, mas estuve
poco.
| |
AUTOR.-
Eso, poco: allí os vi
moliendo no sé qué.
| |
RAMPÍN.-
Sí, sí, verdad
decís. ¡Oh, buena casa y venturosa! Más ganaba ella
entonces allí, que ahora la meitad, porque pasaban ellas
disimuladas, y se entraban allí, calla callando. ¡Mal año
para la de los Ríos, aunque fue muy famosa! Mirá qué le
aconteció: no ha cuatro días vino allí una mujer
lombarda, que son bobas, y era ya de tiempo, y dijo que la remediase, que ella
lo pagaría, y dijo: «Señora, un palafrenero que tiene mi
amistad no viene a mi casa más ha de un mes. Quería saber si se
ha envuelto con otra». Cuando ella oyó esto, me llamó y
dijo: «Dame acá aquel espejo de alinde». Y miró y
respondiole: «Señora, aquí es menester otra cosa que
palabra; si me traéis las cosas que fueren menester, seréis
servida.» La lombarda dijo: «Señora, ved aquí
cinco julios». La Lozana dijo: «Pues andá vos,
Rampín». Yo tomé mis dineros, y traigo un maravedí
de plomo, y vengo y digo que no hay leña, sino carbón, y que
costó más, y ella dijo que no se curaba. Yo hice buen fuego, que
teníamos de asar un ansarón para cenar, que venía
allí una putilla con su amigo a cená, y así la hizo
desnudar, que era el mejor deporte del mundo, y le echó el plomo por
debajo en tierra, y ella en cueros. Y mirando en el plomo, le dijo que no
tenía otro mal sino que estaba detenido, pero que no se podía
saber si era de mujer o de otra, que tornase otro día y veríalo
de más espacio. Dijo ella: «¿Qué mandáis que
traiga?» Lozana: «Una gallina negra y un gallo que sea de un
año, y siete huevos que sean todos nacidos aquel día, y
traéme una cosa suya». Dijo ella: «¿Traeré una
agujeta o una cofia?» La Lozana: «Sí,
sí». Y sorraba mi perrica. Y más contenta viene otro
día cargada, y trajo otros dos julios, y metió ella la clara de
un huevo en un orinal, y allí le demostró cómo él
estaba abrazado con otra, que tenía una vestidura azul. E
hicímosle matar la gallina y ligar el gallo con su estringa, y
así le dimos a entender que la otra presto moriría, y que
él quedaba ligado con ella y no con la otra, y que presto vendría.
Y así se fue, y nosotros comimos una capirotada con mucho queso.
| |
AUTOR.-
A ésa me quisiera yo
hallar.
| |
RAMPÍN.-
Vení a casa, que
también habrá para vos.
| |
AUTOR.-
¡Andá, puerco!
| |
RAMPÍN.-
«¡Tanto es Pedro de
Dios...
| |
AUTOR.-
... que no te medre
Dios!»
| |
RAMPÍN.-
Vení vos y veréis el
gallo, que para otro día lo tenemos.
| |
AUTOR.-
Pues sea así, que me
llaméis, y yo pagaré el vino.
| |
RAMPÍN.-
Sí haré. Saná
presto. ¿No queréis vos hacer lo que hizo ella para su mal, que
no cuesta sino dos ducados? Que por su fatiga no quería ella nada, que
todo sería un par de calzas para esta invernada. Mirá, ya
ha sanado en Velitre a un español de lo suyo, y a cabo de ocho
días se lo quiso hacer, y era persona que no perdiera nada, y porque
andaban entonces por desposarnos a mí y a ella, porque
cesase la peste, no lo hizo.
| |
AUTOR.-
¡Anda, que eres bobo! Que ya
sé quién es y se lo hizo, y le dio un tabardo o caparela para que
se desposase; ella misma nos lo contó.
| |
RAMPÍN.-
¿Pues veis ahí por
qué lo sanó?
| |
AUTOR.-
Eso pudo ser por gracia de
Dios.
| |
RAMPÍN.-
Señor, no, sino con su
ungüento. Son más de cuatro que la ruegan, y porque no sea lo de
Faustina, que la tomó por muerta y la sanó y después no la
quiso pagar, dijo que un voto que hizo la sanó, y diole el paga:
¡nunca más empacharse con romanescas!
| |
AUTOR.-
Ahora andad en buena hora y
encomendámela, y a la otra desvirgaviejos, que soy todo suyo.
¡Válgaos Dios!
| |
RAMPÍN.-
No, que no caí.
| |
AUTOR.-
¡Teneos bien, que
está peligrosa esa escalera! ¿Caíste?
¡Válgate el diablo!
| |
RAMPÍN.-
¡Ahora sí que
caí!
| |
AUTOR.-
¿Os hicisteis os mal? Poneos este
paño de cabeza.
| |
RAMPÍN.-
Así me iré hasta
casa que me ensalme.
| |
AUTOR.-
¿Qué ensalme te
dirá?
| |
RAMPÍN.-
El del mal
francorum.
| |
AUTOR.-
¿Cómo dice?
| |
RAMPÍN.-
«Eran tres cortesanas
y tenían tres amigos,
pajes de Franquilano:
la una lo tiene público,
y la otra muy callado;
a la otra le vuelta
con el lunario.
