 Parte II
 Mamotreto XXIV
| Cómo comenzó a conversar con todos, y
cómo el autor la conoció por intercesión de
un su compañero, que era criado de un embajador milanés,
al cual ella sirvió la primera vez con una moza no virgen, sino
apretada
| Aquí comienza la Parte segunda
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SILVIO.-
¡Quién me tuviera
ahora, que a aquella mujer que va muy cubierta no le dijera cualque remoquete,
por ver qué me respondiera y supiera quién es! ¡Voto a
mí, que es andaluza! En el andar y meneo se conoce. ¡Oh,
qué pierna! En verlas se me desperezó la complexión.
¡Por vida del rey, que no está virgen! ¡Ay, qué
meneos que tiene! ¡Qué voltar acá! Siempre que me vienen
estos lances, vengo solo. Ella se para allí con aquella pastelera;
quiero ir a ver cómo habla y qué compra.
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AUTOR.-
¡Hola! ¡Acá,
acá! ¿Qué hacéis? ¿Dónde vais?
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SILVIO.-
Quiero ir allí a ver
quién es aquella que entró allí, que tiene buen aire de
mujer.
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AUTOR.-
¡Oh, qué
renegar tan donoso! ¡Por vida de tu amo, di la verdad!
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COMPAÑERO.-
¡Hi, hi! Diré yo como
de la otra, que «las piedras la conocían».
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AUTOR.-
¿Dónde está?
¿Qué trato tiene? ¿Es casada o soltera? Pues a vos quiero
yo para que me lo digáis.
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COMPAÑERO.-
¡Pese al mundo con estos
santos sin aviso! Pasa cada día por casa de su amo, y mirá
qué regatear que tiene, y porfía que no la conoce.
Miradla bien, que a todos da remedio de cualquier enfermedad que sea.
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AUTOR.-
Eso es bueno. Decime
quién es y no me habléis por circunloquios, sino «decime una palabra redonda, como razón de melcochero».
¡Dímelo, por vida de la Corceta!
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COMPAÑERO.-
Soy contento. Esta es la
Lozana, que está preñada de aquel canónigo que ella
sanó de lo suyo.
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AUTOR.-
¿Sanolo para que la
empreñase? Tuvo razón. Decime, ¿es cortesana?
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COMPAÑERO.-
No, sino que tiene ésta la
mejor vida de mujer que sea en Roma. Esta Lozana es sagaz y ha bien
mirado todo lo que pasan las mujeres en esta tierra, que son sujetas a tres
cosas: a la pensión de la casa y a la gola y al mal que después
les viene de Nápoles; por tanto, se ayudan cuando pueden con ingenio, y
por esto quiere ésta ser libre. Y no era venida cuando sabía toda
Roma y cada cosa por extenso; sacaba dechados de cada mujer y hombre, y
quería saber su vivir, y cómo y en qué manera, de modo que
ahora se va por casas de cortesanas, y tiene tal labia que sabe quién
es el tal que viene allí, y cada uno nombra por su nombre, y no hay
señor que no desee echarse con ella por una vez. Y ella tiene su casa
por sí, y cuanto le dan lo envía a su casa con un mozo que
tiene, siempre se le pega a él y a ella lo mal alzado, de modo
que se saben remediar. Y ésta hace embajadas y mete en su casa mucho
almacén, y sábele dar la maña, y siempre es llamada
señora Lozana, y a todos responde, y a todos promete y
certifica, y hace que tengan esperanza, aunque no la haya. Pero
tiene esto, que quiere ser ella primero referendada, y no perdona su
interés a ninguno, y si no queda contenta, luego los moteja de
míseros y bien criados, y todo lo echa en burlas; de esta manera saca
ella más tributo que el capitán de Torre Sabela. Veisla
allí, que parece que le hacen mal los asentaderos, que toda se
está meneando, y el ojo acá, y si me ve, luego me
conocerá, porque sabe que sé yo lo que pasó con
mi amo el otro día, que una muchacha le llevó. Cinco
ducados se ganó ésta, y más le dio la muchacha de otros
seis, porque veinte le dio mi amo, y como no tiene madre, que es novicia, ella
le sacaría las coradas, que lo sabe hacer. Y no perdona servicio
que haga, «y no le queda por corta ni por mal echada», y guay de la puta
que le cae en desgracia, que más le valdría no ser
nacida, porque dejó el frenillo de la lengua en el vientre de su
madre, y si no la contentasen, diría peor de ellas que de carne de
puerco, y si la toman por bien, beata la que la sabe contentar. Va diciendo a
todos qué ropa es debajo paños, salvo que es boba y no sabe.
Condición tiene de ángel, y el tal señor la tuvo
dos meses en una cámara, y dice por más encarecer:
«Señor, sobre mí, si ella lo quiere hacer, que
apretéis con ella, y a mí también lo habéis de
hacer, que de tal encarnadura soy que si no me lo hacen, muerta soy, que ha tres
meses que no sé qué cosa es, mas con vos quiero romper la
jura». Y con estas chufletas gana. La mayor embaidora es que
nació, pues pensaréis que come mal: siempre
come asturión o cualque cosa. Come lo mejor, mas también llama
quien ella sabe, que lo pagará más de lo que vale. Llegaos
allá, y yo haré que no la conozco, y ella veréis que
conocerá a vos y a mí, y veréis cómo no miento en
lo que digo.
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AUTOR.-
De vuestras camisas o pasteles nos
mostráis, señora, y máxime si son de manos de esa
hermosa.
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LOZANA.-
¡Por mi vida, que tiene
vuestra merced lindos ojos! Y ese otro señor me parece
conocer, y no sé dónde lo vi. ¡Ya, ya, por mi vida que
lo conozco! ¡Ay, señora Silvana, por vida de vuestros hijos que lo
conozco! Está con un mi señor milanés. Pues decid a
vuestro amo que me ha de ser compadre cuando me empreñe.
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AUTOR.-
Cuanto más si lo
estáis, señora.
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LOZANA.-
¡Ay, señor, no lo
digáis, que soy más casta que es menester!
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AUTOR.-
Andá, señora,
crecé y multiplicá, que llevéis algo del mundo.
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LOZANA.-
Señor, no hallo quien diga
qué tienes ahí.
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AUTOR.-
¡Pues, voto a mí, que
no se os parece!
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LOZANA.-
Mas antes sí, que
así gocéis de vos, que engordo sin verde.
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AUTOR.-
Cada día sería verde
si por ahí tiráis. Señora, suplícole me
diga si es ésta su posada.
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LOZANA.-
Señor, no, sino que soy
venida aquí, que su nuera de esta señora está de parto, y
querría hacer que, como eche las pares, me las venda, para poner
aquí a la vellutera y darle ha cualque cosa para ayudá a criar
la criatura. Y la otra tiene una niña del hospital y darémosle a
ganar de su amigo cien ducados, y por otra parte ganará
más de trescientos, porque ha de decir que es de un gran señor que
no desea otro sino hijos, y a esta señora le parece cosa
extraña y no lo es. Dígaselo vuestra merced, por amor de
mí, y rueguénselo que yo voy arriba.
