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    El divino Orfeo
     Pedro Calderón de la Barca ; edición crítica de E. Duarte
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El divino Orfeo

Auto sacramental alegórico

[Versión de 1634]


Pedro Calderón de la Barca



PERSONAS
 

 
ORFEO.
AQUERONTE.
ARISTEO.
EL AMOR.
ALBEDRÍO.
EURÍDICE.
LA GRACIA.
GENTE.
MÚSICOS.




 

Suenan cajas destempladas y sordinas y cae despeñado ARISTEO, vestido de demonio galán.

 
ARISTEO
Fiera soberbia mía,
de quien dice la gran sabiduría
del espíritu alado
de Dios que es el caballo desbocado,
que bien tu afecto enseña 5
pues hasta los abismos me despeña,
¿qué tierra es la que piso?
Ni aun las sombras diviso
siendo mi vista aquella
que al salir examina estrella a estrella. 10
¿Qué pálidas tinieblas
el universo ocupan? Tristes nieblas
confunden su armonía,
criado el cielo, la tierra está vacía,
la densa sombra que encendí yo mismo 15
sobre la superficie del abismo.
A aqueste y a aquel lado
de Dios el grande Espíritu ha llevado
sobre las aguas todo
hecho un globo, una masa está de modo 20
sin ley, sin forma, ni uso,
opaco, triste, lóbrego y confuso
y porque informe y ciego, los poetas
caos le dirán y nada los profetas.
¿Quién creerá de este modo 25
su fábrica mezclada
que siendo el todo nada y nada el todo,
por estar todo junto no sea nada?
 

(Canta dentro, ORFEO.)

 
ORFEO
Pues mi voz en el principio
el cielo y la tierra cría, 30
después del cielo y la tierra
hágase la luz del día.
ARISTEO
¿Pero qué voz es esta
que grandes maravillas manifiesta?
 

(Sale por lo alto, al otro lado de donde cayó ARISTEO, ORFEO de pastor galán con un instrumento cantando.)

 
ORFEO

  (Canta.) 

Pues mi voz en el principio 35
el cielo y la tierra cría,
después del cielo y la tierra
hágase la luz del día.
ARISTEO
¿Qué resplandores tan bellos
las estrellas iluminan? 40
¿De quién esa luz se causa,
de su voz o de mi vista?
ORFEO

  (Canta.) 

El firmamento de estrellas
entre las aguas asista
resplandeciente y las aguas 45
de las aguas se dividan.
 

(Corren fuentes.)

 
ARISTEO
Todo se causa a su voz,
sólo con que ella lo diga.
ORFEO

  (Canta.)  

Encarcélense las sombras
y la tierra florecida 50
muestre su faz, tenga hierba,
flores, frutos y semillas.
 

(Descúbrese la tierra con árboles y plantas.)

 
ARISTEO
Ya la tierra reverdece
con alma vegetativa.
ORFEO

  (Canta.) 

Háganse dos luminarias 55
que eternamente encendidas,
una presida a la aurora
y otra a la noche presida.
 

(Sol y luna a los lados.)

 
ARISTEO
¡Qué dos lámparas tan bellas
se ven en el cielo fijas, 60
luna y sol! ¡Qué dos criaturas
tan raras y peregrinas!
ORFEO

  (Canta.) 

Las aguas produzcan peces
que siempre su centro vivan
 

(El mar con peces.)

 
y crucen el viento aves 65
con música y armonía.
 

(El viento con aves.)

 
ARISTEO
Pájaros y peces ya
las ondas y aire acuchillan.
ORFEO

 (Canta.) 

Los animales diversos
todos a mi voz asistan 70
y multiplíquense y crezcan
en especies exquisitas.
 

(Animales diversos.)

 
ARISTEO
La dulzura de este canto
tiene virtud atractiva.
ORFEO

  (Canta.) 

La naturaleza humana 75
se forme a mi imagen misma.
Ven, esposa, a mi cabaña
para que todos te sirvan.
ARISTEO
Sonó la voz soberana
et omne factum est ita. 80
 

(Sale EURÍDICE, vestida de labradora, y a los lados el AMOR y la GRACIA, también de pastores, y detrás el ALBEDRÍO de villano.)