Quien esta oración dijere
tres veces a rimano,
cuando nace sea sano,
amén».
|
 Mamotreto XVIII
| Prosigue el autor, tornando al decimosexto
mamotreto, que, viniendo de la judaica, dice Rampín
| |
[RAMPÍN.-]
Si aquel jodío no se
adelantara, esta celosía se vende, y fuera buena para una ventana. Y es
gran reputación tener celosía.
| |
LOZANA.-
¿Y en qué veis que se
vende?
| |
RAMPÍN.-
Porque tiene aquel ramico verde
puesto, que aquí a los caballos o a lo que quieren vender le ponen una
hoja verde sobre las orejas.
| |
LOZANA.-
Para eso mejor será poner
el ramo sin la celosía y venderemos mejor.
| |
RAMPÍN.-
¿Más ramo
queréis que Trigo, que lo dirá por cuantas casas de
señores hay en Roma?
| |
LOZANA.-
Pues veis ahí, a vos quiero
yo que seáis mi celosía, que yo no tengo de ponerme a la ventana,
sino cuando mucho asomaré las manos. ¡Oh, qué lindas son
aquellas dos mujeres! Por mi vida, que son como matronas; no he visto en mi
vida cosa más honrada ni más honesta.
| |
RAMPÍN.-
Son romanas principales.
| |
LOZANA.-
Pues ¿cómo van tan
solas?
| |
RAMPÍN.-
Porque así lo usan. Cuando
van ellas fuera, unas a otras se acompañan, salvo cuando va una sola,
que lleva una sierva, mas no hombres, ni más mujeres, aunque sea la
mejor de Roma. Y mirá que van sesgas; y aunque vean a uno que conozcan,
no le hablan en la calle, sino que se apartan de ellos y callan, y ellas no
abajan cabeza ni hacen mudanza, aunque sea su padre ni su
marido.
| |
LOZANA.-
¡Oh, qué lindas son!
Pasan a cuantas naciones yo he visto, y aun a Violante la hermosa, en
Córdoba.
| |
RAMPÍN.-
Por eso dicen: «Vulto romano y cuerpo
senés andar florentín y parlar
boloñés».
| |
LOZANA.-
¡Por mi vida, que en esto tienen razón! Eso otro
miraré después. Verdad es que las senesas son gentiles de cuerpo,
porque las he visto que sus cuerpos parecen torres iguales. Mirá
allá cuál viene aquella vieja cargada de cuentas y más
barbas que el Cid Ruy Díaz.
| |
VIEJA.-
¡Ay, mi alma, parece
que os he visto y no sé dónde! ¿Por qué
habéis mudado vestidos? No me recordaba. ¡Ya, ya! Decime,
¿y os habéis hecho puta? ¡Amarga de vos, que no lo
podéis sufrir, que es gran trabajo!
| |
LOZANA.-
¡Mirá qué vieja
raposa! ¡Por vuestro mal sacáis el ajeno: puta vieja,
cimitarra, piltrofera, soislo vos desde que naciste, y
pésaos porque no podéis! ¡Nunca yo medre si vos
decís todas esas cuentas!
| |
VIEJA.-
No lo digáis, hija, que cada
día las paso siete y siete, con su gloria al cabo.
| |
LOZANA.-
Así lo creo yo, que vos
bebedardos sois. ¿Por qué no estáis a servir a cualque
hombre de bien, y no andaréis de casa en casa?
| |
VIEJA.-
Hija, yo no querría servir
donde hay mujer, que son terribles de comportar; quieren que hiléis para
ellas y que las acompañéis. Y «haz: aquí y toma
allí, y esto no está bueno». Y «¿qué
hacéis con los mozos?» «¡Comé presto y
vení acá!» «¡Enjaboná y mirá no
gastéis mucho jabón!» «¡Jaboná estos
perricos!» Y aunque jabonéis como una perla, mal
agradecido, y nada no está bien, y no miran si el hombre se vio
en honra y tuvo quien la sirviese, sino que bien dijo quien dijo que «no
hay cosa tan incomportable ni tan fuerte como la mujer rica». Ya cuando
servís en casa de un hombre de bien, contento él y el canavario,
contento todo el mundo. Y todos os dicen: «Ama, hiláis para
vos». Podéis ir a estaciones y a ver vuestros
conocientes, que nadie no os dirá nada, y si tornáis tarde,
los mozos mismos os encubren, y tal casa de señor hay que os
quedáis vos dona y señora. Y por eso me voy ahora a buscar si
hallase alguno, que le tendría limpio como un oro, y miraría por
su casa, y no querría sino que me tomase a salario, porque a
discreción no hay quien la tenga, por mis pecados. Y mirá,
aunque soy vieja, so para revolver una casa.
| |
LOZANA.-
Yo lo creo, y aun una
ciudad, aunque fuese el Caire o Millán.
| |
VIEJA.-
¿Esta casa habéis
tomado? Sea en buen punto con salud. Mal ojo tiene: moza para Roma y
vieja a Benavente. Allá la espero.
| |
TRIGO.-
Subí, señora, en casa
vuestra. Veisla aderezada y pagada por seis meses.
| |
LOZANA.-
Eso no quisiera yo, que ya no me
puede ir bien en esta casa, que aquella puta vieja, santiguadera, se
desperezó a la puerta y dijo «afán, mal afán venga
por ella». Y yo, por dar una coz a un perro que estaba allí, no
miré y metí el pie izquierdo delante, y mirá qué
nublo tornó en entrando.
| |
JODÍO.-
No curéis, que
Aben-Ruiz y Aben-Rey serán en Israel. Y por vuestra vida
y de quien bien os quiere, porque soy yo el uno, que iré y enviaré
quien pague la casa y la cena. Y vos, pariente, aparéjame esos
dientes. No os desnudéis, sino estaos así, salvo el paño
listado, que no lo rompáis; y si alguno viniere, hacé vos como la
de Castañeda, que «el molino andando gana».
|
 Mamotreto XIX
| Cómo, después de ido Trigo, vino un
maestresala a estar la siesta con ella, y después un macero, y el
valijero de Su Señoría
| |
LOZANA.-
Por mi vida que me meo toda, antes
que venga nadie.
| |
RAMPÍN.-
Hacé presto que ¿veis?
allí uno viene que yo lo conozco.
| |
LOZANA.-
¿Y quién es?
| |
RAMPÍN.-
Un maestresala de secreto, hombre de
bien. Vuestros cinco julios no os pueden faltar.
| |
MAESTRESALA.-
Decí, mancebo,
¿está aquí una señora que es venida ahora poco
ha?
| |
RAMPÍN.-
Señor, sí, mas
está ocupada.
| |
MAESTRESALA.-
Decidla que Trigo me mandó
que viniese a hablarla.
| |
RAMPÍN.-
Señor, está en el
lecho, que viene cansada; si queréis esperar, ella le hablará
desde aquí.
| |
MAESTRESALA.-
¡Andá!