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AUTOR.-
Señora, en vuestra casa
podéis hacer lo que mandareis, mas a mí, mal me
parece. Y mirá lo que hacéis, que esta mujer no os
engañe a vos y a vuestra nuera. Porque «ni de puta buena amiga ni
de estopa buena camisa»; notad: «la puta como es criada y la estopa
como es hilada». Digo esto porque, como me lo ha dicho a mí, lo
dirá a otra.
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PASTELERA.-
Señor, miráme por la
botica que luego abajo.
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COMPAÑERO.-
¿Qué te
parece, mentía yo? ¡Por el cuerpo de sant, que no
es ésta la primera que ella hace! ¡Válgala, y qué
trato que trae con las manos! Parece que cuanto dice es así como ella lo dice. En mi vida espero ver otra símile. Mirá,
¿qué hará de sus pares ella cuando parirá? Esta es
la que dio la posta a los otros que tomasen al puente a la Bonica, y
mirá que treintón le dieron porque no quiso abrir a quien se lo
dio. Y fue que, cuando se lo dieron, el postrero fue negro, y dos ducados le
dieron para que se medicase, y a ésta más de diez.
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AUTOR.-
¡Oh, la gran mala mujer!
¿Cómo no la azotan?
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COMPAÑERO.-
Callá, que desciende.
Señora, ¿pues qué libráis?
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LOZANA.-
Señor, que quiero ir a
aquella señora para que esté todo en orden, que la misma partera
me las traerá.
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AUTOR.-
A ella y a vos habían de
encorozar. Señora, ¿qué haré para que mi
amiga me quiera bien?
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LOZANA.-
Señor, comed la salvia con
vuestra amiga.
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COMPAÑERO.-
Señora, ¿y yo, que
muero por vos?
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LOZANA.-
Eso sin salvia se puede hacer. No
me den vuestras mercedes empacho ahora, que para eso tiempo hay, y
casa tengo, que no lo tengo de hacer aquí en la calle.
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COMPAÑERO.-
¡Señora, no! Mire
vuestra merced: ¿qué se le cae?
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LOZANA.-
Ya, ya: fajadores son para
jabonar.
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AUTOR.-
¡Voto a Dios, que son de
manleva para jabonar! No es nacida su par. ¡Mal año para
caballo ligero, que tal sacomano sea! Ésta comprará
oficio en Roma, que beneficio ya me parece que lo tiene
curado, pues no tiene chimenea, ni tiene donde poner antojos.
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COMPAÑERO.-
¡Cómo va hacendosa! Lo
que saca ella de este engaño le sacaría yo si la pudiese conducir
a que se echase conmigo, que ésta dará lo que tiene a un buen
rufián, que fuese cordobés taimado.
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AUTOR.-
Callemos, que torna a salir.
¿Qué mejor rufián que ella, si por cordobés lo
habéis? Por vida suya, que también se dijo ese refrán por
ellas como por ellos. Si no, miradlo si se sabe dar la manera en Alcalá
o en Güete. ¿Qué es aquello que trae? Demandémoselo.
¿Qué prisa es esa, señora?
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LOZANA.-
Señores, como no saben en
esta tierra, no proveen en lo necesario, y quieren hacer la
cosa y no le saben dar la maña. La parida no tiene pezones, como
no parió jamás, y es menester ponerle, para que le salgan, este
perrico, y negociar, por amor del padre, y después, como no tiene
pezones, le pagaremos.
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AUTOR.-
¡Vuestra merced es el
todo, a lo que vemos! Mirá, señora, que esta tierra prueba los
recién venidos, no os amaléis, que os cerrarán cuarenta
días.
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LOZANA.-
Señor, «de lo que no
habéis de comer dejadlo cocer».
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AUTOR.-
Y aun quemar.
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SILVIO.-
¿Eso me decís? Con
poco más me moriré. ¿Mas vuestra merced no
será de aquellas que prometen y no atienden?
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LOZANA.-
Déjame pasar, por mi vida,
que tengo que hacer, porque es menester que sea yo la madre de la parida, y la
botillera y lo demás, porque viene la más linda y
favorecida cortesana que hay en Roma por madrina, y más viene
por contentarme a mí que por otra cosa, que soy yo la caja de sus
secretos, y vienen dos banqueros por padrinos. Sólo por verla no os
partáis, que ya viene. ¿Veisla? Pues, ¿de la fruta no
tenemos? Una mesa con presuntos cochos y sobreasadas, con capones y dos pavones
y un faisán, y estarnas y mil cosas. Mirad si vieseis a mi
criado, que es ido a casa, y dile que trajese dos cojines
vacíos para llevar fajadores y paños para dar a lavar, por meter
entre medias de lo mejor, y no viene.
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AUTOR.-
¿Es aquel que viene con el
otro Sietecoñicos?
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LOZANA.-
Sí, por mi vida, y su
pandero trae. Mil cantares nos dirá el bellaco. ¿Y no
miráis, anillos y todo? ¡Muéranse los barberos!
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SIETECOÑICOS.-
Mueran por cierto, que muy
quejoso vengo de vuestro criado, que no me quiso dar tanticas de blanduras.
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LOZANA.-
¡Anda, que bueno vienes,
borracho! Alcohol y todo. No te lo supiste poner. Calla, que yo te lo
adobaré. Si te miras a un espejo, verás la una ceja
más ancha que la otra.
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SIETECOÑICOS.-
Mirá qué,
norabuena, «algún ciego me querría ver».
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LOZANA.-
Anda, que pareces a
Francisca la Fajarda. Entra, que has de cantar aquel cantar que dijiste
cuando fuimos a la viña a cenar, la noche de marras.
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SIETECOÑICOS.-
¿Cuál? ¿Vayondina?
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LOZANA.-
Sí, y el otro.
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SIETECOÑICOS.-
¿Cuál?
¿Bartolomé del Puerto?
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LOZANA.-
Sí, y el otro.
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SIETECOÑICOS.-
Ya, ya. ¿Ferreruelo?
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LOZANA.-
Ese mismo.
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SIETECOÑICOS.-
¿Quién está
arriba? ¿Hay putas?
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LOZANA.-
Sí, mas mira que está
allí una que presume.
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SIETECOÑICOS.-
¿Quién es? ¿La
de Toro? Pues razón tiene, «puta de Toro y trucha de
Duero».
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LOZANA.-
Y la Sevillana.
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SIETECOÑICOS.-
Las seis veces villana,
señores, con perdón.
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AUTOR.-
Señora, no hay error.
¡Subí vos, alcuza de santero!
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LOZANA.-
Señores, no se partan, que
quiero mirar qué es lo que le dan los padrinos, que me va algo en
ello.
