publicidad

 

Página principal
    Boletín de la Real Academia de la Historia [Publicaciones periódicas]. Tomo 3, Año 1883
    
Página principal Enviar comentarios Ficha de la obra Marcar esta página Índice de la obra Abajo Siguiente
ArribaAbajo

Boletín de la Real Academia de la Historia

Tomo III

[5]

ArribaAbajo

Cuaderno I. Julio, 1883.

ArribaAbajo

Acuerdos y discusiones de la Academia (Noticias)

_____

NOTICIAS

     La Academia acordó insertar en el tomo X de sus MEMORIAS la que ha escrito el Sr. D. Cesáreo Fernández Duro, acerca de los viajes de Cristóbal Colón, después de haber compulsado las piezas auténticas del pleito seguido entre la casa de Colón y el fiscal de S. M. Estos documentos, á petición de la Academia, vinieron del Archivo general de Indias, y fueron estudiados por una comisión que la Academia nombró con este motivo.

_____

     Han sido delegados por la Academia los Sres. D. Juan de la Rada y D. Antonio María Fabié, para que la representen en el Congreso de Americanistas que ha de celebrarse en Copenhague durante la última quincena de Agosto próximo.

_____

     El académico correspondiente, D. Pedro Novo y Colson, ha ofrecido á la Academia un ejemplar de su obra Historia de la última guerra del Pacífico, donativo que la Corporación ha recibido con singular aprecio. [6]

_____

     El Sr. Fernández Duro ha ofrecido á la Academia un ejemplar del tomo III de su Historia de Zamora, donde, por primera vez, han visto la luz pública los fueros de aquella nobilísima ciudad.

_____

     El Sr. D. Vicente Lafuente ha hecho asimismo un donativo de un ejemplar para la biblioteca de la Academia y otro á cada uno de sus individuos de su folleto en contestación al publicado por el P. Minguella sobre la patria y vida de San Millán de la Cogolla. El ilustre académico toma en consideración y mantiene los puntos esenciales que había sentado al escribir sobre esta materia en el tomo L de la España Sagrada.

_____

     El Sr. Fita leyó en la ultima sesión celebrada por la Academia una comunicación del Príncipe Luis Luciano Bonaparte, relativa al famoso himno de los peregrinos, registrado por el códice de Calixto, que se conserva en el archivo de la catedral de Compostela. El príncipe, cuya competencia en todos los ramos de la ciencia lingüística es notoria, da la razón á dicho señor académico en lo tocante á los vocablos flamencos que aquel himno encierra; y consigna de paso un rasgo muy característico del idioma anglosajón, que ilustra las pinturas ó imágenes del Apóstol en los siglos medios.

_____

     La Academia en su última sesión ordinaria celebrada el mártes 2 del actual, acordó reanudarlas el 28 de Setiembre próximo. [7]



ArribaAbajo

Informes

ArribaAbajo

I. Escritura hierática de la América Central

     Excmo. Sr.: El siglo, que ha visto descifradas las inscripciones del Oriente antiguo, mudas esfinges que por tantas y tan variadas épocas de progreso intelectual desafiaron la sagacidad y la perseverancia de los sabios, no podía contemplar con indiferencia los monumentos de arcana literatura, preciosísimos, que brotaron al calor de la civilización reinante en el centro de América, mucho antes de que las naves de Pinzón revelasen al antiguo el nuevo mundo. Aun cuando el P. Diego de Landa en su Relación de las cosas de Yucatán había dado ya los rudimentos de una clave para la explicación de la escritura maya, es lo cierto que hasta ahora han sido inútiles todas las tentativas enderezadas á explicar los pocos manuscritos que se conservan de ese género, sin que puedan exceptuarse de esta afirmación los estudios, dignos por otra parte de gran respeto, del célebre abate francés Brasseur de Bourbourg, altamente protegidos por el gobierno de Francia. M. de Rosny, correspondiente de nuestra Real Academia, bien conocido por sus estudios acerca de las lenguas y antigüedades del extremo Oriente, ha emprendido con decisión valerosa, pero con ánimo prudente, un nuevo análisis de la escritura hierática de la América Central; y adoptando nuevos caminos de severa crítica, [8] ha intentado, no la traducción completa y absoluta de los códices que ha visto, sino un avance hipotético sobre el valor y su significación posibles de gran número de los signos allí estampados. Tal método, si bien hace concebir menos esperanzas a los partidarios de soluciones definitivas y sorprendentes, satisfará mucho mejor, á quienes, avezados á las dificultades de asuntos parecidos, juzgan atinadamente que no es firme el paso que no se da sobre terreno bien sondado y conocido.

     El Sr. Rada y Delgado, individuo de número de nuestra Real Academia y de la de Bellas Artes de San Fernando, después de haber prestado al autor no pequeña ayuda en nuestros archivos y museos, ha emprendido, de acuerdo con él, una traducción de la obra que nos ocupa, con el título de Ensayo sobre la interpretación de la escritura hierática de la América Central, no sin hacerla preceder de un prólogo ó introducción suya propia, y solicita del Gobierno la protección que los derechos vigentes conceden para las versiones de obras importantes ó de inteligencia difícil. En tal concepto viene á informe de esta Corporación; y aunque el original esté redactado en francés, lengua hoy al alcance de la mayoría de los lectores españoles, la importancia suma del trabajo, enlazado con nuestra gloriosa historia colonial, le hace merecedor de especial distinción y colmados plácemes. Por lo que toca al desempeño del traslado á nuestro idioma, no sólo hay que decir que está hecho con el acierto propio de un literato de fama tan conocida, sino que la importancia del original ha sido acrecentada por el traductor con importantes notas é ilustraciones, debidas al conocimiento de piezas exactísimas, que el autor, ó bien no ha llegado á ver, ó bien ha poseido en malas copias.

     Todas las circunstancias referidas, unidas al gran dispendio que han de ocasionar así las numerosas láminas coloridas, hechas con todo primor y exactitud, y necesarias para ilustrar debidamente el texto, como también los numerosos y complicados signos hieráticos que esmaltan en grabado correcto gran parte del volumen, inclinan á los que suscriben á proponer á la Academia, solicitada por el Gobierno en consulta, responda que la obra, cuyos primeros pliegos y láminas ha examinado, es ciertamente merecedora de la protección oficial con arreglo á la Real orden [9] del 23 de Junio de 1876. La Academia, como siempre, resolverá lo más acertado.

     Madrid 15 de junio de 1883.

                           EDUARDO SAAVEDRA. ANTONIO MARÍA FABIÉ.              
                                           FIDEL FITA.

_____

ArribaAbajo

II. Biografía de tres ilustres misioneros en América y África por el P. Fr. Servais Dirks

     Los opúsculos enviados por su autor el P. Dirks, á nuestra Academia, son de verdadero interés, porque contienen las biografías de tres sujetos pertenecientes á la orden seráfica, cuyos hechos tuvieron lugar en países y en épocas en que España tenía, y aún tiene, una influencia que no ha podido destruir nuestra dolorosa decadencia: todos tres son naturales de los Países Bajos que formaron en tiempos, para nosotros más felices, parte de nuestra gran monarquía, y dos de ellos ejercitaron sus virtudes en el continente americano á poco de ser descubierto y conquistado por nuestros heróicos predecesores, de tal manera, que así el inolvidable Fr. Pedro de Gante como el activo Fr. Josse de Rycke, pueden considerarse como españoles.

     Aunque no ruidosa, porque no se mezcló en los sucesos que por aquel tiempo acaecieron en Europa, la vida de estos varones apostólicos es digna de estadio, sin que basten á satisfacer nuestra justa curiosidad las noticias que de ellos tenemos; ambos nacieron con corta diferencia en una misma época, en el mismo país, y hay muchos motivos para sospechar que corría por las venas de uno y otro la ilustre sangre de los Haspsburgos, siendo harto [10] probable que ambos fuesen hijos bastardos de Felipe I el Hermoso, que tantos motivos dió á los celos que perturbaron la razón de su esposa Doña Juana. Estos indicios producen casi completa evidencia por lo que se refiere á Fr. Pedro de Gante, reuniendo los que ya descubrió el Sr. D. Francisco González Vera, con los que resultan de las dos cartas de aquel venerable publicadas en la lujosa colección de las de Indias, hechas á expensas del Ministerio de Fomento en 1878. Ya es de notar la circunstancia de que Fr. Pedro acompañase á Cárlos I cuando vino á España, como claramente se infiere de la carta que escribió á Felipe II, fechada en San Francisco de Méjico el 13 de Junio de 1558; en la cual se lee lo siguiente: «Y es el caso que yo vine con S. M. el Emperador nuestro señor, cuando vino á España y desembarcó en Santander con otros dos religiosos en compañía de Clapión, su confesor; el uno se llamaba Fray Juan de Tacto, Guardián de Gante, y el segundo se llamaba Fray Juan también.» Sabido es que aunque el entonces rey Cárlos arribó á Villaviciosa de Asturias el 17 de Setiembre de 1517 por la escasez de la tierra, siguió por mar á Santander, donde desembarcó yendo después por tierra á San Vicente de la Barquera. Cinco años hubo de estar Fr. Pedro de Gante en España, sin que sepamos nada de este período de su vida; pues, según consta, no llegó á Nueva España hasta 1523; de donde se infiere claramente contra lo que dicen sus biógrafos que no salió de Gante para ir al Nuevo Mundo, sino que así él como los dos religiosos flamencos que en su compañía fueron á Méjico, vinieron primero á España con la corte del Rey, y al cabo de algunos años emprendieron su apostólico viaje.

     Por lo que se refiere al parentesco de Fr. Pedro con el Rey, resulta claro que no podía ser hijo de éste, como algún historiador ha dicho; pues habiendo venido en calidad de religioso el año 1517 á España, debía ser de mayor edad que Carlos I, que como se sabe, nació el primer año del siglo décimo sexto. Confirmase esto además, teniendo en cuenta que todos los biógrafos de Fray Pedro de Gante dicen que al morir en 1572 era octogenario, y siendo así, hubo de nacer en los últimos años del siglo XV, en los cuales residía de ordinario en Flandes, llevando vida alegre y poco edificante D. Felipe el Hermoso. [11]

     Sabía de cierto Fr. Pedro su origen, y por eso en la carta que escribió al Emperador el 15 de Febrero de 1552 pidiendo, no ménos calurosamente y en el mismo sentido que lo había hecho antes y lo seguía haciendo por entonces el P. Las Casas, que se aliviaran los tributos y servicio personal de los indios, y se les librara de la insoportable tiranía de que eran víctimas, alegaba por título y razón de su demanda lo siguiente: «Justa cosa es que se me conceda, atento lo mucho que he trabajado con ellos y que tengo intencion de acabar mi vida en su doctrina. Y dame atrevimiento el ser tan allegado á V. M. y ser de su tierra.» Más explícito todavía en una breve relación de varios sucesos, dirigida al Emperador, le dice: «Pues que V. M. é yo sabemos lo cercanos é propinquos que somos é tanto que nos corre la mesma sangre, le diré la verdad en todo para descargo de mi conciencia y que V. M. pueda descargar la suya.»

     No era ignorado de los demás este parentesco, y por eso los frailes franciscanos le exigían que escribiera al Emperador y á su hijo D. Felipe sabiendo lo que su intercesión con ellos valía; y al dar cuenta á este último de la muerte de Fr. Pedro, el célebre Fr. Alonso de Escalona, provincial de la orden en Nueva España dice de él: «Mucho agradecimiento le deben estos indios y nosotros los religiosos, pues que le daba bríos el ser deudo tan allegado del cristianísimo Padre de V. M., que por su medio nos era gran favorecedor y nos otorgaba muchas de las mercedes que todos habíanlos menester.» Tan ilustre y elevado origen, á que no era por entonces grave inconveniente la bastardía ni aun el sacrilegio, como lo demuestran D. Juan de Austria y el Conde de Tendilla, para llegar á ocupar las más altas categorías sociales, no fué parte á que Fr. Pedro dejase de ser un verdadero hijo de San Francisco, que practicó la humildad de tal modo, que vivió y murió siendo lego en su orden, negándose a recibir las órdenes sagradas, y oponiéndose resueltamente á aceptar el arzobispado de México que el Emperador le ofreció con vivas instancias, después de la muerte del insigne Fr. Juan de Zumárraga. Su celo apostólico empleado principalmente en la educación de los niños indios era infatigable, y dió los más copiosos frutos, siendo uno de los primeros españoles que aprendieron la lengua [12] mexicana durante su residencia en Tezcoco y Tlascala, algunos años antes de establecer en México el famoso colegio de San Francisco, donde se enseñaba y doctrinaba de continuo más de seiscientos muchachos, hijos de los principales de la tierra, que esparcian luégo por ella los principios de la civilización cristiana. Entre otros testimonios de tan señalados servicios, es de notar el que dió el obispo Zumárraga en carta dirigida al capítulo general de la orden de San Francisco, celebrado en Tolosa de Francia el año 1532, en la cual dice: «Entre los frailes que están bien enseñados en la lengua índica es uno que se llama Fr. Pedro de Gante, y es lego; el cual habla aquella lengua facundísima y copiosamente, y tiene solícito y diligentísimo cuidado de seiscientos mozos, ó más, etc.» Y el maestro Gil González Dávila, que inserta esta carta en su Teatro eclesiástico de las Indias, afirma que Fr. Pedro de Gante fué el mayor ministro que en aquella edad y tiempo tuvo la Nueva España. Como ya he dicho, tan insigne varón falleció en México el año de 1572, y se le dió sepultura en la capilla de San José construida por su celo para servicio del colegio de indios. El cual colegio se estableció en el patio del convento de San Francisco, y fue fundado y dirigido hasta su muerte por el ilustre y bienaventurado lego.

     Habiéndome extendido más de lo ordinario en estas noticias, seré muy breve en las que se refieren al P. Rycke, narradas extensamente en el opúsculo del P. Dirks. Fué natural de Malinas; y debió nacer, como Fr. Pedro, hácia 1495 de ilustre familia, especialmente por su madre Juana de Marselaer, cayo padre llegó á ser señor de Parc, Eleuyt, Borre y otros lugares, y desempeñó siete veces el cargo de Burgomaestre de Bruselas. Por esto, sin duda, debió la noble Marselaer asistir á la corte de D. Felipe el Hermoso con frecuencia y ser una de las que inspiraron los justos celos de Doña Juana; tal debió ser el fundamento que tuvo el P. Córdoba para decir en su Crónica de la religiosísima provincia de los doce apóstoles del Perú (libro rarísimo, aunque impreso, que se custodia en nuestra biblioteca): «Hay quienes piensan que era deudo muy cercano del Emperador Carlos V.» El Padre Rycke, que murió como Gante octogenario, fundó varios conventos de la orden de San Francisco, y fué el primer custodio de [13] ella, cuando aún no se había elevado á provincia con el título de los doce Apóstoles en el vireinato del Perú. Durante las guerras, á que puso término con su prudencia y energía el Licenciado La Gasca, hizo el P. Rycke gran papel, no siempre favorable á los representantes de la autoridad del Emperador, pues como la mayor parte del clero secular y regular siguió á los principios y favoreció la causa de Gonzalo Pizarro. El autor de esta biografía, bajo muchos conceptos interesante, se ha servido para escribirla de los curiosísimos documentos que le ha facilitado nuestro Académico electo el Sr. Jiménez de la Espada, tan versado en las cosas de América y singularmente en las del Perú.