¿Véola yo la mano y está en el lecho? ¡Pues ahí
la querría yo! Decí que no la quite, que de oro es, y aun
más preciosa. ¡Oh, pese a tal con la puta, y qué
linda debe de ser! Si me ha entendido aquel harbadanzas, ducado le
daré. ¿Qué dice esa señora? ¿Quiere que
muera aquí?
| |
RAMPÍN.-
Luego, señor.
| |
MAESTRESALA.-
Pues vení vos abajo,
mirá qué os digo.
| |
RAMPÍN.-
¿Qué es lo que manda
vuestra merced?
| |
MAESTRESALA.-
Tomá, veis ahí para
vos, y solicitá que me abra.
| |
RAMPÍN.-
Señor, sí. ¡Tiri,
tiritaña: mirá para mí! ¿Abrirele?, que se
enfría.
| |
LOZANA.-
Asomaos allí primero,
mirá qué dice.
| |
MAESTRESALA.-
¡Hola! ¿Es hora?
| |
RAMPÍN.-
Señor, sí; que espere
vuestra merced, que quiere ir fuera, y ahí la hablará.
| |
MAESTRESALA.-
¡No, pese a tal, que me
echáis a perder! Si no ahí, en casa, que luego me salgo.
| |
RAMPÍN.-
Pues venga vuestra excelencia.
| |
MAESTRESALA.-
Beso las manos de vuestra
merced, mi señora.
| |
LOZANA.-
Yo las de vuestra merced,
que deséome quita de un mi hermano.
| |
MAESTRESALA.-
Señora, para serviros,
más que hermano. ¿Qué le parece a vuestra
merced de aquesta tierra?
| |
LOZANA.-
Señor, diré como
forastera: «la tierra que me sé, por madre me la he».
Cierto es que hasta que vea, ¿por qué no le tomaré
amor?
| |
MAESTRESALA.-
Señora, vos sois tal y
haréis tales obras, que no por hija, mas por madre quedaréis
de esta tierra. Vení acá, mancebo, por vuestra vida, que me
vais a saber qué hora es.
| |
LOZANA.-
Señor, ha de ir conmigo a
comprar ciertas cosas para casa.
| |
MAESTRESALA.-
Pues sea de esta manera. Tomá,
hermano; veis ahí un ducado. Id vos solo, que hombre sois para todo, que
esta señora no es razón que vaya fuera a estas horas. Y
vení presto, que quiero que vais conmigo para que traigáis a esta
señora cierta cosa que le placerá.
| |
RAMPÍN.-
Señor, sí.
| |
MAESTRESALA.-
Señora, por mi fe, que tengo
que ser vuestro, y vos mía.
| |
LOZANA.-
Señor, merecimiento
tenéis para todo. Yo, señor, vengo cansada, ¿y vuestra
merced se desnuda?
| |
MAESTRESALA.-
Señora, puédolo hacer,
que parte tengo en la cama, que dos ducados di a Trigo para pagarla, y
más ahora que soy vuestro yo y cuanto tengo.
| |
LOZANA.-
«Señor, dijo el
ciego que deseaba ver».
| |
MAESTRESALA.-
Esta cadenica sea vuestra, que me
parece que os dirá bien.
| |
LOZANA.-
Señor, vos, estos corales al
brazo, por mi amor.
| |
MAESTRESALA.-
Estos pondré yo en mi
corazón, y quede con Dios, y cuando venga su criado, vaya a mi
estancia, que bien la sabe.
| |
LOZANA.-
Sí hará.
| |
MAESTRESALA.-
Este beso sea para empresa.
| |
LOZANA.-
Empresa con rescate de amor fiel,
que vuestra presencia me ha dado, seré siempre leal a conservarlo.
¿Venís, calcotejo? Subí. ¿Qué
traéis?
| |
RAMPÍN.-
El espejo que os dejasteis en casa
de mi madre.
| |
LOZANA.-
Mostrá, bien habéis
hecho. ¿No me miráis la cadenica?
| |
RAMPÍN.-
¡Buena, por mi vida, hi, hi, hi que es oro! ¿Veis aquí donde vienen
dos?
| |
LOZANA.-
Mirá quién son.
| |
RAMPÍN.-
El uno conozco, que lleva la
maza de oro y es persona de bien.
| |
MACERO.-
¡A vos, hermano! ¡Hola!
¿Mora aquí una señora que se llama la Lozana?
| |
RAMPÍN.-
Señor, sí.
| |
MACERO.-
Pues decidla que venimos a hablarla,
que somos de su tierra.
| |
RAMPÍN.-
Señores, dice que no tiene
tierra, que ha sido criada por tierras ajenas.
| |
MACERO.-
¡Juro a tal, que a dicho bien,
que «el hombre nace y la mujer donde va»! Decí a su
merced que la deseamos ver.
| |
RAMPÍN.-
Señores, dice que otro
día la veréis que haga claro.
| |
MACERO.-
¡Voto a san, que tiene
razón! Mas no tan claro como ella lo dice. Decí a su
señoría que son dos caballeros que la desean servir.
| |
RAMPÍN.-
Dice que no podéis servir a
dos señores.
| |
MACERO.-
¡Voto a mi, que es letrada!