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AUTOR.-
Decime, ¿qué
dan los padrinos?
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COMPAÑERO.-
Es una usanza en esta
tierra que cada uno da a la madre según puede, y hacen veinte padrinos, y cada
uno le da.
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AUTOR.-
Pues no iban allí más
de dos con la criatura. ¿Cómo hacen tantos?
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SILVIO.-
Mirad, aquella garrafa que traen de
agua es la que sobró en el bacín cuando se lavaron los que
tienen la criatura, y traenla a casa, y de allí envíanla al tal y
a la tal, y así a cuantos quieren, y dicen que por haberse lavado con
aquel agua son compadres, y así envían, quién una cana de
raso, quién una de paño, quién una de damasco,
quién un ducado o más, y de esta manera es como cabeza de
lobo para criar la criatura hasta que se case o se venda, si es hija. Pues
notá otra cláusula que hacen aquí las cortesanas:
prometen vestirse de blanco o pardillo, y dicen que lo han de comprar de
limosnas. Y así van vestidas a expensas del compaño; y esto de
los compadres es así.
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AUTOR.-
No se lo consentirían, esto
y otras mil supersticiones que hacen, en España.
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SILVIO.-
Pues por eso es libre Roma, que
cada uno hace lo que se le antoja ahora, sea bueno o malo, y mirá
cuánto, que, si uno quiere ir vestido de oro o de seda, o desnudo o
calzado, o comiendo o riendo, o cantando, siempre vale por testigo y no
hay quien os diga mal hacéis ni bien hacéis, y esta libertad
encubre muchos males. ¿Pensáis vos que se dice en balde por Roma,
Babilón, sino por la mucha confusión que causa la libertad?
¿No miráis que se dice Roma meretrice, siendo capa de pecadores?
Aquí, a decir la verdad, los forasteros son mucha causa, y los
naturales tienen poco del antiguo natural, y de aquí nace que
Roma sea meretrice y concubina de forasteros y, si se dice, guay
quien lo dice. «Haz tú y haré yo y mal para quien lo
descubrió». Hermano, ya es tarde; vámonos y haga y diga cada uno
lo que quisiere.
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AUTOR.-
Pues «año de veintisiete deja a Roma y vete».
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COMPAÑERO.-
¿Por qué?
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AUTOR.-
Porque será confusión
y castigo de lo pasado.
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COMPAÑERO.-
¡A huir quien más
pudiere!
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AUTOR.-
Pensá que llorarán
los barbudos y mendigarán los ricos, y padecerán los susurrones,
y quemarán los públicos y aprobados o canonizados ladrones.
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COMPAÑERO.-
¿Cuáles son?
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AUTOR.-
Los registros del jure cevil.
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 Mamotreto XXV
| Cómo el autor, dende a pocos días,
encontró en casa de una cortesana favorida a la Lozana y la
habló
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AUTOR.-
¿Qué es esto,
señora Lozana? ¿Así me olvidáis? Al menos,
mandanos hablar.
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LOZANA.-
Señor, hablar y servir.
Tengo que hacer ahora, mandame perdonar, que esta señora no me
deja, ni se halla sin mí, que es mi señora, y mire Vuestra Merced, por su
vida, qué caparela que me dio nueva, que ya no quiere su merced
traer paño y su presencia no es sino para brocado.
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AUTOR.-
Señora Lozana,
decime vos a mí cosas nuevas, que eso ya me lo sé y soyle
yo servidor a esa señora.
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LOZANA.-
¡Ay, ay, señora!
¿Y puede vuestra merced mandar a toda Roma y no se estima
más? Por vida de mi señora, que ruegue al señor doctor
cuando venga que le tome otras dos infantescas, y un mozo más,
que el mío quiero que vaya a caballo con vuestra merced, pues
vuestra fama vale más que cuanto las otras tienen. Mirá,
señora, yo quiero venir cada día acá y miraros toda la
casa, y vuestra merced que se esté como señora que es, y
que no entienda en cosa ninguna.
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CORTESANA.-
Mira quién llama, Madalena,
y no tires la cuerda si no te lo dice la Lozana.
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LOZANA.-
¡Señora,
señora! ¡Asomaos! ¡Asomaos, por mi vida! ¡Guayas,
no; él, él, el traidor! ¡Ay qué
caballadas que da! Él es que se apea. ¡Por mi vida y
vuestra, abre, abre! ¡Señor mío de mi
corazón! Mirá aquí a mi señora, que ni come
ni bebe, y si no vinierais se moría. ¿Vuestra
señoría es de esa manera? Luego vengo, luego vengo, que yo ya me
sería ida, que la señora me quería prestar su
paño listado, y por no dejarla descontenta, esperé a vuestra
señoría.
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CABALLERO.-
Tomá, señora
Lozana, comprá paño y no llevéis prestado.
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LOZANA.-
Bésole las manos, que
señor de todo el mundo le tengo de ver. Bésela vuestra
señoría y no llorará, por su vida, que yo cierro la
cámara. ¿Oyes, Madalena? No abras a nadie.
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MADALENA.-
Señora Lozana,
¿qué haré, que no me puedo defender de este paje del
señor caballero?
| |
LOZANA.-
¿De cuál? ¿De
aquél sin barbas? ¿Qué te ha dado?
| |
MADALENA.-
Unas mangas me dio por
fuerza, que yo no las quería.
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LOZANA.-
Calla y toma, que eres necia. Vete
tú arriba y déjamelo hablar, que yo veré si te cumple. A
vos, galán, una palabra.
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PAJE.-
Señora Lozana, y aun
dos.
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LOZANA.-
Entrá y cerrá
pasico.
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PAJE.-
Señora, mercedes son
que me hace. Siéntese, señora.
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LOZANA.-
No me puedo sentar, porque yo os he
llamado, que quiero que me hagáis un servicio.
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PAJE.-
Señora, mándeme
vuestra merced, que mucho ha que os deseo servir.
| |
LOZANA.-
Mirá, señor, esta
pobreta de Madalena es más buena que no os lo puedo decir, y su ama le
dio un ducado a guardar y unos guantes nuevos con dos granos almizcle, y todo
lo ha perdido, y yo no puedo estar de cosas que hace la mezquina.
Querríaos rogar que me empeñaseis esta caparela en
cualque amigo vuestro, que yo la quitaré presto.
| |
PAJE.-
Señora, el ducado veislo
aquí, y esas otras cosas yo las traeré antes que sea una hora, y
vuestra merced le ruegue a Madalena de mi parte que no me olvide, que la
deseo mucho servir.
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LOZANA.-
¡Hi, hi, hi! ¿Y con
qué la deseáis servir? Que sois muy muchacho y todo lo
echáis en crecer.
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PAJE.-
Señora, pues de eso reniego
yo, que me crece tanto que se me sale de la bragueta.