 
AMOR
Gran imperio es el que tiene
la majestad de este fiat.
ARISTEO
¿Qué es esto, ay de mí, qué veo?
Esta es la mujer altiva
que vi en rasgos y bosquejos 85
de matices y de líneas,
cuando envidioso de ver
estupendas maravillas
en el barro ejecutadas,
en el lodo conseguidas, 90
la naturaleza humana
con amagos de divina
no quise adorar turbando
superiores jerarquías.
¡Oh, qué mujer tan bizarra! 95
Siendo yo la envidia misma,
¿qué mucho que tenga celos,
si los celos son envidia?
Huyendo de verla voy
en la dulce compañía 100
de la Gracia y del Amor,
que son los que la apadrinan.
Mas disfrazado, pues soy
el padre de la mentira,
turbaré su paz haciendo 105
que la esposa que ahora estima
este músico divino
venga a ser empresa mía.

 (Vase.)  

ORFEO
¡Qué rigor, qué horror, qué rabia,
qué furia, qué pena, qué ira 110
por siete cuellos bostezan
las cabezas de la hidra!
EURÍDICE
La voz de mi esposo oí
de cuya dulce armonía
la luna rayos esparce, 115
el sol resplandores brilla,
la tierra produce flores,
pájaros el viento giran,
peces las espumas cortan,
los animales animan 120
y todos porque la escuchan
se mueven y vivifican.
Amor, Gracia y Albedrío,
pues que sois mi compañía,
responded también cantando; 125
dadle gracias infinitas
al más gallardo pastor
que estas montañas habita.
ALBEDRÍO
Si yo canto, yo aseguro
que a mi dulce melodía 130
se muevan aves y brutos,
peñascos y fuentes frías
como a la voz de tu esposo.
EURÍDICE
¿Es posible que eso digas?
ALBEDRÍO
Sí; mas moveránse huyendo, 135
que en moverse no se explica
que llegaran para oírme,
pues virtud tiene atractiva
quien se va como quien viene;
y a la primera voz mía 140
se moverán todos, puesto
que huirán todos por no oírla.
EURÍDICE
Enamorado pastor,
que tú, de tu boca misma,
así te llamas, pues dices 145
yo conozco ovejas mías.
El Verbo divino eres,
que quien dice Verbo explica
voz y si tu voz sonora
obra tantas maravillas, 150
y el Verbo y la voz se entienden
en una sentencia misma,
bien digo que ha sido el Verbo
quien todas las cosas cría.
Músico has sido excelente. 155
Canto es tu voz que publica
tu Amor y así en los cantares
lo entenderá, cuando diga
San Clemente Alejandrino,
viendo que entiendes la cifra 160
de la música del orbe,
que eres maestro de capilla.
Las letras que tú compones
de variedades distintas
son cielo y tierra; los dos 165
son soberana poesía.
Verso y poema es del cielo
con acordada armonía;
poema y verso es la tierra:
la eterna Sabiduría 170
lo entiende así, cuando dice
que con número y medida
todo fue criado, como
Crisóstomo nos lo explica.
El instrumento templado 175
eres tú y su melodía
te ha de aplicar Agustino,
cuando sobre un rey salmista,
con Ambrosio y Genebrardo,
te llaman salterio y cítara. 180
Oficio es del orador
atraer con la energía
y afectos de la oración
cuantos la escuchan y miran.
Llámante Divino Orfeo, 185
porque Orfeo significa
orador y tú lo eres
tanto que atraes y cautivas
a tu oración cuanto quieres
que te obedezca y se rinda. 190
Luego pastor y poeta,
músico, orador y lira
eres en grande misterio
de todos ellos la enigma.
Y para decirlo todo, 195
Orfeo es bien que te diga.
Pues mi amado y dulce Orfeo,
a tus pies estoy rendida,
tu esclava soy, no tu esposa;
temiendo vivo las iras 200
de tu poder y porque
veas si mi ser se humilla,
Eurídice he de llamarme,
que Eurídice significa
Justicia y pues fui criada 205
en original justicia,
teniendo siempre delante
la imagen de mis cenizas
y de tu justicia siempre
el poder que atemoriza, 210
Justicia ha de ser mi nombre,
y así si mi amor te obliga,
llámame Eurídice, puesto
que el nombre que busco explica
por qué Eurídice y Orfeo 215
tan enamorados vivan
que el amor de los dos pase
los términos de la vida.
ORFEO
Tanto, esposa, me enamoras
cuando tu hermosura humillas 220
que con mi Amor y mi Gracia
has de tener compañía.
Bien ves que Gracia y Amor
son los dos que te apadrinan;
tanto a los dos estimé 225
que a estas montañas altivas
selvas de Amor y de Gracia
con sus nombres se apellidan.
Sube a mi cabaña. En ella
con las sombras te convida 230
la siesta; pasa el rigor
del sol, dulce esposa mía,
en mis brazos.
AMOR
Y es razón
porque la tierra que pisa
de ponzoñosas serpientes 235
poblada está y ser podría
que alguna disimulada
entre hermosas clavellinas
su cándido pie mordiese.
ORFEO
¿Tú, como Amor, desconfías? 240
EURÍDICE
Ya sé, Señor, que hay serpientes
y que escondidos habitan
los áspides en las flores
y las pomas que iluminan
gualda, grana, oro y carmín, 245
tornasoladas a listas,
del veneno están tocadas.
ORFEO
Por eso, Eurídice mía,
llega sólo a la que yo
te señalare y permita; 250
sígueme esposa.
EURÍDICE
Mis voces
tus alabanzas repitan.