     No menos interesantes, aunque para nosotros de menos importancia y curiosidad, son los viajes y aventuras de Fr. Pedro Fardé, que recorrió el interior de Africa en el siglo XVII. Así éste, como los otros dos opúsculos, escritos gallardamente en lengua francesa, demuestran el amor del P. Dirks á los estudios históricos; por lo cual, y porque al consagrarse á los de la orden seráfica en que tantas glorias españolas brillan, lo mismo en el antiguo que en el nuevo mundo, trabaja en beneficio de nuestra historia nacional, me atrevo á proponer á la Academia premie y estimule al autor nombrándole su correspondiente extranjero.

     Madrid 22 de Junio de 1883.

ANTONIO MARÍA FABIÉ.

_____

ArribaAbajo

III. Rudimentos de árabe vulgar

     La Academia se sirvió encomendar al individuo que suscribe el examen de un libro titulado Rudimentos de árabe vulgar, escrito por el P. Fr. José, Lerchundi, misionero franciscano observante [14] en Africa, el cual había tenido á bien presentarlo á este cuerpo científico por mediación de D. Juan Antonio Disdier, vicecónsul de España en Tetuan, correspondiente nuestro, y aficionadísimo á estos buenos estudios de las lenguas orientales.

     Pocos meses há, se daba cuenta en estas sesiones del contenido de otra obra, que con el título de Gramática árabe había visto la luz pública en Madrid, durante el pasado año de 1871. Era un libro pequeño como de 136 páginas no cabales en octavo menor, con honores y mucha apariencia de dozavo, y á juzgar por sus condiciones extrínsecas más se le hubiera creido opúsculo ó programa compendiado de curso elemental, que libro formal de enseñanza. En la portada, sin embargo, leíanse en grandes letras en son de reclamo para mover voluntades, tan significativas palabras. «Esta excelente gramática árabe la primera publicada en España en lo que va de siglo, se vende á ...... pesetas.» Publicada la de Vacas Merino en el año 1807, el llamamiento mercantil contenía un error de á folio que descubría la redacción del librero, á mí me cumple decir tan solo que la obra dejaba que desear algo, en lo tocante á la exactitud de la doctrina, y mucho por el método que recomendaba, é inoportunamente seguía.

     Proponíase el autor de aquel trabajo gramatical aplicar de plano el método práctico, llamado de Ollendorf, al estudio del árabe literario ó erudito, procedimiento que si no debiera diputarse por absolutamente absurdo, ha sido desechado con no escasa copia de razones, por maestros muy insignes y verdaderamente doctos. Porque dejadas aparte razones de mucho peso que tienen aplicación privativa al estudio del arábigo, ello es, que si, merced al método Ollendorfiano, pudiera lograrse respecto de los idiomas vulgares, la facilidad de elocución necesaria para los usos más indispensables de la vida, en el trato común y en la correspondencia comercial, el pretender, que por sus mecánicas repeticiones se aprenda á practicar y á entender el lenguaje de los Herodotos, Cicerones, Virgilios, Antares, Hariris y Ben Al-jatibes, cuyo verso y prosa en ellos eran igualmente fruto de detenidos y concienzudos estudios; cosa es que no cabe se reciba, con arreglo á discurso natural, por razonable entendimiento. Pero el autor, que por lo visto no lo apreciaba así á vuelta de varias consideraciones [15] en la prefación puesta al frente del texto confesaba cándidamente que, al abandonar la Universidad alemana, donde había pasado varios semestres al objeto de estudiar el sanscrito, el zendo, el asirio de las inscripciones cuneiformes y el árabe por incidencia, pensó en publicar un estudio sobre la filología, en sus relaciones con la lengua de Pánini; aunque, vista la falta absoluta que tenía el público español de gramáticas arábigas, se había anticipado á satisfacer necesidad tan perentoria. El resultado de aquel trabajo prematuro fué un texto afeado con erratas en su redacción más sencilla, con algún error en sus prescripciones y advertencias y tan poco adecuado á satisfacer las necesidades cuya urgencia encarecía, que estimando la pronunciación castellana poco á propósito para imitar, y reproducir los sonidos líquidos y, guturales de la lengua arábiga, propinaba al maestro y al autodidacto que se aparejase con el pertrecho de los sonidos franceses, acompañados de larga secuela de zetas y haches.

     Ahora, si hubiera de resumir el juicio que me sugiere la lectura del libro, cuyo examen me ha encomendado novísimamente la Academia, entiendo que podría formularlo con precisión y exactitud, señalando que sus calidades, si no tan aventajadas y excelentes como las que es de justicia reconocer en la obra magistral de nuestro compañero don José Moreno Nieto, son verdaderamente opuestas á las que se advierten en el brevísimo opúsculo tenido presente en las precedentes observaciones.

     Sólo en una cosa convienen el libro del modesto franciscano y la primera edición de la obra gramatical del estudiante de zendo y de asirio (1), por cuanto en ambos trabajos, aunque con distinta razón y eficacia, se procura aplicar el método ollendorfiano. Porque prescindiendo de la materia tratada por el P. Lerchundi, circunscrita á la conversación en el idioma árabe vulgar, se aventaja sin duda, en la relación del método que sigue, por la abundancia de ejercicios que avaloran su obra, en las 426 páginas de su texto, no contadas las 70 empleadas en sabrosísimo apéndice. [16]

     Pero lo que más la recomienda y encarece, a mi juicio, es el estudio del valor en sonido de cada cual de las letras árabes, comparado directamente con las del abecedario castellano y comprobado con originalidad, sin el recurso ni mediación de otros idiomas extranjeros, como se ha practicado con frecuencia casi increible por los autores de obras españolas, en otro concepto muy apreciadas. La perversión ha llegado al punto de que, desatendiendo nuestros escritores las genuinas tradiciones del árabe literal, según se conservaban en nombres de objetos particulares, de pueblos y de hombres á que se referían nuestras crónicas y libros latinos, coetáneos de las épocas en que alcanzó su apogeo la cultura arábiga, han aceptado de buen grado transcripciones extranjeras plagadas de incorrección y de barbarismos. Provinieron de aquí homonimias y degeneraciones donosísimas sobremanera curiosas. Con recordar que la representación del arábigo por la doble W de los ingleses, ha convertido la palabra alguacir ó alguacil castellana y árabe en el Wisir de novelas y periódicos, y que por el pedantismo en distinguir la (dh) de la d han convertido los hispano-franceses en muezzin lo que en castellano se llamó almuedano, y pronuncian Almondzir con z, donde los nuestros dijeron Almondir; no es menester insistir sobre el provecho de leer en una gramática como la del P. Lerchundi domiciliado en Tetuán desde hace doce años, aquella purísima reproducción castellana, que se muestra en los libros españoles de la Edad Media (2). Por todas estas razones, el que suscribe estima como digno de encomio el esfuerzo del sabio franciscano, por dotar la literatura y patria de una obra digna de estima, y propone que se le galardone, en algún modo, nombrándole nuestro correspondiente. La Academia resolverá como siempre lo más oportuno.

     Madrid 24 de Mayo de 18792.

FRANCISCO FERNÁNDEZ Y GONZÁLEZ. [17]

_____

ArribaAbajo

IV. El río Salom de la Crónica del moro Rasis

     Desde que nuestro erudito compañero D. Pascual de Gayangos probó con datos irrecusables (3) la genuina fuente de que procede el texto hoy corrupto de una traduccion castellana, que los nuestros llamaron Crónica del Moro Rasis, deber parecía de los orientalistas españoles, el quilatar y poner en su punto la exactitud de las noticias contenidas en ella, con el buen propósito de restaurar en lo posible el fondo histórico de uno de los monumentos más interesantes de la historiografía arábiga. Estimándolo de tal suerte, tiempo há que consagra el académico que suscribe, algunas investigaciones á dicho asunto, no extraño por cierto á la materia de otros doctísimos estudios que han ocupado ya las sebiones de esta Corporación, y de que ha dado más de una muestra notabilísima su inteligente y activo anticuario.

     Al ordenar algunas noticias sacadas á este fin de los historiadores árabes, ha creido que la Academia vería sin disgusto las referentes á un pasaje de la topografía de Granada, por el mencionado Rasis, cuyo texto (4) es como sigue: «Et en su término ha villas que le obedesçen, de las quales es una Cazalla, que en el mundo non ha quien la semeje si non Damasco, no es tan buena como ella, et en su término ha pedreras de marmoles mui buenas et mui blancas, et non mui fuertes; e façen ende muchas ollas, et aiudanse del en muchas cosas, et de muchas guisas, et façen del mui fermosas imagenes. Et el otro es el castillo de Granada, al que llaman villa de los judios, et esta [18] es la mas antigua villa que en término de Elvira ha, et poblaronla los judíos. Et por medio de la villa de Granada, va un rio que avia nombre Salom et agora es llamado Guada-Xenil, et nasçe de un monte que ha en termino de Elvira, que ha nombre Dayna. Et en este rio cojen las alimaduras del oro fino, et entra en el rio que sale del monte de la Elada.» Dejada á los arqueólogos la interpretación de las frases, que ofrecen cabal sentido, ora puntualicen si el Cazalla en árabe (castela ó castella) es la alcazaba Cádima, conservada en el Albaicin con sus fábricas de alfarería, sucesoras quizá de los talleres de escultores que en la época romana labraron algunas de las estatuas descubiertas en su recinto, durando tal vez en los períodos visigodo y mozárabe, ora deba tenerse ó reputarse cual población enteramente distinta; ya concierten aquella opinión con el nombre de la puerta Bib-Castro que menciona la Crónica arábiga de la caida de los Nazaríes, ya pretendan robustecer ésta con la descripción de la mezquita Iliberitana dada por Ben-Aljatib, ó con la dirección de Cástaras á que podía encaminar Bib-Castro; cumple cuando menos al arabista el reconocer con cuidado las lagunas observadas en el contexto del discurso. Anotando el último pasaje (5) nuestro insigne compañero se expresaba de esta manera: «Aquí debe faltar algo, ó los traductores confundieron el Genil con el Darro. Este último río, y no el Genil, es el que tiene su nacimiento en la sierra de Elbira, próxima á Granada.» No erró en afirmarlo así el Señor de Gayangos, antes bien me atrevo á añadir por mi cuenta, que lo que falta y se ha alterado es tan importante, cuanto de las reliquias parece que con ello se enlazan cuestiones capitalísimas de la topografía de Granada. En primer término se habla de un río que se dice haberse llamado también Guada-Xenil, el cual naciendo de un monte en tierra de Elbira entra en el río que sale del monte de la «Elada ó Sierra Nevada» esto es, en el verdadero Genil. Se expresa asimismo que [19] se llama Salom, en algunos manuscritos Calom, nombre que dista bastante de la combinación fonética Daharro ó Eladarro, y que (á la manera del Darro en Granada la moderna), pasaba por la antigua. ¿Entiéndese que dicha ciudad ocupaba en el siglo X, en que la crónica se escribe, el mismo emplazamiento que en la época de la reconquista? Pues no ha lugar á duda de ninguna especie. El Çalom ó Calom de Rasis es el río llamado posteriormente por los árabes el torrente (Hadarro). Mas si atendidas no despreciables tradiciones, se coloca la antigua ciudad de los judíos á los piés de las Torres Bermejas, extendiéndose desde el campo llamado hoy del Príncipe á la otra parte del Xenil (6), no faltaría quien creyese que dada la ordinaria disposición de los edificios en las antiguas poblaciones agrícolas llegasen algunas de sus alquerías hasta más allá del río Falom ó Calom, que pasa por Armilla, no de otra suerte que las alquerías y suburbios de Castella, la capital y fortaleza de Iliberis, emplazados en ambas márgenes del Beiro pudieran llegar hasta el Atarfe. Ha sugerido tan infundada hipótesi un lugar de la citada crónica arábiga publicada por Müller (Munich 1863) donde se llaman Afalom al río de Armilla, transcripción arábiga de Flum, nombre con que designaron, según Marmol, el río de la Monachil los antiguos, coadyuvando no poco á presentarla como probable la forma árabe del nombre de Monachil montecil, o montecillo, la cual conviene con el nacimiento que asigna á su río la descripción del Moro Rasis, sin contar con que no sería imposible se hubiese confundido el Guada-Xenil con uno de sus afluentes. De cualquier modo que sea, y aunque esta hipótesi se muestre equivocada, lo que parece definitivamente averiguado [20] es que el nombre de Flum corrompido en Calom, Çalom ó Salom, dado como propio al río Darro, y que en la España árabe debió servir para designar varios ríos, proviene del latín flumen, el cual por la confusión de la f con la c frecuentísima en el arábigo, donde sólo se distinguen, ha dado origen á las formas Falom Calom y Colzom con que según Dozy (Recherches, t. I, pág. 338) aparece aquel alterado en los historiadores árabes.

     Madrid 31 de Mayo de 1872.

FRANCISCO FERNÁNDEZ Y GONZÁLEZ.

_____

ArribaAbajo

V. Objetos romanos y árabes hallados cerca de la ciudad de Murcia

     Excmo. Sr.: Don Javier Fuentes y Ponte, correspondiente nuestro en Murcia, da noticia de un descubrimiento de objetos romanos y árabes, hecho en 16 de Mayo último, en la falda boreal de la sierra de la Fuensanta, que dista casi una legua de la ciudad de Murcia. El sitio y hacienda donde han parecido se llama Heredad de Tiñosa; y allí cerca se encuentra una boquera para aguas torrenciales que se llama Partidor y Riego de Ganisla. En alguna parte de la ladera, que hoy está plantada de viñas, hállanse vestigios de edificios antiguos y pequeñas balsas construidas con hormigón. Es fama que, en el año de 1857, dieron allí unos cavadores con riquísimos objetos de oro y plata esmaltados que hicieron ricos á los descubridores, despertándose con ello la codicia de los vecinos y colonos y despertándose las artes y supercherías de estafadores y adivinos.