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LOZANA.-
Si no lo pruebo no diré bien
de ello.
| |
PAJE.-
Como vuestra merced mandare,
que mercedes son que recibo, aunque sea sobre mi capa.
| |
LOZANA.-
¡Ay, ay, que me burlaba!
¡Parece píldora de Torre Sanguina, que así labora!
¿Es lagartija? ¡Andar, por donde pasa moja! Esta es tierra
que «no son salidos del cascarón y pían». ¡Dámelo,
barbiponiente, si quieres que me aproveche! Entraos allá, deslavado, y
callá vuestra boca. ¡Madalena, ven abajo, que yo me quiero ir!
El paje del señor caballero está allí dentro, que se
pasea por el jardín. Es carideslavado; si algo te dijere, súbete
arriba y dile que si yo no te lo mando, que no lo tienes de hacer. Y deja hacer
a mí, que mayores secretos sé yo tener que este tuyo.
| |
PAJE.-
Señora Madalena,
¡cuerpo de mí!, siempre me echáis unos encuentros como
broquel de Barcelona. Mirá bien que esta puta güelfa no os
engañe, que es de aquellas que dicen: «Marica, cuécelo con
malvas».
| |
MADALENA.-
¡Estad quedo, así me
ayude Dios! Más me sobajáis vos que un hombre grande. Por eso
los pájaros no viven mucho. ¿Qué hacéis?
¿Todo ha de ser eso? Tomá, bebeos estos tres huevos, y
sacaré del vino. Esperá, os lavaré todo con este vino
griego que es sabroso como vos.
| |
PAJE.-
Esta y no más, que me duele
el frenillo.
| |
MADALENA.-
¿Os he hecho yo mal?
| |
PAJE.-
No, sino la Lozana.
| |
MADALENA.-
Dejadla torne la encrucijada.
|
 Mamotreto XXVI
| Cómo la Lozana va a su casa, y
encuentra su criado y responde a cuantos la llaman
| |
LOZANA.-
¿Es posible que yo tengo de
ser faltriquera de bellacos? ¿Venís, azuaga? ¿Es tiempo? ¿No
sabéis dar vuelta por donde yo estoy? Andá allí adonde
yo he estado, y decid a Madalena que os dé las mangas que dijo que
le dio el paje, que yo se las guardaré; no se las vea su ama, que la
matará. Y venid presto.
| |
RAMPÍN.-
Pues caminá vos, que
está gente en casa.
| |
LOZANA.-
¿Quién?
| |
RAMPÍN.-
Aquel canónigo que sanaste
de lo suyo, y dice que le duele un compañón.
| |
LOZANA.-
¡Ay, amarga! ¿Y por
qué no se lo vistes vos si era peligroso?
| |
RAMPÍN.-
¿Y qué sé yo?
No me entiendo.
| |
LOZANA.-
¡Mirá qué gana
tenéis de saber y aprender! ¿Cómo no miraríais
como hago yo?, que estas quieren gracia y la melecina ha de estar en la
lengua, y aunque no sepáis nada, habéis de fingir que
sabéis y conocéis para que ganéis algo, como hago
yo, que en decir que Avicena fue de mi tierra, dan crédito a mis
melecinas. Sólo con agua fría sanará, y si él viera
que se le amansaba, cualque cosa os diera. Y mirá que yo conozco al
canónigo, que él vendrá a vaciar los barriles, y ya pasó
solía que, por mi vida, si no viene cayendo, que ya no hago
credencia, y por eso me entraré aquí y no iré
allá, que si es mal de cordón o cosón, con las habas
cochas en vino, puestas encima bien deshechas, se le quitará luego. Por
eso, andá, decídselo, que allí os espero con mi
compadre.
| |
MARIO.-
Señora Lozana,
acá y hablaremos de cómo las alcahuetas son sutiles.
| |
LOZANA.-
Señor, por ahora me
perdonará, que voy de prisa.
| |
GERMÁN.-
¡Ojo, adiós,
señora Lozana!
| |
LOZANA.-
Andá, que ya no os quiero
bien, porque dejaste a la Dorotea, que os hacía andar en gresca, por
tomar a vuestra Lombarda, que es más dejativa que menestra de
calabaza.
| |
GERMÁN.-
¡Pues pese al mundo malo!
¿Habían de turar para siempre nuestros amores? Por vida del
embajador, mi señor, que no pasaréis de aquí si no
entráis.
| |
LOZANA.-
No me lo mande vuestra
merced, que voy a pagar un par de chapines allí, a Batista
chapinero.
| |
GERMÁN.-
Pues entrá, que buen remedio
hay. Ven acá, llama tú a aquél chapinero.
| |
SURTO.-
Señor, sí.
| |
GERMÁN.-
¡Oh, señora
Lozana, qué venida fue esta! Sentaos. Ven acá, sacá
aquí cualque cosa que coma.
| |
LOZANA.-
No, por vuestra vida, que ya he
comido, sino agua fresca.
| |
GERMÁN.-
Va, que eres necio.
Sácale la conserva de melón que enviaron ayer las monjas
lombardas, y tráele de mi vino.
| |
LOZANA.-
Por el alma de mi padre, que ya
sé que sois Alijandro, que si fueseis español, no
seríais proveído de melón, sino de buenas razones.
Señor, con vos estaría toda mi vida, salvo que ya sabéis
que aquella señora quiere barbiponientes y no jubileos.
| |
GERMÁN.-
¿Qué me decís,
señora Lozana? Que más caricias me hace que si yo
fuese su padre.
| |
LOZANA.-
Pues mire vuestra merced,
que ella me dijo que quería bien a vuestra merced porque
parecía a su abuelo, y no le quitaba tajada.
| |
GERMÁN.-
Pues veis ahí, mirá
otra cosa, que cuando como allá si yo no le meto en boca no come, que
para mí no me siento mayor fastidio que verla enojada, y siempre cuando
yo voy, su fantesca y mis mozos la sirven mal.
| |
LOZANA.-
No se maraville vuestra
merced, que es fantástica, y querría las cosas prestas, y
querría que vuestra señoría fuese de su
condición, y por eso ella no tiene sufrimiento.
| |
GERMÁN.-
Señora, concluí que no
hay escudero en toda Guadalajara más mal servido que yo.
| |
LOZANA.-
Señor, yo tengo que hacer;
suplícole no me detenga.
| |
GERMÁN.-
Señora Lozana,
¿pues cuándo seréis mía todo un día?
| |
LOZANA.-
Mañana; que no lo sepa la
señora.
| |
GERMÁN.-
Soy contento, y a buen tiempo,
que me han traído de Tívuli dos truchas, y vos y yo las
comeremos.
| |
LOZANA.-
Beso sus manos, que si no fuera
porque voy a buscar a casa de un señor un pulpo, que sé yo
que se los traen de España, y tollo y oruga, no me fuera, que
aquí me quedara con vuestra señoría todo hoy.
| |
GERMÁN.-
Pues tomá, pagadlo, y no
vengáis sin ello.
| |
LOZANA.-
Bésole las manos, que
siempre me hace mercedes como a servidora suya que soy.
|
 Mamotreto XXVII
| Cómo va por la calle y la llaman todos, y
un portugués que dice
| |
[PORTUGUÉS.-]
Las otras beso.
| |
LOZANA.-
Y yo las suyas, una y boa.
| |
PORTUGUÉS.-
Señora, sí.
