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    Vidas de los españoles célebres
     Manuel José Quintana; prólogo de Antonio Ferrer del Río
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VII.

Sobre la propuesta de Casas de que se llevasen esclavos negros a América para aliviar en sus trabajos a los indios.



     Esta propuesta ha dado lugar a diferentes altercaciones entre críticos historiadores y filósofos, los unos acusando por ella al protector de los indios, y los otros defendiéndole o disculpándole. No es nuestro ánimo aquí prolongar la controversia con una disertación importuna, mayormente cuando los curiosos pueden verla tratada con toda extensión en los Opúsculos publicados por Llorente. Allí está la Apología de Casas escrita por monsieur Gregoire y leída en el Instituto Nacional de Francia, y con ocasión de ella diferentes escritos y observaciones en que se exponen, examinan y juzgan las opiniones en pro y contra del obispo de Chiapa. Superfluo pues sería repetir aquí lo que ya está escrito en aquella colección, y hemos creído conveniente ceñirnos a añadir algunas noticias, que pueden servir a poner los hechos más en claro, y a que el punto principal de la contienda quede fuera de toda duda y en su verdadero punto de vista.

     Si para convencerse de que la introducción y el comercio de esclavos negros eran conocidos en América, muchos años antes que Casas los propusiese para remedio de las Indias, no bastasen los diferentes datos y pruebas que se hallan en Herrera, podrían agregárseles los siguientes, sacados de documentos menos conocidos del público. Por enero de 1505 envió el Gobierno a Ovando una carabela con herramientas de todas clases, mercaderías, mantenimientos, etc.: fueron en ella diez y siete esclavos negros para sacar cobre de las minas de este metal en la Española.

     En 1510 Diego de Nicuesa llevó en su navío Trinidad, de orden y por cuenta del Gobierno, treinta y seis esclavos negros para entregarlos en la Española.

     En 1513 empezaron a cargarse al Tesorero muchas licencias de esclavos a dos ducados cada uno: de esto no hay nada antes de este año; la primera cédula que se cita con este objeto es de 22 de julio de 1513.

     En 1514 se formó proceso en Santo Domingo a ciertos portugueses presos en un navío que había arribado a aquellas costas; y en el recurso que hicieron a su rey para que intercediera por ellos y los libertase del encierro que estaban padeciendo, decían que los que mayor daño les hacían en sus deposiciones eran algunos vecinos de Palos de Moguer, a quienes se habían quitado «ciertos negros que llevaban hurtados de la costa de Guinea».

     En carta del Rey a Esteban Pasamonte, su fecha en Madrid, 4 de abril de 1514, se dice: «Proveeránse esclavas (negras) que casándose con los esclavos que hay, den estos menos sospechas de alzamiento; y esclavos irán los menos que pudieren, segun decis.» (Extractos inéditos de Muñoz en la colección del señor Uguina.)

     Pero el punto principal de la disputa es si Casas propuso o no al Gobierno el restablecimiento del comercio de negros, que estaba suspendido por las órdenes de Cisneros. Herrera positivamente lo dice; los historiadores que han escrito después lo aseguran bajo la fe de aquel coronista, acusando al obispo de Chiapa de error y de inconsecuencia, y doliéndose de ver su respetable nombre en la lista de los fomentadores de la esclavitud africana. Monsieur Gregoire, en su Apología, ha querido probar contra Herrera que Casas no hizo nunca semejante propuesta. Difícil era por cierto debilitar la autoridad del historiador español con solas pruebas de analogía y argumentos negativos en un hecho de tanta importancia y afirmado con tal seguridad. Así es que el apologista no ha logrado convencer enteramente a sus lectores, y algunos le han impugnado con tanto juicio y destreza como urbanidad y respeto. Pero como la decisión de la duda debía depender de los documentos auténticos del tiempo, que ninguno de los contendientes podía consultar, ha parecido conveniente poner aquí algunos datos extractados de los papeles que ha tenido a la vista el autor de la Vida presente, que como sacados principalmente de escritos del mismo Casas excusan cualquiera otra prueba y hacen nulos el raciocinio y esfuerzos de su erudito y celoso defensor.

     1.º En el memorial que presentó en 1516 al cardenal Cisneros sobre el remedio de las Indias propone que el Rey no tenga indios señalados ni por señalar, sino que cuando más «cada comunidad le mantenga algunos negros». (Extractos de Muñoz y colección del señor Uguina.)

     2.º Más adelante, cuando el Gobierno le mandó que propusiese algunos medios para Tierra-Firme, en el memorial que presentó para ello propuso como tercer remedio que a todo vecino se le permitiese «llevar francamente dos negros y dos negras». (Idem.)

     3.º Es condición expresa en la contrata que hizo con el Gobierno para su expedicion de Cumaná, que se le había de permitir a él y a sus compañeros llevar cada uno tres esclavos negros, mitad hombres y mitad mujeres, y más adelante, según conviniese, hasta siete esclavos cada uno. (Véase el apéndice siguiente.)

