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VII.El trabajo de este historiador es hasta ahora el más copioso y el más instructivo de cuantos se han hecho sobre las cosas del Nuevo Mundo, y en vano esperarla nadie superarle, ni aun igualarle, en estas prendas tan útiles. Es también por ventura, y generalmente hablando, el más puntual y exacto, así como el más imparcial y juicioso. Pero como su obra en gran parte es más bien una compilación que una historia, la inexperiencia de las manos que empleaba para extractar, copiar y resumir la muchedumbre de documentos sobre que tuvo que trabajar, y a veces su misma distracción, le hicieron cometer errores y contradicciones bastante graves, ya de tiempos, ya de lugares; disculpables a la verdad en una empresa tan vasta y ejecutada tan de prisa, pero que no por eso dejan de ser yerros, y deben advertirse cuando se encuentran, aunque no sea más que para justificar la diferencia de opinión respecto de una autoridad de tanto peso como la suya. Sean ejemplo los siguientes, que se hallan entre algunos otros más, relativos a cronología, en el curso de los sucesos del tercer día le desde la fundación de San Miguel hasta la entrada en el Cuzco. Dice primeramente que los españoles salieron de San Miguel a 4 de setiembre de 1532 (década 5.ª, libro 1, cap. 2), y después, en el cap. 9 del lib. 2, dice que a principios del año de 33 estaba Pizarro cerca de Caxamalca; allí mismo, pocos renglones más adelante, fija la entrada en Caxamalca el viernes 15 de noviembre a hora de vísperas; y cuando los acontecimientos se suceden con la rapidez precisa a su duración, que no fue más que de dos días hasta la venida y prisión del Inca, fija sin embargo la fecha de este suceso en el día de la Cruz de mayo del año de 33. Otra equivocación bastante notable es la de la fecha de la entrada en Cuzco por los españoles, fijada por Herrera en octubre de 1534, que debió determinar en noviembre del año anterior. Él, como ya se ha dicho, pone la entrada de los españoles en Caxamalca a principios del año de 33, o cuando más tarde, si se atiende a la fecha de la prisión del Inca, en principios de mayo del mismo año; él les da siete meses de estancia en aquel punto, pasados los cuales los hace salir para el Cuzco: claro está que si llegaron a esta capital en octubre de 1334 duró la marcha al rededor de un año, y ni la distancia ni los acontecimientos ni las paradas, tal como el historiador las describe y las cuenta, suponen semejante tardanza.
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