¡Rapá la gracia de Deus, soy vuestro!
| |
LOZANA.-
¿De eso comeremos?
Pagá si queréis, que no hay coño de balde.
| |
CANAVARIO.-
¿A quién digo,
señora Lozana? ¿Tan de prisa? Soy furrier de
aquélla.
| |
LOZANA.-
Para vuestra merced no hay
prisa, sino vagar y como él mandare.
| |
GUARDARROPA.-
Me encomiendo, mi señora.
| |
LOZANA.-
Señor sea vuestra
merced de sus enemigos.
| |
CANAVARIO.-
¿De dónde, por mi
vida?
| |
LOZANA.-
De buscar compañía
para la noche.
| |
GUARDARROPA.-
Señora, puede ser, mas no lo
creo, que «quien menea la miel, panales o miel come».
| |
LOZANA.-
¡Andá, que no en balde
sois andaluz, que más ha de tres meses que en mi casa no se comió
tal cosa! Vos, que sois guardarropa y tenéis mil cosas que yo deseo, y
tan mísero sois ahora como antaño, ¿pensáis que ha de durar
siempre? No seáis fiel a quien piensa que sois ladrón.
| |
GUARDARROPA.-
Señora, enviame
aquí a vuestro criado, que no seré mísero para
serviros.
| |
LOZANA.-
Viváis vos mil años,
que burlo, por vuestra vida. ¿Veis? Viene aquí mi mozo, que
parece, y que fue pariente de Algecira.
| |
GUARDARROPA.-
Alegre viene; parece que ha
tomado la paga. Caminá, pariente, y enfardélame esas quijadas,
que entraréis donde no pensaste.
| |
LOZANA.-
Señor, pues yo os quedo
obligada.
| |
GUARDARROPA.-
Andá, señora, que, si
puedo, yo vendré a deciros el sueño y la soltura.
| |
LOZANA.-
Cuando mandareis.
| |
PIERRETO.-
Cabo de escuadra de vuestra
merced, señora Lozana. Adío, adío.
| |
LOZANA.-
A Dios va quien muere.
| |
SOBRESTANTE.-
Señora, una palabra.
| |
LOZANA.-
Diciendo y andando, que voy de
prisa.
| |
SOBRESTANTE.-
Señora, ¡cuerpo del mundo!
¿por qué no queréis hacer por mí pues lo puedo yo
pagar mejor que nadie?
| |
LOZANA.-
Señor, ya lo sé; mas
voy ahora de prisa. Otro día habrá, que voy a comprar para esa
vuestra favorida una cinta napolitana verde, por hacer despecho al
cortecero, que ya lo ha dejado. | |
SOBRESTANTE.-
¿Es posible? Pues él
era el que me quitaba a mí el favor. Tomá y comprá una
para ella y otra para vos. Y más os pido de merced: que os
sirváis de esta medalla y hagáis que se sirva ella de mí,
pues que está sede vacante, que yo, señora
Lozana, no os seré ingrato a vuestros trabajos.
| |
LOZANA.-
Señor, vení a mi casa
esta tarde que ella viene ahí, que ha de pagar un mercader, y
allí se trabajará en que se vea vuestro estrato.
| |
SOBRESTANTE.-
Sea así, me encomiendo.
| |
LOZANA.-
Si sois comendador, sedlo en buen
hora, aunque sea de Córdoba.
| |
COMENDADOR.-
Señora Lozana,
¿por qué no os servís de vuestros esclavos?
| |
LOZANA.-
Señor, porque me
vencéis de gentileza y no sé qué responda, y no
quise bien en este mundo sino a vuestra merced, que me tira el
Sagre.
| |
COMENDADOR.-
¡Oh, cuerpo de mí!
¿Y por ahí me tiráis? «Soy perro viejo y no me dejo morder»,
pero si vos mandáis, sería yo vuestro por servir de todo.
| |
LOZANA.-
Señor, «yo me llamo
Sancho».
| |
COMENDADOR.-
¿Qué come ese vuestro
criado?
| |
LOZANA.-
Señor, lo que come el
lobo.
| |
COMENDADOR.-
Eso es porque no hay patrón
ni perro que lo defienda.
| |
LOZANA.-
Señor, no, sino que la oveja
es mansa, y perdoname, que todo comendador, para ser natural, ha de ser
portugués o galiciano.
| |
COMENDADOR.-
¡Dola a todos los diablos, y qué labia tiene! ¡Si tuviera chimenea!
| |
NOTARIO.-
Señora Lozana,
¿así os pasáis?
| |
LOZANA.-
Señor, no miraba y voy
corriendo porque mi negro criado se enoja, que no tiene dinero para gastar y
se lo voy a dar, que están en mi caja seis julios y medio, que
dice que quiere pagar cierta leña.
| |
NOTARIO.-
¡Pues vení acá,
peranzules! Tomá, id vos y pagá la leña, y quedaos vos
aquí, que quiero que veáis una emparedada.
| |
LOZANA.-
Por vida de vuestra merced,
que pasé por su casa y sospeché que no estaba allí, que
suelo yo verla, y con la prisa no puse mientes. ¡Por mi vida, que la
tengo de ver!
| |
NOTARIO.-
Entrá allá dentro, que
está haciendo carne de membrillos.
| |
LOZANA.-
Es valenciana, y no me
maravillo.
| |
NOTARIO.-
¿Qué te parece,
germaneta? La Lozana pasó por aquí y te vio.
| |
BEATRICE.-
¿Y por qué no
entró la puta moza? ¿Pensó que estaba al potro?
| |
LOZANA.-
¡Ay, ay! ¿Así
me tratáis? Más vale puta moza que puta jubilada en el
públique. ¡Por vida del Señor que, si no me dais mi parte,
que no haga la paz!
|
 Mamotreto XXVIII
| Cómo va la Lozana en casa de un gran
señor, y pregunta si, por dicha, le querrían recibir uno de
su tierra que es venido y posa en su casa
| |
LOZANA.-
Decime, señores,
¿quién tiene cargo de tomar mozo en casa de este
señor?
| |
PALAFRENERO.-
¡Voto a Dios que es vuestra
merced española!
| |
LOZANA.-
Señor, sí;
¿por qué no? ¿Soy por ventura tuerta o ciega?