 (Vanse los dos.) 

ALBEDRÍO
Muy mal me estuviera a mí
y fuera cosa muy linda
que para haber de comer 255
cada vez licencia pida.
GRACIA
¿No ves que la más hermosa
manzana tiene podridas
las entrañas?
ALBEDRÍO
¿Pues hay más
de mondarla y de partirla 260
y en viéndola sana, zas?
GRACIA
No está el peligro en la vista,
que está en el gusto el peligro.
ALBEDRÍO
Siempre los gustos peligran.
GRACIA
¡Qué loco eres!
ALBEDRÍO
Claro está
265
que siendo yo libre había
de ser loco, que no es
la locura, si lo miras,
más que darse libertad
para que se haga y diga 270
todo cuanto yo quisiere
y en aquesto se averigua
libre el loco, el loco libre,
porque es una causa misma.
Y pues soy libre Albedrío, 275
ningunas leyes me obligan
por fuerza, porque a los locos
no les ponen ni les quitan.
Libre nací, loco soy
y toda la villa es mía 280
porque del desvergonzado
dicen que es toda la villa.
AMOR
¿Cuándo has de estar cuerdo?
ALBEDRÍO
Nunca,
que es tan dulce golosina
que el que la prueba una vez 285
o tarde o nunca la olvida.
Con cuidado y vigilancia
curó a cierto loco un día
un su amigo y él, sanando,
el cuidado agradecía 290
diciendo: ¡Dios te perdone,
que buenos ratos me quitas!
 

(Vanse y sale ARISTEO de labrador galán.)

 
ARISTEO
Altos montes que al cielo,
gigantes de esmeralda, alzáis con saña
esa arrugada frente, 295
ajando el azul velo
que en la nevada espalda
asegura su fábrica eminente
donde la transparente
selva, que en luces bellas 300
al sol causa desmayos
y equivocando rayos
de flores y de estrellas,
tanta noticia pierde
que al fin es monte azul o cielo verde, 305
así privilegiados,
siempre alegres y hermosos
duréis, siendo del sol verdes faetontes,
tanto que, aunque anegados
en abismos undosos, 310
en montes de agua o piélagos de montes,
hasta en los horizontes
vecinos os respeten
las injurias del hado
y al sitio coronado 315
de espumas se sujeten,
levantando con hielos
murallas de cristal hasta los cielos,
así libres del agua,
no pueda en triste abismo 320
profanaros tampoco tanto fuego
como mi pecho fragua
y volcán de mí mismo
los ojos llegan, cuando a veros llego
triste, confuso y ciego, 325
y el diluvio segundo
que abortará la esfera
no os abrase ni hiera
y sin ruina del mundo
os dejen sus desmayos 330
incendios de agua y tempestad de rayos,
que en vuestros campos bellos
un pastor disfrazado
admitáis, que también pastor he sido.
A vivir vengo en ellos 335
adonde mi ganado
ha de ser el rebaño más perdido.
Cobarde, aunque atrevido,
amo a Eurídice bella
que es la esposa de Orfeo. 340
Mi amor y mi deseo
así me trae a vella;
la esposa es mi cuidado
del músico de Gracia enamorado.
 