Pues decidle a esa señora que nos mande abrir, que somos suyos.
| |
RAMPÍN.-
Señores, que esperen un
poco, que está ocupada.
| |
MACERO.-
Pues vení vos abajo.
| |
RAMPÍN.-
Que me place.
| |
MACERO.-
¿Quién está con
esa señora?
| |
RAMPÍN.-
Ella sola.
| |
MACERO.-
¿Y qué hace?
| |
RAMPÍN.-
Está llorando.
| |
MACERO.-
¿Por qué, por tu vida,
hermano?
| |
RAMPÍN.-
Es venida ahora y ha de pagar la
casa, y demándanle luego el dinero, y ha de comprar baratijas para la
casa, y no se halla con mil ducados.
| |
MACERO.-
Pues tomá vos la mancha y
rogá que nos abra, que yo le daré para que pague la casa, y este
señor le dará para el resto. Andad, sed buen trujamante.
| |
RAMPÍN.-
Señor, sí. Luego
torno. Señora, mirá qué me dio.
| |
LOZANA.-
¿Qué es eso?
| |
RAMPÍN.-
La mancha. Y dará para la
casa. ¿Queréis que abra?
| |
LOZANA.-
Asomaos y decí que
entre.
| |
RAMPÍN.-
Pues mojaos los ojos, que les dije
que llorabais.
| |
LOZANA.-
Sí haré.
| |
RAMPÍN.-
Señores, si les place
entrar...
| |
MACERO.-
¡Oh, cuerpo de mí, no
deseamos otra cosa! Besamos las manos de vuestra merced.
| |
LOZANA.-
Señores, yo las vuestras.
Siéntense aquí, sobre este cofre, que, como mi ropa viene por mar
y no es llegada, estoy encogida, que nunca en tal me vi.
| |
MACERO.-
Señora, vos en medio, porque
sea del todo en vos la virtud, que la lindeza ya la tenéis.
| |
LOZANA.-
Señor, yo no soy hermosa,
mas así me quieren en mi casa.
| |
MACERO.-
¡No lo digo por eso, que lo
sois, voto a mí, pecador! Señora, esta tierra tiene una
condición: que quien toma placer poco o asaz, vive mucho, y por
el contrario. Así que quiero decir que lo que se debe, este señor
y yo lo pagaremos, y tomá por placer; y aunque sea descortesía,
con licencia y seguridad me perdonará.
| |
LOZANA.-
¿Así lo hacéis?
Más vale ese beso que la medalla que traes en la gorra.
| |
MACERO.-
¡Por mi vida, señora!
¿Súpoos bien?
| |
LOZANA.-
Señor, es beso de caballero,
y no podía ser sino sabroso.
| |
MACERO.-
Pues, señora, servíos
de la medalla y de la gorra, por mi amor. Y por vida de vuestra merced,
que os dice bien; no en balde os decís la Lozana, que todo os
está bien. Señora, dad licencia a vuestro criado
que se vaya con este señor, mi amo, y me enviará otra con que me
vaya.
| |
LOZANA.-
Vuestra merced puede mandar
como de suyo. Vaya donde mandare.
| |
VALIJERO.-
Señora, ¿manda vuestra
merced que venga con mi valija?
| |
LOZANA.-
Señor, según la
valija.
| |
VALIJERO.-
Señora, llena, y vendré
a la noche.
| |
LOZANA.-
Señor, venid que antorcha
hay para que os veáis.
| |
VALIJERO.-
Beso las manos de vuestra
merced. Vení vos, hermano, que lo manda su merced.
| |
RAMPÍN.-
Sí haré;
comience a caminar.
| |
VALIJERO.-
Decime, hermano, ¿esta
señora tiene ninguno que haga por ella?
| |
RAMPÍN.-
Señor, no.
| |
VALIJERO.-
Pues, ¿quién la
trajo?
| |
RAMPÍN.-
Viene a pleitear ciertos
dineros que le deben.
| |
VALIJERO.-
Si así es, bien es.
Tomá y llevadle esta gorra de grana a aquel caballero, y decí a la
señora que cene esto por amor de mí, que sé que le
sabrán bien, que son empanadas.
| |
RAMPÍN.-
Señor, sí; más
estimará esto que si fuera otra cosa, porque es gran comedora de
pescado.
| |
VALIJERO.-
Por eso, mejor, que yo
enviaré el vino, y será de lo que bebe su
señoría.
| |
RAMPÍN.-
Señor, sí.
| |
MACERO.-
Señora, a la puerta
llaman.
| |
LOZANA.-
Señor, mi criado es.
| |
MACERO.-
Pues esperá. Entra y
cierra.
| |
RAMPÍN.-
Señor, sí.
| |
MACERO.-
Señora, yo me parto, aunque
no quisiera.
| |
LOZANA.-
Señor, acá queda
metido en mi ánima. Hadraga, ¿qué traéis?
| |
RAMPÍN.-
¡Maravillas, voto a
mí! Y mirá qué gato soriano que hallé en el camino,
si podía ser más bello.
| |
LOZANA.-
¡Parece que es
hembra!
| |
RAMPÍN.-
No es, sino que está
castrado.
| |
LOZANA.-
¿Y cómo lo
tomaste?
| |
RAMPÍN.-
Eché la capa, y él
estuvo quedo.