     El objeto de la excavación de ahora ha sido labrar un aljibe. Como á profundidad de poco más de una vara, entre cenizas y [21] tierra movida y bajo una losa ruda, se encontró el esqueleto de un niño, trozos de vasijas de varias clases y formas y cuatro piedras antiguas de molino, que se han depositado en el Museo provincial de Murcia, reservando nuestro correspondiente para la Academia y remitiéndole, un peso de barro, dos vasijas (una de ellas mutilada), un estilo de hueso, un fragmento como de mango de un puñal y varios restos de vasijas pintadas, algunas con labores árabes.

     De aquí el Sr. Fuentes pasa á inferir haber estado en aquel sitio una villa romana llamada Nossia, conservada en tiempo de los árabes con el nombre de Gomila.

     En honor de la verdad, prueba el descubrimiento haber existido algun género de población en aquel paraje, porque efectivamente, en la edad romana, las ciudades grandes eran muy contadas, y aun en estas, la parte cercada y murada harto pequeña.

     En cambio, infinitas alquerías, pagos, castillos y pequeños grupos de cortijadas, daban animación á todo el territorio: á la manera que en nuestras provincias del Norte, con especialidad las Vascongadas. Las familias ricas tenían suntuosas casas de campo, con toda clase de comodidades y oficinas, y, por lo tanto, á cada paso tropieza hoy el arado ó la azada con vestigios ibero-romanos. Las ruinas de ciudades ofrecen aspecto distinto, como que estaban colocadas en alto, con su acrópolis ó fortaleza, estrechas calles y escalonadas las casas en la ladera y uniendo edificios públicos, ya religiosos, ya civiles, de los cuales rara vez dejan de parecer señales.

     Ninguna de estas vemos en la Heredad de Tiñosa por el relato de nuestro correspondiente de Murcia: ni tampoco bastante fundamento para suponer allí una granja llamada Nossia ó una ciudad con este nombre, como soñó el buen canónigo de Cartagena D. Juan Lozano, en su Bastitania y Contestania, libro más confuso y caprichoso que el laberinto de Creta y de estilo más enrevesado que el de Feliciano de Silva. ¡Lástima que su sistema de dar por cierto, firme y seguro, así la verdad demostrada, como lo dudoso, lo probable, lo verosímil, lo posible y lo conjetural, venga á descaminar á nuestro celoso y digno correspondiente, que ya ve en aquel sitio una Nossia romana y una Gomila árabe. No acabamos [22] los hombres de aprender el arte de saber ignorar, que es de suyo bienhechor y fecundo.

     Nada de esto quita para que la Academia dé las más expresivas gracias por su regalo al Sr. Fuentes y Ponte, supuesto que toda antigüedad es digna de estimación y estudio y contribuye para el conocimiento exacto de los tiempos pasados, y es de gran auxilio el exacto conocimiento de los parajes con antigüedades, para el progreso de la geografía que es uno de los dos ojos de la Historia. Los objetos ahora remitidos, deben guardarse oportunamente clasificados en nuestro pequeño Museo. E importa, en fin, estimular á nuestro correspondiente murciano para que continúe remitiendo á la Academia, oportunas y exactas noticias, así de todo hallazgo de antigüedades, como de las circunstancias de las ruinas y despoblados que por razón de su empleo en el Cuerpo de Caminos pueda hallar recorriendo la provincia de Murcia. Breves descripciones de estos sitios, expresión de los nombres que entre el vulgo conservan, y por último, calcos en papel, de toda inscripción romana ó árabe que se descubra, sería un buen servicio que persona tan estudiosa y activa como ésta, podrá prestar al instituto de nuestra Corporación.

     Madrid 6 de Junio de 1873.

                                                                                                                   El Anticuario,
               AURELIANO FERNÁNDEZ GUERRA.

_____

ArribaAbajo

VI. Geografía romana de la provincia de Álava

     Exmo. Sr.: Al tomar posesión de su plaza de número nuestro compañero el Sr. Coello y Quesada en 27 de Diciembre de 1874, eligió por materia de su discurso las antiguas vías de comunicación en nuestra Península, especialmente de la época romana, [23] como sinópsis de un trabajo importante en que hace largo tiempo se ocupa. Redúcese á ofrecer por provincias ó ilustrar por mapas exactos las noticias de vías, poblaciones y ruinas antiguas de cada territorio. Y ligera pero excelente muestra de su laudable y utilísima tarea, dió uniendo á los discursos de recepción algo de la parte relativa á la provincia de Álava.

     Meses después se animó á publicar entera esta misma parte, acompañada de un mapa lindísimo; ofreció el primer ejemplar á la Academia; y su digno Director me honró sobre todo encarecimiento pidiéndome informe acerca de su estudio.

     Reconcentrada mi pobre imaginación en otro perentorio, obedezco tarde el mandato; pero la obra del Sr. Coello, es tal, que siempre se llega á tiempo de hablar de ella, de examinarla, de estudiarla y de aplaudirla.

     El folleto se intitula: Noticia sobre las vías, poblaciones y ruinas antiguas, especialmente de la época romana, en la provincia de Álava; y su mapa viene á compendiar el discurso literario, ofreciéndolo todo á un solo punto de vista. Señálanse allí con la distinción debida los caminos romanos indudables, los probables y los conjeturables; y se traza con peculiar atención el de Antonino Pío Caracalla, como que es la clave segura de muy difíciles problemas geográficos.

     Bien observa el Sr. Coello que las poblaciones ibéricas más famosas, y las colonias romanas y las sillas episcopales, no habían de estar incomunicadas entre sí ni con las de su dependencia y sujeción; y sienta discretamente el principio de que estudiados y conocidos los antiguos caminos españoles hemos de tropezar con ciudades sobre cuya situación se disputa acaloradamente.

     Indicando, pues, en sus excelentes mapas los vestigios indubitables de antiguos caminos, los villares y poblaciones desiertas y despedazadas, los castillos y torreones, los campamentos romanos, los sitios donde hay epígrafes, y sobre todo piedras miliarias (según lo hace ya en el mapa de Álava), el Sr. Coello ha comenzado á prestar servicio inmenso á nuestra historia y geografía, y por ello al instituto de la Academia. Bastaba por sí solo esta fiel y exacta investigación, este inventario precioso, esta puntualidad gráfica, para conquistar envidiable renombre. [24]

     Con razón da preferencia al itinerario de Antonino, siguiendo su dirección y los vestigios de ella paso á paso, y confirmando y sacando verdadero lo que dijo nuestra Academia en su interesantísimo Diccionario de Navarra y Provincias Vascongadas, y la mayor parte de lo que sostuvo el Sr. Saavedra en su inapreciable discurso de recepción.

     Al fijar cada una de las mansiones itinerarias, no olvida el señor Coello los recuerdos históricos del paraje, los nombres de lugares que los comprueban, las antiguallas y curiosidades que existen por allí. Cuando hay varios sitios del mismo nombre, y reduce determinada población á uno de ellos, lo advierte al lector, dando prueba de buena fe como sucede respecto de la mansión de SUESSATIUM, que identifica nuestro amigo con el Zuazo de entre Iruña y Vitoria, pues suben á siete ú ocho los Zuazo, Zuaza y Zuazu en Álava y Navarra. Hé aquí donde coloca las mansiones que tuvo la Via populi romani de Astorga al atravesar por el territorio Alavés:

                                     VIROVESCA » Briviesca.                      
DEOBRIGA 26 millas. Puentelarrá.
BELEIA 15 Estavillo.
SUESSATIO 43 Zuazo.
TULLONIO 7 Al E. y cerea de Ascarza.
ALBA 12 Salvatierra.
ARACELI 21 Arbizu.
PAMPELONE 24 Pamplona.

     Poco, muy poco difieren de estas las reducciones del Sr. Saavedra en su discurso de recepción, fundadas en los planos del mismo Sr. Coello y de varios ingenieros, y en los datos de nuestro Diccionario y del de Madoz; pero el Sr. Coello circunscribe y puntualiza más algunas de ellas.

     El nuevo mapa que avalora el folleto, señala hasta trece caminos y cuatro ramales más, romanos quizá todos ellos ó la mayor parte, en la provincia de Álava y extremo boreal de la de Burgos, prueba insigne de la gran red de bien trazadas carreteras que en remotos siglos envolvía la Península. A la comarca Alavesa únicamente corresponden 387 kilómetros, ó si quier 70 leguas, de antiguas vías, según publican elocuentes vestigios. [25]

     Desde luego llama la atención en el mapa (fuera de la exactitud en la determinación de cada lugar), la claridad y belleza con que ha sido trazado. Los ríos y arroyos, las cordilleras y montañas, los límites de estados, provincias y partidos judiciales, el ferrocarril, las carreteras, los canales de navegación; y las marcas y letreros de las capitales, cabezas de partido judicial, ciudades, villas y aldeas, todo aparece agradablemente armonioso, claro y distinto, sin confusión ni embrollo, sin causar la menor fatiga á quien pretende hacer valer su tiempo, y que no se le malogre el calor natural.

     Una suave línea azulada indica la frontera Alavesa y el Condado de Treviño, incrustado en la provincia. Líneas de media tinta encarnada figuran los caminos romanos, bien diferenciados los ciertos de los probables; y del propio color son los letreros de las mansiones itinerarias, y las señales de lápidas miliarias, ruinas, castros y torres.

     Y acerca de los nombres de las mansiones y ciudades antiguas, como también de pueblos actuales que significan límite, permítame la Academia que emita una opinión y manifieste un deseo.

     Las mansiones itinerarias se nombran en el registro de Antonino Pío Caracalla (216), y en los cuatro Vasos Apolinarios ó de Vicarello (30-300), indistintamente y sin sujeción á regla fija, ya en ablativo, por lo general como Barcinone, Tarracone, Bessippone, Portu Gaditano, Viniolis, Aquis Voconis, Aquis Querquernis; ya en acusativo, ahora con la preposición ad, v. g. ad Adrum flumen, ad Aquas, ad Duos pontes, ad Turres, ad Statuas, ad Herculem; ahora sin preposición, como Titulciam, Raudam, Cluniam, Angellas, Secerras, Turmulos; y por último, las menos veces en nominativo, como Aquae Bilbilitanorum, Caputfluminis Anae, y los nombres ibéricos de índole diversa de la latina Acci, Basti, lliturgis, Suel, etc.

     Voces geográficas ibéricas terminadas en us, confieso que no recuerdo sino tres, á saber la de Ibiza, Ebusus; y las no muy seguras de Tolous y Manzellus (Monzón y Medinaceli), conocida aquella únicamente por el Itinerario Antoniniano, y ésta por el Ravenate. Añádanse los pueblos que se apellidaban de un bosque sagrado, que en latín se dice Lucus, tales como Lucus Augusti [26] (Lugo), Lucus Asturum, (Santa María de Lugo), Lucus Eporae (á 1.600 metros hacia el oriente de Montoro); y finalmente los sitios en que había el simulacro de una deidad, v. g. Janus Augustus ad Baetem, el arco de Jano cuadrifronte en la orilla derecha del Guadalquivir, más de dos leguas antes de llegar á Andújar.

     Fuera de estos casos, que marco taxativamente, parece no poder finalizar en us pueblos ibéricos tales como SUESSATIUM y TULLONIUM, peculiares de la primitiva lengua española, y cuya significación es desconocida ó dudosa.

     Respecto de la del último, convengamos en que era nombre de una deidad ibérica, de un semidios, de un monte, de una fuente salutífera, y que tuvo quizá su principal santuario en la sierra de Toleño, entre el condado de Treviño y el Ebro; y digamos que le rindió preferentemente culto la ciudad de Álava, que al oriente de Vitoria se nos sale al encuentro en la romana vía. Si quiso mostrarse devotísima de aquel numen, y de él tomar su nombre, entonces la voz Tullonius deus vino ideológicamente como á adjetivarse y concertar con la de oppidum, alcázar, ciudadela, fortaleza; y el ópido se denominó TULLONIUM. -Que hubo deidad llamada Tulonio, consta de una lápida descubierta en Alegría el año 1799, y publicada por nuestro Diccionario (I, 61). Tenía esta inscripción:

S . SEVER
TVLLONIO
V . S . L . M

     «Sempronio Severo cumplió gustosísimo el voto que fundadamente había hecho á Tulonio

     La deidad decíase Tullonius; el ópido Tullonium. Esto no se demuestra por el itinerario de Antonino, el cual, de las veinte mansiones del trigésimo cuarto camino español, sólo trae una en acusativo, y en ablativo las demás, siendo de estas la de Tullonio; pero sí se evidencia por Tolomeo, cuyas tablas nos la ofrecen en nominativo, cual vocablo neutro: . En Plinio, en Tolomeo y en las inscripciones son neutros los más de nuestros nombres geográficos. [27]

     En resolución, al estamparlos sobre los mapas se puede seguir uno de dos sistemas: ó tratándose de cualquier estudio especial, v. gr., de los vasos apolinarios, ó del Ravenate, ó de Tolomeo, Plinio, Mela ó Estrabón, etc., se escriben tales cuales aparecen en el autor ó documento que se ilustra, y así lo hizo sabiamente en su mapa el Sr. Saavedra; ó cuando no está ceñida la materia á determinado autor ó monumento antiguo, se toman en absoluto los nombres, expresándose estos en nominativo, cual atinadamente lo hacen los Sres. Hübner, Kieppert y Coello. Este último sistema exije, para fijar en casos dudosos el nominativo, que se atiendan y combinen cuantos elementos de diversa índole nos pueden conducir al acierto.

     Cúmpleme ahora explicar el deseo que indiqué, dirigiendo sobre este punto súplica á nuestro sabio compañero y mi cariñoso amigo. Si aún no tiene grabados sus preciosos mapas, había de ser muy útil procurara presentar á la vista los nombres de pueblos y sitios que á través de los siglos nos recuerdan haber sido término ó principio de región, ó límite ó frontera de una ciudad con otra, en lejanas edades. La voz Torre, por ejemplo, es de ellas no pocas veces; y creo ser el primero en notar que el TURRES SAETABITANAE del cuarto de los vasos Apolinarios, indicaba el limite de Saétabis (Játiva) con Ello (Monte Arabí); de igual suerte que el TURRES del Itinerario de Antonino dividía de los Mentesanos á los Oretanos; así como las dos mansiones llamadas FINES en el propio Itinerario publicaban la frontera de los Ilergetes y Lacetanos, y la de los Turdetanos y Celtas, mientras que la villa que aún se llama FINES, en la provincia de Almería, separaba el territorio de la ciudad de Urci (El Chuche) del de la de Basti (Baeza).