      4.ºAún no estaba desengañado en esta parte diez años después, en 1531, pues en la representación que dirigió al consejo de Indias en 20 de enero de aquel año, dice expresamente así: «El remedio de los cristianos es este muy cierto: que su majestad tenga por bien prestar á cada una de estas islas quinientos ó seiscientos negros, ó los que pareciere que al presente bastaren, para que se distribuyan por los vecinos que hoy no tienen otra cosa sino indios... é se los fien por tres años, hipotecados los negros á la mesma deuda; que al cabo de dicho tiempo será su majestad pagado, é terná poblada su tierra, é habrán crecido mucho sus rentas... E tengan por cierto vuesa señoría é mercedes que no habrá millar de castellanos que el Rey en esto gaste, que no tenga otro millar dentro de tres ó cuatro años de renta; é si veinte mil ó treinta mil gastase, veinte mil ó treinta mil en sus rentas aumentará; é sobre esto pornia la vida; é no piensen vuesa señoría é mercedes que á mí solo es creible; que todos acá con quien lo he platicado me lo conceden.» Y como si esto no bastase, añade en la postdata: «Una, señores, de las causas grandes que han ayudado á perder esta tierra, é no poblar mas de lo que se ha poblado, á lo menos de diez á once años acá, es no conceder libremente á todos cuantos quieran traer las licencias de los negros; lo cual yo pedí é alcancé de su majestad, no cierto para que se vendiese á genoveses ni á los privados que están sentados en la corte, é á otras personas que por no afligillas dejo de decir; sino para que se repartiese por los vecinos é nuevos pobladores, etc.» (Colección del señor Uguina.)

     5.º Aun cuando se hubieran perdido estos documentos sueltos, quedaban todavía para acreditar el hecho dos pasajes notables de la Historia general, en que Casas le repite de lleno, y aun, ya más instruido en el derecho, se juzga a sí mismo con más seguridad. «Y porque alguno de los españoles de esta isla (Santo Domingo) dijeron al clérigo Casas, viendo lo que pretendia y que los religiosos de Santo Domingo no querian absolver á los que tenian indios si no los dejaban, que si extraia licencia del Rey para que pudiesen traer de Castilla una docena de negros esclavos, que abririan mano de los indios, acordándose de esto el clérigo, dijo en sus memoriales que se les hiciese merced a los españoles vecinos de ella de darles licencia para traer de España una docena, más o menos, de esclavos negros, porque con ellos se sustentaria la tierra y dejarian libres los indios. Este aviso de que se diese licencia para traer esclavos negros en estas tierras dió primero el clérigo Casas, no advirtiendo la injusticia con que los portugueses los toman y hacen esclavos. El cual, después que cayó en ello, no lo diera por cuanto hay en el mundo, porque siempre los tuvo por injusta y tiránicamente hechos esclavos, porque la misma razon es de ellos que de los indios.» (Casas, Historia general, libro 3, cap. 101.)

     Al hablar después en el cap. 128 de la introducción de los ingenios de azúcar en Santo Domingo, recuerda otra vez la oferta hecha por algunos vecinos de allá de dejar en libertad a los indios si se les daba licencia de llevar esclavos negros de Castilla; y continúa así: «Entendiendo esto el dicho clérigo (Casas), como venido el Rey á reinar tuvo mucho favor, como arriba visto se ha, y los remedios de estas tierras se le pusieron en las manos, alcanzó del Rey que para libertar los indios se concediese á los españoles de estas islas que pudiesen llevar de Castilla algunos negros esclavos.» Refiere después el ningún fruto que se sacó de esta concesión, por el curso que llevó el privilegio de la saca; y concluye de este modo: «De este aviso que dió el clérigo, no poco, después, se halló arrepiso, juzgándose culpado por inadvertente; é porque vió, segun parecerá, ser tan injusto el cautiverio de los negros como el de los indios, no fué diverso remedio el que aconsejó de que se trajesen negros para que se libertasen los indios, aunque él suponia que eran justamente cautivos; aunque no estuvo cierto que la ignorancia que en esto tuvo y buena voluntad lo excusase delante del juicio divino.»

     Es indudable pues que Casas propuso al Gobierno, no una, sino muchas veces, que se llevasen a Indias esclavos negros para alivio de los naturales del Nuevo Mundo. Esta opinión no fue exclusivamente suya, sino de todos los que miraban con desconsuelo la despoblación de la América y la querían remediar. Ya en uno de sus primeros despachos los padres jerónimos habían dicho al cardenal Cisneros. «Hay, lo tercero, necesidad, como ya bien á la larga tenemos escrito, que vuesa señoría mande dar licencia general á estas islas, en especial á esta (Santo Domingo) y San Juan, para que puedan traer á ellas negros bozales; porque por experiencia se ve el gran provecho de ellos, así para ayudar á estos indios si han de quedar encomendados, ó para ayudar a los castellanos no habiendo de quedar, como para el gran provecho que á su alteza de ellos vendrá. Y esto suplicamos á vuesa señoría tenga por bien conceder, y luego porque esta gente nos mata sobre ello y vemos que tienen razon»(260). Lo mismo propusieron en todos sus despachos siguientes; lo mismo el padre Manzanedo por sí solo en 1528, a poco de haber llegado a España, lo mismo, en fin, el licenciado Zuazu en su carta a monsieur Chievres, como puede verse en el apéndice 5.º de esta Vida, donde está extractada.

     Si a esta generalidad de opinión se añade que nadie dudaba entonces de la justicia con que los portugueses hacían este comercio, y que las órdenes del Cardenal sobre la saca de negros para Indias no fueron prohibitivas, sino suspensivas, y no por motivos de equidad y de justicia, sino de conveniencia política y de economía(261), se podrá graduar cuál es el cargo que resulta a Casas de haber propuesto en tales circunstancias que los esclavos negros que se compraban a los portugueses para trabajar en Castilla, se llevasen a Indias, donde serían más útiles y estorbarían la despoblación de la tierra y aniquilamiento de aquellos naturales. Mejor fuera que anticipándose a sobreponerse a las ideas de su siglo, como después le aconteció, no hubiera hecho semejante propuesta. Pero sus estudios y observaciones no le condujeron hasta más tarde al conocimiento entero de la verdad. Él condenó, como hemos visto en los pasajes citados, aquel detestable tráfico igualmente en África que en Indias; y esta confesión de su error, tan severa como candorosa, debe desarmar el rigor de la filosofía y absolverle delante de la posteridad.

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