(Sale el ALBEDRÍO.)

 
ALBEDRÍO
No es mi trabajo pequeño, 345
que aquesto de no poder
a todas horas comer
me quita muchas el sueño.
ARISTEO
¡Qué bien del intento mío
la ocasión que pretendí 350
se dispone, pues allí
he visto al libre Albedrío!
Que no le conozco quiero
fingir: ¡Ah, pastor! ¡amigo!
¿Qué senda es esta que sigo; 355
qué clima, di, o qué hemisferio
es este que voy perdido?
ALBEDRÍO
En lo que el camino erráis
se ve que perdido vais,
pues por aquí habéis venido, 360
que no hay paso por aquí:
¿la luz del sol no os guió?
ARISTEO
No, que la luz me faltó
y por eso me perdí.
ALBEDRÍO
Aquestos campos que piso 365
son, ajenos de desgracia,
las mansiones de la Gracia,
que esto dice paraíso.
Ella vive aquí y aquí
sabed que vive con ella 370
una labradora bella
a quien de Albedrío serví.
Llámase Eurídice y es
mujer del divino Orfeo,
grande músico.
ARISTEO
Deseo
375
tengo de verle.
ALBEDRÍO
Este, pues,
hijo es de Apolo, aquel Dios
que con la luz de su lumbre
no hay esfera que no alumbre,
y aunque Hijo y Padre, los dos 380
son iguales y una bella
musa madre suya fue;
Calíope dicen que
se llamaba, porque ella
es de las ciencias abismo 385
y este Hijo que nació
en las ciencias la heredó
de su entendimiento mismo.
Muy larga cuenta os he dado
de tierra, esposo y esposa 390
y esta es la primera cosa
que en juicio en mi vida he hablado.
Dadme agora cuenta vos
de quién sois y adónde vais.
ARISTEO
Forzoso es que lo sepáis 395
porque hemos de ser los dos
de eterna amistad testigos.
ALBEDRÍO
Yo amigo vuestro no haré
porque tenéis, a la fe,
cara de pocos amigos. 400
ARISTEO
Yo soy, sutil Albedrío,
un extranjero pastor
que en otro campo mejor
conduje el ganado mío.
Por casos que sucedieron 405
la fortuna me ha obligado
hoy a vivir desterrado,
y pues aquí me trujeron
mis errados pasos, yo
servir en ellos deseo. 410
ALBEDRÍO
¿Cómo os llamáis?
ARISTEO
Aristeo.
ALBEDRÍO
Aristeo y pastor no
viene bien, si considero
que Aris es nombre de Marte
y que el teo dice aparte 415
óptimo, de quien infiero
que todo junto es decir
príncipe.
ARISTEO
Quizás lo soy,
aunque en este traje estoy.
ALBEDRÍO
Gana me dais de reír. 420
¿Quién escucha y no celebra
que a ser pastor se venía
un príncipe que podía
venir a ser la culebra
de estos jardines, mejor, 425
langaruta triste y fea?
ARISTEO
¿No podrá ser que lo sea?
ALBEDRÍO
Endemoniado pastor,
estoy por nombrar aquí
suegra o tía para ver 430
si también lo podéis ser,
que si a esto decís que sí,
que es más que culebra, a fe
que es vuestra locura extraña.
 