     La actual guipuzcoana Villafranca (esto es, población donde no se cobraba portazgo), Segura, Arrondoa, Araya, Aranache, Arenaza, Arraya, Torralba, Aguilar, Aras, Armañanzas, Torres y La Guardia, bastarían con sólo su nombre, si no hubiera mucho más en su apoyo, á conjeturar que por estos pueblos iba la linde de Vascones y Várdulos. Mondragón, Arechavaleta, Arsarasú, Arlaban, Arroyabe, Arzubiaga, Ariante, Ariaya, Armientia, Ariñez, Subiyana, Arrieta, Armiento, Pedruzco, [28] Arana y Portillo, dicen haber sido frontera de Várdulos y Caristos. Y por último, van marcando la de los Caristos y Autrigones los pueblos de Arrigorriaga, Arilsa, Areta, Aracaldo, Arciniega, Artieta, Peña de Haro, Artomaña, Arrastaria, Arriano, Sierra de Ariamo, Artaza, Morillas, Subijana, Arbígemo, Arreo y Molenilla.

     Si la colina que ocupó el Príncipe Negro en la guerra del Rey D. Pedro y D. Enrique el Bastardo, se llama todavía Inglesmendi, monte del inglés, ¿cómo no han de retener su antiquísima denominacion lugares que por siglos y siglos representaron los más grandes intereses de los pueblos?

     ARA, vocablo antiquísimo, que en lenguas semíticas y aun jaféticas valía «monte, cumbre, peñasco,» y que para los italianos significaba escollo, según Virgilio (Aen. I, 109).

Saxa vocant Itali, mediisque in fluctibus, ARAS,

fué escogido por los primitivos españoles para denominar la cumbre sagrada que dividía una región ó una ciudad de otra. Dígalo si no Lara, en Burgos, distinguiendo Turmódigos y Berones; Peñalara, sobre el famoso Paular de Segovia, separando á Carpetanos y Arévacos. Pero de voces terminales harto discurrí cuando ocupó su bien ganada silla nuestro docto compañero el Sr. Saavedra.

     Tomando ese mapa de voces terminales (uno tengo, imperfectísimo, bosquejado por mí, como de quien no posee los apetecibles y necesarios elementos) y trazado con el esmero, claridad y exactitud reservadas al Sr. D. Francisco, vendría á suceder que nos encontrásemos con infinitas circunscripciones, y dudaríamos, y no supiéramos á qué región ó ciudad atribuirlas. ¿Y qué importa? ¿Lo hemos de hacer nosotros todo? ¿No servirán para estudio provechoso de quien nos suceda? Facilitemos datos á la bien intencionada investigación, averigüe la verdad el afortunado, y contribuyamos todos nosotros á ello. Esto cumple á los que aman la ciencia por la ciencia misma y no por estéril vanidad.

     Hágase en punto á fronteras y límites lo mismo que acaba de hacer con los caminos el Sr. Coello, y el fruto colmará nuestras [29] esperanzas. De 17 caminos antiguos alaveses somos deudores al ilustre autor del Atlas de España, cuando hasta aquí sólo uno habíamos estudiado. Pues ellos, como era de esperar, nos han patentizado que la UXAMA BARCA de los Autrígones (Osma de Valdegovia) se alzaba en la calzada romana de Pancorvo á Bilbao, cruzada por muchos caminos trasversales; que en otra, desde Cillaperlata á la capital de Vizcaya, fué VALLISPÓSITA (Valpuesta), silla episcopal de los mismos Autrígones en el siglo VIII, y que en la vía romana de Salvatierra á Castro-Urdiales estuvo SANDAQUITUM, de quien sólo se acuerda el anónimo de Ravenna, y que por un mármol digno de atento examen supongo en Arciniega.

     Debemos, pues, al Sr. Coello, además del nuevo estudio y comprobación sobre esta parte del Itinerario, haber descubierto la red de antiguas comunicaciones regionales y municipales en la provincia de Alava.

     Debemos también á nuestro compañero los datos que son menester para formar la red de límites y fronteras; y con tan buena cuadrícula deslindaremos fácilmente la circunscripción de las antiguas ciudades, regiones, obispados y provincias, disipando las tinieblas que oscurecen nuestra geografía, sin la cual, sin la cronología, no puede haber historia.

     Tales circunstancias son guía no menos segura que la de los caminos para rastrear el sitio de olvidadas ciudades. Quede al vulgo de los escritores dejarse alucinar por las identidades ó parentesco de voces antiguas y modernas, y sin más apoyo decidir sobre un problema geográfico. La crítica sabia echa mano de semejante auxilio cuando no existe otro ú otros más eficaces. Harto escarmentada ha de mostrarse recordando, v. gr., que la JUNCARIA de los Indígetes no es la actual Junquera, sino Figueras; ni Asso, en los Deitanos, es Isso, á la izquierda del río Mundo, sino Las Cuevas, al Sur de Caravaca; ni la episcopal CONÍMBRICA es la célebre Coimbra, sino Condeixa a Velha.

     Con razón se ostenta sabiamente receloso y comedido nuestro colega al llevar nombres tolemáicos ó plinianos á su mapa, que no se afianzan en pruebas decisivas. Hace muy bien en poner interrogante á las voces GEBALA y GEBALAECA, aplicados por la sinonimia á Guevara y Galarreta. La primera reducción es, á mi entender, [30] felicísima; la segunda se apoya en la congruencia del sitio, ya que no en la del nombre. Pero Guevara y Galarreta salen al encuentro en el camino tolemáico, donde debían estar GEBALA y GEBALAECA, reconocido é inventariado hasta la Sierra de San Adrian por el Sr. Coello. Este camino arrancaba de TULLONIUM, buscaba primero la cuenca del Oria y en seguida la del Urola, y terminaba en Zumaya, población adonde yo reduzco la MENOSCA de Tolomeo.

     Permítame con este motivo mi afectuoso compañero que le advierta un olvido del grabador en el mapa. Fáltale interrogante al nombre VENNIA, escrito sobre el despoblado de Iruña, cuando el Sr. Coello, en la página 111 de su discurso, califica de muy dudosa semejante reducción en que formó empeño D. Miguel Cortés y Lopez. Ningún autor, fuera de Plinio, cita á los VENNENSES ó VENUESI, como hallo en un antiguo códice no explorado todavía. Pero veamos qué dice Plinio. Dice: «Al convento de CLUNIA (Coruña del Conde) los VÁRDULOS envían á litigar catorce pueblos, de los que no quiero nombrar, sino el de ALAVA (Salvatierra); y los TURMÓDIGOS (Burgaleses) mandan cuatro, siendo de ellos SEGISAMON y SEGISAMA-IULIA. Al mismo convento van los CARIETES y VENNENSES con cinco ciudades, entre los cuales se cuenta VELIA (Estavillo). LOS PELENDONES, gente celtíbera, acuden con cuatro pueblos.»

     Entiendo ser la mente de Plinio citar á los VENNENSES como región, puesto que enviaban ciudades á la Chancillería de CLUNIA. Y es indudable para mí que así como en los Carieles alude á los Caristos, en los Vennesses se refiere Plinio á los VERONES; los cuales juntamente con los Caristos y Várdulos formaban en el siglo VIII el obispado de ALISANCO, hoy Alesanco en la Rioja. Estoy, pues, muy lejos de fantasear con el nombre pliniano una región Vennica, aunque sí pudo existir una gente en aquella comarca donde están enclavados Rioberca, Santovenia, Montes de Oca (AUCA) y Tampuerca; ó sea desde la márgen izquierda del río Oca y los pueblos terminales de Piedrahita, Villaescusa, la Solana y Villaescusa la Sombría, hasta el río Vena, al Nordeste de Burgos. Ya ve la Academia que hasta en el olvido de un interrogante paro la atención para demostrar con cuánta he examinado [31] el trabajo de nuestro dignísimo compañero; y que á falta de otra cosa reparo en los tildes más insignificantes.

     Procediendo con el pulso que le distingue, se abstiene de llevar al plano topográfico la oportuna y en mi juicio feliz reducción de la tolemáica THÁBUCA ó la moderna Avalos; y estampa con interrogante el nombre de TÚLLICA sobre el moderno lugar de Tuyo, frente á la Puebla de Arganzón, á pesar de no ser conjetura infundada. Tanto cuidado pone, á ley de excelente crítico, en deslindar bien lo escrito, lo dudoso, lo conjetural y verosímil.

     Voy á concluir, no sin pediros antes indulgencia por lo difuso y desaliñado de este informe, haciéndome cargo de tres puntos en que descubre cierta vacilación nuestro colega, no omite opinión decisiva, aplazándola para la provincia que les corresponde; pero sobre los cuales hace tiempo que tengo escrito y publicado algo.

     Primero: ¿Dónde estuvo la ciudad Várdula TRITIUM TOBOLICUM? Veíase enclavada en la provincia de Guipúzcoa. Mela, que recorre los lugares próximos á las costas, da seguras señas de esta población, diciendo que el río Deva la ciñe. «Deva TRITIUM TOBOLICUM attingit.» Con efecto, el Deva, una legua antes de perderse en el mar, ciñe á Mendaro, cuyo elevado monte de Santa Cruz y Santa Ana, con Mendaro el viejo ó su falda, viene á formar una península; y une allí ambas orillas un puente levantado sobre los muros de otro romano tendido en mitad del cauce. Vestigios patentes de romana vía siguen por la falda de la montaña sobre el arroyo de Quilimón, famoso por su fuente intercadente; y no se interrumpen en dirección de Cestona. Yo los he recorrido tambien por cima de los baños de esta villa, de la cual se acuerda el Ravenate, en un camino costeño, nombrándola CESTONIA.

     TRICIO TUBÓRICO estuvo en Mendaro el viejo; su puerto quizá en la actualidad villa de DEVA; y Motrico, al Noroeste (Menstritius) debió ser su límite en los CARISTOS, como lo es hoy de Guipúzcoa con Vizcaya.

     Segundo punto. En mi Libro de Santoña fijo en Castro Morca la MÓRECA de los Cántabros que los vascongados han querido [32] traer al condado de Treviño, identificándole con Moraza. Castro-Morca retiene casi intacto el nombre de Móreca; allí existen romanas antigüedades, y el sitio es el mismo que determina Tolomeo, en lo más meridional de la Cantabria, vecino á los Turmódigos de Sasamon. La hispana SEGISAMON partía lindes con la Legion Cuarta Macedónica, como expresa una piedra terminal inédita, hallada al Noroeste y no lejos de aquel pueblo. Legio IIII se ha reducido al sitio de las Finestrosas, sin otro motivo que el de haber por su término diez ó doce piedras divisorias del prado de la Legion cuarta y del campo Julio brigense. Para mí, despues de nuevo y detenido estudio, es casi indudable que un golpe de soldados de esta Legión (la cual permaneció en España desde Octaviano, hasta que el Emperador Cláudio César la hizo trasladar á las márgenes del Rhin), estuvieron acuartelados en VELLICA (Elecha) y en Amaya, dándole su nombre de LEGIO QUARTA y teniendo por suyos como jurisdicción propia desde las Finestrosas hasta Santamaría de Aranuñez, desde Aguilar de Campoó á Piedra, y Villanueva de Puerta, y desde Sobrepenilla á la Dehesa de Romanos. Aparece en seguida perfectamente circunscrito el territorio de MORCA, desde Villadiego al confín occidental de los AUTRIGONES.

     Ultimo punto: ¿Dónde fué SECONTIA PARÁMICA? Dice Plinio (III-3-27) que los nombres de Sigüenza y de Osma se hallaban repetidos en diversas regiones: «Secontia et Uxama, quae nomina crebro aliis in locis usurpantur.» Con esto no extrañaríamos hallar varias Sigüenzas en Tolomeo, si dos de ellas no llevasen la misma calificación de Parámicas ó del Páramo, colocando la una en los VÁRDULOS y la otra en los VACCÉOS, sin que cite la que debió existir seguramente en los AUTRIGONES, supuesto que allí tenemos hoy el lugar de Sigüenza del Páramo cerca de Villarcayo. ¿Pudieron coexistir nada menos que tres con el mismo apodo? En lo posible cabe; pero yo lo dudo. No sería este el caso único de sacar Tolomeo de su propia región una ciudad, y llevarla á territorio diferente. Bien recordáis que de ello ofrece repetidos ejemplares. Si en Alava y Guipúzcoa hubo una Secontia Parámica, búsquese en un páramo, esto es, en un campo desierto, desnudo, alto y frio. Mientras parece, satisfagamos la identidad de los dos [33] nombres iguales citados por Tolomeo, y la del pueblecillo burgalés; y téngase presente que Sigüenza del Páramo está en el confin de los AUTRIGONES con los CÁNTABROS en dirección de JULIOBRIGA.

     He concluido. El Sr. Coello insta á sus compañeros porque le dirijan observaciones sobre un nuevo estudio; y así se me advierte en la comunicación de Secretaría. Yo, el menos competente, el último de todos, hago lo poquísimo que en mí es. Suplan mis excelentes colegas lo que me falta; y todos á una estimulen al Sr. D. Francisco á dar cima á esta empresa que ha de realzar tanto el buen nombre de España.

     Madrid 16 de Febrero de 1876.

AURELIANO FERNANDEZ GUERRA Y ORBE.

_____

ArribaAbajo

VII. Correspondencia autógrafa de Carlos VI de Austria

     El que suscribe ha examinado la obra que con el título de Eigenhandige Correspondenz des Konigs Karl III von Spanien, ha publicado en Viena, y presenta hoy á nuestra Academia el consejero áulico, caballero Alfredo Von Arneh, Director de los Archivos Imperiales de aquella capital.

     Comprende dicha obra, según lo declara su título, la correspondencia original y autógrafa del archiduque Cárlos, hijo segundo del Emperador Leopoldo I, con el gran canciller del reino de Bohemia el conde Juan Wenzel Wratislaw, abrazando un período de dos años y siete meses, desde el 17 de Enero de 1705 hasta el 8 de Octubre de 1711 en que murió el citado canciller. Y como quiera que este archiduque Cárlos es el mismo que habiéndose dos años antes hecho proclamar en Viena «Rey de [34] España y de las Indias,» desembarcó primeramente en Lisboa y más tarde en Barcelona, y sostuvo con las armas sus pretendidos derechos al trono español, es evidente que su correspondencia epistolar, nunca antes impresa, había de arrojar nueva luz, no sólo sobre la historia de la casa de Austria, sino también sobre la de nuestra Península, donde aclamado y reconocido por las provincias del antiguo reino de Aragon, hubo de encenderse la civil contienda conocida bajo el nombre de «Guerra de sucesión.»

     Da principio á la correspondencia una carta autógrafa del Archiduque para el citado canciller, en que se da cuenta de los preparativos que en Inglaterra y Holanda se estaban haciendo, así como del apresto de una gruesa armada que debía traerle á la costa de la Península; y concluye con otra, fecha á bordo del navío Blenhesin el 8 de Octubre de 1711, cuando desesperado el Archiduque de afianzar en sus sienes la corona de España se disponía ya á darse á la vela, de vuelta á sus dominios, habiendo poco antes heredado el Imperio por muerte de su hermano mayor, el Emperador de Alemania, José I.