| |
LOZANA.-
Pues hacé vos así
siempre, que henchiremos la casa a tuerto y a derecho. Eso me place, que sois
hombre de la vida y no venís vacío a casa. Mirá
quién llama y, si es el de la valija, entre, y vos dormiréis
arriba, sobre el ajuar de la frontera.
| |
RAMPÍN.-
No curéis, que a todo me
hallaréis, salvo a poco pan.
| |
LOZANA.-
Vuestra merced sea el «bienvenido, como agua por mayo».
| |
VALIJERO.-
Señora, ¿habéis
cenado?
| |
LOZANA.-
Señor, sí; todas dos
empanadas que me envió vuestra merced comí.
| |
VALIJERO.-
Pues yo me querría entrar, si
vuestra merced manda.
| |
LOZANA.-
Señor, y aun salir cuando
quisiere. Daca el aguapiés. Muda aquellas sábanas. Toma esa
cabellera. Dale el escofia. Descalza a su merced. Sírvelo,
que lo merece porque te dé la bienandada.
| |
RAMPÍN.-
Sí, sí, dejá
hacer a mí.
|
 Mamotreto XX
| Las preguntas que hizo la Lozana aquella
noche al valijero, y cómo la informó de lo que sabía
| |
LOZANA.-
Mi señor,
¿dormís?
| |
VALIJERO.-
Señora, no; que pienso que
estoy en aquel mundo donde no tenemos necesidad de dormir ni de comer ni de
vestir, sino estar en gloria.
| |
LOZANA.-
Por vida de vuestra merced,
que me diga: ¿qué vida tienen en esta tierra las mujeres
amancebadas?
| |
VALIJERO.-
Señora, en esta tierra no se
habla de amancebadas ni de abarraganadas; aquí son cortesanas
ricas y pobres.
| |
LOZANA.-
¿Qué quiere decir
cortesanas ricas y pobres? ¿Putas del partido o mundarias?
| |
VALIJERO.-
Todas son putas; esa
diferencia no os sabré decir, salvo que hay putas de natura y
putas usadas, de puerta herrada, y putas de celosía, y putas
de empanada.
| |
LOZANA.-
Señor, si lo supiera, no
comiera las empanadas que me enviaste, por no ser de empanada.
| |
VALIJERO.-
No se dice por eso, sino porque
tienen encerados a las ventanas, y es de más
reputación. Hay otras que ponen tapetes y están más
altas; éstas muéstranse todas, y son más festejadas de
galanes.
| |
LOZANA.-
Quizá no hay mujer en
Roma que sea estada más festejada que yo, y querría saber el modo
y manera que tienen en esta tierra para saber escoger lo mejor, y vivir
más honesto que pudiese con lo mío, que no hay tal ave como la
que dicen «ave del tuyo, y quien le hace la jaula fuerte, no se
le va ni se le pierde».
| |
VALIJERO.-
Pues déjame acabar, que
quizá en Roma no podríais encontrar con hombre que mejor
sepa el modo de cuántas putas hay, con manta o sin manta. Mirá,
hay putas graciosas más que hermosas, y putas que son putas antes
que muchachas. Hay putas apasionadas, putas estregadas, afeitadas, putas
esclarecidas, putas reputadas, reprobadas. Hay putas
mozárabes de Zocodover, putas carcaveras. Hay putas de
cabo de ronda, putas ursinas, putas güelfas, gibelinas, putas injuínas,
putas de Rapalo rapaínas. Hay putas de simiente, putas de botón
griñimón, nocturnas, diurnas, putas de cintura y marca
mayor. Hay putas orilladas, bigarradas, putas combatidas, vencidas y no
acabadas, putas devotas y reprochadas de Oriente a Poniente y
Septentrión; putas convertidas, arrepentidas, putas viejas, lavanderas
porfiadas, que siempre han quince años como Elena; putas meridianas,
occidentales, putas máscaras enmascaradas, putas trincadas, putas
calladas, putas antes de su madre y después de su tía, putas de
subientes e descendientes, putas con virgo, putas sin virgo, putas el
día del domingo, putas que guardan el sábado hasta que han
jabonado, putas feriales, putas a la candela, putas reformadas, putas
jaqueadas, travestidas, formadas, estrionas de Tesalia. Putas avispadas, putas
terceronas, aseadas, apuradas, gloriosas, putas buenas y putas malas, y
malas putas. Putas enteresales, putas secretas y públicas, putas
jubiladas, putas casadas, reputadas, putas beatas, y beatas putas, putas
mozas, putas viejas, y viejas putas de trintín y botín.
Putas alcagüetas, y alcahuetas putas, putas modernas, machuchas,
inmortales, y otras que se retraen a buen vivir en burdeles secretos y
públiques honestos que tornan de principio a su menester.
| |
LOZANA.-
Señor, esas putas,
reiteradas me parecen.
| |
VALIJERO.-
Señora, ¿y
latín sabéis? Reitero, reiteras, por
tornároslo a hacer otra vez.
| |
LOZANA.-
Razón tiene vuestra
merced, que ahora dio las siete.
| |
VALIJERO.-
Tené punto, señora,
que con ésta serán ocho, que yo tornaré al tema donde
quedamos.
| |
LOZANA.-
Decime, señor,
¿hay casadas que sean buenas?
| |
VALIJERO.-
Quien sí, quien no; y ese es
bocado caro y sabroso y costoso y peligroso.
| |
LOZANA.-
Verdad es que todo lo que se hace a
hurtadillas sabe mejor.
| |
VALIJERO.-
Mirá, señora,
habéis de notar que en esta tierra a todas sabe bien, y a nadie no
amarga, y es tanta la libertad que tienen las mujeres, que ellas los buscan;
llaman, porque se les rompió el velo de la honestidad, de manera que son
putas y rufianas.