(Salen EURÍDICE y la GRACIA.)

 
EURÍDICE
En tanto que en mi cabaña 435
dormido al Amor dejé,
con el rubí y la esmeralda,
con el jazmín y el clavel
quiero tejer para él,
Gracia mía, una guirnalda. 440
ALBEDRÍO
Ya que habéis salido aquí,
si os queréis entretener,
pues dicen que suele hacer
un loco ciento, de mí
sabed que el pastor que veis 445
hoy a estos campos llegó
y es mayor loco que yo;
y si le escucháis, oiréis
locuras de muy buen gusto,
porque es príncipe, es pastor 450
y culebra. Es lindo humor.
EURÍDICE
Dile que llegue.
GRACIA
No gusto
de estos locos yo.
EURÍDICE
Tú eres,
Gracia mía, escrupulosa;
cánsate cualquiera cosa. 455
GRACIA
En efecto, ¿hablarle quieres?
EURÍDICE
Yo no ofendo al dueño mío.
GRACIA
No, pero a su amor desdice.
EURÍDICE
¿Pues qué he de hacer, si me dice
que le hable el Albedrío? 460
ALBEDRÍO
Llegad pues.
ARISTEO
Cobarde llego,
cuando su semblante miro.
GRACIA
Temerosa me retiro.
ARISTEO
Monstruo soy de hielo y fuego.
 

(ARISTEO y GRACIA hacen lo que dicen los versos.)