     Son todas ellas de caracter privado y confidencial y están en su mayor parte dirigidas al conde Wratislaw, según arriba queda dicho; pero, aunque escritas desde Valencia, Barcelona, el campo de Villaverde, Daroca, etc., son escasas las noticias que contienen de la guerra entre imperiales y filipistas, limitándose el archiduque á recomendar el pronto despacho de sus negocios particulares en Alemania y procurar por todos los medios posibles el triunfo de sus armas, gobernadas á la sazón por el príncipe Eugenio de Saboya y el inglés Marlborough; como si las brillantes campañas de estos ilustres generales hubieran de influir en el éxito de su propia causa y sentarle en el trono español.

     Era el conde de Wratislaw uno de los principales ministros de Leopoldo I. Nacido en 1670 de una familia ilustre, fué nombrado asesor de la Cancillería Bohemia, cuando contaba apenas 25 años, y de tal manera supo granjearse el aprecio y confianza de aquel monarca, padre del archiduque, que después de la abdicación de Jacobo II de Inglaterra, y advenimiento al trono de Guillermo de Orange, se le confió la difícil misión de procurar una liga ofensiva y defensiva entre Inglaterra, Holanda, Austria [35] y Saboya contra Luis XIV de Francia, liga cimentada con 15 años de guerra y que terminó con la paz de Utrecht en 1713. Nombrado sucesivamente para los más altos cargos del imperio, y últimamente gran canciller de Bohemia en 1705 el conde hubo de acompañar al archiduque en su navegación desde uno de los puertos de Holanda hasta Lisboa, formando parte de su consejo privado durante su permanencia en aquella capital, si bien no pudo por su falta de salud seguirle hasta Barcelona.

     Este es el personaje á quien el Archiduque dirige sus cartas, en las cuales, según arriba queda enunciado, hay pocos detalles de la guerra llamada «de sucesión,» si bien los hay, y muy interesantes, de las negociaciones secretas entre Austria y Holanda, juntamente con Inglaterra, interesadas como lo estaban en arrancar á la Francia el País Bajo y el ducado de Milán, de que Luis XIV se había apoderado.

     La publicación de esta correspondencia está hecha con el esmero que debía esperarse del caballero Von Arneh, autor de otras varias obras históricas, vicepresidente de la Academia Imperial de Ciencias de Viena, y Director del Archivo Cesáreo; archivo, en que sea dicho de paso, se custodia aparte de muchos papeles originales del reinado de Carlos V, toda la correspondencia de Luis Praët, D. Íñigo de Mendoza, Eustaquio Chappuys, E. Vandervyst y otros embajadores de aquel monarca en Inglaterra, Francia y Saboya.

     Ofrece el autor dar á luz en breve plazo otra correspondencia del mismo Archiduque, con su padre y hermano, en que más de lleno se tratan los asuntos de la Península, y el que suscribe tiene la seguridad de que siempre que nuestra Academia necesite noticias del Archivo Imperial, le hallará dispuesto á comunicarlas. Por cuya razón, y la de no haber en el día ningún correspondiente en la capital del imperio austriaco, el informante se atreve á proponer que se le nombre, confiriéndole así el honor de pertenecer á nuestra Academia, como en carta particular lo solicita. La Academia en su mejor acuerdo decidirá lo que sea más conveniente.

     Madrid 15 de Junio de 1871.

PASCUAL DE GAYANGOS.

_____

[36]

ArribaAbajo

VIII. Cartas de Carlos VI de Austria al Barón de Freisheim

     Excmo. Sr.: He examinado detenidamente las copias de las doce cartas relativas á la guerra de sucesión que remitió á la Academia el Sr. Pietter Arend Seuppe, correspondiente en Utrecht; y al devolvérselas tengo el honor de exponer mi parecer sobre dichos documentos.

     Aunque las copias que los reproducen no vengan debidamente certificadas con la firma del señor remitente, como la Academia tendrá la debida confianza en su veracidad, bastará para probar que son auténticas la misma comunicación firmada con que las ha remitido, procediendo indudablemente los originales de la familia ó herederos del teniente general barón de Freisheim, jefe superior que fué en España del cuerpo de tropas holandesas que auxilió al archiduque Carlos en sus campañas contra Felipe V en 1706 y 1707.

     De las doce copias de cartas antedichas, nueve lo son de las que escribió el Archiduque á aquel personaje cuando era gobernador en Lérida y comandante general de toda la ribera catalana del Ebro. Están fechadas en Barcelona entre el 19 de Mayo y el 14 de Noviembre de 1707. Aunque se refieren á disposiciones del Archiduque para la defensa de aquel principado cuando después de perdida por sus tropas la batalla de Almansa lo invadieron las de su contrario, sitiando y tomando á Lérida y á Tortosa luego, no explican ningún hecho de la campaña de aquel año, y así resulta mucho menor el interés que inspiran estos documentos, en uno de los cuales anuncia el príncipe austriaco al general holandés, su enlace con Isabel Cristina Brawuswick Volffens-buttel. Son, sin embargo, de importancia como precedentes de un pretendiente á la corona, que dejó muy pocas huellas en España, y de una época en que, más que ninguna otra de las modernas, escasean originales en nuestros archivos hasta el punto de no haber encontrado [37] el que suscribe en el de Simancas, las relaciones oficiales de las batallas de la Gudiña, Almansa, Almenara, Zaragoza y Villaviciosa, las de mayores resultados en la larga guerra de sucesión. Las nueve cartas del Archiduque á que me refiero, como redactadas por un secretario español, lo están en bastante buen castellano, aunque con el modismo austriaco reemplaza algunas veces el sentimiento á la persona, como por ejemplo: mi amor os recomienda: mi confianza en vos espera, etc.

     Las otras tres cartas no son del Archiduque pretendiente, sino escritas de orden suya al mismo Freisheim por sus ministros ó secretarios D. Antonio Borneo Anderas, y D. Ramón del Llano Perlas, en Setiembre del mismo año de 1707, y sólo comunican avisos y ligeras instrucciones.

     La remisión de las doce copias de todos modos es muy de agradecer al señor correspondiente Leuppe, y sometiendo mi juicio al superior de la Academia, opino que se le conteste por la secretaría, agradeciéndole la prueba que con ella ha dado de su interés por nuestras averiguaciones históricas.

     Madrid 10 de Mayo de 1872.

JACOBO DE LA PEZUELA.

_____

ArribaAbajo

IX. Tratado elemental de derecho internacional marítimo

     En desempeño de la comisión de examinar la obra intitulada Tratado elemental de derecho internacional marítimo, por D. Ignacio de Negrín, y de informar á la Academia lo que se ofreciese y me pareciese acerca de ella, cumplo el grato deber de emitir mi dictamen favorable á su autor, con tanta más seguridad cuanto mi juicio viene después del formado en igual sentido por una Corporación docta y competente. [38]

     Es tan manifiesta la necesidad de que los oficiales de nuestra Marina militar posean cierta suma de conocimientos relativos al derecho internacional, así en tiempo de paz como de guerra, cuanto que allí está la patria donde está el pabellón que acredita la existencia de un Estado soberano, ya se arbole en las inmensas soledades del Océano, ya en las playas más remotas del globo. El oficial de la Armada á quien se confía el mando de un buque, es á veces el único representante del Gobierno supremo de la nación cerca de una potencia situada á millares de leguas de su patria, y á veces el centinela avanzado que protege la persona y la propiedad de sus conciudadanos en momentos de conflicto, de que sólo puede salvarlas la firme resolución de exigir el respeto debido á la bandera.

     Así, pues, el oficial de marina, llegado el caso, negocia y combate, invoca el derecho ó usa de la fuerza. Si para bien emplear las armas recibe una educación militar, para bien conducirse en sus relaciones de un Estado con otro necesita conocer los principios y reglas del derecho internacional marítimo, y muy particularmente los tratados y convenios ajustados entre el Gobierno de su nación y las potencias extranjeras en cuanto al derecho internacional marítimo se refiera.

     No acertamos á explicar cómo no se comprendió así desde hace mucho tiempo, y por qué en nuestras escuelas navales no fué hasta poco há semejante estudio obligatorio. Debemos aplaudir esta reforma sobre seguro, considerando que son pocos los libros de derecho internacional que poseemos en España, habiéndonos quedado muy rezagados de Europa, donde abundan. En el siglo XVI florecieron Vitoria, Soto y el famoso jesuita Suarez, bien conocido de los filósofos, teólogos y jurisconsultos por su tratado De legibus ac Deo legislatore. En nuestros días, sin negar el mérito de algunos libros elementales, como los que publicaron Pando, Riquelme y otros varios autores que, si no de propósito, por incidencia discurrieron sobre varias materias relativas al derecho internacional, ó siguiendo como Castillo las huellas de Abreu y Bertodano, formaron colecciones de tratados y convenios celebrados por los monarcas españoles con diversas potencias, es lo cierta que sus nombres, no sólo no pueden ponerse en parangon con los [39] ilustres que hemos citado, pero ni tampoco llegan al nivel de Cauchy, Wheaton, Klüber, Heffter y otros que honran á Francia, Alemania y los Estados-Unidos, y gozan hoy de grande autoridad en el mundo.

     Persuadido el Sr. Negrín de que podía prestar un importante servicio al Cuerpo de la Armada, acaba de publicar el libro de que damos cuenta, el cual en corto volumen encierra excelente doctrina tocante al derecho internacional marítimo, que nos ofrece una agradable ocasión de examinarlo y juzgarlo útil á la enseñanza.

     Empieza el autor con un bosquejo histórico del derecho internacional en los tiempos antiguos, en la Edad Media y en la moderna. En breves páginas condensa lo sustancial del asunto, sin detenerse en ninguno para ilustrarlo, como seguramente lo huhiera hecho si al descender á pormenores no estuviese reñido con el plan de su obra. Entonces se le hubiera ocurrido probar lo que presume, esto es, que los pueblos de la antigüedad celebraron pactos ó tratados internacionales, dando origen al derecho de las gentes secundario ó positivo. Sin referir los diversos tratados de alianza y navegación que, según el testimonio de Tucídides, ajustaron las ciudades de la Grecia con motivo de la guerra del Peloponeso, en las cuales no se olvidaban los intereses del comercio ni los de la política, tan enlazados con la dominación de los mares, consta por el texto de Polibio que los hubo de comercio y navegación entre Roma y Cartago desde una época no muy posterior á la expulsión de los Tarquinos.

     Estipularon estas dos repúblicas rivales que los romanos navegarían dentro de ciertos límites; que sólo en caso de peligro tomarían puerto fuera de ellos por cinco días; que los mercaderes que fuesen á Cartago no pagarían ningún tributo; que la fe pública protegería al vendedor, y que todos serían juzgados con equidad en sus causas y negocios. En otro se obligaron los romanos á no traficar, piratear y formar colonias más allá de tales cabos ó promontorios; á no entrar en ningún puerto del Africa ó la Cerdeña, sino el tiempo necesario á reparar sus naves ó proveerse de víveres; y convinieron que en la Sicilia Cartaginesa, lo mismo que en Cartago, gozasen los romanos de la libertad de negociar y [40] disfrutasen de iguales beneficios que los cartagineses, á cambio de que estos fuesen considerados en Roma como romanos. Vease (7), pues, cómo no es del todo exacto decir con el Sr. Negrín que el derecho internacional en la primera época de su historia se resume en la legislación interior de cada país.

     Tampoco hay completa exactitud en afirmar que el pueblo romano hubiese continuado siempre despreciando el comercio marítimo, aunque tal sea la opinión generalmente recibida. Estimaba en poco la profesión de los vendedores á la menuda, regatones y mercaderes de drogas, perfumes, artículos de primera necesidad y bagatelas para el uso del sexo femenino, pero no tenía por deshonrosas las grandes especulaciones mercantiles por mar y tierra. Cicerón, en su libro De officiis, dice: Mercatura... magna et copiosa... non est admodum vituperanda. Ciertos Emperadores mostraron empeño en favorecer el comercio y la navegación. De Alejandro Severo cuenta Elio Lampridio que negotiatoribus, ut Romam volentes concurrerent, maximam immunitatem dedit. La incorporación de las leyes rodias al derecho común, las estaciones navales en diversos mares, la guerra continua á los piratas que los infestaban, la construcción de puertos y las obras que acometían para facilitar la navegación de los ríos, muestran que los romanos, si no estuvieron poseídos del espíritu mercantil de los tirios, los rodios y los cartagineses, tuvieron al fin una política comercial que Constantino llevó á Bizancio, á la entrada del Ponto, cuya admirable situación la hizo emporio de todas las riquezas de Europa y del Asia.

     Son estos toques dedicados al cuadro de la historia delineado por el Sr. Negrín, que no afectan á la ciencia; y volviendo á su libro, entra el autor en materia exponiendo los principios del derecho internacional, preliminares necesarios á la inteligencia del marítimo, objeto de la obra.

     Divide el asunto en dos partes principales, á saber: derecho internacional marítimo en tiempo de paz y en estado de guerra; consagra un título especial á las presas marítimas y concluye [41]

con un apéndice en el cual extracta los tratados, ordenanzas y disposiciones dictadas por el Gobierno de España de más frecuente uso y aplicación á las cuestiones que se ventilan en el texto.

     Recomiendan el libro del Sr. Negrín el método verdaderamente didáctico que observa el autor al desarrollar el plan de la obra, la claridad en la exposición de la doctrina y el buen criterio en los casos dudosos, y como tales sujetos á controversia.

     En resolución, es el libro que analizamos un excelente Tratado elemental de derecho internacional marítimo, que si no satisface por su brevedad á quien desea profundizar la materia, puede y debe contentar al lector más modesto que sólo aspira á conocer los principios en que descansa.

     No pretende el Sr. Negrín el mérito de la originalidad ó de la profundidad, como autor de una obra de derecho internacional. Su ambición se limita á ser útil á la juventud que aspira á servir al Estado en la marina de guerra; y en efecto, el Gobierno le hizo justicia al escogerla para texto de las escuelas naval y flotante y las Academias del cuerpo administrativo de la Armada.

     Madrid 16 de Mayo de 1873.

MANUEL COLMEIRO.

_____

ArribaAbajo

X. Historia eclesiástica y civil de Nueva Granada

     Con el título de Historia eclesiástica y civil de Nueva- Granada ha escrito el Sr. D. José Manuel Groot, ciudadano de aquella República, una preciosa obra, digna de atención y estudio, y que ha publicado en los tiempos que median del 69 al 71. Consta la Historia de Nueva-Granada, de tres tomos gruesos en 4.º, de impresión compacta y de unas 600 páginas cada uno, que dan de sí una [42] cantidad enorme de lectura, y desde luego acredita en esta condición extensa de su entidad, como decimos en la moderna jerga escolástica, que es un trabajo prolijo y concienzudamente elaborado.