¿Por qué me tengo de despreciar de ser española? Muy
agudillo saliste, como la hija del herrero, que peó a su padre en los
cojones; tornaos a sentar.
| |
PALAFRENERO.-
Señora, tenéis
razón.
| |
ESCUDERO.-
Señora, si no le pesa a
vuestra merced, ¿es ella el mozo? Que todos la
tomaremos.
| |
LOZANA.-
¡Por Dios, sí, que a
vos busco yo! Sé que no soy lecho que me tengo de alquilar.
| |
BADAJO.-
No lo digo por tanto, sino porque no
veo venir ninguno con vuestra merced. Pensé que queríais
vos, señora, tomarme a mí por vuestro servidor.
| |
LOZANA.-
Déjese de eso, y
respóndame a lo que demando.
| |
OTRO.-
Señora, el maestro de stala lo
tomará, que lo ha menester.
| |
LOZANA.-
Señor, por su vida, que me
lo muestre.
| |
BADAJO.-
Señora, ahora cabalgo;
si lo quiere esperar, éntrese aquí y hará
colación.
| |
LOZANA.-
Señor, merced me
hará que, cuando venga ese señor, me lo envíe a mi casa y
allí verá el mozo si le agradare, que es un valiente
mancebo, y es estado toda su vida rufián, que aquí ha
traído dos mujeres, una de Écija y otra de Niebla; ya las ha
puesto a ganar.
| |
OTRO.-
¿Dónde, señora?
¿En vuestra casa?
| |
LOZANA.-
Señor, no, mas ahí
junto.
| |
EL SEÑOR DE LA CASA
(dice:) ¿Quién es
esta mujer?, ¿qué busca?
| |
ESCUDERO.-
Monseñor, no sé
quién es; ya se lo quería demandar.
| |
MONSEÑOR.-
Etatem habet?
| |
LOZANA.-
Monseñor, soy buena hidalga
y llámome la Lozana.
| |
MONSEÑOR.-
Sea norabuena. ¿Sois de
nuestra tierra?
| |
LOZANA.-
Monseñor, sí.
| |
SEÑOR.-
¿Qué os place de esta
casa?
| |
LOZANA.-
Monseñor, el patrón
de ella.
| |
MONSEÑOR.-
Que se os dé, y más,
si más mandarais.
| |
LOZANA.-
Beso las manos de vuestra
señoría reverendísima; quiero que me tenga por suya.
| |
MONSEÑOR.-
De buena gana; tomá, y
venidnos a ver.
| |
LOZANA.-
Monseñor, yo sé hacer
butifarros a la genovesa, gatafurias y albóndigas, y capirotada y
salmorejo.
| |
SEÑOR.-
Andá, hacedlo, y
traednoslo vos misma mañana para comer. ¡Cuánto
tiempo ha que yo no sentí decir salmorejo! Déjala entrar
mañana cuando venga, y ve tu allá, que sabrás comprarle
lo necesario, y mira si ha menester cualque cosa, cómprasela.
¡Oh, qué desenvuelta mujer!
| |
DESPENSERO.-
Señora, si queréis
cualque cosa, decimelo, que soy el despensero.
| |
LOZANA.-
Señor, solamente
carbón, y será más sabroso.
| |
DESPENSERO.-
Pues, ¿donde
moráis?, y os enviaré dos cargas por la mañana.
| |
LOZANA.-
Señor, al burgo donde moraba la
de los Ríos, si la conociste.
| |
DESPENSERO.-
Señora, sí;
esperá un poco y tal seréis vos como ella. Mas sobre mí
que no compréis vos casa, como ella, de solamente quitar cejas y
componer novias. Fue muy querida de romanas. Esta fue la que hacía la
esponja llena de sangre de pichón para los virgos. Esto tenía,
que no era interesal, y más ganaba por aquello... Y fue ella en mejor
tiempo que no esta sinsonaderas, que fue tiempo de Alejandro VI, cuando Roma
triunfaba, que había más putas que frailes en Venecia, y
filósofos en Grecia, y médicos en Florencia,
cirúgicos en Francia, y maravedís en España, ni estufas en
Alemania, ni tiranos en Italia, ni soldados en Campaña. Y vos,
siempre mozo, ¿no la conociste? Pues cualque cosa os
costaría, y esta Lozana nos ha olido que ella os
enfrenará. ¡A mi fidamani, miradla, que allí se está
con aquel puto viejo rapaz!
| |
VALIJERO.-
¡Sí la conozco!, me
dice el borracho del despensero. Yo fui el que dormí con ella la primera
noche que puso casa, y le pagué la casa por tres meses. ¡Por vida
de monseñor mío, que juraré que no vi jamás mejores
carnes de mujer! Y las preguntas que me hizo aquella noche me hicieron
desvalijar todos los géneros de putas que en esta tierra había, y
ahora creo que ella lo sabe mejor por su experiencia.
| |
BADAJO.-
Ésta «no hace
jamás colada sin sol».
|
 Mamotreto XXIX
| Cómo torna su criado; que venga presto, que
la esperan una hija puta y su madre vieja
| |
LOZANA.-
¿A qué
tornáis, malurde? ¿Hay cosa nueva?
| |
RAMPÍN.-
Acabá, vení, que es
venida aquella madre.
| |
LOZANA.-
Callá, callá, que ya
os entiendo. ¿Vacía vendrá, según Dios la hizo?
| |
RAMPÍN.-
No, ya me entendéis, y
bueno.
| |
LOZANA.-
¿Uno solo?
| |
RAMPÍN.-
Tres y otras dos cosas.
| |
LOZANA.-
¿Qué, por mi
vida?
| |
RAMPÍN.-
Ya lo veréis, caminá,
que yo quiero ir por lo que dejó tras la puerta de su casa, y veis
aquí su llave.
| |
SENÉS, PAJE.-
¡Señora Lozana,
acá, acá; mirá acá arriba!
| |
LOZANA.-
Ya, señor, os veo, mas poco
provecho me viene de vuestra vista, y estoy enojada porque me contrahiciste en
la comedia de carnaval.
| |
SENÉS.-
Señora Lozana, no me
culpéis, porque, como vi vuestra saya y vuestro tocado, pensé que
vos lo habíais prestado.
| |
LOZANA.-
Yo lo presté, mas no
sabía para qué. Aosadas, que si lo supiera, que no me
engañaran. Pero de vos me quejo porque no me avisaste.
| |
SENÉS.-
¿Cómo decís
eso? A mí me dijeron que vos estuviste allí.
| |
LOZANA.-
Sí estuve, mas
dijéronme que me llamaba monseñor vuestro.
| |
SENÉS.-
¿No viste que contrahicieron
allí a muchos? Y ninguna cosa fue tan placentera como vos a la
celosía, reputando al otro de potroso, que si lo hiciera otra,
quizá no mirara así por vuestra honra como yo. Por eso
le suplico me perdone, y sírvase de estas mangas de velludo que mi padre
me mandó de Sena.
| |
LOZANA.-
Yo os perdono porque sé que
no sois malicioso. Vení mañana a mi casa, que ha de venir
a comer conmigo una persona que os placerá.
| |
OTRO PAJE.-
Soy caballo ligero de vuestra
merced.
| |
LOZANA.-
¡Ay, cara de putilla
sevillana, me encomiendo, que voy de prisa!
| |
HIJA.-
¿Tiro la cuerda?