| |
LOZANA.-
¿Y qué quiere decir
rufianas? ¿Rameras, o cosa que lo valga?
| |
VALIJERO.-
Alcagüetas, si no lo
habéis por enojo.
| |
LOZANA.-
¿Cómo, que no
hay alcagüetas en esta tierra?
| |
VALIJERO.-
Sí hay, mas ellas mismas se
lo son las que no tienen madre o tía, o amiga muy amiga, o que no
alcanzan para pagar las rufianas; porque, las que lo son, son muy
taimadas, y no se contentan con comer, y la parte de lo que hacen haber, sino que
quieren el todo y ser ellas cabalgadas primero.
| |
LOZANA.-
Eso, del todo no entiendo.
| |
VALIJERO.-
Yo os diré. Si les dan un
ducado que les lleven a las que se han de echar con ellos, dicen las rufianas:
«El medio es para mí, por su parte de él. ¿Y vos no
me habéis de pagar, que os he habido un hombre de bien, de quien
podéis vos sacar cuanto quisiereis? Amiga, yo no quiero
avergonzar mis canas sin premio. ¿Y como os lo he habido para vos? ¡Si yo
lo llevara a una que siempre me añade! ¡En mi seso estaba yo cuando no
me quería empachar con pobres! ¡Esta y nunca más!» De
manera que, como pueden ellas a los principios impedir, han
paciencia las pobretas, y se excusan el posible si pueden hacer
sin ellas.
| |
LOZANA.-
Señor, mirá: para
mujer, muy mejor es por mano de otra que de otra manera, porque pierde la
vergüenza, y da más autoridad que cuantas empanadas hay o
enceradas, como vos decís.
| |
VALIJERO.-
Señora, no os enojéis;
que sean emplumadas cuantas aquí hay, por vuestro servicio, y
quien desea tal oficio.
|
 Mamotreto XXI
| Otra pregunta que hace la Lozana al
valijero cuando se levanta
| |
LOZANA.-
Decime, señor, esas putas o cortesanas o como las llamáis, ¿son todas de esta
tierra?
| |
VALIJERO.-
Señora, no; hay de todas las
naciones: hay españolas castellanas, vizcaínas,
montañesas, galicianas, asturianas, toledanas, andaluzas,
granadinas, portuguesas, navarras, catalanas y valencianas, aragonesas,
mallorquinas, sardas, corzas, cecilianas, napolitanas, brucesas, pullesas,
calabresas, romanescas, aquilanas, senesas, florentinas, pisanas, luquesas,
boloñesas, venecianas, milanesas, lombardas, ferraresas,
modonesas, brecianas, mantuanas, raveñanas, pesauranas,
urbinesas, paduanas, veronesas, vicentinas, perusinas, novaresas, cremonesas,
alejandrinas, vercelesas, bergamascas, trevisanas, piedemontesas, savoyanas,
provenzanas, bretonas, gasconas, francesas, borgoñonas,
inglesas, flamencas, tudescas, esclavonas y albanesas, candiotas, bohemias,
húngaras, polacas, tramontanas y griegas. | |
LOZANA.-
Ginovesas os olvidáis.
| |
VALIJERO.-
Esas, señora, sonlo en su
tierra, que aquí son esclavas o vestidas a la ginovesa por cualque
respeto.
| |
LOZANA.-
¿Y malaguesas?
| |
VALIJERO.-
Todas son malignas y de mala
digestión.
| |
LOZANA.-
Dígame, señor, y
todas éstas, ¿cómo viven y de qué?
| |
VALIJERO.-
Yo os diré, señora:
tienen sus modos y maneras, que sacan a cada uno lo dulce y lo amargo.
Las que son ricas, no les falta qué expender y qué guardar. Y las
medianas tienen uno aposta que mantiene la tela, y otras que tienen dos, el uno
paga y el otro no escota; y quien tiene tres, el uno paga la casa y el otro la
viste, y el otro hace la despensa, y ella labra. Y hay otras que no tienen sino
día e vito, y otras que lo ganan a heñir, y otras que comen y
escotan, y otras que les parece que el tiempo pasado fue mejor. Hay
entre ellas quien tiene seso y quien no lo tiene; y saben guardar lo que tienen,
y éstas son las que van entre las que son ricas, y otras que guardan
tanto que hacen ricos a muchos; y quien poco tiene hace largo testamento, y
por abreviar cuando vaya al campo final, dando su postrimería al arte
militar, por pelear y tirar a terrero; y otras que a la vejez viven a Ripa. Y
esto causan tres extremos que toman cuando son novicias, y es que no quieren
casa si no es grande y pintada de fuera, y como vienen, luego se mudan los
nombres con cognombres altivos y de gran sonido, como son: la Esquivela, la
Cesarina, la Imperia, la Delfina, la Flaminia, la Borbona, la Lutreca, la
Franquilana, la Pantasilea, la Mayorina, la Tabordana, la Pandolfa, la Dorotea,
la Orificia, la Oropesa, la Semidama y Doña Tal, y Doña Andriana,
y así discurren mostrando por sus apellidos el precio de su labor; la
tercera, que por no ser sin reputa, no abren público a los que
tienen por oficio andar a pie.
| |
LOZANA.-
Señor, «aunque el
decidor sea necio, el escuchador sea cuerdo». ¿Todas tienen
sus amigos de su nación?
| |
VALIJERO.-
Señora, al principio y al
medio, cada una le toma como le viene; al último, francés,
porque no las deja hasta la muerte.
| |
LOZANA.-
¿Qué quiere decir que
vienen tantas a ser putas a Roma?
| |
VALIJERO.-
Vienen al sabor y al olor. De
Alemania son traídas y de Francia son venidas. Las
dueñas de España vienen en romeraje, y de Italia vienen con
carruaje.
