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    Vidas de los españoles célebres
     Manuel José Quintana; prólogo de Antonio Ferrer del Río
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XIV.

Sobre los escritos de Casas.



     Las obras impresas de este varon insigne se publicaron en Sevilla, en un tomo en 4.º, en 1552, en el cual se comprenden los opúsculos siguientes:

     Brevísima relacion de la destrucción de las Indias.

     Treinta proposiciones jurídicas sobre el título y señorío supremo y universal que los reyes de Castilla y León tienen al orbe de las que llamamos Indias Occidentales.

     Disputa o controversia entre el obispo don fray Bartolomé de las Casas o Casaus, y el doctor Ginés de Sepúlveda, sobre si eran o no lícitas las conquistas contra los indios.

     Tratado que el obispo de la ciudad real de Chiapa don fray Bartolomé de las Casas o Casaus compuso por comisión del consejo real de las Indias sobre la materia de los indios que se han hecho en ellas esclavos.

     Un extracto de la representación que hizo al Emperador en 1542, proponiéndole diez y seis remedios para la reformación de las Indias. (Contentóse entonces con extractar y publicar el octavo de ellos, como el más esencial, y se resumía en que no debían darse los indios a los españoles en encomienda ni en feudo ni en vasallaje ni de otra manera alguna, si su majestad, como desea, quiere librarlos de la tiranía y perdición que padecen.)

     Avisos para los confesores de Indias.

     Tratado comprobatorio de las treinta proposiciones jurídicas antes mencionadas sobre el derecho de los reyes de Castilla al imperio de las Indias.

     Los ejemplares de esta colección se han hecho ya muy raros, y en algunos no están comprendidos los dos últimos tratados. Estos opúsculos han tenido mucha celebridad, y se han traducido en diferentes lenguas no una vez sola. En la última, que publicó en París en 1822 don Juan Antonio Llorente, ha insertado dos escritos, inéditos hasta entonces, compuestos por Casas, según conjetura el traductor, entre los años 1555 y 1564: uno es una carta al célebre dominicano Carranza sobre el proyecto del Gobierno de hacer perpetuas las encomiendas de indios; otro es una respuesta a algunas cuestiones que se le habían propuesto sobre los negocios del Perú.

     También ha insertado Llorente otro tratado curioso de nuestro obispo sobre si los reyes tienen o no derecho para enajenar sus vasallos, sus pueblos y su jurisdicción. Esta obra, que Nicolás Antonio sólo conoció por la mención que hace de ella don Tomás Tamayo de Vargas en su Junta de libros, se ha publicado en tres distintos tiempos en Alemania con el título siguiente: Quaestio de imperatoria vel regia potestate: an videlicet reges vel principes jure aliquo vel titulo, et salva conscientia, cives ac subditos suos a regia corona alienare, et alterius domini particularis dictioni subjicere possint.



OBRAS INÉDITAS.

     Un tratado latino intitulado: De unico vocationis modo ad verani religionem.

     Otro, tambien latino, sobre los esclavos hechos en la segunda guerra de Xalisco por el virey don Antonio de Mendoza en 1541.

     Otro latino De thesauris. Tal vez es el mismo que ha traducido Llorente con el título de Respuesta a algunas cuestiones sobre los negocios del Perú; porque en él se trata muy principalmente de las riquezas, tesoros y minas de aquel país.

     Diferentes tratados latinos y castellanos relativos a la misma materia sobre indios, sus males y remedios, y disputas tenidas en su razón, citados por Nicolás Antonio en el artículo Casas de su Biblioteca.

     Un gran tratado sobre socorrer y fomentar los indios, de que hace mención Dávila Padilla en su Historia de la orden dominicana con la provincia de Méjico, que, según él, se conservaba en el convento de aquellos religiosos en la misma ciudad. (Lib. 1,cap. 29.)

     Pero de todas las obras inéditas de Casas, las más célebres, como igualmente las de mayor importancia, son sus dos historias; la una intitulada:

     Apologética historia sumaria cuanto a las calidades, disposición, descripción, cielo y suelo de estas tierras; y condiciones naturales, políticas, repúblicas, maneras de vivir y costumbres de estas gentes de las Indias Occidentales y Meridionales cuyo imperio soberano pertenece á los reyes de Castilla. Escribióse para defender a aquellos naturales de la acusación que se les hacía de carecer de todo arreglo y policía en sus sociedades políticas, por no tener razón para gobernarse. Existe manuscrito en la biblioteca de la real academia de la Historia.