Esperá, que ni hay cuerda ni cordel.
| |
LOZANA.-
Pues vení abajo.
| |
HIJA.-
Ya va mi señora madre.
| |
GRANADINA.-
Vos seáis la bien venida.
| |
LOZANA.-
Y vos la bien hallada, aunque vengo
enojada con vos.
| |
MADRE.-
¿Y por qué conmigo,
sabiendo vos que os quiero bien, y no vendría yo con mis
necesidades y con mis secretos a vos si os quisiese mal?
| |
LOZANA.-
¿Cómo, vos sois mi amiga
y mi corazón, y me venís cargada a casa, sabiendo que
haría por vos y por vuestra hija otra cosa que estas apretaduras, y
tengo yo para vuestro servicio un par de ducados?
| |
GRANADINA.-
Señora Lozana,
mirá que con las amigas habéis de ganar, que estáis
preñada y todo será menester, y cuanto más, que a mi hija
no le cuesta sino demandarlo, y tal vuelta se entra ella misma en la
guardarropa de monseñor, y toma lo que quiere y envía a casa que,
como dicen, «más tira coño que soga». Estos dos son
agua de ángeles, y éste es azahar, y éste cofín son
dátiles, y ésta toda es llena de confición, todo
venido de Valencia, que se lo envía la madre de monseñor.
Y mirá, señora Lozana, a mí me ocurre otro
lance que para con vos se puede decir.
| |
LOZANA.-
¿Qué,
señora?
| |
GRANADINA.-
Un señor no me deja a sol ni
a sombra, y me lo paga bien, y me da otro que mi hija no me dará, y no
sé cuándo tendré necesidad. Mirá,
¿qué me aconsejáis?
| |
LOZANA.-
Lo que os aconsejé siempre,
que si vos me creyerais, más ha de un año que
habíais de comenzar, que en Roma todo pasa sin cargo de
conciencia. Y mirá qué os perdisteis en no querer más que
no os dará ese otro, y era peloso y hermoso como la plata, y no
quería sino viudas honradas como vos.
| |
GRANADINA.-
Señora Lozana,
mirá, «como se dice lo uno, se diga todo», y os diré por qué
no lo hice: que bien estaba yo martela por él, mas porque se echó
con mi hija, no quise pecar dos veces.
| |
LOZANA.-
No seríais vos la primera
que eso hace en Roma sin temor. ¡Tantos ducados tuvieseis! Eso
bien lo sabía yo, mas por eso no dejé de rogároslo,
porque veía que era vuestro bien, y si lo veo, le tengo de decir que me
hable. Por eso es bueno tener vos una amiga cordial que se duele de vos, que
perdéis lo mejor de vuestra vida. ¿Qué, pensáis que
estáis en Granada, donde se hace por amor? Señora, aquí a
peso de dineros, daca y toma, y como dicen, «el molino andando
gana», que «guayas tiene quien no puede». ¿Qué
hace vuestra hija? ¿Púsose aquello que le di?
| |
GRANADINA.-
Señora, sí, y dice que
mucho le aprovechó, que le dijo monseñor:
«¡qué coñico tan bonico!»
| |
LOZANA.-
Pues tenga ella advertencia
que, cuando monseñor se lo quiera meter, le haga estentar un poco
primero.
| |
GRANADINA.-
Sí hará, que ya yo la
avisé, aunque poco sé de eso, que a tiento se lo dije.
| |
LOZANA.-
Todas sabemos poco, mas «a la
necesidad no hay ley». Y mirá que no coma vuestra hija
menestra de cebolla, que abre mucho, y cuando se toca, tire la una
pierna y encoja la otra.
|
 Mamotreto XXX
| Cómo viene su criado, y con él un su
amigo, y ven salir las otras de casa
| |
ULIJES.-
¿Quién son aquellas
que salen de casa de la Lozana?
| |
RAMPÍN.-
No sé. Os decía yo que
caminásemos, y vos de mucha reputación.
| |
ULIJES.-
Pues no quiero ir allá, pues
no hay nadie.
| |
RAMPÍN.-
Andá, vení, que os
estaréis jugando con madona.
| |
AMIGO.-
Os digo que no quiero, que bien sabe
ella, si pierde, no pagar, y si gana, hacer pagar, que ya me lo han dicho
más de cuatro que solían venir allí; y siempre quiere
porqueta y berenjenas, que un julio le di el otro día para ellas, y
nunca me convidó a la pimentada que me dijo. Todo su hecho es palabras y
hamamujerías. Andá, poneos del lodo vos y ella, que su casa es
regagero de putas, y no para mí. ¡Pese a tal con el judío,
mirá cómo me engañaba! No se cure, que a ella tengo de
hacer que le pujen la casa; y a él, porque es censal de
necios, le tengo de dar un día de zapatazos. Esta ha sido
la causa que se echase mi amiga con dos hermanos. Es turca, y no hay más
que pedir. Pues venga a monseñor con sus morcillas o botifarros,
que no quiero que su señoría coma nada de su mano.
¿Compadre me quería hacer? ¡Pese a tal con la puta sin
sonaderas!
| |
COMPAÑERO VALERIÁN.-
¿Qué hacéis,
caballero, aquí solo? ¿Hay caza o posta, o sois de guardia
hoy de la señora Lozana?
| |
ULIJES.-
Señor, antes estoy muy
enojado con su señoranza.
| |
COMPAÑERO.-
Eso quiero oír, que martelo
tenéis, o mucha razón.
| |
ULIJES.-
Antes mucha razón, que
sé yo castigar putas lo mejor del mundo.
| |
VALERIÁN.-
Sois hidalgo y estáis enojado
y «el tiempo halla las cosas», y ella está en Roma y se
domará. ¿Sabéis cómo se da la
definición a esto que dicen: «Roma, la que los locos
doma»? Y a las veces las locas. Si miráis en ello, a ellos doman
ellas, y a ellas doma la carreta. Así que vamos por aquí, veamos
qué hace, que yo también ando tras ella por mis pecados, que cada
día me promete y jamás me atiende.
| |
ULIJES.-
Mirá, si vamos allá,
voto a Dios que tenemos de pagar la cena, según Dios la hizo. Mas no me
curo por serviros, que guay de quien pone sus pleitos en manos de tales
procuradores como ella.
| |
VALERIÁN.-
Mirá que mañana
irá a informar; por eso solicitémosla hoy. Tif, taf.