     Principia la Historia de la Nueva-Granada desde el año de 1514, en que el activo y valiente descubridor Vasco Nuñez de Balboa, envió á pedir se le nombrase Gobernador del país que dominaba Castillo del Oro, y se vió malamente suplantado por Pedrarias Dávila, de funesto recuerdo. Avanza el tomo I hasta el año 1780, siendo todo el libro parte de nuestra historia nacional, pues vivían aquellos países con la vida de la Madre patria.

     La rapacidad é inicuas exacciones de las autoridades, dieron motivo en aquel país á la sublevación de los Comuneros del Socorro que secundaron los movimientos insurreccionales de los indios del Perú, acaudillados por Tupac-Amaro. Así que el tomo II principia en el capítulo 73 (pues el autor no divide en épocas ni en libros) el movimiento insurreccional de aquellos países, que coincidió con la revolución francesa y la independencia norteamericana; y avanza hasta fines de 1819 en que la torpeza de las autoridades españolas por una parte, la destreza de Bolívar por otra y la sublevación de Riego sobre todo, concluyeron con la dominación española en aquel país. Así que el tomo III contiene ya solamente la historia del establecimiento de la República por Bolívar, después de la derrota de Boyacá y entrada de éste en Santa Fe.

     El tomo III de cerca de 700 páginas, contiene en los capítulos 68 á 106 la historia de los diez años de la República Colombiana, que puede decirse murió con Bolívar al espirar éste en 1830.

     Tal es el conjunto y la parte externa de la Historia de Nueva-Granada, por el Sr. Groot: Tomo I. -Los tres siglos de la dominación española (1514-1780); Tomo II. -Período insurreccional ó de transición (1780-1820); Tomo III. -República Colombiana en los diez años últimos de la vida de Bolívar (1820-1830). Resulta, pues, que lo más interesante para nosotros es el tomo I, algo el II y poco el III. En esta suposición, el juicio crítico debe recaer principalmente sobre el primero. El Sr. Groot, que en el tomo III se muestra entusiasta y admirador de Bolívar, y en el II aparece partidario [43] enérgico de la independencia; con todo, en el I no se muestra hostil á España ni á la dominación española; y si nada calla acerca de las extorsiones, ruindades, atropellos y delitos de los conquistadores, tampoco deja de referir, y con cierta fruición, lo que halla digno de elogio y de alabar los nombres y los hechos que lo merecen; que no es poco, ni se encuentra siempre en los historiadores de aquel país, instintivamente dispuestos siempre á zaherir á España, puesto que desde niños han aprendido á maldecir y mirar á los antiguos españoles como unos monstruos, ó como ellos dicen Godos.

     De las opiniones del autor en esta parte, se puede juzgar por el siguiente edificante párrafo que por sí sólo se recomienda al curioso lector. Pregunta el autor al fin del capítulo 17, ¿si han mejorado los indios de condición en la República? y responde así (pág. 228 del tomo I):

     «Al proclamar la Soberanía nacional americana, los naturales de América debían haber mejorado de condición bajo un gobierno propio y liberal; pero ha sido todo al revés. Aquí no abogamos por la causa de los españoles, sino de los genuinos americanos.

     »El gobierno del Rey al hacer á los naturales súbditos suyos, trató de conservarles hasta donde era posible su carácter de dignidad nacional, y por eso trató de mantener los caciques y la aristocracia indígena con preeminencias de autoridad entre los naturales, y para dar más lustro á esa nacionalidad, proveyó á la educación de los hijos de sus grandes, á fin de que estos, bien formados, difundiesen entre sus súbditos con más ventajas que los españoles las luces del Evangelio y las costumbres sociales. Con tal fin se dictó la Real cédula de 27 de Abril de 1554, por la cual se mandaba establecer, como en Méjico, un colegio para educar en las letras y costumbres cristianas á los hijos de los indios principales.

     »Hoy los indios son los seres más miserables y desgraciados del país, con la notable circunstancia de que los más abyectos y pobres, son los moradores de los pueblos inmediatos á la capital de la República.

     »Se ha hablado mucho sobre que los indios pagaban un tributo en plata al Rey: sí, pero ahora lo pagan en sangre... [44]

     »El repartimiento que en nuestros tiempos se ha hecho á estos infelices, dignos de mejor suerte en la República, ha sido el de los resguardos con libertad para poderlos vender. Los españoles fueron los primeros que les repartieron resguardos, pero sin líbertad para venderlos. Se les repartieron de los mejores terrenos y más bien situados. La prohibición de enajenarlos correspondía con el nombre puesto á la cosa, porque conociendo la imbecilidad

de los indios, susceptibles de ser engañados, su inclinación á la holganza y á la chicha, se vió que necesitaban de un resguardo para que sus familias tuvieran resguardada la subsistencia. Cuando les ha faltado este resguardo con la libertad de contratar, aún ha quedado á las tierras el nombre de resguardo, con la misma impropiedad con que ha quedado á la República el nombre de federación, después de haber desligado sus provincias. ¡Todo se entiende al revés entro nosotros!»

     En otro pasaje del mismo tomo (pág. 373), vindica al Gobierno español por haber reincorporado á la Corona el derecho de acuñar moneda, que había enajenado Felipe V, ó mejor dicho el farsante Alberoni, gran explotador de los filones argentíferos de América. Carlos III señaló á la familia de Prieto, que había explotado ya el privilegio por espacio de medio siglo una indemnización de 8.000 pesos de renta perpetua, por los 85.000 pesos entregados á Felipe V. Con este motivo, comparando el Sr. Groot tiempos con tiempos, y los de la monarquía que indemnizaba con los de la República que se incauta á su antojo y sin indemnizar, dice en una nota:

     «El mismo que esto escribe fué víctima de esa medida por habérsele despojado sin indemnización alguna, aunque reclamada, del empleo de Regidor fiel ejecutor del cabildo de Santa Fe, oficio que su abuelo D. José Groot había comprado al Rey.»

     Y es lo bueno que el gobierno republicano echó á pique las indemnizaciones de la familia Prieto, que de seguro tampoco le hubiera dejado el derecho de batir moneda. Con este motivo el Sr. Groot censura al Doctor Plaza, que al hablar de este asunto considera la expropiación ó reivindicación hecha por Carlos III como una villanía y exclama dolorido: «¡Ojalá que el Congreso de Colombia se hubiera portado como el Rey de España al incorporar [45] en el Cabildo ciertos empleos, que por compra hecha al Rey poseían algunos individuos!»

     No siempre suele ser este el tono del Sr. Groot en el resto de su obra. Si en el tomo I se ve al descendiente de España, católico fervoroso, tradicionalista, amante de las antigüedades de su país, que defiende á España en gracia de lo que allí hizo por la Religión y la colonización intelectual y moral de su país, en el tomo II al describir el período de transición y levantamiento de 1780 á 1820, se pone al lado de los insurgentes y combate á los españoles con la pluma, como sus padres los combatieron, que tal es la triste ley de las colonias. El Sr. Groot podría decir á esto entre otras muchas cosas que los españoles de aquel período no eran lo que habían sido los de los tres siglos anteriores, que no es extraño que los americanos no quisieran al Rey de España, cuando los españoles en la Península no dejaban títere con cabeza, como él retablo de D. Gaiferos y Melisendra, y que detestasen cordialmente á los españoles, cuando nosotros les damos el espectáculo de odiarnos de muerte convirtiendo la Península en un extraparaíso de Caínes, los unos por amor de Dios y los otros por amor de libertad.

     El Sr. Groot desengañado á vista de las chanzas pesadas que los amigos de esta señora han jugado al país y que refiere en el tomo III, concluye su obra con estas sentidas frases. «¡Qué faces (fases debía decir) tan tristes presenta la historia de Colombia!... La República de Colombia, creación de Bolivar, que por esfuerzos de tantos patriotas se alzó con tanto brío, cayó muy pronto pudiendo haber sido una gran nación!»

     Cabalmente es lo mismo que decimos por aquí.

     El mismo Sr. Groot describe las horribles escenas del 28 de Setiembre de 1828 cuando los individuos de una sociedad secreta estuvieron para asesinar á Bolívar, que hubo de tirarse por un balcón.

     ¡Qué escenas tan edificantes presenta en sus últimos capítulos la historia escrita por el Sr. Groot! Una mayoría parlamentaria pretende lanzar al país á una serie de aventuras por medio de una Constitución disparatada. Bolívar acude al remedio heróico de hacerse dictador, y los convencionales al de asesinarle. Formóse [46] para ello una sociedad secreta con los elementos integrantes de todas ellas, abogados sin pleitos, oficiales expulsados del ejército, generales ambiciosos, frailes apóstatas y estudiantes que hablaban mucho y estudiaban poco. Es notable esta cláusula á la página 502 del tomo III. « Esta sociedad secreta, dice Groot, dirigía otra que se formó denominada Filológica, compuesta de jóvenes bajo pretexto de perfeccionarse en el estudio de las ciencias, y al efecto asistian á ella algunos catedráticos.»

     Es lo bueno, según nota el historiador, que estos catedráticos eran partidarios de Bentham y explicaban las teorías de éste en sentido liberal, y eso que ya hoy día se las considera como de puro absolutismo, y de sensualismo con sus puntas de egoismo.

     Librado Bolívar casi milagrosamente del puñal de los Scévolas americanos, ninguno de los cuales puso la mano en el fuego, se dedicó en los dos últimos años de su vida á destejer lo hecho trabajando algo por el orden, y diciendo de su tierra lo que de la nuestra dicen los arrepentidos. -El país no está todavía bien preparado.

     Tal es á grandes rasgos el carácter ó parte interna de esa historia de Nueva Granada. El autor en el tomo I narra mucho y aprecia poco el estilo antiguo: en la parte moderna sigue el gusto moderno, dando dos historias, la de los sucesos y la de sus apreciaciones. Indudablemente es más animada y entretenida la primera á pesar de esa circunstancia. El historiador ameniza la narración descendiendo á pormenores literarios, jurídicos, anecdóticos, arqueológicos y etnográficos que hacen la lectura interesante. La historia de aquel país sin historia como todas nuestras colonias, está reducida en su parte antigua á describir el valor y la crueldad de los conquistadores con ciertos rasgos de caballerosidad, las virtudes apostólicas de sus primeros misioneros, las riñas de los encomenderos y sus nuevas empresas y rebeliones.

     Viene luego la fundación de chancillerías y obispados, y en pos de estos, conventos, universidades y colegios. Hechas estas, principian las sempiternas luchas de los virreyes con las audiencias, de estas con los obispos, de los obispos con los cabildos, de los cabildos con los frailes, de los frailes con otros frailes, con los curas y con los jesuitas, vejaciones á los indios, órdenes para no [47] vejarlos, expediciones piráticas y al fin creación de establecimientos industriales y científicos. Por este patrón están cortadas todas las historias de Indias, y no desmiente el corte la de Nueva-Granada.

     En esta abundan las biografías de personajes de alto renombre como fray Bartolomé de las Casas y San Luis Beltrán que por allí estuvieron; las anécdotas chispeantes de interés de escritores de cosas del país apenas conocidos por acá, poetas y guerreros.

     Tampoco faltan etopeyas curiosas de personajes modernos ó de la época revolucionaria. Si es que allí la época revolucionaria no cuenta ya cerca de un siglo, y todavía no ha terminado, como tampoco por acá.

     Es delicioso el retrato del P. Manuel, ó sea D. Manuel Benito de Castro, que en 1812 compartía el poder ejecutivo con D. Luis de Ayala en los azarosos momentos en que se disputaban el poder los pateadores y carracos, ó sean centralistas y federalistas, y ¡coincidencia notable! también allí los carracos contaban con Cartagena.

     Había sido el Sr. Castro novicio de los jesuitas por lo que lo llamaban el P. Manuel. Parece que está uno viendo un personaje de los que pintaba en sus sainetes D. Ramón de la Cruz. Todavía en 1812 el poder ejecutivo gastaba en Nueva-Granada capa encarnada con galón de plata. Tenía el vicio de la puntualidad, siendo eso que llamamos un reló de carne, uno de esos hombres automáticos que tienen señalados los minutos para cada cosa y no salen de su hora aunque se hunda el mundo. Tenía horas fijas hasta para la asistencia de los animales domésticos. «Se dijo, habla el historiador, que en un día de aquellos de borrasca fueron á llamarlo del Consejo y que mandó á decir que en acabando de espulgar á la perrita iría.» «Bastó esto, añade, para dar á conocer el genio del poder ejecutivo que dejó Nariño en Santafé en el año 12 para lidiar con los chisperos, carracos y pateadores.»

     Resultó lo que era de esperar: los pateadores fueron pateados por los carracos ó federales, y entre los pateados lo fué D. Pedro Groot, tío de nuestro historiador, que al decir de su sobrino, alguna vez acaudilló á los pateadores.

     Digamos ya algo acerca del historiador antes de concluir este, [48] prolijo informe. Por lo que se acaba de decir, y por lo que antes se manifestó acerca del abolengo de nuestro D. José Manuel se echa de ver que es de pura raza española, que su familia tenía cargos honoríficos hace más de un siglo en aquel país y comprados á la corona, aunque el apellido á primera vista pudiera creerse extranjero.

     De sus opiniones se puede formar concepto por lo que ya queda dicho. Pecadores arrepentidos quiere Dios. Sus ideas son de fervoroso y puro católico: las caricaturas que traza de los jansenistas y de los frailes mal hallados con su hábito lo indican bien claramente, y también sus clamores contra las medidas cismáticas de los revolucionarios. Su estilo es sencillo y sin pretensiones. El lenguaje llano y fluido, pero poco correcto, mezclado con algunos americanismos, lo cual no es de extrañar. Para la Academia de la Lengua quizá no valiera gran cosa: para la nuestra quede ser mucho. En este concepto, y pidiendo antes perdón á la Academia por la tardanza del informe y por pesadez y desaliño hijos de la premura con que está redactado, me tomo la libertad de indicar que creo convendría nombrarle académico honorario de la Historia en la república de Nueva-Granada, donde no tiene ninguna persona con quien entenderse.

     La Academia, sin embargo, acordará como siempre lo más conveniente.

     Madrid 30 de Enero de 1874.

VICENTE DE LA FUENTE.