     La otra se intitula:

     Historia general de las Indias, en tres grandes volúmenes en folio, que comprenden los sucesos ocurridos en el Nuevo Mundo desde 1492, en que fue descubierto, hasta el año de 1520. Comenzóla, según ya se ha indicado en el texto, en 1527, y la concluyó en 1561, no habiéndole dado tugar sus muchos trabajos y peregrinaciones para terminarla con mas brevedad. Dejó este manuscrito al convento de San Gregorio de Valladolid, con el expreso encargo al rector y consiliarios del convento de que no se publicase nada de ella hasta después de pasados cuarenta años de aquella fecha. Lo cual por acaso se verificó; porque el coronista Antonio de Herrera, que tanto se aprovechó de sus noticias, y aun del texto literal, en sus Décadas, no empezó a publicarlas hasta el año de 1600. Se halla esta obra manuscrita en la Biblioteca Nacional y en la de la academia de la Historia.

     Pocos autores han escrito tanto como el padre Casas; y cuando se considera la vida agitada que pasó, sus frecuentes viajes, sus empresas, sus gestiones en la corte, y los muchos negocios en que tuvo que entender, causa maravilla cómo pudo tener tiempo para la composición de tantos tratados filosóficos y políticos, y de historias tan voluminosas. Esto se explica en parte con los muchos hijos que vivió y con la fuerza de su constitución, que le mantuvo todas sus facultades intelectuales hasta el tiempo de su muerte. Se explica también, y acaso mejor, por el modo con que están compuestas sus obras, que desnudas de todo artificio, faltas de método, incorrectas sobremanera en dicción y en estilo, llenas de digresiones, de repeticiones inútiles y de autoridades y citas muchas veces superfluas, dan sobradamente a entender la precipitación con que se escribían. Puede decirse que son la conversación desaliñada de un hombre que poseído fuertemente de un objeto solo que ha estudiado toda su vida, y a que se ha dedicado exclusivamente, se entrega a rienda suelta a las impresiones que este objeto produce en él, ya de compasión y de lástima, ya de enojo y de indignación, ya de invectiva y de escarnio, sin cuidar nada de las formas, que son de ordinario pesadas, escolásticas y aun triviales. De aquí la dificultad de leerse por cualquiera que no tenga un interés grande en instruirse de los puntos de controversia y de los hechos en que su pluma se ejercitaba. De aquella confusión, sin embargo, desaliñada y verbosa salen a veces llamaradas elocuentes y sublimes, y raciocinios que por su fuerza y resolución aploman y destruyen cuanto encuentran por delante. El principio que sostuvo, y que se propuso sostener con todas las fuerzas de su espíritu, toca a las verdades más altas de la política y de la moral natural y religiosa: él está en Casas demostrado hasta la evidencia, y los efectos a que aspiró se consiguieron en lo posible. Ningún autor en esta parte ha obtenido un triunfo mas completo.

     Su obra mas fuerte por el raciocinio es su controversia con Sepúlveda, en que pulveriza todos los sofismas atroces y especiosos con que aquel doctor quería dar un fundamento a la usurpación y un velo de oro a la injusticia. Su obra más útil sin duda alguna es su Historia general. Ya se ha indicado arriba de cuánto provecho ha sido a Herrera, que generalmente no hace más que copiarle a la letra; y el solo testimonio de este historiador, el más exacto, abundante y candoroso de cuantos hasta ahora han escrito sobra América, basta a acreditar la veracidad e instrucción del obispo de Chiapa en los acontecimientos que refiere. «Autor de mucha fe», le llama en una parte, «doctísimo obispo» en otra, «santo obispo de Chiapa» en otra; y siempre que le cita como escritor es para escudarse con su autoridad o para manifestar el crédito y reverencia que se le debe. (Véase el cap. 1, lib. 3 de la década 2.ª; el cap. 4 del lib. 2, década 5.ª, y el cap. 19, lib. 3 de la década 6.ª)

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