 
EURÍDICE
Mirando en los dos está 465
mi pecho varios efectos
de dos contrarios sujetos:
a cada paso que da
el pastor, Gracia se va
otro paso retirando; 470
esta huyendo, aquel llegando.
El tiempo se están midiendo
y lo que él tarda viniendo,
ella se tarda apartando.
Fuerza es que misterio haya, 475
aunque a mis ojos se niegue,
pues para que este se llegue,
conviene que ella se vaya
y en igual línea, igual raya,
en medio de los dos hoy 480
paralelo inmóvil soy
y debajo de un nivel,
cuanto estoy cerca de aquel
lejos de la Gracia estoy.
ARISTEO
Ya os habrá dicho pastora, 485
que entre la nieve y la grana
sois albor de la mañana,
sois lágrima de la aurora,
ese zagal, que no ignora
los pensamientos que tengo, 490
como a estas montañas vengo
a servir y merecer,
donde solamente ser
esclavo vuestro prevengo
por triunfo tan soberano 495
que, si sus aplausos llevo,
cuando a vuestros pies me atrevo,
a besar tan blanca mano
dichoso, alegre y ufano,
haréis que victoria igual 500
con la pluma de un puñal
en las cortezas escriba
de estos troncos, porque viva
quizá en alguno inmortal.
Lámina será tan rara 505
el papel del tronco herido
que el carácter esculpido
en la que hoy es tierna vara
con letra gótica y clara
crecer al paso se vea 510
del árbol, hasta que sea
él gigante, ella inmortal,
una letra original
que el género humano lea.
EURÍDICE
Albedrío, hasme engañado 515
que este no es loco.
ALBEDRÍO
Señora,
habla en culebras agora
y verás si he burlado.
EURÍDICE
Sin causa te has apartado,
Gracia, que el pastor que ves 520
discreto y gallardo es.
GRACIA
Con alabarle me harás...
EURÍDICE
¿Qué?
GRACIA
Que dé otro paso atrás
hasta ausentarme.
EURÍDICE
¿Que des
en eso? Di, cortesano 525
pastor, que en traje y pellico
pareces mayoral rico,
tu patria y tu nombre.
ARISTEO
En vano
cuando aquesta ocasión gano
lo callara.
ALBEDRÍO
Ahora verás
530
si es loco.
ARISTEO
Escucha y sabrás
una prodigiosa historia
que hará en los siglos memoria.
GRACIA
Yo doy otro paso atrás.
ARISTEO
Yo, bellísima pastora, 535
cuyo blanco pie produce
a su contacto de nieve
flores moradas y azules,
soy, aunque rústico traje
mi noble persona encubre, 540
por alta naturaleza
príncipe altivo e ilustre,
tan grande que el sol hermoso,
que entre celajes y nubes
por troneras de oro y vidrio 545
manda al alba que madrugue,
aprendió la luz de mí,
pues primero que el sol tuve
el tridente de los rayos
y el imperio de las luces; 550
antes que él resplandeciente
fui; su esplendor se presume
que se encendió en las pavesas
de mi desgraciada lumbre,
y así como a su hermosura 555
no hay tiniebla que la ocupe,
eclipse que la padezca,
ni oposición que la turbe
y victoriosa entre sombras
más resplandece y más luce 560
cuando más y más tinieblas
a su espalda se introducen,
así a mi persona no hay
disfraz que la disimule,
pellico que la desdore, 565
ni traje que la deslustre,
porque es un sol entre sombras
que a cualquier viento descubre
la majestad de sus rayos,
de su resplandor el lustre. 570
Es Aristeo mi nombre,
nombre que el griego traduce
gran príncipe; yo lo soy
y para que no lo dudes,
la causa de mi destierro, 575
Eurídice, es bien que escuches.
Natural soy de un imperio
que todo el ámbito incluye
del cielo, cuyas provincias
altivas se distribuyen 580
en ramilletes de estrellas
que en el hemisferio influyen.
Sus muros son de diamante
donde se tallan y esculpen
crisólitos y topacios 585
y para que los inunde
un foso de cristal tiene,
firmamento que asegure
su fuego y en él se miran
almenas y balaustres. 590
Sus torres y capiteles,
gigantes de piedra, suben
hasta perderse de vista,
pues no hay lince que no dude
en qué paran, porque es 595
el pabellón que los cubre
un espacio imaginario
que los ingenios confunde.
Cortesanos de este imperio
son potestades, virtudes, 600
tronos y dominaciones,
serafines y querubes.
De estos soy yo, bien mis ciencias
te lo dirán, si es que arguyes
querub plenitud de ciencias, 605
pues tanta en mí el cielo infunde
que están en mí los objetos
de todas las plenitudes.
Tan cerca de la persona
del Rey me crié que tuve 610
grande parte en sus secretos,
si bien del todo no estuve
en su gracia confirmado,
que a estarlo una vez no dudes
que no pudiera perderla; 615
mas de suerte me introduje
con él que me reveló,
una vez que verle pude
afable, tales secretos
que altos misterios incluyen. 620
Quiso enseñarme a su esposa
entre rasgos y vislumbres
de un bosquejo, de un retrato
en cuyas sombras y luces
puso menos fuerza el arte 625
que yo admiraciones puse,
pues al instante sentí
mil celosas inquietudes
y como tan mal los celos
se finjan o disimulen, 630
porque, en efecto, no es noble
quien con celos calla y sufre,
empecé, celoso y triste,
con varias solicitudes
a mostrar cuánto sentía 635
que a los dos un lazo junte,
un amor los encadene
y una voluntad ajuste,
y como es del envidioso
naturaleza y costumbre 640
decir mal de lo que envidia,
defectos suyos propuse
a mi príncipe diciendo
que no era de sangre ilustre
por ser su naturaleza 645
inferior y que no dude
que siendo yo de mejor
esencia, adorarla excuse,
aunque el resto de su corte
por emperatriz la jure. 650
Dije y siguieron mi voz
infinitas multitudes
de vasallos rebelados
que tras mí a mi bando truje.
Hiciéronse de la parte 655
del Rey otros que presumen
de leales; en fin, yo
en comunidades puse
el reino y no hay parte donde
ya trompetas no se escuchen, 660
repetidas en los ecos
o temerosas o dulces.
Las descogidas banderas
hacen que los aires sulquen
golfos de seda y que el viento 665
de tafetanes se enlute.
Comuneros del Impíreo
dimos al Rey pesadumbre,
cuando armados escuadrones
vio sobre campos azules. 670
Para coronar mis tiendas
jeroglíficos compuse
de serpientes coronadas
que humo exhalan, fuego escupen.
Los de otro bando en las suyas, 675
como castigar presumen
delitos, señas de muerte
pusieron horcas y cruces.