| |
LOZANA.-
¿Cuáles son las
más buenas de bondad?
| |
VALIJERO.-
¡Oh, las españolas son las mejores y las
más perfectas!
| |
LOZANA.-
Así lo creo yo, que no hay
en el mundo tal mujeriego.
| |
VALIJERO.-
Cuanto son allá de buenas son
acá de mejores.
| |
LOZANA.-
¿Habrá diez
españolas en toda Roma que sean malas de su cuerpo?
| |
VALIJERO.-
Señora, catorce mil buenas,
que han pagado pontaje en el golfo de León.
| |
LOZANA.-
¿A qué vinieron?
| |
VALIJERO.-
Por hombres para conserva.
| |
LOZANA.-
¿Con quién
vinieron?
| |
VALIJERO.-
Con sus madres y parientas.
| |
LOZANA.-
¿Dónde
están?
| |
VALIJERO.-
En Campo Santo.
|
 Mamotreto XXII
| Cómo se despide el valijero, y
desciende su criado, y duermen hasta que vino Trigo
| |
VALIJERO.-
Mi vida, dame
licencia.
| |
LOZANA.-
Mi señor, no me lo
mandéis, que no quiero que de mí se parta tal contenteza.
| |
VALIJERO.-
Señora, es tarde, y mi
oficio causa que me parta y quede aquí sempiterno servidor de
vuestro merecimiento.
| |
LOZANA.-
Por mi amor, que salga pasico y
cierre la puerta.
| |
VALIJERO.-
Si haré, y besaros de buena
gana.
| |
LOZANA.-
Soy suya.
| |
VALIJERO.-
Mirá, hermano, abrime
y guardá bien a vuestra ama, que duerme.
| |
RAMPÍN.-
Señor, sí,
andá norabuena.
| |
LOZANA.-
¡A tu tía esa
zampoña!
| |
RAMPÍN.-
¿Os ha pagado?
| |
LOZANA.-
¿Y pues? Siete buenas y dos
alevosas, con que me gané estas ajorcas.
| |
RAMPÍN.-
Bueno si durase.
| |
LOZANA.-
Mirá, dolorido, que de
aquí adelante, que «sé cómo se baten las calderas», no
quiero de noche que ninguno duerma conmigo sino vos, y de día, comer de
todo, y de esta manera engordaré, y vos procurá de arcarme la lana
si queréis que teja cintas de cuero. Andá, entrá y
empleá vuestra garrocha. Entrá en coso, que yo os veo que
venís «como estudiante que durmió en duro, que contaba las
estrellas».
| |
RAMPÍN.-
¿Y vos qué
parecéis?
| |
LOZANA.-
¡Dilo, tú, por mi vida!
| |
RAMPÍN.-
Parecéis barqueta
sobre las ondas con mal tiempo.
| |
LOZANA. -
«¡A la par, a la par, lleguemos a
Jódar!» Duérmete y callemos, que sendas nos tenemos. Parece
que siento la puerta, ¿quién será?
| |
RAMPÍN.-
Trigo es, por vida del
Dío.
| |
LOZANA.-
Andá, abridle.
| |
TRIGO.-
¿Cómo os va,
señora? ¡Que yo mi parte tengo del trabajo!
| |
RAMPÍN.-
No curéis, que de
aquí a poco no os habremos menester, que ya sabe ella más que
todos.
| |
TRIGO.-
Por el Dío, que un fraile me
prometió de venirla a ver, y es procurador del convento, y sale de noche
con cabellera. Y mirá que os proveerá a la mañana de pan e
vino y a la noche de carne y las otras cosas; todo lo toma a taja, y no le
cuesta sino que vos vais al horno y al regatón y al carnicero, y
así de las otras cosas, salvo de la fruta.
| |
LOZANA.-
No curéis, hacedlo vos
venir, que aquí le sabremos dar la manera. Fraile o qué, venga,
que mejor a él que a Salomón enfrenaré, pues de esos me
echá vos por las manos, que no hay cosa tan sabrosa como comer de
limosna.
| |
TRIGO.-
Señora, yo os he hallado una
casa de una señora rica que es estada cortesana, y ahora no tiene sino
dos señores que la tienen a su posta, y es servida de esclavas como una
reina, que está parida y busca una compañía que le
gobierne su casa.
| |
LOZANA.-
¿Y dónde mora?
| |
TRIGO.-
Allá, detrás de
Bancos. Si vais allá esta tarde, mirá que es una casa nueva
pintada y dos celosías y tres encerados.
| |
LOZANA.-
Sí haré, por
conocer y experimentar, y también por comer a espesas de otra
que, como dicen, «¿quién te enriqueció?:
quien te gobernó».
| |
TRIGO.-
Mirá, que está parida
y no os dejará venir a dormir a casa.
| |
LOZANA.-
No me curo, que tragamallas
dormirá aquí, y tomaremos una casa más cerca.
| |
TRIGO.-
¿Para qué, si ella os
da casa y lecho y lo que habréis de menester?
| |
LOZANA.-
Andá, que todavía
mi casa y mi hogar cien ducados val. Mi casa será
como faltriquera de vieja, para poner lo mal alzado y lo que se
pega.
| |
TRIGO.-
«Con vos me entierren», que
sabéis de cuenta. «Ve donde vas y como vieres, así haz, y como
sonaren, así bailarás».
|
 Mamotreto XXIII
| Cómo fue la Lozana en casa de esta
cortesana, y halló allí un canónigo, su mayordomo, que la
empreñó
| |
LOZANA.-
Paz sea en esta casa.
| |
ESCLAVA.-
¿Quién está
ahí?
| |
LOZANA.-
Gente de paz, que viene a
hurtar.
| |
ESCLAVA.-
Señora, ¿quién
sois? para que lo diga a mi ama.
| |
LOZANA.-
Decí a su merced que
está aquí una española, a la cual le han dicho que su
merced está mala de la madre, y le daré remedio si su
merced manda.
| |
ESCLAVA.-
Señora, allí
está una gentil mujer, que dice no sé qué de vuestra
madre.
| |
CORTESANA.-
¿De mi madre? ¡Vieja debe ser,
porque mi madre murió de mi parto! ¿Y quién viene con
ella?
| |
ESCLAVA.-
Señora, un
mozuelo.
| |
CORTESANA.-
¡Ay, Dios!