_____

 ArribaAbajo

XI. Inscripción arábiga de Castellón de la Plana

     Esta inscripción cuyo vaciado en yeso nos ha regalado D. Antonio Francisco Ruiz y presentado el Sr. Codera, está grabada [49]

[50] con trazos muy finos en una piedra de 29 por 15 centímetros alto, algo desportillada en el ángulo inferior de la izquierda. Su lectura es como sigue:

     En el nombre de Alláh, clemente, misericordioso. O gentes, sabed que las promesas de Alláh son ciertas; no os dejéis seducir por los halagos del mundo y no os aparten de Alláh los engaños (del Demonio). Aquí yace Aafrá, hija de Farach, la cual murió miércoles, á seis días andados de la luna de Xauel del año tres y cincuenta y cuatrocientos. Alláh se compadezca de los que oraren por ella implorando su misericordia. Amen. ¡Alláh, señor de las criaturas su bendición sea sobre Mohámmad!

     La fecha citada en la inscripción, cayó en 9 de Noviembre de 1061. Las líneas 2.ª, 3.ª y 4.ª, con la primera letra de la 5.ª, contienen el versículo 5.º de la sura 35 del alcorán, titulada Los Ángeles; y en ellas se encuentran las variantes por y por cosa que no es nueva en esta clase de inscripciones.

PASCUAL DE GAYANGOS.

_____

[51]

ArribaAbajo

XII. Declaración de una coluna del Emperador Adriano. Obra (reimpresa) del Dr. D. Agustín Sales.

     En 1766, salió á luz en Valencia del Cid y en la imprenta de Benito Monfort, un folleto en 8.º, cuya pérdida ó extravío lamenta el sabio epigrafista D. Emilio Hübner (8), como de inapreciable valor para la colección de inscripciones romanas propias de aquella ciudad. Y en efecto, encierra tres epígrafes itinerarios y uno sepulcral, de los cuales, uno tan solamente (4949) se halla incluido en la obra monumental del Corpus inscriptionum latinarum, sin que los demás hayan comparecido todavía en la Ephemeris epigraphica. Por esta razón, creo que nuestra Academia verá con agrado un ejemplar del folleto. Me lo ha prestado D. José María Settier, director de la Ilustración popular económica de Valencia; y estimo que tan interesante opúsculo, raro ya y casi perdido, merece reproducirse en las páginas de nuestro BOLETÍN.

     Dice así:

     «DECLARACIÓN // DE UNA // COLUNA // DEL EMPERADOR // HADRIANO; // DESCUBIERTA EN LA VEGA // DE VALENCIA. // SU AUTOR, // AGUSTIN SALES // PRESBÍTERO DE LA IGLESIA DE SAN // Bartolomé del Sepulcro; Dotor Theologo por la Universidad de Valencia; Real administrador de lo destinado por Su Magestad para los pobres de Cárceles de Corte; i Chronista de la misma Ciudad y Reino. -En Valencia: Por Benito Montfort, año 1766.

     Christianorum Doctrina, vel Romanorum Senatus, Imperatorumque, ut quisque successerat, & Populi succubuisset insidiis, ni Divina virtute emergens, superior adeo evasisset, ut terrarum Orbem etsi insidias molientem pervicerit. (Origenes, Hadriano coevus, lib. I. contra Celsum Epicuraeum.) [52]

     Quid ingrati sumus? si veritas Divinitatis quam nos consecutos gloriamur, nostri temporis aetate maturiit? Fruamur bono nostro, cohibeatur superstitio, impietas expicetur, vera Religio reservetur. (Minutius Felix, in Octavio circa finem.)

DECLARACION // DE LA COLUNA DE // HADRIANO //
EN ESTA // CARTA.

     Mui Sr. mio: Deviendo á Vm. la noticia de la Coluna millar descubierta en 10. del presente á un lado del Camino Real que guia de Valencia por la Puerta de San Vicente Martir, á San Felipe &c. es mui puesto en razon, que en prueva de mi agradecimiento, diga á Vm. con certidumbre, lo que ella significó en tiempo de los Romanos. Esta pues, Coluna, ó Piedra redonda tiene gravada la Inscripcion siguiente que copié dia 12. apenas Vm. me dió la noticia:

Esto es: Imperator Caesar, Divi Vlpii Trajani Parthici filius, Divi Nervae Nepos; Trajanus Hadrianus Augustus, Pontifex Maximus, Tribunicia potestate, &c. &c. En efecto no fué Hijo, sino reputado por tal; pro Filio habitus, como notó Sparciano. Los Rusticos Peones lapicidas, al sacarla, rompieron con el pedestral, parte de [53] la Inscripcion, en que en semejantes monumentos ponian el VIA AUGVSTA, ó hasta donde llegava la calzada, i á costas de quien se hacia, SI IMPENSA SVA, ó por mandato; i nos han privado de la luz Topografica, ó noticia de los Lugares. Las Calzadas que llamavan Strata, i eran Vias Militares, ó Consulares, ó Pretorias á que el Emperador Justiniano llamó Caminos publicos, eran Caminos empedrados, ó arenados, llenando las cavidades hasta hacerlos llanos para mayor comodidad de los Egercitos Romanos. Las inventó C. Graco, como escrive Plutarco en su vida: In Viarum refectione praecipuam adhibuit solertiam, cum utilitatis, tum pulchritudinis rationem habens. Ducebantur eae rectae per Regioles, & partim lapide ad hoc caeso, & dolato, partim congestis arenarum cumulis :: cavitates implebantur ::: Porrò singula Milliaria, dimensa diligenter lapideis Columnis distinxit. S. Isidoro, señaló el motivo de hacerse estas Calzadas: Strata Romani per omnem penè Orbem disposuerunt, propter rectitudinem Itinerum, & ne Plebs esset otiosa. (Originum, I. 15. C. 16.) Desde Braga, á Orense, aun se ve la Calzada de quince leguas. En Merida ai grandes rastros de las suyas; i se observan assi mismo en muchas partes de España. Sobresale á todos el famoso Camino de la Plata. De casi todas ellas, se compuso el Itinerario de Antonino, que yo tengo de la mejor edicion. Despues de los Emperadores Augusto, Vespasiano, Domiciano, i Trajano, que procuraron reparar los Caminos en varias Provincias de España, como manifiestan sus Marmoles, el Emperador Hadriano, hizo el favor á nuestra Valencia, Poblacion mui distinguida por ser Colonia juris Italici, de aderezar este Camino, que guiava á las principales Ciudades de la Contestania: I despues el Emperador Decio hizo lo mismo con el que encaminava de Valencia por Sagunto, á las de la Illercaonia, i mas allá, como diré. Por estas Calzadas, caminavan los Legados, i Pretores, que visitaban las Provincias, i tambien los Egercitos conducidos á varios parages. Esta Coluna que ponían á cada milla, ó á mil passos de la Puerta, ó Muro de la Ciudad á los lados de la Via Pretoria, se llamava Coluna millar, como vemos en Suetonio, (in Othone, cap. VI.) Tambien la llamavan Lapide, contando las distancias por millas, como Ciceron, 6. Att. I. Accepi tuas litteras ad quintum milliare Laodiceae; [54] ó Lapides; I assi dijo Marcial, que Torquato tenia su Casa de campo distante de Roma quatro Lapides:

     Ad Lapidem Torquatus habet Praetoria quartum. (Epigr. lib. X. cap 79.) Cada tres millas formavan una legua Española: bien que por Provision de la Ciudad deValencia, hecha en 19. de Junio 1556. quedó resuelto, consultado primero Pedro Juan Nuñez, Varon el mas juicioso de la Nacion, que cada legua tuviera quatro millas, i cada milla, mil passos geometricos.

     A las Puertas de la Ciudad que era Colonia, tenian los Romanos gravado el Itinerario, que guiava al Egercito por el Camino Pretorio á las Ciudades de la mansion. Un Itinerario de estos se encontró por Junio de 1727. en una Puerta de Valencia antigua, donde ahora la Iglesia nueva de la Congregacion del Oratorio, que guiava al Egercito por Sagunto, á la Illercaonia, i mas allá. Antes que mandara quitar las letras un Anciano imperitissimo, las copió el erudito Padre Felipe Seguér, quien andando los tiempos, me permitió copia, i decian:

Hizo perpetuo el sentimiento de la perdida de este Itinerario, el que es Maestro de la Nacion, i mi singular amigo, el Cl. Don Gregorio Mayáns, i Siscár, en sus Epistolas. (lib. III. Epist. XXVII. ad Baronem Schombergium) El Camino militar que guiava á estas Poblaciones, todavia está mui patente, i es el Camino de Barcelona. Quedan rastros de averlo mandado reparar el Emperador Decio, en una Coluna millar, consagrada á este Cesar, i á Q. Herenio Mesio su Hijo por los que procuraron la obra; i está hechada en el suelo delante la Hermita de S. Vicente de Borriol, á once leguas de Valencia, que yo descubri, i copié en 25. de Septiembre 1753. i bolvi á registrar en 7 de Junio 1756. i tiene gravada esta inscripcion: [55]

 Esto es: Imperatori, Caesari Caio Mesio Quinto Trajano Decio, Invicto, Pio, Felici, Augusto, Dacico, Maximo, Pontifici Maximo, Tribunicia potestate secundum: Consuli secundum. Patriae Patri, Proconsuli; & Quinto Herennio Etrusco Mesio, Nobilissimis Caesaribus. Via Augusta. Centum novemdecim milliaria. Manifiesta la Inscripcion, que este Camino Pretorio, mandaron aderezar Caio Mesio DECIO, i su Hijo Quinto Herenio Etrusco Mesio, ambos Emperadores á un tiempo, á quienes los Questores consagraron la Coluna. Fue DECIO, el que poco despues de lograr el Imperio, en que entró con benignidad, movió la septima persecucion de la Iglesia. De él no hai otra memoria en Valencia: pero la de su muger, Gnea, Seia, Herenia, Salustia, Barbia, Orbiana, permanece aun, en la Basa de Estatua (que le dedicaron los Valencianos jubilados de la milicia, i los Viejos descendientes de los que vinieron aqui á formar la Colonia) que está en la esquina de la Casa de la Ciudad, á vista de todos. De este cruel Emperador, escrivieron Trebelio Polion, Eusebio Cesariense, i otros. Su primer Hijo Q. Herenio Etrusco Mesio Decio corregnante, que insinua la Coluna, fué marido de Santa Trifonia Romana, de que hace memoria el Martirologio Romano en 18. de Octubre. Juicios de Dios adorables, mantener en el mismo Palacio esta Santa, la luz de la Fe, para credito de su poder, i misericordia, i que no tuvieran escusa los que la perseguian. Fué tambien Hijo de Decio, Cayo Valente Hostiliano Mesio, Quinto: i á cada uno de estos Hermanos, [56] los mismos Soldados Valencianos consagraron Estatua, cuyas Inscripciones, se pusieron en la Capillita de S. Benito en la Seo, las quales no copio, porque las trae Gaspar Escolano, (tom. I. col. 115. 118. i 787. &c.), i otros antes de el. Pero mandando justissimamente el Concilio Provincial Valentino del año 1565. Ne in Christianorum Templis aliquid Spectari possit, quod Gentilitios ritus sapere videatur, (Sess. 4. cap. IX.) el Ilustrissimo Señor Don Fr. Isidoro Aliaga, honor de la Religion de Predicadores, i Arzobispo de Valencia, á quien no puedo nombrar sin veneracion, i ternura, mandó picar estas dos Piedras; (Olmo, Litholog. pag. 63.) porque en la Casa de Dios, solo puede caber la Santidad, i la verdadera victima del Cielo, que con su Cruz triunfó de la supersticion, i sugetó á sus pies todo el poder de las tinieblas. Pero bolvamos yá á la Coluna millar de Decio. Denotan los ultimos numeros, que desde Tarragona Cabeza de la Provincia, hasta aqui, avia 119. millas. No se ha descubierto aun, el Itinerario Romano, que por este Camino Pretorio que aderezó nuestro Hadriano Augusto, i aora va reparando nuestro Monarca, i Señor Don Carlos III. guiava á la Contestania, i mas allá. Pero estan bien patentes las Poblaciones, i distancias desde Valencia, en el Itinerario de Antonino, que las pone assi, notando las millas, ó quantas veces mil passos.

                     VALENTIA. M. P. XVI.                     
SVCRONEM. M. P. XX.
AD STATVAS. M. P. XXII.
AD TVRRES. M. P. VIIII.
ADELLO. M. P. XXIIII.
ASPIS. M. P. XXIIII.
ILICI. M. P. XXIIII.
THIAR. M. P. XXVII.
CARTHAG. SPARTARIA. M. P. XXV.
ELIOCROCA. M. P. XLIIII.

Son estas Poblaciones desde Valencia, Cullera, Oliva, Alcacer, (se ignora Adello) Aspe, Elche, (no se sabe la de Thiar) Cartagena, [57] Lorca. Por la misma Via, se salía á las Vecinales, para entrar en Saetabi, (Jativa) en Laurona, (Llauri (9)) en Lucentum (es Alicante) &c, &c. Hizo el Emperador Hadriano este Camino á los Valencianos, para manifestarles su afecto visitandoles desde Tarragona, en donde passó el Invierno quando vino de Francia, como escrive Sparciano, i rodeó á pie todas las Provincias, para mejorar las Ciudades, i aumentar las Tropas, como dice Aurelio Victor: Provincias omnes pedibus circumivit :: cum Oppida universa restitueret, augeret ordinibus. Hizo siempre gran aprecio de las Ciudades, i de los Vassallos, como notó Dion Cassio; en especial amó mucho á la Plebe, dice Sparciano. I siendo propenso á assistir á los misterios de la Diosa Ceres, que es ISIS, para los quales se habilitó en la Grecia, como se explicó Dion: Sacris initiatus mysteria Cereris spectare voluit, puede inferirse el placer que tendria en nuestra Valencia, en que estos misterios se celebravan con la mayor solemnidad, como lo convenci plenamente en mi Dissertacion latina, de Valentino Sodalicio Vernarum colentium ISIDEM, que publiqué por Febrero de 1760, comentando una bella Inscripcion de dentro el Turia, que el año antes se descubrió.

     La quarta parte de esta Via Pretoria, (hasta el millar descubierto, que empieza en la Puerta Sucronense, que los Moros llamaron Boatella, i estava á las quatro esquinas de la Calle de Cerrajeros donde ai un Horno, derribada año 1383.) se incluye dentro de Valencia Moderna, i llamamos Calle de San Vicente Martir.