Llegó de la lid el plazo
y con grandes prontitudes 680
los campos hicieron seña
mandando que se saluden
con pífanos y trompetas,
clarines y sacabuches.
Aquí el orden de los cielos 685
se pasma, aquí se confunde
de ver el reñido duelo
de vicios y de virtudes.
El sol, temiendo tragedias,
entre las sombras lugubres 690
se despeñó, haciendo airado
que su rosicler se oculte
en el manto de la noche
que vistió negros capuces,
y a los golpes y gemidos 695
no hay llama que no se enturbie,
luz que no se desvanezca,
atención que no se angustie,
globo que no se trastorne,
ej que no se descoyunte, 700
planeta que no delire,
estrella que no caduque,
astro que no se desmaye
y con la gran pesadumbre
los polos del mundo suenan, 705
los rumbos del cielo crujen.
Sobre un valiente caballo
a todas partes discurre
el Rey y un rayo en su mano
hace que los vientos cruce, 710
cuya gran violencia vibra
relámpagos que deslumbren
sus enemigos, a quien
su grande poder destruye.
Cantóse al fin la victoria, 715
para Él sonora y dulce,
no es mucho que de acordarme
el corazón se me angustie,
la lengua se me entorpezca
y el cabello se espeluce. 720
Ya mis gentes rotas, ya
vencidas mis gentes huyen,
porque el Señor soberano
pise, huelle, arrastre y triunfe
sobre cervices que el yugo 725
de la obediencia sacuden.
Un desbocado caballo
para mi fuga dispuse
tan veloz que de un aliento
hallé por mi cuenta que hube 730
andado en él un millón
de leguas hasta que tuve,
arrojado de sus hombros,
en montes que me sepulten,
bóvedas sirviendo entonces 735
de tumbas y de ataúdes,
en cóncavos de tinieblas
que mi deslealtad oculten.
Ausente en fin de mi patria
corrí con solicitudes 740
el orbe hasta que llegué
a estos campos, cuyas cumbres
coronadas de romeros,
de lirios y almoradujes
con pomos de plata y oro, 745
dan al sol que los produce
en braseros de esmeraldas
mil olorosos perfumes.
Aquí te vi y aquí hallé,
de escucharme no te turbes, 750
las causas de mis desdichas,
de mis penas e inquietudes,
pues te vi divina imagen
de un retrato a quien estuve
rendido, siendo tú sola 755
original, no lo dudes,
de esta copia, pues de ti
quiso Amor que se dibuje.
Y pues sin verte me debes
finezas, no es bien que acuses 760
este Amor y este deseo
desagradecida culpes.
Págame el verme por ti
con el traje que me cubre,
hecho un Etna de las llamas 765
que abrasan y no consumen.
No correspondas ingrata
porque tan bella te juzgues;
considera que al fin son
necias las ingratitudes 770
y la que es necia no es justo
que perfecta se intitule;
que no importará que sea
una caja o un estuche
hermoso, si al fin la joya 775
o la cuchilla que cubre
por ser sin valor se pierde
siendo grosero su lustre.
Ese pastor, ese esposo
de quien quiere Amor que gustes, 780
cortesano es de estos montes
entre robles y acebuches,
¿qué te sirve que a su voz
estos peñascos se muden,
estos aires se embaracen, 785
estos pájaros le escuchen,
estos cristales se paren
y aquestos brutos se junten,
si al cabo no puede darte,
aunque agradarte procure, 790
sino los rústicos dones
que los tiempos le producen?
Carámbanos el diciembre
te dará cuando desnuden
galas los troncos que vistan 795
mortajas sus senectudes;
flores te dará el abril
que no es posible que duren
más que un sol, tan juntas viven
vejeces y juventudes; 800
daráte el agosto espigas
que al viento que las sacuden
parecen oro y después
paja son con que te burle.
¿Qué importará que te traiga 805
los pámpanos del octubre
de racimos coronados,
ni el licor que se obra dulce
sin saber cómo, detrás
de baños y de betunes? 810
Leche te dará después
desatada de las ubres
de sus ovejas que al fin
todos son dones comunes.
Yo sí que puedo servirte 815
como rey, a la costumbre
de las cortes: del oriente
traeré, como de ellos gustes,
los hijos del sol, que ausente
él sus resplandores suplen; 820
las lágrimas que el aurora
llore, porque las enjugue
en paños de oro revueltas
perlas, aquí las presume
en los nácares que el iris 825
su color le substituye.
Coral blanco, verde y rojo
que será tuyo no dudes.
Daréte el ámbar precioso
que de sus calientes buches 830
por descansar las ballenas
a estos peñascos escupen;
plata y oro, que enterrados
aún no es bien que se aseguren,
mas si hay quien los halle, no es 835
mucho que haya quien los busque.
Te daré también... Dirás
que cómo ofrecerte pude
tanto, si desposeído
vivo del cargo que tuve. 840
Pues tú verás si lo acetas
como mis palabras cumplen
mis obras; imperios tengo
que la competencia sufren
de los cielos; mis palacios 845
he mandado que me funden
en el centro de la tierra.
Allí mi corte dispuse,
emulación del Impíreo:
montes tiene que le ocupen, 850
ríos tiene que le cerquen,
murallas que le aseguren,
estrellas que le iluminen,
sol y luna que le alumbren,
en que tú, bella zagala, 855
cuando reina te intitules
y ate a los dos una fe
con un lazo indisoluble,
en cortes, palacios, montes
gobiernes, mandes y juzgues, 860
en signos, astros, planetas
niegues, concedas y turbes,
en estrellas, luna y sol
presidas, quites y mudes
y en imperio, corte y reino 865
blasones, vivas y triunfes.
EURÍDICE
Disfrazado pastor
que a estos valles desciendes,
príncipe desterrado
de ese monte eminente 870
que dices que es tu patria,
pirámide tan fértil
que dórica columna
eleva al sol la frente,
hasta hablar en amores 875
te escuché cortésmente,
pero cuando soberbio
a mi deidad te atreves
es fuerza castigarte
con iras y desdenes. 880
Estos campos de Gracia,
que el apellido adquieren
de esa bella pastora
con quien yo vivo siempre,
no están acostumbrados 885
a disfraces que tienen
veneno en las razones
y en el semblante muerte.
Vete de mi presencia
y de mi vista vete, 890
que con horror te miro
porque una sombra eres
que con solo el aliento
fuego en mi pecho enciendes.
ARISTEO
Oye, Eurídice bella. 895
EURÍDICE
Que te escuche no esperes.
ARISTEO