¿Quién será? Canónigo, por vuestra vida, que os
asoméis y veáis quién es.
| |
CANÓNIGO.-
¡Cuerpo de mí, es
más hábil, a mi ver, que santa Nefija, la que daba su cuerpo por
limosna!
| |
CORTESANA.-
¿Qué decís?
Esa no se debía morir. Andá, mirá si es ella que
habrá resucitado.
| |
CANÓNIGO.-
Mándela vuestra merced
subir, que poco le falta.
| |
CORTESANA.-
Suba. Va tú, Penda, que esta
marfuza no sabe decir ni hacer embajada.
| |
ESCLAVA.-
Xeñora llamar.
| |
LOZANA.-
¡Oh, qué linda tez de
negra! ¿Cómo llamar tú? ¿Comba?
| |
ESCLAVA.-
No, llamar Penda de
xeñora.
| |
LOZANA.-
Yo dar a ti cosa bona.
| |
ESCLAVA.-
Xeñora, xí. Venir,
venir, xeñora decir venir.
| |
LOZANA.-
Beso las manos, mi
señora.
| |
CORTESANA.-
Seáis la bien venida. Daca
aquí una silla, pónsela, que se siente. Decime,
señora, ¿conociste vos a mi madre?
| |
LOZANA.-
Mi señora, no;
la conoceré yo para servir y honrar.
| |
CORTESANA.-
Pues, ¿qué me
enviaste a decir que me queríais dar nuevas de mi madre?
| |
LOZANA.-
¿Yo, señora? Corrupta
estaría la letra, no sería yo.
| |
CORTESANA.-
Aquella marfuza me lo ha dicho
ahora.
| |
LOZANA.-
Yo, señora, no dije sino que
me habían dicho que vuestra merced estaba doliente de la madre y que yo le
daría remedio.
| |
CORTESANA.-
No entiende lo que le dicen. No
curéis, que el canónigo tiene la culpa, que no quiere hacer a mi
modo.
| |
MAYORDOMO.-
¿Qué quiere que haga?
Que ha veinte días que soy estado para cortarme lo mío, tanto me
duele cuando orino, y, según dice el médico, tengo que lamer todo este
año, y a la fin creo que me lo cortarán. ¿Piensa vuestra
merced que se me pasarían sin castigo ni ella ni mi criado, que
jamás torna donde va? Ya lo he dicho a vuestra merced, que busque
una persona que mire por casa, pues que ni vuestra merced ni yo
podemos, que cuando duele la cabeza todos los miembros están
sentibles, y vuestra merced se confía en aquel judío de
Trigo, y mire cómo tornó con sí o con no.
| |
LOZANA.-
Señor, lo que Trigo
prometió yo no lo sé, mas sé que él me dijo que
viniese acá.
| |
MAESTRO DE CASA.-
¡Oh, señora!, ¿y
sois vos la señora Lozana?
| |
LOZANA.-
Señor, sí, a su
servicio y por su bien y mejoría.
| |
CANÓNIGO.-
¿Cómo, señora?
¡Seríaos esclavo!
| |
LOZANA.-
Mi señor, prometeme
de no darlo en manos de médicos, y dejá hacer a mí, que es
miembro que quiere halagos y caricias, y no crueldad de médico
codicioso y bien vestido.
| |
CANÓNIGO.-
Señora, desde ahora lo pongo
en vuestras manos, que hagáis vos lo que, señora,
mandareis, que él y yo os obedeceremos.
| |
LOZANA.-
Señor, hacé que lo
tengáis limpio, y untadlo con populeón, que de aquí a
cinco días no tendréis nada.
| |
CANÓNIGO.-
Por cierto que yo os quedo
obligado.
| |
CORTESANA.-
Señora, y a mí, para
la madre, ¿qué remedio me dais?
| |
LOZANA.-
Señora, es menester saber de
qué y cuándo os vino este dolor de la madre.
| |
CORTESANA.-
Señora, como parí, la
madre me anda por el cuerpo como sierpe.
| |
LOZANA.-
Señora, sahumaos por
abajo con lana de cabrón, y si fuere de frío o que quiere hombre,
ponedle un cerote sobre el ombligo, de gálbano y armoníaco
y encienso y simiente de ruda en una poca de grana, y esto la
hace venir a su lugar, y echar por abajo y por la boca toda la ventosidad. Y
mire vuestra merced que dicen los hombres y los médicos que no
saben de qué procede aquel dolor o alteración. Metedle el
padre y peor es, que si no sale aquel viento o frío que está en
ella, más mal hacen hurgándola. Y con este cerote sana, y
no nuez moscada y vino, que es peor. Y lo mejor es una cabeza de ajos
asada y comida.
| |
CORTESANA.-
Señora, vos no os
habéis de partir de aquí, y quiero que todos os obedezcan, y
miréis por mi casa y seáis señora de ella, y a mi tabla y a mi bien
y a mi mal, quiero que os halléis.
| |
LOZANA.-
Beso las manos por las
mercedes que me hará y espero.
|
La lozana andaluza
Francisco Delicado
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