     Entre otras medallas que se hallaron al desenterrar este Millar Romano, fué una grande de metal Corintio, que me permitió con su acostumbrada humanidad, i confianza Don Simon Desnaux, Ingeniero peretissimo, i mui instruido en todas Artes liberales, que cuidava por orden superior de la reparacion de este Camino. [58] Es del Emperador Domiciano; al rededor de su Efigie se lee: IMP. CAES. DOMIT. AVG. GERM. P. M. Su reverso, contiene un Templo sobre quatro Colunas, i una figura en pie estendiendo la mano; i enfrente de ella, tres figurillas arrodilladas, que la adoran con gran reverencia: las letras de la circumferencia no se perciben; pero en otra que he visto del mismo cuño, son: COS. XIV. LVD. SAEC. FEC. S. C. esto es: Consul quartum decimum, Ludos Saeculares fecit, Senatus Consulto. Celebró Domiciano estos juegos, quando distribuyó entre el Pueblo Romano, en una gran necessidad, i carestia, pan, i trigo en abundancia, como lo expressa otra medalla del mismo Emperador, i Consulado, que tengo. Esta medalla es por las circunstancias apreciable; pero es mas aun el Millar, por ser la unica memoria que logra Valencia del Emperador Hadriano; i por ser Inscripcion erudita, que nos enseña la verdadera Ortografía en diftongar sin enlaces, i en escrivir con acierto el nombre de Hadriano. Huviera sido cabal este Principe, si por continuar con furia contra los Christianos la persecucion que movió Trajano, no huviera sido Autor de la quarta, que despues mandó suprimir, como escrive Sulpicio Severo en su Historia: Quarta sub Hadriano persecutio numeratur, quam tamen post exerceri prohibuit, iniustum esse pronuncians, ut quisquam sine crimine reus constitueretur. (lib. 2. C. 31.) I reconocido por las Apologias de Quadrato, i Aristides, i informes de Sereno Grato su Legado, favoreció ocultamente á los Christianos; i aun quiso levantar Templo á JESU-CHRISTO, imitando á Alejandro Severo, como escrivió Elio Lampridio: Christo Templum facere voluit, eumque intor Deos recipere; quod & Hadrianus cogitasse fertur :: sed prohibitus est ab his, qui consulentes sacra, repererant omnes Christianos futuros si id optato evenisset, & Templa raliqua deferenda. Infeliz Principe, que huviera sido perfecto, sino se huviera dejado dominar!

     Publiqué Yo primero el Itinerario encontrado en el sitio de la Congregacion, en mi Historia de la Aparicion de S. Pablo Apostol, en Albocacer, Villa del Reino, Patria de mi Padre, impressa en 1752. La Inscripcion de Decio, de tanto horror para este Reino, aun estava sin imprimir. Soi siempre de Vm. cuya vida guarde Dios muchos años. Valencia i Abril, 14. de 1766. B. L. M. de Vm. [59] su afecto Servidor. =Dr. Agustin Sales Presbitero, Chronista de Valencia. =Sr. Dr. Joaquin Gibertó, Retor de S. Bartholomé.

NUEVO DESCUBRIMIENTO

     Despues que esta Carta se leyó dia 16 de Abril, en una ilustre, i autorizada Tertulia, al hacerse las diligencias para imprimirla, se descubrió cerca del sitio de la Coluna, (todo en Heredad, i Vinculo del celebre Jurisconsulto Don Salvador Martin Lop, i Borrul, á quien mi gratitud nombrará siempre con veneracion) lo que yo me prometi. Sabia, que los antiguos junto á esas Calzadas á la entrada de las Ciudades ponian los Cippos, que eran Sepulturas, ó piedras quadradas de los Entierros, con Letras en la Via Publica. I aunque no se han encontrado tales Inscripciones Sepulcrales, porque se devieron sacar en otros tiempos, ó no se han descubierto aun, pero si, indicios de ellas. Pues continuando en cavar, se halló otro Medalla de Domiciano, i una de nuestra Hadriano; i tambien un jarro de barro con cenizas, que rompieron los Peones al sacarlo, i dentro de el, dos Redomitas piramidales mui angostas de vidrio, la una de cerca de un palmo de elevacion, la otra de medio, que eran Lacrimatorios; i asimismo otra pieza de vidrio, como frasquito, que por su forma irregular, i el barniz de su interior, no me pareció Lacrimatorio, sino Lampara que llaman inextinguible. Lo vi, i observé todo, día 24. en Casa de Don Vicente Sassús, Arcediano de Alzira, Dignidad de esta Santa Metropolitana, que por su liberalidad, i aficion á las antiguedades, logró estos monumentos apenas se descubrieron.

     Que los Cippos fueran Sepulcros, consta de Persio. Sat. I.

     Assensere viri, nunc non cinis ille Poetae

     Felix non levior Cippus nune imprimit ossa.

     Los Gentiles quemavan los cuerpos: entretanto lloravan al difunto los Parientes mas cercanos, como escrivió Ovidio. Pont. I. 9.

     Illum ego non aliter flentem mea funera vidi,

     Ponendus quant si frater in igne foret.

     Los ungian antes de quemar. Apagadas por si las llamas, recogian los fragmentos de Huessos, i las Cenizas, i lo encerravan todo en una Urna, Olla, ó Jarro de barro, en que ponian rosas, [60] unguentos, varios aromas, Lacrimatorios de vidrio, en que estavan recogidas las lagrimas de los Parientes, i amigos mas intimos; i esto para manifestar la estimacion al difunto; i ponian tambien su Lampara inextingible en obsequio de Pluton; todo esto, imediato al Cippo de piedra, en que gravavan el nombre del difunto. I tal significan las Inscripciones en que leemos: Cum lacrymis posuere. Estos Cippos se hallan con frecuencia. En el cauce del Turia, mui cerca de la ISIS, que yo comenté, se encontro en 20. de Mayo 1760. la Inscripcion siguiente, quebrada:

               MARITVMO
LAE · VXORI
ARITVMA
MATRI

     Expressa, que una Hija, puso esta memoria á su Madre, muger de Maritumo. Tiene de raro, la noticia de la Gente Marituma establecida en Valencia; i que se puso quando era VIA Publica, parte de lo que aora es Rio; cuya corriente passava entonces por en frente de la Puerta Sucronense, dejando los muros de la ciudad á mano izquierda, como dijo Salustio. (in. Fragment. lib. 2.) Despues de este Historiador, los Valencianos comprando el sitio, i trayendo el agua desde la Puerta del Sucro, encaminaron el Rio, dejando los muros á mano derecha como le vemos. De esta mudanza, nos queda una Inscripcion en la Puerta de la Trinidad assi llamada por el Monasterio de en frente, cuya Historia publiqué en 1761. De algunos puntos, se acaba de resintir un Regular, a quien espero, para confirmarme en las verdades que expressé en ella. Cornelio Sila, fué el primero que mandó ser quemado despues de su muerte: de el tuvo principio el quemar los cuerpos difuntos antes de ponerlos en el Sepulcro, como notó Ciceron, lib. 2. de legib. I esta costumbre duró hasta la edad de los Emperadores Antoninos. Por especial virtud tuvo en algunos excepcion, como alli expressó el mismo Ciceron: i el sin duda la logró para su tan querida hija Tuliola, cuyo Cuerpo, en el Pontificado de Alejandro VI. (no en el de Sixto IV. ni Paulo III.) se halló en la famosa [61] Via Apia, cerca de la sepultura de su Padre, entero, sin lesion, con sus cabellos embueltos en red de oro, todo el lleno de licores, dentro de una Arca de Marmol, con la Inscripcion: Tulliola e filiae meae; i á cuyos pies ardia una Lampara inextinguible, que se apagó al abrir el Sepulcro. (Rhodigin. Lect. antiq. lib. 3. C. 24. Casal. de Vrbis splendor. part. II. pag. 352.) Aunque en nuestros tiempos ai tanto descubierto, aun no han encontrado los modernos aquellos aromas conque los antiguos preservavan los cuerpos tantos años. La lei de las XII. Tablas disponia assi: Hominem mortuum, in Vrbe ne sepelito, neve vrito: no obstante á veces prevaleció la costumbre de enterrarse en la Ciudad, i aun en Casa, de que habló Virgilio: Sedibus hunc refer ante suis, & conde Sepulcro. 1I en prueva, en la Ciudad de Padua, en un angulo exterior del Monasterio de Santa Justina, se encontraron los Huessos de TITO LIVIO, con su Inscripcion, dentro de un Arca de plomo, en Tiempo de Andres Dandolo, Gran Dux de Venecia, por los años 1350. Despues Don Alonso V. Rei de Aragon, i Conquistador de Napoles, pidió á Padua un Brazo, para memoria de tan gran Historiador de la edad de Augusto, que la Ciudad entregó á su Legado Antonio Panormitano, Poeta insigne. (Thess. Bolland. in Clem. X. tom. 2. Dissert. 49. de Epikia, seu discretione, pag. 521.) Avia sido grande la inclinacion de este Principe á la Historia de Livio: tanto que Lorenzo Vala, no la dissimuló al dirigirle la Carta que empieza: Cum Titum Livium, quotidie Romanorum Historicorum eloquentissimum, aut audias, aut legas &. Plinio el Menor, assegura, que un Español de Cadiz, llevado de la gran fama de Livio, se encaminó á Roma por solo verle, i apenas lo consiguió, se bolvió á su tierra: (Epistol. lib. 2. Epist. 3.) lo que repitió San Geronimo, Epist. 103. á Paulino. San Basilio el Grande, San Gregorio Nazianceno, i San Agustin, no condenaron la inclinacion á estas antiguedades, antes, la dieron por mui util, i inocente. I en efecto, JESU-Christo, no se desdeñó de mirar el Denario Romano, en que estava la Efigie del Cesar, Idolatra: ni San Pablo, de ver las Estatuas, i Aras Gentilicias de los Athenienses, para demostrarles su engaño, que llanamente confessamos, diciendo con el Salmista: Confundantur omnes, qui adorant Sculptilia; & qui gloriantur in Simulacris [62] suis. De mi Libreria, Valencia 26 de Abril 1766. Idem qui superius, Augustinus Salesius.

                             Jhs. Imprimatur: Imprimase:                         
Mayoral, Vic. Gen.   Caro.»

     Tal es la mejor Monografia del Sr. Sales, escritor fecundísimo y honra de su patria Valjunquera de Aragón, villa poco distante de Alcañíz en la provincia de Teruel. Allí nació en 21 de Diciembre de 1707. Ocho años después pasó á Valencia, eni cuya Universidad perfeccionó sus estudios, con tanta maestría, como lo dan á entender los trabajos eruditos que publicó en 1734; y singularmente el que intituló: Scekel et Middak Israelis; seu de Veterum Hebraeorum ponderibus et mensuris, cum nostris Hispanicis collatis comparatisque. Sacó á luz en 1746 las Memorias históricas del antiguo santuario del Santo Sepulcro de Valencia, donde (10) estampa el dibujo de una inscripción arábiga, grabada en el frontispicio de aquel Monumento insigne. Para mejor descifrarla se puso en correspondencia con el célebre benedictino Montfaucon, cuya carta escrita desde Orleans en 12 de Julio de 1739, y la que obtuvo del P. Alejandro Brehón, fechada en San Sebastián, á 20 de Agosto de 1736, diéronle ocasión ó pretexto de imaginar que la inscripción, para ellos indeicifrable, se remontaba á la época de Constantino.

     Lo cual aviso con el objeto de asegurar la validez de su testimonio acerca de la tabla marmórea (laterculum), que llama itinerario, y dice haberse mostrado por Junio de 1727 en la puerta de la Xerca; donde asimismo apareció la inscripción (3732) dedicada á Tito Vespasiano, y alusiva al culto ferviente y peculiar que tributaba el Emperador á la Paz Augusta.

     En 25 de Setiembre de 1753 encontró y copió el Dr. Sales la preciosa inscripción miliaria de San Vicente de Borriol, ratificándose de nuevo y sin vacilación, tres años después, en el número de ciento diez y nueve millas que la piedra marcaba, seguramente [63] en armonía ó de acuerdo con la distancia contada desde Tarragona. Este punto es capital, ya se considere como atendible para fijar la copia del epígrafe, sacada por Laborde, que aceptó Hübner (4949), ya para restaurar los números de las millas, ó descabalados ó erróneos en los miliarios de Cabanes (4951), Aldea cerca de Tortosa (4952), Cambrils (4954) y Vilaseca (4953).

     Á 20 de Mayo de 1760 se descubrió en el moderno cauce del Turia la piedra funeral, que tampoco ha sijo registrada por Hübner. Esta piedra era quebrada. El Dr. Sales interpretó mal la inscripción, no advirtiendo que le falta el nombre del dedicante. Suplo y traduzco:

                       MARITVMO
LAE · VXORI
mARITVMAe
       MATRI
..........................

Á su esposa Maritúmola y á su madre Marítuma.....

     En Baeza (3311) ocurre otra Marítuma y en Itálica (1133, 5039) dos Marítimas. Reservado estaba á Valencia el ofrecernos un ejemplar del gracioso diminutivo Maritúmola.

     Finalmente, el miliario Hadrianéo se descubrió á 10 de Abril de 1766, cerca de Valencia, en la heredad de D. Salvador Martín Lop y Borrull, á un lado del camino real, que guía desde la ciudad del Cid hasta Játiva. Tiene su complemento este epígrafe en otro de Ágreda (4892); y ojalá no sea el último que se encuentre en el corto trecho de la vía Augusta que iba desde Valencia hasta el remate occidental del convento jurídico Tarraconense. El cual espiraba en Alcira (Sucronem); variándose allí, simétrica, por el lado opuesto la numeración de los miliarios, que venían alineados desde Cartagena.

     El Dr. Sales rnurió en Valencia el dia 4 de Enero de 1774. Han dado noticia de sus obras, aunque no de todas, el laborioso [64] D. Vicente Ximeno (11) y el no menos diligente D. Justo Pastor Fuster (12). «Son muchísimas, dice Fuster, las obras que este incansable escritor tiene trabajadas; porque solo un indice de letra suya, que he visto, ocupa seis hojas, que no copio por no ser difuso.» No le agradecerán por de contado la omisión los bibliófilos, ni los verdaderos amigos de nuestra Historia y Literatura.

     Lamenta Hübner (3730) el extravío de otra Monografía que cita Sales en la que acabais de oír: «Turiae marmor nuper effossum, sive Dissertatio critica de Valentino sodalitio vernarum colentium Isidem; Valentiae, apud Jos. Thom. Lucam; 1760.» Espero que no podrá ese folleto, por más que se esconda, ocultarse á la sagacidad é inteligencia del Sr. Settier, quien acaba de favorecernos tan oportuna como útilmente con el ejemplar del relativo á la coluna Hadrianea, sacándolo del polvo del olvido.

     Madrid 3 de Julio de 1883.

FIDEL FITA.

Arriba

    Boletín de la Real Academia de la Historia [Publicaciones periódicas]. Tomo 3, Año 1883
    
Página principal Enviar comentarios Ficha de la obra Marcar esta página Índice de la obra Arriba Siguiente
Marco legal