 (Aparte.) 

Cuanto de mí va huyendo
hacia la Gracia vuelve.
EURÍDICE
¡Gracia, de este pastor
me libra y me defiende! 900
GRACIA
Sí haré, porque has de hallarme
siempre que a mí vinieres,
que en la ocasión estuve
retirada, no ausente.
ALBEDRÍO
Mi señor Aristeo, 905
vuesa merced despeje,
porque aquestas zagalas
de ningún modo tienen
sarna, ni han menester
el azufre a que huele.910
Despeje.
ARISTEO
Yo me iré
pues tú, Albedrío, quieres,
que en ti no tengo imperio
y es fuerza obedecerte.
Pero escondido quiero 915
entre estos troncos verdes
quedarme, por no estar
sin ver ciego dos veces.
 

(Escóndese en el árbol en que está la sierpe enroscada.)

 
ALBEDRÍO
Ya se fue echando chispas
como decirse suele. 920
GRACIA
Pues que vuelves conmigo,
a la cabaña vuelve.
EURÍDICE
Vamos por el camino
de rosas y claveles
tejiendo una guirnalda 925
para la hermosa frente
de mi esposo; Albedrío,
tú de esos campos puedes
coger hojas y flores.
ARISTEO
Las dos hacia mí vienen. 930
Este ramo copado
de cuyas hojas pende
la fruta, de quien es
el corazón la muerte,
con sus ramas me esconda 935