Señora Lozana, mandanos abrir.
| |
LOZANA.-
¡Anda!, ¿quién
es?, que me parece que es loco o privado. Familiares son; tira esa
cuerda.
| |
VALERIÁN.-
¿Qué se hace,
señora?
| |
LOZANA.-
Señores, cerner y
amasar y ordenar de pellejar.
| |
ULIJES.-
Eso de pellejar, que me place:
pellejedes, pellejón, pelléjame este cosón.
| |
LOZANA.-
Vivas y adivas, siempre
coplica.
| |
VALERIÁN.-
Señora, salí
acá fuera; a teneros palacio venimos.
| |
LOZANA.-
Soy contenta, si queréis
jugar dos a dos.
| |
VALERIÁN.-
Sea así; mas vuestro criado
se pase allá y yo aquí, y cada uno ponga.
| |
LOZANA.-
Yo pondré mi papo.
| |
VALERIÁN.-
¿Cuál,
señora?
| |
LOZANA.-
Todos dos, que hambre tengo.
| |
VALERIÁN.-
Pues yo pondré por vuestra
merced.
| |
LOZANA.-
Yo me pondré por vos a
peligro donde vos sabéis.
| |
VALERIÁN.-
Señora, «eso fuese y
mañana Pascua». Pues pon tú.
| |
RAMPÍN.-
Soy contento. Préstame vos,
compañero.
| |
ULIJES.-
¡Voto a Dios que no me
toméis por ahí, que no quiero prestar a nadie nada!
| |
LOZANA.-
Por mi vida que le prestes, que yo
te los pagaré en la Garza Montesina.
| |
ULIJES.-
Dos julios le daré, que no
tengo más.
| |
LOZANA.-
Hora jugá, que nosotros
somos dos y vosotros veinticuatro, como jurados de Jaén.
|
 Mamotreto XXXI
| Cómo la Lozana soñó
que su criado caía en el río, y otro día lo llevaron en
prisión
| |
LOZANA.-
Ahora me libre Dios del diablo con
este soñar que yo tengo, y si supiese con qué quitármelo,
me lo quitaría. Querría saber cualque encantamiento para que no
me viniesen estos sobresaltos, que querría haber dado cuanto tengo por
no haber soñado lo que soñé esta noche. El remedio
sería que no durmiese descubierta ni sobre el lado izquierdo, y dicen
que cuando está el estómago vacío, que entonces el
hombre sueña, y si así es, lo que yo soñé no
será verdad. Mas muchas veces he yo soñado, y siempre me ha
salido verdad, y por eso estoy en sospecha que no sea como la otra vez
que soñé que se me caían los dientes y moví otro
día. Y vos, cuando os metisteis debajo de mí, que
soñabais que vuestros enemigos os querían matar,
¿no viste lo que me vino a mí aquel día? Que me
querían saltear los porquerones de Torre Sabela, cuando lo del tributo,
que la señora Apuleya, por reír ella y verme bravear, lo hizo.
Esto que soñé, no querría que fuese verdad. Mirá
no vais en todo hoy al río, no se me ensuelva el sueño.
| |
RAMPÍN.-
Yo soñaba que venía
uno, y que me daba de zapatazos, y yo determinaba de matarlo, y
desperté.
| |
LOZANA.-
Mirá, por eso sólo
meteré vuestra espada donde no la halléis, que no quiero que me
amancilléis. Si solamente vos tuvieseis tiento e
hirieseis a uno o a dos, no se me daría nada, que dineros y
favor no faltarían, mas, como comenzáis, pensáis que
estáis en la rota de Rávena; y por el sacrosanto saco de
Florencia, que si no os enmendáis de tanta bravura, ¿cómo
hago yo por no besar las manos a ruines? Que más quiero que me hayan
menester ellos a mí que no yo a ellos. Quiero vivir de mi sudor, y no me
empaché jamás con casadas ni con virgos, ni quise vender
mozas ni llevar mensaje a quien no supiese yo cierto que era
puta, ni me soy metida entre hombres casados, para que sus mujeres me hagan
desplacer, sino de mi oficio me quiero vivir. Mirá, cuando vine
en Roma, de todos los modos de vivir que había me quise informar, y no
supe lo que sé ahora, que si como me entrometí entre cortesanas,
me entrometiera con romanas, «mejor gallo me cantara que no me
canta», como hizo la de los Ríos, que fue aquí en Roma peor
que Celestina, y andaba a la romanesca vestida con batículo y
entraba por todo, y el hábito la hacía licenciada, y
manaba en oro, y lo que le enviaban las romanas valía más que
cuanto yo gano: cuándo grano o leña, cuándo tela,
cuándo lino, cuándo vino, la bota entera. Mas como yo no
miré en ello, comencé a entrar en casas de cortesanas, y
si ahora entro en casa de alguna romana, tiénelo por vituperio, no
porque no me hayan muchas menester; y porque soy tan conocida, me llaman
secretamente. Andá vos, comprá eso que os dije anoche, y
mirá no os engañen, que yo me voy a la judería a hablar a
Trigo, por ver la mula que parió, que cualque pronóstico es parir
una mula casa de un cardenal.
| |
OLIVERO.-
¡A vos, mancebo!
¿Qué hace la señora Lozana?
| |
RAMPÍN.-
Señor, quiere ir fuera.
| |
COMPAÑERO.-
Y vos ¿dónde vais?
| |
RAMPÍN.-
A comprar ciertas berenjenas para
hacer una pimentada.
| |
OLIVERO.-
Pues no sea burla que no seamos
todos en ella.
| |
RAMPÍN.-
Andad acá, y compradme vos
las especias y los huevos, y vení a tiempo, que yo sé que
os placerán. Veislas allí buenas: ¿cuántas das?
| |
OLIVERO.-
Compralas todas.
| |
RAMPÍN.-
Quanto voi de tuti?
| |
PECIGEROLO.-
Un carlín.
| |
RAMPÍN.-
Un groso.
| |
FRUTAROLO.-
¿No quieres?
| |
RAMPÍN.-
Seis bayoques.
| |
PECIGEROLO.-
Señor, no, lasa estar.
| |
RAMPÍN.-
¿Quién te toca?
| |
PECIGEROLO.-
Mete qui quese.
| |
RAMPÍN.-
¡Va borracho, que no son
tuyas, que yo las traía!
| |
PECIGEROLO.-
¡Pota de santa Nula,
tú ne mente per la cana de la gola!
| |
RAMPÍN.-
¡Va da qui, puerco! ¿Y
rásgame la capa? ¡Así vivas tu como son tuyas!
| |
PECIGEROLO.-
¡Pota de mi madre! ¿Io
no te vidi? ¡Espeta, verai, si lo diró al barrachelo!
| |
BARRACHELO.-
¡Espera, espera,
español, no huyas! Tómalo y llévalo en Torre de Nona.
¿De aqueste modo compras tú y robas al pobre hombre? ¡Va
dentro, no te cures! Va, di tú al capitán que lo meta en
secreta.
| |
ESBIRRO.-
¿En qué secreta?
| |
BARRACHELO.-
En la mazmorra o en el forno.
| |
GALINDO.-
Hecho es.
|
 Mamotreto XXXII
| C&oacut |
|